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La mujer que cambió la historia del maratón para siempre

Kathrine Switzer

La mujer que cambió la historia del maratón para siempre

Kathrine Switzer

· Atleta maratoniana

Existe una fotografía icónica en blanco y negro que forma parte de la historia del deporte: una joven corre el maratón de Boston de 1967 con el dorsal 261. Y de repente es atacada por uno de los organizadores, que quiere sacarla de la carrera por ser mujer. Otros corredores, su entrenador y su novio defienden a empujones su derecho a seguir corriendo. Y eso es lo que Kathrine Switzer hizo: terminar la carrera, por ella misma y por todas las mujeres que no tuvieron la oportunidad de hacerlo.

La atleta rompió un tabú en aquel maratón de Boston de 1967 y desde entonces dedicó su vida a fomentar la igualdad de género en el deporte y la afición por el running en las escuelas como forma de empoderar a los niños. En 1974 ganó el maratón de Nueva York y ha finalizado otros 35 maratones, siendo la pionera que impulsó la inclusión de esta modalidad en los Juegos Olímpicos. Fundadora de la organización 261 Fearless, que organiza carreras y grupos de running femeninos, también es autora de libros como ‘Marathon Woman: Running the Race to Revolutionize Women's Sports’ y ‘26.2 Marathon Stories’. “Ahora mismo, la unión del maratón, correr y el deporte son ejemplos maravillosos de diversidad, inclusión, respeto e igualdad. Si podemos hacerlo en una maratón, ¿por qué no en todo el mundo? Todos corremos juntos y nos da igual el género, como nos da igual si corre un abogado o un fontanero. Esto derriba una gran cantidad de barreras sociales y otras limitaciones. El deporte consiste en motivar y respetar a los demás: esa es la mayor lección que he aprendido”, concluye.


Creando oportunidades

Kathrine Switzer

Existe una fotografía icónica en blanco y negro que forma parte de la historia del deporte: una joven corre el maratón de Boston de 1967 con el dorsal 261. Y de repente es atacada por uno de los organizadores, que quiere sacarla de la carrera por ser mujer. Otros corredores, su entrenador y su novio defienden a empujones su derecho a seguir corriendo. Y eso es lo que Kathrine Switzer hizo: terminar la carrera, por ella misma y por todas las mujeres que no tuvieron la oportunidad de hacerlo.

La atleta rompió un tabú en aquel maratón de Boston de 1967 y desde entonces dedicó su vida a fomentar la igualdad de género en el deporte y la afición por el running en las escuelas como forma de empoderar a los niños. En 1974 ganó el maratón de Nueva York y ha finalizado otros 35 maratones, siendo la pionera que impulsó la inclusión de esta modalidad en los Juegos Olímpicos. Fundadora de la organización 261 Fearless, que organiza carreras y grupos de running femeninos, también es autora de libros como ‘Marathon Woman: Running the Race to Revolutionize Women's Sports’ y ‘26.2 Marathon Stories’. “Ahora mismo, la unión del maratón, correr y el deporte son ejemplos maravillosos de diversidad, inclusión, respeto e igualdad. Si podemos hacerlo en una maratón, ¿por qué no en todo el mundo? Todos corremos juntos y nos da igual el género, como nos da igual si corre un abogado o un fontanero. Esto derriba una gran cantidad de barreras sociales y otras limitaciones. El deporte consiste en motivar y respetar a los demás: esa es la mayor lección que he aprendido”, concluye.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:02
Kathrine Switzer. A todo el mundo, incluso a ti, os han dicho que no estáis a la altura, que esto no es lo vuestro; que no sois del sexo adecuado, de la raza adecuada, el color o la religión correcta. No nos sirves. Todos reciben esos comentarios. Hasta que echan a correr y pierden el miedo.

00:25
Zuberoa Marcos. Kathrine, bienvenida.

00:27
Kathrine Switzer. Muchísimas gracias, es un placer.

00:30
Zuberoa Marcos. El placer es nuestro, Kathrine, sobre todo en el día de hoy, que hay miles de personas corriendo por las calles de Nueva York, en el maratón de Nueva York, que por supuesto es una de las carreras más populares del mundo. Así que te agradezco enormemente que nos acompañes hoy.

01:07
Kathrine Switzer. Para mí es un día especialmente bueno, es un día de alegría. El maratón ha supuesto un cambio para las ciudades más grandes. Se ha convertido en una revolución social para las mujeres. Y me hace mucha ilusión porque las élites están ahora mismo en la carrera, pero, cuando salga, veremos a cincuenta mil personas de toda clase recorriendo las calles.

01:04
Zuberoa Marcos. Eres una de las corredoras más importantes de la historia. Me encantaría que nos contaras cómo empezaste a correr, si había algún corredor en la familia. ¿Qué hizo que te enamoraras de este deporte?

01:23
Kathrine Switzer. Para contestar a esa pregunta, antes de nada, comentabas que soy una de las corredoras más importantes. Mira, la verdad, yo no era una gran deportista. Gané el maratón de Nueva York, conseguí una marca de dos cincuenta y uno en Boston. Pero mi objetivo era crear oportunidades para las mujeres, así como justicia social para las mujeres en el deporte y educación para las mujeres en el deporte. Entonces, si dices que soy importante, para mí es un orgullo; me alegra que mis logros hayan sido relevantes para las mujeres.

01:53

Hay mucho por hacer, lo que me lleva a la otra pregunta: la de cómo empecé. En primer lugar, provengo de una familia fuerte, muy positiva pero no muy deportista. Crecí en un entorno en el que dedicarse al deporte era más bien un lujo, porque en realidad deberías estar trabajando. Pero, a su vez, fui una privilegiada, porque mi padre, que era un pobre chaval de granja, acabó ocupando un cargo militar relevante. De modo que nuestro estatus social cambió. Y él, aun siendo muy tradicional, tenía delante a una niña de doce años, casi en la pubertad y muy insegura ante la idea de entrar en un gran instituto a las afueras de Washington D. C. Le confesé que quería ser animadora del instituto.

02:44

Y respondió: “Tú no tienes que animar a los demás; los demás tienen que animarte a ti. Tu instituto tiene un equipo de hockey sobre hierba, y si corres un kilómetro al día, serás de las mejores del equipo. Eso es lo que deberías hacer, porque en la vida hay que participar, no solo mirar”. ¡Vaya! Oírle eso a tu padre con doce años, ¿que corriera un kilómetro al día? Se lo discutí: “No creo que pueda correr tanto”. Y dijo: “Claro que sí, yo sé que puedes, te lo voy a enseñar”. Y añadió: “No se trata de ir rápido, sino de terminar”. Siempre me han dicho: “Termina lo que empezaste”, ¿verdad?

03:21

Así que empecé a correr ese kilómetro al día y entré en el equipo de hockey. Fui una de las mejores, tenía razón. Y… aprendí a ponerme en forma, a no tirar la toalla, pero, lo que es más importante, tenía una sensación de empoderamiento que nadie podía arrebatarme. Y este es el mensaje que predico con todos y cada uno de los adultos, porque van a influir en la vida de los chavales, sean chicas o chicos, da igual: “Hazles creer que son capaces de cualquier cosa. Dales la oportunidad de intentarlo, porque es fundamental para que se empoderen”. Ya cuando entré en ese instituto enorme, yo solo tenía doce años mientras la gente con diecisiete o dieciocho años se iba casando, conseguía un trabajo, empezaba la vida adulta… Y yo tenía una victoria a mis espaldas. Nadia podía arrebatármela. Me sentía fuerte. Eso fue extraordinario, y un niño que crece con esa seguridad es capaz de cualquier cosa.

04:13
Zuberoa Marcos. Es alucinante todo lo que te ha apoyado tu familia.

04:16
Kathrine Switzer. Sí, es fantástico. Pero, mira, cualquier… cualquier padre puede decir “vamos, hija” o “arriba, hijo”, “tú puedes, hazlo”. No hace falta tener mucho dinero o tener contactos. Solo hay que animarlos a conseguirlo.

La mujer que cambió la historia del maratón para siempre. Kathrine Switzer
04:29
Zuberoa Marcos. Kathrine, hay un salto enorme entre hacer un kilómetro diario y correr una maratón. La diferencia es de algo más de cuarenta y un kilómetros. ¿Cómo diste ese salto? ¿Cuándo dijiste: “Venga, vamos a correr una maratón”?

04:44
Kathrine Switzer. Correr nos transforma, tanto a hombres como a mujeres. Te hace creer que eres capaz de todo. Te da una sensación de estrés añadida, pero te aporta endorfinas y posibilidades. Como joven en edad de crecimiento que corría un kilómetro diario, me dije “¿podría hacer dos?”, “¿sería capaz de hacer tres kilómetros diarios?”. Y con diecinueve años, me sentía muy pero que muy en forma. Pero ocurrieron dos cosas en este momento de mi vida. Entré en la universidad, en la Universidad de Siracusa, para estudiar Periodismo, porque quería ser periodista deportiva. Era consciente de que no podría dedicarme al deporte después de… durante la universidad o después, pero si pudiera escribir sobre lo que más me gusta, entonces, lo tendría más cerca y con una mayor implicación.

05:28

Como se suele decir, si te encanta tu trabajo no es trabajar, aunque trabajes mucho, pero no se hace tan duro. Y ya en la universidad, vi que no había ni un solo deporte para las mujeres; los hombres tenían veinticinco deportes, además de becas. Para mí era culpa de las mujeres, por no haberlo pedido o exigido. Así que le pregunté al entrenador del equipo masculino de atletismo y campo a través si podía correr con ellos. A mí no me pareció tan raro. Pues se quedó atónito. Los hombres del equipo me apoyaron mucho, todos se sorprendieron cuando fui a entrenar con ellos. Y dijo: “No te podemos federar, pero eres bienvenida en los entrenamientos”.

06:09

Y ahí fue cuando aprendí a correr, pero no de ellos, sino de un entrenador voluntario que venía todos los días. Era un hombre muy mayor, tenía 50 años y yo, 19. Era un exmaratoniano que me contaba historias fascinantes sobre el maratón. A mí empezó a picarme cada vez más el gusanillo y empezamos a correr diez kilómetros, luego doce, después quince… Y entonces me contaba historias del maratón de Boston y cómo le cambió la vida. No sabía cuánto me inspiraba, pero una noche le dije: “Quiero correr el maratón de Boston”.

06:45
Zuberoa Marcos. Háblanos más de ese momento, porque él al principio te dijo que, oficialmente, no podías correr ya que las mujeres no podían, pero eso no te disuadió; seguiste entrenando y esa noche volviste y le dijiste: “Arnie, quiero correr el maratón de Boston”. Y él te contestó: “De acuerdo, tienes que demostrarme que puedes correr el maratón de Boston”, ¿cierto?

07:05
Kathrine Switzer. Efectivamente. Estuvimos discutiendo en este entreno en mitad de una ventisca en Siracusa, Nueva York. Seguro que muchos no saben cómo estaba Siracusa por entonces, pero ese año tuvimos nueve metros de nieve. Eso es muchísima nieve. Estuvimos discutiendo y me espetó que las mujeres no podían correr tanto porque son débiles y frágiles. Yo me indigné: “Venga ya, qué tontería”. Hasta que al final dijo: “Si entrenas y me demuestras que eres capaz, yo seré el primero que te lleve a Boston”. Llega el día en que vamos a correr cuarenta y dos kilómetros y ciento noventa y cinco metros, y, conforme acaba el entrenamiento y nos aproximamos a la línea de meta imaginaria, dice: “No me lo creo, te veo genial, estás perfecta”. Y yo: “Me ha sabido a poco, vamos a correr ocho kilómetros más, otras cinco millas”. Me pregunta: “¿Te ves capaz?”. Y yo: “Claro, ¿tú no?”. Y se queda así: “Eh…”.

08:00

Cuando acabamos el entreno, lo abracé con fuerza: “¡Nos vamos a Boston!”. Y se desmayó. Por los suelos, estaba destrozado. Pero cuando despertó, me dijo: “Las mujeres tienen un potencial oculto para el aguante y la resistencia”. Descubrimos algo aquel día que no solo nos cambió la vida a mí o a él, sino también el panorama deportivo de las mujeres en la actualidad. Sabemos que no disponemos de la velocidad, la potencia, la complexión y la fuerza de los hombres, pero tenemos más aguante, resistencia, flexibilidad y equilibrio. Ahora contemplamos el futuro de lo que son capaces las mujeres, no nos damos cuenta, es inimaginable. Una mujer ha cruzado nadando cuatro veces el canal de la Mancha. Hay mujeres que han ganado carreras de cien kilómetros, trescientos kilómetros, competiciones de seis días. Lo que tenemos es asombroso, y solo acabamos de descubrirlo.

08:51
Zuberoa Marcos. Kathrine, ¿qué recuerdas de aquel día de abril de mil novecientos sesenta y siete, cuando llegaste a Boston? Yo no soy corredora, pero sé que el maratón de Boston es una carrera icónica. ¿Cómo recuerdas ese día?

09:07
Kathrine Switzer. Lo recuerdo de dos formas. Primero, después de que mi entrenador, Arnie , y yo corriéramos esos cincuenta kilómetros, él insistió en que me apuntara a la carrera. Y dije: “Espera, soy una mujer. Ya habían corrido otras mujeres antes; una corrió el maratón de Boston el año anterior, pero ninguna podía llevar dorsal”. “Tienes que apuntarte”, me dijo. Uno no se apunta así como así, hay que pagar la inscripción y aportar la documentación. En el formulario de inscripción no decía nada del sexo, y el reglamento tampoco. Y recuerdo que le dije: “Arnie, si llevo un dorsal en el maratón de Boston, me van a ver”. Y contestó: “Lo sé, y estoy orgulloso de ti”. Es genial, ¿no?

09:46

Entonces rellené el formulario de inscripción, me dieron el dorsal con el doscientos sesenta y uno, pero me dieron ese dorsal seguramente porque firmé el formulario con mis iniciales, y los organizadores supondrían que eran de un hombre. No pretendía engañarles, así es mi firma y así fue: K. V. Switzer, y me dieron el dorsal. Lo siguiente que recuerdo con detalle es encontrarme calentando rodeada de hombres. Fueron muy amables, me apoyaban, diciendo: “Ojalá mi mujer corriera”, “Ojalá mi novia corriera”. Y pasó lo que pasó, claro.

10:22

Nos llevaron a la línea de salida, oímos el pistoletazo y echamos a correr. Todo fue estupendamente durante los primeros dos o tres kilómetros, hasta que el coche de prensa nos alcanzó y alucinaron al ver a una chica en la carrera. Nos hacían fotos, saludábamos… Pero, de pronto, detrás de mí oí un traqueteo, así. Me giré rápido pensando que era un perro o algo y tenía detrás la cara más furiosa que le haya visto jamás a un hombre. Me agarró, me tiró hacia atrás, intentó quitarme el dorsal y me gritó: “¡Sal de mi carrera y devuélveme el dorsal!”. Yo volví a la carrera, chillé, y él… él se puso a insultarme, me agarró de la camiseta, y mi entrenador le dijo: “¡Déjala en paz, no pasa nada! Yo la he entrenado, déjala”. Le dio un empujón a mi entrenador y mi novio, que corría conmigo —esta es la parte graciosa—, vino a toda velocidad, empujó al organizador y lo sacó del circuito.

11:22

Mi entrenador me gritó: “¡Corre como nunca!”. Y seguimos corriendo. Fue un momento horrible, ¿no? Tiene gracia al recordarlo: la chica salvada por su novio. Pero tenía veinte años, era mi primera carrera y estaba muy orgullosa de mí misma y muy contenta por estar ahí. No pretendía demostrar nada, solo quería correr. Y la prensa no dejó de atosigarme sin descanso: “¿Qué intentas demostrar?, ¿Qué haces aquí?, ¿Por qué estás corriendo?”. Y pensé: “Solo quiero correr y ahora me siento humillada, avergonzada y tengo miedo, mucho miedo”. Pero luego estallé de rabia, miré a Arnie y le dije: “Voy a terminar esa carrera arrastrándome o a gatas si es necesario; porque si no la acabo, nadie creerá que las mujeres pueden hacerlo. Siempre dicen que las mujeres irrumpen en los sitios, no son bienvenidas, no pueden terminarla ni aunque quieran. Yo voy a terminarla”. Y él: “Vale, vale, pero bajamos el ritmo y no nos separamos”.

12:17

En los siguientes kilómetros de carrera, maduré mucho. Siempre digo que empecé el maratón de Boston como una niña y lo acabé como una mujer adulta. Se pasa por muchas fases vitales en un maratón. Solo pensaba: “¿Por qué me hace esto ese organizador?, ¿Dónde están las mujeres?, ¿Qué va a provocar un cambio?”. Y entonces entendí que el organizador no tenía la culpa. Él pensaba acorde con su época, era un ignorante, vamos a olvidarlo. Bien. ¿Pero y las mujeres? Y me di cuenta de que no estaban allí porque tenían miedo. Se habían creído todas esas historias de que son débiles y frágiles, o que es cosa de hombres, o que se les caería el útero o cualquier sandez de esas. Se creían esos mitos y tenían miedo. Y yo sabía que correr me había hecho sentir tan bien que debía trasmitírselo a todas las mujeres que conociera. No imaginaba cómo iba a ser. Cuando crucé la línea de meta, me dije: “Vale, voy a intentar mejorar como deportista para demostrar que puedo ser mejor y, segundo, tengo que crear esas oportunidades”. Y se convirtió en mi estilo de vida. No lo habría imaginado entonces, pero se convirtió en la pasión de mi vida.

13:27
Zuberoa Marcos. Describes la rabia y la sensación de vergüenza, de humillación, pero seguiste y seguiste sin parar. Entonces, si la prensa te acecha por aquí, tú haces caso omiso y sigues para delante y adelante. Es asombroso. Es toda una hazaña.

La mujer que cambió la historia del maratón para siempre. Kathrine Switzer
13:45
Kathrine Switzer. La verdad, a veces miro esa foto de aquella chica que está siendo agredida con el rostro descompuesto, y me pregunto lo mismo: ¿cómo toma esa decisión una chica de veinte años? Le he dado muchas vueltas y, oye, ¿sabes qué creo? Que es porque empecé a correr con 12 años y me sentía empoderada. Y de repente alguien intentaba echarlo por tierra, sencillamente por ser una chica. Sabía que podía acabar la carrera, había entrenado con distancias mayores. Sabía que me había hecho sentir fuerte. Soy perseverante por naturaleza y tenía coraje gracias a eso.

14:20

Por eso insisto en que, si empoderas a un niño desde su infancia, adquiere una gran resistencia, mucha perseverancia y seguridad en sí mismo. Yo estaba totalmente segura de que podía acabar la carrera. También tenía algo de miedo, claro, como todos los corredores. Hoy hay cincuenta mil personas ahí fuera y todos están nerviosos por si se tuercen un tobillo, o no se encuentran bien, o no las tienen todas con ellos. Pero yo no podía permitírmelo. No podía desconcentrarme.

14:51
Zuberoa Marcos. Kathrine, tu dorsal, el doscientos sesenta y uno, se ha convertido en un símbolo, símbolo de empoderamiento, símbolo de igualdad de género en el deporte… Supongo que jamás habrías imaginado tal cosa cuando te lo dieron en el maratón de Boston.

15:08
Kathrine Switzer. La verdad, lo reconozco, este número, durante cuarenta y cinco años, solo eran tres dígitos, no significaba nada. Y de repente —supongo que gracias a Internet—, la gente empezó a ver estas imágenes, y miles de personas comenzaron a correr y empezaron a sentirse empoderadas y a perder el miedo. Leyeron esa historia y se identificaron con ella, porque a todo el mundo, incluso a ti, os han dicho que no estáis a la altura, que esto no es lo vuestro; que no sois del sexo adecuado, de la raza adecuada, el color o la religión correcta. No nos sirves. Todos reciben esos comentarios. Hasta que echan a correr y pierden el miedo.

15:48

Y por eso el número cobra sentido para ellas. Es sensacional, me empezaron a llegar correos de todas las partes del mundo: de Paraguay, de China, Japón… Todas tenían el doscientos sesenta y uno en la espalda, en el dorsal; cinco mil novecientos cincuenta y dos por delante… Se lo escribían aquí, se lo ponían en las muñecas y todo. Cuando empezaron a enviarme fotos de sus tatuajes, decidí tomármelo en serio, porque si alguien va a tatuarse… Se me pone el vello de punta, de verdad. Si se van a tatuar tu dorsal, es porque significa algo importante para ellas. Hay varias formas de abordar esta situación. Pero tenía que hacer algo porque la gente me lo pedía de alguna manera. Yo no quería hacer un negocio de esto, pero sí proteger el número, que tuviera fuerza e implicara un cambio. De modo que, con un grupo de amigos, decidimos llegar a millones de personas con esa historia, ese símbolo, y ayudar a cambiarles la vida. En concreto a las mujeres, que la mayoría sigue viviendo con miedo.

16:55

Conseguir que den el primer paso, como hice yo con doce años, y que, a cualquier edad, den el primer paso y se empoderen. Y eso es lo que hacemos. Estamos creando un programa educativo enorme, una red de comunicaciones, es un movimiento, pero, sobre todo, es el espíritu de las mujeres unidas haciéndote saber que no estás sola. “Voy a darte la mano y a enseñarte a dar el primer paso. Ese primer paso puede convertirse en un kilómetro, luego en cinco kilómetros, y puede que algún día lleves un dorsal, o recibas formación, o consigas un trabajo mejor, o tal vez salgas de una mala relación”. Te da el valor para hacer lo que sea.

17:34
Zuberoa Marcos. Por eso creaste la asociación sin ánimo de lucro 261 Fearless.

17:38
Kathrine Switzer. Exactamente. La organización 261 Fearless solo lleva dos años activa, pero ya estamos en once países y me encantaría que la gente se uniera a la iniciativa: www.261fearless.org

17:50
Zuberoa Marcos. Cinco años después de que corrieras por primera vez el maratón de Boston, la organización permitió que las mujeres participaran en la carrera de Boston, pero pasó mucho, bastante, hasta que se incorporó el maratón femenino a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Así que, ¿cómo lo viviste tú como figura esencial en este proceso? ¿Y cómo compaginaste tu pasión por este deporte con convertirte en pionera, o sea, una activista por los derechos de las mujeres?

18:30
Kathrine Switzer. Bueno, estaba empeñada en crear esas oportunidades y a mejorar como deportista. Lo del deporte fue más sencillo: entrené muy duro; no tengo ningún don, entrené a fondo y gané el maratón de Nueva York y conseguí una marca de dos cincuenta y uno en Boston. Lo que paso fue que vi cómo muchas mujeres podían lograr mejores resultados si contaban con la oportunidad o la ambición. Había muchas mujeres que podían correr en los maratones olímpicos y no lo hacían porque no había maratones en los Juegos Olímpicos. Pero no se les ocurrió que a lo mejor debían propiciarlo, creyeron que eso era lo que había. Yo sabía que, si tenían un objetivo, podrían mejorar.

19:12

¡Se merecían estar en las Olimpiadas, pero la gente me tomó por ilusa! La carrera más larga en las Olimpiadas era de mil quinientos metros, y yo presionaba para que corrieran un maratón y lo incluyeran en los Juegos Olímpicos. Había países que ni siquiera dejaban conducir a las mujeres, o salir solas, y mucho menos correr un maratón. Entonces, ¿cómo iba a suceder esto? Bueno, mi habilidad para escribir me vino de perlas. Como periodista, no solo escribí notas de prensa y empecé a organizar muchas carreras; sino que envié una gran propuesta a la que era la empresa de cosméticos más grande del mundo, Avon, y les dije: “Podríais defender esta causa organizando carreras por todo el mundo. Sois una multinacional y os dirigís a mujeres, y estaríais mostrando que esto es para todas, además de sofisticado y femenino”.

19:29

Entonces, ¿cómo iba a suceder esto? Bueno, mi habilidad para escribir me vino de perlas. Como periodista, no solo escribí notas de prensa y empecé a organizar muchas carreras; sino que envié una gran propuesta a la que era la empresa de cosméticos más grande del mundo, Avon, y les dije: “Podríais defender esta causa organizando carreras por todo el mundo. Sois una multinacional y os dirigís a mujeres, y estaríais mostrando que esto es para todas, además de sofisticado y femenino”. Se trataría de carreras femeninas en las que cualquier mujer será bien recibida. No tendrán ningún miedo porque es solo para mujeres. Independientemente de que sean deportistas, de complexión grande o lentas; todas son bienvenidas. Y a la cabeza, puedes competir. Era la chispa que necesitaban.

20:19

Me recorrí todas las federaciones, fue muy laborioso. Me llevó casi quince años, pero fue una labor estupenda. Convencí a las federaciones de atletismo de veintisiete países para que nos dejaran organizar nuestras carreras, y muchos de estos países —Filipinas, Tailandia, Brasil— ni siquiera albergaban competiciones para mujeres, y mucho menos carreras solo para mujeres. Una vez más, les parecía una locura, pero las organizamos. En uno de los países que nunca olvidaré me decían: “No va a tener ningún éxito, irán ciento cincuenta mujeres”. Vinieron cien mil mujeres. Fue el mayor acontecimiento de esa semana, los helicópteros sobrevolaban las calles.

20:54

Después recogí los datos y las estadísticas de esos países y los llevé al Comité Olímpico Internacional y al Comité Organizador de Los Ángeles y les dije: “Mirad, podríamos introducir el maratón femenino en las Olimpiadas, porque lo merecemos y contamos con representación internacional. Los números encajan, hay buenas marcas y tenemos el apoyo de los médicos respecto a los estudios que demuestran que las mujeres tienen una gran resistencia y que las maratones eran ideales para ellas, mientras otros como el lanzamiento de peso o los cien metros no eran tan ideales para las mujeres porque no tenían la velocidad o la fuerza de los hombres, pero su aguante era extraordinario.

21:36

De manera que la comunidad médica nos apoyaba. En mil novecientos ochenta y uno, en un consejo extraordinario del Comité Olímpico Internacional, votaron a favor del maratón femenino de los Juegos de 1984. Para mí, ese momento fue tan importante como el sufragio femenino, porque el voto suponía nuestra aceptación social e intelectual y esto, nuestra aceptación física, porque el maratón era la competición más larga de los Juegos Olímpicos para hombres y mujeres, y ahí estaban las mujeres en igualdad de condiciones. Y ahí estaban las mujeres corriendo con fuerza, elegancia y coraje. Y todo el mundo conoce esa distancia; saben cuánto es veintiséis coma dos millas o cuarenta y dos kilómetros porque los han andado, o los han hecho en bici, o en coche… ¡o en burro! Todo el mundo conoce esa distancia y saben que es larga, y han visto a mujeres corriéndola.

22:32

Dos mil doscientos millones de personas las han visto por la tele. Ese es el verdadero impacto, no las noventa mil personas que se dejan la voz en el estadio, sino las dos mil millones que lo ven por televisión. Y para un buen puñado de países, eso ha cambiado el panorama deportivo para las mujeres.

22:48
Zuberoa Marcos. Kathrine, ¿cómo ves la igualdad de género en los deportes hoy en día?

22:53
Kathrine Switzer. Creo que la igualdad de género actual en el deporte está en una encrucijada. Estamos en una situación complicada en términos de género y sexo. Ahora mismo, considero que lo justo es competir por sexos, aunque nos declaremos del género que elijamos. Aún no tenemos los datos científicos concretos para determinar el nivel de hormonas y la sustancias que intervienen, y no soy ninguna experta, pero sí que espero un buen resultado, y, desde luego, tiene solución. Durante mucho tiempo, no sabíamos qué hacer con las Paralimpiadas hasta que se crearon y se convirtieron en una gran incorporación a las Olimpiadas. Por tanto, es posible que necesitemos categorías y que estas sean muy interesantes, inclusivas y diversas.

23:52
Zuberoa Marcos. Entonces, ¿te parece que las mujeres cuentan con el apoyo suficiente o se les sigue desalentando a hacer determinadas cosas?

24:02
Kathrine Switzer. En algunos países se anima a las mujeres en su totalidad, mientras en otros no se las anima para nada. De hecho, se les niega el derecho a la oportunidad. Así que la situación no es fácil a la hora de crear igualdad, cuando en algunos lugares debemos superar barreras enormes de pobreza, de expectativas sociales, de religión o de cultura. También cuando trabajamos con mujeres o chicas criadas en esos contextos; no conocen otra cosa y necesitan una educación. Para mí la educación es crucial, pero en muchos países educar a las mujeres es considerado una amenaza por la clase dirigente.

24:46

Si educas a las mujeres, sabrán demasiado, se les subirán a las barbas, serán exigentes y echarán por tierra toda una cultura y las expectativas sociales. Eso es lo que temen. Se ha repetido en muchos países durante miles de años, y en muchos de ellos lo hemos superado y hemos logrado —a mi parecer— un lugar mejor gracias a ello. Yo creo que la igualdad es fundamental en toda la humanidad, pero no es nada fácil. En algunos lugares, tenemos que buscar mejores formas de crear esas oportunidades para las mujeres.

La mujer que cambió la historia del maratón para siempre. Kathrine Switzer
25:19
Zuberoa Marcos. Kathrine, querría hablar de la educación, porque el deporte ofrece un marco fenomenal para la enseñanza de valores, como el espíritu de equipo, la firmeza, la disciplina, la adaptación. ¿Qué valores te enseñó a ti este deporte?

25:35
Kathrine Switzer. He aprendido mucho corriendo, ha sido la mejor educación que he tenido. Te voy a poner un ejemplo rápido de lo que está sucediendo ahora mismo en Nueva York con cincuenta mil participantes en el maratón. Son de todas las razas, géneros, colores y religiones. Gordos, viejos, grandes, lentos, flacos, profesionales. Es increíble. Son personas distintas, pero están corriendo juntas y se están apoyando y motivando entre ellas.

26:03

Ahora mismo, la unión del maratón, de correr y el deporte son ejemplos maravillosos de diversidad, inclusión, respeto e igualdad. Y hoy es un día espléndido por eso. Me encantaría que este ejemplo resonara en todo el mundo. Si podemos hacerlo en una maratón, ¿por qué no en todo el mundo? También he aprendido que los hombres pueden ser mis mejores amigos. Los hombres han aprendido que todos corremos juntos y nos da igual el género, como nos da igual si el de este lado es abogado y el del otro, fontanero. Nos da igual todo eso, nos motivamos juntos. Esto derriba una gran cantidad de barreras sociales y otras limitaciones. El deporte consiste en motivar y respetar a los demás, en armonía. Esa es la mayor lección que he aprendido. También he aprendido que el talento está en todas partes, solo precisa de una oportunidad. No se puede menospreciar a nadie: “No, no tiene talento”. La gente siempre me dijo que no era una buena atleta, pero me entrené a fondo y lo conseguí.

27:06

Si animas a las personas, les das las herramientas y las oportunidades para hacerlo, lo harán. Esto es esencial también en los negocios. Dicen que las mujeres no pueden hacer un trabajo. Perdona, primero dales la opción de intentarlo, no vayas con el “no” por delante. Dales la oportunidad y te sorprenderían. Es posible que aborden el problema de un modo distinto al de los hombres, pero no pasa nada, ahora tienes dos soluciones. El trabajo en equipo es clave, y eso lo aprendí también del deporte. Tenemos formas de proceder distintas. Así que, una vez más, insisto: el deporte es una herramienta maravillosa. Por supuesto, mi deporte es correr, y lo que más me gusta es que es sencillo, barato, no cuesta nada y es completamente accesible. La gente dice: “Bueno, necesitas unos zapatos”. Pues te informo de que millones de africanos corren sin usar zapatos, y, además, son muy buenos, están en lo más alto. Así que no necesitas ni eso, tan solo la oportunidad de intentarlo.

28:06
Zuberoa Marcos. Kathrine, ¿consideras que en los colegios el deporte se fomenta lo suficiente?

28:10
Kathrine Switzer. No, no creo que se esté fomentando lo suficiente el deporte en los colegios. Porque… Lo vemos constantemente, el foco solo se centra en el rendimiento académico. Si promueves el deporte en los niños, aunque solo sea correr un poco por las mañanas, estamos hartos de ver cómo vuelven despejados, con energía y liberados de estrés. Los niños tienen una cantidad de energía arrolladora y necesitan dosificarla saliendo, haciendo ejercicio, socializando, trabajando codo con codo, riendo, pasándolo bien, para así concentrarse y rendir mejor. O sea, es genial. En el ámbito académico, cuando haces un trabajo en grupo, siempre puedes aprender de los demás compañeros de juego, de una actividad en equipo, de un entrenamiento, de tus adversarios o con quien compartes un deporte.

29:04
Zuberoa Marcos. ¿De qué formas consideras que podemos fomentar mejor el deporte en los colegios, teniendo en cuenta cómo contribuye al desarrollo?

29:14
Kathrine Switzer. Pues mira, tenemos un claro ejemplo en Nueva York, y es el siguiente. Hay un programa, idea de mi amigo Norman Goluskin, que se llama Team For Kids. Han llegado a los colegios y han dado un programa deportivo a niños en riesgo de exclusión, que venían de entornos conflictivos y con escasos recursos. Había muchas bandas, barrios marginales… Ellos metieron a estos niños en ese programa y salían a correr juntos todos los días. Ahora el porcentaje de estos chicos que acaban sus estudios es mayor, obtienen mejores resultados académicos, muchos de ellos reciben becas universitarias, les estimula para practicar otro deporte o para correr.

29:51

Ha tenido un éxito descomunal y han pasado de tener quince niños a doscientos cincuenta mil. ¿Vale? Ha sido arrollador. Así demuestran una cosa: tiene que haber alguien en esos colegios que esté dispuesto a salir a la calle y, sencillamente, correr o entrenar con los chavales. ¿De acuerdo? No es de la noche a la mañana, no puedes esperar que los niños salgan solos, sino que los colegios deben decir: “Oye, ¿quién va a hacer esto?”. Y si es un voluntario, al menos que se le recompense. No sé, déjale salir antes por la tarde, o, bueno, contrata a alguien. Lo que pasa es que los colegios nunca tienen dinero ni tiempo. Los profesores se quejan: “Trabajo mucho todo el día, ¿por qué iba a seguir ayudando a los niños por la tarde?”. Bueno, pues porque es lo que hay que hacer, por eso. También puedes traerte a tu hijo y mejorará su rendimiento. Es una cuestión de dar un paso al frente y asumir la responsabilidad. Estoy cansada de ver cómo intentan eludir responsabilidades, cuando esto seguramente sea lo más importante.

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Zuberoa Marcos. “Sin miedo” se ha convertido en, digamos, vuestro eslogan. ¿Cómo les enseñamos a las chicas, sobre todo a las chicas, a ser valientes para que haya mujeres fuertes en el futuro?

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Kathrine Switzer. Hay varias formas. Yo abogo por que salgan a correr, porque si aprenden a poner un pie delante del otro, sé que se sentirán bien consigo mismas y se sentirán empoderadas, y, además, se aceptarán entre ellas. Entonces, la chica bajita y gordita estará corriendo con la que es esbelta y rápida, pero lo harán juntas y se aplaudirán entre ellas. Y el monitor que debe recordarles que no se trata de ir rápido o de ser un cohete, sino de hacerlo, ¿no? Como hizo mi padre. “No se trata de ir rápido, sino de acabar”. Vale, esa es una forma. Así aprenden a sentirse empoderadas de forma asequible.

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Puede ser con cualquier deporte, con la danza, puede… Debe ser con movimiento. Y, sobre todo, considero que debe ser al aire libre. No tiene por qué, el gimnasio también vale, pero la naturaleza es muy importante, debemos respetarla y abrazarla. En segundo lugar, las chicas de los colegios, especialmente las que están en situación de pobreza, necesitan educación sobre su cuerpo. Hay muchos sitios en África, por ejemplo, en los que las chicas son tan pobres que no tienen productos de higiene femenina. Es muy simple y no van al colegio durante cinco días al mes. Si los sumamos, son dos meses al año.

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Si una chica pierde dos meses de colegio todos los años, será incapaz de ponerse al día, le dará vergüenza, dejará los estudios y nunca aprenderá a cuidar de su cuerpo ni conocerá la autoestima ni el empoderamiento. Es algo supersencillo, no tiene más historia. Si alguien busca contribuir en la causa, esta es una manera muy barata de cambiarle la vida a una niña. Esa es otra forma. Los educadores y los colegios tienen que amparar a las chicas, reforzarlas siempre. Los chicos también precisan de refuerzo, pero, en general, en la sociedad los chicos ya lo reciben en sus casas más que las chicas. Esa es la verdad. En la actualidad, percibo, especialmente en Estados Unidos, que las familias no pueden permitirse tener cuatro o cinco hijos como antes, así que normalmente tienen dos o tres. Y cuando todas son niñas, el padre de pronto entiende que sus hijas también merecen esas oportunidades. Hace poco conocí a un francés que tiene tres hijas y este verano cambió por completo su actitud respecto a la falta de oportunidades cuando vio el Mundial de fútbol femenino. Dijo: “Mis hijas se lo merecen”. Y les ha estado brindando oportunidades.

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Yo creo que este ejemplo demuestra que necesitamos más modelos a los que seguir. Necesitamos más cobertura televisiva, en los periódicos, cobertura mediática de estas mujeres. Eso cambiaría mucho las cosas. Cuando se jugó el Mundial de fútbol este año, la perspectiva de muchos cambió drásticamente respecto a los beneficios de ofrecer oportunidades a las mujeres.

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Zuberoa Marcos. ¿Consideras que hay suficientes referentes femeninos para las jóvenes?

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Kathrine Switzer. Claro que hay suficientes referentes femeninos, solo hay que darles más publicidad. Fíjate, tú cuentas historias de mujeres. Hay otro programa fantástico que se llama Makers, lo creó una amiga mía. Difunden la historia oral de estas mujeres. A todo el mundo le gustan las grandes historias. De nuevo, lo vemos en el Mundial de fútbol, o Serena Williams o las corredoras olímpicas. Las ven, aunque en las Olimpiadas solo tenemos ocasión de verlas cada cuatro años. Veamos mujeres más a menudo.

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Estamos descubriendo que la gente tiene un gran interés por ver deportes femeninos. Nos hemos dado cuenta de que el fútbol femenino y el masculino son distintos, igual que el tenis femenino no es como el masculino. El femenino es más estratégico, requiere más astucia, implica un juego más interesante. El masculino requiere más fuerza y velocidad. Los dos aportan atractivo al juego. Son diferentes.

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Zuberoa Marcos. Kathrine, ¿qué consejo le darías a una joven a la que le chifla el deporte, como a ti, pero que, en su caso, su deporte sigue anclado en un mundo dominado por hombres, por ejemplo, y que tenga que atravesar el techo de cristal que atravesaste tú corriendo? ¿Qué le dirías?

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Kathrine Switzer. Se lo digo a todas las niñas que conozco: “Eres capaz de lo que sea. Tan solo sal y hazlo”. Cuando están solas, pueden correr, bailar, escalar o hacer gimnasia. Pero mi consejo es que se busquen a un mentor, alguien mayor que pueda orientarlas. No tienen por qué ser sus padres, a lo mejor no les interesa que lo hagan sus propios padres, sino que lo haga otra persona. El otro consejo es que se junten entre varias amigas y formen un equipo. Por ejemplo, hay una futbolista formidable en la selección brasileña. Era tan crack que jugaba con el equipo masculino, aunque ellos no querían que jugara, pero al final tuvieron que dejarla porque manejaba el balón igual que ellos. Ahora se dedica a formar equipos femeninos.

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Es fantástico. Sal, reúne a tus amigas y proponles formar un equipo. Siempre digo que las peores cosas de tu vida acaban convirtiéndose en las mejores. Hasta aquel organizador que vino a sacarme de la carrera se convirtió en mi mejor amigo cinco años después.

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Zuberoa Marcos. Anda, ¿en serio?

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Kathrine Switzer. Sí, es increíble, es de locos. Estuvo así conmigo durante cinco años. Y cuando conseguimos que las mujeres participaran en el maratón de Boston de mil novecientos setenta y dos, vino y me dijo: “Oye, teníais razón, habéis estado genial”. Y nos hicimos amigos. ¿Por qué iba a estar enfadada con él? Estréchale la mano, ha cambiado; y le ha regalado al mundo una de las mejores imágenes del movimiento feminista. Es maravilloso.

36:59
Zuberoa Marcos. Totalmente.

36:59
Kathrine Switzer. Pasé con él las últimas tres horas de su vida y pudimos charlar. Me suelen decir que es mucho perdonar, y claro que lo es, pero la vida es muy corta como para no perdonar. De algún modo, él fue la fuente de inspiración que necesitaba. ¿Cómo no vas a querer a alguien que hace eso? La gente necesita darse cuenta de que a veces nos ocurren cosas malas, pero, cuando las corriges, son lo mejor que nos puede pasar.

37:29
Zuberoa Marcos. Sorprende mucho lo que comentas. O sea, la persona que trató de poner fin a tu sueño con veinte años es la que le ha dado forma y determinación a tu vida.

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Kathrine Switzer. Por supuesto. Piensa en aquellos que han intentado poner fin a tus sueños, y para quienes nos escuchan, hay quien intenta pisotearos. ¿Por qué alguien quiere pisotearos? Bueno, tendrás que averiguarlo, o promover el cambio, o dejarlo pasar y seguir adelante. No te sabría decir cuántas mujeres se reían de mí, intentaban sacarme del circuito, pensaban que estaba desequilibrada, les daba rabia porque yo tenía poder y ellas no. Y yo era consciente. Pero recuerdo que, unos veinte años más tarde, estas mujeres se me acercaron y dijeron: “¿No te acuerdas de mí? Fui muy desagradable contigo, lo siento mucho. He empezado a correr y me ha cambiado la vida”. Es lo único que necesitaba oír. Oye, no me voy a enfadar contigo, has aprendido algo muy importante.

38:29
Zuberoa Marcos. Kathrine, muchísimas gracias por estar hoy con nosotras.

38:34
Kathrine Switzer. Gracias por invitarme, ha estado fenomenal.