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¿Qué nos aporta estar juntos?

David Pastor Vico

¿Qué nos aporta estar juntos?

David Pastor Vico

· Filósofo y profesor

Como sus homólogos de la antigua Grecia, David Pastor Vico es un filósofo totalmente inmerso en la sociedad de su tiempo. Ha cambiado la túnica por el look metalero y le preocupan cuestiones como las redes sociales, la pérdida de confianza interpersonal o el individualismo. Actualmente es profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México. Provocador, didáctico y divertido, este sevillano se ha propuesto “despojar a la filosofía del rostro erudito y elevado”. Y lo consigue. En el país azteca, donde reside hace más de un lustro, es el ídolo Vico. Fenómeno mediático, que abarrota pabellones gracias a su manera sencilla de exponer la filosofía.

En ‘Filosofía para desconfiados’, su último libro, utiliza el humor satírico y la cotidianidad para analizar la sociedad y fomentar el pensamiento crítico. “¿Conoces el nombre de los hijos de tus vecinos?”, pregunta. Y advierte: “La desconfianza es el rasgo principal de una sociedad profundamente individualista”.

La soledad, la felicidad, la falta de juego en los niños o las nuevas tecnologías son, para Vico, asuntos sobre los que reflexionar. “En los niños, el juego permite la consecución de habilidades sociales y hemos delegado la educación a la tecnología. Antes socializábamos en un parque y eso ya no sucede”, asegura. Y reclama a los clásicos sin ornamentos: “Aristóteles nos dirá que no hay posibilidad de felicidad sin amigos”.

Este amante de la sabiduría, propone la necesidad de un cambio: “hacia una ética basada en la confianza entre las personas, la responsabilidad y la concepción del animal humano como un todo con la sociedad y no como individuo solitario, egoísta y fácilmente manipulable”. Sus observaciones combinan la clarividencia del erudito y la contundencia del metal.


Creando oportunidades

David Pastor Vico

Como sus homólogos de la antigua Grecia, David Pastor Vico es un filósofo totalmente inmerso en la sociedad de su tiempo. Ha cambiado la túnica por el look metalero y le preocupan cuestiones como las redes sociales, la pérdida de confianza interpersonal o el individualismo. Actualmente es profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México. Provocador, didáctico y divertido, este sevillano se ha propuesto “despojar a la filosofía del rostro erudito y elevado”. Y lo consigue. En el país azteca, donde reside hace más de un lustro, es el ídolo Vico. Fenómeno mediático, que abarrota pabellones gracias a su manera sencilla de exponer la filosofía.

En ‘Filosofía para desconfiados’, su último libro, utiliza el humor satírico y la cotidianidad para analizar la sociedad y fomentar el pensamiento crítico. “¿Conoces el nombre de los hijos de tus vecinos?”, pregunta. Y advierte: “La desconfianza es el rasgo principal de una sociedad profundamente individualista”.

La soledad, la felicidad, la falta de juego en los niños o las nuevas tecnologías son, para Vico, asuntos sobre los que reflexionar. “En los niños, el juego permite la consecución de habilidades sociales y hemos delegado la educación a la tecnología. Antes socializábamos en un parque y eso ya no sucede”, asegura. Y reclama a los clásicos sin ornamentos: “Aristóteles nos dirá que no hay posibilidad de felicidad sin amigos”.

Este amante de la sabiduría, propone la necesidad de un cambio: “hacia una ética basada en la confianza entre las personas, la responsabilidad y la concepción del animal humano como un todo con la sociedad y no como individuo solitario, egoísta y fácilmente manipulable”. Sus observaciones combinan la clarividencia del erudito y la contundencia del metal.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:04
Marilé Pretel. Hola, Vico. Mi nombre es Marilé Pretel, soy profesora universitaria y encantada de tener esta oportunidad de charlar contigo hoy. Sé que en uno de tus libros nos hablas de la confianza como un tema que nos diferencia a los seres humanos de los animales. Quería que me contaras un poco en qué consiste la confianza como la explicas tú.

00:26
David Pastor Vico. Pues Marilé, encantado de estar contigo, con una colega universitaria. Cuando hablamos sobre confianza y sobre todo en filosofía, realmente no sabemos bien a qué nos estamos refiriendo, simplemente porque no se ha trabajado, no ha sido un concepto trabajado en los últimos dos mil quinientos años de historia de la filosofía. Sin embargo, a poco que uno investiga y clava los dedos, se da cuenta de que la definición de confianza, o la mejor definición de confianza, es aquella que redunda en saber que el otro hará lo que debe hacer o lo que se espera que haga. Y eso es increíble, porque en ese momento estamos generando la figura del otro, del que tengo enfrente, le estamos dando un criterio de certeza, está ahí, y además lo estamos dotando de responsabilidad, porque hacer lo que se espera que uno haga es asumir su responsabilidad en el hacer, de tal manera que la confianza inmediatamente, si la definimos de esta forma, nos permite tener una base maravillosa para un desarrollo ético. O sea, para el desarrollo de los seres humanos entre ellos, porque los seres humanos nos desarrollamos, nos desenvolvemos, en un plano ético. La moral será una imposición vertical, mientras que la ética es una disposición horizontal. Así que, si queremos hacer caso a Aristóteles, que nos dice que el hombre es un animal político, o sea que el hombre es un animal social, necesitamos encontrar esa argamasa social que nos une el uno al otro, y de repente aparece la confianza. Y cuando hablamos de confianza y de animales políticos, de animales humanos, entonces tenemos que darnos cuenta de que tú y yo constantemente estamos haciendo ejercicios de confianza para poder sobrevivir. Cada vez que nos montamos en un autobús, cada vez que vamos al médico, cada vez que vamos a un restaurante, estamos dando por hecho que esa persona va a hacer lo que se espera que haga: que el chofer te lleve de ave, que el médico te diagnostique correctamente, que el cocinero no te envenene… Bueno, dependiendo del país en el que estés te puede envenenar más o menos, pero básicamente uno está haciendo desarrollo de confianza de una manera inconsciente, porque hemos aprendido a hacer eso: cuando tenemos niños los llevamos a la escuela, confiando en que en la escuela le van a dar no solo la formación, sino que además estarán seguros. Es necesario para el ser humano tener todas estas redes de confianza. El problema es cuando la confianza se convierte en confianza activa. O sea, cuando tú te planteas seriamente: “¿Puedo confiar en esta persona?”. Ahí es donde empezamos a tener algunos problemas y ahí es donde empezamos a hacer aguas socialmente y creo que es el tema que nos trae hoy para que charlemos: ¿qué es lo que está sucediendo en la sociedad con respecto a la confianza?

02:56
Marilé Pretel. Precisamente esa unión que haces de confianza… si lo trasladamos a confiar en los jóvenes, a los alumnos que tú y yo podemos tener en la universidad, sabes que muchas veces surge la crítica de si estos alumnos, la gente joven tiene valores, qué valores están teniendo, y como que hay una falta de valores. Personalmente no creo en eso y creo que de todo el espectro que tenemos muchas veces sentados en las aulas hay de todo, pero precisamente yo sí confío en que hay determinada gente, hay alumnos que sí que tienen valores y que son luchadores. En este sentido, ¿qué me puedes decir?

03:34
David Pastor Vico. Pues mira, yo creo, no lo creo yo, pero es algo que la literatura universal nos ha puesto encima de la mesa. Diría Carmen Iglesias, la gran historiadora, que la primera vez que se habla sobre la pérdida de valores en la juventud se da en unas tablas hititas de hace tres mil quinientos años. Imagínate si hace tres mil quinientos años unos señores de Medio Oriente decían: “Los jóvenes están perdiendo los valores”, ¿qué podemos creer o confiar en esa expresión hoy en día? En todos los desarrollos literarios e históricos siempre ha habido quien dice: “Los jóvenes están perdiendo los valores”, y hoy en día lo estamos diciendo. El problema es que hay valores que son intrínsecos a la juventud. Por ejemplo, Platón nos dirá que el amor, en ‘El banquete’, el amor es una cuestión de juventud, es algo intrínseco a la juventud. Aristóteles nos dirá un desarrollo del amor, del eros, que es la amistad. La amistad es un valor constitutivo de la juventud y en nuestros jóvenes, cuando damos clase, lo vemos diariamente. Lo que pasa es que nosotros como adultos nos hemos olvidado y hemos sacrificado la amistad en pro de muchas cosas. Hemos sacrificado la amistad en pro de sacar adelante una familia, en pro de una carrera profesional, en pro de muchas cosas que han ido desplazando a la amistad. Sin embargo, a medida que desplazamos a la amistad vamos teniendo que suplirla y si tuviéramos amigos, decía el otro día con unos amigos, pues a lo mejor el psicólogo estaría más lejos de nosotros, el psiquiatra estaría más lejos de nosotros… Y tenemos que suplirlo, porque esa necesidad de emotividad, esa necesidad de volcarnos en el otro… Decía Aristóteles que un amigo es el que comparte alma y corazón contigo, es una las frase más maravillosas que puede tener. Sin embargo, nuestros jóvenes tienen esos valores y los tendrán siempre porque es un valor intrínseco a la juventud. Nosotros somos los que, viendo como ellos hacen las cosas de manera diferente y comparando su acción con la nuestra, con lo que nosotros hubiéramos hecho con su edad, empezamos a decir que eso no corresponde a nuestra escala de valores. Esto no es cierto, los valores no son inmutables. Nietzsche nos diría que los valores se transvaloran, y te pongo un ejemplo muy fácil de entender: hace trescientos años, o peor aún, nos vamos a quinientos años, Garcilaso de la Vega, el gran poeta, se lanzó sin peto y sin armadura a mitad de una batalla y todo el mundo estaba aplaudiendo su valentía, su bizarría, porque esa temeridad era un valor en aquella época. Hoy en día sales a la calle en una motocicleta sin casco y te van a multar porque eres un temerario y porque eso no es un valor. Antes era un valor, hoy no es un valor. Los valores van cambiando. Si queremos que los valores no cambien, es un problema. Y volviendo los adultos y a los jóvenes, cuando constantemente decimos: “Los jóvenes están perdiendo los valores”, en el fondo es que los jóvenes no están respetando lo que eran valores en nuestra juventud, de tal manera que ese pensamiento, si te fijas, es inmovilista. Ese pensamiento es reaccionario, es un pensamiento clavado en un tiempo que queremos que permanezca, simplemente porque tenemos la sensación de que lo nuestro, es el sesgo de confirmación del ser humano, de que lo nuestro es lo válido y lo que están haciendo ellos no es válido. Sin embargo, eso no quita al gran problema de la confianza, porque la confianza no entra dentro del ámbito de los valores, sino de las acciones. Es una emoción, es un sentimiento. Y entonces, cuando hablamos de la confianza de los jóvenes y de los adultos, yo me llevo las manos a la cabeza. ¿Por qué? Bueno, pues ahora mismo, por ejemplo, en Estados Unidos aproximadamente el treinta por ciento de la población adulta dice que sí se puede confiar en los demás. Esto es el índice de confianza interpersonal. En España estamos rondando el cuarenta por ciento de confianza interpersonal. En México, donde trabajo, donde vivo, donde me desarrollo académicamente, es el catorce por ciento. Solo el catorce por ciento de la población dice que se puede confiar en los demás.

07:06

Sin embargo, y ahí viene el dato, para que empecemos a pensar sobre eso, en Estados Unidos, George Morgan, un sociólogo, nos dice: “Sí, uno de cada tres estadounidenses dice que se puede confiar en los demás. Pero ojo, sólo uno de cada cinco jóvenes estadounidenses dice que se puede confiar en los demás”. La juventud, los jóvenes estadounidenses, y entiendo que de casi todo el mundo, están perdiendo esa capacidad de confiar en los demás, de confiar en el otro. El índice de confianza interpersonal es la respuesta a una sola pregunta, es la respuesta a: “¿Crees que se puede confiar en los demás?”. Es un riesgo, porque ¿quién es el demás? ¿Quién es el otro? Podemos confiar en el que vemos como igual, pero ¿el otro?

07:49
Marilé Pretel . No sé si de alguna manera está influyendo el cambio del paradigma de cómo se relacionan ellos, todos, pero sobre todo ellos, que la revolución tecnológica lo que ha hecho ha sido un planteamiento de cómo se están conectando ellos y cómo de pronto aparece la amistad, pero ese punto tecnológico está dando lugar a que… ¿están más solos o es todo lo contrario? Porque parece que tener un gran número de amigos en una red social hace que aparentemente no estés tan solo.

08:18
David Pastor Vico. Claro, verás, el tema es muy amplio, voy a intentar acotarlo un poquito. El problema de las redes sociales, la cuestión de las redes sociales es que es una herramienta que ha venido para quedarse. Tenemos que aceptarlo todo, pero ellos están jugando, las redes sociales, están jugando un rol muy interesante, el saber que los jóvenes necesitan tener amigos y mostrar a los compañeros de redes sociales como amigos. Hace poco discutía con un compañero, diciendo: “A ver, imagínate que vas a la calle y que vas a comprar el pan y la persona que te va a vender el pan antes de que tú le compres el pan te dice: ‘¿Cómo te llamas?’, tu nombre completo, ¿dónde vives? ¿Dónde has estudiado la primaria? ¿Dónde has estudiado la secundaria? ¿Dónde has estudiado bachillerato? ¿Qué carrera has estudiado? ¿Tienes algún familiar en la zona, cercano, para que yo pueda identificarlo?”. A ti te preguntan eso antes de comprar el pan y tú sales corriendo a la policía. Sales a la policía, sin embargo, eso es lo mínimo que te piden cada vez que abres un perfil en una red social. ¿Por qué? Porque justifican todo esto por tu seguridad, que es una majadería y, sobre todo, para decirte que vas a poder encontrar a tus amigos, o sea, utilizan una palabra fortísima, una palabra que tiene una relevancia brutal, en el ser humano…

09:30
Marilé Pretel. Para ellos sobre todo, claro.

09:32
David Pastor Vico. …para poderte enganchar y pertenecer. Ahora, el problema de las redes sociales como tal no es lo que los jóvenes estén haciendo, sino cómo han llegado a ellas, por qué han llegado a ellas. Por qué esta situación de desconfianza y por qué las redes sociales. Y ese es un tema mucho más profundo. Verás, si yo te pregunto: “¿Crees que se puede confiar en los demás?”, me dirás sí o no, pero si yo te hago la pregunta un poquito más refinada y te digo: “¿Conoces el nombre de los hijos de tus vecinos y a qué se dedican laboralmente los padres de esos hijos?”, la respuesta va a ser la misma que a la pregunta de la confianza. Eso significa que si no conoces el nombre de los hijos de tu vecino, ¿tus hijos con quién han jugado? Si no conoces a qué se dedican los padres de esos hijos, significa que no tienes ningún contacto con ellos, de tal manera que en una sociedad como la mexicana o como la estadounidense, cuando estamos hablando de un treinta o un catorce por ciento de confianza interpersonal, significa que realmente en esa sociedad los niños no juegan, o no han jugado con los vecinos, que es el ámbito inmediato de relación de juego, no la escuela. La escuela es un sitio donde vas, te desarrollas, tienes media hora de recreo, tienes asignaturas como Educación Física, pero después sales corriendo, vuelves a tu casa y comes, sales a la calle y juegas. Esto ya no está pasando, esto lo hemos roto, esto se ha roto. Y esto es obvio, y es tan obvio que en el caso mexicano, perdón que vuelva al país donde vivo…

10:52
Marilé Pretel. A casa, sí.

10:52
David Pastor Vico. En el caso mexicano, los niños no solo no juegan, sino que además, al no jugar no se mueven. Así que en los últimos diez años ha aumentado la obesidad infantil. Es el país del mundo con mayor índice de obesidad infantil. El treinta y uno punto cuatro por ciento de los niños mexicanos son gordos, sufren de obesidad. O sea, es un dato bestial y de ese treinta y uno punto cuatro, el treinta por ciento ya son prediabéticos. Los niños no están jugando y no jugar no es que sea algo baladí, no jugar implica muchísimas cosas. Ya Platón nos diría: “Observa a los niños jugando. Y, de hecho, no solo obsérvalos, sino que no lo fuerces, porque el juego sale de una manera natural en los niños, ellos ordenarán su juego de una manera natural. Y obsérvalos bien, porque podrás identificar a qué se podrán dedicar el día de mañana”. ¡Qué cosa más maravillosa! Si juegas, te mueves, te activas. Somos animales, necesitamos activarnos, necesitamos movernos, si no, ya ves lo que está pasando en México. Y no solo necesitamos activarnos, sino que además si jugamos no jugamos solos, porque tenemos que jugar con otros. Decía la Bola de cristal, acuérdate de aquel programa de Lolo Rico, decía: “Solo no puedes, con amigos sí”. Un niño que intentaba jugar al fútbol solo y que iba corriendo de un sitio a otro de la cancha, solo no puedes, con amigos sí. Te relacionas con otros y cuando juegas, al moverte, empiezas a desarrollar tus habilidades psicomotrices. Las habilidades psicomotrices son intrínsecas al desarrollo de las capacidades de aprendizaje. Un niño que no desarrolla su psicomotricidad es un niño que tiene problemas de aprendizaje.

12:24

Un niño que no sabe escribir correctamente, o no lee correctamente, no puede expresarse ni demostrar sus conocimientos. Pero además, el hecho de estar jugando con los demás nos obliga a relacionarnos con ellos, o sea, a desarrollar esas habilidades sociales que para Aristóteles serían absolutamente normales, porque el hombre es un animal político. Sin embargo, cuidado, Aristóteles nos dirá: “Sí, sí, esas habilidades están ahí en potencia, pero tenemos que actualizarlas, tenemos que desarrollarlas”. Todos tenemos la capacidad, cuando somos bebés, de ser empáticos. A un año de edad, el Instituto Max Planck, en Alemania, demostró que a un año de edad, la disposición de un bebé humano de ayudar a una persona en peligro, a una persona que tiene necesidades, es absoluta. El niño no sabe ni siquiera hablar, ya anda y es capaz de intentar ayudarle, de abrir una puerta, de sujetarle algo, de darle algo. Es increíble, con un año de edad. Tenemos esa capacidad empática, sí, pero la podemos perder. ¿Y cómo la perdemos? No jugando. Si jugamos, desarrollamos todas esas capacidades, si jugamos somos capaces de abrir ese abanico de habilidades sociales. Cuando empezamos a recortarlos con la falta de juego, nos encontramos adolescentes a los que les cuesta trabajo sostener la mirada como estamos haciendo tú y yo ahora, a los que les cuesta mucho trabajo expresar sus sentimientos, a los que les cuesta trabajo acercarse al otro, empatizar con el dolor del otro. Y muchísimos problemas desarrollados con eso, como por ejemplo la soledad, la depresión, el estrés, la ansiedad. Y de repente aparecen las redes sociales. Y las redes sociales te dicen: “No tienes amigos, no sabes hacerlos, no tienes esa capacidad, no juegas, no tienes tiempo, no te has podido relacionar en tu infancia, no te preocupes, aquí los vas a tener. Nosotros vamos a encontrar a tus amigos”, y de repente es miel sobre hojuelas. sobre todo cuando resulta que hace muy poco tiempo la Universidad de California, en Los Ángeles, sacó un estudio demoledor y decía que un “like” en las redes sociales, supone al cerebro del adolescente o de la persona que ha entrado perfectamente en las redes sociales y forma parte de su mundo, lo mismo que comer chocolate o que ganar dinero, sabiendo tú y yo que comer chocolate es un sustituto del sexo. Entonces, imagínate…

14:50
Marilé Pretel. Lo que supone.

14:33
David Pastor Vico. …lo que estamos hablando. Entonces, nuestros jóvenes han cambiado su ámbito de socialización porque de una manera u otra, los adultos también los hemos obligado a ello. Los adultos somos los padres, los padres somos los que nos ha dado miedo que el niño juegue en la calle, no vaya a ser que al niño le pase algo.

¿Qué nos aporta estar juntos? - David Pastor Vico
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"Hay que proteger el mundo de los niños, su tiempo de juego es sagrado"

David Pastor Vico

14:49
Marilé Pretel. Pues precisamente en ese contexto, esa tecnología ha hecho que haya mucho individualismo a la hora de relacionarse. Y claro, lo que haces es que pierdes tus habilidades sociales, ¿no? Si no haces… en ese contexto. Entonces ¿qué hay que hacer para que esos niños desarrollen esas habilidades y no pierdan esto?

15:10
David Pastor Vico. La pregunta es la pregunta del millón y es muy sencilla. Te lo pongo muy, muy fácil y no te lo voy a personalizar a ti, vamos a hacerlo extensivo. Los que nos están escuchando que tengan más de cuarenta años, por poner cuarenta años como una edad noble. Con cuarenta años ya somos nobles, con cuarenta años tenemos experiencia. Los que tenemos más de cuarenta años recordamos perfectamente el nombre de los niños con los que jugábamos cuando éramos chicos. Los que tenemos más de cuarenta años recordamos el nombre de los padres de los niños con los que jugábamos cuando éramos chicos. Los que tenemos más de cuarenta años somos conscientes de que muchas veces los padres de esos amigos nuestros no le caían bien a nuestros padres, esto era normal y sin embargo, en el mundo de los niños los adultos no se metían y tus padres y los míos no nos impidieron nunca jugar con uno o con otro, cosa que ahora, en ese ámbito de la sobreprotección, no lo permitimos. ¿Sobreprotección por qué? Porque estimamos que nuestro hijo, como no confiamos en los demás, no confiar en los demás es no conocer la realidad de los demás y creer que la nuestra, por el sesgo de confirmación, es mejor que la de los demás, nuestro hijo es entonces mejor que el de los demás. Así que nuestro hijo no tiene por qué juntarse con el hijo del vecino porque es muy vulgar, porque el hijo del vecino, bueno, no le llega a mi hijo ni a la suela de los zapatos. Pero, sin embargo, la solución está en volver a recuperar la forma tradicional, y cuando hablo de tradicional, que no me vengan ahora los golpes de pecho sobre las cuestiones del tradicionalismo. No, tradicional de los últimos doscientos mil años de evolución del ser humano. Y no es más que: los niños tienen un mundo de niños y hay que protegerlo. El tiempo de juego de los niños es sagrado y los padres no se meten ahí. Y si tienes miedo de que tu hijo corra peligro jugando en la calle, bueno, pues haz lo que hacían nuestros padres cuando llovía, abre la puerta de tu casa para que entren.

16:52
Marilé Pretel. Para que estén allí.

16:55
David Pastor Vico. Claro, para que entren los niños a jugar a tu casa. Y en ese momento llega el egoísmo del adulto, porque no solo su hijo es el mejor, sino que además su vida, su vida…, es muy valiosa, su intimidad es muy valiosa y su tiempo es muy valioso: “¿En mi casa? ¿En mi casa van a venir los hijos de los demás? ¿Por qué? No, no, si a mi hijo yo le doy una tablet y está entretenidísimo y además puede jugar por Internet con su amigo de Corea del Norte”. Claro, podrá jugar con su amigo de Corea, bueno, del Norte, quizás no, pero podrá jugar con el de Corea. El único problema es que no va a saber qué siente, no va a saber cuáles son sus problemas, no va a tener ese contacto de piel, no van a compartir espacio, no van a compartir un bocadillo, no van a compartir nada, van a compartir unos minutos jugando a determinado juego en línea y se acabó. Entonces, claro, verás, es que ser padre, y tú lo sabes muy bien, implica un sacrificio.

17:46
Marilé Pretel. Totalmente.

17:48
David Pastor Vico. Y el sacrificio es el precio que ahora ya no queremos pagar, porque entendemos que nuestra vida tiene un valor superlativo y que en ningún momento… ¿por qué tengo yo que sacrificarme? Que se sacrifique el padre del hijo del vecino. Entonces, claro, si nos empezamos a pasar la pelota, pues mal vamos. Porque al final nuestro hijo está en la misma situación.

18:05
Marilé Pretel. Efectivamente. También entendía esa sobreprotección, si la miras desde el ángulo de, eso: “No quiero que juegue en la calle, prefiero que esté en casa y que esté con la tablet”, o cuando llegan a ser adolescentes el querer controlar mucho, cómo mides ese control con ellos, porque de pronto lo estás aislando, de alguna manera te quejas de que juegan mucho, pero al mismo tiempo es la protección de tenerlos ahí bajo cobijo y no vivir la vida.

18:32
David Pastor Vico. Es que del control al tamaño, a la longitud de la correa con la que lo tienes atado, hay un paso muy débil. En nuestra época, volvemos nuevamente a las historias del abuelo cebolleta, pero en nuestra época, llegado el paso de la primaria a la secundaria o de lo que era la EGB al BUP, era el momento en el que te lanzaban a la vida. Te daban los papeles con catorce años y tú decías: “Oye, pero ayúdame a rellenar esto”, “No, no, rellénalo tú, hazlo tú”. Ahora mismo estamos viendo en la universidad, y tú lo ves igual que yo, padres que acompañan a sus hijos a la universidad y padres que te dicen: “Oiga, usted reprobó o suspendió a mi hijo o a mi hija”, pero… su hijo es grande como un trinquete, ¿por qué viene usted aquí? Bueno, pues resulta que hemos pasado de esa sobreprotección a convertirnos casi en abogados de nuestros hijos y luchar por las carreras de nuestros hijos, cuando muchas veces los estamos amargando, los estamos anulando. Es muy duro. Me viene una anécdota maravillosa sobre el sentido de la capacidad sacrificial, algo que los padres no entenderán y como estamos dos profes aquí lo vamos a soltar para que se lo lleven puesto. Ese padre que viene y te dice: “Es que mi hijo tiene que haber aprobado, porque estudió mucho”. Tú dices: “¿De verdad estudió mucho?”, y te dice: “Sí, sí, es que estudió mucho”. Entonces que no se le da bien, porque si su hijo estudió mucho y sacó una porquería de calificación, su hijo no se merece aprobar. “No, pero es que estudió mucho”, mire usted, la cantidad de sacrificio no tiene nada que ver con la capacidad de demostración del conocimiento. “No, no, pero es que como echó muchas horas… Pobrecito mío”. Entonces, bueno, hay un momento en el que hay que cortar ese nexo y que vuelen. Tenemos un problema y es que, sobre todo, estamos en una sociedad que lo cuantifica todo. No es una cuestión cualitativa, es una cuestión cuantitativa. “¿Cuántas horas has estudiado?”, “18 horas, papá”. Ah, suficiente. No, no, ¿te ha cundido lo que has estudiado? ¿Has entendido lo que has estudiado? ¿Tienes dudas sobre lo que has estudiado?

20:27

Pero claro, si tiene dudas, si le ha cundido, si es suficiente. Eso solo lo va a dar el contraste, eso solo lo va a dar el diálogo con el otro, con su otro compañero de escuela, con el profesor, con el otro siempre. Pero si es que están solos. Es que están solos. Es que nuestros jóvenes cada vez están más solos, y la soledad y la depresión van de la mano. Y la Organización Mundial de la Salud ya lo ha dicho: la depresión es la enfermedad del siglo XXI. Cinco de cada cien personas en el mundo van a sufrir de depresión. Y de ese cinco por ciento, el cinco por ciento del cien por cien de depresivos del mundo se suicida. Cuidado, estamos en una ola de suicidios, estamos en una ola de depresión y esto no va a parar. Te voy a dar un dato de los de pararse a pensar…

21:11
Marilé Pretel. De los duros.

21:12
David Pastor Vico. …de los duros, de los de persona mayor. Desde el año setenta y nueve, final de esa generación X, de inicios de las siguientes generaciones, del año setenta y nueve al año 2010, solo en la Ciudad de México han aumentado los suicidios juveniles un doscientos setenta y nueve por ciento. Doscientos setenta y nueve por ciento, cifra oficial de la Secretaría de Salud Pública de la Ciudad de México. Estamos ahora mismo en un drama. En Argentina ahora mismo el suicidio juvenil es la primera causa de muerte entre los jóvenes, ya no los accidentes, ya no las enfermedades, y no estamos prestando atención a esto y nos está golpeando constantemente.

21:53
Marilé Pretel. Eso me parece lo más duro.

21:55
David Pastor Vico. Pues abramos los ojos. Es que nuestros jóvenes están profundamente solos y las redes sociales no han venido a subsanar esto. Por una razón: todas las redes sociales, todas, me digas las que me digas, son privadas. Todas las redes sociales cotizan en NASDAQ, en la bolsa de valores electrónicos más importante del mundo. Una red social no es un parque público donde yo me encuentre con mis amigos y no hay ningún coste. Una red social tiene un coste, y el coste de la red social es volcar tu intimidad, volcar tu información. Y además te tienen abstraído, te tienen enganchado el máximo número de horas posible. En México, ahora mismo los jóvenes mexicanos están pasando más de ocho horas y un minuto al día en sus redes sociales, y hubo un informe de la UNESCO, que reconoce que los jóvenes de entre catorce y dieciocho años en Latinoamérica pasan veinticuatro horas al día con el teléfono conectado. Duermen con el teléfono conectado, que es el camino inmediato. De esas ocho horas y un minuto, más del noventa por ciento es en redes sociales. Cuidado, esto tiene un coste altísimo. La red social no es un sitio para hacer amigos, es un sitio de mercadeo, es un sitio de negocio. De hecho, están los “community manager”.

23:03
Marilé Pretel. Es un negocio, efectivamente, porque son empresas.

23:07
David Pastor Vico. Pues es un monopolio de la red social y que además que lo que pretende es que estés el máximo tiempo posible conectado a ella para consumir, para volcar información. Realmente, si no volcáramos ninguna información en la red social, sería una página vacía de texto. Nosotros somos los que lo estamos nutriendo y nosotros somos los que nos estamos poniendo el pie en el cuello. Tengamos mucho cuidado con eso. Lo que hay que entender es que las redes sociales han venido para quedarse. Las redes sociales son una herramienta, no es más que eso. ¿Tiene cosas positivas? Muchísimas cosas positivas. Podemos reunirnos, podemos encontrar el espacio, podemos compartir cosas, eso es obvio, pero no podremos sustituir nunca un paseo por el parque por un encuentro en un chat virtual. Eso no lo vamos a poder sustituir. Lo que sí vamos a poder hacer, y creo que para eso es muy útil, es decir: “Oye, ¿cuándo nos vemos? ¿A qué hora, dónde, qué traemos, qué película vamos a ver?”. Eso lo podemos hacer. Nos permite estar absolutamente conectados con los amigos de manera inmediata. Hay una reflexión que creo que es medianamente acertada, no por mía, sino porque se adapta. Digo algo así como que las redes, en mi último libro, las redes sociales permiten que las personas que estén muy lejos se acerquen, pero también hacen que las personas que estén muy cerca se alejen. Y esto es motivo de reflexión. Las herramientas siempre son positivas cuando se les da el uso que se les debe dar. El problema es: ¿hemos descubierto cuál es el uso que se les debe dar? ¿Estamos los profesores preparados para enseñar desde primaria el uso de las redes sociales? Porque han venido para quedarse, esto es una realidad, pero tenemos que ponernos las pilas, sobre todo los filósofos, que todavía estamos hablando sobre la guerra del Vietnam, tenemos que ponernos los filósofos las pilas…

24:51
Marilé Pretel. Y hablar de esto.

24:52
David Pastor Vico . Para hablar de esto, para analizarlo y, sobre todo, para dar una guía a los profesores desde la guardería, desde el kínder, desde la primaria, de cómo se deben usar las redes sociales y para qué se deben usar. Y sobre todo, incentivar el juego de verdad en los niños. El juego en el mundo real, no en el mundo virtual, que está muy bien para determinadas cuestiones, pero es necesario que los niños se ensucien. Esto es útil, esto sirve.

¿Qué nos aporta estar juntos? - David Pastor Vico
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"Hay que recuperar lo que nos hizo seres humanos, que es confiar los unos en los otros"

David Pastor Vico

25:17
Marilé Pretel. Precisamente relacionado con esto, te quería preguntar, porque seguro que te encuentras en estas situaciones cuando estás con alumnos, una de las cosas que mis compañeros y yo tenemos muy en mente es intentar fomentar, porque nos parece vital, el que puedan trabajar los alumnos de forma coordinada y trabajar en equipo. Pero a veces esto cuesta mucho, que ellos entiendan por qué hay que trabajar en equipo y las ventajas, si hay, o no, ¿qué cosas crees que son buenas de trabajar en equipo versus ser un individualista?

25:50
David Pastor Vico. Bueno, pues el golpe es el primero y el golpe es la realidad. Nadie en su trabajo, todo el que nos esté escuchando, con suerte tiene trabajo, nadie en su trabajo trabaja solo, ni siquiera el chofer de un coche trabaja solo. Siempre tiene que estar reunido con otras personas, siempre tiene que tener esa asertividad hacia el otro y tener un jefe por encima. Enseñar a nuestros alumnos a trabajar en equipo es aterrizarlos en el mundo real, en el mundo laboral, para el que se supone que se deben estar preparando. Para relacionarse con los demás, para saber que vas a tener un jefe o que vas a ser jefe, que vas a tener compañeros de trabajo y que vas a tener que responsabilizarte de la parte que te corresponde. Volvemos a la responsabilidad, la ética nunca nos va a abandonar, siempre va a estar presente. ¿Cuál es el problema con nuestros alumnos? Y esto tú lo tienes diariamente cada vez que pides un trabajo, desde el momento en que los alumnos no juegan desde chicos, no se relacionan, carecen de habilidades sociales, se encierran en el individualismo, que el individualismo no es más que la llave del neoliberalismo. El neoliberalismo se basa en que es el individuo el que compra, no el grupo. Si tú y yo salimos a dar un paseo, a lo mejor nos comemos unas pipas de girasol y tenemos suficiente. Pero si tú sola o yo solo deseamos pasear, al final, más tarde o más temprano, y sobre todo si estamos en una gran ciudad y nos vamos a un centro comercial, salimos con bolsa, compramos cuando vamos solos, no cuando vamos juntos. Bueno, pues en este caso nuestros alumnos, que están criados en el individualismo, finalmente son capaces de decirnos cosas como: “Yo no quiero trabajar en equipo porque lo hago mejor solo”. Incluso sus padres son capaces de llegar y decirme: “Es que mi hijo trabaja mejor solo”. El problema no es ese, el problema es que cuando los obligamos, y los obligamos, a que trabajen en equipo, nos encontramos el siguiente ejemplo: tenemos tres alumnos, les pedimos un trabajo en conjunto y uno, el primero, dice: “Yo lo busco en Internet, porque yo tengo banda ancha y tú no tienes banda ancha”. Lo busca en internet, se baja toda la información, lo mete en una memoria USB o se lo manda por correo al segundo. El segundo lo que va a hacer es un PowerPoint, una presentación, que no va a tener absolutamente nada que ver con el trabajo…

27:49
Marilé Pretel. Efectivamente.

27:52
David Pastor. …y que, además de esa presentación, no se va a leer la información que el otro le ha dado, porque dice, en su individualidad, que el individuo siempre es muy flojo, siempre tiende al menor esfuerzo. Dirá: “Bueno, si mi compañero lo bajó de internet él se lo habrá leído, así que yo lo vuelco”, y después le da esa presentación al tercero, que es el que tiene menos vergüenza, el más descarado, el que lo va a presentar en clase. Pero este tercero tampoco lo va a leer y no lo va a leer porque dice: “Mi amigo el del PowerPoint lo habrá hecho, y mi compañero que lo bajó de Internet lo habrá hecho”. Y al final, ¿qué es lo que tenemos? Tenemos un trabajo en equipo, individual. O sea, eso no es trabajar en equipo. Y al final esto tiene muchos problemas: cuando nos quejamos de los “millenials”, perdónenme por el término, pero cuando nos quejamos de los “millenials” nos quejamos del poco tiempo que duran en un trabajo. Claro que duran poco tiempo en un trabajo. O sea, hay dos cosas, dos cosas en la vida del ser humano, que siempre nos van a requerir tiempo. Uno es el trabajo y el otro es el amor. Estas cosas requieren tiempo, o sea, tener una vida de pareja requiere tiempo, requiere esfuerzo, requiere dedicación, requiere cierto sacrificio y ciertas cuestiones. El trabajo es exactamente igual, o sea, el trabajo requiere tiempo, requiere esfuerzos, demostrar, encontrar tu espacio, ganarte el respeto de los demás. Cuando no sabes trabajar en equipo y no entiendes que eres parte de un engranaje, que es fundamentalmente lo que es trabajar en equipo, estás reclamando constantemente tu beneficio, estás reclamando constantemente que se te valore sin tener la capacidad de demostrarlo. Entonces, ¿cuáles son los parabienes del trabajo en equipo? Todos. Los retos del milenio, como les llaman ahora los que saben, los retos del milenio se basan en un par de cuestiones muy sencillas: ser capaz de trabajar en equipo, ser capaz de encontrar y detectar los problemas y, el más importante, tener juicio crítico, pensamiento crítico suficiente para afrontar esos problemas. El pensamiento crítico sin el trabajo en equipo es imposible. El pensamiento crítico es un pensamiento que se basa inmediatamente en el reconocimiento del otro y sus circunstancias en relación a tu reconocimiento y tus circunstancias. Eso significa que para tener pensamiento crítico tenemos que conocernos y dialogar. Tenemos que hablar, tenemos que estar juntos, tenemos que saber el uno del otro. Es que la vida es así, es que Aristóteles lo escribió hace dos mil trescientos años y tenía razón.

30:06
Marilé Pretel. Y no ha cambiado.

30:06
David Pastor Vico. Es que somos trogloditas con teléfonos inteligentes. Nuestro cerebro tiene doscientos mil años y no ha cambiado un ápice en doscientos mil años. Entonces, nuestro cerebro no está adaptado a la virtualidad. Por eso el estudio norteamericano decía que lo comparaba con comer chocolate. Claro, con algo físico.

30:23
Marilé Pretel. Claro.

30:24
David Pastor Vico. Porque es que sigue siendo el mismo órgano. No ha cambiado nada y se mueve por las mismas pasiones, en las mismas pulsiones. Y la soledad nos afecta a todos por igual.

30:34
Marilé Pretel. Pues Vico, ya escuchándote todo esto yo me pregunto: ¿eres positivo y crees que esto tiene futuro, o eres de una línea más negativa, de las que dice: “Bueno, esto no tiene solución y no va por buen camino”?.

30:47
David Pastor Vico. A ver, me voy a agarrar en un subterfugio filosófico, ¿de acuerdo? Porque cuando hablamos de un filósofo positivo, es un filósofo que cree en los hechos verídicos, no optimista.

30:57
Marilé Pretel . Vale.

30:58
David Pastor Vico. Mira, yo soy optimista dependiendo de cómo me levante esa mañana, la verdad. Mi trabajo en México me hace ver muchísimas realidades. Conozco toda la República, me muevo por todas las universidades y finalmente ves muchas cosas. Hay días en los que me levanto tremendamente optimista, veo futuro, veo que podemos seguir adelante y hay días que, la verdad, mejor me quedo acostado y no me levanto. Esos días profundamente pesimistas, lo que intento es no contaminar a nadie, intento no escribir e intento no dar charlas, no dar entrevistas ni conferencias, quedarme encerrado, escuchar muchísimo heavy metal para levantarme el ánimo y poco más. Y cuando estoy positivo, entonces, pues darme a los demás, escribir y hacer todo lo posible. Si la pregunta es: ¿crees que tenemos futuro? Te digo que sí, sí, sí. ¿Hay esperanza en el mundo? Claro que hay esperanza en el mundo, siempre y cuando seamos conscientes de que el otro tiene los mismos problemas que tenemos nosotros y que seamos capaces de recuperar lo que nos hizo seres humanos, que es confiar los unos en los otros. Y ahora te lo aterrizo. Si nos vamos a una selva, si nos vamos a la selva del Amazonas, y vemos una tribu yanomami, resulta que en esta tribu todos se conocen. Todos saben quién es el padre, la madre, el abuelo de uno y de otro, y todos confían unívocamente en los demás, absolutamente en todos, de tal manera que cada uno tiene su función dentro de la tribu. Y este sistema, este reparto de responsabilidades, que los filósofos llamamos “ética de la responsabilidad”, ha permitido, solo este sistema, que tribus y clanes permanezcan todavía en existencia durante doscientos mil años. Cualquier otro sistema político que hemos inventado ha fracasado, y estamos ahora en una crisis del neoliberalismo, y va a fracasar. Sin embargo, el clan basado en algo tan primitivo y tan esencial a nuestra sustancia como humanos, que es la confianza y la responsabilidad, sigue funcionando hoy en día. Eso es lo que tenemos que empezar a ver. Y tú me dirás, porque me lo vas a preguntar: “Vico, pero ¿cómo lo hacemos hoy en día?”.

33:00
Marilé Pretel. Exacto. Porque, ¿cómo hacemos si no confiamos en los jóvenes? Estamos siempre en una actitud muy crítica hacia ellos y no confiamos en ellos.

33:09
David Pastor Vico. Claro. Volvamos a rescatar aquello que era común a nuestras propias tradiciones. Pongo el ejemplo maravilloso que siempre me gusta poner. Mi madre es de un pueblecito de Sierra Mágina, de Jaén. En este pueblecito, llegado el buen clima, después de los fríos del invierno, cuando llega la primavera deciden pintar las casas de cal. Algo muy propio de nuestra cultura mediterránea, que lo vamos a encontrar en Andalucía, en Sicilia, al sur de Italia, en Grecia e incluso en la costa norte de África al Mediterráneo. Sin embargo, cuando estos vecinos pintan sus casas lo hacen de una manera muy interesante. Son las mujeres, primero, las que pintan las casas de cal. Son las mujeres las que preparan la cal tres días antes, sabes que la cal es una piedra, la meten en agua, se convierte en una pasta para poder pintar y en fin de semana es cuando empiezan a pintar las casas. Ojo, no pinta cada uno la suya. Esto es muy bonito. No pintan cada uno la suya. Empiezan al principio de la calle y todas van pintando las casas de todas. Y cuando terminan, son los maridos los que se han reunido para hacer de comer, y habrá unas migas con torreznos, habrá una pipirrana, habrá lo que sea bañado con aceite de oliva de la tierra. ¿Esto qué produce? Pues esto produce cosas muy bonitas. ¿Tú crees que en cualquier calle de cualquier ciudad, si los vecinos tuviesen ese compromiso de trabajar juntos, se permitiría que las paredes estuvieran “grafiteadas”, o que se maltratara lo público, o que los vecinos no se molestaran con determinado alcalde porque no cumple lo que tiene que hacer, o que los niños tuvieran algún peligro de jugar en la calle? Claro, es que… cuidado.

34:48
Marilé Pretel. Es que… Ya te digo.

34:50
David Pastor Vico. Cuidado, que yo soy amante del rocanrol y del heavy metal, pero entiendo que hay tradiciones connaturales al ser humano, por ser humano, que deberíamos empezar a rescatar. Y en cualquier ciudad podemos hacer células, en cualquier ciudad podemos facetar, aunque sea la gran ciudad de Tenochtitlán, con veinticinco millones de habitantes, podemos facetarla, hacer calles, hacer barrios. Y esto se hacía. En México, hace menos de cuarenta años, las calles se cortaban para las fiestas de quince años, las quinceañeras se hacían en la calle, y los vecinos eran dueños de la calle. Sin embargo, empezó a darnos miedo, empezamos a retraernos, abandonamos las calles, y ya sabemos lo que pasa en ciudades como México, la inseguridad, el peligro… Pero porque nos hemos ido, es que hemos dejado la calle al malo.

35:32
Marilé Pretel. Entonces, ¿hemos dejado el espacio a los demás?

35:34
David Pastor Vico. Por supuesto. Claro que sí. Es que la culpa se reparte entre todos.

35:38
Marilé Pretel . Entre todos.

35:39
David Pastor Vico. Las culpas se reparten entre todos, igual que en la educación. Entonces, ¿cómo podemos hacer las cosas? Pues rescatando nuestras esencias, y nuestras esencias no son determinadas fiestas nacionales, no va por ahí. Nuestra esencia es nuestra esencia como humanos, como animales políticos que necesitamos de los demás. Si rescatamos esto, fantástico. Podemos hacerlo, necesitamos simplemente darnos cuenta de que nuestro vecino tiene exactamente los mismos problemas que nosotros.

36:03
Marilé Pretel. En este sentido, sabes que nosotros en las aulas somos mucho de dar etiquetas de: “los millenials”. Sabes que son generaciones que tienen competencias muy fuertes tecnológicas y digitales, y entonces parece que tienen ese nivel de superioridad aparente. ¿Tú les ves, cuando los ves en clase y ves cómo se manejan, más inteligentes? ¿Lo son o no lo son?

36:31
David Pastor Vico. Me vas a meter en un compromiso para cuando vuelva a clase.

36:33
Marilé Pretel. Para cuando vuelvas a clase. Efectivamente.

36:35
David Pastor Vico. Mira, voy a un criterio de autoridad, que esto siempre te quita mucha culpa, te quita mucha responsabilidad. Isaac Asimov, allá por principios de los años ochenta, dio una entrevista a un medio de comunicación norteamericano. Isaac Asimov, que era un visionario y una persona increíble, con unas capacidades fuera de serie, un señor que escribió cuatrocientos libros, claro, no pudo tener hijos. Normal, no tenía tiempo.

36:56
Marilé Pretel. Estaba en otra cosa.

36:57
David Pastor Vico. Estaba en otro rollo. Isaac Asimov dio una entrevista y le preguntaron sobre las nuevas tecnologías. ¿Qué va a pasar en el futuro? ¿Qué vamos a tener? ¿Qué herramientas vamos a tener? Y dijo Isaac Asimov lo siguiente, fíjate qué cosa más interesante, dijo: “En el futuro todo el mundo tendrá ordenadores personales en su casa. Esos ordenadores personales estarán interconectados los unos con los otros y además tendrán acceso gratuito a grandes bibliotecas del conocimiento”. Hasta ahí lo clavó.

37:23
Marilé Pretel. Literal.

37:23
David Pastor Vico. Lo hizo perfecto, pero después siguió. Claro, era un optimista, como yo algunos días me levanto. Él era un optimista y creía en el género humano y él decía: “Gracias a eso, cuando una persona tenga algún tipo de afición…”, y él personalizaba mucho en el béisbol, “…cuando a alguien le guste mucho el béisbol, tendrá la posibilidad de aprender todo sobre el béisbol. Pero el béisbol tiene una gran carga de cálculo estadístico, matemático”, en esta parte del mundo, en Europa, no sabemos mucho de béisbol, pero es verdad. “Tendrá una carga muy alta de estadísticas, de matemáticas, así que si te gusta mucho el beisbol empezarás a estudiar matemáticas y entonces, motu proprio, serás capaz de desarrollar un alto conocimiento en matemáticas”. Ahí Isaac Asimov erró, la verdad, le falló un poco. No significa que no pase, claro que pasa. Y lo estamos viendo en algunos “youtubers” fantásticos que tienen unos conocimientos amplísimos, y que ya es esa nueva generación de “youtuber” que sabe, que sabe de lo que está hablando, que tiene un buen conocimiento de la música, de la física, del arte, gente que tiene esas capacidades. Pero, sin embargo, esto siempre ha existido. Tú y yo siempre hemos tenido alumnos que han destacado por sus propios medios sin que nosotros tengamos ninguna acción. El problema es todo el resto sobre el que tenemos que trabajar, y ahí las nuevas tecnologías no han hecho ningún favor. La Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo dice, artículo del año 2015, el ochenta y nueve por ciento de los nativos digitales cree que tiene altas competencias para encontrar información relevante en Internet, o sea, para no ser engañados por Internet. Y la realidad del estudio dice que solo el dos por ciento de los jóvenes nativos digitales, el dos por ciento, tiene habilidades de pensamiento crítico para encontrar información relevante en Internet. Traducido, el noventa y ocho por ciento de los jóvenes nativos digitales son fácilmente engañables en el uso de Internet. Se les cuelan los “fake news”, se les manipula fácilmente. Entonces, me dices: “¿Son más inteligentes?”, vamos a ser conservadores, digamos que son igual de inteligentes que los otros, pero que tienen una carencia. Y la carencia es la falta de pensamiento crítico que les impide darse cuenta de esto. Y como hemos dicho, el pensamiento crítico necesita del otro. El pensamiento crítico necesita del diálogo, necesita de la dialéctica, necesitad de pasar tiempo con los amigos, necesita de jugar, necesita del desarrollo lógico de los seres humanos.

¿Qué nos aporta estar juntos? - David Pastor Vico
Quote

"Para tener pensamiento crítico tenemos que conocernos y dialogar"

David Pastor Vico

39:47
Marilé Pretel . Exacto. Bueno, y también ahí estamos los profesores, para fomentar ese espíritu crítico y fomentar esa colaboración entre ellos y esa forma de trabajar juntos.

39:57
David Pastor Vico. Claro, pero nos llegan tarde. Nos llegan tarde, nuestra función es trabajar.

40:02
Marilé Pretel. Quiero ser optimista.

40:03
David Pastor Vico. Yo también. Hoy soy optimista. Nos llegan tarde, hacemos todo lo que podemos, pero necesitamos agarrarlos desde el jardín de infancia y, sobre todo, necesitamos que sus padres lo sepan. Es totalmente compatible, cuando Gutenberg inventó la imprenta se llevaron las manos a la cabeza diciendo: “Dios mío, pero ¿qué va a hacer este señor? Va a poner al alcance de todos los libros”, como si eso fuese un problema. El misoneísmo, el miedo a lo nuevo, es algo común al ser humano, sobre todo cuando somos ya más mayores, más conservadores. Es ese señor mayor que dice: “Facebook es el demonio”. Verá, esto no es así. Sin embargo, lo que tenemos es que aprender a usarlo, y esto si se nos ha pasado.

40:43
Marilé Pretel. Eso es verdad.

40:44
David Pastor Vico. Eso se nos ha pasado, ese tren se nos ha pasado y es el momento de replantearlo, sentarnos a hablar y decir: “Oye, vamos a involucrar también a los padres en esto, vamos a meterlos en el saco”. Los padres de nuestras generaciones, yo he sido padre hace muy poco, pero de nuestra generación de cuarentones, hemos sido padres que lo hemos tenido muy cómodo, sin darnos cuenta de los problemas que esto podía traernos. También nos relajaba mucho porque el niño estaba entretenido y sabíamos dónde estaba en todo momento. Y claro, hemos tenido…

41:13
Marilé Pretel. Esa diferencia.

41:14
David Pastor Vico. …hemos tenido ese impasse de: “La tecnología nos ha seducido mucho, nos sedujo demasiado”, y no nos hemos dado cuenta de las complicaciones que podía tener. Bueno, pues ya ha pasado el tiempo, vamos a hablar sobre eso, vamos a centrarnos y vamos a ver qué de positivo podemos sacar y vamos a volver a replantear la situación.

41:31
Marilé Pretel . La obsesión de muchos padres, que a mí algunas veces personalmente me asusta, de qué es lo que quieres para tu hijo y todos se plantean: “Yo sólo quiero que sea feliz”, como si esa fuera la máxima. ¿Qué te parece a ti este planteamiento? ¿Esa debería ser la máxima de un padre?

41:51
David Pastor Vico. Mira, debería de ser por varias razones, pero vamos a matizarlo todo. Claro que debería de ser. De hecho, volvemos a sacar aquí al griego muerto, volvemos a sacar a Aristóteles y él nos dirá que el fin, la teleología, o sea, el fin del ser humano, es ser feliz. Luego es lógico pensar, que si tengo un hijo, lo que quiero que ese hijo sea feliz. Ahora ¿qué es la felicidad, cómo entienden los padres la felicidad? Y ahí es donde vamos a encontrarnos con el escollo, porque la felicidad vista desde el individualismo es la consecución de cosas. Sin embargo, la felicidad vista desde los ojos de alguien como Aristóteles es el camino virtuoso y es, sobre todo, un camino que se hace acompañado. Aristóteles nos dirá que no hay posibilidad de felicidad sin amigos. Fíjate, volvemos otra vez al principio.

42:35
Marilé Pretel. Al conjunto, efectivamente.

42:36
David Pastor Vico. Volvemos otra vez a la sociedad, de tal manera que si yo quiero que mis hijos sean felices, lo que tengo que procurar es darles el marco suficiente para que puedan desarrollarse con los demás y así poder llegar a ser feliz, no darles el marco de cosas para que con ellas pueda… No, no, cuidado, una cosa son los objetos y otra cosa son las posibilidades y lo que tenemos que brindar son posibilidades, no objetos. Porque si lo volcamos todo en los objetos tendremos un problema. Es, primero, la lucha por conseguirlo, después la frustración por no tenerlo, y tercero, cuando lo tengo se acaba la emoción. Yuval Noah Harari, una de las cosas que nos dirá es que la consecución del objeto nos da un subidón de cuestiones bioquímicas maravillosas, pero que rápidamente baja. Si nosotros creemos que ese subidón de emoción de tener el objeto es la felicidad, entonces vamos en caída libre, porque siempre iremos buscando el objeto que nos sacie la felicidad. Al final vamos a tener niños sobrerregalados, niños que no son capaces de apreciar el objeto, sino que le dan tanto que los desechan constantemente, y estamos errando el tiro de la felicidad. La felicidad no puede ser conseguir cosas, tiene que ser tener posibilidades para hacer cosas y eso solo te lo da el contacto y la relación con los demás, nada más. Es que somos humanos. Ser felices como una máxima es casi de manual de autoayuda. Y, sin embargo, volvemos a la filosofía, volvemos a algo que nos ha ayudado a vivir los últimos dos mil quinientos años, que además ha sido un hit de ventas durante dos mil quinientos años, no ha habido ningún género literario que aguante tanto como la filosofía, y además nos ahorra muchos problemas. La filosofía, una de las cosas que nos dice es que la felicidad es un camino, no es un fin…

44:20
Marilé Pretel. Exacto, no es un punto.

44:21
David Pastor VIco. …es un camino. Y de hecho, una de las cosas más sensatas que podemos entender de la felicidad es que quizá buscar la felicidad sea un modo de vida, nada más, o sea, nada más, un modo de vida, adecuar de alguna manera nuestras necesidades o nuestros deseos a la realidad del mundo en el que vivimos. Qué estupidez decir que todos podemos conseguir la felicidad, si se lo estamos diciendo a alguien que, como yo, mide dos metros, pesa ciento cuarenta kilos y quiere ser astronauta, y además tiene cuarenta años. Yo jamás podré ser astronauta. Y si tú me estás diciendo: “No, pero si lo deseas muy fuerte, el cosmos te lo dará y serás feliz”. Mire usted, esto es imposible, pero si me lo creo, al final seré un infeliz. Oye, no, de esto no va el juego, no va por ahí. La felicidad es un camino hacia el que tenemos que ir y tenemos que ir construyéndonos. Y ojo, vuelvo a decirlo, es un camino que no se hace en soledad. Cuando Machado nos escribió aquello de “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, tendría que haber puesto al lado una coletilla se hace camino al andar juntos.

45:17
Marilé Pretel . Juntos.

45:18
David Pastor Vico. Andemos juntos, porque si no, no sabemos hacia dónde vamos.

45:23
Marilé Pretel . Vico, ¿qué nos aporta el andar juntos, el convivir con los demás? ¿En qué nos enriquece?

45:30
David Pastor Vico. La pregunta no es… la pregunta no es fácil. Y me vas a permitir que lo personalice un poco, que te lo aterrice. Yo me crie en un barrio obrero de Sevilla, en el barrio de San Diego, entre los bloques treinta y dos y treinta y tres. Estos bloques eran bloques de hormigón armado de ocho plantas. Cada planta tenía cuatro apartamentos y ahí vivían todas las familias posibles. Hoy en día, si tú me preguntas cómo se llaman los vecinos, te los digo todos, del treinta y dos y del treinta y tres, cómo se llaman sus hijos y a qué se dedicaban sus padres, aunque ya lamentablemente alguno ha fallecido. Cuando yo me crie allí, todos los niños nos juntábamos los unos con los otros, por distintas cosas. Afinidades futbolísticas, ya sabes, el Real Betis Balompié y el Sevilla Club de Fútbol, por música, había quien le gustaba Queen, a otros nos gustaba el heavy metal. Cada uno… se juntaban los unos con los otros, pero todos nos conocíamos. Los niños jugábamos todos juntos y nos peleábamos, también, porque forma parte también del aprendizaje, el confrontamiento y el ser capaz de resolver situaciones. Cuando yo viví allí, en San Diego, con mis vecinos, allí descubrí muchas cosas. Descubrí como, por ejemplo, el padre de Adolfo, del treinta y tres, era un hombre maravilloso que tenía tres hijos increíbles. Un hombre generoso, enfermó, enfermó de una cuestión hepática y al poco tiempo falleció. Cuando fallece, salió el féretro por la puerta del bloque treinta y tres y los niños nos quedamos espantados, porque nos dimos cuenta de que el padre de Adolfo era como mi padre, como el padre de cualquier otro. Allí descubrimos que, más tarde o más temprano, tus familiares, tus personas cercanas se van a ir. Y eso lo descubrimos los niños viendo a los demás, pero verás, cada apartamento era, en plano, exactamente igual que los demás, porque era de estas viviendas que se construyen como colmena, sin embargo, cada familia lo había hecho diferente. Cuando iba, por ejemplo, al séptimo, al séptimo B, de mi amigo Raúl, descubría que su casa era totalmente diferente a la mía, porque en su casa sus padres el salón lo tenían diáfano. Tenían un papel pintado en la pared precioso donde podíamos ir a jugar los niños cuando llovía, porque no había nada que se rompiera y todos íbamos allí. La vecina del cuarto B tenía cinco hijos, y ahí se metían cinco hijos con sus novias y novios respectivos, con un perro que ladraba mucho y todos se hacinaban ahí. Teníamos vecinos que venían de provincias, teníamos vecinos que venían de Madrid, que vivían en el octavo. Otros del segundo, que eran una mujer portuguesa y un padre sevillano, que habían sido emigrantes en Inglaterra. Mi familia fue emigrante en Bélgica y radicamos ahí. Veías la diferencia que había entre una casa y otra casa, pero aprendías que en esas casas había mundos totalmente diferentes al tuyo, donde la gente podía ser feliz. Descubrías que en el bloque treinta y tres había una madre soltera con una hija y que eso era una realidad, que no todas las familias tienen que tener un padre, una madre y una serie de hijos, sino que, realmente, el mundo es mucho más poliédrico. El mundo tiene muchas más caras y también descubrías, descubrías que tenías que aprender a mentir. ¿Por qué? Porque la madre de Paco, del quinto B, compraba el pan donde lo compraba tu madre, compraba la misma mortadela con aceitunas que compraba tu madre, la misma mantequilla. Y, sin embargo, los bocatas de la madre de Paco, de Mariló, por alguna razón extraña, sabían mejor que los de tu madre. Entonces descubrías la capacidad de comparación, y tu madre siempre te iba a preguntar, las madre tienen rayos X en los ojos, y cuando te ven saben que has comido y te decía tu madre: “¿Ya comiste en casa del vecino?”, “Si, mamá”, “¿Qué comiste?”, “Un bocata de mortadela”, “¿Y cómo estaba?”. Si tú le decías a tu madre la verdad, y la verdad era: “Mamá, está mejor que el tuyo”, sabías que por el resto de tu vida tu madre te iba a decir: “Bueno, pues ojalá te guste esta comida, y si no, que te la haga la madre del Paco”.
Entonces tenías que aprender que hay ciertas cosas que se pueden permitir, que hay mentiras piadosas. Esos pequeños dilemas morales se convierten en el juego diario, en esa consecución de habilidades sociales. Y cuando jugabas en la calle con los niños, siempre estaba el dueño de la pelota. Porque en mi época no todos podíamos tener una pelota, ni todos teníamos unas zapatillas deportivas. Y entonces el dueño de la pelota decía: “Se juega lo que a mí me da la gana”, y tenías que aprender que, o bien te unías a los demás para poder cambiar las reglas del juego, o bien tenías que buscar algún tipo de estrategia. Realmente esa capacidad…

49:43
Marilé Pretel . Esa negociación que había.

49:47
David Pastor Vico. Esa capacidad de negociación, ojo, estoy hablando de capacidad de negociación, te estoy hablando de tolerancia a la frustración, ¿de qué te estoy hablando? Te estoy hablando de esas herramientas básicas que tenemos que adquirir, y sobre todo, cuando descubres que los mundos son diferentes te das cuenta de que tu mundo no es único, de que tu mundo es un mundo y que hay otros muchos. El ser humano siempre ha sido etnocéntrico por naturaleza. Siempre creemos que lo nuestro es lo mejor. Esto es algo que nos ha permitido sobrevivir como especie durante mucho tiempo, pero ahora no es necesario. Ahora tenemos que darnos cuenta de que las realidades de los demás son tan ciertas, tan vivas y tan potentes como la tuya, y eso te lo daba la convivencia con los demás. Te lo daba jugar, conocer. Yo he conocido la mayoría de los apartamentos de mis vecinos en mi infancia. Estoy seguro que si alguno me está viendo, pues a lo mejor le están corriendo las lágrimas por la cara y está diciendo: “Oye, pues es verdad”. Entonces, rescatemos eso, porque eso era hermoso y se puede dar exactamente igual. Y no tenemos que creernos tanto ni creer que somos la panacea del mundo.

50:46
Marilé Pretel . Bueno, ha sido un placer esta conversación que he tenido, he aprendido muchísimo, lo importante que es la confianza, lo importante que es tener piel con piel, estar cerca de los demás, de esa experiencia tan maravillosa que me has contado, de que has vivido tu propia red social física, y qué importante es la filosofía en la vida.

51:05
David Pastor Vico. Pues muchísimas gracias Marilé, por esta oportunidad y por demostrar que la filosofía no es más que algo vivo, algo que sirve sobre todo cuando lo acercamos y lo llevamos a la realidad del día a día. La filosofía no es más que intentar dar solución a muchos problemas, pero aportar muchísimas dudas, que es lo que nos enriquece como seres humanos, así que ojalá nos volvamos a encontrar. Ojalá nos encontremos en las aulas…

51:29
Marilé Pretel. Seguro.

51:29
David Pastor Vico. …en cualquier espacio, y bueno, rocanroleemos un poquito y pasémoslo lo mejor posible…

51:33
Marilé Pretel . Lo mejor posible.

51:34
David Pastor Vico. …porque realmente es tan poco el tiempo que vamos a estar aquí, que si no nos divertimos, esto no tiene mucho sentido.

51:40
Marilé Pretel . Totalmente de acuerdo.

51:41
David Pastor Vico. Gracias.