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“Una sociedad sin educación sería un mal lugar para vivir”

Eduardo Sacheri

“Una sociedad sin educación sería un mal lugar para vivir”

Eduardo Sacheri

· Escritor y profesor

A la hora de comer, la abuela Nelly narraba las historias de la familia, inmigrantes españoles en Argentina, a un infante Eduardo Sacheri. Fascinado por los relatos, aprendió a leer de forma prematura guiado por su hermana mayor. Y aunque se ha erigido como uno de los escritores y guionistas argentinos contemporáneos más importantes, él aún se considera, ante todo, lector. “Quien lee posee más herramientas para comprender la realidad, para operar sobre la realidad y la lectura te abre al mundo”, asegura el creador.

Lo que le rodea, su realidad, alimenta su trabajo narrativo. Lo primero que escribió, con poco más de veinte años, fue una suerte de terapia: una carta a su padre fallecido cuando era niño. Y sus letras lograron popularidad en Argentina gracias a los cuentos de fútbol, su gran pasión. “En mis historias hablo de lo que me pasa, de lo que siento, de lo que deseo, de lo que temo, de lo que odio, pero lo hago ocultándome en la ficción”, declara Sacheri.
Consiguió el reconocimiento internacional por la adaptación cinematográfica de su novela ‘La pregunta de sus ojos’. Ficción literaria transportada al séptimo arte de la mano del director Juan José Campanella. La cinta, renombrada como ‘El secreto de sus ojos’, recibió el premio Óscar a la mejor película extranjera. Después vinieron más adaptaciones al mundo del celuloide, como ‘Papeles en el viento’ y ‘La odisea de los giles’. Esta última, basada en la obra ‘La noche de la Usina’, con la que Sacheri ganó el prestigioso Premio Alfaguara de Novela en 2016.

Referente de la literatura latinoamericana, el intelectual argentino estudió Historia en la Universidad de Luján. “Soy profesor de Historia”, aclara, y ni la fama ni el éxito le han apartado de la docencia. Actualmente compagina su carrera literaria con clases de Historia a alumnos de secundaria. “Un trabajo en el que sentimos que de cierto modo hemos mejorado la vida de otro, me parece que es todo un privilegio y creo que enseñar incluye ese privilegio”, resalta.

‘Lo mucho que te amé’, título de su última novela, es una obra en la que Sacheri se esconde, por primera vez, detrás de una protagonista femenina. Por eso en sus primeras páginas agradece a las mujeres de su familia: “Porque sus voces son la música de mi niñez”, dice. Entre ellas, dos de las personas que le abrieron el mundo de las historias: su hermana Alejandra y su abuela Nelly.


Creando oportunidades

Eduardo Sacheri

A la hora de comer, la abuela Nelly narraba las historias de la familia, inmigrantes españoles en Argentina, a un infante Eduardo Sacheri. Fascinado por los relatos, aprendió a leer de forma prematura guiado por su hermana mayor. Y aunque se ha erigido como uno de los escritores y guionistas argentinos contemporáneos más importantes, él aún se considera, ante todo, lector. “Quien lee posee más herramientas para comprender la realidad, para operar sobre la realidad y la lectura te abre al mundo”, asegura el creador.

Lo que le rodea, su realidad, alimenta su trabajo narrativo. Lo primero que escribió, con poco más de veinte años, fue una suerte de terapia: una carta a su padre fallecido cuando era niño. Y sus letras lograron popularidad en Argentina gracias a los cuentos de fútbol, su gran pasión. “En mis historias hablo de lo que me pasa, de lo que siento, de lo que deseo, de lo que temo, de lo que odio, pero lo hago ocultándome en la ficción”, declara Sacheri.
Consiguió el reconocimiento internacional por la adaptación cinematográfica de su novela ‘La pregunta de sus ojos’. Ficción literaria transportada al séptimo arte de la mano del director Juan José Campanella. La cinta, renombrada como ‘El secreto de sus ojos’, recibió el premio Óscar a la mejor película extranjera. Después vinieron más adaptaciones al mundo del celuloide, como ‘Papeles en el viento’ y ‘La odisea de los giles’. Esta última, basada en la obra ‘La noche de la Usina’, con la que Sacheri ganó el prestigioso Premio Alfaguara de Novela en 2016.

Referente de la literatura latinoamericana, el intelectual argentino estudió Historia en la Universidad de Luján. “Soy profesor de Historia”, aclara, y ni la fama ni el éxito le han apartado de la docencia. Actualmente compagina su carrera literaria con clases de Historia a alumnos de secundaria. “Un trabajo en el que sentimos que de cierto modo hemos mejorado la vida de otro, me parece que es todo un privilegio y creo que enseñar incluye ese privilegio”, resalta.

‘Lo mucho que te amé’, título de su última novela, es una obra en la que Sacheri se esconde, por primera vez, detrás de una protagonista femenina. Por eso en sus primeras páginas agradece a las mujeres de su familia: “Porque sus voces son la música de mi niñez”, dice. Entre ellas, dos de las personas que le abrieron el mundo de las historias: su hermana Alejandra y su abuela Nelly.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:02
Eduardo Sacheri . Hola, soy Eduardo Sacheri, escritor, guionista y profesor de Historia en orden indistinto. Yo creo que los seres humanos intuimos, sabemos, tememos y padecemos que la vida es confusa, ardua, inexplicable muchas veces, y nos cuesta mucho encontrar un sentido a lo que vivimos. Y creo que los seres humanos también hemos inventado las historias, los cuentos, las narraciones… ni más ni menos que como un intento de explicación del mundo. Creo que las personas nos contamos historias para darle sentido a lo que sucede. Para ponernos desde otra posición, salir de nuestro lugar específico del mundo e intentar ver la vida desde otro lado. Necesitamos narrarnos, necesitamos contarnos nuestras vidas o las vidas de otros, o vidas ficticias, para intentar encontrar sentido a nuestras vidas, a nuestros deseos, a nuestros temores, a nuestros fracasos, a nuestras pérdidas, a nuestras aventuras y hasta a nuestros triunfos.

01:45
Eduardo Sacheri. Yo pertenezco, creo, a esos escritores que descubren tarde su vocación, si es que la he descubierto, cosa que todavía no tengo del todo clara. Quiero decir, hay gente que escribe desde la niñez o desde la adolescencia. Yo no pertenezco a esa parte de los escritores, sí pertenezco a esa multitud que amamos leer desde la niñez. Yo me defino más como lector que como escritor. Si hay algo vinculado con los libros y las historias que me acompaña desde la niñez es la lectura, no la escritura. Siento que me puse a escribir casi por accidente, por casualidad. Entendiendo como accidente el hecho de que no me propuse convertirme en un escritor profesional, ganarme la vida escribiendo libros o guiones de películas, en absoluto. Las primeras cosas que escribí las escribí cuando tenía veintitantos años y estaba intentando procesar sentimentalmente el hecho de prepararme para convertirme en padre mientras todavía tenía que terminar de hacer el duelo de la pérdida del mío, una pérdida lejanísima en el tiempo porque había acaecido cuando yo tenía 10 años.

03:27
Eduardo Sacheri. De hecho, lo primero que escribí fue una carta a mi padre, no fue una ficción, pero fue tan benéfico el impacto que me produjo redactar esa carta imposible, fue tan bueno esto de sacar de mí un duelo, un fantasma, un dolor, una duda, una pregunta y ponerlo en un papel que sentí que de ahí en adelante era una tarea catártica que me iba a servir de ahí en adelante. Por eso a partir de los 25 o 26 años fue que empecé a inventar historias. Inventar historias, además, me permite operar desde la libertad de mi timidez, de mi sigilo, de mi secreto. Quiero decir, en mis historias yo hablo de lo que me pasa, de lo que siento, de lo que deseo, de lo que temo, de lo que odio, pero lo hago ocultándome en la ficción. Y por eso, si hoy con 52 años pienso cómo seguirá mi vida en cuanto a la escritura, desconozco, como creo que desconoce cualquiera, si seguiré publicando libros o no, si se venderán esos libros o no. Pero lo que sí sospecho es que mientras viva seguiré escribiendo, pero no porque viva de esto, sino porque va a seguir siendo una manera de lograr un equilibrio emocional que de otra manera creo que me costaría obtener. Además de mi carrera como escritor, mi trabajo como tal, mi otro trabajo es ser profesor de Historia en lo que en Argentina llamamos colegio secundario, liceo, instituto. Bueno, no sé cómo se llama en cada país, pero con adolescentes de 16 o 17 años. Hace algunos años dejé mis clases en la universidad y me quedé solamente con estas clases.

05:55
Eduardo Sacheri. Me preguntan a menudo por qué lo sigo haciendo, por qué no me dedico exclusivamente a mi tarea como escritor. Y mi respuesta más básica y creo que más genuina es: «Porque soy profesor de Historia». Estudié un montón de años en la universidad para dar clases, para enseñar aquello que yo había aprendido y porque me parece que es un trabajo importante que compartamos lo que sabemos. Me parece que es un trabajo útil enseñar. Útil en el mejor de los sentidos. Todo trabajo es útil, permite llevar un plato de comida a una mesa. Todo trabajo es útil. Pero un trabajo en el que sentimos que de cierto modo hemos mejorado la vida de otro, me parece que es todo un privilegio y creo que enseñar incluye ese privilegio. Cuando, hace más o menos diez años, a partir de todo lo que significó ‘El secreto de sus ojos’ en cuanto a su éxito, su masividad… Me permitió a mí, eventualmente, pegar un salto profesional y dedicarme exclusivamente a la escritura, cosa que no es habitual que uno pueda tener ese lujo.

07:26
Eduardo Sacheri. En todo caso, debí plantearme si quería o no combinar ambas profesiones o quedarme solo con la escritura. Y la verdad que fue muy fácil de resolver para mí porque es un trabajo que disfruto y, además, me parece que es un lindo complemento pensándolo del modo más egoísta del mundo. Me parece que es un lindo complemento para un trabajo tan introspectivo, tan ensimismado, tan silencioso y tan metido para adentro como es la escritura. La docencia es pura apertura, pura conexión, puro contacto, puro establecer un puente intelectual y afectivo con otras personas, entonces, insisto, desde el punto de vista de lo que a mí me conviene, creo que dar clase me propone un equilibrio que para mí es absolutamente beneficioso.

08:28
Eduardo Sacheri. Yo creo que más allá de lo múltiple que resulta hoy en día la noción de educación, y de enseñanza, y de fuentes de educación… quiero decir, hace cien años quien te educaba eran exclusivamente, o casi exclusivamente, tu familia y tus profesores. Hoy en día las personas aprenden de un montón de fuentes muy diversas. Y eso podría dar pie a pensar: «Bueno, tal vez el lugar de quienes enseñan ha perdido importancia». Y yo creo que no, me parece que las personas que dedican su vida a aprender para poder compartir lo que han aprendido, me parece que sigue siendo importantísimo, como modelo de conexión y como modelo de algo que tiene valor. Personas que se dedican durante años a aprender para compartirlo, están dándole valor a aquello que aprendieron y a la vocación de decir: «Bueno, yo me dediqué durante años a aprender esto y ahora me dedico a compartirlo con ustedes».

10:05
Eduardo Sacheri. Y me parece que en una época de aprendizajes múltiples y, sobre todo, de fuentes múltiples de aprendizaje que haya personas que se especializan en buscar jerarquizar esos conocimientos y esas fuentes de conocimiento, es decir, aprendamos de acá, aprendamos críticamente de allá, separemos la paja del trigo en tal o cual fuente, me parece que es algo que sigue siendo extremadamente valioso. Muchas veces los profesores insistimos, los adultos en general y los profesores en particular, insistimos en lo importante que es leer, que nuestros alumnos lean. Y por detrás de esa recomendación, ese deseo, esa casi necesidad, creo que compartimos la intuición de que quien lee posee más herramientas para comprender la realidad, ni más ni menos, para operar sobre la realidad. Creo que la lectura te abre el mundo. Primero, porque te aproxima a otros mundos distintos al propio y además porque te llena de palabras. No hay otro modo de apropiarte de palabras nuevas si no es leyendo. Porque esas palabras nuevas en su contexto es como uno las entiende, uno no entiende las palabras en abstracto.

11:49
Eduardo Sacheri. El diccionario es una muleta imperfecta en el sentido de que aunque estén las definiciones… hacer carne esas palabras solo se logra leyendo, encontrándolas, dichas, utilizadas, siendo de provecho en algo que alguien está escribiendo. Y cuantas más palabras conocemos, en más cosas podemos pensar. Es así de simple. Cuantas más cadenas de conceptos somos capaces de elaborar más profundo y más diverso, y más complejo, es nuestro pensamiento. Y la lectura es clave para generar eso. Aunque no lo digamos así, tan detalladamente, cada día en cada una de nuestras clases, los que amamos la lectura y los que amamos la posibilidad de intentar contagiar ese amor, creo que operamos con esa convicción de fondo. Para mí la pasión, como tantos otros conceptos humanos, es compleja.

13:10
Eduardo Sacheri. En un sentido, la pasión es como un fuego, una energía indómita que tenemos en el alma y es el combustible que quemamos para hacer las cosas. No solo para hacerlas, sino para desearlas, y para luchar por ellas, y para insistir, y para porfiar… buscando ni más ni menos que nuestro deseo. Es eso, es el fuego que gastamos persiguiendo nuestro deseo. Pero al mismo tiempo, tengo mis…. cómo decirlo, mis dudas con respecto a la pasión. O tengo mis objeciones. En todo caso, a veces veo en los medios o en las personas, una defensa un tanto ingenua de la pasión, un indulto absoluto a la pasión, como si toda pasión fuese buena. Como si toda pasión fuese legítima. Y yo no estoy tan seguro. En el sentido de que la pasión también te puede conducir al fanatismo. También te puede conducir a la violencia. También te puede conducir a la negación del otro, y de los deseos y de las necesidades del otro.

14:49
Eduardo Sacheri. Creo que la pasión es esto, un fuego profundo, casi animal, que nos habita y que está bien que nos habite, pero creo que por algo tenemos también una cabeza que funciona como una esclusa que decide o debe decidir cuánto se abre y cuánto se cierra. Por respeto a los demás y por respeto a uno mismo. En mi caso, creo que mi literatura en general se nutre de mi vida cotidiana, de mis geografías, de la gente que me rodea, de los ámbitos que han poblado mi vida, y el fútbol es uno de esos ámbitos, es el juego que más me gusta. En eso no me distingo de muchas otras personas y fundamentalmente de muchos argentinos. Creo que un juego tiene la particularidad de reproducir la vida en pequeña escala, simplificada. La vida es compleja, contradictoria, confusa. Los juegos no, en los juegos hay unas pocas reglas que cumplir y una metáfora sencillísima: ganar es vivir, perder es morir.

16:21
Eduardo Sacheri. Y hay tres o cuatro mecanismos para lograr una cosa o para padecer la otra. Y en ese sentido, los juegos, cualquier juego, y el fútbol es un juego, permiten, me parece, sacar afuera instancias muy complejas de nuestro pensamiento, de nuestros deseos, de nuestras vidas y vivirlas de modo simplificado. Muy a menudo se dice, al menos aquí en Argentina, que las personas cuando juegan al fútbol se transforman. Yo no creo que se transformen. Creo que se exhiben, que nos exhibimos. No digo tampoco que lo único que seamos sea eso que aparece cuando jugamos: ese desborde, esa emocionalidad absoluta. Pero eso que aparece forma parte de nosotros. Para mí el fútbol es esa puerta que conduce hacia la profundidad de mí mismo. Y hacia la niñez. Pero no la niñez entendida como simplemente esta cosa de… esta cosa naíf de lo bello que fue ser pequeños, sino la niñez en el sentido de sentir las cosas con muchas menos mediaciones, con muchas menos inhibiciones.

17:56
Eduardo Sacheri. Y hay tres o cuatro mecanismos para lograr una cosa o para padecer la otra. Y en ese sentido, los juegos, cualquier juego, y el fútbol es un juego, permiten, me parece, sacar afuera instancias muy complejas de nuestro pensamiento, de nuestros deseos, de nuestras vidas y vivirlas de modo simplificado. Muy a menudo se dice, al menos aquí en Argentina, que las personas cuando juegan al fútbol se transforman. Yo no creo que se transformen. Creo que se exhiben, que nos exhibimos. No digo tampoco que lo único que seamos sea eso que aparece cuando jugamos: ese desborde, esa emocionalidad absoluta. Pero eso que aparece forma parte de nosotros. Para mí el fútbol es esa puerta que conduce hacia la profundidad de mí mismo. Y hacia la niñez. Pero no la niñez entendida como simplemente esta cosa de… esta cosa naíf de lo bello que fue ser pequeños, sino la niñez en el sentido de sentir las cosas con muchas menos mediaciones, con muchas menos inhibiciones.

19:47
Eduardo Sacheri. Y creo que los que venimos después nos beneficiamos de esa apertura, al menos parcial. No abonamos un terreno estéril, sino nos movemos en un territorio ya transitado por estas figuras de renombre. Y pensando esta cuestión de lo que emerge, lo que el fútbol puede ser como conducto hacia otras cosas más profundas, cuando en ‘El secreto de sus ojos’ con Juan José Campanella teníamos a nuestros protagonistas teniendo que buscar una aguja en un pajar: un asesino prófugo en la Buenos Aires de 1975 y sin pistas. El hilo de la pasión fue el que encontramos para tirar. De hecho, la escena en la que Guillermo Francella en un bar de borrachos, le dice al personaje de Ricardo Darín: «Uno puede cambiar de todo: de cara, de casa, de religión, de mujer, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión». Y ahí nos vamos a la escena esa famosa del estadio y de la persecución en el estadio. Lo que propone ‘El secreto de sus ojos’ es: la pasión es una cárcel. La pasión es una cárcel que nos gobierna.

21:25
Eduardo Sacheri. Y por eso vuelvo a lo que decía antes, la pasión no es algo bueno, bello, constructivo y ennoblecedor, o no solo lo es, también puede ser el peor despliegue de la bajeza más abyecta que haya en un ser humano. Yo siento que una sociedad sin educación sería un muy mal lugar para vivir porque sería, precisamente, una sociedad de puras pasiones, de puros deseos desenfrenados donde los más débiles serían los que pierden. Donde los más fuertes, los más enérgicos, los más violentos, los más ricos… tendrían vía libre para imponer ese deseo sobre los demás. Me parece que la educación es justamente lo que pone coto a los egoísmos más desenfrenados. La educación es la que instala un principio de racionalidad, de equilibrio, de orden… discutible, mejorable, revisable, pero orden armónico de alguna manera, que el puro imperio de la pasión solo destruiría y haría mucho más difícil la vida de la mayoría.

23:04
Eduardo Sacheri. A veces me pregunto si esta crisis realmente nos podrá dejar algún tipo de enseñanza. Por un lado, pienso: «Bueno, es algo tan global, tan enorme, tan profundo, tan imprevisto, que necesariamente tiene que marcarnos de alguna manera». Por otro lado, en contraposición, tiendo a pensar que la inercia del ser humano es muy fuerte. Tan fuerte que tal vez cuando dejemos atrás las cuarentenas y la pandemia, ciertas formas de conducirnos, ciertas maneras de ver el mundo vuelvan a imponérsenos como otrora. En ese difícil equilibrio, o en esa duda que tengo, sí creo que al menos todo esto que estamos viviendo seguro que nos permite recordar al menos lo absolutamente provisorio que es todo equilibrio de la vida, todo acuerdo entre los seres humanos que formamos una sociedad. Y la vida misma es absolutamente frágil, provisoria y sometida a fuerzas inesperadas y rotundas.