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¿Somos incapaces de estar a solas con nosotros mismos?

José Carlos Ruiz

¿Somos incapaces de estar a solas con nosotros mismos?

José Carlos Ruiz

· Filósofo y profesor

Por primera vez en la historia, en la vida de las personas conviven dos circunstancias: las reales y las virtuales. “¿Hasta qué punto están condicionando unas a las otras?”, se pregunta José Carlos Ruiz, doctor en Filosofía. Como investigador de la llamada ‘Hipermodernidad’, a este profesor universitario le preocupa especialmente el impacto de las nuevas tecnologías en las mentes del siglo XXI: “Las redes sociales nos permiten crear un avatar de nosotros mismos, con una vida totalmente idealizada”. Y añade: “Para muchas personas, especialmente para los adolescentes, es muy duro desconectarse de las redes y descubrir que su vida real no se parece en nada a su vida virtual”.

Crítico con la sociedad contemporánea, para él la felicidad del siglo XXI “se ha convertido en un instrumento de tortura” basado en una “check list”: “sentimos que debemos consumir la última novedad del mercado, visitar el país de moda y practicar el deporte en boga”. Una lista de experiencias interminable que nos sentimos obligados a cumplir, y que nos lleva a buscar estímulos emocionales permanentemente. Como experto en filosofía contemporánea, advierte: “Todo esto se está convirtiendo en una trampa que nos conduce a ser incapaces de parar y reflexionar”. El antídoto, según asegura, está en el pensamiento crítico: “El pensamiento crítico filosófico nos permite cuestionar la realidad del mundo en el que vivimos, y también sus mensajes”.

José Carlos Ruiz se doctoró en Filosofía Contemporánea con una tesis sobre el ‘Hiperindividualismo’. Es especialista en ‘Pensamiento Crítico’ y ha dirigido varios cursos sobre el uso del pensamiento crítico en el aula y ‘Educación crítica visual’. Como investigador, sus intereses se centran en la filosofía de la cultura, el análisis de la sociedad hipermoderna y la aproximación de la filosofía a lo cotidiano. Es autor de los títulos ‘De Platón a Batman: manual para educar con sabiduría y valores” (2017), ‘El arte de pensar’ (2018) y ‘El arte de pensar para niños (2019)’. También es colaborador habitual de prensa y ejerce como asesor filosófico en la Cadena SER.


Creando oportunidades

José Carlos Ruiz

Por primera vez en la historia, en la vida de las personas conviven dos circunstancias: las reales y las virtuales. “¿Hasta qué punto están condicionando unas a las otras?”, se pregunta José Carlos Ruiz, doctor en Filosofía. Como investigador de la llamada ‘Hipermodernidad’, a este profesor universitario le preocupa especialmente el impacto de las nuevas tecnologías en las mentes del siglo XXI: “Las redes sociales nos permiten crear un avatar de nosotros mismos, con una vida totalmente idealizada”. Y añade: “Para muchas personas, especialmente para los adolescentes, es muy duro desconectarse de las redes y descubrir que su vida real no se parece en nada a su vida virtual”.

Crítico con la sociedad contemporánea, para él la felicidad del siglo XXI “se ha convertido en un instrumento de tortura” basado en una “check list”: “sentimos que debemos consumir la última novedad del mercado, visitar el país de moda y practicar el deporte en boga”. Una lista de experiencias interminable que nos sentimos obligados a cumplir, y que nos lleva a buscar estímulos emocionales permanentemente. Como experto en filosofía contemporánea, advierte: “Todo esto se está convirtiendo en una trampa que nos conduce a ser incapaces de parar y reflexionar”. El antídoto, según asegura, está en el pensamiento crítico: “El pensamiento crítico filosófico nos permite cuestionar la realidad del mundo en el que vivimos, y también sus mensajes”.

José Carlos Ruiz se doctoró en Filosofía Contemporánea con una tesis sobre el ‘Hiperindividualismo’. Es especialista en ‘Pensamiento Crítico’ y ha dirigido varios cursos sobre el uso del pensamiento crítico en el aula y ‘Educación crítica visual’. Como investigador, sus intereses se centran en la filosofía de la cultura, el análisis de la sociedad hipermoderna y la aproximación de la filosofía a lo cotidiano. Es autor de los títulos ‘De Platón a Batman: manual para educar con sabiduría y valores” (2017), ‘El arte de pensar’ (2018) y ‘El arte de pensar para niños (2019)’. También es colaborador habitual de prensa y ejerce como asesor filosófico en la Cadena SER.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:02
Leticia Martínez. Bienvenido, José Carlos. Soy Leticia, y soy maestra. Estoy encantada de estar aquí contigo para hablar sobre filosofía, filosofía aplicada a la vida, a la familia y a la educación.

00:11
José Carlos Ruiz. Encantado, Leticia, el placer es mutuo.

00:13
Leticia Martínez. Gracias. Tú eres profesor, y eres doctor en filosofía contemporánea y has dedicado estos últimos años a publicar libros y escribir libros relacionando la filosofía con la vida diaria. Me gustaría empezar esta entrevista hablándote sobre algo que es muy importante en la vida, que es la amistad. Has comentado que vivimos en una sociedad muy individualista, pero hay algo que has dicho en uno de tus libros que a mí me ha encantado, porque yo lo veo a diario en el patio del colegio, y es la importancia que tienen los amigos en los niños y en los jóvenes. ¿Qué valor tiene la amistad?

00:53
José Carlos Ruiz. Desde la perspectiva filosófica, la amistad tiene una percepción de temporalidad muy importante, es decir, se tiene que asentar en una historia conjunta entre dos personas o más, y también un criterio de atención hacia el otro, que también se tiene que tener muy en cuenta mientras entablamos una relación. Entonces, como tú has dicho antes, la sociedad ha virado hacia un individualismo que cada vez es más potente, y eso afecta inevitablemente, por ejemplo, al criterio de atención, es decir, al fijarnos en el otro y a prestar atención a algo que no sea el ego. Entonces, los nuevas modelos de amistad están contaminándose un poco de este paso del grupo social al individualismo contemporáneo, y creo que es muy importante que en esas etapas educativas iniciales, sobre todo en la adolescencia y en la infancia les enseñamos a nuestros alumnos, a nuestros hijos, a cómo distinguir una buena amistad de la que no lo es tanto. Y, para eso, el pensamiento crítico y la filosofía creo que son fundamentales. Hay miles de ejemplos en la historia de la filosofía de cómo tratar el tema de la amistad desde un punto de vista analítico. Yo te pondría el ejemplo de Aristóteles o de Cicerón, cuando hacen un análisis sobre la amistad y Aristóteles dice que cualquier persona tendría que saber distinguir entre tres modelos de amistad distintos: el primero, habla de un modelo de amistad utilitaria en el que los amigos se relacionan porque tienen una utilidad en común. Entonces, la amistad va a durar lo que dure la utilidad. Y esto es importante hacérselo notar a la gente a la hora de evaluar a sus amistades.

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Es decir, “Bueno, tenemos una cosa en común que a los dos nos apetece y lo vamos a hacer, entonces la unión que tenemos entre tú y yo gira en torno a esa utilidad”. Luego hay un segundo modelo de amistad, que creo que es el que todo el mundo tiene, que es el de diversión, y la amistad dura lo que dura la diversión. Es decir, de ahí no se pasa. El problema está en el tercer modelo, que es un modelo de amistad donde se tiene que trabajar la excelencia, la virtud, que diría Aristóteles, es la “areté”. Ese modelo de amistad conlleva una percepción igualitaria, no solamente del otro, sino también del trato que tú le das y que recibes del otro. Entonces, el concepto de amistad, que hoy en día creo que cuesta más trabajo y que está casi desapareciendo, tiene mucho que ver con esta dificultad que tenemos de trabajar la alegría que te proyecta el otro en ti cuando el otro consigue, por ejemplo, un logro por su cuenta. Es decir, esa honestidad de sentir que te valoran a ti igual que tú valoras al otro, que las alegrías tuyas son compartidas por otro, es cada vez más complicada. Aristóteles también dice una cosa muy interesante, y es que somos animales políticos. Animal es la parte más biológica, pero político viene de “polis”, y es que necesitamos del grupo para desarrollarnos. Hay un experimento muy bonito que hizo la Universidad de Harvard en 1950 y que hace poco salió publicado, y hay un resumen muy interesante que vi en Internet sobre el tema: un estudio longitudinal, durante 75 años, con el mismo grupo de personas a los que, año tras año, desde que tenían 20 años hasta que se han muerto, se les ha ido a las casas y se le ha interrogado en torno a su concepto de felicidad y se les ha hecho análisis médicos.

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Desde que tienen 20 años se elige un grupo de alumnos de Harvard, de la élite en Estados Unidos, con una clase social alta y a otro grupo de la misma edad de un barrio pobre de Boston. Lo que buscaban de fondo es qué hacía que una persona llegara a anciana en un estado de salud bueno y con cierta felicidad. Y la conclusión, después de millones de datos recopilados, a la que llegan, es que las personas que llegan a la vejez sanas y felices son aquellas que han sabido hacer una buena selección de las relaciones sociales que tienen. De manera que no se trata de la cantidad de amigos que tengamos, sino de la calidad de las relaciones que tú vayas entablando a través de la vida. Y eso es lo que hace que al final, cuando tú hagas el análisis de toda una trayectoria vital, te diga, más o menos, la capacidad tuya de análisis: “Ha sido una vida plena, porque me he rodeado de personas a las que he querido y me he sentido querido”. Y esa relación social se tiene que cultivar desde el principio. Por eso, insisto tanto en el valor de la amistad desde de la infancia, porque si conseguimos que nuestros hijos, que nuestros alumnos, sean capaces de percibir en el otro, qué es lo que valoran de sí y qué es lo que valoran en ellos y sepan clasificar sus amistades a la hora de saber enfrentarse a la realidad, es probable que esas relaciones sociales que se entablen puedan afianzarse a lo largo del tiempo, y eso le daría la posibilidad de llegar a la vejez, como decía el experimento de Robert Waldinger, este experimento social tan maravilloso, llegar con una felicidad y una salud por encima de la media. Luego, otra de las cuestiones que más dificultad me ha llevado analizar es el éxito de los libros de autoayuda con respecto a las relaciones sociales. Antes, los consejos venían de los círculos cercanos, es decir: mis padres, mis amigos…, la sociabilidad que nosotros teníamos cuando no había tanta pantalla ni tanto internet, generalmente, se amparaba en el que era igual que tú o en alguien cercano a ti, al que le pedías consejo, al que le contabas tu vida, al que te confiabas.

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Pero desde el momento en el que el individuo empieza a ganar terreno en esta sociabilidad y las relaciones sociales se van virtualizando, el problema de la gente es que a la hora de encontrar un hombro en el que llorar, un hombro al que pedir consejo, es decir, a la hora de buscar a alguien en quien puedas amparar tus dudas, tus miedos, etc., encuentras que es muy complicado porque no has sabido sembrar ese concepto de amistad, así que acudes a ayuda externa. Y la ayuda externa, en algunos casos está por profesionales de la sanidad, ya sea un psicólogo, o un psicopedagogo, o un psiquiatra o, en otros casos, y es el caso más común, es la autoayuda, los libros de autoayuda. ¿Cuál es el problema que le he detectado a los libros de autoayuda a la hora de trabajar, por ejemplo, un modelo de amistad? Es que la autoayuda está centrada en ti, todos los libros de autoayuda, como el nombre indica, es “auto”, es decir, te ayudan a ti mismo. Pero hay muy pocos libros de autoayuda donde el eje se referencie hacia el otro, con lo que intentar trabajar esa mejora de ti, teniendo en cuenta al otro, no parece que sea el eje común del libro de autoayuda. Así es que, al final, intentas buscar un manual, que no te conoce de nada, que no sabe de ti absolutamente nada y te va a dar una receta genérica, que tú te vas a tener que aplicar y que, si no te sirven, acudirás a un segundo libro de autoayuda, porque es como una especie de cadena que no tiene fin. Es decir, hay unos libros que te dicen: “Tú puedes conseguir el éxito si sigues veintiún pasos y durante veintiún días y haces tal, tal, tal”. Y, cuando no lo consigues, hay un segundo libro de autoayuda que te dice cómo salir de la desesperanza, del desánimo que te ha invadido, con lo que hay una especie de reciclaje interno, de un consumo de autoayuda que deja desamparada a la sociabilidad del individuo en donde hay un contacto personalizado.

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Entonces, creo que tendríamos que intentar recuperar ese valor de la amistad tan maravilloso de decirle a nuestra gente joven: “Tenéis que seguir trabajando las amistades, las amistades se trabajan, es decir, se tienen que afianzar. Llevan una inversión de tiempo y llevan una inversión de atención”. Y a veces se nos olvida esto. Y claro, cuando de verdad ya necesitas un hombro en el que llorar, no lo tienes porque has perdido esa inversión y acudes a lo más sencillo, que son esos manuales de autoayuda que son best-seller a nivel mundial.

08:11
Leticia Martínez. Y me estás recordando, toda esta parte que comentas, la importancia que parece a día de hoy que tiene la felicidad en nuestra sociedad. Es importantísimo ser feliz, pero en muchas ocasiones parece que ese “parecer feliz” prioriza, o es más prioritario que realmente serlo. ¿Qué piensas tú sobre la felicidad en el mundo actual?

08:39
José Carlos Ruiz. Bueno, creo que estamos cambiando el paradigma de felicidad de un modo casi radical. Es decir, estamos dando la vuelta de un paradigma de felicidad que era más inocente, o más secundario en la vida de las personas, a un objetivo principal a conseguir. Yo creo que la felicidad anteriormente, es decir, la de mi generación, la de mis padres, tenía mucho que ver con una búsqueda. Y la búsqueda significaba encontrar o no encontrar, que existiese el objeto o que no existiese el objeto, pero no era prioritario en ninguna de las vidas, es decir, para nuestros padres, incluso para mí, lo prioritario era construirte la vida. Había de vez en cuando un encuentro con la felicidad, pero no era el objetivo. El objetivo era la construcción vital. Sin embargo, la felicidad contemporánea me parece que está más orientada hacia la conquista. Es decir, está, como diríamos hoy en día, en un mapa está «geolocalizada». Entonces, la gente de repente tiene en su cabeza una especie de “check list” donde necesita, pues, consumir la última novedad que ha salido al mercado, visitar el último país que se ha puesto de moda, necesita pues, no sé, ir al último restaurante a comer la última comida “foodie”, practicar el último tipo de deporte, etc.

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Entonces en esa dinámica en la que estamos entrando, la felicidad está objetivada, y como esta objetivada, lo único que tienes que hacer es ir a conquistarla porque sabes dónde está. Y cuando la conquistas aparece una segunda, y una tercera, y una cuarta, entonces está encapsulando distintos modelos de consumo emocional. Antes teníamos un consumo material: la gente compraba cosas y le parecía que la satisfacción podría aparecer a través del consumo material, pero como el cambio climático ha puesto el materialismo en un plano moralmente preocupante, el sistema ha sido muy inteligente y ha disfrazado el consumo material del consumo emocional, porque así nos sentimos menos culpables. Entonces, han empezado a vendernos la importancia de consumir emociones, experiencias lo llaman. Entonces te dicen que lo importante en esta vida es llevarte una mochila de experiencias encima y que eso te va a dar esa felicidad. Entonces, estamos obsesionados con ir acumulando experiencias, una tras otra. Las consecuencias, para mí, son catastróficas. ¿En qué sentido? En el que entras en una dinámica en la que el consumo de experiencias se convierte en el eje que va a orientar tu vida. Y, al final, cuando no estás en ese proceso de consumo, estás solo, estás tranquilo en tu propia vida, se te genera una angustia. Se te generan esos nervios de decir: “Bueno, yo no sé hacia dónde voy, ahora tengo que hacer algo”. No sabemos aburrirnos. Hay un experimento muy interesante, lo publicó la revista ‘Science’ en el 2014, sobre un grupo de personas que se les ofrece la posibilidad de pasar 15 minutos en una habitación a solas, sin teléfonos móviles, absolutamente sin nada.

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Pero antes de entrar les dicen a todas: “¿Estaríais dispuestos a daros descargas eléctricas, mientras estáis a solas en esos 15 minutos?”. Obviamente todo el mundo dice que no: “Yo no, yo no necesito esto ni de locos, obviamente”. Pues cuando entran y pasan una media de seis minutos, un alto porcentaje de personas que tenía el aparato para electrocutarse, a los seis minutos empiezan a darse descargas ellos mismos. Es una cosa que te da mucho que pensar, porque en ese experimento lo que vienen a llegar a concluir al final es que cuando intentas dejar tu mente tranquila, o en blanco, o calmada, está tan acostumbrada y es tan adicta a la hiperactividad, a la búsqueda de esas emociones constantes, que a los seis minutos es capaz de electrocutarse, haciendo algo que antes se le hubiese ocurrido como impensable, solamente seis minutos. Y esto preocupa mucho, porque se nos está generando una drogodependencia emocional que hace que vayamos saltando de una emoción hacia otra sin tener el parapeto de la distancia y el tiempo. Es decir, somos incapaces de tomar distancia de la realidad inmediata que tenemos y somos incapaces de tener el aprecio del tiempo en un tempo un poquito más tranquilo. De manera que, cuando nos sucede esto, como la adicción hacia las emociones es muy alta, entramos en lo que yo llamo el “síndrome de abstinencia contemporáneo”, que es la hiperacción. La hiperacción, en el fondo, no deja de ser esa respuesta de cuando te llega el síndrome de abstinencia, ponerte a hacer cosas, lo que sea, con tal de no estar a solas contigo mismo. Esto es preocupante.

13:10
Leticia Martínez. Es muy preocupante.

13:11
José Carlos Ruiz. Es preocupante.

13:13
Leticia Martínez. Esto que me has contado del experimento me está recordando un poco a los adolescentes de hoy en día con las redes sociales. ¿Qué opinas tú en relación a eso?

13:22
José Carlos Ruiz. Esa hiperacción es cierto que quizás en los adolescentes está empezando a calar más a fondo, porque el estímulo de las redes sociales es altísimo. Yo creo que estamos entrando en un momento histórico único en la humanidad a la hora de entender cómo funciona el mundo virtual. Nunca hemos tenido la opción de hacer algo maravilloso, que es crear nuestras propias circunstancias. Si antes hablábamos de las circunstancias reales que tú no te las puedes crear, sino que vienen impuestas, las redes sociales por primera vez te permiten crearte un avatar, una imagen idealizada de ti. De modo que, por primera vez en la historia, conviven dos circunstancias: las circunstancias reales y las circunstancias virtuales. Y esto es algo que nos lleva a pensar hasta qué punto unas van a condicionar a las otras. Es decir, antes, las reales, se supone que iban a condicionar el estilo de vida, pero ¿qué pasa cuando tú, como adolescente o como persona, como nosotros, joven, tienes la capacidad de crear un avatar que se va a presentar al público de la manera en la que tú quieres, con el ideal que tú quieres diseñar en torno a tus ideas, a tu estética, etcétera? Sin darnos cuenta, le estamos dando mucho poder a ese avatar virtual y cada vez le estamos dedicando más tiempo, de manera que las circunstancias virtuales empiezan a equiparar se en categoría ontológica, que decimos en filosofía, es decir, en potencia, se empiezan a equiparar a las circunstancias reales. La consecuencia es dañina, porque cuando tú pasas mucho tiempo en una red virtual tienes la capacidad de controlar lo que dices y cuándo lo dices y cómo lo dices, y encima tienes la capacidad de controlar la mirada del otro, que es algo que en la realidad no podemos hacer.

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Es decir, tú y yo aquí no podemos controlar hacia dónde vas a mirar tú y hacia dónde vas a prestar atención y en qué te vas a fijar. Pero si yo te pongo mi avatar virtual y cuelgo la foto con el perfil que quiero, con los filtros que quiero y elijo la frase de manera consciente, después de mucho tiempo pensando y la cuelgo en un momento dado, al final estoy condicionando la manera en la que incluso tú miras. Es decir tengo el control no solamente sobre mi avatar virtual, sino también sobre tu percepción de mi avatar, la puedo controlar. El problema está cuando no tienes el pensamiento crítico afianzado y no te das cuenta de que no deja de ser una virtualidad. Es decir, eso no es real, así es que cuando eres adolescente y no te das cuenta y pasas mucho tiempo ahí, cuando desconectas de la pantalla y te miras a ti mismo, descubres algo preocupante, y es que tú no te apareces en nada a ese “yo” virtual que te has creado y que te parece fantástico, con lo que tu autoestima empieza a mermar. Esto tiene mucho que ver con el mito de Narciso, de la antigua Grecia. El mito de Narciso es un mito muy bonito que explica este fenómeno contemporáneo. Viene a decir lo siguiente: la madre de Narciso, la ninfa Liríope, acaba de tener un niño precioso, que es Narciso, y se va a la ciudad de Tebas a hablar con un sabio, el sabio Tiresias, y le pregunta: “¿Llegará mi hijo anciano?”. Y el sabio Tiresias le dice una frase muy enigmática, le dice: “Tu hijo Narciso llegará a anciano si no se conoce a sí mismo”. La madre se va preocupada, dándole vueltas a esta frase, que va en contra del sentido común. Porque, claro, toda la filosofía está basada en: “Conócete a ti mismo, búscate” y tal. Pero el sentido de la frase tiene mucho, mucho significado cuando es el mito, y es que va creciendo ese niño, entre ninfas, y poco a poco va generando una vanidad en torno a sí mismo muy potente.

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Es un hombre muy bello y va despreciando el amor de todas las que se le acercan, de manera que un día los dioses, muy enfadados, dicen: “Bueno, Narciso está despreciando el amor de todas las ninfas, la última, la ninfa Eco, la pobre ninfa Eco, que va a sufrir de amor porque Narciso se ríe de ella, así que lo vamos a castigar. ¿Cómo castigamos al joven Narciso, guapo y vanidoso? Vamos a hacer que sufra el mal de amores que él está provocando al resto. Así que vamos a hacer que se enamore de la primera persona que vea y que no sea correspondido”. Es decir, vamos a darle un poquito de la misma medicina que él da. Con tan mala suerte de que Narciso un día se levanta, mira en un lago su reflejo y se enamora de su reflejo. Entonces se pasa allí las horas muertas, enamorado de esa imagen que ve de sí mismo, la intenta abrazar y en una de las versiones del mito se ahoga, se ahoga. Y ahí es cuando cobra el sentido de: “si se conoce a sí mismo”. Es decir, cuando vea su propio reflejo. Bueno, pues este mito de Narciso es lo que creo que está pasando hoy en día a nuestros jóvenes, y es que se están enamorando no de sí mismos, sino de la imagen que están creando de sí mismos en las redes. Y entonces están más preocupados y dedican más tiempo, invierten más energía en esa imagen que dan al exterior que en la realidad de ellos. De manera que, cuando se desconectan y se miran al espejo, esa desconexión es muy hiriente a la hora de evaluar su ego.

¿Somos incapaces de estar a solas con nosotros mismos? José Carlos Ruiz, filósofo y profesor
18:18
Leticia Martínez. José Carlos, tú hablas, lo más importante, lo que defiendes a capa y espada es el pensamiento crítico. Pero me gustaría que nos explicase bien, o que me explicases bien qué es el pensamiento crítico y que me pusieras algún ejemplo.

18:35
José Carlos Ruiz. El pensamiento crítico yo lo entiendo como la capacidad que todos tenemos de entender nuestro mundo en interrelación con el mundo de los demás. De manera que, si tu capacidad de entender tu mundo y la interrelación con el mundo de los demás es muy limitada, pues tu pensamiento crítico va a ser muy limitado. Y después de mucho leer, desde mi percepción, he encontrado dos elementos que creo que son fundamentales a la hora de hacerle entender a alguien cómo se puede aprender a pensar bien desde su circunstancia. Decía Ortega y Gasset y, de hecho, me basé en él para trabajar el primer elemento, aquella famosa frase: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Esa era la frase de Ortega y Gasset. ¿Qué significa la circunstancia? En Ortega, y hoy en día también, la circunstancia es la parte de nuestra vida que no elegimos, pero que nos configura. Las circunstancias son el lugar en el que han nacido, el nivel social que tienen tus padres, el nivel educativo de tus padres, el colegio en el que has estudiado. Es decir, son un montón de elementos que van configurando tu identidad, pero que tú no los puedes elegir, pero sin darte cuenta están ahí y te van configurando. Entonces, tener en cuenta la circunstancia es fundamental para entender tu pensamiento crítico, porque hay una parte de ti que está ahí. Dice Ortega y Gasset que dos tercios de la biografía de una persona se pueden definir por el lugar en el que naces y el tiempo en el que naces. Dos tercios.

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El resto, el tercio que falta ya eres tú, con tus decisiones y con lo que vas haciendo en la vida. Y la segunda parte, que creo que es fundamental, al educar para que nuestros chavales y nuestros adolescentes piensen bien, es el contexto. ¿Por qué el contexto? Porque al final se nos olvida que cuando vas a tomar una decisión, esa decisión está siempre enclavada en distintos contextos y saber interpretar el contexto en cada momento de tu vida es esencial para que tu pensamiento evolucione, porque si no, se te puede quedar anclado en un momento histórico muy limitado. Te pongo un ejemplo: nosotros hemos trabajado en colegios en Córdoba la capacidad del cuestionamiento, es decir, cómo se hace una buena pregunta, en niños, adolescentes, en jóvenes y en maestros. Y te sorprendería, bueno, a nosotros nos pasó, nos sorprendió mucho, por lo menos, que ante un ejercicio en el que se le reclama a alguien: “Elabora una pregunta en torno a una diapositiva que te pongo, es decir, ¿qué te sugiere esta diapositiva? ¿Qué cuestionamiento te plantea?”, a partir de los 12 o 13 años, las cuestiones que se plantea un adolescente, un joven en la facultad o un profesor, son muy similares. Son muy similares, y viene a decirme que llega un momento en el que la capacidad de cuestionarse las personas lo que está sucediendo a su alrededor se ancla, es decir, no evoluciona. Son preguntas muy directas, muy evidentes en torno a lo que ven. No profundizan. No van a un segundo nivel, y es porque no saben interpretar los contextos más allá de lo evidente.

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Entonces, aprender a pensar bien es un ejercicio que lleva mucho tiempo, que requiere mucha intensidad, pero que da unos frutos increíbles cuando esos niños, que nosotros hemos trabajado con ellos durante todo un curso escolar semanalmente, cuando a esos niños, después de cuatro meses o cinco, les enseñas a ver más allá del contexto superficial de una fotografía o de un vídeo que han visto, de una publicidad o de una imagen en Instagram, empiezas a ver que las preguntas que elaboran están por encima de la superficialidad de las preguntas iniciales que tenían. Luego hay otra cuestión que me interesa mucho en torno al pensamiento crítico y es: cómo asociar la filosofía con esa capacidad de pensamiento crítico. Entonces, para eso he utilizado filósofos, sobre todo de la antigua Grecia y de Roma, que en su manera de entender la vida ponían ejemplos muy pragmáticos que pueden ser de utilidad para el día a día nuestro. Me gustaría comentarte, por ejemplo, a Epicteto. Epicteto era un esclavo de Epafrodito, que había sido a su vez esclavo de Nerón. Nerón libera a Epafrodito y Epafrodito conoce a Epicteto y lo convierte en su esclavo al principio y le enseña filosofía. Es decir, empieza a trabajar la filosofía con él desde un punto de vista estoico. Entonces, cuando Epicteto queda liberado, porque también le da la libertad, se va a una isla griega y empieza a trabajar su escuela filosófica estoica. Y en el estoicismo hay una manera de entender la vida muy pragmática que nos puede venir muy bien en el siglo XXI como consejo a la hora de enfocar nuestro día a día. Epicteto decía que toda persona debería de comenzar planteándose lo siguiente para tomar buenas decisiones: ¿Qué cosas dependen de mí en la vida y qué cosas no dependen de mí en la vida?

23:10

Entonces, cosas que dependen de mí en la vida y a las que le tengo que prestar toda la atención posible y tengo que mejorar en ellas mi toma de decisiones: mis opiniones, mis opiniones son mías, de nadie más, tengo que responsabilizarme de ellas y tengo que saber muy bien dónde las doy y hacia quién van dirigidas. Esto es fundamental en el siglo XXI, cuando las redes sociales, la velocidad de transmisión del mensaje o de la indignación está por encima del análisis reflexivo. Entonces, decirle a la gente: “Tenga usted cuidado con su opinión” es fundamental, porque algunos de nuestros políticos recién recibido el cargo, lo primero que hacen es borrar todos los tuits porque se dan cuenta de que quizá opinaron demasiado rápido en su momento y no tomaron ese pensamiento crítico, ni el consejo de Epicteto. Entonces, la primera cosa que te dice Epicteto es “Tus opiniones son tuyas, cuídalas”. Segundo, tus aspiraciones. ¿A qué aspiras en la vida? Es algo que tienes que decidir tú. Y tienes que decidirlo tú desde tus circunstancias y en tus contextos. ¿Cuál es el problema? Que, al final, las aspiraciones vengan desde fuera y tengas que importarlas. Cuando tú importas una aspiración a nivel personal o profesional estás poniendo en manos de alguien externo lo que quieres hacer en la vida, y eso te puede causar una gran insatisfacción. De ahí que te diga Epicteto: “Ten cuidado, también, con tus aspiraciones”. También dice Epicteto: “Sé consciente de tus limitaciones”, son tus limitaciones, por lo tanto, acéptalas como vienen, pero primero conócelas. Es decir, que no te vengan impuestas desde fuera, sino que seas tú el que sea capaz de manejar tus limitaciones. Y, por contra, cosas que no dependen de ti y a las que no deberías de prestar tanta atención o no te deberían afectar tanto desde el principio: las opiniones de los demás. Es decir, los demás van a opinar constantemente de nosotros, y dice: “Intenta darle la medida oportuna a cada opinión”.

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Yo en esto siempre añado: las personas que quieres y la que percibes que te quieren, sus opiniones son muy positivas para ti, porque en realidad son personas que te tienen aprecio, pero el resto de opiniones, y esto en las redes sociales está a la orden del día, pueden hacerte mucho daño, tanto positiva como negativamente, y esto es algo que me gusta destacar cuando intento educar a nuestros chavales en el uso de las nuevas tecnologías. Si te vienes muy arriba cuando recibes muchos “likes”, si le das mucha importancia cuando las redes sociales te están encumbrando, a la primera crítica que venga también le darás importancia. Así que hay que tener mucho cuidado, tanto si es positiva la opinión, como si es negativa, cuando se está hablando de esa virtualización. Segunda cosa que no depende de ti, dice Epicteto: los afectos de los demás. Es decir, no puedes empeñarse en que te quieran, ni en que gustes a todo el mundo. Así que intenta buscar una identidad, pero no intentes que los demás tengan unas emociones hacia ti que tú consideras oportunas o no. Y la tercera cosa, que creo que también es fundamental, que una persona tiene que tener en cuenta que no depende de ella, son los logros de los demás. Es decir hacia donde los demás vayan y lo que consigan no depende de ti, así que no dejes que te afecte. Y si, además, son amigos, alégrate por ellos, pero no te obsesiones con igualar los logros de los demás, sino ponte una meta en torno a ti y no en torno al otro. Entonces, desde esa perspectiva, yo creo que la filosofía cuando te vas, la parte pragmática, cuando te vas a las enseñanzas del día a día, puede ser un elemento maravilloso para el pensamiento crítico. Y en esta línea de ejemplos de pensamiento crítico, hay uno muy interesante, que en el siglo XXI creo que debería de ser casi obligatorio en las escuelas de periodismo, pero también a nivel educativo, en secundaria, y tiene mucho que ver con cómo la posverdad está introduciéndose en nuestro mundo de una manera tan sutil, que al final se ha convertido en una verdad muy potente, que está movilizando incluso gobiernos.

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Y es que el pensamiento crítico tendría que funcionar a la hora de entender los titulares de prensa que se suelen dar, o los titulares de las noticias que en algunas ocasiones impactan esa parte emocional. Y es que el vuelco hacia el lado emocional que está surgiendo en los medios de comunicación es tan potente que está anulándose la capacidad primaria de razonamiento que deberíamos tener nosotros. De modo que, si yo consigo un titular sensacionalista, yo sé que voy a acudir directamente a tu emoción, o bien de felicidad o bien de indignación y ya he conseguido anular tu parte racional. ¿Por qué? Porque he ido directamente a la emoción. Esto ya lo sabían los romanos, cuando en el año 80 el emperador Tito inaugura el Coliseo, lo hace porque, en primer lugar, consigue acabar la obra. Pero lo hace porque en el 79 había estallado el Vesubio y se había llevado por delante Pompeya y Herculano y, en el 80, un incendio asola un tercio de Roma. Y, encima, una plaga, creemos que era la peste, se carga la otra parte. Entonces, Tito ve que su reinado estaba a punto de claudicar y decide inaugurar el Coliseo. Acelera la finalización del mismo y lo inaugura, y da cien días, con sus mañanas y tardes, de espectáculos gratuitos para todo el pueblo de Roma. Durante las mañanas había juegos y, por las tardes, los enemigos de Roma eran sacrificados en la arena. Y todos los días en los sótanos del coliseo se hacían mil hogazas de pan y se repartían en los descansos a todo el público. De manera que el público romano asistía al Coliseo y conseguía ver espectáculos de una manera maravillosa y, encima, comía pan. A partir de ahí, cuando terminaron los espectáculos, el reinado de Tito permaneció sin ningún problema, porque sabía que se había ganado al público a base de dos cosas muy sencillas, que son pan y circo.

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En el siglo XXI el pensamiento crítico tiene que estar teledirigido para darnos cuenta de que, si no utilizamos esa capacidad de análisis de la realidad, al final se impone el circo y estás constantemente en una dinámica de entretenimiento que hace que no estés atento a lo que realmente hay de fondo. De ahí mi insistencia en que intentemos educar a la gente desde una perspectiva con un foco de apertura ancha. Dejemos de mirar el ombligo, intentemos ver el contexto al completo de la noticia, porque si olvidamos el contexto, al final, cuando descontextualizas, estás olvidando la verdad y la realidad.

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Leticia Martínez. Y todo esto es importante que sea desde chiquititos, que se cultive desde pequeños. ¿Cómo se puede cultivar este pensamiento desde pequeños? Porque te he escuchado también decir que lo importante es pensar adecuadamente, o sea, tanto el pensamiento crítico como pensar adecuadamente, y todo esto desde pequeños. ¿Por qué? Cuéntanos.

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José Carlos Ruiz. Yo apuesto por el pensamiento crítico como una inversión de futuro y, de hecho, nos ha llevado mucho tiempo en las escuelas poder implementarlo con resultados. No hace mucho te comentaba, hemos necesitado cuatro meses para ver el inicio del pensamiento crítico y ocho meses para ver que empiezan a darse cuenta de esa realidad. Yo creo que es plantar un árbol, ¿cuál es el problema de plantar un árbol? El problema es múltiple: desde la perspectiva económica es más caro, tienes que comprar un árbol, luego tienes que cavar, incluso al principio puede que tengas que poner una guía para que no se ladee el tronco, dependiendo de si hay aire o no hay aire. Y, los primeros años, la inversión del árbol no la disfrutas. El árbol va creciendo y tarda mucho. Pero, ah, ¿y cuando el árbol enraíza? Cuando enraíza ya no tienes que regarlo, ya va a buscar sus nutrientes por sí solo. Y cuando crece, no solamente no tienes que ocuparte de él, sino que puedes disfrutar de que él te dé cobijo. Te puedes acercar al árbol, puedes estar debajo, te va a dar sombra. Es decir, es un proceso que va germinando poco a poco, que lleva tiempo, pero que le cuesta mucho trabajo desmoronarse. Pues esta metáfora me sirve para explicar un poco, todo aquel que quiera invertir en trabajar el pensamiento crítico, que sepa que es a largo plazo, pero que es cierto que cuando enraíza y el tronco es grande, esa persona… tiene que venir una hecatombe muy grande para que se venga abajo. Tiene mucho que ver con intentar mantener lo que traemos de origen todos cuando somos muy pequeñitos, que es lo que yo he denominado el “protopensamiento”. No es tanto cuando son muy pequeñitos, todavía el pensamiento no está desarrollado, pero sí hay un protopensamiento que es fundamental. Ese protopensamiento se compone de tres elementos.

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El primero es el asombro, el segundo es la curiosidad y el tercero, el cuestionamiento. Si trabajamos estos elementos con ellos en casa, en el aula y después lo vamos continuando a lo largo de la etapa educativa, es muy probable que la gente que está habituada a tener una percepción asombrosa de la realidad consiga cuestionarse las cosas en un nivel superior. Es verdad que se habla mucho del asombro, y ha habido muchos autores y autoras que han trabajado el tema del asombro, pero a mí me interesa el asombro filosófico. El asombro es el inicio de la filosofía en Grecia, y tiene mucho que ver con darse cuenta de que detrás de la realidad hay algo. No se trata de un asombro en el sentido de la fascinación, no se trata de que te sorprenda algo, eclosione y después desaparezca, no. El pensamiento implica que el asombro esté dentro de la realidad cotidiana del niño, dentro de la decepción, todo el mundo se asombra. Es decir, cuando te viene algo innovador, lo primero es el asombro. Pero generalmente se queda ahí, se difumina y desaparece. Entonces, el interés que tenemos en filosofía es que la actitud filosófica en torno a la realidad, que tiene que ver con el asombro, y que ya defiende Aristóteles y Platón, sea una actitud que sea el inicio del conocimiento y del pensamiento. El inicio, es decir, el primer punto, por eso yo lo llamo protopensamiento. De manera que, si lo hacemos bien, nuestros hijos en casa tendrían que empezar a asombrarse por cosas tan simples como: ¿por qué cuando muevo el grifo del agua hacia un lado sale caliente y si lo muevo hacia el otro sale frío?, dentro de la cotidianidad, ¿cómo funciona este tipo de mecanismo?. O ¿por qué cuando voy por la mañana con el coche, el girasol mira un sitio y cuando venimos por la tarde está mirando hacia otro? Son ejemplos muy tontos, pero es para que te das cuenta de que el asombro tiene que entrenarse dentro de lo cotidiano, porque si entrenamos dentro de lo cotidiano el asombro, va a llegar la fase de la curiosidad.

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Y esa curiosidad tiene mucho que ver con salirte del estereotipo marcado de lo que ellos consumen a diario, de lo que ellos están acostumbrados a ver. Es decir, yo quiero saber por qué y ese por qué me va a generar una pregunta, un cuestionamiento y ese cuestionamiento va a ser también la base para luchar después contra, por ejemplo, la posverdad, porque vas a tener esa necesidad de entender cómo funciona esa realidad. Cuando esto lo aplicas en el día a día, entiendes que los chiquitos que empiezan a funcionar con ese cuestionamiento empiezan a tener más curiosidad por casi todo. Y esa curiosidad está desapareciendo, tristemente. No sé si te ha pasado a ti, pero a mí me ha pasado con mis hijos incluso, que cuando les das, no sé, la carta de Reyes Magos y van a pedir cosas, generalmente piden lo que han visto en la publicidad o en sus catálogos, lo más normal del mundo. Y cuando le llega el regalo hacen exactamente lo mismo que han visto en la publicidad que se hacía. Y cuando termina aquello, dejan de jugar con eso, ya se aburren. Porque claro, ya si es un barco pirata y han visto que hacía cuatro o cinco cosas, que tenía una trampilla y que el muñeco saltaba, una vez que repiten eso, si no han trabajado esa parte de curiosidad, de creatividad, de imaginación y de cuestionamiento, siempre van a ver un barco pirata. Pero yo recuerdo que durante mucho tiempo eso me frustraba, yo decía: “Bueno, ¿por qué mis hijos, con los regalos que reciben de Reyes, les duran muy poco y al final desaparecen?”. Entonces, yo recuerdo que hablé con mi pareja y dijimos: “Esto no puede ser”.

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Le dimos la vuelta e hicimos algo en torno al pensamiento crítico, que me interesaba mucho, y era: “Bueno, vamos a hacer una cosa. Antes de abrir el catálogo, quiero que penséis cuáles son los juegos que más habéis jugado en los últimos cuatro meses. Y ahora, una vez que habéis identificado aquello que os gusta, porque le habéis dedicado mucho tiempo, vuestro modelo de juego, una vez que ya conocéis cuál es vuestro modelo de juego, abrimos el catálogo por esa sección y dentro de esa sección vais a elegir algún regalo para los Reyes Magos. Y luego, del resto, pues elegís uno, por probar, por aquello de experimentar”. Cambió mucho la cosa. Cambió la cosa, porque los juegos que ya elegían, habiendo ellos hecho un análisis sobre su modelo de juego, eran mucho más interesantes para ellos que los otros. Entonces, continuaron con el juego, cuando llegaban los Reyes Magos, continuaron con el juego mucho más. Pues esta toma de decisiones en torno a que ellos se analicen con pequeños detalles de la cotidianidad en su día a día, facilita mucho que ellos, al final, vayan conociéndose bien, sus gustos y también qué es lo que les motiva, qué es lo que no les gusta, lo que tienen claro… Esto, la selección de amistades, en fin, son pequeños detalles que van configurando esa protomente que al final termina en el cuestionamiento.

¿Somos incapaces de estar a solas con nosotros mismos? José Carlos Ruiz, filósofo y profesor
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Leticia Martínez. Y todo esto que me cuentas, al final, yo sí que observo que los niños vienen, de serie, como bien has dicho, con ese asombro y esas ganas, pero muchas veces vamos tan deprisa, tan deprisa, tan deprisa, que no se le presta atención. No es que a ellos no les nazca, sino que a ellos les nace el coger una cosa del suelo, mirarla, pero rápidamente tenemos prisa por llegar a algún sitio, te cojo de la mano y vámonos, vámonos, vámonos, vámonos y no da tiempo, o sea, yo veo también que vivimos en una sociedad de bombardeo.

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José Carlos Ruiz. Eso nos pasa a los adultos, es decir, cuando tú no has fijado el valor por ti previo, es decir, cuando no tienes claro lo que quieres en ese momento, como hoy en día la oferta es tan amplia, al final te ahogas un poco a la hora de tomar decisiones que son realmente intrascendentes para ti, es decir, no tienen mucho sentido, y cuando son chiquititos lo pasan peor todavía. Pero sí es verdad que el tema de la atención y, yo lo llamo “turbotemporalidad”, la velocidad a la que todo va, también es fundamental. Si queremos que nuestros hijos desarrollen de manera autónoma el pensamiento crítico, es necesario también que le prestemos atención. Hay una frase de Javier Gomá, un filósofo español, con la que comienza algunas de sus conferencias, que me parece excepcional, cuando dice: “Muchas gracias por prestarme vuestra atención”. Es un préstamo, Javier Gomá lo ve como un préstamo, que me parece muy acertado, porque tú me estás prestando ahora, en esta conversación, el elemento más importante que tienes a la hora de aprender, que es tu atención. Pero no me la está regalando, me la estás prestando. ¿Eso qué significa? Que yo tengo que tener en cuenta que me estás dando un utensilio fundamental de tu vida para que yo lo utilice de tal manera que, cuando te la devuelva, tu atención vaya enriquecida. Si no, enriquezca tu atención, cuando te la devuelva es muy probable que la próxima vez me la prestas, pero en menor cantidad, y que llegue un momento en que no me la prestes, es decir, que me ignores, que es lo que pasa al final con los críos. Es decir, los críos demandan tu atención, lo menos que podemos hacer como padres, como educadores o como madres es dedicarles la atención que nos prestan y devolvérsela enriquecida, o bien con un cuestionamiento, o bien con una duda, o bien con una reflexión.

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Es decir, que ellos sientan que la atención que te han prestado a ti les merece la pena, porque cuando se la devuelves lleva un enriquecimiento. Para eso tendremos que ser conscientes de la importancia que tiene la atención en el proceso de aprendizaje y a la hora de analizar el pensamiento crítico. Esta es una deuda pendiente que tenemos en cualquier proceso educativo: darnos cuenta de que alguien te está prestando, tu hijo, tu alumno, tu pareja, tu amigo, te está prestando un elemento fundamental y que tú no lo estás usando bien, y que cuando se lo devuelves se la está devolviendo empobrecida, con lo que realmente cuando se la vayas exigiendo te la irá prestando cada vez peor. Ese es un elemento fundamental que está afectado por la velocidad a la que todo va. Realmente, si analizas esa velocidad y las consecuencias que trae, generalmente ninguna es buena, ninguna.

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Leticia Martínez. José Carlos, cambiando de tema, hay algo que me llamó muchísimo la atención y es que uno de tus libros la dedicas a los cómics, a los superhéroes. ¿Qué podemos aprender de todo eso?

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José Carlos Ruiz. Bueno, sí, el tema de los superhéroes lo hice porque a mis hijos les encantaba y además estaban las películas de moda, y me parecía que era un instrumento muy interesante para que, a partir de la ficción, se pudieran extraer conclusiones válidas para el proceso de aprendizaje contemporáneo, sobre todo a edades muy tempranas, que luego también se pueden aplicar a gente adulta. Pero me resultó muy interesante investigar cada uno de los personajes principales de ficción, e intentar averiguar por qué son superhéroes y qué es lo que los convierte en superhéroes y sacar la parte más humana de ellos. Superman, que es un superhéroe superpoderoso, con todos los poderes del mundo habidos y por haber tiene, sin embargo, características que lo humanizan muchísimo y que lo convierten en alguien casi entrañable de cara al lector de cómics. Y es que es una persona humilde. Pudiendo destrozar el mundo a su voluntad, recibe una educación por parte de sus padres adoptivos, donde el foco de atención lo ponen siempre en el otro. Es decir, Superman, desde que es joven, en la granja en la que se cría, está educado para atender siempre la sociabilidad del resto de personas e intentar mejorar aquellas cosas que, entre comillas, pudieran desequilibrar el funcionamiento del mundo. Así es que entrega una gran parte de su vida y de su poder a intentar ayudar a los dos de una manera completamente altruista, es decir, ayuda a sus padres, a los dos, pero también ayuda a la sociedad. Y, de hecho, uno de los comics iniciales donde él se desvela como Superman y los padres incluso se enfadan un poco, es porque ve que un autobús de estudiantes va a accidentarse y él sabe que puede salvarlo. Lo salva y, en ese momento, se descubre quién es, se descubre que es un superhéroe superpoderoso.

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Entonces, ya, los padres saben que va a cambiar su vida, pero él dice que no podía evitarlo, que con este poder que tiene tenía que ayudar a salvarlos. El tema de los superhéroes, además, también me interesaba de cara a enfocarlo a las madres y a los padres contemporáneos, que muchas veces nos obsesionamos con presentarnos ante nuestros hijos o ante nuestros alumnos, muchos profesores también y maestras están en este nivel, de presentarnos como superhéroes. Es decir, sabemos todo, somos todopoderosos y hacemos todo lo posible para que nuestros hijos sean felices. Y olvidamos una parte muy importante de los superhéroes, y es que tienen debilidades. Todo superhéroe tiene una debilidad muy importante que lo puede destrozar. Sin embargo, nosotros no somos capaces de mostrarles a nuestros alumnos, o a nuestros hijos, esas debilidades y deberíamos de hacerlo de manera natural. Es decir, nuestros hijos tendrían que saber que somos relativamente débiles en algunas cuestiones, incluso a veces sería bueno que nos ayudasen a superar esas debilidades, implicarlos en la realidad de lo que somos. De manera que cuando analicé casi todos los superhéroes contemporáneos más famosos encontré cosas increíbles. Y te cuento, por ejemplo, el caso de Spider-Man, que lo usaba mucho yo para hablar de la curiosidad con mis hijos, y también lo utilizo en clase. Spider-Man es un adolescente de los que hoy en día llamamos friki, al que le gusta las ciencias, que sufre un poco de “bullying” en el instituto, pero que tiene una curiosidad tan grande por las ciencias que le va a ayudar a descubrir algo que lo va a convertir en el elemento más importante de su superpoder. Cuando le pica la araña y recibe los superpoderes arácnidos, él se fabrica la tela de araña, es decir, el instrumento con el que poder ir de un edificio hacia otro. No es un superpoder que se le confiera, sino que debido a su curiosidad constante en torno a la ciencia y el descubrimiento, pasa días y días y días investigando cómo fabricar una tela y lanzarla a ir de un edificio a otro.

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O, por ejemplo, el tema de la responsabilidad. Spider-Man es un adolescente y, como nuestros adolescentes, tiene un puntito ególatra. Entonces, cuando descubre su superpoder, lo primero que hace Spider-Man en los primeros cómics es ir a ganarse mucha pasta, mucho dinero peleando en una serie de jaulas contra otros luchadores, y todas las noches se lleva la recaudación para su bolsillo. Eso es lo primero que se le ocurre a un adolescente que recibe un superpoder muy grande, ya es: ganar pasta, vamos a hacernos ricos, entonces se mete ahí y tal. Y, un día, la recaudación de la caja de la lucha, del sitio donde se estaba luchando, se la lleva un ladrón que pasa por delante suya. Entonces el dueño le dice a Spider-Man: “Agárralo, agárralo”. Y dice él: “No es mi problema, yo ya he cobrado, se está llevando la caja”. Y resulta que, cuando va a llegar a su casa, han asesinado, creo que era, a su tío, si mal no recuerdo. Y él se pone a investigar y descubre que el asesino de su tío era el ladrón de la caja y en ese momento cambia el chip y se da cuenta, que es la famosa frase de Spider-Man, que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Entonces entiende que aquellas cosas que afectan a los demás también pueden terminar afectándole a él. Y este proceso de aprendizaje en torno a un cómic se puede aplicar directamente a la vida. Y luego, por último, dos superhéroes que me llamaron mucho la atención: la superheroína que me parece mejor de todas es Wonder Woman. Wonder Woman es alguien que utiliza un instrumento que se llama “el lazo de la verdad”. Y es que su creador, William Moulton, era un psicólogo que es el precursor de la máquina de la verdad, la que te va tomando los… Bueno, pues le puso el lazo de la verdad porque consideraba que las personas que fuesen atadas con el lazo estaban obligadas a decir la verdad, de manera que ella derrotaba al enemigo de dos maneras: te ponía el lazo y te obligaba a decir la verdad.

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Es decir, que el mal se lucha con la verdad, y la verdad va por delante. Y la segunda manera con la que Wonder Woman consigue destruir al enemigo era por medio del diálogo. Era una oradora maravillosa, manejaba doce idiomas y, además, era embajadora de la paz durante un período, siendo ella una guerrera. Pero ella confiaba en el ser humano. Tenía una característica en torno a la bondad del ser humano superior y pensaba que al enemigo se le podía convencer y cambiar por medio del diálogo, siempre que se les mostrase la verdad, las personas podían tener una segunda oportunidad. Entonces, Wonder Woman humaniza mucho la figura del malvado, porque cree que se puede cambiar el malvado a través de la utilización de la verdad y del diálogo, que son valores esenciales en el mundo del superhéroe y que pueden ser fácilmente aplicables en el siglo XXI. De manera que, cuando uno lee un cómic o ve una película, si va utilizándolo en clave de análisis crítico, puede extraer de ellos un montón de conclusiones maravillosas de cara a entender el mundo de un modo distinto, aprovecharlo. Y el último de los superhéroes que creo que utilicé fue Batman. Y Batman lo utilicé porque es humano, no tiene ningún superpoder natural. Es alguien que se expone al peligro de manera constante. Batman es valiente. Elige el símbolo del murciélago porque desde pequeñito se había caído a un pozo con murciélagos y le había cogido pánico, y cuando va cogiendo conciencia del miedo que le tenía, quiere enfrentarse al miedo. Entonces, la capacidad de enfrentarse a nuestros miedos es algo que tendríamos que aprender a manejar, en vez de huir de ellos por medio de, por ejemplo, el entretenimiento. Es un valor muy importante. Y luego, también, el valor, por ejemplo, de la cooperación. Batman va adoptando a lo largo de los cómics a distintos ayudantes, Robin, que los va cogiendo, como niños huérfanos a los que ayuda a poner en situación y a ser útiles con él.

¿Somos incapaces de estar a solas con nosotros mismos? José Carlos Ruiz, filósofo y profesor
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Entonces, la cooperación como un valor en el que un superhéroe no actúa solo, sino que además necesita de otros para trabajar y conseguir sus objetivos, me parecía también muy interesante a la hora de dar lecciones de este tipo. A fin de cuentas, cuando tú coges todos los análisis de todos los superhéroes y ves que hay un fondo filosófico en ellos, encuentras esos pequeños detalles que se pueden utilizar en el día a día. Y, quizá, el que engloba de una manera más interesante a todos ellos es el concepto de la bondad del género humano. A pesar de que siempre se lucha contra el villano, la gran mayoría de las ocasiones la sociedad está envuelta de gente maravillosa, gente que ayuda, gente que quiere hacer el bien, gente que pone en riesgo su vida, superhéroes que ponen en riesgo su vida por los demás. Y es cambiar un poco el mensaje que se le está dando muchas veces a la sociedad de que somos una sociedad negativa, una sociedad desconfiada, una sociedad ególatra constantemente. Yo tengo una teoría con respecto a eso, muy sencilla de entender, y es que, mientras los telediarios y los periódicos abran con noticias negativas, es que el mundo va bien. Y es que el mundo va bien, porque lo noticiable es la excepción. Y mientras lo negativo sigue siendo portada, significa que nos llama la atención lo negativo. Eso es que la gran mayoría de las cosas son buenas. Y desde esa perspectiva, intento entender el mundo y dárselo a entender tanto a mis hijos como a las personas con las que trabajo.

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Leticia Martínez. Pues muchísimas gracias, José Carlos, por este ratito en que hemos estado conversando. Muchas gracias.

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José Carlos Ruiz. Gracias a ti, ha sido un placer.