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“La sociedad necesita música, poesía y lentitud”

Ramón Andrés

“La sociedad necesita música, poesía y lentitud”

Ramón Andrés

· Musicólogo y escritor

Con tono pausado, lento y sereno, propio de un sabio erudito de otros tiempos, Ramón Andrés sentencia: “Creo que la sociedad de hoy necesita música, poesía, lentitud y silencio”. Es uno de los mayores expertos del mundo en musicología, la disciplina que se encarga de estudiar la relación del ser humano con la música a lo largo de la historia. Pero Ramón Andrés también es un pensador, un gran poeta y una suerte de filósofo contemporáneo. Alguien capaz de desentrañar las vicisitudes y contradicciones de la sociedad actual, siempre desde una serenidad que invita a la reflexión: “Detenerse a pensar, parar para reflexionar, es un acto de rebeldía y una actitud revolucionaria en estos tiempos”, explica.

Ramón Andrés fue el ganador en 2021 del Premio Nacional de Ensayo por su obra ‘Filosofía y consuelo de la música’. Ha recibido numerosos premios por su contribución a la cultura desde una perspectiva musical. Es autor de más de una decena de ensayos sobre la historia de la música, el pensamiento y la filosofía; y también de numerosos títulos de poesía. En 2020 recibió el Premio de la Crítica de poesía por el libro 'Los árboles que nos quedan' y en 2015 el Premio Internacional Príncipe de Viana de la Cultura. Su ensayo ‘Pensar y no caer’ (2016) es una lúcida y profunda reflexión sobre nuestra sociedad y nuestra época. Para él, la música y la poesía son “una forma de orden y consuelo”.


Creando oportunidades

Ramón Andrés

Con tono pausado, lento y sereno, propio de un sabio erudito de otros tiempos, Ramón Andrés sentencia: “Creo que la sociedad de hoy necesita música, poesía, lentitud y silencio”. Es uno de los mayores expertos del mundo en musicología, la disciplina que se encarga de estudiar la relación del ser humano con la música a lo largo de la historia. Pero Ramón Andrés también es un pensador, un gran poeta y una suerte de filósofo contemporáneo. Alguien capaz de desentrañar las vicisitudes y contradicciones de la sociedad actual, siempre desde una serenidad que invita a la reflexión: “Detenerse a pensar, parar para reflexionar, es un acto de rebeldía y una actitud revolucionaria en estos tiempos”, explica.

Ramón Andrés fue el ganador en 2021 del Premio Nacional de Ensayo por su obra ‘Filosofía y consuelo de la música’. Ha recibido numerosos premios por su contribución a la cultura desde una perspectiva musical. Es autor de más de una decena de ensayos sobre la historia de la música, el pensamiento y la filosofía; y también de numerosos títulos de poesía. En 2020 recibió el Premio de la Crítica de poesía por el libro 'Los árboles que nos quedan' y en 2015 el Premio Internacional Príncipe de Viana de la Cultura. Su ensayo ‘Pensar y no caer’ (2016) es una lúcida y profunda reflexión sobre nuestra sociedad y nuestra época. Para él, la música y la poesía son “una forma de orden y consuelo”.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:04
Ramón Andrés. Mi nombre es Ramón Andrés y considero que nuestro mundo, nuestra sociedad, necesita poesía, música, lentitud y también silencio.

00:23
Sofía Sánchez. Hola, Ramón, encantada de tenerte hoy aquí. Me llamo Sofía, soy profesora de música, también estudié musicología, y estoy encantada de tenerte aquí un ratito para charlar de música, cultura y pensamiento.

00:35
Ramón Andrés. Muchísimas gracias.

00:38
Sofía Sánchez. Lo primero que te quería preguntar, bueno, tú eres músico, musicólogo, poeta, escritor, también eres profesor, y sé que en tu juventud fuiste cantante profesional de música antigua, especialmente de repertorio medieval y renacentista. Y me gustaría saber qué es la música para ti y como surgió tu vocación por ella.

00:59
Ramón Andrés. La música es la posibilidad de otro lenguaje, un lenguaje al margen o no al margen, pero sí paralelo a nuestro lenguaje oral, y eso te abre mundos. ¿Y cómo empecé con la música? Pues te diré que mi padre era violinista aficionado, gran wagneriano, en mi casa sonaba siempre Wagner. Y, bueno, pues empecé así, de muy pequeño, a familiarizarme con la música. También tengo que decir que yo viví en un hogar muy conflictivo, y para mí, la música fue una salvación, una manera de huir, de fuga, nunca mejor dicho.

01:53
Sofía Sánchez. También sé que una de las cosas que más has estudiado es la relación entre el ser humano y la música a lo largo de la historia. Aunque es un tema un poco denso, me gustaría que nos contases un poquito más acerca de esta relación.

02:05
Ramón Andrés. No hay una civilización sin música, pero de manera previa a las civilizaciones, si vamos a los orígenes, por ejemplo del ‘Homo sapiens’, pues ya vemos, incluso en neandertales, vemos allí en los objetos que nos han quedado, rascadores, raspadores, que podían ser huesos con unas hendiduras para ser frotadas, la noción del ritmo, entrechocar de piedras, todo esto es atávico en el ser humano, que ha necesitado siempre, digamos, aprehender la naturaleza, asimilarla y la ha expresado con la danza, que en el fondo es una forma de simetría con el propio eje.

03:11

Si vemos en las antiguas tradiciones, se repiten, por ejemplo, las danzas circulares en torno al fuego, en torno a un árbol, que en ese momento es el eje del mundo para los que están danzando, esto es ancestral. Y si pensamos en las cuevas, por ejemplo, ellos hacían sus rituales, nuestros antepasados provocaban sonoridades en las cuevas. Es muy interesante, muy importante, por ejemplo, las pruebas pioneras de Reznikoff, de Igor Reznikoff, en las cuevas de Dordoña, de algo muy interesante. En los puntos de máxima reverberación del interior de una cueva, con unas fonaciones o, a veces, con una zumbadera, que era un hueso, tenía forma de lanza con un orificio para pasar una cuerda vegetal, se movía y esto producía unos 80 decibelios en su sonido máximo, que es como un violonchelo. Estas ondas que se repartían por la cueva, en los puntos de máxima reverberación, coincide casi siempre con los lugares en los que hay pinturas, pinturas parietales. Así que ya tenemos hace 25 mil años una búsqueda, una coincidencia del sonido con la imagen. No es una coincidencia, es una… No es fortuito, es una búsqueda. Pero esto indica mucho, una mente avanzada, compleja también, simbólica. Y bueno, la música se gesta ahí, la música hasta se gesta en el canto de los pájaros, en la imitación humana de ese canto, en la imitación a través de otros instrumentos de las lluvias, por ejemplo, del viento. Así que imagínate cuando nos vamos a Mesopotamia o a Egipto ya hay una necesidad musical, una raíz musical en el ser humano.

“La sociedad necesita música, poesía y lentitud”. Ramón Andrés, musicólogo y escritor
05:45
Sofía Sánchez. ¿Crees entonces, Ramón, que la música es un reflejo de la historia?

05:51
Ramón Andrés. Lo es necesariamente desde que existe la historia, desde que Heródoto empezó a escribir su historia. La música es un reflejo de las ideas, es un reflejo de las mentalidades de cada época. Por eso ha existido y existe una música militar, existe una música para la ciudadanía, una música popular. Pensemos en las canciones de trabajo, las canciones de siembra, de siega, que fueron, digamos, un primer tesoro de la música, con el nacimiento, con la aparición de la agricultura, también la música se multiplica porque crea sociedades sedentarias, y ahí la música tiene un buen vivero. La música siempre ha sido un reflejo de las vivencias humanas. Y hemos tenido música en todo, en los palacios renacentistas o medievales, pero también en las fiestas populares. Es muy curioso que, a partir del siglo XVIII, que es un momento de grandes conquistas, de conquistas ya técnicas, vamos a decir así, el repertorio militar entra en la música clásica, ciertas formas, las marchas, lo encontramos en Beethoven, pero anteriormente también algunas marchas en Mozart. Muchos elementos militares, de la música militar, entran en un lenguaje musical clásico, culto, por decir así, de algún modo.

08:05
Sofía Sánchez. Ramón, en 2021 has sido galardonado con el Premio Nacional de Ensayo por tu libro ‘Filosofía y consuelo de la música’. El gran poeta y filósofo Boecio ya hablaba del consuelo de la filosofía. ¿Por qué la música también nos consuela?

08:19
Ramón Andrés. La música, mucho antes del título de Boecio, que escribió en la cárcel, y ahí necesitó el consuelo de una dama vestida de negro, que era ‘Filosofía’, una mujer sabia, mucho antes de la obra de Boecio, encontramos en tantos ejemplos literarios, por ejemplo, en la ‘Ilíada’, muchos momentos en que el protagonista o la protagonista cogen una lira, una cítara, para consolarse, ya sea por la pérdida de un ser amado, la pérdida de una batalla. La música sigue vigente con nosotros también, ¿cuántas veces acudimos a ella para consolarnos, para alegrarnos? Y yo creo que la historia de la música es la historia también del consuelo, de una forma de consuelo.

09:26
Sofía Sánchez. Te he escuchado en muchas ocasiones comentar algo sobre una frase que me ha llamado la atención, que es que el oído es el órgano que está más cerca de lo secreto, de lo escondido, que la vista. Explícanos un poquito más sobre esta frase tan bonita.

09:43
Ramón Andrés. Bueno, el oído fue un órgano de conocimiento, un órgano que conectaba a los seres humanos con lo sobrenatural, porque los dioses no se ven, se oyen. Entonces, la vista determina, pero el oído no, el oído deja abierta la incógnita. Cuando Nietzsche decía que el oído era el órgano del miedo, es verdad, es lo que podemos imaginar a oscuras de noche, cuando oímos ruidos que no conocemos, nos entra pánico, mientras que la vista es un filtro, un filtro acorde con la realidad. Es decir, la imaginación está en el oído, en este sentido. Y bueno, todas las religiones, la ‘Biblia’, por ejemplo, la presencia de Dios, la presencia de lo divino, siempre son truenos, sonidos en los desfiladeros, ecos muy fuertes, muy intensos. Eso son revelaciones divinas que eran interpretadas, fíjate, los oráculos en Grecia era el sonido, era la palabra. Pero también había muchos templos en Grecia, los dedicados a Zeus, que trataban de imitar la voz de Zeus, era una manera de atraerlo también y hacían resonar unas planchas metálicas, como una especie de gong, digamos.

11:35

Y eso era una manera de dar voz a lo que estaba en el cielo, una manera de mezclar el cielo y la tierra, de crear un espacio intermedio. Todo esto a través del sonido. Por ejemplo, en Dodona, que era un templo muy importante en la Antigua Grecia, utilizaban estas láminas de sonido. Pero la gente también acudía allí porque había un roble y la gente acudía allí para los augurios, para descifrar el destino del viento que soplaba en las hojas y, según cómo soplaba, según el sonido de ese árbol, pues ahí se interpretaba, se hacía una interpretación de lo que había sugerido. Es decir, el oído es fundamental para la conformación psíquica nuestra.

12:41
Sofía Sánchez. Aprovechando que estás hablando además de la Antigua Grecia, no es quizás conocido para el público en general la relación entre música y filosofía, pero tenemos múltiples ejemplos, desde filósofos, precisamente griegos, que han hablado hasta de la música de las esferas. ¿Cómo explicarías tú también, a grandes rasgos, esta relación entre ambas disciplinas?

13:04
Ramón Andrés. Pues teniendo en cuenta que la música es un elemento de orden, los antiguos estaban obsesionados por esa idea de orden, en el sentido de que necesitaban explicarse el cosmos, ese caos en el que también estaba la propia naturaleza de la Tierra, necesitaban explicarlo. Por eso, Platón dice que la música es una forma de filosofía, es un lenguaje paralelo, es verdad, pero que armoniza. Los pitagóricos fundamentaron una idea que a nosotros nos puede parecer muy ingenua, pero que tiene su sentido y hasta un fundamento científico. Pitágoras va a Babilonia, está con los caldeos, que eran grandes astrónomos y matemáticos. Tenían en la música algo muy principal, y él lo toma de los caldeos, regresa a Grecia, va a Egipto, también Platón viajará a Egipto, y allí aprenden lo que luego se llamará ‘Armonía de las esferas’, según la cual, cada planeta emite una nota, y eso es lo que sustenta, no un acorde, porque ellos no tenían noción de acorde, sino una melodía que hilvana todo.

14:48

Pero claro, ellos habían calculado la distancia entre un planeta y otro, y era la proporción de vibraciones que habían calculado en un monocordio entre una nota y otra, las vibraciones que hay entre una nota y otra. Y para ellos esto era prodigioso, ver una coincidencia, como lo habían imaginado ellos, pero no lo vivieron como coincidencia, y entonces pensaron que todo se sustentaba a través del número de las proporciones, de las vibraciones. Y en cierto modo es así. Estamos envueltos en un inmenso universo vibratorio. Y esto es importante, porque, fíjate que hasta el siglo XVI, esta teoría, muchísimos teóricos, muchísimos filósofos la dieron por buena. El cristianismo, a su manera, la asimila, es un modo de hacer sagrado el cielo, está construido perfectamente, por esto en la patrística, en los primeros textos del cristianismo, de los Padres de la Iglesia, a veces aparece Cristo mencionado como Cristo, como el músico del universo o Dios como el armonizador del universo, o como Orfeo, Jesucristo aparece mencionado como Orfeo o comparado con él. Así que bueno, esta concepción numérica, vibratoria, armónica del todo, del todo en el que está la Tierra.

“La sociedad necesita música, poesía y lentitud”. Ramón Andrés, musicólogo y escritor
16:46
Sofía Sánchez. En otro de tus libros hablas del tema del silencio, que ha sido además un tema muy comentado a lo largo de la historia por músicos, musicólogos, tenemos ahí el ejemplo de John Cage, Alex Ross, y dices una frase muy interesante que es que la música nace del silencio, no es su contrario, no es su reverso, ¿qué es el silencio para ti y por qué es tan importante?

17:11
Ramón Andrés. El silencio es un estado, es un estado, sobre todo, mental, no una cuestión simplemente acústica. No es la ausencia de ruido, no es la ausencia de música, de palabra. Yo creo que es un estado mental. Ese espacio mental es lo previo a cualquier acción, a cualquier creación. El silencio es el movimiento previo, incluso dentro de nosotros mismos, en nuestro interior. Es lo previo que hay en nosotros antes de hacer.

17:55
Sofía Sánchez. Tú eres un gran lector. Has comentado en varias ocasiones que devoras libros, pero en tu discurso sueles decir que más que conocer, que aprender, te interesa entender. ¿Crees que la sociedad actual, primero, es una sociedad que quizás debería leer más, y segundo, que necesita entender mejor?

18:19
Ramón Andrés. Sin duda. Bueno, decía Borges: “Yo me vanaglorio de los libros que he leído, no de los que he escrito”. Pues bueno, ya no me vanaglorio, pero puedo decir que estoy contento de lo que he leído. Estar acompañado de maestros, de maestras, es algo fundamental. El no haber tenido esta compañía o no haberla tenido lo suficiente, pues hace que carezcamos de muchas cosas, porque la lectura exige una quietud, una concentración, una disposición, una humildad, también, a estar abierto al aprendizaje. Y hoy, que es todo prisa, en este sentido, es todo, digamos, de trazo grueso, vamos a decir, pues la lectura tiene pocas oportunidades. Por supuesto que necesitamos ya no solo lectura, sino silencio, silencio exterior e interior. Y es una sociedad que está perdiendo su condición de ciudadana y está yendo a su condición de cliente. Los ciudadanos se están convirtiendo en usuarios, como se dice ahora, y esto produce una degradación, sin duda, psíquica y también en el aspecto moral, es una reducción la que estamos viviendo a través del ruido, de la prisa, de esa insistencia que nos hostiga, en el consumo. Todo esto nos está desnaturalizando y es así.

20:24
Sofía Sánchez. Precisamente, en tu ensayo ‘Pensar y no caer’ hablas de los problemas de la sociedad actual, ¿qué problemas crees que son y cómo podríamos enfrentarnos a ellos?

20:36
Ramón Andrés. Enfrentarnos con rebeldía y con valentía también. Los problemas son muchos y vienen de muy lejos. Pero lo que se ha derivado, sobre todo, después del siglo XVIII, de la forma de hacer, de la forma de pensar el Estado, todo nos ha conducido a un individualismo tremendo, ese individualismo necesariamente lleva a un narcisismo. El éxito, digamos, del sistema, si es que se puede hablar así, es que ha hecho creer, nos ha hecho creer que cada uno somos distintos, que cada uno es especial y único en el universo, cuando somos sumamente parecidos. Es la necesidad de creer que nos diferenciamos. Esto es un espejismo. Sentimos cosas parecidas. Y, bueno, yo creo que este proceso ha sido el que nos ha traído hasta aquí. Un proceso que ha generado todavía más el sentimiento del tiempo como cuenta atrás, la necesidad de afirmación, la necesidad de una biografía, la depredación del ego que está depredando al yo, incluso.

22:02

Así que, por eso, somos seres, sin que nos demos mucha cuenta, a veces, seres aislados que creemos que estamos comunicados. Estamos necesitados de una mayor lentitud, de silencio, de tiempo para pensar, para pensarnos, para pensar el mundo. Una vez, no hace tanto, vamos, hace un año publiqué un artículo en la prensa, había una frase que decía: “Dar un paso atrás para modernizarnos”, yo quería decir dar un paso atrás, es decir, detenernos, parar, ver con una perspectiva, que es cuando se ven las cosas, para seguir bien en una mejora del mundo. Bueno, pues me llovieron críticas diciéndome que era una postura reaccionaria, bueno, no me importa, pero bueno, cuando creo que no es así, es pedir tiempo, tiempo para pensar. Me pregunto yo: “¿A dónde vamos? ¿Por qué necesitamos tanta prisa? ¿Quién necesita tanta prisa?”. Y claro, cuando vas pensando en la historia y te das cuenta que cuando la producción acelera, con la llegada de la máquina, que todo era una promesa porque era un instrumento que iba a dar libertad al ser humano, lo haría la máquina, y no fue así, las épocas de industrialización, las revoluciones industriales, generaron una cantidad de bolsas, como se dice hoy, de bolsas de pobreza enormes.

24:05

Y eso hay que pensarlo. Y estamos igual, una altísima tecnología y los pobres cada vez son más. O gente que vive de manera muy precaria, con unos salarios que son inmorales y, sin embargo, cada vez vamos más deprisa. El otro día estaba leyendo que hay unos trenes en Japón, unos trenes magnéticos que están probando que van a dos mil por hora, pueden alcanzar los dos mil por hora, y me pregunto yo para qué queremos ir a dos mil por hora. Yo creo que el hecho de plantearlo, de replantearlo, eso no es ser reaccionario, esto es tratar precisamente de entender qué está sucediendo, qué está sucediendo con los medios de comunicación, con los planes de educación que están expoliando a cada persona de su tiempo. Porque nunca estamos donde estamos ya, vivimos desplazados, desplazados de nosotros mismos y por lo tanto no somos y, por lo tanto, somos muy manipulables, entonces. Nunca estamos donde estamos, somos una proyección continua. Por eso yo decía detenerse, detenerse en la medida de lo posible para actuar bien.

25:40

Así, no es necesario que yo lo diga, pero se va hacia una destrucción, ya no solo del planeta, sino de nuestra propia mente, que no es capaz de asimilar la existencia de ese Dios castigador y omnipotente llamado futuro, porque todo es para el futuro, todo es para el futuro. Los planes de enseñanza, para el futuro, los planes políticos, para el futuro, siempre el futuro, estaremos mejor en el futuro. Y el futuro nunca llega, porque cuando se llega siempre hay un futuro al que apelar. Y esto es muy peligroso porque es como la zanahoria que va siguiendo el burro. En este sentido, creo que el detenerse, el pensar, es una actitud, yo creo que ética y una actitud, diría, de rebeldía, una actitud revolucionaria en su sentido más exacto, para, primero, podernos comunicar de verdad, porque estamos en la era de la comunicación, las redes sociales y hay una soledad, una soledad en cada uno de los individuos, bastante pronunciada, bastante considerable y yo creo que es necesario que pensemos, que estemos en silencio, que vayamos más despacio, que comamos menos, comemos a todas horas, somos una civilización que come a todas horas, a todas horas, y así muchísimas cosas. A los lectores, ahora, lectoras, se les dice que son consumidores de libros, un consumidor de música, es decir, un oyente que va a un auditorio. Se habla de las industrias culturales. Imagínate, si la cultura está así, tú imagínate los otros campos. Las industrias culturales, pues eso crea consumidores de libros, y entonces el lector ha desaparecido, como ha desaparecido el ciudadano, que ahora ya es un cliente, un consumidor. Yo creo que es necesario plantear todo esto, plantear todo esto y decirlo.

“La sociedad necesita música, poesía y lentitud”. Ramón Andrés, musicólogo y escritor
28:25
Sofía Sánchez. Se me viene a la cabeza también una frase que te he escuchado en varias ocasiones que es que el humanismo se está perdiendo. Tiene mucho que ver con esto que comentamos, ¿verdad?

28:34
Ramón Andrés. Tiene que ver porque hay una falsa polémica ahora en esta oposición entre humanismo y técnica, por ejemplo, o ciencia o tecnología, mejor dicho, y yo creo que esto es erróneo, porque el humanismo lo que procura desde las ciencias, vamos a decir así, del espíritu y desde el saber, desde el conocimiento de las letras, de las artes, lo que procura es el bien de cada individuo. Y en ese bien también está una mecanización y una técnica. Pensemos en una mente humanista como la de Leonardo da Vinci. Él estaba pensando siempre en el diseño de máquinas, en la arquitectura, en los instrumentos musicales, en la fisicidad que puede extraerse de una forma para ser útil. Esta es la prueba. Por parte del mundo de la técnica, con una cierta arrogancia, a veces, por parte de la ciencia, se ha menospreciado el mundo, digamos, del espíritu, el mundo humanista porque parece menos útil, y lo es, a priori, a la hora de hacer algo, de construir una casa o un automóvil, pero sin la etapa previa humanista, eso no lo hubiéramos alcanzado, y son compatibles si se le deja respirar al humanismo. Yo hace poco estuve escuchando al anterior ministro de Cultura en unas declaraciones que decía que la enseñanza tiene que cambiar, no se tiene que memorizar nada, los niños no tienen que llevar libros, todo en un ordenador, pero, sobre todo, no memorizar. No memorizar es mutilarnos, es mutilar nuestro ser porque somos pasado, por muy presente que seamos, en nuestros genes está el pasado y cortar la memoria es mutilar y, de paso, mutilar también una posibilidad de imaginación, porque cuanto más margen tienes de tiempo, de tiempo pensable, más imaginación puedes desarrollar.

31:28
Sofía Sánchez. También pensando en mi labor como profesora de música, no me resisto a preguntarle a un experto como tú cómo ves la educación musical hoy en día y si crees que se le presta la atención que debería o si se considera con la importancia que debería.

31:45
Ramón Andrés. Bueno, esto me gustaría mucho preguntártelo a ti, porque tú lo conoces mucho mejor que yo. Yo, por lo que sé, es importantísimo que los niños, las niñas, aprendan música, sobre todo, para que presientan la posibilidad de otro lenguaje y un lenguaje que les puede producir placer y orden. En este sentido es fundamental. Creo que aquí no estamos muy preparados para que esto llegue a buen puerto, porque se necesitan muchas generaciones que se lo hayan tomado en serio, generaciones políticas también que se lo hayan tomado en serio. Y yo llevo como 40 años oyendo lo mismo de la carencia de la música en la escuela, que no se enseña bien, a veces dan música profesores que no saben música y que tienen que aprender deprisa y corriendo una melodía en una flauta dulce, de ahí no va a salir nada, no va a salir mucha cosa memorizando que Bach muere en 1750 y Mozart nace en 1756.

33:08

Se les tiene que enseñar la música como algo necesario para ellos, no para aprobar un examen, sino necesario, necesario. Y la parte que tenemos nosotros musical, lo que nos constituye, el movimiento, el sonido, el ritmo, los gestos acompasados, etcétera. Que no se vea la música como un lujo o como algo ajeno a nosotros. En este sentido creo que vamos muy desencaminados. Y creo que tenemos unas grandes carencias, no solo en España, lo que ocurre que, en algunos países, por ejemplo, de Europa, estoy pensando en los países nórdicos o estoy pensando en Alemania, en Austria, claro, se han apoyado, ha habido una tradición tan grande, se han apoyado en ella, y nosotros no tenemos ese apoyo de la tradición, no porque no hayamos tenido música, sino porque la música no se ha considerado como un elemento primordial, como lo es para para la vida. Y este es el problema.

34:31
Sofía Sánchez. En otro de tus libros te centras en la gran figura del compositor barroco Johann Sebastian Bach. Sé además que es muy importante para ti, sobre todo en tu adolescencia, y que además de músico, le admiras por otras muchas cosas. ¿Qué nos puedes contar acerca de esta gran figura de la historia de la música?

34:51
Ramón Andrés. Para mí, Bach es, al margen del autor de una música que todos conocemos, de la importancia capital, es una figura central en la música. Además de esto, su manera de componer, esa búsqueda del orden, erróneamente se le ha tildado de matemático, es una búsqueda de orden, porque en Bach no rige la matemática, sino un instinto acompañado de un concepto de orden, algo descomunal que obedece a una inteligencia extraordinaria. Bach es alguien que sabe asimilar muy bien el espíritu, pero es alguien que sabe asimilar muy bien la necesidad mental que tenemos los seres humanos. Digo esto porque cuando está al servicio del Consistorio, del Concejo de Leipzig, tiene que componer mucha música religiosa para los oficios de Santo Tomás, las cantatas semanales, alguna misa, como conocemos, pasiones. Pero cuando está el servicio de un príncipe, empieza a tener esos rasgos de ilustrado, crea una música instrumental extraordinaria. Pensemos en lo abstracto que podía sonar en aquel entonces el conjunto de suites para violonchelo solo o para violín solo, sonatas y partitas. Es decir, una música especulativa que te corresponde a una demanda de la inteligencia y del gusto.

36:53

Y luego otra fuente que es la espiritual, en la que se necesita la misma inteligencia y también una especulación a la hora de expresarlo en la música sacra. Y esto lo hace una persona, yo creo, que muy interesante. Fue un músico que no viajó, todo lo contrario de Händel, fue un hombre que no vivió en grandes estrecheces, pero dado su potencial hubiera podido ganar mucho dinero, como Telemann, que vendía sus obras. Bach, hasta para sus propios hijos, Johann Christian, Carl Philipp, era un gran maestro, un gran músico, pero alguien ya pasado en su tiempo. Si pensamos que Bach no se movió en un triángulo de 150 kilómetros, esto, claro, es asombroso, excepto cuando fue a Lübeck para escuchar a Buxtehude, que se fue andando.

38:07

Claro, Bach tuvo una vida cotidiana muy, digamos, insignificante, por decirlo así. Él tenía que procurar que los niños cantores, por la noche, se acostaran, que estuviera todo bien, por la mañana, levantarlos muy pronto, a las cinco de la mañana, ver que no hubiera ninguna vela encendida, era caro, además, que se cepillaran el pelo, estaba aquel coro lleno de piojos, chinches por todas partes, porque era así, era así. El mundo cotidiano era así. Imaginemos lo que sería en invierno Leipzig a las cinco de la mañana, el frío, la nieve. Pues para esto, escribir una música sublime.

“La sociedad necesita música, poesía y lentitud”. Ramón Andrés, musicólogo y escritor
39:05
Sofía Sánchez. Para ir terminando, me gustaría rescatar tu faceta de poeta y no sé si te pongo en un compromiso, pero si pudieses quizás dedicarnos unos versos o un pequeño aforismo que, a lo mejor, pueda aunar todo esto que hemos estado hablando y nos invite a reflexionar un poquito más sobre todo ello.

39:23
Ramón Andrés. Bueno, pues pese a haber escrito los poemas, no sé por qué, no los memorizo, no los memorizo. Solo quiero decir que, para mí, la poesía es el otro complemento de la música. Han ido muy unidas siempre a lo largo de la historia, música y poesía. De hecho, la poesía no se recitaba antiguamente, sino que se cantaba, los rapsodas cantaban, los rapsodas de la ‘Ilíada’ cantan, no recitan. Para mí, la poesía ha sido un refugio desde, te diré que casi de niño, yo me hacía libros pequeñitos, grapados, con poemas, yo decía que eran libros. Recuerdo que el primer libro que terminé, que igual había tres poemas allá dentro, que yo mismo recortaba, se titulaba ‘Rimas’. Imagínate, yo tenía once años, así que imagínate la imaginación, ‘Rimas’. Bueno, pues aquellas rimas me han traído hasta aquí, y para mí la poesía también es una manera de orden.

40:54
Sofía Sánchez. Ha sido un auténtico placer, Ramón. Estoy encantada de que hayas compartido este ratito con nosotros.

40:58
Ramón Andrés. Para mí también ha sido un placer.

40:59
Sofía Sánchez. Y estoy segura que además nos va a invitar no solo a reflexionar, sino, como decíamos, a entender un poquito mejor. Muchas gracias.

41:07
Ramón Andrés. Muchas gracias. Gracias.