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“La meditación es un camino radical para el autoconocimiento”

Pablo d'Ors

“La meditación es un camino radical para el autoconocimiento”

Pablo d'Ors

· Escritor

“Yo no conozco un camino de autoconocimiento más radical que la práctica de la meditación”, asegura el escritor y sacerdote Pablo d’Ors. Para él, la meditación como práctica de silenciamiento, unida al ejercicio lento de lo cotidiano -aprender a vivir más lentamente-, son “caminos hacia la plenitud y la consciencia”. D’Ors nos invita a abrazar la lentitud como un modo de vida: “Vivimos y actuamos rápidamente, con nuestra atención puesta en lo que viene después. De esta manera, la vida se convierte en una carrera de obstáculos”.

Pablo d’Ors es escritor, sacerdote y fundador de la red de meditadores ‘Amigos del desierto’. Es nieto del ensayista y crítico de arte Eugenio d'Ors y discípulo del monje y teólogo alemán Elmar Salmann. Estudió Filosofía y Teología en Roma, Praga y Viena y en 1991 fue ordenado sacerdote. Ha compaginado su trabajo pastoral con su labor docente y con una prolífica carrera como escritor. Es autor de once títulos: una colección de relatos, dos ensayos y ocho novelas. El reconocimiento del público le llegó con su Trilogía del silencio, conformada por ‘El amigo del desierto’ (2009-2015), la aclamada ‘Biografía del silencio’ (2012) y ‘El olvido de sí’ (2013). En la actualidad, Pablo d’Ors vive dedicado al ministerio del silencio e imparte conferencias y retiros de meditación por todo el mundo.


Creando oportunidades

Pablo d'Ors

“Yo no conozco un camino de autoconocimiento más radical que la práctica de la meditación”, asegura el escritor y sacerdote Pablo d’Ors. Para él, la meditación como práctica de silenciamiento, unida al ejercicio lento de lo cotidiano -aprender a vivir más lentamente-, son “caminos hacia la plenitud y la consciencia”. D’Ors nos invita a abrazar la lentitud como un modo de vida: “Vivimos y actuamos rápidamente, con nuestra atención puesta en lo que viene después. De esta manera, la vida se convierte en una carrera de obstáculos”.

Pablo d’Ors es escritor, sacerdote y fundador de la red de meditadores ‘Amigos del desierto’. Es nieto del ensayista y crítico de arte Eugenio d'Ors y discípulo del monje y teólogo alemán Elmar Salmann. Estudió Filosofía y Teología en Roma, Praga y Viena y en 1991 fue ordenado sacerdote. Ha compaginado su trabajo pastoral con su labor docente y con una prolífica carrera como escritor. Es autor de once títulos: una colección de relatos, dos ensayos y ocho novelas. El reconocimiento del público le llegó con su Trilogía del silencio, conformada por ‘El amigo del desierto’ (2009-2015), la aclamada ‘Biografía del silencio’ (2012) y ‘El olvido de sí’ (2013). En la actualidad, Pablo d’Ors vive dedicado al ministerio del silencio e imparte conferencias y retiros de meditación por todo el mundo.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:03
Carolina Huerta. Hola, Pablo, soy Carolina. Me dedico a la educación. Tengo tres hijos que son jóvenes adolescentes y estoy encantada de poder estar hoy aquí para charlar contigo.

00:16
Pablo d'Ors. Muchas gracias, Carolina, por tus palabras y también yo estoy encantado de estar con vosotros.

00:22
Carolina Huerta. Bueno, tú has escrito muchos libros y tratado distintos temas desde la filosofía, la espiritualidad… Uno de los temas que tratas es la meditación. Según tu experiencia, ¿nos puedes comentar qué te ha aportado a ti la meditación y que nos puede aportar a los que no la practicamos?

00:43
Pablo d'Ors. Yo no conozco un camino más radical y más, incluso diría salvaje y directo de conocimiento de uno mismo que la práctica de la meditación. O, si quieres, la práctica del silenciamiento interior. Normalmente vivimos aturdidos por tantos mensajes, palabras, sonidos, imágenes… Y necesitamos un tiempo de digestión. Y la meditación es una práctica de silenciamiento, consiste simplemente en sentarse, si es posible, todos los días, para que sea significativa; en silencio y en quietud, con la espalda erguida y simplemente tomar consciencia del propio cuerpo, seguir el ritmo, la respiración. En la tradición que yo sigo también recitar atentamente una palabra, solo una palabra, porque tenemos muchas palabras en la cabeza y hace falta una que borre todas las demás. Y eso poco a poco nos va transformando. ¿En qué sentido me ha transformado a mí? Pues yo diría que el primer fruto, hay tantos frutos, pero el primer fruto que me ha regalado ha sido una mayor claridad, porque normalmente cuando nos sentamos lo que descubrimos son, primero, una inquietud corporal. Quedarse quieto es difícil, cuando nos quedamos quietos descubrimos que estamos inquietos. Segundo, una gran distracción mental, es decir, estamos con un gran parloteo interior. La loca de la casa, que decía Santa Teresa de nuestra mente. Y tercero, nos encontramos con nuestras sombras, con el inconsciente. Pues a medida que te vas sentando, vas introduciendo esta práctica, pues todo eso se va sosegando y vas teniendo mayor claridad. Así que yo diría que el primer fruto es la luz. Silencio y luz para mí son dos palabras que van profundamente vinculadas.

02:36

Y luego, si tienes más claridad, pues tienes también más coraje para actuar, porque tantas veces si no actuamos es porque tenemos miedo, porque no lo vemos claro, pero si lo vemos claro, pues somos capaces de actuar. Así que yo diría primero luz y luego coraje, como frutos de la meditación.

“La meditación es un camino radical para el autoconocimiento”. Pablo d’Ors, escritor
02:52
Carolina Huerta. Y la meditación, en este mundo que tenemos, de tantas prisas, en el que las relaciones a veces no son así, personales y directas, sino bueno, pues a través de pantallas, ¿cómo nos puede ayudar para las relaciones personales cotidianas?

03:15
Pablo d'Ors. Un desafío muy importante es la lentitud. Es decir, uno de mis maestros decía quietud, lentitud y plenitud. Entonces, si aprendemos a estarnos quietos, eso es la meditación, y aprendemos a actuar un poco más lentamente, ese es un camino hacia la plenitud. Quiero decir que actuamos rápidamente, porque normalmente nuestra atención, o nuestra intención, está puesta en lo que viene después. Por ejemplo, tengo que lavar rápidamente la vajilla para llevar rápidamente a los niños al colegio, para luego rápidamente irme al trabajo, y entonces la vida se convierte de esta manera en una carrera de obstáculos. Mientras que la lentitud nos invita a no estar en lo siguiente que tenemos que hacer, sino estar en lo que tenemos que estar. Entonces, no solamente la práctica de la meditación es muy constructiva, sino también el ejercicio lento de lo cotidiano, sea lo que sea lo que tengamos entre manos, eso también es muy constructivo. Cualquier actividad realizada con atención construye la vida interior. La vida interior se construye por medio de esas actividades realizadas, digamos, casi devotamente, atentamente. Esto de hacer las cosas más despacio generalmente nos pone un poco nerviosos, porque no estamos acostumbrados y porque tenemos una zozobra interior. Pero lo que hay que domesticar es esa zozobra. Es decir, cuando tú te sientas en silencio, pues descubres que hay una gran inquietud, un gran frenesí interior. Eso es lo que hay que mirar. ¿Por qué hay que mirarlo? Porque si no nos miramos, no nos conocemos. Si no nos conocemos, no podemos amarnos. Porque nadie puede amar lo que no conoce.

05:09

Si no nos amamos, no podemos amar a los demás. Porque nadie puede dar lo que no tiene. Y si no amamos los demás, no nos enteramos de qué va la vida. Porque la vida consiste fundamentalmente en la capacidad de amar y ser amado. Y si no nos enteramos de qué va la vida, mucho menos podremos vislumbrar el misterio, lo que los creyentes llamamos “Dios”. Es decir, que realmente, todo esto que yo intento de alguna manera propugnar o extender, apunta al autoconocimiento. Sin esto, todo lo demás será superficial y no nos construirá.

05:47
Carolina Huerta. Para el autoconocimiento, Pablo, pues tú has dicho en algunas ocasiones que no sabemos escucharnos, no sabemos mirarnos y mucho menos a nosotros mismos. Efectivamente, a esto no nos enseñan en la escuela. Entonces yo como madre, ¿qué consejo, qué me puedes plantear que haga con mis hijos para que ellos aprendan a escucharse, a mirarse a ellos mismos?

06:13
Pablo d'Ors. Una cosa que se me ocurre de entrada es hablar bajo. Porque cuando hablas bajo, el otro necesariamente se acerca para intentar… Y él mismo también habla bajo. Entonces, eso nos coloca en un territorio no tan comanche, sino más de intimidad. Y luego también es muy importante, y es una cosa en la que podemos ejercitarnos, cuando uno tiene ganas de hablar, contenerse las ganas de hablar. Y casi siempre que hay que hacer este ejercicio, yo lo hago con frecuencia, tengo ganas de intervenir y no intervengo, al cabo descubro que es mucho mejor no haber intervenido. Con esto quiero decir que tenemos un afán intervencionista que impide que la realidad se explaye y se exprese. Y que… Yo suelo hablar de que tenemos el mito del pensamiento y de la acción. Es decir, vemos un problema, vemos una situación, inmediatamente pensamos en qué hay que hacer y luego ya, pues una vez que hemos concluido algo, pues lo ponemos en marcha, nos ponemos a actuar. Y está bien, está bien que las cosas las pensemos y actuemos, pero frente a esto, frente al pensamiento y la acción, o si quieres, junto a esto, yo propongo la contemplación y la pasión. Frente a pensamiento, la contemplación y frente a la acción, la pasión. ¿Qué quiero decir? Que antes de actuar hay que contemplar, hay que mirar, hay que escuchar, hay que dejar que la realidad te toque. Y que te toque significa que eres… es pasión, eres pasivo. Dejas que te toque. Pasión en sentido de pasividad y de padecimiento, en el sentido de que la realidad a veces te hace daño. O sea, ¿por qué esto es importante? ¿Dejar que las cosas nos toquen?

08:08

Porque el mundo no está en primera instancia para ser transformado, sino que en primera instancia está para ser recibido y para ser disfrutado. Ya veremos luego si hay que intervenir o no. Es decir, esto por el tema del intervencionismo. Yo soy un gran seguidor de Gandhi y un gran admirador y un gran lector. Siempre recomiendo un libro suyo que se llama ‘Mis experimentos con la verdad’, que es su autobiografía, y él hablaba de la no violencia. Es decir, que mucho de nuestra actuación, es muy violento. Y junto a esto que te acabo de decir, de hablar más bajito y no hablar, retener, yo diría que hay otro camino que yo también practico mucho, y es hablar despacio. Y hablar dejando un tiempo entre una palabra y otra, entre una frase y otra. ¿Por qué? Porque cuando se habla deprisa, no dejas espacio al otro de recibir lo que tú estás diciendo. Estos silencios entre las palabras y entre las frases son los que dan un contenido espiritual a tu mensaje, los que permiten la auténtica comunicación. La lentitud es un signo de que estás dando algo de ti mismo, de que estás creando un discurso, de que estás en un acto creativo. Nadie puede hablar de sí mismo deprisa. Cuando hablas de sentimientos, por ejemplo, en la terapia o el acompañamiento personal, lo más interesante son los silencios, porque significa que el paciente o el interlocutor está elaborando, está trabajándose por dentro.

10:09

Y eso es lo que un terapeuta o un acompañante nunca debe violar y debe respetar ese trabajo. Es decir, que las pausas en la comunicación son fundamentales. Esto quiere decir que silencio y palabra, blanco y negro son las dos caras de la misma moneda. Una palabra es eficaz si nace del silencio y si aboca a él, si lleva a un silencio mayor. Si algo de lo que yo estoy diciendo te deja pensativa, te deja reflexiva, abre un paisaje, un horizonte de reflexión, de ensoñación, eso es interesante.

10:47
Carolina Huerta. Sin duda. Yo me veo con mis hijos en el día a día. Yo, por ejemplo, intento mantener la tecnología en determinados momentos aparte, para ser ejemplo. Ahora, ellos son hijos de su época y tienen acceso a tantos contenidos que en muchas ocasiones son interesantes, todo el rato, todo el tiempo, tantos contenidos que… ¿cómo cultivar, cómo animarlos a que ellos hagan silencio, a que mediten, a que vayan más despacio en este mundo, que es tan rápido?

“La meditación es un camino radical para el autoconocimiento”. Pablo d’Ors, escritor
11:28
Pablo d'Ors. Es un drama, es una situación dificilísima. Yo me hago cargo perfectamente. El problema no lo tienen solamente los jóvenes, lo tenemos nosotros. No sé en qué estadística leí hace poco, que el setenta por ciento de la humanidad tiene dependencia del teléfono móvil. ¿Por qué esto es un drama? Es un drama porque el ser humano no es solamente exterioridad, también es interioridad. O sea, no somos solamente espiración, sino también somos inspiración, por tomar la metáfora de la respiración. Inspiramos y espiramos, recibimos y entregamos. Entonces, si estamos permanentemente volcados al exterior, y esto es lo que simbolizan Internet, el WhatsApp, los mensajes, pues no hay tiempo de volver a casa. Por eso la importancia de la meditación, de volver a casa, de saber estar con uno mismo. Es decir, que el drama justamente es una exterioridad exacerbada. Es como si tú tienes el coche encendido permanentemente y nunca lo apagas, no sabes descansar. O sea, yo creo que lo que más necesitamos, y parece una broma, es descansar. Si no estamos descansados, no podemos disfrutar. No podemos disfrutar, estamos demasiado tensos. Entonces, el principal desafío, y ya te digo que parece una broma, es el disfrute. En el fondo, si no descansamos, ¿por qué es? Porque tenemos miedo a disfrutar. O sea, el miedo al disfrute es el hijo del miedo a la libertad. Erich Fromm hablaba del miedo a la libertad, pero yo hablo del miedo al disfrute. Pero ¿qué significa disfrutar? ¿Cuándo disfrutas de una película, por ejemplo? Cuando te metes en la película. ¿Cuándo disfrutas de una novela? Cuando te metes en la novela. ¿Cuándo disfrutas de una conversación? Cuando te metes en la conversación. Entonces, ¿qué es lo que consigue el teléfono móvil? Sacarnos fuera.

13:29

Impide que nos metamos dentro de la vida, nos saca continuamente fuera, y eso nos rompe, nos rompe permanentemente. Entonces, ¿qué es disfrutar? Disfrutar es comulgar con la realidad. Si es comer, comer. Si es hablar, hablar. Si es dormir, dormir. Entregarte a ello. Y no sé, creo que nuestro problema es que no sabemos comulgar con lo que tenemos delante. Estamos siempre pensando en lo que tenemos pendiente, lo que hemos dejado atrás. Y entonces ¿qué hacer? Pues, qué hacer, no hacer. Es decir, la escuela para el ser es no hacer. Se ha inventado la meditación porque no sabemos estar sin hacer nada, nuestros abuelos o nuestros bisabuelos, que se sentaban en la puerta de casa con su sillita, seguramente sabían algo que nosotros hemos olvidado. ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos, nuestros jóvenes y demás? Por de pronto, la mejor manera, por decir creo yo que la única, es ser tú aquello que quieres entregar a los demás. Si tú quieres que tus hijos sean hombres y mujeres de paz, sé tú paz. Es decir, no podemos dar lo que no tenemos. Entonces, muchas veces nos preocupamos por nuestros hijos. Pero deja a tus hijos en paz y preocúpate por ti mismo. Porque eres tú el problema. Un índice del valor espiritual de una persona es que nunca apunta a los demás, aunque sean sus hijos, sino que siempre se apunta a sí mismo. ¿Qué puedo hacer? Ser eso que tú quieres que el mundo sea. Es decir, que no mires la paja en el ojo ajeno, sino la viga que tienes en tu propio ojo.

15:30
Carolina Huerta. Y mantener el silencio, ¿verdad? Porque a veces las madres, los padres…

15:35
Pablo d'Ors. Pero sin hacer un mito del silencio. Porque el silencio no es otra cosa que… El silencio no es nada, es el marco que posibilita todo lo demás. El silencio es la escucha del sonido del mundo. El mundo está ahí, escúchalo. El silencio es lo que posibilita lo demás, pero no debemos hacer un mito en sí mismo del silencio.

16:05
Carolina Huerta. Quizá me refería más a las madres, concretamente, hacer un poquito de silencio, que a veces tendemos a decir a nuestros hijos lo que tienen que hacer, lo que no hacer, cómo hacerlo. Y quizá lo que tú comentas con nuestro ejemplo y dejando un poquito de espacio para…

16:25
Pablo d'Ors. El verdadero desafío es aprender a escuchar. Aprender a escuchar. ¿Qué significa escuchar? Significa acoger lo que el otro te dice, sin cargarlo intelectual ni emocionalmente.

16:45
Carolina Huerta. Ahí es nada.

16:46
Pablo d'Ors. Nada, o sea, ¿qué quiere decir? Por ejemplo, si yo te digo: “Estoy triste”, y tú me dices: “Pero hombre, no estés triste, porque tienes una mujer que te quiere mucho, tienes unos hijos estupendos, un trabajo maravilloso”, pues ya me estás discutiendo intelectualmente lo que te acabo de decir. Es decir, no me estás aceptando. La tristeza no la estás acogiendo. O si yo te digo: “Estoy triste” y tú piensas: “Pobre hombre, está triste”, ya la estás cargando emocionalmente. Y por tanto no me estás acogiendo, no me estás escuchando de verdad. Entonces, ¿qué es escuchar? Escuchar es quitarse de en medio uno mismo. En realidad, todo trabajo espiritual es para “desegocentrarnos”, para no ponernos en medio. Esto que parece tan difícil se puede entrenar. La meditación es justamente un entrenamiento para no ponernos en medio continuamente, para saber quitarnos del medio, para acoger en pureza lo que se nos está diciendo. Yo soy un seguidor de un maestro que se llama Franz Jalics. Es un jesuita fallecido hace poco, húngaro, y él a su vez era seguidor, era discípulo de Carl Rogers, un famosísimo psicoterapeuta estadounidense que hablaba de, entre otras muchas cosas, de la terapia de la no directividad, es decir, no directividad significa que no quieres llevar a los otros a tu territorio, sino que crees que el otro puede llegar por sí mismo al territorio al que tiene que llegar. Esto para los padres también es muy importante, porque los padres creen que tienen que llevar a sus hijos a un territorio determinado y a lo mejor el problema no lo tienen los hijos, sino que lo tienen los padres. ¿En qué se apoya una relación de ayuda de verdad? Se apoya fundamentalmente en creer en la autonomía del otro. Si tú crees esto, significa que le vas a dar al otro la posibilidad de trabajarse.

18:46

Entonces, ¿cómo se hace esto? Pues Rogers habla de una cosa, que es un lugar común, es muy conocido, habla del reflejo. Es decir, no dar lo propio, no dar algo propio, sino devolver, reflejar lo que el otro te dice.

18:59
Carolina Huerta. Hacer de espejo.

19:00
Pablo d'Ors. Hacer de espejo, exacto. Y eso va ayudando a que la persona vaya indagando en sí misma y vaya sacando lo que tenga que sacar.

19:07
Carolina Huerta. Me vienen a la mente, Pablo, escuchándote, palabras como la aceptación de cara a los hijos o los padres. Qué importante es que nos trabajemos la aceptación al hijo, a la hija como es para, desde ahí, y la otra palabra que me viene es confiar, aceptar y confiar en que, como dices, ellos tienen esos recursos para desarrollarse, para…

19:34
Pablo d'Ors. El asunto es que cuando yo digo: “Hay que confiar” o: “Hay que aceptar”, pues claro, uno responde: “¿Y eso cómo se hace?”. Claro, porque ¿cómo se hace para que esto no sea un mero ideal, sino que sea un entrenamiento?”. Es decir, algo en lo que tú puedes trabajar, que puedes trabajarte, que puedes cultivarte. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo creer de corazón que esto que hay, no solamente es lo que hay, sino que es lo que tiene que haber? Los grandes maestros espirituales dicen todo está bien, pero claro. Esto de que todo está bien no es el punto de partida, sino que es el punto de llegada. Ellos han llegado a esto después de un camino que han recorrido, porque si lo dices de punto de partida, si tú tienes a una persona en un campo de concentración nazi y le dices todo está bien, pues va a pensar que eres un monstruo, porque le dices semejante cosa. ¿Qué quiere decir “todo está bien”? Quiere decir que lo que hay es lo que tiene que haber para caminar hacia lo que tendría que haber, no sé si me explico. Es decir, que cuando se dice que todo está bien, no se quiere decir que hay que sancionar la realidad, sino que esta realidad es el punto de partida adecuado para caminar hacia lo que tendría que ser. Esta es la cuestión. Por eso se habla de aceptación, acepta esto, pero no para quedarte en esto, sino para caminar hacia la plenitud. Y esto es un ejercicio. Un ejercicio que supone un largo camino. Supone un recorrido emocional, supone un recorrido espiritual. Y necesitamos maestros que nos enseñen a hacerlo.

21:23

Separo lo emocional de lo espiritual, aunque están profundamente integrados, porque… Porque normalmente tenemos las emociones muy reprimidas. No las expresamos. Entonces, si no expresamos lo que tenemos dentro, pues la espiritualidad se convierte en una especie de superestructura que no posibilita, sino que tiene pies de barro. No es sólida. Entonces, se trata de recorrer todas las emociones que nos suscita la realidad para, una vez llegado a un cierto punto, empezar el camino espiritual. O sea que podría decir que se resume en mirar… Es fácil decirlo, luego vivirlo es otra historia. Mirar amorosamente la realidad, aunque sea oscura. Aunque sea difícil. Esto no nos sale, mirar amorosamente la realidad. No sale espontáneamente, se trata de imprimir a tu mirada interior benevolencia y ternura. En la medida que lo vamos haciendo, poco a poco vamos transitando esa oscuridad, esa dificultad y vamos aceptando, que es lo que me preguntabas.

22:35
Carolina Huerta. Sí, porque yo te escucho y hablas de mirar la realidad y yo lo llevo al tema de mis hijos, una vez más, porque esa mirada a los hijos, de aceptación y de verlos en plenitud. No verlos quizá como como seres incompletos porque están creciendo, sino como seres plenos. Aprender a mirarlos, quizá.

23:01
Pablo d'Ors. A mirarlos no como te gustaría que fueran, sino como son. Es decir, no ponerles a ellos tu ideal, sino dejar que el ideal nazca de lo que son, de su realidad, esta es la cuestión.

23:16
Carolina Huerta. Y hablas ahora de las emociones. ¿Cómo nos ayudan la meditación, el silencio, a transitar, a gestionar esas emociones que no siempre son agradables?

23:32
Pablo d'Ors. Solemos tener una idea un tanto idílica de la meditación como el encuentro con la paz, con lo profundo. En realidad, la meditación, como dicen los maestros espirituales, los padres y madres del desierto, por ejemplo, que es la tradición que yo sigo, es un combate. ¿Por qué? Porque lo que tenemos dentro, que va apareciendo, no nos gusta. Es decir, no somos solamente verdad, belleza y bien, como nos gustaría, sino que también somos codicia, ambición y vanidad. Codicia en el tener, ambición en el poder y vanidad en el aparentar. Entonces, mirar eso… ¿Por qué nos cuesta meditar? Porque no nos gusta ver eso que somos, preferimos saltarlo. Entonces, ¿cuáles son nuestras tentaciones fundamentales? ¿Nuestras dificultades fundamentales? Una que estamos escapando permanentemente. Estamos escapando permanentemente, huyendo de las cosas que no nos gustan. Y dos, como no nos gustan las cosas, intentamos resolverlas. Y sin embargo, hay un tercer camino que no es ni la huida ni la resolución, sino que es la disolución, que es otra cosa diferente. Disolverte, integrarte con lo que hay, reconciliarte con lo que hay. Resolver está bien en algunos casos, por ejemplo, yo qué sé, pues no sé, te duele la cabeza, pues resuelvo, me tomo un Espidifen.

25:02
Carolina Huerta. Tareas concretas.

25:04
Pablo d'Ors. En lo pragmático sí, pero en lo espiritual, en lo más profundo del ser humano… Por ejemplo, pongo un ejemplo extremo, pierdes a un ser querido, porque se te muere. Eso no lo puedes resolver. Eso no lo puedes resolver. O sea, por mucho que pienses, por mucho que actúes. Pero eso sí que lo puedes disolver. ¿Qué significa? Puedes integrarlo, puedes trabajarlo de tal modo que ese veneno no te destruya, sino todo lo contrario. Te construya. En general, todo lo positivo ha nacido de algo oscuro o difícil. Es decir, la flor nace de la tierra, que es oscura y sucia. De ahí nace algo hermoso. Yo muchas veces suelo decir, yo que me dedico a escribir, “Los éxitos son el fruto de muchos fracasos”. Es decir, que si tú escribes una página hermosa, es porque antes has tirado cien a la papelera. Entonces, los éxitos es lo que ven los demás, los fracasos son lo que vemos nosotros mismos. Pero la perseverancia en el fracaso, ese es el auténtico éxito.

26:02
Carolina Huerta. Y es de lo que más se aprende, sin duda.

26:14
Pablo d'Ors. Sí, sí, yo siempre digo que el dolor es nuestro principal maestro. Si tú revisas de lo que más has aprendido en la vida, verás que siempre ha sido de experiencias dolorosas y difíciles. Esto no quiere decir que haya que buscarlas, esas experiencias ya van a venir por sí solas. Y siempre nos van a encontrar poco equipados, porque por mucho que uno se prepare, cuando viene la dificultad, la dificultad viene, es indudable. Pero bueno, es que estamos en permanente gestación de nosotros mismos. Yo creo que empezamos a morirnos cuando creemos que ya controlamos. Por eso en el budismo se habla de mente de principiante o de discipulado permanente. Que realmente es lo que yo he buscado en mi vida. Ser un buen discípulo, estar en la actitud de permanente aprendizaje. He tenido la suerte de tener un gran maestro, que es Jalics, ya lo he mencionado, Franz Jalics. ¿Qué es un maestro? Un maestro es aquel que te ayuda a ser discípulo de todo y de todos, a estar permanentemente recibiendo, aprendiendo. Yo creo que esa es la plenitud a la que estamos llamados como humanos.

“La meditación es un camino radical para el autoconocimiento”. Pablo d’Ors, escritor
27:30
Carolina Huerta. A mantener las ganas de aprender.

27:32
Pablo d'Ors. Sí, sí.

27:33
Carolina Huerta. Y bueno, pues otro aspecto que también me parece muy interesante. Hablas en tus libros y conferencias de la compasión. Bueno, en algunos entornos se asocia compasión, se hace sinónimo de lástima. ¿Qué es para ti la compasión, Pablo?

27:55
Pablo d'Ors. Pues es un milagro, porque realmente es mucho más difícil ser compasivo de lo que la gente piensa. Porque la gente identifica compasión con lástima, que es ese movimiento de condescendencia, de bajarse, decir: “Pobrecillo, está pasándolo mal”. Eso es lástima, eso no es compasión. La compasión puede nacer si tú descubres algo que poca gente descubre, porque supone un camino interior largo y tortuoso, o turbulento incluso, y es descubrir que en tu herida late la herida del mundo. Y en la herida del mundo late tu propia herida. ¿Qué quiero decir? Quiero decir que la compasión nace cuando descubrimos que ningún dolor nos es ajeno y que nuestro dolor no es solamente nuestro, sino que es de los demás también. Quiero decir que lo que nos destruye no es el mal o el dolor, sino el aislamiento con el que lo vivimos. El problema no es el dolor. El problema es el desamor. Tú puedes vivir algo muy duro, pero si lo vives acompañado amorosamente con otras personas, se hace soportable, se hace vivible. Se hace incluso un camino de vida, constructivo. Pero si vives aislado, que lo que tendemos es a aislarnos cuando sufrimos, eso es lo que nos destruye. Entonces, ¿qué es la compasión? Dos cosas. Una, asunción del dolor ajeno como propio. O sea, tú asumes el dolor del otro como propio. ¿Para qué? Para que el otro sufra menos. Es compasivo el que sufre para que otro sufra menos. Esta es la cuestión.

29:46
Carolina Huerta. Le quitas un poquito de carga.

29:47
Pablo d'Ors. Claro. Tú tienes un peso de cien kilos, si yo te ayudo, ya son cincuenta. Si ayudan otras diez personas, ya son diez kilos por persona nada más. Si ayudan cien ya es un kilo, ya no es peso. Ese es el descubrimiento, que juntos, juntos de corazón, la vida no solamente es soportable, sino que es perfectamente llevadera. Pero eso es un descubrimiento espiritual. Entonces, primero, asunción del dolor ajeno, y segundo, entrega del propio. Eso es lo que solemos olvidar. Es decir, que yo he escrito un libro que se titula “Sendino se muere”, que es la historia de una médico que luego muere, una médico enferma que mira la enfermedad desde la otra perspectiva, ya no desde el sanador, sino desde el enfermo, y lo que vengo a decir, lo que viene a decir la vida de esta mujer, que se llamaba África Sendino, es que es un nivel espiritual más alto dejarse ayudar, que ayudar.

30:52
Carolina Huerta. Sin duda. Nos cuesta más.

30:55
Pablo d'Ors. Cuesta mucho más.

30:55
Carolina Huerta. Cuesta mucho más. No hemos aprendido a aceptar esa ayuda y a mostrar nuestra vulnerabilidad, porque parece que eso es debilidad, que va en contra de lo que se proclama.

31:11
Pablo d'Ors. Sin embargo, es el máximo descubrimiento. ¿Por qué? Porque solamente amamos lo vulnerable, lo frágil. Lo fuerte y lo poderoso, podemos admirarlo. Pero solamente amamos lo imperfecto. Entonces, en la medida en que reconocemos serena y alegremente, se dice rápido, nuestra vulnerabilidad, nuestra fragilidad, en esa medida somos poderosos, porque conocemos el amor. El trabajo espiritual justamente es para esto, para descubrir, primero es un trabajo de vaciamiento, que decíamos antes, de silenciamiento. Entonces, cuando haces este trabajo, ¿qué descubres? Descubres que eres una caña. Es decir, alguien frágil que se puede romper. Y solamente cuando descubres que eres una caña vacía puede entrar el viento en ti, porque estás vaciado y puede salir una melodía. Qué metáfora más preciosa, o sea, para que salga la melodía que puede salir de nosotros, hemos de haber hecho un trabajo de purificación, de vaciamiento, de silenciamiento y un trabajo de descubrimiento de la fragilidad. Entonces es cuando somos poderosos. Tú miras, por ejemplo, la vida de Teresa de Calcuta, e hizo esta experiencia. Se vació, descubrió su fragilidad y eso la ha hecho enormemente fecunda.

32:32
Carolina Huerta. Fíjate, te escucho, Pablo, y lo que me genera como madre es que precisamente, si yo hago ese camino de vaciarme, de aceptar mi debilidad, mi vulnerabilidad, permito a mis hijos ayudarme, no me presento como poderosa, como capaz, que a veces los padres tenemos esa tentación, porque como al principio son pequeños, parece que les tenemos que enseñar; y precisamente a lo mejor ese es el ejemplo. No sé cómo lo ves.

33:06
Pablo d'Ors. Yo lo veo así. Si no identificamos fragilidad o vulnerabilidad con estupidez o con apocamiento, porque tú puedes ser frágil pero mantener tu dignidad, no quiere decir que tengas que ser una persona rastrera y que ha perdido los papeles, ni mucho menos. Es decir, que la soberanía de lo frágil, de lo pequeño, de lo modesto, la belleza de eso, descubrir eso… Esa es la plenitud.

33:38
Carolina Huerta. Qué bonito. Suena fenomenal.

33:40
Pablo d'Ors. Bueno, puede sonar bien, pero lo importante…

33:43
Carolina Huerta. Es vivirlo.

33:44
Pablo d'Ors. Es vivirlo, exacto. Lo importante es que cuando nos encontramos a alguien así… O sea, por ejemplo, la soberbia, nos espanta. Si vemos a un tipo que es engreído, creído, pues decimos: “Este hombre es un idiota”.

33:56
Carolina Huerta. Sí, genera rechazo.

33:57
Pablo d'Ors. Genera rechazo, sí. Mientras que, cuando alguien es modesto de corazón, pues genera cordialidad, genera cercanía. “¡Qué gran persona! Que no se las da de nada”. Eso es precioso.

34:12
Carolina Huerta. Y eso es un buen ejemplo, desde luego, para los hijos. Sin duda. Pablo, la soledad. Yo creo, no sé si estarás de acuerdo conmigo, en que es uno de los grandes problemas de nuestra sociedad actual. El aislamiento, decías antes, la soledad. Y sin embargo, tú planteas la búsqueda de la soledad, la cultivas. ¿Cómo podemos vivir la soledad de una manera que nos aporte? ¿Qué es para ti?

34:41
Pablo d'Ors. Pues igual que antes decía que silencio y palabra son las dos caras de la misma moneda, ahora diría que soledad y compañía también son las dos caras de la misma moneda. Es decir, que las personas verdaderamente sociales o comunitarias, que saben estar con los demás, es porque han sabido estar consigo mismos. Y que los verdaderos solitarios, por ejemplo, los ermitaños, no son misóginos, sino que son gente que tiene un profundo sentido de la comunión. La mejor escuela para aprender a estar con los demás, aunque pueda parecer una ironía, es estar solo. Y la mejor escuela para estar solo, fecundamente, es aprender a estar con los demás. Es decir, que van en correlación. ¿Cómo aprender? Pues poco a poco y de manera muy progresiva. Es lo mismo que el silencio, aprendemos a meditar, a sentarnos en silencio y en quietud en un entrenamiento paulatino, guiado, acompañado. Porque de lo contrario, pues nos resulta muy arduo. En el desierto, acabamos perdidos o muertos. Y yo diría, pues, ir introduciendo esta práctica de manera progresiva: a lo mejor si no has estado solo nunca, pues no te vayas una semana tú solo al monte, porque entonces te vas a morir de asco. Pero a lo mejor puedes decir: “Voy a estar una hora solo, a ver qué pasa, sin recurso, sin teléfono”. Poco a poco, entrenándose.

36:29
Carolina Huerta. Me vuelven a salir mis hijos, cómo les transmito yo el valor de la soledad, de la quietud, del dejar la tecnología. ¿Qué les puede aportar a ellos? ¿Qué les dirías que les puede aportar? Y ¿cómo perseverar para mantenerse hasta conseguir los beneficios?

36:55
Pablo d'Ors. No es fácil. No es fácil, es decir, yo creo que la soledad, el silencio, no son palabras que estén en valor y que se consideren algo apetecible o algo a lo que uno pueda aspirar. Y yo eso lo entiendo, porque es que en realidad lo hermoso no es el silencio en sí mismo, sino aquello donde te conduce, a la receptividad, a la iluminación, el disfrute. Es decir, que no se trata de vender la purificación que supone todo esto, sino de vender la iluminación. Esta es la cuestión. Es mostrar cómo este camino nos conduce a vivir con mayor plenitud. Es apuntar hacia la meta. Claro, el asunto es que… ¿Qué es un camino? Un camino es un horizonte al que tender y una tierra, una realidad concreta que pisamos. Si perdemos el horizonte, pues no sabemos a dónde vamos, si perdemos la tierra, pues se queda en algo utópico, quimérico. Entonces, yo creo que educar, que es lo que planteas, es mantener las dos cosas, mantener el horizonte y la realidad. Y entonces dibujar un horizonte de plenitud atractivo para nuestros jóvenes, pero también mostrarles que eso, para que sea realmente operativo, tiene que ser con cosas muy concretas, con pasos muy específicos.

38:35

En realidad, educar es eso. Es mostrar un camino. Mostrar un camino. En la medida en la que estamos en un camino, estamos bien. Si perdemos un camino, no estamos bien. Entonces, meterse en el camino de la espiritualidad, del silencio, meterse en el camino del ejercicio físico, del deporte, meterse en el camino de la inteligencia y de la reflexión. Meterse en el camino del corazón, de los afectos… O sea, estar en el camino. Pero esto que vale para los jóvenes, vale también para los adultos. Es decir, vuelvo a lo mismo, yo me plantearía cómo hacer nosotros. Y esa es la mejor manera de persuadir a los que van por detrás.

“La meditación es un camino radical para el autoconocimiento”. Pablo d’Ors, escritor
39:16
Carolina Huerta. El ejemplo. Hablas de plenitud, y en este mundo nuestro, en esta sociedad, la palabra que sale es “felicidad”. La búsqueda, el deseo de encontrar la felicidad. Quizá la cuestión está en: ¿qué entendemos por felicidad? ¿Qué es para ti la felicidad, Pablo?

39:43
Pablo d'Ors. El problema es que, bueno, yo quiero ser feliz como todo el mundo, no es que yo sea un bicho raro, lo que pasa es que entendemos muchas veces la felicidad como simple bienestar y nos olvidamos del bien ser. A veces la consecución de un bien mayor te hace renunciar a un bien menor. Yo muchas veces he dicho en alguna entrevista, en alguna conversación: “La felicidad no me interesa, lo que me interesa es la plenitud”. No sé si ahora diría tanto, porque claro que me interesa la felicidad, pero sobre todo lo que me interesa, más que ser feliz, que sí, que está bien, me interesa vivir en plenitud. ¿Y eso qué significa? Me preguntabas. Pues significa ser yo mismo. O sea: “¿Tú a qué aspiras, Pablo d’Ors?”. “Yo aspiro a ser yo”. Es decir, escuchar la palabra que me habita dentro, llegar al fondo, al territorio de mi identidad más profunda y desplegarlo. Realizar aquello para lo que he venido a este mundo. Eso es lo que te va a dar plenitud, eso es lo que te va a dar la verdadera felicidad. Es decir, que la felicidad no se consigue sin un cultivo, sin una tarea, sin entenderte a ti mismo, como campo de cultivo. La felicidad tiene mucho que ver con el cultivo de uno mismo. En la medida en que nos cultivamos, tenemos autoestima. Porque nos sentimos vivos, no simplemente pasivos, sino que estamos creando. También la felicidad tiene que ver con dos palabras, que son la contemplación y la creación.

41:35
Carolina Huerta. Grandes.

41:37
Pablo d'Ors. Sí. Contemplar quiere decir recibir y creer quiere decir dar. Solamente somos felices cuando somos creativos. O sea, esta conversación solamente nos va a hacer felices si la estamos creando de verdad. Si estamos recitando un guion, si estamos repitiendo una cosa de memoria, no nos va a hacer felices. Es decir, solo lo nuevo tiene la capacidad de alimentar el alma del ser humano. Y cada instante es nuevo, nosotros estamos muertos porque no nos damos cuenta de que cada instante es nuevo. Cada instante es una creación que te invita a metete en él. Eso es estar despierto, eso es ser iluminado, darse cuenta de que cada segundo es nuevo. Si vives así, y yo desde luego llevo ya mucho tiempo intentándolo, eres feliz.

42:31
Carolina Huerta. Y cuando vamos más despacio, paramos el ritmo y hablamos más despacio, podemos saborear esos momentos tan nuevos, tan especiales.

42:43
Pablo d'Ors. Claro, ¿qué es la creación? La creación es la concepción, gestación y alumbramiento. Es decir, que esto no vale solamente para los hijos naturales, también, por ejemplo, para una idea. Concibes una idea, la gestas, la maduras y la entregas. La alumbras. Y eso da luz y calor. Pero esto pasa con las ideas, con los afectos, con todo. Realmente vivir así, sí que es una fiesta y sí que merece la pena completamente. O sea, yo tengo que confesar que no siempre vivo así. Que a veces entro en la rutina, en la no novedad. Pero muchas veces sí que vivo así, y es una pasada.

43:26
Carolina Huerta. Y el miedo, ¿cómo nos puede ayudar la meditación a nosotros, padres, madres, educadores, a gestionar el miedo y ayudar a nuestros hijos a transitarlo de una manera saludable?

43:44
Pablo d'Ors. Yo suelo decir que el miedo es el cáncer del futuro, el apego es el cáncer del presente y la culpa es el cáncer del pasado. Es decir, todo lo que no hemos digerido de lo que hemos vivido, del pasado, con lo que no nos hemos reconciliado, cae sobre nosotros en forma de culpa. Todo lo que no… Todo aquello con lo que no nos relacionamos bien en el presente, porque dependemos de ello, relaciones dependientes, tantas cosas, eso se llama apego. Es lo que interrumpe el flujo de la vida. La vida discurre y, si tú te apegas, impides ese discurso, ese discurrir de la vida. Y el miedo es el cáncer del futuro y frente a él solo hay un antídoto, que es la confianza. Pero la confianza, como he dicho, no es simplemente un ideal, sino que es una tarea. Yo suelo decir que los grandes dones de la vida se caracterizan porque son grandes tareas. Por ejemplo, tú tienes un hijo y te dice la gente: “Qué gran regalo has recibido”. Sí, pero menuda tarea.

45:10
Carolina Huerta. Sí, cotidiana.

45:11
Pablo d'Ors. Menuda tarea. Entonces, la confianza no solamente es un don, sino que es una tarea. ¿Cómo puedo generar en mí un espíritu de confianza y de apuesta?

45:24
Carolina Huerta. ¿Cómo puedo hacerlo concretamente?

45:27
Pablo d'Ors. Pues bueno, he intentado decirlo, no escapándose de las cosas, mirándolas amorosamente, transitándolas. Y eso te va dando confianza en que la realidad no te es adversa, sino que te es propensa. O sea, este es el gran descubrimiento. El gran descubrimiento de la meditación es cuando nos damos cuenta de que lo que sucede no está en contra, o sea, que tú no tienes que vivir la vida como una carrera de obstáculos, sino que realmente todo se conjura para que tú seas quien estás llamado a ser. O sea, que realmente todo es un trampolín. Esta conversación que estamos teniendo, esto no es una trampa. Esto no es una trampa para ver si lo haces mal o haces el ridículo, sino que esto es una posibilidad. Esto es una posibilidad. Entonces, darte cuenta de que esto es así… Eso es lo que va generando confianza. Darte cuenta de que lo que te pasa, aunque sea duro a veces, no es un agujero negro para que tú te hundas en la miseria, sino que es una ocasión de crecimiento.

46:43
Carolina Huerta. Una oportunidad de aprendizaje.

46:45
Pablo d'Ors. Sí, es como decir: “Hemos de aprender a saltar”, apostar, confiar. El salto tiene dos posibilidades: la caída, que te estrelles y te quedes ahí, o el vuelo. Pero si no corres el riesgo de la caída, nunca volarás. Entonces, claro. Por eso hablaba antes también del coraje. O sea, en la medida en la que vas creciendo, vas teniendo motivos para confiar, motivos para saltar. Y cuanto más saltas, más vuelas. Es verdad que decíamos antes que hay muchas caídas. O sea, yo como escritor he fracasado muchísimo, he tenido muchas caídas y me he estrellado. Después de, a lo mejor, un año de trabajo he descubierto que eso no vale nada, que es una tontería y he tenido que volver a empezar. Pero eso es lo que de vez en cuando te permite que haya un vuelo. Y ese vuelo merece la pena todas las caídas que has podido vivir.

47:39
Carolina Huerta. Y sobre todo, quizá, quedarte con ese aprendizaje. Dices, un año, si lo ves como un tiempo perdido, claro, es una lástima.

47:48
Pablo d'Ors. Esta es la cuestión, que vivimos la vida como tiempo perdido o tiempo aprovechado, pero realmente esta es la cuestión. Que el tiempo no está para aprovecharlo. Que es lo que decimos a nuestros hijos: “Aprovecha el tiempo”, no, sino para vivirlo, que es distinto, porque si queremos aprovechar, estamos exprimiendo la naranja, y no hay que exprimirla, hay que comerla tranquilamente.

48:12
Carolina Huerta. Disfrutarla.

48:13
Pablo d'Ors. No hay que estar ahí presionando. Entonces, ¿cómo educarnos para no aprovechar el tiempo? Pues sencillamente haciendo un ejercicio de decir: “Este tiempo lo entrego”. Yo no vengo aquí a aprovechar el tiempo, sino que vengo a entregarlo, en este caso, en esta conversación, ante este plató, en este programa. Si vives con esta lógica de la entrega, te vas curando de esta presión de rendimiento que supone vivir desde la clave de aprovechar.

48:43
Carolina Huerta. Y puedes disfrutar más el aquí y ahora.

48:45
Pablo d'Ors. Sí, sí, sin duda.

48:45
Carolina Huerta. Como nosotros.

48:46
Pablo d'Ors. Sin duda, sin duda. De hecho, yo me lo estoy pasando bastante bien.

48:50
Carolina Huerta. Yo también. Antes, Pablo, nos has hablado de personas que han sido referencias para ti, como Gandhi. También te hemos oído hablar en otras ocasiones de Simone Weil. Cuéntanos, ¿qué te aporta?

49:09
Pablo d'Ors. Para mí una virtud fundamental es la admiración. Si tú admiras a alguien, de alguna manera es un estímulo, quieres emularlo. Yo he tenido una gran capacidad de admirar a una serie de personajes de escritores y entre ellos yo suelo destacar a tres. Uno ya lo has mencionado, que es Gandhi, otro que acabas de mencionar ahora mismo, que es Simone Weil, y también un tercero que no ha salido en la conversación, pero que quiero mencionar que es Carlos de Foucauld. Y curiosamente, bueno, Gandhi es un hindú, Simone Weil era una pensadora francesa de origen judío y Carlos de Foucauld era un aristócrata francés que se convirtió al cristianismo viendo la fe de los musulmanes, es decir, que hay una gran pluralidad religiosa en estos tres referentes que para mí son capitales. O sea, me preguntabas en concreto por Simone Weil. Simone Weil tiene un libro maravilloso que yo recomiendo mucho, que se titula ‘A la espera de Dios’, donde habla un poco de su itinerario interior. Es una mujer, no sé cómo decirte, de una integridad y de una pureza de corazón y de una intensidad extraordinarias, que realmente yo quisiera para mí. Yo creo que estas tres biografías, la de Foucauld, Gandhi y Simone Weil a mí me llaman la atención porque son totalmente inéditas, es decir, no se parecen a nadie. Foucauld no se parece a nadie, Weil no se parece a nadie, Mahatma Gandhi no se parece a nadie. ¿Por qué? Porque han sido ellos mismos. ¿Y por qué han sido ellos mismos?

51:03

Porque han escuchado su conciencia, que eso es para lo que sirve la meditación, la han obedecido, porque tú puedes escuchar y no obedecer.

51:11
Carolina Huerta. Le han hecho caso.

51:12
Pablo d'Ors. Sí, han hecho caso, y tercero, virtud fundamental, han hecho de esa con esa escucha, de esa conciencia y de esa obediencia, un estilo de vida. Es decir, siempre han estado atentos y obedeciendo a lo que les decía su interior y por eso su vida, la vida de estos personajes merece una película porque es como un periplo sorprendente. Del caso de Simone Weil lo que más me llama la atención es el tema de su solidaridad con los desdichados. De hecho, su reflexión fundamental es sobre la desdicha, sobre cómo la condición humana comporta sufrimiento y cómo ella no quería ser ajena a este sufrimiento y quería participar. Ella, por ejemplo, siendo profesora de filosofía en un instituto en Francia, pues veían que las obreras sufrían y quiso hacer la experiencia, pero una experiencia larga, de muchos meses, casi un año, de trabajar en una fábrica como una más. Y cuenta, en ‘La condición obrera’, que es otro libro suyo, su experiencia, de una intelectual trabajando con las manos, trabajando con la gente más desfavorecida. Sobrecogedor.

52:21
Carolina Huerta. Esa coherencia interior.

52:24
Pablo d'Ors. Sí, a mí me gusta hablar, más que de coherencia, que desde luego es admirable, de armonía. En definitiva, también habla de lo mismo, lo que pasa es que la coherencia nos remite a un territorio ético: hay que ser coherente, mientras que la armonía te remite a un territorio estético que nos resulta de entrada más cordial, aunque ambas apunten a lo mismo. Y yo creo que es la máxima aspiración, por lo menos la mía. La armonía. Tenemos dentro muchas voces, muchos personajes. No se trata de acabar con ellos y solamente dar cauce a uno y decir: “Soy coherente porque soy esto”, no, se trata un poco de dar juego a todos ellos, a cada uno en su momento. Lograr la unidad en la diversidad. Que la diversidad no es una amenaza, el hecho de que seamos distintos, hombres, mujeres, blancos, negros, de derechas, de izquierdas, creyentes, no creyentes, es una buena noticia. La pluralidad es una buena noticia, porque es la que posibilita la verdadera unidad. Si todos fuésemos iguales, sería uniformismo y sería un rollo.

53:36
Carolina Huerta. Tú dices en tu libro, Pablo, en ‘La biografía del silencio’, que de todos los dilemas que conoces, el más grande es el de la vida. ¿Cuál es este dilema para ti?

53:51
Pablo d'Ors. Lo más inteligente que puedo decir es que no lo sé. No lo sé. Lo que sí sé es que ese dilema de la vida no cabe en palabras. Por ejemplo, yo suelo decir: “La gran pregunta espiritual, la gran pregunta existencial es quién soy yo”. Y ¿cuándo respondes a esa pregunta? ¿Cómo respondes a esa pregunta? Igual que la del dilema. Respondes a esa pregunta cuando te deja de interesar. ¿Por qué te deja de interesar? Porque estás demasiado ocupado viviéndola. Quiero decir, que tantas de nuestras preguntas nos alejan de la vida, en lugar de meternos en ella… Tantos de nuestros discursos intelectuales son paralizantes en lugar de movilizadores… Entonces, por eso, ¿cuándo se responde la pregunta: “¿Quién soy yo?”? Cuando dejas de preguntártela porque estás demasiado ocupado desplegando quién eres tú en la vida. Entonces, por una parte, el dilema de la vida te lo vas a ir respondiendo en la vida misma. Ahora bien, pero ¿cuál es? “Deja de escaparte”, y no me estoy escapando, pero dejar de dar rodeos… Yo diría que el dilema de la vida es la muerte. Es decir, que vivimos en la medida en la que somos conscientes de que estamos muriendo.

55:03
Carolina Huerta. Ahí es nada.

55:34
Pablo d'Ors. Sí. Es decir, que sin consciencia del límite, no vivimos. Simplemente nos drogamos, estamos en una ilusión. Es decir, es la consciencia de nuestra temporalidad, nuestra fugacidad, nuestra caducidad, la que te da verdadera intensidad. Es decir, yo me siento en este plató y digo: “Voy a vivirlo como si fuese mi último mensaje”. Vive hoy como si fuera el último día. Eso te puede introducir mucha presión, pero no, uno dice: “Voy a entregar lo que yo soy, no voy a reservarme, no voy a guardarme para mañana”. En definitiva, lo que la vida nos pregunta a cada instante es: “¿Te entregas o no? ¿O te reservas?”. Entonces, el dilema de la vida es: entrégate.

56:33
Carolina Huerta. Pues Pablo, muchas gracias por tu entrega hoy a nosotros, a Aprendemos juntos, por compartir tu vida, tu vida y bueno, ha sido un auténtico placer. Gracias.

56:46
Pablo d'Ors. Muchas gracias a ti, un gusto.