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“No hay nada más divertido que reírte de ti misma”

Sara Andrés

“No hay nada más divertido que reírte de ti misma”

Sara Andrés

· Atleta paralímpica y maestra

“Aprendí a aceptarme y a reírme de mí misma, porque no hay nada más divertido que reírse de los gazapos y de los errores que cometes”. Para Sara Andrés, atleta paralímpica y maestra de educación primaria, el humor es fundamental. Un accidente de coche a los 25 años, un cáncer de tiroides, y posteriormente, un cáncer de piel no le hicieron perder la sonrisa y, lejos de hundirla, la impulsaron para lograr metas que jamás había pensado que podía conseguir. Sara Andrés encontró en el atletismo un deporte que le ayudó a sentirse bien y ganar múltiples medallas y batir récords en campeonatos nacionales e internacionales.
Esta maestra defiende que la educación tiene que ser inclusiva y enseña a sus niños y niñas desde la diferencia y a través de su ejemplo: “Lo que hice fue introducirles la idea de ser empático con el otro y con mi discapacidad, porque todos tenemos discapacidades o supercapacidades”.

Su sonrisa contagiosa nos invita a celebrar la vida cada día, y a disfrutar del momento presente como un regalo extraordinario: “Voy a pensar en todo lo bueno que he hecho hoy y disfrutarlo como único, porque es único, el pasado no existe y el futuro tampoco. Despertad, sed conscientes de todo lo bueno que tenéis en la vida, valoradlo y disfrutadlo”.


Creando oportunidades

Sara Andrés

“Aprendí a aceptarme y a reírme de mí misma, porque no hay nada más divertido que reírse de los gazapos y de los errores que cometes”. Para Sara Andrés, atleta paralímpica y maestra de educación primaria, el humor es fundamental. Un accidente de coche a los 25 años, un cáncer de tiroides, y posteriormente, un cáncer de piel no le hicieron perder la sonrisa y, lejos de hundirla, la impulsaron para lograr metas que jamás había pensado que podía conseguir. Sara Andrés encontró en el atletismo un deporte que le ayudó a sentirse bien y ganar múltiples medallas y batir récords en campeonatos nacionales e internacionales.
Esta maestra defiende que la educación tiene que ser inclusiva y enseña a sus niños y niñas desde la diferencia y a través de su ejemplo: “Lo que hice fue introducirles la idea de ser empático con el otro y con mi discapacidad, porque todos tenemos discapacidades o supercapacidades”.

Su sonrisa contagiosa nos invita a celebrar la vida cada día, y a disfrutar del momento presente como un regalo extraordinario: “Voy a pensar en todo lo bueno que he hecho hoy y disfrutarlo como único, porque es único, el pasado no existe y el futuro tampoco. Despertad, sed conscientes de todo lo bueno que tenéis en la vida, valoradlo y disfrutadlo”.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:09
Sara Andrés. Gracias.

00:16

Hola a todos. Es un placer para mí estar este día con vosotros. Estoy muy contenta, muy agradecida. Gracias por los aplausos. Espero que lo vayamos a pasar bien. Bueno, yo soy Sara Andrés. Soy profesora de educación primaria y atleta paralímpica. Desde pequeñita era una niña muy movida, muy nerviosa. Mis padres me apuntaban a todas las actividades del colegio: fútbol, baloncesto, todas las que había para descargar esa energía. Después, en el instituto, dejé un poco apartado el deporte para dedicarme a los estudios. Y después comencé la carrera de Magisterio. Estuve tres años estudiando Magisterio y, después, dos años más haciendo Psicopedagogía. Y me saqué las oposiciones, la plaza de profesora. Y ahí, cuando tenía 25 años y digamos que era el mejor momento de mi vida, pues tuve un accidente, y con 25 años pierdo mis pies, como podéis ver.

01:21

Pero bueno, ese accidente, lejos de hundirme, me impulsó. Y aunque parezca un poco raro y suene un poco raro, para mí el accidente supuso una segunda oportunidad en mi vida. Estoy agradecida de ello porque soy la persona que soy ahora gracias a lo que me ocurrió. He aprendido muchísimo de esto y, sobre todo, a disfrutar de la vida. Bueno, después de eso… Se cuenta así como muy rápido. Es verdad que pasé mucho tiempo en el hospital, me operaron tres veces porque no cerraban bien las heridas. Después estuve nueve meses en silla de ruedas, después de esas operaciones. Y después ya empecé a caminar, y pensé que ¿por qué no? Ya que tenía una segunda oportunidad, tenía que aprovecharla y disfrutarla al máximo. ¿Y por qué no hacer cosas que jamás había hecho? Y empecé a hacer deportes que no había probado nunca. Hice surf, hice paracaidismo, hice pádel, hice bicicleta de montaña. Un montón de deportes que no había hecho hasta entonces por miedo o por inseguridades.

02:43

Y después de hacer esos deportes un poco locos, empecé a correr sin ninguna pretensión salvo la de encontrarme bien físicamente, mejorar y divertirme, que para eso es el deporte. Y, bueno, pues poco a poco, poco a poco, empecé a correr y a mejorar y a mejorar. Y bueno, pues esto era en 2015 y ya tenía la idea puesta, ¿por qué no? Intentar conseguir ir a unos Juegos Paralímpicos. Y, bueno, pues estuve todo un año peleando, no sin otro parón que tuve porque me detectaron cáncer de tiroides y tuve que parar. Me operaron y estuve sin entrenar seis meses, pero luego lo cogí con más ganas, con más fuerzas, y conseguí la marca mínima para ir a Río de Janeiro. Y bueno… Ay, que me emociono. Y conseguí ser quinta del mundo, así que supercontenta.

03:47

Y, bueno, lejos de pararme, volví de Río de Janeiro y dije: “Bueno, voy a seguir, esto es lo mío, esto es lo que me gusta”. Entonces, seguí entrenando a tope, a tope, y al año siguiente, en el Mundial de Londres, pues conseguí dos medallas, fui doble medallista de bronce. Y en el 400 y en el 200 metros lisos, así que aquí estoy, encantada de compartir estas hazañas, estos pequeños retos que he ido consiguiendo, y muy contenta de estar aquí hoy compartiendo con vosotros.

04:20
Ana. Hola, Sara, soy Ana y estoy encantada de estar aquí hoy con mis hijas, de poderte escuchar. Eres un ejemplo de entereza y de lucha. Imagino que no ha sido un camino nada fácil. ¿Qué dirías que te ha enseñado la adversidad en tu vida y qué has aprendido en el proceso de volver a caminar?

04:39
Sara Andrés . Hola, Ana, pues encantada de saludarte. Bueno, es verdad que contado así rápido parece que todo ha sido muy fácil, y para nada. Fue un tiempo muy duro. Bueno, cuando hay una pérdida, da igual que sean tus pies o una pérdida familiar o una adversidad, hay un tiempo de duelo que tienes que pasar. Y ese tiempo es bueno pasarlo y expresarlo y llorar si lo necesitas, pero no hay que regocijarse en él. Es decir, tienes que estar un tiempo pero tienes que saber que hay que avanzar. Yo he aprendido casi todo lo que sé gracias a… Y digo gracias y no a pesar, gracias a mi accidente. Lo primero, en el hospital estuve mes y medio, y me di cuenta de una cosa supervaliosa, y es que da igual que te falten los pies, da igual que te falte una mano, da igual que estés en silla de ruedas, da igual que pierdas la visión o da igual que tengas un problema muy grave en tu vida. Da igual porque lo verdaderamente importante lo puedes seguir teniendo o, mejor dicho, viviendo.

05:51

Es que yo no soy más Sara o menos Sara por tener o no tener pies, por tener esta dificultad o no. Yo no soy menos afortunada o más afortunada, no, porque lo que nos hace afortunados o felices en la vida es la familia que tenemos, los amigos que tenemos y elegir ser feliz. Y es curioso porque después, a los meses, me fui de vacaciones con una amiga y yo todavía no andaba con las prótesis. Las llevaba y me las ponía como cinco minutos, pero no aguantaba todo el día. Entonces, iba con la silla de ruedas. Y recuerdo que íbamos a hacer la compra para esas vacaciones y fuimos a un supermercado y me encontré con un chico en silla de ruedas. Entonces, nosotras íbamos hablando y sonriendo y charlando. Nos íbamos a ir de vacaciones, estábamos encantadas. Y se acercó este chico y me dijo: “Hola”. Bueno, se presentó, nos saludamos y me dijo: “Qué contenta te veo”. Y le dije “Sí”. Y yo me extrañé, digo: “¿Por qué me hace esta pregunta?”. Y me dice: “Bueno, es lo que toca”. Es lo que toca. Y me quedé como muy rara. La conversación se acabó así rápido. Y yo estuve pensando: “¿Cómo que es lo que toca?”. No, tú puedes elegir muchas opciones. Puedes elegir enfadarte con el mundo, puedes elegir estar enfadado contigo mismo, puedes estar triste, puedes elegir estar triste o puedes elegir ser feliz. No es lo que toca.

07:24

Yo pensé: “Él me lo está diciendo…”. Y me lo estaba diciendo con un tono además muy triste y muy… Como abatido. Y yo pensaba: “Si es lo que toca, tú deberías estar encantado, y no lo estás”. Entonces, es una elección. Y en el hospital también descubrí esto, que yo podía elegir muchas opciones, y obvio, o por lo menos para mí fue obvio, que quería elegir la de ser feliz.

07:51

Y luego aprendí tres cosas que os puedo transmitir. La primera es ser humilde. Y ser humilde significa quererse uno mismo, aceptarse. Yo tuve que volver a amar mi cuerpo, tuve que volver a quererme con esta nueva situación, y es muy importante aceptarse a uno mismo. Y vosotros, que sois los más jóvenes que estáis aquí, muchas veces nos preocupamos de: “Ay, los granitos”, o si estoy más gordito, más delgado o si soy más alto, el pelo… Es que… Es que eso da igual, y no lo has elegido tú, te ha venido impuesto. Entonces, con lo que tienes, acéptalo, sé feliz, disfruta y sácale el partido. Qué bueno que seas alto, qué bueno que seas bajito, qué bueno… Para mí es: qué bueno que no tengo pies. No me huelen los pies, por ejemplo. O sea, es genial, ¿sabes? Quepo en todos los sitios, es genial. No me tengo que cortar las uñas de los pies nunca, me olvido, es genial, ¿no? Hay un montón de cosas. No tengo frío por las noches. O sea, depende del prisma con el que lo veamos.

08:56

Pues la primera fue esa, ser humilde. Y la segunda, ser paciente. Muchas veces pensamos que queremos las cosas… O en general, queremos las cosas para ya. Y el parar, como a mí me hizo parar el accidente y estar tanto tiempo en silla de ruedas en el hospital, hizo que se parara el mundo para mí. Y eso fue buenísimo, porque cada cosa que venía era un acontecimiento para celebrar. ¿Que podía levantarme en la silla y…? Fenomenal, lo celebrábamos. ¿Que podía ponerme un poco de pie? Genial. Y parece contradictorio, pero esa espera forzada me hizo entender que las cosas vienen cuando tienen que venir y que hay algo, no sé qué es, no sé si es del destino, no lo sé, pero que tienen que pasar por algo.

09:45

Y la tercera, a vivir el aquí y el ahora. Es importante tener un reto de futuro o tener objetivos: los estudios, la carrera o algo de profesión, un proyecto. Pero no hay que obsesionarse con ello. Hay que tenerlo ahí sabiendo que estás en el presente. Y hay una cosa que a mí me sanó mucho y me curó mucho, y es pensar que el pasado no existe ni el futuro existe. Es que mi accidente ya no existe. Y el cáncer de tiroides ya no existe. Y al no existir, tampoco te puede hacer daño. Y es que es verdad, ya no existe. Pues ya no voy a volver al 2011, ni siquiera a ayer. Y tampoco sé lo que va a pasar mañana. Entonces, el estar presente en el aquí y el ahora te hace ser muy consciente y, a la vez, muy feliz. Y yo es lo que intento hacer todos los días de mi vida, pensar que… No que vaya a ser el último, sino que es el que tengo que disfrutar. Y yo creo que es una manera de gestionar muy bien el estrés, de gestionar muy bien la ansiedad y de hacernos felices, que es para lo que hemos venido aquí, a este mundo, a ser felices y nada más. No hemos venido a otra cosa que a encontrar nuestra felicidad.

“Todo lo que aprendí gracias a mi accidente”. Sara Andrés
Quote

“Ser humilde significa quererse una misma, aceptarse”

Sara Andrés

11:06
Estefanía. Hola, Sara, soy Estefanía. Bueno, encantada de conocerte. Y, bueno, se ve que eres una persona muy positiva con cierto sentido del humor ante la adversidad, y quería saber cómo ha influido ese sentido del humor para afrontar los momentos así que son un poco más duros en la vida.

11:26
Sara Andrés . Hola, Estefanía. Pues el humor para mí ha sido imprescindible. Desde mi accidente en el hospital, por supuesto, tuve ayuda de psicólogos, de terapeutas para afrontar el duelo. Y siempre, siempre han usado el humor para tratar temas más complejos. Y yo creo que el humor, en general, es buenísimo en todo, porque hace que uno se relaje, rompa esas estructuras que tenemos rígidas de pensamiento, también cuando alguien te hace reír te sientes más cómodo, más cercano. Y entonces, ahí, cuando estás relajado, por lo menos en mi caso lo hicieron así, cuando estaba relajada es cuando introducían un tema doloroso, porque era cuando yo ya no iba a oponer resistencia porque estaba tranquila, estaba relajada. Y desde esa sensación y ese sentimiento de tranquilidad, de relajación, tratábamos temas muy profundos que para nada eran banales, que no se hacían banales por la risa, sino todo lo contrario. Y luego sí que volvíamos al tema del humor, porque como que reforzaba más la idea.

12:41

Y, en mi caso, creo que se pasaron con el humor porque yo también soy muy payasa, ya lo he cogido como norma. Y aprendí primero a reírme de mí misma, porque es que no hay nada más divertido que reírse de los gazapos, de los errores que cometes y de ti misma. Y yo hago muchas bromas, a veces un poco bestias, con un humor así, negro.

13:04

Bueno, pues al principio, lo típico, si llovía y venían a recogerme algunos amigos a casa, les decía: “¡No, que no pudo salir, que me oxido!”. Entonces, claro, se tronchaban. Luego, por ejemplo, cuando estaba en el sofá sin prótesis y pasaban delante, decía: “¡Ay, que me has pisado!”. Y claro, ellos no se daban cuenta. “¡Ay, lo siento!”. Entonces, bueno, eso hacía que ellos también se relajaran con este tema y ellos pudieran tratar el tema de mi discapacidad de una manera natural y como que no pasa nada. Luego, en la playa, a mí me encanta salir del mar y, si me coge alguien, gritar que hay tiburones. Entonces, los niños… “¡Socorro, tiburones!”. Claro, pero ese humor hace que, primero, que tú te rías de ti mismo, que lo veas con naturalidad y los demás también, y se ríen. Y también relaja un poco ese prejuicio que podrían tener de ti o… Y se hace más natural.

14:05

Yo qué sé, es que hago muchas cosas así de broma. Estoy todo el día pensando. Bueno, esta es muy fuerte, pero os la voy a contar. Cuando tuve… Sí, cuando tuve… Me diagnostican cáncer de tiroides, entonces, me operan. La tiroides es un órgano que segrega hormonas. Y entonces me dijeron que me podía cambiar el estado de ánimo. Y a mí me daba mucho miedo que todo lo que había conseguido, el positivismo, la energía, el ver la vida con humor, el ver la vida así divertida, se me fuera. Digo: “A ver si me van a operar y esto se va a acabar”. Entonces, cuando me operaron, después te llevan a una sala que es de reanimación, cuando estás expulsando la anestesia. Entonces, estás ahí como medio dormido. Entonces, viene el enfermero y yo no podía hablar casi, muy bajito. Entonces, vino y le digo: “Ven, ven”. Entonces, viene y digo: “Que se han confundido”. Y me mira. Digo: “Que me han cortado los pies”. Y entonces, claro, él… O sea, el enfermero, se puso blanco. Fue a mirar los pies de la cama donde está el informe. Entonces, claro, yo: “Que se han confundido, no eran los pies”. Claro, el hombre no sabía dónde meterse, diciendo: “Dios mío, que la han metido al quirófano, le han cortado los pies y no era eso de lo que tenían que operarla”. Y entonces, ahí apareció mi médico y le dijo: “¡Que te está tomando el pelo, déjala!”. Y entonces yo dije: “Ay, puedo descansar, no se me ha ido el sentido del humor”. Y luego le pedí perdón, pero ya no apareció. O sea, le pedí perdón y ya… me pusieron a otro enfermero.

15:47

Y yo creo que el humor es clave, porque te da alegría, porque… ¿Qué pasa si un día te enfadas y no te ríes? Bueno, ¿y si dentro de…? Yo que sé, de lo que sea, ¿te pasa algo horrible y no estás aquí para contarlo? Eso es lo del aquí y el ahora, el disfrutar y el reírte y el sonreír. Hay mucha gente que va por la vida muy triste y como con los problemas a cuestas. Bueno, pues puedes ir con tus problemas, todos tenemos preocupaciones, y yo también, pero puedes aparcarlos o saber gestionarlos y saber en qué momento te tienes que reír, cuándo te tienes que desahogar y sonreír, que es importantísimo, vivir así feliz. Y, sobre todo, lo que decía, ver lo bueno en lo malo. Es que estamos tan acostumbrados a la queja, al negativismo, a ver lo que no tenemos en vez de lo que tenemos. Yo con esto me he dado cuenta de eso, de todo lo que tengo.

16:50

Fíjate, perdiendo los pies tengo más que antes. No sé si es que los tenía que perder para darme cuenta, pero es así, ¿no? Tengo mucho más que antes. Y podía pensar eso: “Jo, los he perdido y ya no va a ser esto igual” o puedo pensar: “Qué bueno, tengo una oportunidad para…”. Segunda oportunidad para vivir, segunda oportunidad para divertirme, para sonreír, para hacer feliz a la gente, para querer, para amar, que todo esto sigue estando. Y cada día tiene que ser así como nuevo.

17:21

Al principio, ahora lo hago menos y me da mucha rabia, al principio, cuando me ponía las prótesis, era como: “¡Estoy de pie!”. Y yo decía: “¡Qué alegría, qué guay!”. Cada día lo festejaba. ¿Y por qué no hacemos eso con todas las cosas que tenemos en nuestra vida? Sin que te falte esto. O sea, vosotros, la familia, cuando vais a casa… O sea, mi mujer, mis hijos o con mis amigos: “Qué guay que tengo esto” o “Qué guay que puedo hacer deporte” o “Qué guay que voy al cole y que me enseñan” o “Qué guay que tengo un trabajo”. Para mí era como todo alegría. Empezar de cero, aprender de cero y todo nuevo. ¿Por qué no podemos ser…? Por la noche “resetear” y decir: “Al día siguiente, nuevo, voy a agradecer todo lo que tengo”. Y yo estaba alucinada con todo. “Ostras, el sol, qué guay, ha salido el sol, qué bien. Qué bien, puedo caminar dos pasos más, ¡toma!”.

18:27

Entonces, esa actitud de celebrar todo, de alegrarse por todo, aparte de que se aprende y luego se hace un hábito, como todo en la vida, también se aprende lo negativo. Entonces, si aprendemos a ser positivos… Y no quiere decir que tienes un pensamiento negativo y dices: “Ay, no, ya he fastidiado el día”. No, lo puedes tener, pero lo tengo y venga, ahora el positivo, lo compensas. Bueno, he tenido uno malo, bueno, bien, porque los seres humanos somos así. Viene ese pensamiento negativo, pero seguidamente, venga, otro positivo sobre lo mismo. Voy a verle la cara positiva. Y si lo haces como un ejercicio mental, igual que el deporte se entrena, igual que el trabajo se entrena, digamos, cada vez eres más experto, mejor, ¿por qué no ser más experto en ser positivo? ¿Por qué no ser más experto en ser feliz cada día? ¿Por qué no practicar todos los días? Voy a pensar en todo lo bueno que he hecho hoy y disfrutarlo como único, porque es único, porque ya os he dicho que el pasado no existe y el futuro tampoco.

19:32
María . Hola, Sara. Soy María, y yo sé que tú, además de una gran atleta, eres maestra. Yo soy maestra en pedagogía terapéutica y me gustaría saber cómo les explicas a tus alumnos el concepto de la discapacidad en este entorno de escuela inclusiva.

19:53
Sara Andrés . Hola, María. Pues, bueno, cuando… Al principio, después de mi accidente, me daba vergüenza enseñar las prótesis. Entonces las llevaba tapadas, iba con pantalones largos y en verano con faldas. Y… Pero según pasaba el tiempo y yo iba superando más lo que me había pasado y viendo, aceptándome y queriendo mi propio cuerpo, me di cuenta de que era absurdo y que no era el rechazo de los demás lo que me daba miedo, sino mi propio rechazo y que tenía que mostrarme tal como era, porque no hay nada malo en tener unos pies de robot. Todo lo contrario, incluso puedo fardar de ellos.

20:36

Entonces, después de ir a Río, cuando volví, en el cole pensé que los niños, en algún momento, en el periódico o en la tele o algo, me iban a ver. Y que no era justo que se enteraran por la tele. Pensé que se lo tenía que contar. Fue tal cual te lo cuento. Llegué al colegio: “Hola, chicos, ¿sabéis lo que son las Paralimpiadas? ¿No? Pues hoy os voy a poner vídeos”. Entonces, empecé a poner vídeos sobre los deportes, hablamos un poco de qué diferencias había entre estos atletas y los que ellos conocían, y realmente sacaban muy pocas. Y después de hablar cinco minutos, yo llevaba una falda y me la levanté. Entonces, se quedaron asombrados, claro. Unos se asustaron, otros tenían miedo y otros todo lo contrario, decían: “Cómo mola, tenemos una profe medio robot, medio mujer”. Entonces, claro, dije: “Qué bueno, yo encantada”. A los que tenían miedo, pues sin más, con naturalidad, como lo que es, pues: “Ven, tócalo, ya verás que no pasa nada”. Entonces, con la experiencia, con la manipulación, de verlo, pues se volvió, en cosa de cinco o diez minutos, como supernatural.

21:56

Y cada día, después de esos momentos, me decían: “Profe, enséñanos tus piernas de metal”. Entonces era como un ritual, cada día: “Bueno, pues…”. Y las enseñaba, hasta que se convirtió en algo tan, tan igual, como el que lleva una coleta. Ya casi se fijaban más: “Qué guapa estás, te has puesto trenza”. Eso era lo llamativo, no las piernas. Entonces, fue una manera muy natural. Y lo que sí que hice es introducirles la idea de ser empático con el otro y con mi discapacidad, que se llama. O lo llaman, bueno, porque hay veces que puede ser supercapacidad o discapacidad, y todos tenemos discapacidades o supercapacidades. Y a veces les decía: “Oye, chicos, que hoy estoy más cansada, ¿venís vosotros a la mesa?”. “Ah, claro, profe”. Entonces, ellos entendían que mi cansancio se debía a que yo no tenía pies y yo tenía que usar las prótesis y, en ese sentido, necesitaba ayuda. Pero lo asimilaron tan rápido.

23:00

Incluso, bueno, luego íbamos por todas las clases y, claro, ellos fardaban de profe y los alumnos, claro, se asustaban y ellos: “No, no, si no pasa nada, ya verás”. Y ellos les enseñaban que no pasaba nada, que era supernormal. Y, de hecho, es que al cabo de los años, es que ellos no ven las prótesis, ven a su profe, a Sara, no es algo sorprendente esto, no, no.

23:27

Los niños es lo bueno que tenéis, y los jóvenes, que sois muy flexibles, que no tenéis prejuicios, que no tenéis ideas preconcebidas. Sí que tenían un montón de preguntas que hacerme, pues curiosidades, que si dormía con las prótesis, que si las podía mojar, que si cuando tuviese una pelea, quién ganaría, porque claro… Digo: “Pues yo, porque imagínate. ¿Quién va a ganar?”. Pero no, no tenían eso.

23:56

Y luego es verdad que, como yo les he ido enseñando todas las carreras, todas las distintas discapacidades, pues era como que ellos, ya, es su mundo también. Y que da igual, que ellos no ven la discapacidad, ellos sí que realmente ven lo que ven, a la persona o el deporte. Y es mucho más fácil. Quizás con los adultos cuesta más. Incluso los niños, al principio, cuando iba a la playa, algún niño: “¡Mamá, mamá, que esa niña no tiene pies!”. Y los padres: “Calla, calla”. Y entonces yo decía: “No, déjale, si es que a mí eso no me molesta, es que es lo natural”. Y casi le estás inculcando tú el miedo a preguntar, el miedo a… Le estás metiendo ideas extrañas al hacerle callar porque él se está sintiendo mal porque no puede preguntar por algo que ve, como el que ve, no sé: “Mamá, qué coche tan chulo” o “Qué…”. ¿No?

24:50

Y la madre, ya, cuando le decía: “No, no, tranquila, que se acerque, que me pregunte”, ya, aliviada, me decía: “Gracias, porque no…”. Somos los mayores los que no sabemos gestionar eso, y la mejor manera es la manera de ser natural desde el respeto, desde… Y los niños suelen ser naturales y no suelen faltar al respeto nunca. Sobre todo, porque sabes que es curiosidad y no es malicia, no es para hacer daño, es todo lo contrario, es para aprender. Y de otra manera, si no les dejamos preguntar o les cohibimos, lo que hacemos es generar en ellos un pensamiento erróneo que les va a perdurar toda la vida y no van a entender: ¿por qué tengo que tener rechazo o miedo a alguien diferente a mí, a alguien que va con prótesis o a alguien que va en una silla de ruedas? Y ese pensamiento se va quedando ahí y luego es muy difícil cambiarlo cuando somos mayores. Los prejuicios, ¿no?

25:49

Hola, Sara, mi nombre es Santiago. Un poco al hilo de la pregunta anterior, has escrito un libro sobre discapacidad dirigido a los niños. ¿Nos podrías hablar un poquito del libro?

25:57
Sara Andrés. Hola, Santiago, encantada. Pues mira, a raíz de esto que me ocurrió en el cole de ver que había niños que se asustaban y que tenían como miedo, reflexioné: ¿por qué lo ven diferente? Y entonces, estuve ahí dándole vueltas y vi un ejemplo claro: cuando un niño ve a una persona con gafas no ve ninguna extrañeza, cuando ve a una persona con ortodoncia, no es nada extraño. ¿Por qué? Porque lo ven desde bien pequeños, porque pasean por la calle y ven que hay personas con gafas, con ortodoncia o con una muleta. Pero una prótesis no se ve desde que eres bien pequeñito. Entonces, pensé: hay que hacer un cuento que cuente historias divertidas con niños con discapacidad, pero que la historia no sea los niños con discapacidad, sino que sea las aventuras que pasan y cómo transforman esa discapacidad en supercapacidad. Y, ¿por qué no?, que estos personajes puedan ser un referente o un icono como lo es Harry Potter con su varita mágica, ¿no? ¿Por qué no puede ser un héroe una niña en silla de ruedas? Pues me parece muy chulo.

27:13

Y además, este cuento es el primero de una saga que he escrito, que son cinco. Los voy a ir publicando poco a poco y van contando esas aventuras. Y son cosas que yo he corroborado, es decir, que yo sé qué puedo hacer, por tanto, que son factibles, no son cosas mágicas, sino son cosas que yo… Y en el mundo de la discapacidad he visto que no hay discapacidad física para nada, que todo es mental o lo tenemos… Los límites muchas veces nos los ponemos nosotros en nuestra cabeza, y que con imaginación, con creatividad, podemos solventar un montón de problemas. Entonces, si estos son los referentes de los niños y hace mella y poquito a poco lo ven, pues luego no van a tener prejuicios, luego van a ser abiertos, luego van a ser empáticos. Y creo que son valores que hay que transmitir de compañerismo, de respeto y de valorar al otro. Y que cuando necesite alguien ayuda, pues saber cómo ayudar, ¿por qué no?

28:16

Y creo que había que hacer algo y, bueno, como me gusta dibujar e ilustrar también, pensé: “Bueno, pues lo escribo y lo ilustro yo con más cariño, con más mimo”. Que da gusto que salgan así cosas chulas. Y, bueno, es como mi bebé, así que muy contenta.

“Todo lo que aprendí gracias a mi accidente”. Sara Andrés
28:45
Alberto. Hola, Sara, soy Alberto. Como profesora y atleta paralímpica, ¿qué opinas sobre la educación inclusiva y qué propones para mejorar la inclusión en el aula?

28:47
Sara Andrés . Hola, Alberto. Muy buena pregunta. Bueno, yo creo que la educación tiene que ser 100 % inclusiva, y lo que hay que hacer, hay que tener más recursos para poder dar abasto a las necesidades especiales de todos los alumnos, no solo de las personas con discapacidad, sino de todo el alumnado, que es tan diferente.

29:09

Yo recuerdo que cuando era pequeña, en mi clase había una niña con necesidades especiales. Y… Bueno, es que era una más. Y me encantaba porque la profesora integró tan bien a esta niña que… Como yo he intentado hacer con mis alumnos, que no veíamos la discapacidad, veíamos a nuestra compañera. Y eso también nos hizo aprender valores, aprender a ayudarla muchas veces, que no podía hacer cosas o que no sabía. Siempre había un niño encargado cada día de tutor para ayudarla, todos la animábamos cuando teníamos que hacer cosas en grupo o actividades. Y para mí me fue tan enriquecedor tenerla. Y para mí nunca ha sido nada malo ni nada… No sé, que me perjudicara ni a mí ni a los compañeros. No íbamos más lentos porque ella tuviera que ir más despacio, para nada, era todo lo contrario.

30:06

De hecho, el cole en el que estoy es un cole de motóricos, de preferencia motóricos, y hay niños motóricos que necesitan el ascensor y está todo equipado para ellos porque van en silla de ruedas. Pero también, por ejemplo, este año llegó una niña con discapacidad visual y este cole no es específico para eso, pero bueno, todos nos volcamos, todos los profes, los alumnos, en cómo hacer las señales en las paredes para que ella pudiera manejarse por todo el centro sin ayuda. Todos los niños le preguntamos un montón de cosas para que ella nos explicara cómo ayudarla o cómo hacer. Y yo creo que es tan enriquecedor aprender de otro que sea diferente, da igual que sea una discapacidad, otra persona que sea de otro país, otra persona que tenga otra cultura, me parece primordial.

30:57

También entiendo a los papás que quieran llevar a su niño a un centro específico. Lo entiendo porque es verdad que en la escuela pública a veces no hay recursos suficientes, y a lo mejor, esos padres se sienten más a gusto, más tranquilos si su peque está en un cole asistido o especial. Pero puede estar incluido de alguna manera o hacer actividades conjuntas o que haya siempre una conexión, porque ¿por qué vas a quitar la realidad de la educación? Si la educación… Lo que tenemos que enseñar a los niños es todas las realidades que existen y al revés, y aprender de todas las realidades. Y si aislamos o alejamos a las personas que son diferentes, al final, lo que estamos haciendo es eso, es ser independientes, egoístas, individuales, y no enriquecernos, no aprender con el otro. Yo creo que la base de la educación es eso, es aprender con los demás, con el otro y con la diferencia.

31:58
Borja. Hola, Sara, encantado de saludarte, soy Borja. Como bien sabes, vivimos en una sociedad donde cualquiera puede tener un problema de movilidad o discapacidad en cualquier momento de su vida. Y en ese sentido, tú, que probablemente te has enfrentado a muchas barreras y que has tenido impedimentos, quería saber qué mensaje lanzarías a la sociedad para intentar concienciar de estas limitaciones y cómo conseguir un mundo donde sea todo más accesible y donde sea más inclusivo para gente que tiene este tipo de limitaciones.

32:25
Sara Andrés. Hola, Borja. Pues, bueno, hay un montón de cosas todavía por hacer. Yo me acuerdo de que cuando estuve esos nueve meses en silla de ruedas, no recuerdo un solo día haber salido sola a la calle con la silla. Me daba miedo porque todo estaba inaccesible. Había… Los bordillos, las aceras, los coches, no había hueco para pasar. Entonces, me di cuenta de la gran dificultad que existía para las personas con silla de ruedas. Y yo creo que hay que hacer denuncias sociales cuando veamos una injusticia, hay que promover que construyan desde el principio siempre las aceras, los accesos grandes, los cuartos de baño. Yo hay veces que me da mucha rabia, por ejemplo, en los cuartos de baño, que la gente los usa… “Ay, el de discapacitados”, y se meten. Ostras, y que luego está todo sucio. Imaginad, si a nosotros nos da reparo, una persona que se tiene que sentar, que muchas siempre llevan el kit de limpieza para limpiar todo aquello… Pero que seamos un poco más conscientes de que… Dejar de ser egoístas y pensar que otra persona puede necesitarlo.

33:37

Incluso las plazas de aparcamiento. Yo me acuerdo una vez de que llegaba a aparcar y estaba ocupado, y entonces vi que no tenía la tarjeta y le pregunté si podía salir, por favor, que yo sí que tenía la tarjeta, que era discapacitada. Dijo: “Bueno, pero…”. Unas malas formas. “Bueno, pero no pasa nada, si es un minuto” No, es que no es un minuto, es que es el trastorno de que yo tenga que bajar, comprobar que tú estás bien.

34:04

Entonces, yo creo que hay que mandar un mensaje de no ser egoísta, de pensar en los demás, y a los políticos, que hagan bien pensando en todos. Que a nosotros nos da igual, a los que vamos andando nos da igual que haya un bordillo, pero es que con una silla de ruedas es imposible. ¿Y eso qué hace? Que esas limitaciones hacen que aún más se limite la vida de por sí. Ellos tienen una capacidad increíble, mental también, y yo admiro a muchos de mis amigos que van en silla porque, por ejemplo, las escaleras mecánicas las tienen que… Para bajar, se ponen de lado… O sea, hacia atrás, y se cogen para frenarse, porque no hay un sistema para ellos para engancharse. Tienen que tener una fuerza en los hombros para engancharse y frenar la silla. Porque si no, se caerían.

34:54

Por ejemplo, las rampas que vemos normalmente: “Ay, qué bien”. En mi urbanización han puesto rampas. “Ay, qué bien, qué buena idea, han puesto rampas”. Son rampas del demonio. Si es que te matas, si es que son unas rampas que tienen una pendiente… Yo lo he probado y a mí me daba miedo eso, no puedes bajar con la silla. O sea, que incluso las cosas que creemos que están adaptadas, muchas veces, no, hay que probarlas en una silla y ver si esa pendiente es mejor o peor, ¿no?

35:22

De hecho, hace unas semanas estaba con Teresa Perales y contaba que una vez tuvo que ir a entrenar a un estadio que no conocía mucho. Solo sabía de una entrada y estaba cerrada y no tenía el contacto, ya era tarde, no le dejaban… Bueno, no había nadie para abrirle. Se tuvo que ir por el acceso normal y, bueno, lo que hizo es bajarse de la silla y, arrastrando la silla, pudo llegar a la piscina a nadar. O sea, apoteósico. Que estuvo como media hora arrastrando su propia silla por las escaleras para bajar. Claro, si encima ya lo tiene, lo tenemos difícil y nos lo ponemos más difícil, pues no. Tenemos que ser menos egoístas, más empáticos y darnos cuenta de que no estamos solos y de que tenemos que hacer las cosas pensando en todos.

“Todo lo que aprendí gracias a mi accidente”. Sara Andrés
36:16
María . Hola, Sara, me llamo María y yo también hago atletismo. ¿Cómo y por qué decidiste dedicarte a este deporte?

36:25
Sara Andrés. Hola, María, ¿qué tal? Pues la verdad es que es una buena pregunta y, de hecho, hace unos días me preguntaron que por qué había elegido el atletismo y, en concreto, correr cuando no tengo pies. Y lo pensé unos minutos y dije: “Pues tienen razón, la verdad es que no sé por qué, pudiendo haber elegido otros deportes más sencillos, me voy al más difícil y al que tienes que usar las piernas”. Pues yo creo que fue porque necesitaba sentirme ágil, me apetecía sentir el aire en la cara, sentirme poderosa, sentir que había superado el accidente y que estaba igual o mejor que antes, que podía hacer las mismas cosas. Y luego pensé: “Bueno, como en todos los deportes necesitas velocidad, pues primero aprendo a correr y luego elijo el deporte que más me gusta”. Pero, claro, es que empecé a correr, a correr y me enganchó y me encantó. Y cada vez mejoraba más, mejoraba más y ya no lo he soltado. Me gusta tanto que ya no… Pero quizás por eso, por las ganas de uno mismo de superarse y de decir: “Bueno, pues me dicen que es difícil y que no lo puedo conseguir, pues ya verás como sí que lo puedo conseguir”. Un poco por cabezonería o tozudez o… Llámalo voluntad o llámalo esfuerzo o superación. Y así lo hice. Y ya te digo que no lo soltaría, ahora me encanta el atletismo.

37:50
Adrián . Hola, Sara, soy Adrián, y yo también comparto contigo la experiencia del atletismo. Y yo quería preguntarte que quiénes fueron las personas que te ayudaron a pensar en el atletismo.

38:05
Sara Andrés . Hola, Adrián. ¿Como referentes te refieres?

38:07
Adrián. Sí.

38:09
Sara Andrés . Bueno, pues en el mundo del atletismo está David Rudisha, que es un fondista, Mo Farah… De velocistas, Usain Bolt, ¿cómo no? Y aparte, bueno, cuando fui a Río de Janeiro, los Juegos Paralímpicos, me tocó la misma calle que en la que había corrido hacía unas semanas Usain Bolt. Y yo estaba… Casi que quería como besar el suelo, era como: “Dios, estoy en el mismo tartán, por favor”. Bueno, me dio suerte, pero… Luego, deportistas españoles que… Fuera del atletismo, Nadal, por supuesto. Y dentro del atletismo, Aurora Pérez, que es una fondista muy conocida, Ruth Beitia. Y de mujeres, Lidia Valentín, de halterofilia.

39:02

Y, bueno, todos un poco. La verdad es que he cogido de cada uno lo que más me ha gustado y, sobre todo, no como deportistas exitosos, que lo son todos, sino sobre todo las historias que tienen detrás de esfuerzo y superación. Y no sé si conocéis, pero es que realmente, lo que vemos desde la tele o desde los periódicos es todo éxito, pero es todo lo contrario. Sí que es verdad que tienen éxito, pero para llegar a ese éxito han sufrido mucho, han sacrificado mucho y tienen una historia detrás que a mí me fascina el coco, la cabeza que tienen tan bien puesta que les hace llegar tan lejos. Y lo que más admiro de un deportista es el coco, no es lo físico, porque, bueno, vosotros que hacéis atletismo y los que hagáis otro deporte, seguramente sepáis que el deporte es mucho más mental que físico. Hay que tener un componente de resistencia mental ante las adversidades, ante la pereza, no te apetece salir a entrenar o no te apetece o, por ejemplo, vas corriendo y te pasa una contrincante y muchas veces tu mente te dice: “Va, déjala que gane”, y tienes que luchar contra eso: “No, venga, sigue y dale”. Y eso es mental.

40:26

Y lo bueno es que se puede extrapolar a todos los ámbitos. Si tú trabajas y entrenas esa capacidad intelectual, esa capacidad mental de esfuerzo, la vas a tener en el deporte y la vas a tener en el trabajo y la vas a tener en tu vida. Y más cercano, a quien admiro, pero increíblemente, es a mi entrenador, Carlos Llanos. Él tiene una historia muy bonita y muy dura también. Él iba al campeonato de España para clasificarse para los Juegos, era uno de los mejores maratonianos de España, y justo una semana antes decidió calentar en una maratón popular con gente popular, no con gente de alto rendimiento. Salió corriendo y un coche lo atropelló. En una salida lo atropelló. Entonces, bueno, pues tuvo una rotura de tibia y de peroné, y abierta, y claro, imagínate, era uno de los candidatos para representarnos en los Juegos y su carrera se truncó.

41:29

Pero yo creo que ha sabido darle la vuelta y está él también agradecido de lo que le pasó, porque a raíz de ese accidente, empezó a pensar en el deporte como una herramienta terapéutica y una herramienta de mejora de calidad de vida, no de éxito y de ganar. Claro que quiere que ganemos, pero siempre desde el lado de la salud, desde el lado de que va a mejorar tu vida. Y por eso empecé a entrenar con él, porque me dio una sensación de que iba a mejorar mucho la calidad de vida. Y, efectivamente, yo andaba bien, pero a raíz de que empecé a entrenar con él, pues bueno, me iba dando claves, íbamos haciendo rehabilitación y, curiosamente, aguantaba más tiempo con las prótesis, mucho mejor. La posición, la espalda. Ya no me dolían las lumbares, ya no… Y claro, vi un cambio radical, y por eso el deporte en sí me gusta tanto, por la parte de rehabilitación que tiene, y luego, por la parte de disfrute y de ocio que tiene.

42:29
Victoria. Hola, Sara. Has competido en Mundiales de atletismo y en Juegos Paralímpicos. Quería saber qué es lo que más te gusta y más te cuesta de los entrenamientos para estas competiciones.

42:42
Sara Andrés . Hola, Victoria. Pues a ver, lo que más me cuesta es el momento de la competición, te digo. Es cuando llego ahí… Bueno, antes de competir tienes que estar media hora antes en una sala que se llama cámara de llamadas. En esa sala ya están todas las contrincantes y estamos viéndonos, sentadas. Bueno, puedes ir calentando, pero ya te estás viendo y estás preparada para que te digan: “¡Ya!”, y a salir a competir. Entonces, en esa media hora siempre me asaltan las dudas, que supongo que son miedos, y digo: “¿Pero quién me manda a mí estar aquí? Con lo bien que estaría en casa descansando o haciendo cualquier cosa”. Y es el miedo, ¿no? Pero lo paso mal esos minutos, luego ya me conciencio y digo: “No, Sara, que esto te gusta, te encanta”. Y ya, cuando salgo y termino, la sensación de correr es una pasada, y de competir y de estar con todas y de hacer algo grande y algo chulo.

43:40

Y luego, como anécdota espectacular y que resume un poco por qué me gusta el atletismo, la primera competición internacional que tuve fue en Grosseto, en Italia. Y estaba con una de mis referentes, que no he dicho antes, Giusy Versace, que es doble amputada también como yo, y Martina Caironi, que es una chica que es amputada femoral, por encima de la rodilla. Y bueno, había más atletas. Corrimos un 200 y yo estaba nerviosa no, lo siguiente, porque claro, era mi primera competición importante con atletas fuertes, con atletas importantes. Y aparte, yo llevaba unas prótesis que eran como de trotar, no eran de velocista, eran un poco malillas. Y ellas iban con sus prótesis geniales, que parecían una pasada, y yo era como muy poca cosa en ese momento.

44:32

Bueno, pues empezamos a correr el 200, y a los 20 metros de la meta, me tropecé y me caí. Me pegué una torta increíble y me quedé en el suelo avergonzadísima. Entonces, escuché a Giusy Versace y a Martina, que ya habían acabado la carrera: “¡Venga, Sara, levántate!”. Me levanté, terminé como pude, andando, sangrando, porque me había hecho daño y me había hecho una herida, y vinieron las dos, que son dos grandes iconos a nivel deportivo paralímpico. ¿Qué te digo? Como un Nadal aquí, son muy importantes, gente que ha ganado muchas competiciones, que tiene un palmarés increíble y que podrían tener un sentimiento así de creerse más. Pues para nada, vinieron las dos, me abrazaron, yo estaba llorando, me dijeron que no pasaba nada, que era normal. Y yo, de sentir que me abrazaban, que estaban conmigo, que… Dije: “¡Guau! Qué bueno, esto es el deporte, esto es el deporte”. En la pista podemos estar luchando, pero es que acaba la carrera y me animan, me abrazan, me ayudan. Y dije: “Esto es lo más”.

45:47

Entonces, eso es muy bonito, cuando terminas… Yo, siempre que acabo una carrera, voy a mis contrincantes a abrazar, porque bueno, me lo inculcaron ellas y lo hago porque es una manera de celebrar que hemos hecho algo grande todas. Entonces, nos abrazamos y nos felicitamos. Da igual que hayas acabado primera o última, te felicitas por el esfuerzo, por haber estado ahí y por haber tenido la valentía de intentarlo.

46:12
Adriana. Hola, Sara, yo soy Adriana y te quería preguntar sobre la participación y la igualdad de la mujer en el deporte. ¿Cómo ves tú el papel actual de las mujeres en el deporte?

46:22
Sara Andrés . Hola, Adriana. Pues muy buena pregunta. Bueno, cuando yo empecé en 2015, yo era la única amputada que hacía atletismo. Así que, básicamente, no había ninguna representación femenina. Y con respecto a otras discapacidades, tampoco… el número aumentaba mucho, o sea, somos muy poquitas. Entonces, yo pensé: esto hay que cambiarlo, y gracias a la visibilidad, a las redes sociales, a que ahora es verdad que los medios nos hacen más caso o nos prestan un poco más de atención, que hay un movimiento más hacia la mujer, hacia el empoderamiento, que lo llaman, de la mujer, nos ha venido bien porque es verdad que, poco a poco, hay más y somos más conocidas. Que eso es lo importante, porque que haya mucha gente en el deporte es muy bueno, muchas chicas, y también que seamos relevantes. No para quitar mérito a los hombres, sino porque es que somos buenas de verdad. Y hay que tener un espacio, y ojalá que en los informativos haya el mismo tiempo para la mujer que para el hombre, porque el deporte femenino está creciendo, y es así.

47:38

Pero bueno, una anécdota, y además me paso ayer. Curiosamente, ayer volví de… Lo tengo que decir, volví de un campeonato en Bilbao, en Basauri, y bueno, he batido el récord del mundo de salto de longitud en mi categoría, así que estoy muy, muy contenta. He saltado 4,11, cuatro metros, once, estoy muy contenta. Y a la vuelta hablábamos de los récords de las mujeres. Justamente, los chicos… Había dos chicos que son muy futboleros y estaban… El sábado fue. Y estaban: “Ostras, tenemos que llegar antes del partido”, porque había partido de fútbol de las chicas, que yo no lo sabía. Y digo: “Pero ¿os gusta?”. “Bueno, es que nos encanta el fútbol femenino. Yo no veo fútbol masculino”, me decían. Digo: “¡Qué bueno!”. No por despreciar el fútbol masculino, sino porque haya chicos que les encante y que empiece esa afición. Y decían: “No, es que son mucho mejores, es que hay algunas que son tremendas de buenas, qué bien lo hacen, de la pasión que le ponen”. Como que decían que, al ser menos conocidas, también es verdad que no hay tanto personaje detrás o imagen, sino que es más el deporte en sí. Y que alucinan de las estrategias que hacían. Bueno, me contaron un montón de historias de las futbolistas. Y digo: “Qué bueno que exista esta afición y que vaya ‘in crescendo’”.

49:03
Javier . Hola, Sara, soy Javier. Quería preguntarte por el mensaje que lanzas a los niños y niñas, sobre todo los que tienen discapacidad o problemas de movilidad, por su lucha, por cómo luchan para cumplir sus sueños.

49:21
Sara Andrés. Gracias, Javier. Yo creo que el mensaje vale para todos, da igual qué niños. Que sueñen, que tengan retos, que se pongan metas y que disfruten de la vida. A mí me pasa, personalmente, que yo, que tengo discapacidad, no me considero discapacitada porque hago muchas cosas que antes no hacía y hay otras que no puedo hacer, pero que antes tampoco. Entonces, es verdad que vivir en primera persona la discapacidad, a mí, por lo menos, no me hace tener una etiqueta o ser diferente a los demás. Me mueven las mismas cosas, las mismas emociones, las mismas ilusiones. Y para los niños es lo mismo. Les mueven las mismas cosas, y tener referentes también ayuda. Y, por supuesto, que a los niños y a todas las personas, que hagan lo que de verdad les gusta, que busquen eso que les apasiona, que les mueva por dentro, que no se dejen llevar por lo que toca o por lo que la sociedad o por lo que el papá o la mamá quiera, sino que hagan una reflexión sobre lo que a uno le gusta.

“Todo lo que aprendí gracias a mi accidente”. Sara Andrés
50:26

Yo lo bueno que tuve es que, al tener el accidente, pude reconstruir mi vida como yo quise, sin ninguna demanda de nadie desde fuera, ninguna expectativa, y pude pensar de verdad en lo que yo quería. Y hay veces que inculcamos a nuestros hijos lo que nos gustaría que fueran pero no les dejamos ser ellos mismos o que busquen ellos lo que les apasiona. Y quizás perdemos que en un futuro ellos no sean felices porque están haciendo lo que a ti te gustaría haber hecho o lo que tú tienes en mente para ellos. Yo creo que la mejor opción es dejar libertad, dar opciones, que conozcan muchas y que prueben. Y no ver nunca el fallo. Si se confunden de estudios y se confunden de elección, es que yo he aprendido más de los fracasos que de los éxitos. Yo he aprendido más de mi accidente que de todos los éxitos que he tenido. Entonces, creo que es mejor el aprendizaje desde el fracaso porque te va a impulsar mucho más y vas a darte cuenta de lo que no quieres y lo que sí quieres.

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Y yo creo que a los niños hay que dejarles que crezcan sanos, felices y que descubran por ellos mismos lo que les gusta y lo que les va a hacer felices, porque en el fondo, es como decía, aquí hemos venido para ser felices, tenemos solo una vida y el tiempo pasa muy rápido y hay que aprovecharlo.

51:54

Y bueno, la verdad es que os quiero agradecer que me hayáis escuchado y, bueno, espero que os haya parecido interesante, sobre todo porque lo que quiero transmitiros es que si yo, con todas las adversidades que he tenido, con una doble amputación, haber perdido mis pies, haber tenido cáncer de tiroides, después tuve un cáncer de piel, también… He tenido muchas enfermedades complicadas que me han hecho perder la sonrisa o el humor y que, lejos de haberla perdido, me han reforzado más y he conseguido cosas que jamás había pensado que podía conseguir. ¿Qué no podéis hacer vosotros teniéndolo todo? O sea, que despertéis, que seáis conscientes de todo lo bueno que tenéis en la vida, valoradlo y disfrutadlo. Y ese es el mensaje que os quiero transmitir, que podéis llegar a conseguir cosas que jamás podíais haber pensado. Así que muchas gracias.