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“Vivir es aprender a perder lo que ganaste”

Albert Espinosa

“Vivir es aprender a perder lo que ganaste”

Albert Espinosa

· Escritor

“Mi padre hospitalario hablaba de una cosa muy bella, cuando yo tenía 14 años, a mí y a otros dos chavales que nos faltaba la pierna, el pulmón… Siempre nos decía que cuando saliéramos del hospital, cada año teníamos que parar el mundo una vez. Él llamaba “parar el mundo”, “intermezzo”, a salir del mundo para mejorarte y para mejorarlo. Y decía que cuando volvieses, el universo te premiaba, porque los que movían el mundo eran los que lo paraban”.

Albert Espinosa es escritor, guionista, actor y director de cine, y una voz esperanzadora incluso en tiempos de confinamiento e incertidumbre. En este vídeo comparte las lecciones de vida que aprendió durante su larga estancia en un hospital y una burbuja que le protegía frente a los virus, mientras luchaba contra el cáncer en su adolescencia.

Había decidido retirarse de los focos y los medios para dedicarse a la escritura de libros, series y películas, pero ha hecho una excepción para compartir sus reflexiones en esta entrevista. “Volveremos con mucha energía, nos reinventaremos, con lo cual podremos crear nuevas realidades. Pienso que eso es parte de la magia que estamos viviendo en este “intermezzo”, en este parar el mundo, que volveremos diferentes y lo cambiaremos todo”.

Albert Espinosa ha vendido más de tres millones de libros en 42 países, con títulos como ‘El mundo amarillo’, ‘Lo que te diré cuando te vuelva a ver’, ‘El mundo azul. Ama tu caos’, 'Si tú mes dices ven lo dejo todo… pero dime ven', o el más reciente ‘Lo mejor de ir es volver’.
Con su película ‘Planta 4ª’, dirigida por Antonio Mercero, estuvo nominado al Premio Goya, y la serie televisiva ‘Pulseras rojas’, ganadora de dos premios Emmy, consiguió hacer viral su historia y la de sus compañeros de hospital más allá de nuestras fronteras, llegando a emocionar a Steven Spielberg, que se encargó de la versión estadounidense.


Creando oportunidades

Albert Espinosa

“Mi padre hospitalario hablaba de una cosa muy bella, cuando yo tenía 14 años, a mí y a otros dos chavales que nos faltaba la pierna, el pulmón… Siempre nos decía que cuando saliéramos del hospital, cada año teníamos que parar el mundo una vez. Él llamaba “parar el mundo”, “intermezzo”, a salir del mundo para mejorarte y para mejorarlo. Y decía que cuando volvieses, el universo te premiaba, porque los que movían el mundo eran los que lo paraban”.

Albert Espinosa es escritor, guionista, actor y director de cine, y una voz esperanzadora incluso en tiempos de confinamiento e incertidumbre. En este vídeo comparte las lecciones de vida que aprendió durante su larga estancia en un hospital y una burbuja que le protegía frente a los virus, mientras luchaba contra el cáncer en su adolescencia.

Había decidido retirarse de los focos y los medios para dedicarse a la escritura de libros, series y películas, pero ha hecho una excepción para compartir sus reflexiones en esta entrevista. “Volveremos con mucha energía, nos reinventaremos, con lo cual podremos crear nuevas realidades. Pienso que eso es parte de la magia que estamos viviendo en este “intermezzo”, en este parar el mundo, que volveremos diferentes y lo cambiaremos todo”.

Albert Espinosa ha vendido más de tres millones de libros en 42 países, con títulos como ‘El mundo amarillo’, ‘Lo que te diré cuando te vuelva a ver’, ‘El mundo azul. Ama tu caos’, 'Si tú mes dices ven lo dejo todo… pero dime ven', o el más reciente ‘Lo mejor de ir es volver’.
Con su película ‘Planta 4ª’, dirigida por Antonio Mercero, estuvo nominado al Premio Goya, y la serie televisiva ‘Pulseras rojas’, ganadora de dos premios Emmy, consiguió hacer viral su historia y la de sus compañeros de hospital más allá de nuestras fronteras, llegando a emocionar a Steven Spielberg, que se encargó de la versión estadounidense.


Creando Oportunidades

Transcripción

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Yo tuve una enfermedad que tenía un 80% de mortalidad. A mí me dieron un 3% de posibilidades de vivir, y supongo que por eso la gente me consulta. También estuve casi cuatro meses y medio en una burbuja de estas para que no me llegaran los virus y tengo un poco de experiencia, aunque nadie haya vivido nada parecido. Yo recuerdo mucho a mi madre hospitalaria, de la que os hablé en la otra conferencia, y había otra persona muy importante en mi vida, que era mi padre hospitalario. Mi padre hospitalario tenía casi 82 años, era un tipo italiano genial, que me entusiasmaba y él me dijo una frase que compartía con mi madre, que era: “Cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el universo y te cambia todas las preguntas”. Yo creo que estamos en uno de esos momentos donde se nos han cambiado todas las preguntas y nadie tiene nuevas respuestas. Y esos momentos para mí son de los más importantes de la vida, donde tienes que volver a buscarte esas nuevas respuestas. Mi padre hospitalario hablaba de una cosa muy bella, cuando yo tenía 14 años, a mí y a otros dos chavales que nos faltaba la pierna, el pulmón… Siempre nos decía que cuando saliéramos del hospital, cada año teníamos que parar el mundo una vez. Él llamaba “parar el mundo” a salir del mundo para mejorarte y para mejorarlo. Él decía que era estar durante un tiempo fuera del mundo, con la conversación de una única persona, escuchando buena música, buenas películas, sintiendo que estás fuera de él y te estás mejorando.

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Y decía que cuando volvieses, el universo te premiaba, porque él decía que los que movían el mundo eran los que lo paraban. Yo a veces pienso en él, él ya murió… en qué estaría pensando. Él era italiano y supongo que teníamos esta unión Italia – España que hay ahora, y también esta unión global de todos sentir lo mismo. Él llamaba a esos momentos de parar el mundo “Intermezzos”; él decía que existían esos “intermezzos”, que era como que tu vida se agotaba, se paraba, y que esos “intermezzos” habías de aprovecharlos. Yo siempre me tomaba las gripes como “intermezzo” y esto me lo tomo como un gran “intermezzo” y estoy intentando recordar mucho todas las enseñanzas que él me mostró. Él decía una frase que para mí era fundamental, que era: “Vivir es aprender a perder lo que ganaste”. Yo toda mi vida, desde que tenía 14 años, he hecho una lista con todo lo que tenía en este mundo, a nivel emotivo, a nivel personal, todo lo que me importaba, y él me enseñó que con el paso de los años lo tacharía. Con 15, 16, no tachaba nada, luego taché la pierna, el pulmón, el hígado… Y últimamente creo que mucha gente está teniendo que tachar muchas cosas importantes, pero eso es vivir. Vivir es aprender a perder lo que ganaste. Él siempre me hablaba y me comentaba que los días grises en realidad eran días claros fuera de contexto, y ahora estamos viviendo muchos días grises, pero yo los veo como días claros, de estos preciosos. Su frase favorita, y de la que yo he hecho casi como si fuera mi lema, es: “Las pérdidas son ganancias”.

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Él me enseñó que no perdí una pierna, sino que gané un muñón. Me enseñó que no perdí un pulmón, sino que aprendí que con la mitad de lo que tenemos en esta vida podemos vivir. Y como el hígado me lo quitaron con una forma de estrella, casi, pues decía que llevaba un sheriff dentro, así que yo pensaba que era la ley. Al final, la verdad es que las pérdidas fueron ganancias. Aquí tengo, en mi rincón favorito, tengo mi Emmy, que fue el primero que ganó una serie de aquí y mi Emmy nunca lo hubiera ganado por ‘Pulseras Rojas’, no lo hubiéramos ganado, si no llega a ser por esa pulsera roja, que es la que tengo siempre al lado del Emmy, que fue la que me dieron cuando me cortaron la pierna, ni sin ‘El mundo amarillo’, donde están mis enseñanzas. Entonces, un poco «cualquier pérdida fue una ganancia», en ese momento, cogió un color que nunca olvidaré. Pero también… lo conté la otra vez en la entrevista de Aprendemos Juntos, yo recuerdo que conocí a un chico maravilloso que era increíble, que tenía una energía y una fuerza brutal. Los dos estuvimos en dos burbujas, las burbujas son sitios para que no te entren los virus, y él sonreía, saltaba en esa burbuja, era más pequeño que yo y yo tenía 14, él tenía 11, y yo le decía: “Vamos a pasar dos meses aquí”, y él estaba superfeliz y me contó su gran secreto aquel día, en aquella burbuja, me contó que recibía malos tratos de su padre diariamente y que haberse puesto enfermo de cáncer, estar en una burbuja, era conseguir no verle jamás.

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Vino un día el padre, le hizo así desde la burbuja y me pareció uno de esos momentos donde “Las pérdidas son ganancias” coge una fuerza increíble. Al final, lo que parece una pérdida para muchos, es una ganancia para otros. Hace poco me llamó un amigo mío, tuvimos cáncer juntos, tuvimos ese osteosarcoma que nos arrebató cosas y nos dio otras. Y él tenía la teoría de que los que hemos sufrido osteosarcoma, como solo tenemos un pulmón y ya estamos cascados, en el sentido de que no tenemos los dos pulmones, él decía que el coronavirus no nos afectaría, porque vería que estábamos ya un poco defectuosos y que no nos atacaría. Y yo le decía: “¿Quieres decir que como sufrimos una enfermedad casi mortal en la niñez ahora nos libramos de esta?”, y él me decía: “Las pérdidas son ganancias. Creo que todo el mundo querría haber tenido ahora un osteosarcoma cuando era pequeño”. Es un cachondo y me río mucho hablando con él. A él le faltan más cosas que a mí, le faltan dos brazos y casi dos piernas y dice siempre que es un tronco fuerte y que subsistirá a todo. Yo creo que al final, el sentido del humor y todo esto nace de que si aprendes a morir, aprendes a vivir. Yo aprendí a morir cuando tenía 15 años, con un tres por ciento, a mí nunca me ha dado miedo la muerte. Los miedos son dudas no resueltas, si tienes un miedo es porque alguien no te ha resuelto una duda. Yo desde los 14 años tengo una libreta donde apunto todos mis miedos, todas mis dudas por así decirlo, y esas dudas busco la persona que me las pueda resolver. Ahora hay muchas dudas que te vienen con el coronavirus y llamo a mucha gente e intento que me resuelvan todas esas dudas.

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Hay una frase que me parece muy bella, que es: “La felicidad es dormir sin miedo y despertar sin angustia”. Ahora hay mucha gente que no puede. Va a dormir con miedo, pensando: “¿Mañana cómo serán las cifras?”, y si tiene a alguien enfermo, si realmente se encuentra mal y despierta con angustia. Y supongo que en este tiempo mucha gente, y estoy seguro que le pasa, se va a dormir y piensa, cuando está solo en la habitación, piensa que todo esto es una pesadilla, que no está pasando, que es su imaginación, que en realidad mirará el Twitter o abrirá la ventana o llamará y le dirán que no hay ningún virus. Yo lo aconsejo mucho, lo hacíamos en el hospital porque a veces pensábamos: “Es imposible que con 14 años me corten la pierna, que esté enfermo y me den un tres por ciento posibilidades de vivir”, y a veces pensaba: “Abriré los ojos y estaré en mi habitación de casa”. Y mi padre hospitalario, que era un tipo maravilloso, me decía: “No, no, tú tienes que darle cuerda a esa imaginación. Tú déjala que vuele, que vuele, que vuele”. Y yo lo hacía, me imaginaba, antes de abrir los ojos, me imaginaba que sí, que todo era mentira y me imaginaba mil cosas. Y la verdad es que os aconsejo mucho que lo hagáis. Al final la mente se va, se va muy lejos, pero yo pienso que es parte de lo más bello, dejar a la cabeza libre.

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Mi padre hospitalario decía que cada generación pasa una pandemia, pasa un momento económico grave, una crisis económica, y pasa una guerra. Y yo no le hice mucho caso, pero llevamos dos de tres, con lo cual falta la guerra. Y yo recuerdo que un libro que hice, que se llamaba ‘Lo mejor de ir es volver’, la portada es parecida a este cuadro que me hizo mi amigo menorquín Llorenç Pons. Ahora le veo otro significado a la portada, porque veo un hombre solo, apartado del resto. Pero la historia pasaba en Barcelona en el 2073, dentro de bastantes años, y en honor a mi padre hice que hubiera una pandemia, donde había un virus y la gente iba toda con esferas por la calle, esferas de energía para conseguir que no llegaran los virus de otra persona, y llevar su música y estar apartado, y todo el mundo iba así, nadie compraba, en el libro, en tiendas físicas y además había una guerra que se llamaba “La Inesperada”, porque llegaba justo después de la pandemia, y morían todos los perros por otra enfermedad, y además nadie comía carne, porque el virus vino de allí. Era una ficción donde en realidad había una parte muy bonita. Es mi libro favorito, porque no deja de ser una historia de perdón, de superar los miedos y de enfrentarte a ellos. Yo no tengo duda que ahora si volviese a escribir el libro, lo llamaría ‘Lo mejor es volver’, porque no tengo dudas de que volveremos. Volveremos con mucha energía, volveremos radiantes y volveremos nuevos, con lo cual podremos crear nuevas realidades. Y yo pienso que eso es parte de la magia que estamos viviendo en este “intermezzo”, en este parar el mundo, que volveremos diferentes y lo cambiaremos todo.

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Yo creo que nos reinventaremos. Mi padre me decía una frase preciosa que era: “Lo que perdimos en el fuego renacerá en las cenizas”, y yo creo que pasará. Es una frase que habla y trata mucho de lo que estamos viviendo en este momento todos. Mi padre hospitalario decía dos frases que me entusiasmaban. Decía: “Las frases más bonitas del mundo son: ‘Cuenta conmigo’ y ‘Quédate conmigo’”. Ahí coincidía con una de mis películas favoritas y decía: “Cuenta conmigo y quédate conmigo tenéis que aprender a decirlo siempre”, hacía que en el hospital lo dijéramos a todo el mundo, que le dijéramos a la gente que empezaba nueva “Cuenta conmigo”, y decíamos muchas veces, cuando teníamos miedos o no lo teníamos claro, decíamos: “Quédate conmigo”. Hay una frase que él no calculó, que es mucho más bella, que es: “Quédate en casa”. Creo que él nunca pensó que esta frase tendría tanta fuerza, y ahora que todos vivimos en nuestras casas, él era de una isla, era de Isquia, de Italia, y yo creo que a él entusiasmaban las islas y cuando estaba en su habitación decía que estábamos en su isla privada, y ahora tenemos la gran suerte de que cada uno de nosotros está en una isla y tu mundo es tu casa, es tu isla, y aunque no nos demos cuenta, juntos formamos un bello archipiélago de solidaridad, y creo que eso es lo más bonito de lo que está pasando. Pasarán cosas terribles, deberemos llevar vidas de otros dentro, recuerdos de otros dentro. Hacer los duelos más tarde porque no podremos ir al tanatorio a decir «te quiero» a esta gente que perdamos, sufriremos, lo pasaremos mal. Pero al final yo creo que habrá eso tan bello que él decía: “Si puedes vivir con una sonrisa, ¿por qué vivir sin ella?”.

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Así que os animo a que nadie pierda la esperanza, que todo el mundo disfrute de este parar el mundo, de este “intermezzo”. Me ha encantado hablar con vosotros, me ha encantado contaros parte de esas enseñanzas de este bello hombre italiano que nos marcó a todos y estar en mi rincón favorito. Pensé que jamás lo enseñaría, y la verdad es que me hace muy feliz. Gracias por escucharme y espero que os haya gustado. Cuidaos mucho.