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La historia de una niña que soñó con ser pianista

Teresa Gómez

La historia de una niña que soñó con ser pianista

Teresa Gómez

Pianista y maestra


Creando oportunidades

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Teresa Gómez

Creció en el Palacio de Bellas Artes de Medellín -Colombia- en una época de racismo, clasismo y discriminación. En plenos años 40, Teresita Gómez era la hija negra adoptada de los porteros del edificio que albergaba la Escuela de Música de la ciudad. Allí solo estudiaban las niñas blancas de la alta sociedad, que llegaban al Palacio en coches conducidos por chóferes con guantes blancos. En aquel mundo, Teresita creció sabiendo que ella era distinta. Pero ella amaba la música y a escondidas empezó a tocar pequeñas piezas al piano, que había aprendido de oído. Como en un cuento de hadas, la niña tocaba el piano a solas, por la noche y en secreto, hasta que una maestra la descubrió: “¡La negra está tocando el piano!”, exclamó al verla. Pronto esa misma maestra entendió que estaba ante una niña prodigio y se ofreció a darle clases de piano a escondidas. Poco después, Teresita obtuvo la oportunidad que merecía: estudiar piano con el resto de las niñas. Teresa Gómez ofreció su primer concierto como solista con tan solo 10 años.

Así fue la infancia de la que hoy es una de las más grandes pianistas colombianas. Realizó estudios superiores de piano en la Universidad Nacional de Colombia y, posteriormente, se graduó como concertista y maestra de piano ‘Summa Cum Laude’ en la Universidad de Antioquia. En los años 80, fue nombrada agregada cultural de la Embajada de Colombia en la antigua República Democrática Alemana, desde donde divulgó la vida y obra de los más destacados compositores colombianos por toda Europa. Con numerosos premios y reconocimientos, Teresa Gómez ha realizado cientos de giras y certámenes musicales por todo el mundo en representación de Colombia.


Transcripción

00:36
Teresa Gómez. Bueno, mi nombre es Teresita Gómez, vengo de Colombia y con estas dos piecitas que acaban de escuchar empezó esta gran aventura que lleva toda la vida. Bueno, mis padres fueron los porteros… Mis padres adoptivos fueron los porteros del Palacio de Bellas Artes de Medellín, que tenía una escuela de música, un conservatorio. Y la casa mía estaba dentro del Palacio, ¿no? Entonces de bebé, de niña, estaba fascinada con la música y ya cuando empecé a caminar mi padre me llevaba a que lo acompañara a revisar si todo había quedado bien en el Palacio y, mientras tanto, yo iba como tocando. Pues tocando… Yo no sé qué tocaba, pero yo estaba fascinada. Y en el día yo escuchaba a las niñas que estudiaban. Las niñas que estudiaban piano en Medellín eran niñas de un nivel muy alto, social y económico. Pero yo era fascinada, yo no lo sabía. Empecé a escuchar estas dos piecitas hasta que me las aprendí de oído. Y ahí empezó esta historia que para mí ha sido yo creo que fascinante, con sus alegrías y sus dolores.

02:17
Felisa. Hola, Teresa, encantada de estar aquí con usted.

02:20
Teresa Gómez. Lo mismo.

02:22
Felisa. Leí en una entrevista que, de pequeña, su mamá le decía que se había tomado un bote de tinta china en una ocasión y también que no le dejaban jugar con los niños y niñas del barrio donde vivía. ¿Cree usted que sufrió racismo en su infancia?

02:45
Teresa Gómez. Sí, en mi infancia y siempre. En todo el planeta, porque mis padres eran muy blancos. Mi madre podría ser hermana tuya, por ejemplo, y era de un sitio de Medellín, de un pueblo, que llaman Marinilla, donde todo el mundo es rubio y blanco. Y yo le decía: “Mamá, ¿pero yo por qué soy negra?”. Mi mamá: “Claro, es que te tomaste un frasco de tinta china y se te tiñeron las venas y entonces estás negrita”. Pues eso, ese cuento fue un ratico que creí que era así. Ya después… Pero sí, mi madre, pobrecita… Porque era muy evidente que nada que ver con ellos y yo lo entendí muy rápido, pero yo siempre le preguntaba a mi mamá de dónde soy. Ella me decía: “Pues eres mi hija”. El racismo que yo sentía al principio no era todavía el de la música, sino el diario. Yo no me podía juntar con las niñas normales del barrio. Porque el conservatorio quedaba en un barrio muy bonito de Medellín, muy lindo. Prado se llamaba, y todo el sector del centro era de gente muy adinerada. Entonces no había caso, pero yo creo que a mí no me importaba mucho. Yo estaba enloquecida con la música, de verdad. Mi padre fue importantísimo en mi vida.

04:27

Todas las noches me llevaba a cerrar el conservatorio, a ver que todo estuviera en orden, que estuvieran todos los pianos cerrados… Todo. Y yo iba tocando, tratando de sacar mis piecitas, y mi mamá me decía: “Ay, no”. Le decía a mi papá: “No entusiasmes a la niña con el piano, que, si te echan de aquí, ¿nosotros qué vamos a hacer? ¿Con qué le vamos a comprar un piano?”. Y mi papá le decía: “Ay, no, Teresa, dejémosla, que la niña goza”. Pero mi mamá sufría mucho porque siempre pensaba que nos iban a echar, porque ¿cómo una negrita manoseando los pianos y todo eso? Y un día, ya después de un rato, ya me sabía esas piecitas como se las toqué ahora, me dijo mi papá: “Hoy vas a hacer el primer concierto”, porque llegamos al teatro. El conservatorio tenía un teatro que se llamaba Sala Beethoven. Me abrió el piano de cola y me dijo: “Ahora haz la venia”. Yo sabía hacer la venia y todo porque cada seis meses teníamos concierto de los niños que tocaban cada seis meses en el acto público. Yo hice la venia y me senté y toqué mis dos piezas. Y mi papá hizo así tres veces, no más. Y yo hice la venia y él me dijo… Eso era como un segundo piso. “Voy a ir a por tu mamá para que te escuche”. Y llegó mi mamá, pobrecita, que nunca me había escuchado, y se emocionó mucho y lloró. Bueno, eso fue un momento muy, muy fuerte.

La historia de una niña que soñó con ser pianista. Teresa Gómez, pianista y maestra
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Y lo único que le dijo a mi papá fue: “Ay, Valerio, ¿y ahora qué vamos a hacer con la niña?”. Eso fue hermoso. Yo ahora entiendo lo que mi mamá dijo en ese momento. “Estamos en la grande. ¿Qué vamos a hacer? No podemos conseguirle un piano”. Y vuelve el cuento: “¿Y si te echan, y si esto…?”. Y ahí empecé. Eso era de escondido todo. Para mí, la vida empezaba a las ocho de la noche. Terminaba a las doce. Como en los cuentos de hadas, yo tenía prohibido… Como que no, que ese era el secreto. Y me metí en un piano al oscuro porque creí que ya no había nadie. No esperé a mi papá. Y toqué las dos piecitas. Y no se había ido la profesora de piano. Y metió un alarido. Esa señora se asustó tanto… Y dijo: “¡La negra está tocando piano!”. Yo me puse a llorar, eso fue todo una cosa muy fuerte para mí, porque creí que me iban a regañar, que a mi papá… ¿Quién sabe qué pensé yo ahí? Pero como estaba prohibido… Entonces ella me dijo: “No, yo le voy a dar clase a escondidas. Yo le doy clases a escondidas”. Y empecé las clases a escondidas. Y después seguí. Así empezó.

08:02
Adrián. Buenas, Teresa. Soy Adrián y he leído que su padre fue muy importante para usted. ¿Podría hablarnos más sobre él y las cosas que le enseñó?

08:12
Teresa Gómez. Bueno, mi papá me enseñó que lo que uno quiere, lo logra. Sin decírmelo. Me decía: “Siga, siga”. Sí. Mi papá me enseñó como cierta dignidad, que es tan importante. No una dignidad creyéndose más que nadie, una dignidad de respetarse a uno mismo y lo que quiere, como esa fidelidad con uno. Y me enseñó… Me decía: “La constancia vence lo que la dicha no alcanza”. No puedo hablar de mi papá. Fue una persona muy amorosa que empezó a llevarme a los conciertos, a estar pendiente de que yo estudiara… Porque hubo un momento en que ya no me pudieron esconder. Tuvieron que hablar con todo el mundo a ver si me admitían en la escuela como alumna, y les caí bien a las señoras y a los señores y me dieron una beca con la condición de que siempre tenía que sacar cinco. Pero, bueno, para mí eso no fue difícil porque yo estudiaba mucho, estudiaba porque me nacía estudiar, estudiaba porque quería tocar el piano. No sabía de famas ni de esas cosas. No, eso era como mi compañía. Porque tú, cuando eres negro, no tienes voz, pero puedes cantar.

10:11
Marcos. Hola, Teresa, mi nombre es Marcos. Has hablado antes sobre tu primera maestra y tengo entendido que era como un hada madrina para ti. Me gustaría saber qué valor tenía para ti y cómo ves a los maestros.

10:28
Teresa Gómez. Bueno, ella fue la que me descubrió tocando a escondidas y la que le dijo a mi papá: “Yo le voy a dar clases cuando yo haya terminado, también como de escondido”. Pero a los seis meses ella dijo: “Bueno, ya no podemos seguir al escondido”. Le dijo a mi papá que yo tenía cierta facilidad o talento y que ella iba a hablar con los de la junta y los directores del conservatorio y las madres de las niñas que iban para ver si estaban de acuerdo con que yo estudiara junto a ellas, ¿no? Entonces dijeron que sí, con la condición de que yo debía sacar la más alta calificación, cosa que, como amaba tanto esto, no me costó trabajo. Era muy aplicada. Era la niña que más estudiaba, porque realmente lo único que yo tenía era la música. Yo no tenía otra cosa sino la música. Entonces la música lo era todo para mí, y ella estuvo los primeros cinco años de mi vida. Trabajé con ella y cada seis meses ya toqué con las niñas los conciertos. Todas las niñas iban de blanco, pero yo iba de amarillo. Ellas me regalaban el vestido, pero nunca igual a ellas. Si iban todas de amarillo, yo iba de azul. A mí no me importaba porque a un niño no le importan esas cosas. A mí me parecía lindo mi vestido. Y siempre me dejaban de última, cosa que me convenía porque yo siempre daba bis.

12:20

Si me aplaudían, yo me volvía a sentar a tocar otra vez lo mismo, ¿no? Y desde niña aprendí, en esa época, que yo tocaba para que la gente me quisiera y me diera dulces y me diera regalos. Yo siempre tocaba para que la gente me quisiera. Ahora toco porque quiero a la gente. Me parece lo mejor de mi vida, ¿me entiendes? Mi profesora se llamaba Marta Agudelo de Maya. Los maestros de piano, los profesores de piano, yo creo que tenemos una responsabilidad grandísima, que es afinar el alma de los que tocan. Es preparar el vehículo para que, a través de nosotros, los grandes se puedan manifestar. A mí me parece que la misión de los profesores de piano es grandísima. Es algo que tiene que ver con nuestra energía, que tiene que ver con nuestra columna vertebral, que tiene que ver con nuestro corazón, que tiene que ver con nuestra respiración. Entonces, te llega un alumno y tú tienes que mirar a ver qué es lo que quiere con la música. Unos quieren ser famosos, otros quieren tocar tan rápido como Lang Lang. Otros quieren ganar mucho dinero. Y todo eso no tiene nada que ver con la música. Es más, si tú buscas cualquier camino de esos, vas a estar muy amargado.

14:12

Porque siempre vas a encontrar millares de pianistas, muy buenos también, que están en esa búsqueda pero que son muy atormentados y no logran dar… Que el mensaje llegue porque están muy afanados por el oropel, por lo que no es tan importante. Lo importante es comulgar con nosotros. Lo que sea, que yo toque algo, pero que la otra persona se emocione, se relaje, se pueda comunicar con el espíritu del músico, de la persona que está tocando. Pienso que es una misión muy espiritual y no hablo de espiritual porque tenga que ver con esta religión o con la otra. No, espiritual porque tenemos que afinarnos. Volver a conectarnos con nuestra energía y con energía cósmica. Sí. Entonces yo llevo mucho tiempo dando clases y lucho mucho con eso de que el piano es una extensión de tus dedos, que la música está aquí, que es en tu cuerpo donde está la música. Ahora, si tienes un buen piano, qué me maravilla. Como este, es una maravilla. Pero todo tiene que salir de aquí hacia allá. Esto solo no es nada. Eso es lo que pienso de la música. Es como un regalo del universo. La música…

16:04

Sin eso no podríamos vivir. En una época a mí no me dejaban tocar Mozart. Yo decía: “¿Pero qué tiene que ver Mozart con mi piel?”. Yo no entendía mucho, pero me acuerdo de que la primera sonata que toqué es la que todo el mundo toca. Yo decía: “¿Pero por qué yo no puedo tocar Mozart si ahí están las notas y todo?”. Un día me dejaron tocar Mozart y fui muy feliz. Toqué el concierto… Con orquesta. Yo me sentí como que ya después de eso me podía morir, porque es tan transparente, tan maravilloso. Bueno, como pueden ver, soy una enamorada de la música.

17:26
Andrea. Hola, Teresa, soy Andrea y me gustaría preguntarte qué es la música para ti, qué ha significado a lo largo de tu vida.

17:34
Teresa Gómez. Todo, es decir… es lo que me ayudaba a crecer, a buscarme a mí misma, a preguntarme de dónde vengo, para dónde voy, por qué me gustó esto… Soy hija adoptiva, entonces tenía que hacerme muchas preguntas muy importantes. ¿Qué sentido tiene la música? Si yo toco, ¿eso para qué sirve? Mi mamá quería que yo fuera enfermera. Pero de alguna forma lo fui también, en cierta forma, porque la música aplaca el alma y da… Por ejemplo, si tú estás aburrida o tienes pensamientos raros, te invito a que escuches el ‘Magnificat’ de Bach. Y lo pongas duro y me dices qué pasa después de que termina. Pues es música como los latidos del universo. Es como un llamado de… Dígalo de Dios o de lo que sea, de un ser que sobrepasaba muchas cosas. A mí me sirvió para irme afinando, porque hay momentos en la vida, cuando uno tiene tu edad, en que se desafina o vienen los amores, los desamores, los desencuentros, tantas cosas que tiene que pasar uno en la vida, ¿no? Pero siempre estaba la música ahí y siempre volvía refugiarme en ella y siempre lloraba con ella o me alegraba con ella. Eso. No puedo vivir sin ella.

19:28

Es decir, tuve esa dicha de tenerla. Como no tenía muchas más cosas… Ahora, por ejemplo, los jóvenes con el celular no pueden estudiar porque ponen el celular… Entonces, tengo una lucha con mis alumnos porque de verdad interrumpen muy fuerte tu mente, se introducen en ti, no te dejan… Pero te digo, me ha ayudado para todo, para llegar a esto a lo que he llegado: a tener una familia, ser madre cabeza de familia, haber criado a tres hijos y haber amado mucho también. Claro que sí, importantísimo. He tenido muchos dolores de amor también. Pero siempre la música como la columna vertebral, ¿me entiendes? Para allá y para acá, pero hay una cosa que siempre está ahí: la música. Como para algunos es Dios, que para mí es como la música. Porque es como la armonía, y todo. Tuve la suerte de estar representando a mi país en Europa algunos años y hacer conocer a nuestros compositores colombianos, que no los conocían. Y voy a tocar algo de un compositor colombiano, Luis A. Calvo. ‘Lejano Azul’ se llama.

21:25

Un músico muy bello nuestro, que tuvo una vida muy difícil. Entonces les voy a tocar ‘Lejano Azul’, un intermezzo.

25:15
Sonia. Hola, Teresa. Soy Sonia. Usted ha viajado por todo el mundo. ¿Qué es lo que recuerda con más cariño? ¿Podría contarnos alguna anécdota?

25:27
Teresa Gómez. Como en el año 83, a mí me nombró el presidente Belisario Betancur, que ya murió, agregada cultural en la DDR, o sea, en Alemania Oriental, y él quería que yo por todas partes hiciera conocer más compositores colombianos como este que acabo de tocarles. Y ahí empezaron mis conciertos a nivel internacional. Y, bueno, el primer concierto que me tocó fue en París. Y entonces yo salí a tocar, me acuerdo de que toqué las cuatro baladas de Chopin, toqué ‘Patética’, toqué Bach, y luego en la segunda parte toqué compositores colombianos. Yo hacía unos conciertos larguísimos. Ese primer concierto, yo vi una cantidad de negros en la primera fila con unos atuendos… Yo dije: “Ay, esta maravilla”, porque, como cosa rara, en mi país ningún negro va a un concierto mío. Eso siempre me dolió mucho, ¿no? Ahora yo entiendo por qué, porque siempre creen que no van a entender la música o que no tienen el vestido adecuado para ir… Toda esta basura que, en cierta forma, nos pueden haber metido en la cabeza y de la que no todo el mundo puede desprenderse y avanzar. La música es universal para cualquiera, de cualquier color, de cualquier raza, sea bonito o feo, rico o pobre.

La historia de una niña que soñó con ser pianista. Teresa Gómez, pianista y maestra
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Otro de los conciertos que me llamaron la atención fue en Madrid hace mucho tiempo. Yo toqué españoles, toqué Granados, toqué Albéniz, no ‘Suite Iberia’, pero sí toqué ‘Suite española’ y todo, y me gritaban: “¡Guapa!”. Y yo decía: “¿Pero por qué si yo no estoy brava?”. Porque “guapa” en Colombia es “brava”, es “furiosa”. Yo decía: “Ay, no les gustó”. “Guapa”. Y, bueno, es que guapa es una cosa muy linda que le pueden decir a uno, ya después me lo explicaron, ¿no? Y creo que en ese tiempo que yo estuve en Alemania y que toqué por todas partes, en Hungría, en Varsovia, por todas partes, porque era parte de mi trabajo. No era estar en la oficina de… Porque, además, era la primera vez que mandaban a una negra de agregada cultural. Siempre mandan mujeres muy bonitas, muy… Con cierto caché, pero yo… Cuando yo llegué a la embajada, el embajador me dijo: “¿Y usted sabe leer y escribir?”. Y yo le dije: “Ay, sí, embajador, y yo tengo una letra muy bonita”. Bueno, ¿qué más iba a decir? Y de verdad tengo bonita letra. “Si quiere, yo le escribo algo”, y yo escribí: “A los colombianos les hace falta amar a Colombia”. Yo soy parte de Colombia, ¿no? Y fue una experiencia muy linda. Toqué Mendelssohn en Polonia, hice recitales por todas partes. Tuve la suerte de acompañar a Pierre Rampal, acompañar a Tortelier…

29:17

Es decir, fue una experiencia musical… Que era muy bueno porque ponían: “Colombia… Recital de una pianista colombiana” y mi nombre por ahí, Teresita Gómez. O sea que, de algún modo, para mí era como que tenía que representar bien a mi país. Yo no era tan importante y en realidad lo importante era el país que iba a representar y los compositores. Siempre he pensado eso y aprendí mucho. En esa época de diplomática aprendí a guardar silencio y a escuchar. Eso ya lo había aprendido de pequeña. Los negros aprendemos a ser negros. Es un aprendizaje. Cuando uno se da cuenta de que es negro, entonces quiere decir que es distinto. Y con base a eso… Hasta que tú te liberas de ese color. Y cuando te lo vienen a recordar, pues tú dices: “Ay, pobre, no…”. Uno piensa que la persona que está involucrada en el racismo debe de sufrir mucho, debe de ser muy incómodo cargar ese lastre de que, por el color o por lo que sea, no le guste una persona. Fueron cuatro años y medio de muchos conciertos. Eso me dejó muy contenta en mi trabajo. He tratado de, donde toque, poder comulgar con los demás. Ese es todo mi deseo como pianista.

31:06

Entonces, para mí tocar fuera de mi tierra y de mi ciudad ha sido lo mejor que me ha pasado, porque casi siempre a uno en la ciudad de uno lo conoce todo el mundo y siempre está esperando algo. “Ay, hoy no tocó muy bien Teresita”. “Ay, ¿cómo le fue?”. Todas esas cosas. En otro sitio todo eso se desvanece y uno sale como a tocar… A hacer la música sin rótulos. Los rótulos… De verdad, son de las cosas que nos friegan la vida. Que seas rica, pobre, que seas fea, gorda… Entonces no hay cómo. Uno no debe dejarse poner ningún rótulo, porque uno es más allá de un rótulo. Es grande, en el buen sentido de la palabra. Y, cuando empecé a viajar, me encantó. Porque además me gustan los hoteles y encontrarme con los amigos que quiero que viven lejos. Para mí ese es el regalo más grande. Yo, por ejemplo, aquí vine a encontrarme con un ser al que quiero mucho, después lo van a oír. Bueno, voy a tocar una obra, también del mismo compositor, que se llama ‘Malvaloca’.

32:44

Es una danza. Aparte de todo lo que yo tocaba en Alemania, aprendí demasiado de la diplomacia y estoy agradecida porque vi muchas cosas que necesitaba aprender. Es muy bueno porque aprende uno mucho.

36:09
José. Hola, Teresa, soy José. He leído que tiene usted una gran pasión por la educación. ¿Qué me puede usted decir de esa faceta, de sus alumnos? ¿Y qué importancia le da usted a la educación?

36:21
Teresa Gómez. Para mí es importantísima la educación. Es lo más importante. Y los alumnos de piano quiero que lean, quiero que vean pinturas, quiero que conozcan poesía. Cada cual… Quiero hacer que se busquen a sí mismos y que se entreguen como si fuera algo de verdad sagrado. Entonces, me parece que la educación y la educación musical son clave en la educación a nivel de todo el planeta. En todas las casas debería haber un instrumento, debería tocar alguien. Deberían estar como muy involucrados en aprender el aprendizaje de algo con sinceridad. No por pasar el tiempo, no como hobby. Como hobby pueden estar las cartas o no sé qué, pero las artes es otra cosa. Estamos muy necesitados en este momento que vivimos, tan duro… De verdad que es un momento de la humanidad muy duro. Es muy importante volver a reconectarse y saber también que a través del arte podemos conectarnos mucho mejor. Eso es como afinarnos. Sí.

38:04
Pilar. Hola, Teresa. A mí, que soy madre de un hijo, me gustaría preguntarle por esa faceta más personal. En particular, ¿qué es lo que aprendió de sus padres y qué es lo más importante que ha transmitido a sus hijos?

38:24
Teresa Gómez. De mis padres, sobre todo de mi padre, que era el más activo, la perseverancia y el no caer. Que siempre hay que levantarse, porque uno puede tener momentos en que se va al suelo. Y a mis hijos lo más importante que les entregué fue la libertad de ser ellos mismos, de escoger la carrera que quieren, de escoger la religión que quisieran, de escoger la sexualidad que quisieran. Abrirles un panorama, no cerrarles nada y conducirlos y ayudarlos. La religión, la política, la sexualidad y todo eso, la única persona que lo puede escoger es uno mismo. Es decir, ya se pongan los padres de cabeza o al revés. Hay que darles la posibilidad de que sean sinceros y de que puedan con sus padres decir: “Bueno, yo soy esto, yo elegí la agronomía porque no me gusta la arquitectura”, así sea su papá arquitecto. “Yo voy a estudiar teatro y mi papá no me va a decir que es que yo me volví raro”. Entonces que haya ese apoyo, porque creo que los padres estamos para apoyar a nuestros hijos, no para que sean como una especie de extensión nuestra o que hagan lo que uno… No, no, porque ellos son otro ser, aunque tengan cosas muy parecidas a nosotros.

40:16

Pues tienen derecho a elegir y a ser armónicos. Porque, si en la casa damos la posibilidad de ser armónicos, no estamos en armonía discordante, entonces ellos van a brillar afuera, sean lo que sean. Pero ser rectos, ser verdaderos.

40:41
Álvaro. Hola, buenas, Teresa. Quería hacerte una pregunta acerca de quiénes son tus compositores favoritos y el por qué. Y si pudieses tocar alguna parte de alguna de sus canciones o sus obras.

40:52
Teresa Gómez. Bach. Les cuento que para mí Bach ha sido muy importante en mi vida y sigue siéndolo. A mí me operaron las dos manos. No tenía dinero con que hacer la terapia. Entonces me dediqué… Apenas pude porque quedan las manos abiertas. Tú no tienes fuerza. Te duele, la mano Se achiquita, bueno. Te queda toda la música en la cabeza y en tu corazón, pero aquí no puedes hacer nada. Llegó la operación y ya Teresita Gómez, la pianista, no existía. Eso fue una experiencia muy fuerte. Entonces yo empecé a tratar de volver a estudiar con Bach. Después de toda la vida de tocar… Yo venía de tocar Schumann, sonatas de Chopin, conciertos de Rajmáninov… Yo terminé en estas. Y eso que estoy tocando ahí me dolía. Entonces, con Bach fui más o menos poco a poco tocando… Después, invenciones a dos voces. Después, a tres voces. Después, ‘Concierto italiano’, ‘Partitas’… Bueno, y así seguí. Y como al año y medio, cuando volví a tocar, hice un recital todo de Bach y, cuando estaba muy deprimida… Yo siempre les digo a mis alumnos que coja y pongan ‘Magnífica’ de Bach y se queden en silencio y cierren los ojos.

42:46

Y ahí hay una cosa tan poderosa… Es como si estuvieras bañado por dentro. A mí me pasa con Bach y yo creo que le pasa a mucha gente. Porque te equilibra, te da una fuerza… A mí Bach me salvó, me ayudó tanto que para mí hay antes de Bach y después de Bach. Me dio fe en mí misma. Que eso de la fe es tan raro… Tener fe… Es una palabra tan extraña a veces, ¿no? Pero es como tener fe en que uno lo puede hacer. Es una fuerza.

43:37
Álvaro. Hola, Teresa. He oído que te gusta mucho el tango. ¿Podrías explicarnos por qué?

43:42
Teresa Gómez. Bueno, porque me… Me dicen “tango” como dicen los tangueros. Bueno, de niña, en mi casa, mi madre en un radiecito Philips no escuchaba sino tango. Y el barrio donde estaba la familia de mi mamá era tanguero. Medellín es tanguerísimo, pero una cosa impresionante. Allá piensan que Gardel nació en Medellín y esa música siempre me encantó, porque el tango es tener un poco mugre en el alma. ¿Me entiendes? Que has sido tocado por la vida, que no pasó así nomás, sino que hay cosas que te han dolido, hay cosas que has aprendido con dolor, hay cosas que… Los amores negados, todas esas cosas que llevamos los seres humanos, que en el tango son maravillosas. Además, son unos poetas. Yo no sé tocar tango, no, pero tengo una amiga acá que voy a tratar de dibujar. Yo no sé. Ella todo lo que canta lo hace muy bien. Y, bueno, estoy aquí también en España por esta amiga que se llama Milagros. Milagros, ven.

45:24
Milagros Moya. (Canta) Quiero emborrachar mi corazón para olvidar un loco amor que más que amor es un sufrir. Y aquí vengo para eso a borrar antiguos besos en los besos de otras bocas. Si su amor fue flor de un día, ¿por qué causa siempre en mí esa cruel preocupación? Quiero por los dos mi copa alzar para olvidar mi obstinación y más la vuelvo a recordar. Nostalgia de escuchar su risa loca y sentir junto a mi boca como un fuego su respiración. Angustia de sentirme abandonada y pensar que otra a su lado pronto, pronto, le hablará de amor. ¡Hermana! Yo no quiero rebajarme ni pedirle, ni llorarle, ni decirle que no puedo más vivir. Desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi juventud.

47:32
Teresa Gómez. Perdonen. Hice lo que puedo. Me cogieron… Vamos a tener que ensayar. Yo, por lo menos, para acompañarle a Milagros unos tangos. Me encanta cómo los canta. Así es. Con mugre, con mugre. Con mugre en el alma, con mugre.

48:02
Manuel. Hola, Teresa. Para terminar, me gustaría preguntarle qué le diría usted a las personas, sobre todo, a las personas más jóvenes, que siguen creyendo que somos diferentes por el color, la procedencia o el género. ¿Qué les diría a usted? Muchas gracias.

La historia de una niña que soñó con ser pianista. Teresa Gómez, pianista y maestra
48:22
Teresa Gómez. Yo les diría a los jóvenes que dejemos de relacionarnos con los títulos, con los rótulos. ¿Y por qué no empezamos a relacionarnos con la vibración de la gente? Eso que tú dices: “Ay, cómo me cae de bien esa persona. Ay, me gustaría hablar con ella”. Eso es… Y ahí tú no sabes qué es, cómo viven, ni nada. A lo mejor es fuera de todo lo que tú has vivido. Como entrar por otra parte del ser humano. No por la de la apariencia, que la apariencia nos tiene… La apariencia, la marca… El estiramiento, la gente que… Ahora todo el mundo decidió ser joven. Qué aburrido. A mí me parece espantoso. Los jóvenes son los jóvenes, pero la edad… Hay gente que no se relaciona con la gente mayor como yo porque creen que son aburridos y de pronto es todo lo contrario, ¿no? ¿Qué te llama la atención de esa persona? ¿Por qué no te acercas y le preguntas qué hace? O por qué te cayó bien un hombre o una niña, lo que sea. ¿Por qué no se rompe un poco eso y estamos todos así? Y uno encontraría muchas sorpresas. Y cuando la vibración no es afín, pues uno se hace a un lado. No está afín uno con el otro, pues a veces la energía no te funciona con esa persona y entonces te haces a un lado tranquilo, si no pasa nada, simplemente que no hay sintonía.

50:17

Somos radios, ¿cierto? Y nos tienen que sintonizar bien para que se pueda escuchar el canto que queremos expresar, lo que queremos decirle a otra persona, ¿no? Lo que nos gusta otra persona. Eso es muy importante. Romper con todo eso tan triste de pura apariencia y puras cosas que no nos dejan crecer. No diría crecer, no, pero estar en sintonía. Es que cuando estamos bravos no estamos en sintonía, ni con nosotros ni con los demás. Cuando estamos incómodos, cuando estamos… O sea, hay que tratar de que nuestro vehículo, que es este, se armonice, pero que se armonice con los otros también, para que cuando lleguemos ya a mayores podamos decir: “Ah, qué maravilla, ¿no?”. Y también gozar de la juventud, de eso tan lindo que es estar joven, estar con todo nuevo, ¿no? Bueno, yo creo que estamos llegando al final y les voy a tocar… Pensé en tres nocturnos, pero les voy a tocar el más conocido antes de que nos despidamos. He estado muy contenta. Ya he pasado por llorar, de todo. Muy amables en acompañarme todo este rato. Estoy muy agradecida.

52:03

Y, bueno, ya intercambiamos energías. Y eso es lo más importante, que he podido en este momento tenerlos a ustedes conmigo y ustedes me tiene a mí. Eso es a lo que tenemos que llegar, a volvernos más unidad.

57:48

Gracias.