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“Somos diferentes, pero juntos hacemos cosas extraordinarias”

François Pienaar

“Somos diferentes, pero juntos hacemos cosas extraordinarias”

François Pienaar

Exjugador de rugby


Creando oportunidades

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Un pitido anuncia la conclusión del partido. Es la final de la Copa Mundial de Rugby de 1995 y el capitán de los 'Springboks', la selección sudafricana, alza los brazos al cielo para, de inmediato, hincar la rodilla en el suelo, abatido por la emoción. Aquel deportista de casi dos metros es François Pienaar, un hombre consciente de que aquella victoria trascendía el deporte. “En el escenario, el señor Mandela me entrega el trofeo, me pone la mano en el hombro y me dice: “François, gracias por lo que has hecho por este país”. Y yo le respondo: “No, señor. Gracias por lo que usted ha hecho por este país”, recuerda el exjugador.

Los ajenos al rugby reconocen a Pienaar porque saltó mundialmente a la fama gracias a la película ‘Invictus’, basada en el libro superventas ‘El factor humano’ de John Carlin. Poco después de la abolición del sistema del Apartheid en Sudáfrica, el presidente Nelson Mandela puso en manos de Pienaar un logro capaz de unir e inspirar a la nueva nación sudafricana: el triunfo de su selección oficial de rugby en el mundial.

Mandela dio todo su apoyo al equipo y despertó un fuerte nacionalismo en el país a medida que avanzaba el torneo. Ganaron. François Pienaar se convirtió accidentalmente en una pieza clave de la historia. Y el rugby, un deporte tradicionalmente asociado a la minoría blanca, se transformó en el emblema de la reconciliación de todo un país. “Se abrazaba gente de todas las razas”, rememora el deportista.


Transcripción

00:22
François Pienaar. Buenos días, damas y caballeros. Es todo un honor y un privilegio para mí estar aquí hoy con vosotros. Me gusta mucho esa camiseta de Sudáfrica. Me llamo Francois Pienaar. Soy de Sudáfrica. Nací el 2 de enero de 1967 en un pueblecito a unos 150 kilómetros al sur de Johannesburgo. Mi padre trabajaba en una fábrica, el nuestro era un pueblo industrial. Mi origen es afrikáner. En mi pueblo solo hablábamos afrikáans, mis amigos hablaban afrikáans y en el colegio al que fui solo hablaban afrikáans. Aunque, como sudafricanos, los afrikáneres tienen mucho respeto por otros idiomas. Siempre intentamos hablar inglés cuando podemos, pero se nos da bastante mal. Voy a ceñirme al inglés y voy a compartir mi historia con vosotros.

1:21

Me siento muy afortunado por poder compartir esta historia. Como le digo a mucha gente, probablemente soy el deportista vivo más afortunado por haber vivido lo que viví con mi equipo en 1995. Fue extraordinario. Pero tengo que daros algo de contexto sobre cómo llegamos a 1995. Yo pasé mi niñez en Sudáfrica, y la cultura de la comunidad afrikáner por aquel entonces era observar a los niños, pero no escucharlos. A los niños nunca se les permitía ser parte de la conversación. Los fines de semana, nuestros padres preparaban una barbacoa. Tenemos un clima estupendo en Sudáfrica y también una carne estupenda. Así que, los fines de semana, los padres hacían la barbacoa y los niños jugaban al rugby, al cricket o a otros deportes en el patio. Siempre escuchaba a mis padres y a sus amigos hablar de política. Hablaban de dos cosas, evidentemente, deportes y política. Supongo que es igual en cualquier familia. Es lo que predomina siempre, el deporte y la política. Al hablar de política, solía surgir el nombre de Nelson Mandela, o simplemente Mandela, y siempre hablaban de él. Recuerdo las reacciones de los amigos que estaban allí. Su nombre siempre iba seguido de palabras despectivas como “terrorista” o “es un hombre malo”. Decían que, cuando saliese de la cárcel, nuestro país se vería envuelto en el caos.

03:11

De pequeño yo no tenía el pensamiento crítico para hacerme preguntas, porque lo que decían tus padres y sus amigos era prácticamente lo que te definía, en cierto sentido. Y lo mismo pasaba en el colegio, donde también surgían esas conversaciones. Pero la política no era nada que me interesase, ni mucho menos. El deporte sí. Adoro el deporte. El deporte me gustaba con locura. En el plan de estudios de Sudáfrica, el deporte es parte de tu educación. Había varias horas a la semana dedicadas a hacer deporte, y me encantaba. El deporte se hacía según el clima que hacía a lo largo del año. Cuando empieza el año hace bastante calor, así que hacíamos atletismo. Lo fascinante es que todo el mundo tenía que hacer atletismo. No importaba si se te daba bien o no, tenías que participar. Y hablaremos de ello más adelante. En todas las lecciones que he aprendido en mi vida, el deporte ha tenido un papel muy importante. Me ha enseñado lecciones muy valiosas. Y si eres afrikáner, necesariamente vas a jugar al rugby. El rugby se juega durante el invierno.

04:21

Es probablemente el opio de los afrikáneres. Nos encanta el rugby. Es parte de nuestro ADN, es un deporte físico, brutal y enérgico. Tenías que jugar, todo el mundo juega al rugby. Las chicas jugaban al balonred y, a finales de año, jugábamos al críquet. El rugby, el balonred y el atletismo eran los deportes que todo el mundo debía hacer, lo que te dota de una cultura diferente. Compites con personas que tal vez sean mejores que tú o tal vez no sean tan buenas como tú, y en un entorno de equipo. El conjunto de todo eso es la clave para que el equipo funcione.

05:00

Mis padres no tenían mucho dinero. A finales de mes, la nevera estaba llena, pero después de un par de semanas, ya no estaba tan llena. Así que no tenían dinero para enviarme a la universidad. Pero el deporte me dio esa oportunidad. Cuando los padres se reunían en la barbacoa, siempre le preguntaban a mi padre: “¿Crees que tu hijo es lo bastante bueno?”. Y mi padre decía: “Creo que es bueno”. ¿Lo bastante bueno para jugar en los Springboks? Ese era el sueño. Yo jugaba bastante bien al rugby y al críquet. Jugaba en el nivel más alto en el colegio. Jugué para el equipo juvenil de Sudáfrica, y fui el primero de mi pueblo en conseguirlo. Y también el primero del colegio al que fui, y también jugaba al críquet en el nivel más alto.

05:52

Por entonces, tenía una novia en el pueblo al que nos habíamos mudado, que estaba al norte de Johannesburgo, y también tenía una gran industria acerera. Mi padre siguió trabajando en las fábricas de acero. Yo quería ir a la universidad a la que iba ella porque, claro, cuando estás enamorado de tu novia, quieres ir a la misma universidad. Pero me dieron una pequeña beca. Y luego otra universidad me dio una beca un poco superior. Y después, la Universidad de Johannesburgo me llamó por teléfono para decirme: “Vas a venir a la Universidad de Johannesburgo y vamos a cubrir todos los gastos”. Yo les dije: “Voy enseguida. Buenos días”. Fue la primera vez que fui a Johannesburgo. Nunca había estado en una gran ciudad. Y allí conocí a gente que tenía puntos de vista totalmente distintos a aquellos con los que crecí. Ideas políticas o culturales totalmente distintas.

06:43

Fue una época fascinante. Era a mediados y finales de los 80, cuando Sudáfrica estaba en una etapa muy oscura. Se hablaba de una guerra civil. Hubo asesinatos políticos, asesinaron a líderes negros y se produjeron levantamientos. Y en la universidad teníamos debates intensos sobre hacia dónde se dirigía Sudáfrica, y yo tomé parte en esos debates, que eran debates fascinantes. Y de fondo también se hablaba de que el señor Mandela iba a ser puesto en libertad. Se hablaba mucho de eso. Por desgracia, había una parte de mi familia que se esperaba que ocurriese lo peor. Y se estaban preparando para que estallase una guerra civil en el país. Por supuesto, no fue así. El señor Mandela fue puesto en libertad. Salió de la cárcel «Victor Verster», y yo lo vi en la televisión. Y dio un discurso increíble, realmente increíble.

07:40

Si ves la foto del señor Mandela durante ese discurso, fíjate en quién está sujetando el micrófono. Es una imagen muy reveladora en la historia contemporánea de Sudáfrica. La persona que sostiene el micrófono es el presidente Cyril Ramaphosa, que había salido del hospital para estar allí. No me quiero ir por las ramas, hizo un discurso increíble. Lo que nos importaba entonces a los deportistas era que, debido al apartheid, nos estaban boicoteando. No podías competir contra los mejores del mundo. Y lo único que queríamos era comprobar lo buenos que éramos. Lo único que queríamos era competir contra los mejores equipos del mundo. Y eso no ocurrió.
Otra cosa que nunca olvidaré es que, en 1981, los Springboks de Sudáfrica hicieron una gira por Nueva Zelanda. Y si conoces la historia del país, Nueva Zelanda estaba dividida. Sin duda, les encanta el rugby. Los All Blacks son un equipo de rugby increíble. Pero estaban divididos políticamente. Para algunos no era más que deporte, pero otros lo veían como una lucha contra el apartheid. Una mañana, mi padre me despertó muy temprano con una taza de café para ver uno de esos partidos. Apareció un avión sobrevolando el campo y empezó a lanzar bombas de flores sobre él. Le pregunté a mi padre: “¿Qué significa todo esto?”. Él me dijo que solo era política.

09:10

Ese es el contexto en el que crecí. Y de pronto había vuelto al mundo del deporte. En 1992 seleccionaron a la primera alineación de los Springboks. Solo quería resumir un poco mi infancia y hablar de cómo era la vida cuando era niño. Yo era un niño feliz, siempre teníamos comida, teníamos valores cristianos. No teníamos dinero para la universidad, pero accedí a ella y estudié Derecho. Conseguí mi título de abogado en la Universidad de Johannesburgo. Supongo que esa fue la forma en que empecé a involucrarme no solo en la política, sino también en el debate sobre el futuro de nuestro país.

09:56

Así que muchas gracias por invitarme. Espero con mucho interés las preguntas que vais a hacerme ahora, y ojalá mis respuestas os resulten interesantes. Y espero no emocionarme, porque puedo llegar a emocionarme un poco cuando hablo de algunos temas. En fin, gracias por invitarme.

10:27
Miguel. Hola, François; soy Miguel. Todos te reconocemos como protagonista de uno de los grandes momentos de la Historia Moderna, junto con Madiba. Y yo quería preguntarte cómo se vivieron esas semanas previas, en Sudáfrica, a la final del Mundial de rugby de 1995.

10:42
François Pienaar. Miguel, creo que eres demasiado amable conmigo. El protagonista fue el señor Mandela. Porque si no fuera por el Sr. Mandela, creo que yo no estaría sentado aquí. El protagonista fue un hombre que estuvo en la cárcel durante 27 años, 17 de esos años en Robben Island, y salió de la cárcel con perdón en su corazón. Salió de la cárcel con la visión de construir una nación.

11:11

Voy a retroceder un poco. Me preguntabas por las semanas previas la Copa Mundial. Quiero retroceder a 93 porque no me seleccionaron en la primera alineación de los Springboks en 1992. Y no nos fue muy bien. Porque en Sudáfrica, aunque todos somos sudafricanos, hay diferencias culturales en el país. Las personas que viven en Durban, en la costa, hacen surf y son más despreocupados. Las personas que trabajan en el norte tienen una cultura diferente. Y si juntas a todos estos jugadores en un mismo equipo, se tarda un tiempo en que los vínculos empiecen a formarse. Y eso es algo muy importante en la vida, en la familia, en el deporte o en los negocios. Si no tienes un vínculo fuerte que esté basado en los valores, te va a resultar muy difícil alcanzar el éxito.

12:00

En 1993, eligieron a un nuevo entrenador. Yo estaba en mi apartamento, acababa de montar un negocio. Estábamos viendo las noticias. Fue muy importante que anunciaran la alineación de los Springboks en las noticias de las ocho. Cuando vi mi nombre, fue increíblemente emotivo. Estar en el equipo era un privilegio absoluto. Pero me hicieron capitán en el primer partido, fui el primer jugador al que hicieron capitán en el primer partido, lo cual me resultó abrumador como individuo. Antes de la Copa Mundial, el objetivo era ponerte a prueba y asegurarte de que eres lo bastante bueno como para permanecer en el equipo. Y pasamos por altibajos. No fue una experiencia fácil. Cuando se anunció que el equipo iría a la Copa Mundial, teníamos un nuevo entrenador. Él se convirtió en mi mentor, un hombre increíble, Kitch Christie. Tuvo cáncer durante 18 años. Y entablamos un vínculo muy fuerte. Aprendí mucho de él.

13:04

En 1993, estábamos en la final de una competición en Sudáfrica. Él estaba en cuidados intensivos, en el hospital, y yo era la única persona ajena a su familia que tenía permiso para ir a visitarlo. Él solo quería hablar de rugby. Yo le dije: “No pasa nada. Ganaremos mañana”. Le pregunté por qué nunca se había quejado de nada en la vida. Y él me dijo: “Vete a la planta de cáncer infantil”. Nunca había estado en una planta de cáncer infantil. Fui y volví. Y la mayor lección que me enseñó es que el deporte no lo es todo. El deporte es un privilegio. Así que, cuando me eligieron capitán para ir a la Copa Mundial, me lo tomé como un privilegio, un privilegio tremendo, pero también como una responsabilidad.

13:50

Cuatro meses antes de la Copa Mundial, mi mujer, que también estudió Derecho, estaba trabajando en un bufete de abogados. Los socios le preguntaban: “Nerine, ¿qué dice François sobre la Copa Mundial?”. Tened en cuenta que creían que llevábamos las de perder. No nos daban un buen pronóstico antes de la Copa Mundial, y estaban equivocados. Hablaremos de eso más adelante. Porque no se puede ganar un Mundial si somos unos inútiles. No es así como funciona. Los meses antes del campeonato, le preguntaban a Nerine: “¿Qué dice Francois?”. Y ella decía: “Dice que van a ganar la Copa Mundial”. Y ellos decían: “¿En serio?”, porque los sudafricanos, que son una nación muy orgullosa, esperaban de corazón que pudiéramos hacerlo bien, pero cuando lo pensaban, ¿cómo íbamos a ganar la Copa Mundial?

14:42

Acabábamos de salir del apartheid. En el 92 nos fue mal. En el 93 nos fue mejor. Empezábamos a mejorar. Íbamos a jugar contra los mejores equipos del mundo. Nuestro partido inaugural era contra Australia, que eran los favoritos, los campeones del mundo, y llevaban 12 meses invictos. Ya imaginaréis que la gente pensaba que era un sueño. Pero yo creía en su sueño. Yo creía en todo lo que tenía. Creía que podíamos ganar este Mundial, no que lo haríamos, sino que podíamos. Si lo hacemos todo bien, si lo hacemos lo mejor que podemos, si permanecemos juntos, podemos hacer algo extraordinario. Y no fue hasta hace poco cuando algunos de mis compañeros de equipo, los más jóvenes, confesaron que se pensaban que estaba loco. Pensaban: «¿Cómo podemos ganar esta Copa Mundial?», porque eran jóvenes recién llegados al equipo.

15:35

Antes de la Copa Mundial, todos entrenábamos duro, todos estábamos en forma. Todos trabajábamos juntos para tratar de encontrar la mejor solución, como hacen todos. Si te esfuerzas un poco más, puedes contar con esta ventaja. Nuestro entrenamiento previo a la Copa Mundial fue brutal, concentrándonos en el primer partido. Mi entrenador dijo algo brillante: «Si ganamos a Australia, tomaremos el camino fácil. Si perdemos contra Australia, tomaremos un camino mucho más difícil». Así que nos concentramos en el partido contra Australia. Yo sufrí una lesión dos meses antes de la Copa Mundial, pero no voy a hablar mucho de esto. Me lesioné un tendón de la corva y me preocupaba no poder jugar al final.

16:23

Ganamos a Australia en el primer partido, pero el jueves tenía entrenamiento como capitán, en el que hablábamos de la estrategia y analizábamos las posibilidades. «¿Qué hacemos si pasa esto? ¿Y si esto cambia?». Era mi sesión de práctica, y nos enteramos de que el señor Mandela vendría a saludar. Yo tuve la suerte de conocer al señor Mandela en 1994, cuando ya era presidente, pero él no había conocido al resto del equipo. Y una de las experiencias más asombrosas que he vivido fue que, cuando aterrizó el helicóptero, fui a saludar al señor Mandela y presentarle al equipo, que estaba colocado en fila. Yo era de los más pequeños en nuestro equipo. Había personas corpulentas. Auténticos grandullones. Y el primero era probablemente uno de nuestros jugadores más corpulentos.

17:22

Iba a presentarle al señor Mandela. Pero antes de que pudiera decir: «Señor Mandela, le presento a…», él dijo: «Hola, Kobus». Y luego siguió. Conocía los nombres de todos y cada uno de los jugadores. Increíble. Se detuvo en nuestro vicecapitán, Hennie le Roux, que le regaló una gorra. Si veis alguna vez la final de la Copa Mundial, cuando me entrega el trofeo, lleva la gorra que le dio nuestro vicecapitán, Hennie. Incluso le preguntó a Hennie por su lesión, que se quedó en un susto, pero que casi le impidió jugar. Él lo sabía. Fue extraordinario. Cuando volvíamos en el autobús, nadie dijo ni una palabra. Todo el mundo estaba reflexivo.

18:10

Y jugamos lo mejor que pudimos en el partido contra los australianos. Estuvimos increíbles. Les ganamos con comodidad. Estábamos nerviosos al principio. Cuando salimos al estadio, nunca había oído una explosión de sonido como esa. El señor Mandela había inaugurado el campeonato. No pudimos verlo, porque entonces calentábamos en el vestuario, que era un vestuario pequeño. Estábamos todos ahí, entre toda la testosterona y el calor, y solo queríamos salir a jugar. Y salir frente a un estadio a rebosar, y jugar contra el fantástico equipo australiano liderado por Michael Lynagh, que es amigo mío.

18:47

Y de pronto, la gente empezó a decir: «Qué mala suerte están teniendo los australianos, ¿por qué no van ganando?». Esa era la energía previa. Y tras ganar el primer partido, podías ver cómo algunos de mis compañeros de equipo empezaban a creer. Al entrar en el campo, algunos estaban muy nerviosos, eran jóvenes y nunca habían jugado frente a un gran público. Era comprensible. Así que el inicio fue bastante intenso. Estábamos muy concentrados. Nuestros entrenamientos eran brutales. En mi opinión, la victoria empieza el lunes, no el sábado por la mañana antes del partido. Era brutal y muy físico. Y tuvimos el comienzo perfecto. Hicimos lo mejor.

19:32
Carlos. Hola, François. Un gusto saludarte. Me llamo Carlos y quería preguntarte cómo fue tu primer encuentro con Nelson Mandela, y si nos puedes explicar qué sucedió en ese momento.

19:49
François Pienaar. Fue probablemente la reunión de más nerviosismo y más emocionante de mi vida. El señor Mandela llegó a la presidencia en 1994. Y ya visteis las colas de personas en Sudáfrica cuando tuvieron la oportunidad de votar por primera vez. Tenéis que escuchar su discurso. Es increíble. «Ha llegado el momento de cerrar las heridas, ha llegado el momento de tender un puente sobre los abismos que nos dividen. Es el momento de construir». Son palabras increíbles, pero no se quedó en meras palabras. También lo hizo posible. Y entonces, dos o tres meses después de que diera ese discurso, recibo una llamada de su asistente personal, Mary. Se presenta y me dice: «Al señor Mandela le gustaría tomar el té contigo». ¿En serio? Me dijo: «Va a ser en el Union Building, programaremos la hora». Y volé hasta allí para ver al señor Mandela.

20:32

Le he contado a mucha gente que me senté fuera de su despacho, nervioso y emocionado, sin saber por qué quiere verme. ¿De qué íbamos a hablar? Y lo más fascinante es que no me avisaron para que pasara. Él mismo salió de su despacho para saludarme. Se acercó a mí, y era un hombre corpulento. Si lees su autobiografía, cuando lo perseguían los cuerpos especiales, él estaba escondido en una pequeña habitación, y se levantaba a las cuatro o cinco de la mañana para correr en el mismo sitio durante dos horas y mantenerse en forma, o hacía boxeo de sombra. Se acercó a mí y yo le dije: «Buenos días, señor Mandela». Y él me dijo: «Goeiemôre, François», que es afrikáans. Yo le volví a hablar en inglés: «Muchas gracias por la invitación». Y él volvió a responderme en afrikáans. Enseguida me hizo sentir muy cómodo. El aura que desprende es tremenda.

21:39

Y entonces hizo algo extraordinario. Son cosas en las que te paras a pensar a posteriori, no te das cuenta en ese momento. Él me cogió de la mano. Y entramos en su despacho agarrados de la mano. Y si conoces mi cultura, tus padres nunca hacen eso. Tu padre nunca te da un beso ni te abraza. Es impensable. Y sin embargo, tengo al presidente de nuestro país cogiéndome de la mano y entrando conmigo en su despacho. Nos sentamos, trajo un té y empezamos a hablar, pero él estaba más interesado en mí. No hablamos de la Copa Mundial. Nunca llegamos a hablar de la Copa Mundial que se celebraría en Sudáfrica al año siguiente. Fueron conversaciones más íntimas.

22:47

Yo le hacía preguntas, y él me habló de las sanciones, me habló de Robben Island, y me decía que era importante para el deporte negro. Entendía lo importante que era el deporte en Sudáfrica, y en especial el rugby, en las comunidades en las que crecí. Me habló de los Juegos Olímpicos de Barcelona, donde querían que asistiera a la inauguración, y él dijo que no era posible. Le dijeron: «Por favor», y él dijo: «Si admiten a más atletas sudafricanos, entonces asistiré». Y admitieron a más atletas y fue a Barcelona. También me contó historias sobre su pueblo, Qunu. Tuvimos conversaciones increíbles. Lo más increíble es que de vez en cuando Mary llamaba a la puerta, abría y decía: «¿Señor Mandela?». Y él decía: «Mary, estoy tomando el té con mi capitán». Ella decía: «Hay gente esperando». Había presidentes esperando para verlo. Terminamos de tener esta conversación tan increíble y luego me fui.

23:43

Entonces salí y me senté en mi coche. Estaba yo solo. En la película «Invictus», cuentan que yo estaba sentado con mi mujer en el coche y ella me pregunta: «¿Cómo ha sido?». Esa parte no es cierta. En el coche estaba yo solo. Y tuve la oportunidad de reflexionar. La gente me pregunta en qué estaba pensando. Les digo que no puedo recordar en qué pensaba exactamente, pero sin duda puedo recordar cómo me sentía. Sentí que había estado en presencia de una persona muy afectuosa. Y me sentí seguro. Sentí que era un líder genuino. Que era un líder en el que se podía confiar. Y que era un líder que tenía una visión y un sueño. La reunión más increíble que he tenido nunca fue mi primera reunión con Madiba. Fui muy afortunado. Mucho.

24:47
Enrique. Hola, François. Soy Enrique. Quería preguntarte, cuando llegaba el momento del mundial, ¿cómo has vivido esas dos semanas? Y ¿qué has sentido, qué recuerdos tienes de esos días en los que caminabais hacia la final?

25:07
François Pienaar. Habíamos jugado contra Australia y habíamos ganado. El entrenador había sido muy valiente antes del campeonato. Eligió dos equipos y dijo: «Estos jugarán en el partido inaugural, en los cuartos de final, en la semifinal y en la final. Y los demás tendrán que jugar en los otros partidos que nos lleven hasta allí». Eso es muy valiente, porque había mucha competitividad en nuestro equipo. Nuestro equipo era ultracompetitivo. Así que uno de los equipos sabía que tenía que jugar contra Rumanía y Canadá. No jugamos un buen partido contra Rumanía. Y deberíamos haber podido ganar a los rumanos, porque el rugby no es su deporte nacional. Yo no iba a jugar contra Canadá, pero el entrenador me dijo: «No, quiero que salgas al campo para jugar contra Canadá». Teníamos que ganar a los canadienses, íbamos con seguridad, pero decían que podían llegar a ser muy físicos, que se iban a enfrentar a nosotros en lo físico. Y nos encanta lo físico, por eso jugamos a este deporte.

26:09

Se produjo la mayor pelea que he visto en un campo de rugby. Expulsaron a dos de nuestros jugadores. Sacaron tarjeta roja al talonador y el ala y los expulsaron del campeonato. Algo que nunca olvidaré como capitán es que al día siguiente íbamos en un autobús hacia a un resort, para relajarnos, jugar al golf, despejar la mente y prepararnos para el próximo partido. Y el jugador al que habían expulsado, James Dalton, estaba sentado frente a mí en el autobús, y estaba llorando como un bebé. Y es un tipo duro. Un hombre increíblemente duro. Su sueño se había terminado. Lo que queríamos llevar a la Copa Mundial era disciplina, así que nosotros no empezamos la pelea con los canadienses. Pero seguir la pelea iba contra las reglas, y su sueño se había terminado.

27:00

Esa fue una semana muy dura para mí. Perdí los papeles como líder. Los perdí por completo. Me da vergüenza cómo me comporté. Fue mi entrenador y mi mentor quien me hizo recomponerme y volver a concentrarme el jueves, tal vez podamos hablar de ello luego. Contra los samoanos hubo agitación, no fue un camino de rosas. Sabíamos que ganaríamos, porque jugamos contra ellos un par de meses antes. Y así fue, les ganamos cómodamente. Pero fueron muy físicos y pegaron un par de golpes fuertes. Y estuvimos a punto de perder a nuestro zaguero. Él era, en términos futbolísticos, nuestro Maradona o nuestro Pelé. Le hicieron un placaje en la pierna y se rompió la mano. Teníamos un problema.

27:49

Pero lo llevaron a una cámara de descompresión, y los médicos fueron fantásticos. Así que pudo jugar contra los franceses. Y en el partido contra Francia hubo todavía más drama. Llovió tanto en Durban que casi cancelan el partido. Estábamos en el vestuario preparando al equipo. Cuando salí, el árbitro me dijo: «Vamos a posponer el partido otros 15 minutos. Y si no podemos jugar el partido entonces, os quedaréis fuera del campeonato». «¿Qué?». Yo no lo sabía. No sabía que, si el partido no se celebraba… Debería haberlo sabido. Como capitán, lo sabía todo. Pero no sabía que, si el partido no se celebraba esa noche, el equipo con peor historial disciplinario sería sancionado. Sería expulsado del campeonato. Y si veis el partido, se puede ver cómo había personas barriendo el campo, sacando el agua. Y, por suerte, el partido se pudo celebrar. Y creo que esa era una de las diferencias entre nosotros y los franceses. Los franceses esperaban que se cancelase el partido, y así pasarían la final. Nosotros queríamos que se celebrase.

28:59

Y al final estuvo muy reñido. Ganamos por un pequeño margen, y el deporte consiste en esos márgenes. Abdelatif Benazzi, de quien me hice amigo después del campeonato, me dijo que había anotado un ensayo. Yo le dije que no. Estuvo a punto. Al final del partido, cargó con el balón hasta la línea de ensayo. Todos nos apiñamos, y su brazo quedó entre el balón y la línea de ensayo. Así de cerca estuvimos de perder la Copa Mundial. Por suerte, ganamos. Y pasamos a la final. Empecé diciendo que los sudafricanos esperaban que ganásemos, pero que era imposible. Y sin embargo estábamos en la final.

29:41

Una de mis cosas favoritas fue que en el hotel en el que nos alojábamos había una habitación con todas las cartas de gente de toda Sudáfrica pegadas en la pared. Ibas por esa habitación y veías fotos de un niño de cuatro años, o cartas de un hombre de 90 años… Empezamos a recibir cartas de gente que nunca se había interesado por el rugby. La gente que odiaba el rugby empezó a escribir al equipo. No entrenábamos tanto, porque el entrenamiento ya estaba hecho. Ahora era más cuestión de preparación mental, el plan de juego, hablar un poco sobre el equipo contrario, pero no demasiado. Pero ¿cómo no íbamos a hablar del equipo contrario, si tienen un jugador llamado Jonah Lomu? Este tipo era increíble. Uno de los mejores jugadores que el mundo haya visto jamás. Si ves sus vídeos, podría vencer a un equipo entero casi sin ayuda. Y entró en escena a finales de la temporada 94-95.

30:44

¿Cómo se puede detener a Jonah Lomu? ¿Depende del corazón, de la mente? No. Solo necesitaba que mi equipo estuviera tranquilo y concentrado. Y mantuve conversaciones con ellos. Y las palabras «y si» surgieron mucho: «¿Y si pierdo un placaje? ¿Y si suelto el balón?». Las conversaciones no eran sobre eso, eran más positivas. Pero ¿y si no nos arriesgamos? ¿Y si no nos entregamos al máximo? Entonces, ¿cómo vamos a tener éxito? Para mí, uno de los momentos más increíbles fue la mañana del partido. No dormí bien la noche anterior. Yo nunca duermo bien antes de un partido importante, porque estoy deseando salir a jugar. Y el resto del equipo también es igual. Así que te levantas muy temprano y gastas mucha energía preocupándote y estando nervioso por el partido.

31:40

Bajamos las escaleras y salimos a correr. Eso es lo que solíamos hacer. Cada vez que íbamos a correr, los chicos se ponían a charlar entre ellos o a hacerse bromas. Pero esa mañana no hablaron. Así de concentrados estaban por el partido. Doblamos la esquina y había niños vendiendo periódicos. Eran unos cuantos, creo que cuatro o cinco, y probablemente tendrían de 8 a 10 años. Eran niños negros. Estaban vendiendo periódicos y vieron al equipo. Y se echaron a correr. Y empezaron a correr junto a nosotros, coreando los nombres de los jugadores. Era algo que te ponía los pelos de punta. Fue increíble. Y se podía apreciar el impacto que eso les causaba a los jugadores. Así que, cuando volvimos, el equipo estaba bastante tenso, muy tenso. Pero era comprensible: estábamos a punto de jugar el partido más importante de todas nuestras vidas. Solo tienes una oportunidad, y tienes que aprovecharla. Así que era una mezcla de sensaciones. Es una montaña rusa emocional con la que hay que saber lidiar para alcanzar el éxito. Fue entonces cuando empezamos a darnos cuenta de lo importante que era este partido. No éramos conscientes de lo que estaba pasando en nuestro país.

33:10

Porque estábamos todo el tiempo en el hotel, entrenando en el campo o en el autocar. Y sí, cuando el autocar pasaba junto a la gente, todos nos animaban. Pero no nos dábamos cuenta del impacto tan grande que teníamos. Solo cuando leías las cartas de la habitación o cuando la gente empezaba a vitorearte, te dabas cuenta de lo importante que era. Pero no lo puedes conceptualizar, estás miope, y solo te importa una cosa, que es ganar el sábado. Ese era el enfoque.

33:40
Hombre 1. Contra todo pronóstico, conseguisteis llegar a la final contra los míticos All Blacks. ¿Qué recuerdas de aquel día?

33:48
François Pienaar. Hay muchísimas cosas que decir, así que tengo que seleccionar lo que contar sobre ese día, que fue obviamente uno de los mejores momentos de mi vida y la de todo el equipo y, supongo, de los sudafricanos. Los All Blacks, guau. En primer lugar, qué pedazo de equipo. Qué jugadores. Son el equipo con más éxito de la historia del deporte, lo cual es algo extraordinario. Así que los respeto mucho. Desde luego, les tenemos mucho respeto. Y creo que por eso siempre somos tan físicos e intensos cuando jugamos contra los All Blacks, por nuestro respeto hacia el equipo. Y contaban con algo magnífico, que era estar liderados por un estupendo capitán, Sean Fitzpatrick. Los jugadores individualmente eran… A ver, había arrasado a Inglaterra él solo en la semifinal.

34:44

Pero vuelvo a lo que decía antes. No puedes ganar una Copa Mundial si no tienes un equipo lo bastante bueno como para ganar el campeonato. No puedes aparecer y pensar que vas a ganar. A nuestro favor, teníamos un vínculo muy fuerte que empezó en 1993. Tuve la suerte de ser el capitán de un equipo que tenía sede en Johannesburgo, los Lions. Y tuvimos un año fantástico, ganamos todos los campeonatos. Tuve la suerte, como capitán, de tener un historial perfecto. Ganamos a todos. Ganamos a los equipos en el primer Super Rugby Tournament, y al capitán de los All Blacks, Sean Fitzpatrick, el capitán del equipo contra el que jugamos en la final. Así que ya habíamos tenido éxito, y en el 94 volvimos a tener éxito. Y el núcleo del equipo de los Springboks provenía de ese grupo de jugadores, jugadores que estaban motivados, muy motivados, y tenían una mentalidad de victoria. Y si le añades a los Maradonas y los Pelés de otras partes del país para que vengan y se unan a nosotros, vas a subir de nivel. Llegó gente de otras provincias que se unió a nosotros. Diría que la proporción era probablemente de un 60-40, casi un 50-50. Y de pronto, bum, subimos a otro nivel. Por eso, como capitán, confiaba en que pudiésemos ganar. Pero entonces llegas a la final. ¿Puedes hacerlo ahora? ¿Puedes ganar en la final?

36:18

Antes mencioné la mañana de ese sábado. Sucedieron muchas cosas esa mañana. Pero quiero contar una cosa interesante. Cuando salimos del hotel, antes de dejar a nuestro entrenador, pensé que nos daría un gran discurso. Y el mánager simplemente se puso en pie y nos dijo: «Habéis hecho que el país esté orgulloso, buena suerte». Yo les di un discurso, y entonces salimos del hotel y había unos 15 motociclistas que nos iban a acompañar al estadio. Solo cuando reflexioné sobre ello me di cuenta de lo nerviosos que estaban, de lo tensos que estaban, de la expresión en sus caras. Es como si fuesen a jugar hoy. El conductor del autocar estaba allí sentado y se le notaba que estaba muy orgulloso de llevar al equipo a la final. Y el autocar partió a toda velocidad por la carretera con las motos y las sirenas. Estábamos muy tensos. Mucha gente se agrupaba junto a la carretera.

37:27

Y ahora vas a pensar que estoy loco de remate, porque mi discurso fue sobre lo que pasaría si no nos arriesgamos. Y por entonces no había Bluetooth, llevaba una cinta de casete. Fue hace 26 años, era un casete. Había grabado una canción en una cinta. Caminé hasta la parte delantera del autocar, metí el casete en el reproductor y pulsé el play. Era una canción de Roger Whittaker. Escuchad la canción y fijaos en la letra, porque se ajusta bastante bien a lo que les dije a los jugadores. «Si pudieras preparar la bayoneta, amigo mío, si pudieras matar a ese hombre al que llaman el enemigo. Si pudieras hacerlo a menudo y si pudieras hacerlo bien, serías un héroe de la noche a la mañana. Salvarás a tu país de su difícil situación. Recuerda, Dios siempre tiene la razón». Y la canción sigue: «Ya no creo en él ‘y si’, el ‘y si’ es una ilusión, el ‘y si’ es para los niños que construyen sueños». Y eché un vistazo al autocar. Se me escapaban las lágrimas, los chicos estaban emocionados. Me di cuenta de que ya habíamos dado el paso. Íbamos a darlo todo sin dudar. No había vuelta atrás.

38:41

Llegamos al estadio y era un caos. La gente, las sillas, todo. Nosotros solo queríamos mantener la calma. Teníamos el plan de juego. Teníamos a los jugadores, solo teníamos que asegurarnos de que… Teníamos una tendencia, algo que nos pasó en el 92, en el 93 y en el 94, cuando salíamos al campo: somos muy agresivos, a veces demasiado agresivos y a veces indisciplinados. Habíamos perdido partidos por mala disciplina. Podría contaros muchas cosas, pero vamos a centrarnos en la final. Estábamos en el vestuario. Recuerdo que dije que no podíamos calentar en el campo. Tuvimos que quedarnos en el vestuario. Y el estadio estaba a rebosar. No escuchamos al público gritando: «¡Nelson, Nelson, Nelson!» cuando él llegó. Estábamos allí sentados y el estadio comenzó a temblar.

39:26

Solo me di cuenta cuando lo vi en vídeo, pasó un Boeing enorme sobrevolando el estadio. El piloto puso los motores a toda potencia, el comandante Laurie Kay, y ahí fue cuando dije: «¿Qué está pasando ahí fuera?». Estás sentado reflexionando sobre el partido, intentando tranquilizar a los chicos, porque eso es lo importante, piensas: «Tranquilo. Nosotros podemos. Tenemos que mantener la calma. Sabemos lo que vamos a hacer». Y entonces llaman a la puerta.
Y entra el señor Mandela.
Con camiseta de los Springboks.
No lo sabíamos, ni siquiera nos imaginábamos que fuera a venir al vestuario. Y llevaba puesta la gorra. Guau. Podías ver la emoción, podías sentir la emoción de los jugadores. Y lo que nos dijo fue: «Buena suerte. Habéis hecho que vuestro país esté orgulloso». Se dio la vuelta y, mientras salía, vi que llevaba mi número en la espalda.

40:22

Tuve que entrar a sentarme en el baño. ¡Vamos! Increíble. A ver… Podría haber sido contraproducente. Tenía miedo de que fuera contraproducente. Porque imagínate que llega tu presidente y lleva una camiseta de los Springboks y te desea buena suerte. Dices «guau». Y en ese momento teníamos que permanecer tranquilos. Estábamos a punto de jugar un partido. Hay muchas otras cosas que recuerdo de ese día. Recuerdo que no podía cantar el himno, porque estaba seguro de que iba a llorar. Estaba tenso, había salido corriendo al campo y no quería llorar. Hay una historia que cuenta Sean Fitzpatrick, el capitán de los All Blacks. Cuando nos miró cantando el himno y vio cómo de emocionados estaban los chicos, supo que esto iba a ser algo muy importante. Era muy importante para nosotros aprender el himno. El himno de Sudáfrica está en cinco idiomas: afrikáans, inglés, xhosa, sesoto y zulú, así que nuestro mánager contrató a un profesor para que nos enseñase. Era curioso ver a estos grandullones frente a un espejo cantando en xhosa, sesoto y zulú, pronunciándolo.

41:41

Yo no podía cantar. Estaba intentando encontrar a alguien conocido entre la multitud porque era un momento muy intenso. Y el partido fue muy físico. Quería ser el primero en enfrentarme a Jonah Lomu, lo echo mucho de menos. Era muy bueno. Por suerte, uno de nuestros chicos lo atrapó. El partido fue muy físico y muy rápido. El público era inmenso, pero estás ajeno a él. Es algo muy extraño. Durante el partido, cuando estás concentrado, no escuchas a la multitud, simplemente te concentras en el siguiente paso, en la estrategia y todo eso. Llegó el medio tiempo, y estábamos muy tensos. Y luego llegó el tiempo de descuento, y podrían habernos ganado antes. O podríamos haber ganado nosotros. Y de pronto sonó el silbato final y estábamos empatados. Pasamos a la prórroga.

42:32

Me lesioné un gemelo. No sabía que me había desgarrado el gemelo justo antes del tiempo de descuento, por la adrenalina. Hay imágenes en las que me están tratando el gemelo y le digo al entrenador: «No puedo, esto no pinta bien». Me dijo: «¿Vas a seguir el campo? Esto no pinta bien». Estaba tumbado pensando: «Vale, ¿qué le digo al equipo ahora?». En el estadio había alrededor de 65 000 personas. Solo después de un mes me paré a pensar en estas cosas. Por entonces no me daba cuenta. Un público predominantemente blanco, y diría que predominantemente afrikáner, empezó a cantar Shosholoza. Buscad Shosholoza en Google. Es de una tribu ndebele en Sudáfrica. Es una canción tribal que significa «Avanza». Resonaba por todo el estadio. Y con el equipo reunido, les dije: «Jugad para vuestro país y todo saldrá bien. Dadlo todo».

43:26

Al reflexionar sobre esto un mes después, pensé: «¿Cómo ha sido posible?». Los últimos diez minutos fueron… Ellos iban ganando, nosotros remontamos y al final íbamos ganando nosotros. Y luego hubo otro penalti que nuestro lanzador falló, aunque tampoco nos vino mal, porque eso nos ayudó a mantenerlos al otro lado del campo. Había unos jugadores increíbles que podían anotar desde cualquier punto. Resistimos hasta que sonó el pitido final. Entonces fue cuando me arrodillé para dar las gracias por haber vivido esta increíble experiencia. Nunca había rezado para ganar un partido. Decía: «Chicos, no os lesionéis», o: «Va a ser una buena experiencia». Me arrodillé solo para dar las gracias por haber vivido esto, y de repente todo el equipo estaba a mi alrededor. En nuestro equipo teníamos a personas que no eran creyentes, y teníamos a personas de distintas religiones. Tuvimos esa oportunidad para dar las gracias. Le pedí al único jugador negro del equipo, que era el rostro de la Copa Mundial y se había lesionado justo antes del campeonato, Chester Williams, que dijera algunas palabras. Y pasaron muchísimas cosas a partir de entonces… ¿Han pasado ya 26 años? Es decir, hasta ahora.

44:50

Un tipo me plantó la cámara en la cara, pero era un buen tipo, David van der Sandt, que me preguntó: «François, cuéntanos qué se siente al ganar frente a 65.000 personas». Le dije: «No, David. No hemos ganado frente a 65.000 personas, hemos ganado frente a 43 millones de personas». Siempre me han preguntado: «Oye, ¿tenías la respuesta pensada? Es muy inteligente». Les digo: «No soy tan inteligente. Si fuera así, me habría dedicado a algo distinto». Fue una respuesta natural. Cuando llegamos a Ciudad del Cabo, antes de jugar contra Australia, la recepcionista del hotel era xhosa y llevaba una camiseta de los Springboks. Y el caballero que nos sirvió el desayuno pertenecía a la comunidad negra de Ciudad del Cabo. Nos dijo que para jugar bien teníamos que comer bien. La señorita que ayudaba a hacer nuestras camas nos preguntó si necesitábamos más almohadas, porque teníamos que dormir bien y estar bien descansados. Y esos niños de por la mañana, y todo lo que pasó… Era un error decir que había sido para los 65 000 privilegiados que tuvieron la oportunidad de comprar una entrada para estar allí.

46:06

Lo que no voy a olvidar nunca es cuando tuve que recoger el trofeo de las manos de Madiba. Tal vez pequé un poco de orgullo. Pero tal vez hablaremos de eso más tarde. Me dirijo hacia el escenario y veo al señor Mandela, que me entrega el trofeo y me pone la mano en el hombro. Entonces me dice: «François, gracias por lo que has hecho por este país». Y yo le respondo: «No, señor. Gracias por lo que usted ha hecho por este país». Nos dijimos exactamente las mismas palabras. Hay una universidad de la Ivy League en la que escribieron una tesis entera sobre cómo ocurrió esto. Un presidente negro y un capitán blanco que se dijeron exactamente las mismas palabras. He dicho muchas veces que me arrepiento de no haberlo abrazado. Tenía muchas ganas de abrazarlo, pero no lo hice por protocolo. Levantar ese trofeo fue una sensación… Puf. Algo increíble, muy especial, soy muy afortunado.

47:09
Hombre 2. Hola, François. Tengo curiosidad por una frase en la que dijiste que en aquella final no hubo perdedores, que todos ganaron.

47:15
François Pienaar. Me parece que no es justo. Creo que, cuando lo dije, me nublaba la emoción. Porque sí hubo un equipo que perdió. Y también lo hicieron lo mejor que pudieron, se esforzaron al máximo para ganar. Así que lo dije en un momento de emoción al ver lo que pasaba en nuestro país. Nuestro jefe no podía salir del estadio. Llegamos tarde al acto porque el autocar no podía salir. La gente estaba bailando en las calles, por primera vez se abrazaba gente de todas las razas. Y todas las historias que he oído, es algo fenomenal. Me dije eso a mí mismo en ese momento. Lo que viví en Sudáfrica fue algo muy profundo. Solo meses después me di cuenta del impacto que tuvo, incluso años después. Y fue una suerte, porque si nos hubiéramos dado cuenta de lo importante que iba a ser esto, eso nos habría perjudicado. Creo que la presión podría haber sido demasiado grande. Y por eso la administración fue increíble. Nuestro mánager, Morné du Plessis, también había jugado en los Springboks. Nuestro entrenador y todo el equipo directivo hicieron un trabajo brillante al asegurarse de que nos concentrásemos y no nos distrajéramos con lo que pasaba fuera. Era el equipo perfecto. De verdad.

48:40

El entrenador había estado luchando contra el cáncer durante 18 años. Sabía lo valiosa que es la vida. El mánager y su equipo eran muy reputados. El entrenador de la defensa había jugado en los Springboks, el de los delanteros había jugado en los Springboks, nuestro mánager fue capitán de los Springboks. Teníamos un equipo increíble que nos permitió concentrarnos en una sola cosa, y esa cosa era ganar la Copa Mundial, ir directos a por ello. Creo que no debería haber dicho eso.

49:20
Cecilia. Hola, François, mi nombre es Cecilia y me gustaría que nos contaras cómo transformó a Sudáfrica este partido.

49:28
François Pienaar. Cecilia. Me resulta difícil responderte. Yo solo puedo hablar de mis experiencias personales. Por ejemplo, estoy en la junta del maratón de Ciudad del Cabo, y hace dos años organizamos un desayuno para las personas que venían a correr el maratón. Había un caballero sentado a mi lado. Era abogado, había estudiado Derecho e iba a correr el maratón para recaudar dinero para comprarles libros a niños en una situación desfavorable que no tienen libros, ya que es muy importante que sepan leer y lean mucho como parte de su educación. Me contó su historia. Venía de Mamelodi. Mamelodi es un municipio a las afueras de Pretoria. Era la final de la Copa Mundial. Él iba caminando por la calle y no le interesaba el rugby, es más, no le gustaba el rugby. Y obviamente la gente estaba viendo la final y había mucha emoción. Entonces sonó el pitido final. Él me dijo: «François, ni te imaginas lo que ocurrió. Todo el mundo salió a la calle. Todo el mundo se puso a bailar. Todo el mundo estaba feliz». Una comunidad que odiaba el rugby. Me dijo que esto tuvo una gran influencia en su vida. Empezó a apoyar a su equipo local en Pretoria, los Bulls.

50:56

Había un jugador especial que jugaba en nuestro equipo con el número nueve. Por desgracia falleció hace algunos años. Y él empezó a seguirlo, se había convertido en su héroe. Me dijo que lo llamaban el taxista, porque en Sudáfrica los taxis circulan así. Y este tipo solía ir corriendo así para derrotar al contrario. Esto fue hace ya tres años, cuando me contó esa historia. Así que ¿tuvo impacto en la gente? Sin lugar a duda. Lo grande que fue ese impacto, no lo sé. Supongo que lo importante fue que, como nación, todos fuimos campeones del mundo. No fue solo una parte de la nación los que fueron campeones. Fue un trabajo brillante de nuestro presidente. Cuando seleccionaron al equipo, nos hicimos nuestra primera foto frente a la Copa Mundial. El lema era: «Un equipo, un país», así que nuestro propósito era hacerlo para toda Sudáfrica. Nos propusimos ganar para todos. Y eso siempre había sido así. Habíamos impartido cursos de entrenamiento por los pueblos mucho antes de la Copa Mundial. Llevamos el rugby a donde nunca lo habían jugado porque queríamos hacerlo. No era una campaña de publicidad. Yo nunca haría algo así. No era era porque pensáramos que quedaría bien en nuestro currículo. Queríamos llevar el rugby a zonas en las que nunca habían jugado.

52:26

El efecto que tuvo en mi equipo y en mí fue tremendo. Ver y experimentar cómo es la vida en las zonas pobres. Y ver la gran alegría de los jóvenes intentando jugar al rugby. Antes jugaban al fútbol con ese balón que tenía una forma tan rara. Y después empezaron a jugar al rugby. El impacto en Sudáfrica fue muy grande. ¿Cómo de profundo fue? Creo que fue bastante profundo. Las reflexiones que provocó eran lo importante. Porque el deporte tiene ese tremendo poder. El señor Mandela dijo una cosa, creo que fue en Mónaco, en el Laureus. Dijo: «El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. El deporte tiene el poder de inspirar. El deporte puede despertar la esperanza donde antes solo había miedo». Dijo más cosas sobre este tema. Pero tiene muchísima razón. Ya lo sabéis, estáis en España. Si la selección española gana el Mundial, es una locura. Todo el mundo sale a la calle, todo el mundo lo celebra. Todo el mundo está contento. Incluso sube la bolsa.

53:43

Y nuestro caso no es distinto. Pero sí fue diferente en algo. Como éramos una sociedad dividida, seguía existiendo mucha división. Pero había esperanza. Había esperanza y también había inspiración. Y fue gracias al señor Mandela. Sí, ganamos, eso fue muy importante. Ganar fue importante, pero fue gracias a su… Él era magnánimo, desinteresado y humilde en cierto sentido. Y, como líder, tenía una visión. No llegamos a verla, solo la experimentamos. Así lo recuerdo 26 años después, cada vez que viajo desde Ciudad del Cabo a Johannesburgo, o viceversa, y hay una persona negra sentada cuando subo al avión y me dice: «Buenos días, mi capitán». Y mi corazón hace… Digo «vaya». Tal fue el impacto.

54:40

En otra ocasión, también en 2019, estaba en Japón. Ahora teníamos a otro capitán con el número seis, Siya Kolisi. Leed la historia de sus orígenes. Viene de las zonas más pobres, y de pronto se convierte en capitán de Sudáfrica. Íbamos a ganar la Copa Mundial. Las escenas en Sudáfrica eran… Yo estaba en la calle esperando a que pasara el autocar. Era sencillamente increíble. Y era un reflejo de lo que habíamos vivido. Tras ganar la Copa Mundial, dijeron que iban a hacer un recorrido en autocar por las calles. «¿Quién va a presentarse en Johannesburgo?». «Chicos, esto va a ser lamentable. No va a venir nadie». En fin, fuimos en el autocar y nos reunimos a las afueras de Johannesburgo, donde estaban la policía, escoltas y esas cosas. De verdad pensaba que no habría mucha gente. Qué locura. Había gente corriendo detrás del autocar todo el camino. Cuando entramos en la ciudad, había gente sentada en los tejados de los edificios con la camiseta de los Springboks, ondeando la bandera, predominantemente personas negras, en Johannesburgo. Sencillamente increíble. Hicimos una gira por el país. En todos y cada uno de los pueblos a los que fuimos fue increíble. Fue entonces cuando empecé a darme cuenta de lo importante que era. Sí, creo que el impacto fue muy profundo.

56:15
Sonia. Hola, soy Sonia y querría saber, si tuvieras un adolescente delante, ¿qué lecciones de deporte compartirías con él?

56:22
François Pienaar. Si estuviera frente a un joven líder… Me gusta llamar a los adolescentes «jóvenes líderes», porque todos tienen potencial de liderazgo. ¿Qué lecciones le enseñaría? Hay muchas lecciones en el deporte, muy valiosas. En un deporte de equipo, como al que yo jugaba, me di cuenta de que el respeto es algo que se gana. Nunca exiges respeto. Y te ganas el respeto por cómo te comportas. No haces las cosas a medias. Te entregas al máximo y lo intentas hacer lo mejor posible. En un deporte de equipo aprendes que hay jugadores que son mejores que tú y jugadores que no son tan buenos como tú. La forma de trabajar juntos es la clave del éxito. Eso es importante. Se aprenden cosas sobre la personalidad, todos somos distintos. Sonia, tú, yo y todo el mundo tenemos una personalidad diferente. Y tenemos que respetar esa personalidad, y entender esa personalidad. Y cuando entiendes esa personalidad, creo que se produce un vínculo entre las personas que las hace mucho más difícil de vencer. Aprendes a ganar y también aprendes a perder. Y es importante aprender a perder. Es parte de la vida. Es lo que hagas con eso lo que va a marcar la diferencia.

57:42

El deporte también me ha enseñado que, cuando algo te sale bien, es especial. Y eso es algo que siempre debes recordar cuando algo no te salga bien. Cuando tengas un mal día o una mala semana, no te dejes caer en esa negatividad. Recuerda cuando las cosas te salieron bien y por qué fue así. También el trabajo duro y todo lo demás. El deporte consiste en lecciones, lecciones de vida, sobre todo en un entorno de equipo. Es estupendo. Como capitán, la mayor lección que he aprendido del deporte es que es un privilegio. Es un privilegio absoluto ser el capitán del equipo. Y eso conlleva mucha responsabilidad. Y te tiene que gustar la presión. Te tiene que gustar la presión si estás en un entorno de equipo.

58:38
Inma. Hola, François. Mi nombre es Inma, un placer escucharte. ¿Podrías hablarnos de la magia de Madiba y cómo fue tu relación con él desde entonces?

58:51
François Pienaar. ¿La magia de Madiba? Es su aura. Desprende un aura. Tuvimos mucha suerte de pasar tiempo con Madiba, y hemos tenido conversaciones íntimas. Sí, Madiba tiene magia. Tengo un hijo que se llama Jean. Nació en Londres. Cuando tenía solo un par de días, suena el teléfono. No es Mary ni sus asistentes. Es Madiba. Llama para preguntarle a Nerine cómo está Jean. Yo pensaba que no era él. No podía ser él. Era él. Y luego, cuando hablamos, nos felicita por el nacimiento de Jean y me pregunta: «¿Puedo ser su padrino? ¿Te parece bien?». «¡Por supuesto!». Y le dio un nombre xhosa, Mkhokheli, que significa líder. Él se llama Nelson Rolihlahla Mandela, y en su cultura te ponen un nombre que es casi una premonición de lo que quieres que vaya a ser esa persona. Y Rolihlahla significa alborotador, irónicamente. Mkhokheli significa líder. Pero eso es lo que tiene Madiba. Él pasaba tiempo con todos, desprendía una gran aura y te escuchaba intensamente. No se limitaba a sonreír y saludar, como yo suelo decir, cuando dices hola, pero en realidad no te involucras. Una vez has tenido la suerte de conocer al señor Mandela, si les preguntas a la gente de todo el mundo, todos te dirán que tiene… un aura y que su presencia te hace sentir seguro e importante. Es algo muy especial.

1:00:38
María. Hola, François, soy María. Has sido capitán del equipo de rugby. ¿Te veías a ti mismo como líder anteriormente?

1:00:47
François Pienaar. María, he tenido suerte. Desde muy pequeño, he tenido la oportunidad de liderar equipos, en rugby y en críquet. Así que es algo que tuve la suerte de poder desarrollar. He tenido grandes entrenadores y grandes mentores. Es algo que me gusta. No me importa estar al frente. No me importa tomar decisiones difíciles. Porque también hay que hacerlo. El liderazgo no es sólo alegrías. A veces es difícil tomar decisiones. Porque, cuando lideras un partido de rugby, tenemos 80 minutos para ganar el partido. Nada más. Hay que tomar las decisiones correctas y hacer que el equipo trabaje de forma correcta en 80 minutos. Si no cambias las cosas cuando van mal, o si no das ánimos cuando van bien, después del pitido final, se acabó, no hay nada que puedas hacer al respecto. No me gusta cuando la gente se queja después del partido. Durante el partido tienes la oportunidad de intentar cambiarlo. El liderazgo es algo que me ha venido de forma natural. Estoy muy contento de que me haya acompañado desde que era un niño pequeño.

1:02:03
Roberto. Hola, François, soy Roberto. ¿Cuáles crees que son los valores, o los mejores valores, que un líder ha de tener? Y ¿qué mensajes les darías a los nuevos líderes?

1:02:13
François Pienaar. Roberto, creo que cualquiera puede ser líder. Eso es lo primero. La gente piensa que no puede liderar. Todos pueden liderar. Si hay algo con lo que no estás de acuerdo, o si quieres cambiar algo, simplemente puedes dar un paso adelante y hacer algo al respecto. Sin miedo. Y eso es lo que me gustaría decirles a los jóvenes: no tengáis miedo de dar un paso adelante, de levantar la mano, de decir: «Esto no me gusta». Esa es la dirección en la que tenemos que ir. Es muy importante que todos entiendan que el liderazgo no es solo ser capitán de un equipo de rugby. El liderazgo puede ser en tu comunidad, puede ser en tu escuela, puede ser en tu grupo de amigos. Yo siempre digo que… La gente habla de la presión de grupo de forma negativa. Hacen cosas por culpa de la presión de grupo. Pero vamos a yuxtaponer eso, vamos a pensar en ello de otra forma. La presión de grupo puede ser algo muy bueno, si te rodeas de los compañeros adecuados. Si te rodeas de gente que te aporte energía, vas a tener más energía. Si te rodeas de gente que te quite energía, vas a perder energía.

1:03:21

Hay muchas cosas que creo que deben estar presentes en el liderazgo. Pero creo que lo más importante es que necesitas tener un sueño, una visión. Por ejemplo, la juventud de hoy. Van a tener que trabajar duro. La COVID ha sido terrible, diría que sobre todo para los que tienen entre 17 y 21 años. Es una parte muy importante de su educación. Van a tardar bastante tiempo en poder recuperarse de ello. Trabajan muy duro, consiguen un ascenso, pasan a ser líderes de una organización. Esa será la oportunidad más importante para cambiar la vida de las personas, verlo como una oportunidad para dar energía, el lugar de absorberla. Y eso se consigue con un sueño. No se consigue con un plan. Siempre uso a Martin Luther King como ejemplo. No dijo: «Tengo un plan, que esta nación vivirá el significado de su credo». Dijo: «Tengo un sueño, que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad». Es poderoso. Los líderes trabajan con la esperanza. Lo aprendí de un empresario judío de Sudáfrica, una persona muy sabia y exitosa. Decía: «Los líderes trabajan con la esperanza». Es difícil liderar, pero también puede ser fácil. Solo tienes que tomar esa decisión y rodearte de los compañeros correctos, el grupo correcto. Si el grupo no es el correcto, déjalo, porque afectará tu vida de una forma que no te hará sentir orgulloso.

1:05:03
Pascual. Hola, François. Mi nombre es Pascual y es un honor estar aquí escuchándote. El lema de tu fundación es «Los líderes del mañana necesitan nuestro liderazgo hoy». ¿Qué quieren decir para ti estas palabras?

1:05:18
François Pienaar. Pascual, me alegro de poder responder esa pregunta. Probablemente lo mejor que haya hecho en mi vida es la Make A Difference Leadership Foundation. Es muy mandeliano. El 12 de diciembre de 1996, el señor Mandela nos invitó a ir a comer a mi mujer y a mí. Había leído en los periódicos que me marchaba de Sudáfrica para jugar al rugby en Inglaterra. Acababan de darme de baja del equipo. La primera vez en mi vida que me han rescindido, lo cual fue extraño. Pero ese es un tema para otro día. Me dijo: «No pasa nada, pero prométeme que algún día volverás y cambiarás las cosas». Así que fundé la Make A Difference Leadership Foundation en su honor. Liderazgo mandeliano y basado en los valores. Porque el liderazgo debe tener valores.

1:06:01

Y, como acabo de decir, todo el mundo puede ser un líder. Pero si no se basa en los valores, es peligroso. Y lo estamos viendo en el mundo de hoy, fijaos en lo que está ocurriendo en Ucrania. Hay gente a la que llaman líderes que no son líderes. El liderazgo tiene que estar basado en los valores. Y los líderes del mañana ya están aquí hoy, pero necesitan nuestra guía. Necesitan que los ayudemos, necesitan que los entendamos, que los entendamos de verdad. Porque piensan diferente y actúan diferente. La sociedad ha cambiado, y para mí eso es lo más importante. Solo éramos un grupo de amigos que íbamos a ayudar a uno o dos jóvenes. Ya hemos enviado a uno de nuestros líderes a Harvard, ahora es parte de la junta a cargo de más de 170 graduados, y tenemos más de 350 en el programa. Es la beca más intensa que puedes conseguir, en el sentido de que nos ocupamos de todo. Nuestros jóvenes líderes vienen de zonas muy pobres. Y no han tenido la oportunidad de volver y cambiar las cosas. Y en eso consiste el sueño. Una vez que te han dado la oportunidad, vuelve y cambia las cosas, y hazlo con valores.

1:07:16
Mujer. Hola, François. Muchas gracias por tu aportación hoy, está siendo muy interesante. A mí me gustaría saber, antes del mundial, estuvisteis con los Springboks llevando rugby y entrenando rugby en barrios marginales de Sudáfrica. ¿Cómo fue esa experiencia y en qué te cambió, si te cambió? Y ¿cómo fue, cómo lo viviste?

1:07:41
François Pienaar. Antes de nada, muchas gracias por llevar esa camiseta. Definitivamente me encantaría firmártela si quieres que lo haga. Sí, cuando estudiaba en la Universidad de Johannesburgo, los niños empezaban a jugar al rugby en los municipios, en Soweto. Y no me preguntes por qué, no puedo darte una razón exacta, pero yo quería ir a entrenarlos. Pero estos jóvenes no estaban jugando al rugby en absoluto. Como dije antes, estaban jugando al fútbol con un balón de rugby. Algunos amigos y yo íbamos conduciendo por Soweto, algo que la gente decía que era peligroso. Igual que entrar en las favelas es peligroso. No lo fue. Y las experiencias que vivimos al entrenar a esos niños fueron increíbles. Y al principio empiezas diciéndoles: «Nosotros somos de la familia», porque no éramos ricos. Pero luego te das cuenta de que en realidad sí que eres rico. Porque estos jóvenes viven en condiciones muy muy duras. La alegría que les dio el deporte cuando empezaron a hacer las cosas bien y las sonrisas en sus caras fueron cosas sencillamente increíbles. Y eso es lo que vivió mi equipo. Fue entonces cuando empezó a ir todo el equipo, no solo una o dos personas. El equipo entero empezó a ir y a entrenarlos, porque queríamos hacer algo por la comunidad. Una experiencia increíble. Soy muy afortunado de haberlo hecho.

1:09:06
Lidia. Hola, François. Soy Lidia. Me he quedado con una cosa que has dicho. Has dicho que, durante la primera semana de la competición, perdiste el sentimiento de líder. Y me gustaría saber cómo pudiste recuperar la confianza para seguir liderando al equipo y qué fue lo que te hizo levantarte y seguir liderando hasta el final de la competición.

1:09:30
François Pienaar. Lidia, esa no es una buena pregunta que hacer. Fue un mal momento para mí. Fue después del partido contra Canadá, cuando expulsaron a dos jugadores y perdí los papeles. Me cabreé muchísimo. Estaba sensible porque los sueños de dos de mis compañeros se habían hecho añicos. Y yo me porté mal. Salí con dos jugadores y volvimos muy tarde. Y el mánager nos esperó. Estaba enfadado. Le dije: «Pero si te he pedido permiso». Pero él dijo: «¡No para llegar a las cuatro de la mañana!». Sí, no me fue bien como líder ese fin de semana. Fueron mi entrenador y mi mánager los que… Bueno, me dejaron por libre. Y el jueves vinieron, y esto nunca lo olvidaré. Siempre que jugábamos un partido un jueves por la noche, mi entrenador y yo nos sentábamos y hablábamos del equipo. Recordad que éramos aficionados, entonces teníamos otro trabajo, el rugby no era profesional. Así que entrenabas por la mañana y luego ibas a trabajar. Perdí dinero jugando en la Copa Mundial en el 95 porque tuve que ausentarme del trabajo. Son habilidades distintas. En fin, nos sentamos el jueves y me dijo: «Capitán», él me llamaba «capi», «¿Están los motores en marcha? ¿Está bien el equipo?». Y yo le dije: «El motor se está sobrecalentando. Tenemos que enfriar el motor».

1:10:55

Y le dije algo como: «Lidia no está bien. No está bien esta semana. No ha estado entrenando bien». Porque podrías tener problemas en casa o en el trabajo. Y nuestro trabajo como un equipo de líderes debe ser que Lidia rinda bien en esos 80 minutos. Así que me sentó y me dijo: «¿Vamos a volver a poner el espectáculo en marcha?». Esas fueron sus palabras. Y a la mañana siguiente me disculpé, y fue una disculpa muy emotiva. Porque me había dado cuenta. Le dije: «Lo siento. Perdí los papeles. Fui un desastre». Me hicieron sentir más fuerte por eso. No fue una buena semana, pero al final salió bien.

1:11:33

Voy a compartir un poema que Madiba leía a menudo en la cárcel. Se llama «Invictus». «Desde la noche que me cubre, negra como el abismo de polo a polo, doy gracias a los dioses, sean los que sean, por mi alma invencible. En las garras de las circunstancias, no me estremecí ni rompí en llanto. Bajo los golpes del azar, mi cabeza está ensangrentada, pero erguida. Más allá de este lugar de ira y lágrimas, solo se asoma el horror de la sombra y, sin embargo, la amenaza de los años me hallará sin miedo. No importa cuán estrecha sea la puerta, cuán cargada de castigo esté el alma, yo soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma». Gracias.