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Una historia de solidaridad prehistórica

María Martinón Torres

Una historia de solidaridad prehistórica

María Martinón Torres

· Paleoantropóloga y directora del CENIEH

"Cuando en el registro fósil encontramos una patología o una enfermedad, alguno puede pensar que estamos leyendo una historia negativa o triste, y resulta que es todo lo contrario. Un hueso deformado está hablando de fortaleza a dos niveles: fortaleza individual de aquel que fue capaz de superar esa enfermedad. Y fortaleza del grupo que cuidó y protegió a ese individuo".

María Martinón Torres, paleoantropóloga y directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), lleva décadas investigando las huellas fósiles de nuestros antepasados prehistóricos y cómo influyeron en nuestra definición del ser humano. "A lo largo de la evolución humana, los comportamientos altruistas, solidarios y cooperativos se remontan a miles de años en el registro fósil", explica la investigadora.

Martinón Torres se doctoró en Medicina, especializada en Evolución Humana y Antropología Forense, y es catedrática honoraria en el Departamento de Antropología de University College London. Forma parte del equipo investigador de Atapuerca desde 1998 y ha participado en varios proyectos internacionales, como Dmanisi (Georgia) y China. Ha publicado más de 70 libros y artículos científicos sobre dentición humana y en 2019 recibió la Medalla Rivers Memorial otorgada por el Royal Anthropological Institute de Gran Bretaña e Irlanda (RAI), la institución académica más antigua del mundo dedicada a la antropología.


Creando oportunidades

María Martinón Torres

"Cuando en el registro fósil encontramos una patología o una enfermedad, alguno puede pensar que estamos leyendo una historia negativa o triste, y resulta que es todo lo contrario. Un hueso deformado está hablando de fortaleza a dos niveles: fortaleza individual de aquel que fue capaz de superar esa enfermedad. Y fortaleza del grupo que cuidó y protegió a ese individuo".

María Martinón Torres, paleoantropóloga y directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), lleva décadas investigando las huellas fósiles de nuestros antepasados prehistóricos y cómo influyeron en nuestra definición del ser humano. "A lo largo de la evolución humana, los comportamientos altruistas, solidarios y cooperativos se remontan a miles de años en el registro fósil", explica la investigadora.

Martinón Torres se doctoró en Medicina, especializada en Evolución Humana y Antropología Forense, y es catedrática honoraria en el Departamento de Antropología de University College London. Forma parte del equipo investigador de Atapuerca desde 1998 y ha participado en varios proyectos internacionales, como Dmanisi (Georgia) y China. Ha publicado más de 70 libros y artículos científicos sobre dentición humana y en 2019 recibió la Medalla Rivers Memorial otorgada por el Royal Anthropological Institute de Gran Bretaña e Irlanda (RAI), la institución académica más antigua del mundo dedicada a la antropología.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:03
María Martinón Torres. Soy María Martinón Torres. Soy médico-paleoantropóloga, soy investigadora del equipo de Atapuerca y soy directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana.

00:18
Juan Patricio Peñalver. Hola María, me llamo Juan. Para mí es un auténtico placer estar hoy aquí contigo para charlar sobre lo que investigas, que tiene que ver con la prehistoria y la evolución humana. Para empezar, me gustaría que nos explicaras en qué consiste tu trabajo.

00:37
María Martinón Torres. Bueno, Juan, el placer es para mí. Me dais la oportunidad de hablar, precisamente, de mi trabajo y sobre todo para personas como tú que os dedicáis a la enseñanza. Yo soy paleoantropóloga, eso quiere decir que soy una persona con muchísima curiosidad e intriga por el ser humano; hasta tal punto que no me importa retrotraerme en el tiempo lo que haga falta, podemos hablar de cientos de miles y hasta millones de años, para comprender en qué momento y ante qué circunstancias fueron surgiendo esas características que nosotros identificamos ahora como humanas, como características típicas de todos nosotros. Hay quien piensa, a lo mejor, que a los paleoantropólogos solo nos interesa el pasado o solo nos interesan los muertos, pero voy a decir que es todo lo contrario: a los paleoantropólogos nos interesa el ser humano, a mí me interesa el ser humano de ahora, el ser humano vivo. Pero de tal calibre es esa intriga que a mí me gustaría utilizar el pasado como ese método para acercarme a él y tener una fotografía panorámica de ese ser humano. Es como si la reconstrucción del pasado fuese mi gran angular, que me permite verlo desde el principio. Yo creo que es esa pasión de poder comprender, por ejemplo, pensar que es fascinante, imaginarse que algo que en nuestro día a día es tan rutinario, por ejemplo, como caminar sobre dos piernas, es algo singular en el mundo animal, algo que surgió hace millones de años, precisamente frente a un cambio climático que cambió drásticamente el paisaje. Y aquel homínido capaz de desplazarse sobre dos piernas, pues descubrió una manera diferente de explotar el mundo, por ejemplo.

02:19

O pensar que puede existir una relación que parece así como tan increíble, tan estrambótica, por ejemplo, entre nuestro gran cerebro, tenemos un tamaño cerebral que es casi tres veces mayor que el de cualquier primate, somos un primate con un cerebro muchísimo mayor del que nos corresponde para nuestro tamaño, pues puede haber una relación, por ejemplo, entre ese gran cerebro del que estamos tan orgullosos y un cambio en la dieta, haber sido capaces de empezar a consumir carne y proteínas de origen animal, por ejemplo. O incluso plantearnos algo que nos parece tan cotidiano: la tecnología. ¿En qué momento surgió y qué supuso? Eso es un poco lo que hacemos los paleoantropólogos y los paleontólogos, sobre todo a través del estudio de los restos biológicos y de los fósiles tratamos de reconstruir a esos ancestros: cómo vivían, cómo crecían, cómo explotaban los recursos, qué comían… Y eso es, sobre todo, la paleontología. Después está la arqueología, porque en realidad los humanos somos biología y somos cultura. La arqueología lo que trata es de reconstruir, precisamente, ese comportamiento, y a través del estudio de las herramientas o de cualquier vestigio de uso de esas herramientas, de las marcas que deja el uso de esos útiles arqueológicos, comprender cómo explotaban, cómo se adaptaban a su entorno. Y yo creo que eso es un poquito lo importante de nuestra disciplina y de alguna manera, pues lo que hacemos en el CENIEH, el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana. Queremos estudiar el ser humano desde todas sus perspectivas: estudiamos su biología y su aspecto, estudiamos su cultura, pero para tener esa foto panorámica necesitamos colocarlo en un lugar en el tiempo y por lo tanto, también trabajamos en la reconstrucción del paisaje. Trabajamos en averiguar la antigüedad de esos restos para poder colocarlos en el tiempo. Cuando tú estás construyendo una historia, una película, puedes tener las escenas individuales, pero si no las pones en una secuencia temporal no vas a entender esa historia.

04:14

Para nosotros es muy importante colocar al ser humano en un momento determinado, porque es de esa manera como vamos a comprender por qué somos como somos. Y sobre todo, yo creo que a la gente se le conoce en las distancias cortas y en los momentos de dificultades, de crisis, saber en qué momento o ante qué reto determinadas características nos permitieron sobrevivir y seguir evolucionando y estar hoy aquí. Yo he llegado desde un campo que no es muy convencional: yo llegué a través de la medicina. No es lo habitual para la paleontología y para la paleoantropología, pero bueno, creo que es una disciplina muy completa y que, sobre todo por el interés que tenía de conocer el ser humano, dije: “Bueno, quizá nos interesa mejor conocer primero las piezas de las que estamos hechos, este puzle, y cómo se engranan, y cuando nos comprendamos un poquito mejor, cómo funcionamos, como quien destripa un juguete, es cuando me puedo atrever a saltar al pasado e investigar un poco en esas piezas, cómo han ido apareciendo”, y ese es el camino que me ha llevado hasta aquí.

Una historia de solidaridad prehistórica. María Martinón Torres
05:19
Juan Patricio Peñalver. He leído que tus hermanos y tú crecisteis con una biblioteca de veinte mil libros. ¿Cómo surgió tu vocación científica y quiénes dirías que fueron o han sido tus grandes maestros?

05:35
María Martinón Torres. Pues tienes razón en que a mí los libros me parecen, pues no sé, yo creo que uno de los mejores inventos de la humanidad. Yo creo que la lectura, la posibilidad de leer, es una de las consecuencias más dichosas y más maravillosas que nos ha dado la capacidad de abstracción del ser humano. Es decir, si piensas que somos capaces, a un número limitado de rasgos, unas combinaciones, como las letras del alfabeto, ser capaces de dotar a esos trazos limitados de un significado capaz de atraparlo todo, es decir, de atrapar lo que ha pasado: registramos la historia; atrapar lo que está sucediendo y poder compartirlo y pasarlo a la siguiente generación, incluso atrapar mundos que no existen… Es fascinante. Yo creo que la lectura es una de las mejores armas que tenemos para enfrentarnos incluso, voy a decir, a las incertidumbres del futuro. Y yo abogo además por la lectura de todo tipo. A lo mejor dice uno: “No, tienes que leer este tipo de libros, tienes que estudiar algo de lo que saques algo de provecho”. Yo soy una gran defensora de la lectura de ficción y es más, diría hasta de ciencia ficción, porque la ciencia ficción está jugando con mundos que no existen por ahora, pero de alguna manera respetando las leyes de la ciencia y yo creo que eso es fascinante. Somos un ser que con esa capacidad de abstracción puede vivir ahora, en el pasado, podemos vivir en el presente, podemos vivir en el futuro y en mundos que no existen. Yo creo que es ese ejercicio, y que los libros nos enseñan a pensar. Y nos enseñan a pensar porque precisamente la manera en la que el ser humano razona en su día a día tiene mucho que ver con la estructura de un relato.

07:17

Tú en el día a día, cuando tienes un problema, cuando tienes una disyuntiva: “No sé qué hacer, ¿cómo debería reaccionar?”, en realidad, nuestra cabeza nos está poniendo miles de mundos que no existen. Empezamos a hacer una secuencia: “Si hago esto, sucederá esto, tiene esta consecuencia. No me interesa. Sin embargo, si respondo y les explico esto tiene otra consecuencia… Quizá”. O sea, en realidad estamos viendo mundos posibles que no llegan a suceder, pero es en esa manera de estructurar el relato de la realidad, con lo que aprendemos.

07:48
Juan Patricio Peñalver. El poder de la imaginación.

07:49
María Martinón Torres. Exactamente, de vivir en mundos que no existen, pero que luego nos permiten, es como si estuviéramos ensayando en un mundo que todavía no es real. Tenemos esa capacidad de decir: “Voy a probar. Voy a probar, pero no aquí, que tienen una consecuencia a lo mejor más irreversible. Voy a probar en mi cabeza qué es lo que sucede si hago algo determinado y luego lo aplico a la realidad”. Entonces, yo creo que la lectura, si a alguien se le inculca la lectura, le estás dando un regalo. Es muy difícil que esa persona, pase lo que pase, se vaya a sentir sola, o se sentirá menos sola. Y eso a mí me lo inculcaron. Mis maestros… Voy a decir primero mi familia, porque es verdad que es en ese seno, de esa familia donde yo he aprehendido muchas cosas. Sobre todo se aprende y se aprehende con el ejemplo, haciendo y viendo, más que que te lo digan. En el campo científico, pues yo he tenido mucha suerte, precisamente, de tener buenos maestros, que en realidad eran mentores, mentores de verdad. He tenido a José María Bermúdez de Castro, que lo sigue siendo, que es el codirector de los yacimientos de Atapuerca, y a Ángel Carracedo, director del Instituto de Medicina Legal, que son personas que desde disciplinas muy diferentes me ofrecieron algo que tenían en común, y era vocación y generosidad. Y yo creo que un mentor y un maestro lo que tiene que ser es generoso y que, además, una persona que tiene vocación y que tiene pasión es muy difícil que no sea generosa. Es decir, cuando tú sientes algo, como cuando uno está enamorado, te mueres por contarlo. Yo creo que una persona que ha descubierto la pasión de la ciencia, si de verdad es un buen científico, es imposible que se lo quiera quedar y tragar solo: te mueres por poder transmitirlo. Y eso es lo que me encontré con ellos: personas que me abrieron oportunidades. No me dijeron qué tenía que hacer o por dónde tenía que ir, sino que me abrieron un abanico amplio por el que yo pudiera caminar sin sentirme sola.

09:44
Juan Patricio Peñalver. Yo soy profesor y una de las cosas que intento es estimular la curiosidad de mis alumnos y también que experimenten el placer de descubrir. ¿Qué consejos darías a los profesores para que podamos despertar vocaciones científicas como la tuya?

10:06
María Martinón Torres. Los profesores tenéis muchísimo valor, muchísimo mérito y muchísima responsabilidad, pero también muchísimo poder en esos momentos en los que precisamente el ser humano, por sus características de crecimiento, tiene muchísima plasticidad. Estamos hechos para aprender. Somos una especie que tiene un período de crecimiento, de inmadurez, muchísimo más prolongado que cualquier otro animal. Es decir, precisamente el éxito de nuestra especie es que estratégicamente la evolución, la selección natural ha invertido en hacernos plásticos y flexibles durante muchísimo más tiempo, y es ahí donde realmente tenemos que poner un esfuerzo. Para mí la enseñanza, y yo creo que es el mejor consejo que podría dar, es que así estés enseñando matemáticas, economía, sociales o incluso lengua, yo creo que hay que poner un énfasis mayor en el cómo y el por qué que en los contenidos, que en el qué. Hay que enseñar a pensar. Cuando uno habla y te encontrarás, me imagino, muchas veces con esa disyuntiva de que uno no sabe su vocación, qué camino escoger, es que para poder escoger hay que conocer. Entonces un verdadero maestro, un verdadero mentor, un profesor de verdad no está diciéndoles cómo tienen que ser ni qué tienen que hacer, sino que les está dando la plasticidad para que ellos descubran todas las opciones que tienen. Y yo me acuerdo muchas veces de un relato, es muy cortito y me gusta mucho, de Eduardo Galeano, que es un padre que lleva a su hijo a ver el mar por primera vez. Entonces es un niño que ante esa inmensidad, esta explosión que no se puede imaginar, que es ver el mar por primera vez, algo tan enorme, tan difícil de concretar y de cerrar, e niño, así como sobrecogido, dice a su padre: “Ayúdame a mirar”.

11:57

“Ayúdame a mirar”. Yo creo que es lo que tiene que hacer un profesor: ayudar a mirar. Hay muchas cosas que enseñar, para poder escoger hay que conocer y sobre todo, a lo mejor, en el ámbito de la ciencia, ayudarles a descubrir que esa imagen de la ciencia, del científico como una persona aburrida, encerrada, que no tiene nada que compartir con nadie, que todo es tan estricto, tan riguroso, tan limitado, como que es un campo que te da poca libertad, precisamente hay una etapa en la que es todo lo contrario. Un científico tiene que ser muy riguroso en la aplicación de un método porque te permite algo precioso, que es que lo que tú descubres, pueda venir otro detrás y, reproduciendo exactamente lo que tú has hecho, pueda ver lo mismo. Yo creo que eso es maravilloso y ahí hay que ser estrictos, hay que ser rigurosos. Pero hay una parte extremadamente creativa en la ciencia, que es la previa, cuando tienes que discurrir cómo interrogar a la realidad, hay algo temerario, aventurero, en decir que a alguien se le hubiera ocurrido que podían medir la velocidad de la luz, por ejemplo. O que podía existir relación entre la dieta y el crecimiento del cerebro o que a través de un solo diente tú pudieras decir si esto pertenecía a un hombre o una mujer. No sé, es como un salto al vacío y esa capacidad de discurrir preguntas creo que es de una creatividad tremenda y eso es lo que tiene que pensar uno, que el científico en realidad tiene que trabajar, sí, con rigurosidad, pero tienes que tener en realidad mucha creatividad para poder interrogar a una realidad que no habla.

13:25
Juan Patricio Peñalver. A propósito de las vocaciones, en mi labor docente puse en marcha un proyecto en el que los propios alumnos entrevistaban a expertos, y en particular vino una profesora de la universidad a hablarles sobre temas de alimentación y sobre ciencia, y causó una gran impresión a algunas de las alumnas. Quería preguntarte si consideras que hay que fomentar más la vocación científica, también en las niñas.

13:56
María Martinón Torres. Yo creo que es muy importante que haya igualdad de oportunidades: igualdad de oportunidades para niños, para niñas, para todo el mundo. La educación es un derecho global sin ningún tipo de distinción. Y yo creo que sobre todo pensando en las vocaciones de niñas y de mujeres en determinados ámbitos, creo mucho en la capacidad o el poder que tienen los referentes y en la visibilidad. Es decir, el ser humano por su propia naturaleza, y eso lo vemos con otros primates, pero nosotros encima, de una manera más marcada, tiene mucho más impacto para aprender el ver hacer la acción que lo que te digan. O sea, si tú ves que alguien hace y cómo lo hace, tiene muchísimo más poder, más capacidad transformadora esa visión de ese ejemplo en activo que cualquier cosa que le puedas decir a alguien. Y además es así como aprendemos, no es que aprendemos por imitación, en el caso de los humanos es una imitación, pero además, comprendiendo y procesando, individualizada. Pero sí creo que, precisamente, tenemos que trabajar en crear referentes para que no te lo tengan que decir, no te lo tengas que creer, sino que tú mismo vives y ves en primera persona que es posible. Creo que programas como lo que haces tú de dar a conocer a personas en su ámbito determinado, hombres y mujeres, es la mejor manera, más real: el mundo real es lo que les estás enseñando, después de todo, y la más convincente, porque existe, porque lo ve, no se lo estás contando tú. No hay un mediador, no hay un tercero, sino que uno en primera persona lo está comprobando. Yo creo que sí, que es importante y es importante, además, tener iniciativas desde la enseñanza como la que tú comentas.

Una historia de solidaridad prehistórica. María Martinón Torres
15:31
Juan Patricio Peñalver. En alguna ocasión has comentado que la evolución humana es como una historia de intrigas, casi como si fuerais «los CSI del pasado». ¿Cuáles son las pistas que ayudan a los científicos a recomponer ese puzle y descubrir misterios?

15:48
María Martinón Torres. Lo has dicho muy bien, yo lo pienso muchas veces, que lo nuestro en realidad es una cuestión de intriga, de querer resolver un misterio en el que tenemos una serie de pruebas e, iba a decir, pero no exactamente, no podemos interrogar a los sospechosos ni a la víctima, porque la mayoría estamos hablando ya de restos de poblaciones que se han extinguido. Pero hablan. Tenemos métodos, incluso, para hacer hablar a los muertos, ese es el mérito que tenemos. Y lo hacemos precisamente a través del estudio de los vestigios, de los restos que dejan atrás. En el caso de los paleontólogos, sobre todo es a través del estudio de los fósiles, y dependiendo de los fósiles que estudies, podrás contestar un tipo de preguntas u otras. En mi caso particular, de todo el registro fósil yo diría que la joya de la corona, el diamante, es el estudio de los dientes. Allí donde los vemos, los dientes, tan pequeños, que alguno diría: “Si son todos iguales”. No, no lo son. Los dientes son un poco como la caja negra de un avión, de hecho, pero de un individuo. Bueno, en este caso una caja blanca. Pero en la que se queda atrapada información vital para reconstruir esa biografía de ese individuo casi cientos de miles de años después. ¿Por qué? Porque contienen muchísima información, información de muchísimos tipos. Por ejemplo, aunque parezca que todos los dientes son iguales, si tú te aproximas y aprendes a mirar esos dientes, verás que los dientes tienen muchísimos surcos, cúspides, tubérculos, como complicaciones, que no están ahí al azar. Cada uno de esos surcos, cada uno de esos valles, de esas montañas, es como un paisaje en realidad, tiene un componente genético hereditario, de manera que si tú comparas esas características con la de otras especies, puedes llegar incluso a identificar a qué especie ha pertenecido ese diente, que es lo que nosotros llamamos la taxonomía, y podemos estudiar también por esa comparación con los dientes de otras especies que se han extinguido, cómo estaban de próximas.

17:49

Es decir, con esa proximidad tratamos de reconstruir ese árbol genealógico, que es lo que llamamos la filogenia. Pero además, los dientes nos sirven para estudiar la dieta, por ejemplo, podemos estudiar los isótopos que se encuentran atrapados en los tejidos dentales y con eso podemos saber si un determinado homínido era carnívoro o no, o qué tipo de dieta predominante tenía. También podemos investigar la dieta, por ejemplo, por el tipo de marcas que se quedan en la superficie de los dientes, dependiendo del tipo de alimento que hubieran procesado. Incluso cosas tan interesantes como que hubieras podido utilizar los dientes, por ejemplo, como tercera mano, para actividades que no son necesariamente masticatorias, por ejemplo, se dice que los neandertales eran una población que utilizaba la boca, precisamente, para coger determinados procesos, por ejemplo, la carne, para poder cortarla la sujetaba con la mano, cortaba con un cuchillo y dejaba unas marcas en la superficie de los dientes que te estaban diciendo que los habían utilizado para sujetar y con las que podemos saber, por ejemplo, que eran predominantemente diestros. Por la utilización, por la dirección de estas estrías por ejemplo, podemos saber cosas como si eran diestros o no, la lateralidad, que es tan importante para el estudio de la evolución del cerebro. Pero luego puedes saber cosas muy bonitas y que creo que son muy interesantes, sobre todo para las personas como tú que os dedicáis a las etapas de crecimiento y de educación, y es que los dientes, si tú estudias el ritmo al que se forman los dientes y al ritmo al que salen a la cavidad bucal, la erupción, ves que ese ritmo de crecimiento y de desarrollo dental ha cambiado a lo largo de toda la evolución humana, y de los diferentes animales. Si tú le miras la boca a un niño, le miras que le ha salido el primer molar y dices: “Tendrá seis años”, por ejemplo. Si haces el mismo ejercicio en un chimpancé verás que no, que esa primera muela que a nosotros nos saldría a los seis años, a ellos a lo mejor ya les sale los tres.

19:46

¿Qué significa? Significa que son especies que crecen mucho más rápido, y eso ha sucedido también con los primeros representantes del género Homo., y nosotros somos una especie que tenía un crecimiento alargado en el tiempo. Y estudiando ese patrón podemos tratar de investigar cosas tan importantes y tan decisivas en nuestra especie, o en el linaje humano, como tratar de investigar cuando surgió la niñez, por ejemplo, etapas que no existían y que ese enlentecimiento del crecimiento va aportando. Entonces, yo creo que es un conjunto, un retrato importantísimo, pero incluso voy a decir que más allá del estudio de los dientes, hay una disciplina muy bonita que tiene mucho que ver con lo que has comentado del C.S.I., que es la tafonomía. La tafonomía es una disciplina que es como el estudio de la vida de los huesos después de la muerte. Una vez que un individuo fallece y se queda ahí, empieza otra vida, otra vida que los paleontólogos y a los arqueólogos nos interesa. No es lo mismo encontrarte un hueso que dices: “¿Cómo has llegado hasta aquí?”, pues por el estudio de las marcas de la superficie puedo decir que simplemente ha sido arrastrado o que ha sido movido por el agua. O no, puedo decir que tiene una serie de marcas que significa que ha sido consumido, ha sido presa de un león, por ejemplo. O incluso casos más dramáticos en que estudiando esas marcas de los huesos y la forma en que estaban fracturados podemos llegar a tener cuadros, tan tremendos como pensar que la especie Homo antecessor que salió en la Gran Dolina de Atapuerca, esa acumulación es resultado de un evento de canibalismo, por ejemplo. O sea, que realmente es un C.S.I., nos importa ese individuo, pero nos importa saber cómo ha llegado hasta ahí. Y precisamente de esa acumulación y del estudio de ese yacimiento en particular podemos tener muchísima información sobre ese entorno y ese momento en el que vivía.

21:37
Juan Patricio Peñalver. ¿Y tu interés por la dentición humana fue accidental, se podría decir, o fue buscado?

21:43
María Martinón Torres. Pues voy a decir que fue accidental de alguna manera, porque sí, no tenía tan claro qué parte… Sí tenía muy claro que quería hacer paleoantropología, quería esa investigación, quería el ser humano, me gustaba mucho la medicina y todos los diferentes aspectos. Pero bueno, es lo que hablamos a veces de qué es lo que hacen los mentores o qué es lo que provocan en ti las personas con vocación. Yo tuve la suerte de encontrarme en mi camino con José María Bermúdez de Castro, que fue la persona que en particular me introdujo en el mundo de la paleontología y él era un experto en evolución dental. Era imposible no contagiarse. Yo creo que ahí está la importancia que hablábamos.

22:22
Juan Patricio Peñalver. Lo que decíamos de la importancia de inspirar, ¿verdad?

22:25
María Martinón Torres. Exactamente, fue una inspiración. Nunca me dijo: “Vas a hacer estudio de dientes” o “Vas a hacer estudios de cráneos”. A lo mejor podría incluso parecer más atractivo estudiar cráneos, que son más visibles, pero no sé, aquella pasión, aquel conocimiento, aquella devoción que tenía por aquellos fósiles diminutos y todo lo que podía contar con ellos, es que era imposible. No se me ocurre haber escogido otra cosa, pero precisamente por él, por esa inspiración, con la vocación que tenía.

22:50
Juan Patricio Peñalver. Se dice que Atapuerca es un lugar clave para conocer la evolución de nuestra especie. ¿Por qué es tan importante y cómo es posible que después de tantos años sigáis descubriendo nueva información sobre el ser humano?

23:03
María Martinón Torres. Tienes toda la razón, Atapuerca es excepcional. Es única e incluso diría que en estas escalas de tiempo en que nos movemos, de cientos de miles de años, Atapuerca es infinita en lo que nos da. La singularidad es que Atapuerca no es un solo yacimiento, Atapuerca es un conjunto de yacimientos y cada uno de esos yacimientos es singular en sí mismo. Es singular y especial porque te está proporcionando información sobre un periodo en el que apenas había información o incluso no había ninguna, o te está proporcionando unas colecciones de fósiles extraordinarios en cantidad y en información que proporcionan. Y en ese sentido, Atapuerca es un lugar que es como una enciclopedia de la evolución humana en Europa, a la que no le falta ni una sola página, ni un solo capítulo. Hemos recuperado, pues mira, en la Sima del Elefante, los restos del ser humano más antiguo de toda Europa, con 1,2 millones de años: tenemos el registro de la entrada de la humanidad por primera vez al continente europeo. Tenemos, por ejemplo, en el yacimiento de la Gran Dolina, una acumulación de fósiles de una nueva especie, Homo antecessor, que se nombró en el seno del equipo investigador de Atapuerca. Tenemos, por ejemplo, en el yacimiento de la Sima de los Huesos, que tiene algo así como cuatrocientos treinta mil años, la acumulación más grande de fósiles que existen para un periodo que se conoce como el Pleistoceno medio, que va desde los setecientos ochenta mil años hasta los ciento veinte mil años, que es una acumulación intencionada de cadáveres que probablemente esté representando la primera evidencia de comportamiento funerario de la humanidad, una acumulación intencionada de estos homínidos. Y después tenemos también yacimientos con evidencia neandertal. Y después nos tenemos a nosotros. Es decir, tenemos un álbum de familia en el que no falta ninguna foto. Ha sido además una revolución, porque era como si esa página no existiese, como cuando buscas en Internet y dice: “Esta página no existe”.

25:02

Nosotros hemos empezado a poner esas páginas y hemos cambiado muchas de las teorías que había en un momento determinado y que ya se tenían casi como leyes, que no podían cambiarse, por ejemplo, sobre el poblamiento de Europa. Hasta que se encontraron los restos de Homo antecessor, que tienen una antigüedad entre los ochocientos sesenta mil años, novecientos mil años, en la Gran Dolina, había una teoría imperante en la comunidad científica, que es lo que se llama la Hipótesis de la cronología corta, que defendía que no había humanos en Europa antes de los quinientos mil años. El fósil más antiguo era una mandíbula que se había encontrado en el yacimiento de Mauer en Alemania, que tenía unos quinientos o seiscientos mil años y hasta ahí se creía que era lo más antiguo. Esto venía un poco a revolucionar precisamente esa idea del cómo, cuándo, por qué, ¿quién eres tú? ¿Qué haces aquí? ¿De dónde vienes? Todas las preguntas que se plantea uno ante alguien nuevo. Yo creo que ese es el sentido de Atapuerca, que realmente cubre un abanico muy grande de nuestra historia y de nuestra familia.

26:01
Juan Patricio Peñalver. Casi se podría decir que os ha llevado a cambiar los libros de historia, por lo que comentabas. También se podría decir que vuestro trabajo consiste en escribir el árbol genealógico humano. Quería preguntarte ¿cuál sería para ti el momento, el descubrimiento más impresionante, más emocionante, que has vivido en las excavaciones de Atapuerca?

26:29
María Martinón Torres. Atapuerca es increíble, es verdad, y como dices, ha cambiado los libros de historia y los seguirá cambiando, que creo que es lo bonito: que todos tenemos la ilusión de que no solo están sucediendo cosas durante más de cuarenta años que lleva de investigación este equipo, sino que lo seguirá haciendo en generaciones y generaciones cuando nosotros no estemos. El hecho de estarnos enfrentando siempre al estudio de cientos de miles y millones de años y todo, pues ya nos da esa sensación de que hay muchas cosas que yo no veré, pero vamos dejando un poquito para el siguiente, para que construya esa historia. Atapuerca nos ha dado muchísimas alegrías, muchísimas, muchísimas sorpresas. He podido ser testigo de momentos únicos. Yo creo que precisamente para mí fue muy importante estar allí en primera persona, como un testigo muy cercano, del descubrimiento del humano más antiguo de toda Europa, precisamente porque se descubrió el verano, en la excavación, que justo yo acababa de terminar mi tesis doctoral. Cuando crees que, bueno, que has conseguido algo, has aprendido: “Yo ahora ya acabo y soy experta en dentición”, y estaba excavando y el fósil más antiguo de la Sima del Elefante es una mandíbula, pero en realidad lo que se encontró primero fue un diente. Me llamaron para identificarlo y yo fui la primera que fui capaz con todo aquello que había acumulado durante tantos años, tantas horas y horas y horas mirando estos dientes, fui capaz de identificar como humano aquel diente. Y días después apareció la mandíbula en la que encajaba ese diente y ya no había duda. Pero en ese momento fue esa emoción, que también compartí con José María Bermúdez de Castro, es ese momento privilegiado en el que estamos dando la bienvenida a un muerto al mundo de los vivos, es decir, te acabamos de descubrir, si se puede decir de alguna manera. Te acogemos a ti también y te ponemos en ese árbol de familia. Yo creo que eso es…

28:21
Juan Patricio Peñalver. Y no uno cualquiera.

28:22
María Martinón Torres. Y no uno cualquiera, precisamente, porque estaba cubriendo un hito, una revolución, una nueva página. En ese libro de historia y de texto que nos toca en el colegio a veces tienes que cambiar, y a veces tienes que añadir páginas, que es lo que creo que se ha hecho desde Atapuerca.

28:36
Juan Patricio Peñalver. Y María, ¿qué tenía de especial ese diente?

28:39
María Martinón Torres. Este diente era muy especial porque era como poner una bandera en el mapa. Tenía muchísima información y nos abrió un camino entero de interpretación de cuándo, por qué y en qué forma los humanos empezaban a conquistar el mundo. Este diente pertenece a un individuo que probablemente esté relacionado con la especie Homo antecessor, que se definió y se nombró gracias a los hallazgos de la Gran Dolina en la Sierra de Atapuerca y que fue una especie problemática y provocadora. La comunidad humana, lo de admitir a alguien nuevo en la familia… Nos pasa ya no en el Pleistoceno, sino en el día a día, viene el nuevo y estás como reticente, lo examinas, y esto de proponer una nueva especie humana en el árbol, pues era un atrevimiento. Un equipo español se atrevía a nombrar una nueva especie, que por una parte estaba rompiendo esa historia de que Europa no estaba poblada hasta hace unos quinientos mil años, pero además da muchísima información, porque aunque se hubiera encontrado en una parte que parece tan aislada, la parte más occidental de Europa, cuando tú analizabas todos sus rasgos y su anatomía y lo comparabas con otras especies, se llegó a la conclusión de que esas características lo que te estaban diciendo es que probablemente Homo antecessor fuera aquella población madre de la que surgieron luego los humanos modernos, los neandertales y estos parientes también tan enigmáticos que tenemos a día de hoy, que son los denisovanos, una especie o un grupo, a lo mejor ni siquiera es una especie, pero una población humana que se ha definido sobre todo a través del ADN, pero de la que apenas tenemos restos fósiles. O sea, que era bonito ver que algo que estábamos descubriendo tenía un papel tan prominente en este árbol de familia, era un ancestro muy cercano y con un papel tan importante dentro de nuestra propia evolución.

30:29

Homo antecessor es una especie muy enigmática, porque tiene un mosaico, llamamos “mosaico” cuando vemos que tienes como una mezcla de diferentes caracteres: algunos son caracteres que comparte con nosotros, como Homo sapiens, otros son caracteres que comparte con los neandertales… Y esta conjunción de caracteres, algunos primitivos, que es lo que corresponde para una especie de esa antigüedad, le han puesto en este lugar tan especial dentro de nuestra genealogía. Fue una revolución también porque al estudiar estos restos fósiles descubrimos que, a pesar de su antigüedad, estamos hablando de restos que son de hace casi ochocientos sesenta mil años, Homo antecessor tenía una cara moderna. Una cara prácticamente igual que la que tenemos nosotros, impresiona pensar que hace casi un millón de años te ibas a encontrar a un individuo, que te estarías viendo con alguien que casi tenía el mismo aspecto que tú. Yo creo que eso es impresionante. Y esto es una revolución porque en realidad también creo que emociona pensar que nosotros, en nuestro día a día, nuestras caras, en realidad no son tan modernas. Es ese diseño retro que ya se estilaba hace un millón de años. Y esto fue también una revolución: qué atrevidos, encontrar una especie, nombrar una nueva especie y encima decir que tenía una cara moderna, ¿cómo puede ser eso? Lo bonito es que en la ciencia, como hablábamos antes, a veces hay que tener creatividad e ingenio para proponer una hipótesis y estar dispuesto a irla comprobando con las diferentes tecnologías y las diferentes evidencias que van apareciendo, y ver si tenías razón o no tenías razón. Y lo que ha sucedido es que esta especie se publicó entonces, ya hace más de veinte años, en la revista ‘Science’ en el año 97, se publicaba esta especie y veinte años después hemos podido aplicar un método que casi parecía como de ciencia ficción, que es el estudio de las proteínas.

32:19

En el caso de Homo antecessor, hemos sido capaces de recuperar el material biológico humano más antiguo que se ha podido recuperar hasta la fecha. Y este estudio de las paleoproteínas ha venido a ratificar este lugar que le poníamos en nuestro árbol, ha venido a ratificar, de la misma manera que lo haces con el ADN, que Homo antecessor está ahí, en esa base, esa población madre a partir de la cual se han podido originar, pues grupos como nosotros y nuestros tan cercanos y añorados neandertales, o sea que yo creo que es bonita, esta carrera de fondo, que la ciencia, con cada descubrimiento, va reforzando esos caminos.

Una historia de solidaridad prehistórica. María Martinón Torres
33:00
Juan Patricio Peñalver. ¿Cuánto hay de mito y cuánto hay de realidad en que los neandertales sean nuestros parientes más cercanos, menos inteligentes? ¿Tuvieron mala suerte? ¿Por qué se extinguieron?

33:15
María Martinón Torres. Los neandertales creo que son la especie que más interés y polémica provoca y te voy a decir por qué: precisamente porque se parecían muchísimo a nosotros. Y a lo largo de la evolución de las especies, como sucede hoy en el día a día, la competición es siempre mucho más feroz con aquel que se parece a ti, porque es el que además va a necesitar lo mismo que tú. Y en el caso de los neandertales, en absoluto eran menos inteligentes que nosotros. Lo que sí es importante, yo creo que es bonito recordarlo y aplicarlo para el día de hoy, es que hay muchos tipos de inteligencia. Hubo un momento en el que había dos especies humanas inteligentes, con una organización social compleja, con herramientas, con ornamentación, que enterraban a sus muertos perfectamente adaptadas a sus entornos, pero que vivieron historias diferentes. Yo creo que ya es un momento en el que tenemos que olvidar esa historia que nos gusta contar a veces sobre la supremacía, la superioridad, vamos a ver, ¿qué hablamos de superioridad? La evolución nos pone a todos un poquito al mismo nivel, porque no hay una especie superior a otra, son especies que están adaptadas a su entorno y a su lugar. Sí que sigue habiendo científicos que plantean que los neandertales podían ser inferiores o estar peor adaptados, sin embargo, yo personalmente creo que ha habido ahí algo de mala suerte y que pone de relieve otra enseñanza importante: los neandertales son un linaje que empezó a evolucionar y aparecer hace unos quinientos mil años en Europa. Estamos hablando de una especie adaptada a vivir en un territorio inhóspito. Era la Europa de las glaciaciones, de las edades de hielo.

34:55

Yo creo que en ese momento solo los neandertales eran capaces de sobrevivir en unas circunstancias tan duras, y que precisamente por eso fue una especie que estuvo aislada. Y ese aislamiento físico dio lugar a un aislamiento genético. Y ahí la llamada de atención: una población que durante mucho tiempo está aislada, que solo se cruza entre ella, va perdiendo mucho de su potencialidad genética, es como si se produjera un agotamiento genético, una pérdida de diversidad, y eso te hace vulnerable. O sea que probablemente cuando hablamos de Homo sapiens, que llega y conquista Europa y desaparecen los neandertales porque eran superiores los de nuestra especie, en realidad, yo creo que ha habido ahí un poco de mala suerte, en el sentido de que quizás Homo sapiens entró en un momento bueno, evidentemente, para esta especie, que estaba en un momento álgido, cuando ya los neandertales estaban decayendo. Es una cuestión de oportunidad. Ya había Homo sapiens a las puertas de Europa, en Oriente Próximo, hace unos cien mil años, pero no entraron hasta cincuenta mil años después, ¿por qué? Si tenían la capacidad, si eran tan superiores, ¿por qué no entraban a Europa? Pues igual no entraban en Europa, porque estaban los neandertales, porque los neandertales eran una barrera ecológica de competición directa. O sea que a lo mejor la historia, si la contaran los neandertales se contaría de otra manera.

36:15
Juan Patricio Peñalver. ¿Nos podría pasar lo mismo a nosotros? ¿Los sapiens nos adaptamos mejor o podríamos llegar a extinguirnos a causa de amenazas globales, como por ejemplo el cambio climático o la proliferación de virus u otros patógenos?

36:32
María Martinón Torres. Yo personalmente creo que es muy difícil que nos vaya a pasar lo mismo. A los neandertales les sucedió, a nosotros no, pero bueno, hay que pensar que hay que comparar a los sapiens con los neandertales de su tiempo, pero los sapiens a día de hoy hemos demostrado que somos la fuerza ecológica más potente que está actuando sobre el planeta. Tenemos una capacidad transformadora prácticamente sin límites. Claro, eso es como un arma de doble filo, puede tener una capacidad destructiva, en lo que estamos haciendo daño a la naturaleza, a la diversidad, pero también todo lo contrario. Es decir, tenemos una capacidad transformadora que si la controlamos puede ayudar a un futuro mucho más prometedor de lo que parece a veces, que nos estamos convenciendo unos a otros. Yo no soy apocalíptica, no lo soy. Creo que precisamente el ser humano tiene la suerte de que no tiene que adivinar el futuro, de que lo puede construir. Tenemos esa capacidad de transformación. Lo que sí sería importante es que, precisamente, si nos tenemos como una especie global, hablamos de la globalización, utilizáramos ese poder de la globalización para coordinarnos, porque nosotros podemos hacer cosas individualmente que son muy importantes en nuestro entorno, pero cuando estamos hablando de decisiones del planeta, de esa biodiversidad, de esos ecosistemas, que se ven cada vez más castigados, de las extinciones masivas de determinadas especies, necesitamos que haya un poco más de coordinación y de sinergia, de decisiones que se tomen a niveles jerárquicos mucho mayores. Yo creo que ahí es donde tenemos que trabajar. Yo creo que somos muy buenos creando problemas, pero también resolviéndolos. Creo que siempre hay esperanza porque nuestro cerebro es muy bueno resolviendo problemas, a lo mejor a veces pagando precios que no son los mejores para este planeta, mordemos esa mano que nos da de comer.

38:31

Soy positiva porque creo que además está en nuestra naturaleza siempre el buscar y adaptarnos: nuestra capacidad de adaptación a día de hoy es extraordinaria, porque es una capacidad de adaptación que va más allá de la propia biología. Probablemente el peso que tiene hoy en día la adaptación tecnológica es mucho mayor. La tecnología, esa capacidad no de adaptarnos al entorno, sino de adaptar el entorno a nuestras necesidades y nuestro estilo de vida, es increíble. El problema es que a lo mejor escogemos en la dirección equivocada. ¿Cuál es el estilo de vida que tendríamos que escoger? Estaría bien que hubiera un equilibrio.

39:05
Juan Patricio Peñalver. ¿Pero el camino es adaptarse el ser humano al medio o vamos un poco más en la otra dirección de transformar nosotros el medio y adaptarlo a nosotros? No sé si a esto se le llama el Antropoceno.

39:21
María Martinón Torres. Sí, estamos en una época en la que estamos dejando un impacto importante, una huella importante en la naturaleza, hasta tal punto que se va a poder incluso leer en el registro geológico. Por eso hablamos de una nueva era. Cambios en composiciones de gases, de determinados elementos que somos capaces de leer en el registro geológico. Es curioso, por ejemplo, pensar que hace, no sé si fue en el año 2007, que ya la mitad de la población mundial ya vivía en urbes, en ciudades, ya no vivía en espacios naturales y es posible, que las estimaciones dicen que a mediados del siglo XXI sea a lo mejor tres cuartos de la población ya vivirá en ciudades. ¿Tenemos que demonizarlo? Yo creo que no. No todo lo que hacemos es malo, la tecnología no es mala, la misma tecnología que contamina también es la tecnología que nos lleva a desarrollar vacunas. Creo que tenemos esa herramienta y que se trata de buscar un equilibrio para que no se pierda esa diversidad. Es decir, si tú creas un modo de vida que va a castigar y va a hacer desaparecer parte de esos recursos, incluso egoístamente, de los que disponíamos y que son necesarios, todos perdemos. Todos perdemos desde el sentido de vista práctico y voy a decir, incluso un poco romántico, es decir, estamos perdiendo parte de ese mundo que hemos conocido. Yo creo que es posible buscar una manera equilibrada de vivir, de desarrollar nuestros estilos de vida, pero de una manera un poco planificada, un poco responsable, para que no todos nuestros paraísos estén asfaltados.

40:54
Juan Patricio Peñalver. Desde el punto de vista de la evolución ¿podría afirmarse que somos una especie solidaria?

41:01
María Martinón Torres. Yo creo que sin duda, y que además, las raíces de esa solidaridad que nos caracteriza como especie muy social, que vive en grupo y que además necesita estar muy cohesionada, esas raíces se remontan muy atrás en el tiempo. Tenemos a lo largo del registro fósil una serie de evidencias muy especiales que son el testimonio de esos comportamientos que nos gusta reconocer como propios de nuestra especie. Cuando en el registro fósil encontramos una patología o una enfermedad, alguno puede pensar que estamos leyendo una historia negativa o triste, y resulta que es todo lo contrario. Cuando encuentras una patología, cuando encuentras un callo de fractura, cuando encuentras un hueso que se ha deformado por una enfermedad, en realidad con esa cicatriz lo que estás viendo son los esfuerzos de ese cuerpo por reparar ese daño. Es decir, esa cicatriz sólo la tiene el que ha sobrevivido a ese daño. Entonces, descubrir aspectos que en principio parece que denotan debilidad o debilidad individual, en realidad está hablando de fortaleza a dos niveles: fortaleza individual de aquel que fue capaz de superar durante un tiempo esa enfermedad como para haber desarrollado esa cicatriz que yo puedo leer. Si te mueres inmediatamente no queda cicatriz, no queda intento de supervivencia. Las cicatrices las lleva, de la batalla, el que la supera. Pero además hay otra información importantísima para nosotros, que es la fortaleza del grupo. Si tú te encuentras, por ejemplo, un cráneo, como sucede en el yacimiento de Dmanisi, en Georgia, que es el yacimiento en el que se han encontrado los restos humanos más antiguos fuera de África, con 1,8 millones de años, estamos hablando de un período en el que las herramientas eran muy básicas, muy rudimentarias, en las que no se tenía conocimiento ni control del fuego.

42:47

Si tú te encuentras, como ha sucedido en ese yacimiento, restos de un individuo que no tiene dientes y tiene una edad avanzada, tú estás teniendo de manera indirecta información sobre una población que lo ha cuidado y ha tenido que encargarse de darle de comer o de protegerlo porque estaba menos preparado que los demás. Y otro ejemplo importante lo tenemos en la sierra de Atapuerca. En el yacimiento de la Sima de los Huesos se encontraron los restos de los fósiles de una niña de unos nueve años a la que se apodó cariñosamente Benjamina, que significa “la bien querida”, y en este caso encontramos una patología que es una deformación craneal que se llama plagiocefalia, y es porque esta niña tenía un problema de manera que tenía una deformación craneal: su cabeza ya no crece de manera normal porque se le cierra antes de tiempo una de las suturas craneales, lo que por una parte le va a provocar una deformación física, ya se la va a ver diferente, porque su cabeza ya no crece como crecería la de un individuo sano, pero además, probablemente va a afectar al desarrollo del cerebro. Es decir, estaríamos hablando de una niña en el Pleistoceno Medio que tenía un aspecto diferente y que tenía probablemente algún retraso psicomotor, a pesar de lo cual sobrevivió hasta la edad de nueve años. O sea que de nuevo te está hablando de un grupo, y yo creo que eso es muy importante recordarlo en el día de hoy, que era tolerante con la diferencia. Entonces, yo creo que son ejemplos que muestran cómo han sido tan importante a lo largo de la evolución del ser humano esos comportamientos altruistas, solidarios, cooperativos, de manera que la fortaleza de nuestra especie a día de hoy no está en el individuo o en la fortaleza física, está precisamente en pertenecer a un grupo, o sea, ser parte de una comunidad.

44:37
Juan Patricio Peñalver. Es increíble todo lo que se puede descubrir a través de la investigación científica y de los avances tecnológicos, antes señalabas también la importancia de la tecnología, de no demonizarla. Durante un tiempo se pusieron de moda los test genéticos para conocer a nuestros ancestros, ¿a qué conclusiones habéis llegado con vuestros análisis de ADN?

44:59
María Martinón Torres. El estudio del ADN en el campo de la paleoantropología ha supuesto una revolución, porque además nos ha enseñado muchas cosas sobre el pasado y también cosas importantes para el presente. En cuanto al pasado, ha sido una sorpresa descubrir que nosotros, a día de hoy, en nuestro ADN tenemos hasta un cuatro por ciento, quizás, de ADN de especies que se han extinguido: de neandertales e incluso de denisovanos. Es decir, descubrimos que en realidad, a pesar de que somos la única especie humana que hay sobre el planeta, somos en realidad, biológicamente, un crisol de humanidades extinguidas. Y yo creo que esto es muy importante porque nos está poniendo a nosotros, al Homo sapiens, en un periodo en el que llegó a hibridar, a tener descendencia con otra especie diferente, y alguien cuidó de esa descendencia. Es muy difícil entender o conocer, todavía no tenemos datos para conocer la calidad o en qué consistía esa interacción, pero fue lo suficientemente importante como para que quedase registro en nuestro ADN. Y alguien cuidó a esos hijos en común, de manera que nosotros tenemos testimonio de ello en nuestro propio ADN. Los humanos nos estamos poniendo una serie de barreras que son puramente culturales, que a veces son muchísimo más difíciles de franquear que las biológicas. Hubo un momento en el que fuimos capaces de procrear con una especie diferente y, sin embargo, ahora estamos teniendo problemas para simplemente relacionarnos de una manera pacífica con individuos de nuestra propia especie.

46:40

Yo creo que eso es importante para relativizar todas esas diferencias que muchas veces creemos que son insalvables en la convivencia. Tenemos que pararnos y pensar lo importante que es, precisamente, la diversidad. Probablemente de esa mezcla con los neandertales, Homo sapiens ganó una serie de ventajas, relacionadas quizás con el sistema inmune, con la reproducción, con la piel para exponerse a nuevos ambientes, por ejemplo, que le posibilitaron la conquista de territorios que para ellos eran completamente nuevos. Quiero decir, a la luz de la paleontología y del estudio del ADN, conceptos como el racismo se mueren, se quedan obsoletos. No hay ningún sustento biológico para hablar de razas y de diferencias. Ningún argumento. Por eso creo que es tan importante a veces conocer nuestro pasado, para poder poner en contexto y darle su medida de verdad a muchos de los argumentos que alegremente se utilizan para hablar, para diferenciar y para poner barreras y puertas cerradas.

Una historia de solidaridad prehistórica. María Martinón Torres
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“A la luz de la paleontología y del estudio del ADN, conceptos como el racismo se mueren”

María Martinón Torres

47:41
Juan Patricio Peñalver. Según un proverbio africano, para educar a un niño se necesita una tribu entera. Sin embargo, cada vez más vemos familias que tienen menos contacto con los abuelos, con otros familiares. ¿Crees que cada vez somos más individualistas y crees que esto podría afectarnos como especie?

48:04
María Martinón Torres. Esto que me preguntas creo que es muy interesante, porque estoy completamente de acuerdo. Y porque nuestro estudio de la evolución de nuestra biología precisamente hace hincapié en lo importante que es la tribu y el grupo para el éxito de nuestra especie. Nuestra especie es muy especial, es muy paradójica, tiene un gran éxito reproductivo, somos muchos, muchísimos más, casi que ningún otro animal, pero somos muchos, habiendo aumentado precisamente los períodos en los que no somos fértiles. Estamos hablando del periodo de inmadurez, una gran infancia, y después una niñez, un periodo juvenil y una adolescencia, que otras especies del linaje humano no tenían, el período reproductivo, y después, un periodo postreproductivo que en nuestro caso es muchísimo más largo que cualquiera de nuestros parientes más cercanos, los chimpancés o los gorilas o los orangutanes. ¿Cómo es posible? ¿Cómo le puede compensar a una especie hacernos vulnerables durante tanto tiempo? Pues porque precisamente se descansa en el grupo y porque precisamente la educación y la crianza ya no es una tarea exclusivamente de tu familia y específicamente de tus padres o de tu madre. Hemos introducido etapas en el desarrollo que precisamente nos permiten seguir creciendo, seguir siendo inmaduros, lo que posibilita que nuestro cerebro siga creciendo fuera del vientre de nuestra madre, a un ritmo prácticamente fetal y que es fundamental para tener estas cabezas proporcionalmente tan grandes, pero en un ambiente protegido, porque ya no necesitamos depender exclusivamente de nuestra madre, aparece otro tipo de alimentación que ya no es exclusivamente la lactancia, sino que también nos pueden cuidar personas con las que no tenemos ni siquiera ningún vínculo familiar: profesores, educadores.

49:50

Y dentro de la familia, del seno familiar, estamos hablando de los abuelos, por ejemplo, que son fundamentales. Estratégicamente, a nuestra especie le ha venido muy bien contar con una parte de la población que no estaba dedicada directamente a la reproducción, pero que fue crucial para ayudar a sacar adelante a esas crías. Esto es una visión importante, incluso dio lugar a una teoría que se llama así: la teoría de la abuela, que viene a decir que la menopausia, ese cese de la fertilidad en las mujeres, que en el caso de los humanos, podríamos decir que sucede demasiado pronto para todavía los años de vida que nos quedan, porque somos una especie muy longeva; en realidad no es tanto ya un deterioro, sino que se podría leer como una estrategia de éxito para favorecer que pudiéramos contar con alguien que todavía estaba en plenas capacidades, en plenas capacidades físicas y también mentales, con lo que suponen para nosotros de reservorio de conocimiento y de cuidado, que iban a invertir con su generosidad y con su esfuerzo, parte de su vida para que nosotros saliéramos adelante. Esto es importantísimo a día de hoy, todos lo hemos vivido directamente, pero incluso te puedo decir datos específicos: hay poblaciones cazadoras recolectoras, en que la diferencia entre tener o no una abuela puede llegar a suponer un cuarenta por ciento mayor de mortalidad infantil. O sea que yo creo que es importante ver cómo en el éxito del Homo sapiens se ha puesto en valor precisamente que los individuos de edad avanzada, más allá de lo que suponen como reservorio de conocimiento y de memoria, ¿cuántos volvemos a nuestros abuelos, a nuestros padres, para que nos expliquen, para que nos aconsejen? Biológicamente también jugaron un papel fundamental.

51:45

Este conjunto de características, precisamente, son una serie de características que se definieron ya como eusocialidad, que es un concepto que propuso el biólogo evolucionista Edward Wilson y que es muy interesante, porque definió un poco nuestra estructura, nuestra organización social, que curiosamente es la misma que identifica en insectos como pueden ser las hormigas, las termitas o las abejas. Y ¿cuáles son esas características de la eusocialidad? Pues son características que es verdad que vemos nosotros en los humanos. Primero, tener un hogar. Un hogar es un lugar de referencia al que todos volvemos, pero cuando hablamos de hogar a lo mejor no siempre estamos hablando de un lugar físico. En el fondo tenemos un hogar, todos sentimos que eso que llamamos casa: ¿dónde tengo que ir cuando me pasa algo, cuando necesito ayuda, cuando necesito recogerme, cuando necesito hacer una parada? Tú sabes qué es casa: casa es un lugar físico y casa es también familia. Esa familia, a pesar de incluso en circunstancias de aislamiento, de todo, lo tenemos muy claro y podemos comunicarnos. Ese hogar, ese hogar, que en el caso de los animales puede ser un hormiguero o un termitero; nosotros tenemos el nuestro, que muchas veces tiene una dimensión extramuros, más allá de un lugar físico, una casa en una calle. La otra característica que para nosotros es fundamental es que toda la estructura familiar se implica en la cría de los individuos inmaduros. O sea que estamos hablando, por supuesto, de una especie que es muy longeva porque en ese hogar pueden llegar a convivir hasta tres generaciones. Eso solo puede ser si realmente tenemos ciclos largos que nos permiten coexistir. Qué suerte tener abuelos y gente que ha conocido incluso a sus bisabuelos. Eso es muy característico de nuestra especie.

53:28

Y otra característica que también ves en los insectos y ves en las hormigas, pues es un poco… En el caso de los insectos es biológicamente mucho más marcado, hablamos de las castas, hay partes de la población que tienen muy definido cuál es su rol. Tenemos muy definidos dentro de la sociedad tan compleja que tenemos los diferentes roles, que son importantes para la supervivencia. Hablamos de los policías, hablamos de los profesores, hablamos de los bomberos, cada uno cumpliendo un rol fundamental para que esas crías salgan adelante. Entonces sí, pues es verdad que está en nuestra naturaleza esa necesidad de cohesión, nos hemos organizado así, pero hay algo diferente y hay algo diferente que tiene que ver con lo que tú comentas de la individualidad y ahí te voy a contar algo un poquito personal, y es que precisamente, pues con toda la pasión que me provocó leer y ver cómo Wilson había llegado a sus conclusiones, yo me compré un hormiguero. Bueno, miento, se lo regalé a mi hijo por su cumpleaños, ese tipo de autorregalos que al final… Bueno, por pasión se queda ya encargado y enamorado de las hormigas. Son fascinantes, fascinantes. O sea, las observas, ves esa organización, ves ese altruismo, es decir, que cada una de ellas hace algo que contribuye al grupo. No se preocupa de ella misma, se preocupa de los demás. El éxito de esa colonia es que cada una cumpla su rol. Todas contribuyen. Te genera muchísima curiosidad, muchísimas preguntas, pero un día me desperté y había una hormiga muerta. Dije: “Bueno, pues es ley de vida. Se murió”. Y de repente me pregunté, parece una tontería y dije: “Se muere una hormiga, saben que se ha muerto una hormiga porque la sacan fuera del hormiguero. Pero estas hormigas ¿saben quién ha muerto? ¿Saben quién? ¿Era un quién? ¿Era un alguien?”. Y entonces me di cuenta también mi frustración cuando las observo tanto tiempo y digo: “Es que no sé quién eres, no te puedo reconocer, no te puedo recordar: ‘Esta que intentó salir’. Y digo: ‘Mírala, ha tratado de explorar’. Te volverás anónima en un segundo”.

55:28

Yo creo que eso es lo importante del ser humano. Somos hipersociales, somos eusociales, pero a la vez lo combinamos con algo muy importante, que es la individualidad. Cada uno de nosotros es cada uno, no somos intercambiables. Entonces yo sí creo que eso es posible, que es algo que va más allá de la distancia o de la cercanía. Creo que precisamente la fortaleza es que somos eusociales, que es fundamental que nos organicemos, que vivamos en grupo, que estemos estructurados, que respetemos, que es por nuestro propio egoísmo, que tenemos que ser generosos, porque nos viene bien a todos, que contribuyamos al bien común, pero no dejamos de ser alguien. Y yo creo que esa es la parte especial, porque al ser alguien cada uno, al ser diversos, cada uno tiene algo diferente que aportar; la homogeneidad no es buena en ningún ambiente. Y yo creo que eso es lo bonito, la necesidad y la ventaja de combinar la sociabilidad, el grupo, con la individualidad.

56:23
Juan Patricio Peñalver. ¿En qué nos diferenciamos los humanos que nos cruzamos hoy en día por la calle de los del pasado?

56:31
María Martinón Torres. Pues si me preguntas en qué nos diferenciamos, por ejemplo, nosotros, de los primeros Homo sapiens que se originaron en África hace doscientos o trescientos mil años, te diré que prácticamente en nada. Sobre todo en el aspecto físico, probablemente ellos eran un poco más robustos, nosotros quizá más gráciles, pero si nos quitaran todo este envoltorio de músculos y de piel y de pelo, si nos pusieran aquí los esqueletos desnudos, realmente no seríamos capaces de diferenciarlos. Sin embargo, el aspecto en el que somos radicalmente diferentes a ellos es en el aspecto tecnológico. Ahora la evolución ya no solo es biológica, sino cultural, de tal manera que la tecnología, y cuando hablo de tecnología no estoy hablando solo de herramientas de piedra, sino todo esto la ropa, la luz, el agua corriente, la calefacción, los coches, internet, los móviles; son una parte tan esencial de nuestra vida que nuestra sociedad y nuestro mundo, como lo conocemos hoy, no se mantendría. Todos conocemos el colapso y las crisis que supone que nos desaparezcan o nos roben el móvil o que internet no funcione. El mundo entra en caos. Esa tecnología está tan embebida en nuestra evolución que esa es la principal diferencia. Somos una especie que de repente ha crecido exponencialmente en el aspecto tecnológico, pero no ha habido una coevolución con el ambiente. Y precisamente por ese cambio tecnológico, pero no biológico, tenemos esos desajustes entre nuestra anatomía y nuestro estilo de vida. Tenemos una especie que estaba optimizada para la vida al aire libre, para cazar, para recolectar, y ahora tenemos un estilo de vida completamente sedentario, por ejemplo, que es el origen de la mayoría de las patologías que aquejan hoy en día a la sociedad.

58:17

Pero además, esa capacidad transformadora puede, en algunos casos, empezar a hacer daño a nuestro entorno. Esa tecnología, incluso biólogos como Richard Dawkins hablaban del fenotipo extendido, de que esa tecnología ya era parte de nosotros, no sabemos, la utilizamos para mediar nuestra relación con el mundo; pero evidentemente está dejando una marca, una señal en el planeta. Hablábamos antes del Antropoceno, ese momento en el que la acción del hombre va a dejar incluso una señal que se puede leer en el registro geológico. Pero había investigadores, precisamente como Edward Wilson, que hablaban ya no del Antropoceno, sino de la posibilidad de entrar en otra era que era la del Eremoceno: “Eremoceno”, de “eremita”, de soledad. Ese momento en el que ya entramos en el mundo de los horizontes asfaltados que comentábamos antes y de la vida, las plantas, los animales domesticados, por ejemplo. Hay que tener cuidado, si perdemos esa diversidad o ese mundo natural, esa domesticación llega a todos los niveles. Es muy interesante pensar que incluso en nuestra evolución se ha producido una domesticación del ser humano. Cuando estudias a lo largo de la evolución, por ejemplo, siempre tenemos esa idea maravillosa de que nuestro cerebro es enorme y sigue creciendo y creciendo. No, ya no crece. Se sabe que desde el Holoceno nuestro cerebro incluso ha empezado a reducirse un poco, que es algo que asusta mucho, y algunos investigadores proponen que este aspecto, esta reducción, muy pequeña pero significativa del cerebro, y esta gracilización tiene que ver a lo mejor con un proceso de autodomesticación. Es decir, que éramos tantos y vivíamos tan próximos que necesitábamos convertirnos en una versión, quizá, dócil de nosotros mismos, para poder competir o para poder convivir en realidad.

01:00:06

Entonces, yo creo que hay que ser muy conscientes de en qué manera nuestra capacidad de transformar el mundo, que no ha ido en paralelo con nuestros cambios biológicos, nos puede llevar a veces por caminos que no siempre son los más deseables, pero sobre todo tener en cuenta que tenemos unas capacidades y unas herramientas extraordinarias para no estar solos. Y aunque no estemos físicamente en contacto, podemos hacernos compañía, o sea que tenemos que tener mucho cuidado de no entrar en esa era de soledad, de individualismo, por encima de nuestra capacidad social.

01:00:40
Juan Patricio Peñalver. ¿Crees que puede haber otras Atapuerca en España y que todavía no las hayamos descubierto?

01:00:48
María Martinón Torres. Yo creo que sí, tiene que haber más Atapuercas, por una parte, en el sentido de que tiene que haber más yacimientos que puedan proporcionar evidencias y documenten la evolución de nuestro linaje durante el último millón de años, porque precisamente Atapuerca, con esa enciclopedia tan completa, ha demostrado que la península ibérica ha estado habitada prácticamente en todos los periodos desde el último millón de años. Pero ojo, Atapuerca es algo más que un yacimiento. Atapuerca es un proyecto de investigación, un proyecto docente, un proyecto divulgativo. Ha sido generación de conocimiento y transmisión de conocimiento. Atapuerca son más de cuarenta años de un equipo multidisciplinar trabajando y desarrollando una investigación que va dando frutos. Atapuerca es una universidad al aire libre, yo me considero hija de Atapuerca, y en Atapuerca también tengo mis hijos, porque en ese seno de Atapuerca hemos estado educando a la siguiente generación y yo creo que eso es importante porque nos pone de relieve algo que a veces nos olvidamos, yo creo, en este país, y es que hay muchísimo talento. Que somos muy buenos en muchas cosas, pero que además podemos ser líderes. Pero eso sí, para que haya más Atapuercas necesitamos apoyo, necesitamos inversión. Necesitamos que las instituciones, los políticos y los gobiernos comprendan que además no hay mayor retorno para un país que invertir en nosotros mismos y que precisamente ese beneficio de conocimiento, que es el mejor patrimonio que tú puedes dar generación tras generación, la educación, lo puedes generar y cultivar aquí. Yo creo que Atapuerca es eso. Atapuerca es el recordatorio de que podemos, de que sí se puede, que solo es cuestión de querer. No solo nosotros, sino esa sociedad y esos estamentos que toman tantas decisiones importantes para que nosotros podamos seguir generando conocimiento y transmitirlo por muchas generaciones. Yo abogo porque haya más Atapuercas.

01:02:55
Juan Patricio Peñalver. Genial, María, por mi parte he de decirte que ha sido un aprendizaje, ha sido un enorme placer, y muy agradecido.

01:03:04
María Martinón Torres. Pues muchísimas gracias a ti, Juan, porque ha sido un momento fantástico, creo que hemos hablado de muchas cosas importantes, y yo en este intercambio también he aprendido. Muchísimas gracias.