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“Solo los buenos profesores pueden cambiar la vida de un estudiante”

Nuccio Ordine

“Solo los buenos profesores pueden cambiar la vida de un estudiante”

Nuccio Ordine

· Profesor y escritor

“Ninguna plataforma digital puede cambiar la vida de un estudiante, solo los buenos profesores pueden hacerlo”, sostiene el escritor y filósofo Nuccio Ordine. Para el humanista italiano, es fundamental no perder de vista la importancia de las relaciones humanas en este contexto y saber distinguir la emergencia de la normalidad: “¿Cómo podré leer un texto clásico sin mirar a los ojos a mis estudiantes, sin reconocer en sus rostros los gestos de desaprobación o de complicidad?” Y añade: “Estamos olvidando que sin la vida comunitaria, sin los rituales que regulan los encuentros entre profesores y alumnos en las aulas no puede haber ni transmisión del saber, ni formación auténtica”.

Para Ordine, “la literatura puede enseñarnos valores inmortales” y nos ofrece valiosos aprendizajes sobre las consecuencias de las enfermedades y pandemias: “Tal como nos recuerda Albert Camus, en tiempos de epidemias es más fácil entender que un mundo construido sobre la indiferencia, la injusticia social y las profundas desigualdades es un mundo sin futuro”.

Profesor de Literatura Italiana en la Universidad de Calabria, humanista, filósofo y escritor, Nuccio Ordine reivindica la construcción de una sociedad mejor a través de valores humanistas. Cuando era niño, en su pueblo no había escuela y en su casa no había libros. Sus padres no llegaron al instituto, pero él ha logrado convertirse en un referente mundial sobre literatura clásica. Su obra más conocida, ‘La utilidad de lo inútil’, ha sido traducida a más de veinte idiomas y obtuvo la consideración de Mejor Libro Humanista del año 2017.


Creando oportunidades

Nuccio Ordine

“Ninguna plataforma digital puede cambiar la vida de un estudiante, solo los buenos profesores pueden hacerlo”, sostiene el escritor y filósofo Nuccio Ordine. Para el humanista italiano, es fundamental no perder de vista la importancia de las relaciones humanas en este contexto y saber distinguir la emergencia de la normalidad: “¿Cómo podré leer un texto clásico sin mirar a los ojos a mis estudiantes, sin reconocer en sus rostros los gestos de desaprobación o de complicidad?” Y añade: “Estamos olvidando que sin la vida comunitaria, sin los rituales que regulan los encuentros entre profesores y alumnos en las aulas no puede haber ni transmisión del saber, ni formación auténtica”.

Para Ordine, “la literatura puede enseñarnos valores inmortales” y nos ofrece valiosos aprendizajes sobre las consecuencias de las enfermedades y pandemias: “Tal como nos recuerda Albert Camus, en tiempos de epidemias es más fácil entender que un mundo construido sobre la indiferencia, la injusticia social y las profundas desigualdades es un mundo sin futuro”.

Profesor de Literatura Italiana en la Universidad de Calabria, humanista, filósofo y escritor, Nuccio Ordine reivindica la construcción de una sociedad mejor a través de valores humanistas. Cuando era niño, en su pueblo no había escuela y en su casa no había libros. Sus padres no llegaron al instituto, pero él ha logrado convertirse en un referente mundial sobre literatura clásica. Su obra más conocida, ‘La utilidad de lo inútil’, ha sido traducida a más de veinte idiomas y obtuvo la consideración de Mejor Libro Humanista del año 2017.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:02
Nuccio Ordine. Hola, me llamo Nuccio Ordine, soy profesor en la Universidad de Calabria. Os hablo desde uno de los rincones favoritos de mi casa, rodeado de libros, en Rende, en el extremo sur de Italia. Me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones sobre algunos temas que me apasionan, que me preocupan, principalmente en estos tiempos que estamos viviendo. La educación, la literatura, el arte, la salud, el amor al bien común.

00:43

Quisiera dar una voz de alarma. Me inspiran terror los elogios que están propagando en estas semanas los cantores de lo virtual y de la enseñanza telemática. Ese es un peligroso caballo de Troya para mí, que, aprovechando la pandemia, trata astutamente de derribar los últimos baluartes de nuestra intimidad y de la enseñanza. No hablo, claro, de la situación de emergencia. Ahora es inevitable adaptarse a lo virtual para salvar el curso del desastre.

01:31

Me preocupan quienes consideran el coronavirus como una oportunidad para dar el tan esperado salto adelante. Afirman que ya no podremos volver a la educación tradicional, o que, a lo sumo, tenemos que imaginar una didáctica híbrida, con algunas clases en las aulas y otras a distancia.

02:02

Y mientras el entusiasmo de los partidarios de la didáctica del futuro se expande como una ola, yo siento la incomodidad del que vive en un mundo en el que ya no se reconoce. En medio de tantas incertidumbres, yo he madurado una certeza: el contacto con los alumnos en el aula es lo único que puede dar verdadero sentido a la enseñanza e incluso a la propia vida del docente. En 30 años de servicio nunca había imaginado clases, exámenes ni graduaciones a través de una fría pantalla. Por eso me da una pena terrible pensar en el riesgo de que en otoño haya que reanudar los cursos utilizando la didáctica digital.

03:07

¿Cómo podré arreglármelas sin los ritos que han dado vida y alegría a mi oficio desde hace decenios? ¿Cómo podré leer un texto clásico sin mirar a los ojos a mis estudiantes, sin reconocer en sus rostros los gestos de desaprobación o los gestos de complicidad? Las escuelas y las universidades, sin la presencia de alumnos y enseñantes, se volverían espacios vacíos, privados del soplo vital. Ninguna plataforma digital, tengo que subrayarlo, ninguna plataforma digital puede cambiar la vida de un estudiante. Solo los buenos profesores pueden hacerlo.

04:08

A los jóvenes ya no se les pide que estudien para mejorar, para hacer del conocimiento un instrumento de libertad, de crítica, de compromiso civil. No, no, a los jóvenes se les pide que estudien para aprender un oficio y ganar dinero. Se ha perdido, se ha perdido la idea de la escuela y la universidad como una comunidad en la que se forman los futuros ciudadanos que podrán ejercer su profesión con una fuerte convicción ética y un profundo sentido de la solidaridad humana y del bien común. Estamos olvidando que, sin la vida comunitaria, sin los rituales que regulan los encuentros entre profesores y alumnos en las aulas, no puede haber ni transmisión de saber ni formación auténtica.

05:21

Los estudiantes no son recipientes para ser llenados con nociones. Son seres humanos que necesitan, como los profesores, dialogar, interactuar y reconocerse en la experiencia vital de estar juntos para aprender. En estos meses de confinamiento estamos dándonos cuenta como nunca de que las relaciones humanas, no las virtuales, las reales, están transformándose cada vez más en un artículo de lujo. Lo profetizó Antoine de Saint-Exupéry, cuando dijo que no existe más que un verdadero lujo, el de las relaciones humanas.

06:19

Ahora podemos medir eficazmente la diferencia entre emergencia y normalidad. Si bien en la emergencia de la pandemia, encerrados en casa, las videollamadas, Facebook, WhatsApp y otros instrumentos análogos se convierten en la única forma de mantener vivas nuestras relaciones, cuando lleguen los días normales, esos mismos instrumentos pueden conducir a peligrosos espejismos.

07:00

No sería oportuno convertir la escuela en un sano momento de desintoxicación, tengo que subrayarlo, desintoxicación. No sería necesario hacer comprender a nuestros alumnos que un “Smartphone” puede ser utilísimo cuando lo usamos del modo apropiado, pero muy peligroso, en cambio, cuando nos utiliza él a nosotros, transformándonos en esclavos incapaces de rebelarse contra su tirano. No es la escuela o la universidad el lugar ideal para que los estudiantes sometan a debate si la amistad puede identificarse con un simple “click” en Facebook. ¿Contar con más de mil amigos en un perfil significa tener una visión profunda de la amistad y de las relaciones humanas en general? Tampoco conversar en las redes es lo mismo que cultivar afectos.

08:18

Una relación, para ser genuina, necesita lazos vivos, necesita lazos reales, necesita lazos físicos. Y lo mismo ocurre con los usuarios de las redes sociales, que creen que, encerrados en su habitación, pueden entablar relaciones a través de un ordenador. Detrás de la conexión permanente con los demás, lo que acaba por formarse es una nueva forma de terrible soledad. Sería inimaginable, claro, vivir sin internet o sin teléfonos, pero la tecnología, como un fármaco, puede curar o puede intoxicar. Depende de las dosis.

09:18

El New York Times ha publicado recientemente una serie de artículos en los cuales se informa de que el uso de los dispositivos de este tipo en Estados Unidos está disminuyendo en las familias ricas y aumentando en las pobres y de clase media. Las élites de Silicon Valley envían a sus hijos a colegios donde se da prioridad a las relaciones humanas más que a la tecnología. Por lo tanto, ¿qué futuro podemos imaginar? ¿Uno en el cual los hijos de los ricos tendrán buenos maestros y una instrucción en presencia de alta calidad que privilegia las relaciones humanas, mientras, mientras los hijos de las clases menos pudientes tendrán una educación estandarizada a través de canales telemáticos y virtuales?

10:39

Por eso, en tiempos de pandemia, deberíamos haber comprendido que no basta con reclamar el pan para alimentar el cuerpo, si no lo reclamamos también para alimentar el espíritu. ¿Por qué dejar los supermercados abiertos y, por el contrario, mantener las librerías cerradas? En 1931, cinco años antes de que fuera asesinado por las milicias franquistas, Federico García Lorca inauguraba una biblioteca en Fuente Vaqueros, su pueblo natal. Convencido de la importancia de la cultura para educar a los lectores en el amor hacia los demás, el gran poeta efectuó un conmovedor elogio de los libros. Me gustaría leerlo.

11:48

“No solo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales, que es lo que los pueblos piden a gritos. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede que de un hambriento, porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con una fruta. Pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios sufre una terrible agonía, porque son libros, libros, muchos libros, los que necesita. ¿Y dónde están esos libros? Libros, libros. He aquí una palabra mágica, que equivale a decir amor, amor, y que deberían los pueblos pedir como piden pan, o como anhelan la lluvia para sus sementeras”.

13:27

La literatura puede enseñarnos muchas cosas sobre las consecuencias de las enfermedades y de las pandemias. Estoy leyendo el segundo libro de la ‘Eneida’, que me ha hecho pensar en la situación que estamos viviendo, porque allí te encuentras con la escena de Eneas cargando a su padre Anquises sobre sus hombros. Es un gesto fundador, porque Eneas, con su papá y su hijo Ascanio, funda la civilización romana. Fundar una civilización significa que llevas a los ancestros sobre los hombros. ¿Qué vemos hoy en los medios del mundo? A los abuelos, a las personas de edad que mueren sin despedirse, lejos de los familiares, sin ceremonias de entierro. Es terrible.

14:41

La literatura te puede enseñar valores inmortales. ¿Por qué tenemos que estar toda la población confinada? Está demostrado que la mayoría de personas que fallecen son ancianos o personas enfermas. La respuesta es muy sencilla: porque tengo que defender la vida de las personas débiles. El futuro no se puede construir sin el pasado. No podemos construir el futuro sin los abuelos. Son muy importantes para nosotros. La literatura nos ayuda también a reflexionar sobre nuestras prioridades afectivas en tiempos de pandemia. En Italia, por ejemplo, el Gobierno ha decidido injustamente que podemos visitar solo a las personas con las cuales mantenemos lazos de sangre o jurídicos, pero no estamos autorizados a visitar a un amigo en su casa.

15:56

Los clásicos, en cambio, nos enseñan que la verdadera amistad constituye una forma de solidaridad absoluta y esencial, hasta el punto de poner la propia vida al servicio del otro. En la épica, por ejemplo, solo para recordar algunos casos célebres, las parejas representadas por Aquiles y Patroclo, ‘Ilíada’, Euríalo y Niso, ‘Eneida’, Cloridano y Medoro, ‘Orlando Furioso’, además de expresar el coraje del guerrero, exaltan la generosidad de quien no teme desafiar a la muerte para defender al amigo o para vengar su muerte.

16:52

Michel de Montaigne, en algunas páginas maravillosas de sus ensayos, nos recuerda que a veces la amistad, en cuanto elección libre del otro, crea lazos incluso más fuertes que aquellos que nos unen a un hermano o a la persona de la que nos hemos enamorado. Me gustaría leer una de las más bellas definiciones del misterio de la amistad que nos ofrece Montaigne. Bueno, utilizo la espléndida traducción de mi querido amigo y colega Jordi Bayod.

17:44

“En la amistad de que yo hablo, nuestras almas se mezclan y confunden entre sí con una mixtura tan completa que borran y no vuelven a encontrar ya la costura que las ha unido. Si me instan a decir por qué le quería, siento que no puede expresarse más que respondiendo: porque era él, porque era yo. Hay, más allá de todo mi discurso y de cuanto pueda decir de modo particular, no sé qué fuerza inexplicable y fatal mediadora de esta unión”.

18:40

Pero la lección más importante que nos enseña la literatura es que debemos luchar contra el olvido. Solo mejoraremos si somos capaces de recordar las cosas que estamos aprendiendo, sobre todo desde el punto de vista humano. Muchas veces en el pasado no hemos sabido aprender de la experiencia. En tiempos de epidemias, nos recuerda Albert Camus, es más fácil entender que un mundo construido sobre la indiferencia, la injusticia social y las profundas desigualdades es un mundo sin futuro. Me gusta subrayarlo, un mundo sin futuro.

19:42

Pienso en las profundas palabras de Milan Kundera en una novela maravillosa: “La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”. La literatura y el conocimiento son instrumentos esenciales para mantener viva la lucha de la memoria contra el nefasto poder del olvido. Hace semanas leemos y escuchamos esta frase: “Ya nada será igual que antes”. Si esta crisis la pagan una vez más los pobres, los más débiles, los que sufren, los que no tienen voz, todo será igual, o incluso peor que antes.