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Los cuatro pilares para cultivar una vida con sentido

Emily Esfahani

Los cuatro pilares para cultivar una vida con sentido

Emily Esfahani

· Filósofa y escritora

“La búsqueda de felicidad nos hace infelices”, asegura la filósofa, psicóloga y escritora Emily Esfahani. Una paradoja que descubrió en su infancia. Nació en Suiza y creció en Canadá inmersa en una comunidad de meditación sufí. “De ellos aprendí que a pesar de haber tenido una vida muy dura y de que no buscaban la felicidad, sus vidas tenían sentido”, reconoce. Así fue como, desde adolescente, comenzó a investigar una alternativa a la felicidad: el sentido de la vida. “Una vida con sentido proporciona, a la larga, un sentimiento de satisfacción más profundo y duradero”, asegura la experta.

La también periodista, es autora del libro superventas ‘El arte de cultivar una vida con sentido’ que ha sido traducido a más de 15 idiomas. Una obra en la que se sirve de la psicología, la sociología o la neurociencia para analizar cuáles son las claves que dan sentido a la vida. El estudio incide en estos cuatro pilares: la pertenencia y las relaciones con los demás, el propósito en la vida, un relato coherente sobre nosotros mismos y espacio para la trascendencia.

Emily Esfahani estudió Filosofía en el Dartmouth College, una de las universidades más antiguas y prestigiosas de los Estados Unidos, y realizó un máster en Psicología Positiva en la Universidad de Pennsylvania. Ha sido columnista de The New Criterion y editora de la institución Hoover de la Universidad de Stanford. Su trabajo ha aparecido en numerosas publicaciones como el New York Times o el Wall Street Journal. Hoy se dedica a divulgar por todo el mundo que hay más cosas en la vida que ser feliz.


Creando oportunidades

Emily Esfahani

“La búsqueda de felicidad nos hace infelices”, asegura la filósofa, psicóloga y escritora Emily Esfahani. Una paradoja que descubrió en su infancia. Nació en Suiza y creció en Canadá inmersa en una comunidad de meditación sufí. “De ellos aprendí que a pesar de haber tenido una vida muy dura y de que no buscaban la felicidad, sus vidas tenían sentido”, reconoce. Así fue como, desde adolescente, comenzó a investigar una alternativa a la felicidad: el sentido de la vida. “Una vida con sentido proporciona, a la larga, un sentimiento de satisfacción más profundo y duradero”, asegura la experta.

La también periodista, es autora del libro superventas ‘El arte de cultivar una vida con sentido’ que ha sido traducido a más de 15 idiomas. Una obra en la que se sirve de la psicología, la sociología o la neurociencia para analizar cuáles son las claves que dan sentido a la vida. El estudio incide en estos cuatro pilares: la pertenencia y las relaciones con los demás, el propósito en la vida, un relato coherente sobre nosotros mismos y espacio para la trascendencia.

Emily Esfahani estudió Filosofía en el Dartmouth College, una de las universidades más antiguas y prestigiosas de los Estados Unidos, y realizó un máster en Psicología Positiva en la Universidad de Pennsylvania. Ha sido columnista de The New Criterion y editora de la institución Hoover de la Universidad de Stanford. Su trabajo ha aparecido en numerosas publicaciones como el New York Times o el Wall Street Journal. Hoy se dedica a divulgar por todo el mundo que hay más cosas en la vida que ser feliz.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:11
Zuberoa Marcos. Bienvenida, Emily. Gracias por estar hoy con nosotros.

00:15
Emily Esfahani. Gracias por invitarme. Es un placer estar aquí.

00:19
Zuberoa Marcos. Emily, me gustaría empezar estas charlas por los inicios, saber cómo fue tu infancia y la influencia que tuvo en la persona que eres hoy. Has tenido una vida fascinante y has estado expuesta a mucha diversidad desde niña. Naciste en Suiza, creciste en una comunidad sufí de Canadá, todo tipo de gente frecuentaba tu casa en Montreal, y ahora vives en los Estados Unidos, en Washington D. C. Es un recorrido vital importante. Así que me gustaría que el público entendiera un poco quién eres y cómo el hecho de haber estado expuesta desde pequeña a esta diversidad te ha ayudado a ti, a tus valores y a cómo te mueves por el mundo.

01:20
Emily Esfahani. Sí, he tenido la suerte de estar expuesta a muchas experiencias diferentes desde pequeña. Como has dicho, nací en Suiza, pero crecí en Canadá, en Montreal. Vivíamos en el centro de Montreal, y mis padres organizaban en casa reuniones para la comunidad sufí. Para quien no lo sepa, el sufismo es una práctica mística y espiritual asociada al islam. El poeta Rumi era sufí. Los derviches mevlevíes también eran sufís. De manera formal e informal, había reuniones sufís en casa desde que yo tendría unos siete años. Así que dos veces por semana, los domingos y los jueves por la noche, muchos sufís en búsqueda de espiritualidad venían a casa. Se sentaban en una habitación muy grande que casi no tenía muebles, solo cojines en el suelo, y allí meditaban durante varias horas. De fondo, sonaba música persa sufí clásica, pero, si no, había mucho silencio. Gran parte de la experiencia cultural era persa, aunque entre la gente que venía había tanto personas étnicamente persas como occidentales y muchas del Norte de África. Era una gran mezcla de gente que se sentía bien en esa comunidad que se entregaba a la búsqueda espiritual. El objetivo de esas prácticas, de la meditación, la oración o el ayuno, es disminuir la importancia del yo, del ego, para poder conectar con algo mucho mayor que uno mismo. Podemos llamarlo Dios o el mundo. Hay quien lo llama la consciencia del universo. Para los sufís, gran parte de esto se dirigía a dar amor y bondad al prójimo, pero también a ofrecer servicios para la comunidad. Ese fue el tipo de valores y el modelo que veía en los adultos que me rodeaban, en eso consistía una vida con sentido para ellos. Y me quedé con eso incluso tras irnos de aquella casa en la que se hacían los encuentros sufís, cuando tendría unos 12 años, y nos mudamos a los Estados Unidos, donde he vivido desde entonces.

03:41
Zuberoa Marcos. Emily, una de las ideas centrales en tu obra es el concepto de que la felicidad está sobrevalorada. De que la idea que nos venden de que tenemos que perseguir la felicidad acaba jugando en nuestra contra, hace infeliz a la gente. Me gustaría que explicaras cómo te diste cuenta de eso.

04:11
Emily Esfahani. Diría que, tras mudarnos a los Estados Unidos, ya no estaba tan metida en la cultura del sufismo, me sentía más integrada en la cultura popular. Entonces me di cuenta de esa especie de mensaje constante que nos dice que una buena vida es una vida feliz; que, si persigues la felicidad, tendrás más éxito, más amigos, más dinero; que obtendrás todos esos beneficios si persigues la felicidad. La verdad es que nunca llegué a encontrarle el sentido a esa manera de pensar. Yo había aprendido de los sufís entre los que crecí que muchos de ellos habían tenido una vida muy dura. Claramente, no perseguían la felicidad. La mayor parte del tiempo, probablemente ni se describirían como felices. Convivían con muchas dificultades. Y eso puede decirse de todo el mundo. Todos lidiamos con algún tipo de sufrimiento. Los defensores de la búsqueda de la felicidad parecían ignorar ese otro tipo de vida. Les decían a aquellos que no buscaban ese tipo de felicidad que hacían algo mal. Para mí, eso no tenía sentido, porque había visto a mucha gente que no perseguía la felicidad y, sin embargo, tenía una vida con sentido. El verdadero punto de inflexión fue cuando estaba estudiando Psicología Positiva en la universidad, porque allí entré en contacto con algunas investigaciones en Psicología Positiva que mostraban que esa búsqueda constante de la felicidad puede volverse en contra, porque, al perseguir la felicidad con tanto fervor, generas la expectativa de que deberías ser feliz, y la cultura establece esa expectativa. Cuando, en realidad, no es normal esperar ser feliz todo el tiempo. Como resultado, cuando la gente no es feliz, se siente infeliz. Es un resultado algo irónico.

Los cuatro pilares para cultivar una vida con sentido - Emily Esfahani, filósofa y escritora
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“Sin sentido en la vida, sufrimos”

Emily Esfahani

06:04
Zuberoa Marcos. Así que eso hizo que quisieras ir más allá sobre la idea de la búsqueda constante de la felicidad y, a fin de cuentas, sobre el significado de una vida plena y con sentido. En resumen, presentas la idea de sentido como una alternativa a la idea de felicidad. Dices que ambos conceptos están relacionados, pero son entidades diferentes. Me gustaría que nos explicaras qué diferencias hay entre el sentido y la felicidad, y también qué tienen en común.

06:43
Emily Esfahani. Ese tipo de distinción entre sentido y felicidad tiene una larga historia en la Filosofía, y, más recientemente, la investigación en Psicología ha intentado desenmarañar las diferencias entre las dos cosas. Gran parte de lo que diré viene de esa investigación y de corrientes filosóficas relacionadas. Muchos psicólogos y filósofos describen la felicidad como un estado mental y emocional positivo. Si te sientes bien, eres feliz. Si te sientes mal, eres infeliz. Es algo que viene y va. Puedes sentirte feliz en un momento dado, pero recibir una llamada con malas noticias a continuación y sentirte triste. Es una emoción, y las emociones vienen y van. El sentido es algo más amplio. Los filósofos y los psicólogos definen una vida con sentido como algo que conecta y contribuye a algo que va más allá de ti mismo. Puede ser tu familia, tu trabajo, Dios o la religión. Algo que trasciende a tu individualidad, algo a lo que contribuyes y que te ayuda a darle orden a tu vida. Según la investigación en Psicología, las personas dicen que su vida tiene sentido cuando se dan tres condiciones: la primera es que consideran que su vida es significativa y tiene valor; la segunda es que encuentran en su vida algún tipo de propósito, algo que las encamina hacia el futuro; y la última es que creen que su vida es coherente, que hay una cierta narrativa, cierta historia que engloba todas sus experiencias, incluyendo el sentido que le dan al mundo. Hace que la vida no sea aleatoria, sino que tenga sentido, que sea coherente. Parte de lo que escribo trata de cómo tanto felicidad como sentido son algo bueno. Obviamente, no digo que haya nada malo en que la gente se sienta feliz, pero hay gente que dirige su vida a la búsqueda de sentido y gente que la enfoca a la búsqueda de la felicidad. Y, cuando esto ocurre, hacen cosas diferentes. Estoy recordando un estudio en el que a un grupo de personas se les dijo que hicieran cosas significativas, con sentido, e hicieron cosas como estudiar para un examen, visitar a un ser querido en el hospital, o hacer voluntariado. Cosas que vivían como difíciles y que exigían un sacrificio. Los que tenían que hacer cosas que los hicieran felices jugaron a videojuegos, se hicieron la manicura, durmieron hasta tarde, ese tipo de cosas. Así que hay una diferencia en cómo estar motivado por un tipo de objetivo u otro cambia nuestro comportamiento, pero también hay cierto tipo de situaciones en las que coinciden. Por ejemplo, recuerdo los datos de una investigadora que mostraban que alrededor de un cuarto de las personas a la que encuestó consideraba que su vida era feliz y también tenía sentido; otro cuarto afirmaba que su vida tenía sentido, pero que era infeliz; otro cuarto decía tener una vida feliz, pero sin sentido, y el último cuarto no tenía ni una cosa ni la otra. Lo que suele ocurrir con la gente que considera que su vida tiene tanto sentido como felicidad es que el hecho de ir tras el tipo de cosas que aporta sentido a su vida, aunque a veces suponga dificultades o estrés a corto plazo, como criar a sus hijos o trabajar, acaba llevando a cierta sensación de felicidad. Hay otra investigación que indica que es posible que, cuando perseguimos claramente la felicidad, el tipo de cosas que nos aportan bienestar también nos den una sensación de sentido. Así que existe ese tipo de conexión entre las dos, no se pueden separar por completo, pero, cuando la gente se centra completamente en una cosa u otra, eso cambia totalmente su manera de vivir la vida.

10:32
Zuberoa Marcos. Emily, has dicho alguna vez que vivimos en una crisis moderna del sentido. ¿Cómo describirías esa crisis? ¿Y qué te hizo pensar que escribir un libro era una manera apropiada de llegar a la gente y darle alguna pista para poder salir de dicha crisis?

10:58
Emily Esfahani. Si observamos las últimas décadas, digamos las últimas cinco o seis décadas, vemos que casi todos los indicadores de enfermedades mentales han subido. Ha aumentado el índice de suicidios, tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo. Han aumentado los casos de depresión, los de ansiedad, los de soledad. Todos los valores que miden el sufrimiento han ido al alza. Cuando los investigadores trabajan con las estadísticas para intentar entender qué provoca esta crisis en la salud mental, lo que encuentran es que está motivada por la ausencia de sentido en la vida de la gente, no tanto por la falta de felicidad. Intentan separar los dos factores. Y me parece que es una distinción importante, porque, a menudo, cuando sufrimos o la gente a nuestro alrededor sufre, tendemos a pensar algo como: “Vale, no te sientes bien, hagamos algo que te haga sentir bien, que te haga feliz”. Pero lo que la investigación parece indicar es que, sea cual sea el vacío que sentimos, lo único que puede llenarlo es el sentido de la vida. Eso es lo que indica la investigación, pero, si lo pensamos históricamente, está claro que esta crisis de sufrimiento es una crisis de sentido. Antes comentábamos cómo muchas de las fuentes tradicionales de sentido que solían estar en los cimientos de la vida de la humanidad, de nuestros ancestros, ya fuera la religión, la comunidad o los rituales… ya no son tan esenciales en la vida de la gente hoy en día. El mundo es cada vez más individualista, secular y tiene menos en cuenta a la comunidad. Sin toda esa arquitectura de sentido en la vida, la gente tiene que descubrir por sí misma qué hacer para saciar esa necesidad de sentido, que tanto yo como muchos psicólogos creemos que es una necesidad fundamental y que, sin sentido en la vida, sufrimos. Intentar responder a la pregunta de qué tiene que hacer la gente para descubrir cómo darle sentido a su vida es lo que me llevó por este camino y acabó plasmándose en mi libro. Algo que pasó mientras buscaba respuestas a esa pregunta fue que empecé a escribir artículos sobre lo que iba descubriendo, y mucha gente respondió a ellos. Algunos de los artículos se hicieron muy virales. Eso me hizo darme cuenta de que hay un anhelo de sentido, de que es posible que la gente sí busque llevar un tipo de vida más profunda, pero que tal vez no sepa cómo lograrlo. Yo quería entenderlo. Si lo que de verdad importa es el sentido, qué es lo que debemos incluir en nuestra vida para encontrarle ese sentido. A partir de la respuesta a mi trabajo y mis artículos, tuve la sensación de que había más gente que se hacía las mismas preguntas que yo. Eso me inspiró para escribir el libro.

13:46
Zuberoa Marcos. Emily, has identificado cuatro pilares del sentido, y hablaremos de ellos más adelante, pero son pertenencia, propósito, trascendencia y narrativa. Me gustaría que antes nos hablaras del proceso que te llevó a identificar esos cuatro elementos.

14:09
Emily Esfahani. Lo primero que hice fue consultar qué decían los estudios. Como he comentado antes, hoy en día hay mucha investigación en el área de la Psicología que intenta investigar empíricamente qué le da sentido a la vida de la gente y si invitando a la gente a hacer ciertas actividades puede aumentar su sensación de sentido en la vida. Me empapé de toda esa investigación. Y también acudí a lo que muchas otras disciplinas, como la Filosofía, la Religión, la Literatura y el resto de campos de estudio, podían aportar sobre qué es lo que da sentido a nuestra vida. Eso me ayudó a contar con un marco conceptual con el que trabajar y a darme cuenta de algunos temas recurrentes. Pero lo que llevó mi investigación a un nuevo nivel fue entrevistar a mucha gente, muchas personas ordinarias y extraordinarias, sobre lo que tenían para contar. Quería entender qué hacía que su vida tuviera sentido, cómo era su vida cuando no encontraban tanto sentido o cómo era su vida cuando más sentido le encontraban. Todo eso en su conjunto, la investigación, las entrevistas y esos patrones recurrentes que veía aparecer continuamente en las historias de la gente, fue lo que cristalizó en esos cuatro pilares de sentido. Así fue como traté de entender y sintetizar toda la información que iba recogiendo. Y encontré cuatro conceptos, cuatro patrones, que surgían una y otra vez.

15:31
Zuberoa Marcos. Emily, esos cuatro pilares, como he comentado antes, son pertenencia, propósito, trascendencia y narrativa. ¿Nos explicas en qué consisten y qué entiendes por cada uno de ellos?

15:49
Emily Esfahani. La pertenencia tiene que ver con el tipo de relaciones que tenemos. Cualquiera que haya reflexionado o leído acerca del bienestar probablemente habrá encontrado estudios en los que se afirma que las relaciones nos hacen felices, que contribuyen a nuestro bienestar. Pero la pertenencia se refiere a un tipo particular de relación. Es una relación en la que te sientes valorado por ser quien eres, de manera intrínseca, y en la que valoras a la otra persona por quien es en esencia. Hago esa distinción porque podemos imaginar estar en una relación, incluso una relación íntima, como una relación familiar o de pareja, en la que no te sientes valorado por quien eres intrínsecamente, sino por tus logros, por tu apariencia, el dinero que ganas, pero no por ser quien eres. La pertenencia tiene que ver con ser valorado por ser quien eres. Algo muy interesante que he descubierto al estudiar este pilar es que la pertenencia no tiene por qué formar parte de una relación desde el principio. Es algo que se puede cultivar con la otra persona en los momentos de interacción con ella. Sintonizando con ella, escuchando activamente y estableciendo una especie de conexión íntima en la que ambos sienten que la otra persona los ve, los valora y los escucha. Las personas que tienen ese tipo de interacción se sienten elevadas, sienten que son importantes para los demás. Por el contrario, las personas que se sienten ignoradas o rechazadas, aunque sea por cosas insignificantes, como si estás hablando conmigo y yo estoy mirando el móvil… incluso este tipo de rechazo provoca que las personas sientan que su vida tiene menos sentido, porque te estoy ignorando e invisibilizando en cierto modo. Así que es importante sentir que alguien nos ve, sentir que le importamos a alguien. Eso nos da cierto sentido en la vida. Esto puede ocurrir en relaciones y también en comunidades a las que pertenecemos. El segundo pilar es el propósito. Propósito y sentido son palabras que a menudo pueden intercambiarse. Pero, como yo lo entiendo, el propósito es un componente del sentido, es la parte del sentido que nos guía hacia el futuro. Los psicólogos definen el propósito como un objetivo o un principio que orienta nuestra vida y que implica que aportemos algo a los demás. Puede ser una aportación de todo tipo. Alguien puede tener como propósito encontrar la cura del cáncer. Para otra persona el propósito puede ser criar a sus hijos. Recuerdo a una persona con la que hablé para el libro, que también participaba en un estudio sobre el sentido en el trabajo. Se trataba de una limpiadora de hospital que trabajaba a diario fregando suelos y recogiendo cuñas. Cuando le pregunté por su trabajo, me dijo: “Mi propósito no es limpiar, sino ayudar a curar a la gente que está enferma”. Era capaz de conectar lo que hacía con una visión mucho más global. Eso es una parte muy importante del propósito. Hay otro estudio muy interesante que muestra cómo puede encontrarse el propósito en las pequeñas cosas. Trataba de adolescentes que hacían tareas en casa, como ayudar con la cena o cuidar de sus hermanos, ese tipo de cosas. Los que hacían más tareas en casa mostraban una noción de propósito más grande. Según los investigadores, eso sucedía porque sentían que estaban ayudando a sus padres y colaboraban en crear lo que sería un hogar. Nuevamente, las pequeñas cosas que hacemos, al conectarlas con algo más global, dotan nuestra vida de un propósito. El tercer pilar es la trascendencia. Las experiencias trascendentes son momentos en los que te sientes por encima de los ajetreos cotidianos de la vida y sientes que estás conectado a algo mucho más grande que tú. Por ejemplo, cuando estás bajo un cielo estrellado mirando las estrellas, cómo eso te puede hacer sentir muy pequeño y lo mucho que te puede inspirar ese momento. Aparece en experiencias con la naturaleza, cuando nos enfrentamos a algo sublime e inspirador que nos puede llevar a la trascendencia. También llegamos a ella con la meditación o la oración, o con movimientos colectivos, como puede ser bailar con alguien. Es otro camino a la trascendencia. Todas estas experiencias son maneras que tenemos de disminuir la importancia de nuestra individualidad y sentir que estamos conectados a algo mucho más grande que nosotros mismos. Lo más interesante de este tipo de experiencias es que la gente que las tiene las valora entre las que más sentido dan a su vida. Y creo que la causa de eso, como indica la investigación, es que, tras subir metafóricamente a la cima de la montaña, la perspectiva que tienes de las cosas al bajar es diferente. Mucha gente dice: “Antes de mi experiencia trascendente era más individualista y egoísta, pero, desde entonces, mis valores me llevan a sentirme más integrado con mi comunidad y a ser más empático”. Hay un estudio en el que llevaron a un grupo de estudiantes a un bosque de eucaliptos muy altos, de unos 60 metros de altura.

Los cuatro pilares para cultivar una vida con sentido - Emily Esfahani, filósofa y escritora
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Los cuatro pilares del sentido son: pertenencia, propósito, trascendencia y narrativa

Emily Esfahani

20:56

Les dijeron que pasaran un rato observando las copas de los árboles. Esos árboles son una obra increíble y antiquísima de la naturaleza. En su presencia, los estudiantes tuvieron esa sensación de admiración y trascendencia. Más tarde, cuando se los puso en una situación en la que podían ayudar a alguien, tenían muchas más probabilidades de querer ayudar a esa persona que los que no habían vivido esa experiencia. Hay algo en ese tipo de experiencias que reorganiza la manera en que pensamos en el mundo y nos empuja a actuar de modos que aportan más sentido. El último pilar es la narrativa. La narrativa trata de la historia que nos contamos sobre nosotros mismos, sobre cómo hemos llegado a ser la persona que somos hoy. Si pensamos en todas las historias que nos rodean en la vida, tenemos películas, televisión, los libros que leemos, los programas de radio que escuchamos. Todas ellas pueden ser, a su manera, fuentes de sentido, pero a lo que me refiero es a nuestra narrativa personal, a la explicación de quiénes somos y cómo hemos llegado a ser así. Me he dado cuenta de que, a menudo, cuando hablo acerca de este pilar, la gente lo encuentra fascinante y sorprendente. Creo que es porque normalmente no nos damos cuenta de que somos los autores de nuestras propias historias, de que tenemos una narrativa continua en la cabeza sobre quiénes somos y cómo hemos llegado a ser así. Si somos conscientes de esa narrativa, podemos editarla si nuestra propia historia no nos deja avanzar. Eso es, básicamente, lo que hace la gente que asiste a terapia o escribe un diario, la gente que suele reflexionar sobre su vida. Ese es el proceso de edición de nuestra propia historia. Si la historia que nos contamos no nos deja avanzar es posible modificarla o reinterpretarla, de tal modo que nos permita ir hacia delante.

22:48
Zuberoa Marcos. Emily, mientras entrevistabas a estas personas para identificar los cuatro pilares, ¿encontraste estos cuatro pilares en todo el mundo? ¿Te pareció que había gente para la que el propósito era más importante y que para otra lo era la pertenencia? Lo que quiero saber es cómo se combinan esos cuatro pilares para definir ese concepto general de sentido, si puede ser solo uno de ellos el que lleve a alguien a vivir una vida con más sentido.

23:27
Emily Esfahani. Es una muy buena pregunta. Sin duda es uno de los descubrimientos más interesantes que hice durante las entrevistas. No hace falta que tengas los cuatro pilares en tu vida para encontrarle sentido. Hay gente a la que le importan mucho dos de los pilares y casi nada los otros dos, por ejemplo. Encontré a mucha gente para la que la pertenencia y el propósito eran muy importantes, pero la trascendencia no. Cada persona tiene su propia combinación en su búsqueda de sentido. Lo que sí puedo decir es que, cuantos más pilares tienes, parece ser que más fuerte es tu noción de sentido. En concreto, por ejemplo, estamos grabando en época de la covid, así que, si pensamos en situaciones complicadas en la vida, la gente que tiene más pilares es más fuerte y más resiliente para atravesar ese tipo de momentos difíciles. Los pilares nos ofrecen una especie de apoyo en lo más íntimo de nuestro ser que es muy valioso para sobrellevar dificultades. Es muy interesante ver cómo los pilares pueden combinarse de maneras muy diferentes en cada uno. Algo interesante es que hay gente que se centra especialmente en el pilar que no tiene y que le gustaría tener. Alguien puede pensar: “¿Cuál es mi idea de propósito? No sé cuál es mi propósito, no tengo ninguno”, y de ahí deducen que su vida no tiene un sentido, cuando, en realidad, los otros pilares están presentes en su vida y para encontrarle sentido basta con cambiar su enfoque mental hacia esos otros pilares. No estoy diciendo que tengas que dejar de buscar un propósito si eso es algo importante para ti, pero sería un error considerar que tu vida no tiene sentido, porque probablemente tienes esos otros pilares en los que te puedes apoyar.

25:21
Zuberoa Marcos. Emily, solemos asociar este tipo de preguntas sobre el sentido de la vida o sobre cómo lograr que nuestra vida sea más plena y significativa a adultos reflexivos que se preguntan qué cambios necesitan en su vida para ser más coherente con sus valores y cosas así. Pero me pregunto qué pasa con los niños, los futuros adultos. ¿Qué beneficios hay en que los padres hablen de este tipo de cosas con sus hijos?

25:57
Emily Esfahani. Pensar en este tipo de cosas es muy importante para los niños. Puede que sin usar la misma terminología de sentido y propósito, pero sí que es importante hacer que los niños piensen en su vida de manera global: aquello que les importa, sus valores, las actividades que les apasionan.
Que esas ideas se asienten durante la infancia les da a los niños una muy buena base para lo que les espera en la vida. Me viene a la mente un estudio en el que se pedía a alumnos de secundaria que pensaran más allá de sus objetivos individuales. Sería lo que en el libro llamo “propósito”, pero lo presentaban en un lenguaje más cercano a los niños. Los investigadores pidieron a los niños que escribieran una redacción sobre qué contribución les gustaría aportar al mundo y la importancia que su educación tenía en esa posible contribución. Un chico escribió que quería ser ingeniero genético para poder producir más comida y ayudar a la gente que pasa hambre. Recuerdo, durante mis entrevistas del mismo estilo a adolescentes, que una chica me dijo que quería ser agente de policía para dar más seguridad a su comunidad. Y, volviendo a la investigación, los chavales que se enfrentaron a ese tipo de ejercicio luego tuvieron mejores notas en Matemáticas. Ese fue uno de los efectos.
Pero, además, cuando, durante el estudio, pusieron a algunos chicos a resolver una serie de problemas aburridos, pero les dieron la opción de jugar a videojuegos en un ordenador cuando quisieran, en realidad aguantaron más tiempo resolviendo los problemas. Tener ese marco mental relacionado con el propósito permitió que hicieran una tarea difícil, y que en principio no tenían ganas de hacer, porque entendieron que a la larga podía ser importante para lograr su propósito.

27:50
Zuberoa Marcos. Emily, ¿cómo ves la idea de sentido en el marco de la escuela, que es donde educamos, creamos, a los futuros adultos? ¿Por qué es importante que la escuela tenga en cuenta el concepto de sentido?

28:08
Emily Esfahani. Bueno, como este y otros estudios indican, cuando los niños tienen una idea de sentido, sacan mejores notas y se integran mejor en las actividades escolares. Y, más allá de eso, la infancia y, en particular, la adolescencia, según los psicólogos, es el periodo vital en el que se dibuja su vida adulta, y es entonces cuando deberíamos reflexionar sobre quiénes somos y sobre cuál es nuestro propósito. Y la verdad es que no hay muchos espacios en los que los jóvenes puedan desarrollar ese tipo de preguntas. Puede que los que tengan contacto con alguna comunidad espiritual hablen de esas cosas con sus amigos, pero el mundo de las redes sociales no invita especialmente a profundizar en esos temas. La escuela o el instituto son los únicos espacios por los que pasan todos los chavales. Si un profesor puede lograr en sus clases que los alumnos reflexionen sobre el propósito o puede incorporar esa reflexión al contenido de las asignaturas, como, por ejemplo, mediante el análisis de una novela en la que un personaje se cuestiona su propósito, transmitiendo así la idea de que todos podemos considerar nuestro propósito. Si conseguimos que los alumnos se hagan ese tipo de preguntas, creo que los ayudamos mucho para que más adelante les vaya bien en la vida. De lo contrario, pueden llegar a la etapa adulta sin haber pensado nunca qué querían hacer en la vida, para darse cuenta solo en la mediana edad de que no han vivido la vida que querrían haber elegido.

29:27
Zuberoa Marcos. Emily, algo que me ha sorprendido mucho ha sido que uno de los cuatro pilares sea el de la narrativa. Hablas mucho de las historias y el poder que tiene contarlas para entendernos a nosotros mismos y lo que sentimos. Me gustaría que hablaras un poco más de eso. Obviamente, también eres escritora, así que vives de escribir y compartir historias con la gente. Me gustaría que explicaras un poco cuál es la relevancia de las historias para ayudarnos a lograr una vida con sentido.

30:07
Emily Esfahani. Se me ocurren dos piezas diferentes. Por un lado, está el acto de unificar las distintas experiencias que vivimos en una narrativa que es coherente, que aporta sentido. Es un proceso que aporta sentido. Esa sería la primera parte. Nos ayuda a pensar que nuestra vida es más que una secuencia de acontecimientos, que tiene un arco narrativo sobre quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos. Todo eso es un proceso que aporta sentido. Luego viene el contenido de la historia. Qué pasa en la historia que contamos. Los investigadores han analizado el tipo de narrativas que la gente incorpora al explicar su vida, y hay temáticas recurrentes en nuestras historias. Una de las temáticas más comunes es la redención. “Me pasó algo malo y fue horrible, pero lo superé gracias a algo bueno”. Otra temática habitual es la llamada “historia de contaminación”, que es lo contrario de una historia de redención. “Me pasó algo bueno, pero se estropeó por algo malo que pasó después”. Otras temáticas son el crecimiento, el amor o la voluntad. Son diferentes temáticas que pueden intervenir en nuestras historias. Lo que los investigadores han descubierto es que la gente cuya vida tiene más sentido, o que así lo consideran, suelen contar las historias de su vida mediante historias de redención, crecimiento y amor. Si tus historias no contienen esas temáticas, no quiere decir que estés destinado a tener una vida sin sentido. Puedes cambiar la forma en la que cuentas tu historia mientras respetes los hechos. No es que cambies toda la historia para que trate de redención, sino que el material que incluyes en tu historia probablemente no representa toda la realidad. Tras décadas de investigación psicológica, sabemos que los seres humanos solemos tener un sesgo negativo muy fuerte.
Así que, si nos pasa algo malo, tenemos la tendencia de dejar que eso ocupe un lugar central en nuestra mente y en nuestros sentimientos, mucho más que si nos pasa algo bueno. Hasta el punto de que, para que una relación funcione bien, por ejemplo, necesitamos cinco cosas buenas por cada cosa mala que pase. Así nos afecta lo malo. Hablando de narrativas, eso implica que, cuando nos pasa algo malo, es mucho más probable que incorporemos ese hecho a nuestras historias por la intensidad que tiene en nuestra mente. Y, probablemente, ignoraremos muchas cosas buenas que nos pasan y no las incluiremos en nuestras historias. El proceso de editar nuestras historias exige preguntarnos qué pruebas tenemos de los aspectos negativos que incluimos y qué cosas positivas podríamos incorporar a nuestra narrativa para contar una historia más esperanzadora o redentora.

Los cuatro pilares para cultivar una vida con sentido - Emily Esfahani, filósofa y escritora
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Las humanidades pueden convertirse en una entrada al sentido de la vida.

Emily Esfahani

33:00
Zuberoa Marcos. Emily, en tu libro mencionas la obra de varios filósofos. Obviamente, la Filosofía es una disciplina que ha tratado de responder estas grandes preguntas desde el principio de los tiempos. También mencionas obras literarias muy importantes, como “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl. Mi pregunta es: ¿nos ayudan las humanidades, como la Filosofía, la Literatura o el Arte? ¿Son un buen medio para encontrarle sentido a la vida?

33:41
Emily Esfahani. A mí me encantan las humanidades, así que voy a decir que sí, pero, más allá de mi sesgo personal, creo que las humanidades pueden ser una fuente de sentido muy importante hoy en día, dado que el mundo actual es muy secular. La gente acude cada vez menos a la religión y la espiritualidad en busca de sentido. En una sociedad secular como la nuestra, podemos estar de acuerdo en que encontramos verdades en novelas, obras de teatro y obras de arte, que hay algo allí que podemos buscar para ayudarnos a encontrarle sentido a nuestra vida o hacernos una idea de cómo puede ser una vida con sentido. En mi caso, algunas de las experiencias en las que he encontrado más sentido han tenido algo que ver con el Arte y la Literatura, y me han enseñado mucho acerca de qué es una vida con sentido. Leer “El hombre en busca de sentido” me cambió la vida. Lo mismo con la novela “Middlemarch”, que trata precisamente de cómo la gente encuentra sentido en su vida. Antes hablábamos de la escuela. Creo que las humanidades pueden convertirse en una entrada al sentido de la vida si los profesores de humanidades logran establecer ese aspecto como una parte explícita de las clases, y también si los adultos encuentran espacio en su vida para las humanidades.

34:59
Zuberoa Marcos. ¿Qué filósofos y escuelas filosóficas tienes como referencia para ir a buscar su idea de sentido?

35:08
Emily Esfahani. Sí, claro. Aristóteles parece haber dicho todo lo que pueda ser relevante para el tipo de temas que me interesan, así que, para mí, su obra es una referencia esencial. También, especialmente en la actualidad, la obra del filósofo existencialista danés Soren Kierkegaard. La obra de otro filósofo existencialista, el francés Camus, me resultó muy útil mientras escribía “El arte de cultivar una vida con sentido”. Y, claro, “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl. Se trata de un autor extremadamente rico y profundo, y vuelvo a acudir a él con frecuencia.

35:49
Zuberoa Marcos. Podría seguir hablando contigo durante horas de este tema tan interesante. Además, como has comentado antes, hemos vivido este último año en una situación tan excepcional que ha hecho que encontrar el sentido se haya vuelto algo aún más relevante, un factor clave para nuestra supervivencia. Pero tenemos que acabar, así que me gustaría despedirme de ti dándote nuevamente las gracias por poder estar con nosotros.

36:17
Emily Esfahani. Muchas gracias a ti. Me ha encantado estar aquí y hablar contigo.

36:21
Zuberoa Marcos. Gracias.