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Inteligencia artificial: cómo educar para los retos del futuro

Alex Beard

Inteligencia artificial: cómo educar para los retos del futuro

Alex Beard

· Educador y escritor

Medios de comunicación poco fiables, redes sociales, noticias falsas e inteligencia artificial… Para Alex Beard, el mundo ha cambiado y el sistema educativo actual no está dando respuestas efectivas a estos cambios: “Los jóvenes de hoy tienen que ser capaces de entender cómo funcionan los algoritmos que dan forma a sus vidas, y quién los diseña”, afirma.

Adaptar la educación de hoy a los retos y desafíos de las generaciones del mañana. Esa es la gran preocupación, y también el objeto de estudio, de este educador y escritor británico. Todo comenzó con una pregunta: ¿cómo debería ser el aprendizaje del siglo XXI? Con el fin de investigarlo, dejó la docencia y decidió colgarse una mochila al hombro para recorrer el mundo estudiando los métodos educativos más innovadores y punteros. De todo lo aprendido en sus viajes, destaca que “deberíamos tomarnos más en serio la creatividad” y que “nos encontramos ante el umbral de una revolución de la enseñanza”. Respecto a la inteligencia artificial, Beard se muestra optimista: afirma que nos equivocamos al comparar el cerebro humano con la inteligencia artificial, porque “los cerebros humanos son orgánicos y rebeldes”. Y añade: “La idea de que las máquinas aprenden mejor que los humanos es muy peligrosa y es mentira”.

Alex Beard lleva una década dedicado a la investigación educativa. Forma parte de ‘Teach For All’, una red de organizaciones educativas independientes de todo el mundo que trabaja para garantizar que todos los niños y niñas puedan desarrollar su potencial. También es autor de varios libros, entre los que destacan ‘Natural Born Learners’ (2018) y ‘Otras formas de aprender: qué funciona en educación y por qué’ (2019).


Creando oportunidades

Alex Beard

Medios de comunicación poco fiables, redes sociales, noticias falsas e inteligencia artificial… Para Alex Beard, el mundo ha cambiado y el sistema educativo actual no está dando respuestas efectivas a estos cambios: “Los jóvenes de hoy tienen que ser capaces de entender cómo funcionan los algoritmos que dan forma a sus vidas, y quién los diseña”, afirma.

Adaptar la educación de hoy a los retos y desafíos de las generaciones del mañana. Esa es la gran preocupación, y también el objeto de estudio, de este educador y escritor británico. Todo comenzó con una pregunta: ¿cómo debería ser el aprendizaje del siglo XXI? Con el fin de investigarlo, dejó la docencia y decidió colgarse una mochila al hombro para recorrer el mundo estudiando los métodos educativos más innovadores y punteros. De todo lo aprendido en sus viajes, destaca que “deberíamos tomarnos más en serio la creatividad” y que “nos encontramos ante el umbral de una revolución de la enseñanza”. Respecto a la inteligencia artificial, Beard se muestra optimista: afirma que nos equivocamos al comparar el cerebro humano con la inteligencia artificial, porque “los cerebros humanos son orgánicos y rebeldes”. Y añade: “La idea de que las máquinas aprenden mejor que los humanos es muy peligrosa y es mentira”.

Alex Beard lleva una década dedicado a la investigación educativa. Forma parte de ‘Teach For All’, una red de organizaciones educativas independientes de todo el mundo que trabaja para garantizar que todos los niños y niñas puedan desarrollar su potencial. También es autor de varios libros, entre los que destacan ‘Natural Born Learners’ (2018) y ‘Otras formas de aprender: qué funciona en educación y por qué’ (2019).


Creando Oportunidades

Transcripción

00:10
Nuria Hernández. Hola, Álex. Es un placer tener esta oportunidad de hablar contigo. Soy Nuria Hernández, soy profesora universitaria e investigadora en Educación, y tú eres profesor e investigador en Educación, nos llevaremos bien. Tu libro tiene una perspectiva muy humanística y me gustaría empezar hablando de algo personal.

00:33

Me preguntaba: ¿por qué o cómo decidiste dejar de enseñar para viajar por todo el mundo investigando modelos educativos?

00:47
Alex Beard. Cuando era profesor me di cuenta de que vivimos en un mundo en que todo se está acabando: la tierra, los recursos… Y lo único ilimitado que tenemos es nuestra inteligencia. Me pareció evidente que tenemos que aprovechar al máximo lo que tenemos si queremos hacer frente a los grandes problemas que vienen, como la automatización del trabajo, el cambio climático o la globalización. Pero en este momento no le estamos sacando partido a nuestro potencial y tenemos que hacerlo, si queremos prosperar en el futuro. Me di cuenta de todo esto mientras era profesor. Hace diez años empecé a trabajar como profesor de lengua en un instituto del sur de Londres, en la zona con las casillas más baratas del Monopoly de Londres.

01:39

Era un área conocida por tener un alto índice de criminalidad y el instituto al que fui era bastante complicado. Personalmente, había cursado la primaria en un colegio precioso en un pueblo y la secundaria en un sitio que se parecía un poco a Hogwarts y al mundo de Harry Potter. Así que creía que enseñar era fácil: te pones delante de la clase, hablas sobre ciertas ideas y los niños aprenden y se sienten inspirados, como en ‘El club de los poetas muertos’, con Robin Williams.

02:08
Nuria Hernández. Ya.

02:08
Alex Beard. Pero este instituto no se parecía en nada a eso. Aproximadamente la mitad de los niños tenían ayudas para el comedor, que es como se mide la pobreza en el Reino Unido. Dos tercios de ellos hablaban inglés como segunda lengua, y todos ellos iban años atrasados en cuanto a su nivel de lectura y escritura. Y aun así, al empezar a darles clase me di cuenta de que estos niños vivían en el futuro.

02:33

Tenían móviles modernos, se pasaban las noches jugando a juegos “online”… Y los métodos que estaba usando para enseñarles le habrían resultado familiares a Sócrates en el ágora. Y pensé que, en un mundo que cambia tanto y tan rápido, probablemente esos métodos no eran los adecuados para preparar a esos niños para el futuro que les espera. Pero tenía esperanza, porque sabía que estábamos avanzando en el entendimiento de nuestro cerebro, en neurociencia, en el desarrollo temprano de los niños y en psicología. También estamos avanzando tecnológicamente, con los móviles, la inteligencia artificial e Internet, y en comprender cómo hacer que los profesores sean más profesionales, cómo convertir la profesión de la enseñanza en un oficio. Pensé que uniendo todo esto podríamos revolucionar la educación del siglo XXI, y salí en busca de eso. Quería saber de qué son capaces nuestras mentes ahora, qué deberíamos estar aprendiendo hoy si nuestros hijos tienen que prosperar en este mundo, y qué sistemas y estructuras podemos desplegar para asegurar que aprovechen todo su potencial. Eso me hizo embarcarme en este viaje por el mundo.

Inteligencia artificial: cómo educar para los retos del futuro. Alex Beard, educador y escritor
03:52
Nuria Hernández. Vaya, son muchas cosas importantes tanto para padres como para profesores. ¿Podrías resumir, para empezar, qué sacaste de tu experiencia, de los viajes? ¿Conseguiste respuestas para las preguntas que te planteabas?

04:12
Alex Beard. Sí, en primer lugar, creo que nuestras mentes son capaces de mucho más de lo que creemos. Nos equivocamos al comparar el cerebro humano con los ordenadores. Los ordenadores, por supuesto, son cada vez más potentes. Tenemos inteligencias artificiales increíbles que nos ganan al ajedrez, conducen vehículos y hacen muchas cosas asombrosas, pero nuestras mentes son orgánicas. Son rebeldes, están unidas a nuestro cuerpo, a nuestras interacciones sociales, y son mucho más potentes, creo, que cualquier cosa que hayamos creado. Aprendí eso. También aprendí que tenemos que tomarnos en serio las ideas creativas. La mayoría de los sistemas educativos que he visto en el mundo se centran mucho en el aprendizaje académico, que es muy importante, pero creo que lo que los niños necesitan aprender en este momento va mucho más allá de solo sacar buenas notas en los exámenes. Necesitan aprender a pensar críticamente, a trabajar de manera creativa, a usar las herramientas modernas para diferentes cosas y a resolver con creatividad los problemas que tiene el mundo. Además, necesitamos aprender a cuidarnos, a cuidar las sociedades en que vivimos y el planeta en que estamos. Estoy convencido, después del viaje, de que podemos revolucionar la educación, y creo que ese cambio pasa por tomarse en serio la ciencia de la educación, por elevar el estatus de los profesores y convertirla en la profesión del siglo XXI y, finalmente, por crear estructuras donde podamos trabajar juntos, como comunidad y como sociedad, para mejorar nuestros sistemas educativos.

05:54
Nuria Hernández. Es decir, piensas que es posible mezclar la perspectiva humanística, el vernos como personas que piensan, sienten y tienen cuerpos, porque a menudo se nos olvidan los cuerpos, con esta visión de innovación en la educación, uniendo la tecnología a este lado humanístico de la educación.

06:21
Alex Beard. Sí, lo creo. Te pongo ejemplos de mis viajes: para entender de qué son capaces nuestras mentes fui a Corea del Sur. En Corea del Sur se ha dado un milagro a nivel educativo: hace setenta años cuatro de cada cinco surcoreanos eran analfabetos. Hoy, Corea del Sur tiene la mayor proporción de graduados universitarios de todo el mundo. Hablé con el ministro de educación, y me dijo: “En Corea no tenemos recursos, lo único que tenemos son nuestras mentes, y la capacidad de trabajar duro”. Fui a Corea del Sur para entender todo esto. Y me encontré, una cálida mañana de noviembre, de pie fuera de un instituto en Songdo, “la ciudad del futuro”, a las afueras de Seúl, el día del Suneung, un examen que ocurre un día al año y se considera el más difícil del mundo. En ese momento, cientos de miles de adolescentes coreanos estaban examinándose por todo el país. Esa mañana vi cómo las motocicletas de policía llenaban las calles, llevando a los estudiantes que llegaran tarde al examen. Durante los cuarenta y cinco minutos del examen de comprensión auditiva de inglés, todos los vuelos del país se quedaron en tierra para no desconcentrar a los alumnos durante el examen.

08:09

Vi que la enseñanza en Corea se basa en hacer incrementos pequeños pero constantes, en encontrar cualquier pequeña mejora para tu productividad como estudiante, para sacar mejor nota. De hecho, el chico al que fui a visitar, Seung Bin Lee, me confesó tras el examen que le preocupaba pasar calor durante la prueba. Por eso, a mitad de examen había ido al baño y se había quitado la ropa interior, porque pensó que le ayudaría a hacerlo mejor. Vi que Corea había convertido el hacer el examen en algo extremadamente preciso. Seung Bin me dijo: “Si quieres aprobar el Suneung no tienes que pensar, tienes que ser una máquina de hacer exámenes”.

08:39
Nuria Hernández. Madre mía.

08:40
Alex Beard. Es inquietante. Por un lado, funciona, ya que en Corea se ha producido este milagro educativo y tiene empresas como Samsung o Hyundai. Pero por otro lado, Corea también está experimentando una crisis de salud mental entre los jóvenes.

08:55
Nuria Hernández. Sí.

08:56
Alex Beard. Seung Bin me mostró su calendario de estudio y en los tres años que estuvo preparando este examen, había estudiado catorce horas al día, cinco días a la semana y lo que para él era relativamente poco, doce horas al día los sábados y domingos. Y me dijo que, para relajarse, una vez al mes se ponía una película. Da miedo, y no sorprende demasiado que, aunque Corea tenga la mayor proporción de graduados universitarios del mundo, tenga también la mayor cantidad de robots frente a trabajadores humanos. Me pareció que era un sistema educativo que estaba casi empezando a automatizar a los estudiantes y, desde luego, no pensaba en el proceso educativo de manera humanística.

09:42
Nuria Hernández. Al pensar en modelos de educación a menudo pensamos en Finlandia, pero tú exploras varios modelos y nos has hablado del coreano en concreto. ¿Qué has aprendido de estos modelos distintos? ¿Qué características tienen?

09:57
Alex Beard. Sí, he visto modelos muy diferentes por todo el mundo. Otro lugar al que fui fue Silicon Valley, a un tipo de escuelas llamadas “Rocketship Schools”, que están comenzando a utilizar la tecnología en las clases. En una de estas escuelas vi a mi primer profesor robot. No era un androide con cara humana, sino un software inteligente en un entorno de aprendizaje online. Fui a un lugar que tenían llamado “laboratorio de aprendizaje” donde me llevó el jefe de estudios, y vi a un grupo de cien niños de cinco años sentados en filas larguísimas frente a portátiles, todos con cascos y polos morados. Estaban en completo silencio, excepto por el ruido del tecleo. Utilizaban o bien un programa llamado “S. T. Maths” o “Lexile”. Con ellos trabajaban en ejercicios de gramática o matemáticas, muy básicos. Mientras lo hacían, el programa aprendía sus fortalezas y debilidades individuales y adaptaba la experiencia a cada estudiante en particular. Y, en cierto modo, funciona. Los niños que salen de estas escuelas tienen mejores resultados que otros niños de niveles económicos y sociales similares en inglés y matemáticas. Pero, de nuevo, una de las cosas que vi que me chocó bastante fue que se estaban usando los ordenadores para enseñar a los niños cosas que los ordenadores ya hacen mucho mejor, habilidades simples y rutinarias. Y me pregunté si nos estaremos equivocando en la manera en que utilizamos la tecnología en el sistema educativo.

11:40

Por un lado, como en Corea del Sur, la ventaja es que se aprende más, pero por el otro, el hacer la educación algo tan rutinario puede ser malo para esos estudiantes en un futuro en que su competencia para conseguir el trabajo que quieren sea un robot. Y me pregunté si tenía sentido. En contraste, también pasé algún tiempo en Finlandia y me encontré con un sistema educativo más humanístico. Fui a la clase de un hombre llamado Pekka Peura, un profesor bastante famoso en Finlandia, y había dispuesto el aula de manera que los estudiantes trabajaran en grupos de cuatro por mesa. Le vi hacer algo maravilloso: daba a los niños un problema y les enseñaba las respuestas que había dado cada uno en un gráfico en la pizarra. No les decía la respuesta al problema, sino que les pedía que hablaran entre sí sobre por qué habían dado cierta respuesta y qué respuesta habían dado. Luego, les pedía que volvieran a contestar, y sus respuestas habían cambiado, porque habían hablado entre ellos. Dice que, como profesor, su trabajo es enseñar a los niños las habilidades y actitudes que necesitan para aprender cosas por sí mismos. A principio de curso les da todo el material que necesitan: lecturas, exámenes, las respuestas a los exámenes, y luego les ayuda, individualmente y en grupo, a desarrollar su habilidad para perseverar, cooperar o aprender en grupo. A final de curso incluso deja que elijan sus propias notas, porque confía en que saben lo que están haciendo. Me chocó mucho ver esto, viniendo del sistema inglés, donde la educación se plantea como una competición, donde se examina a los niños y tiene que haber resultados claros.

13:39

Le pregunté qué pasa si algún niño se queda atrás en su modelo y me dijo: “¿Qué es esto de quedarse atrás de lo que me hablas? Tenemos que eliminar la idea de que la educación es una competición y crear entornos seguros para que los niños puedan cometer pequeñas equivocaciones continuamente, así aprenden”. Y creo que en estos ejemplos, Corea, las “Rocketship Schools” de Silicon Valley y las escuelas de Finlandia, algunas de las características que tienen en común son muy interesantes. Primero, ambas utilizan la tecnología de manera inteligente, pero no es lo que predomina en el aula. Hay que pensar en el rol que puede tener esto en nuestro aprendizaje. Segundo, el estatus de los profesores es muy elevado en estos lugares, se les valora mucho. Finalmente, en cada uno de estos modelos ha habido cierta colaboración de la sociedad para definir cómo debería ser la educación del presente y quién debería participar en ella. Hay una alianza muy clara entre el estudiante, el profesor y el padre, en vez de lo que vemos en otros lugares, donde estos grupos son antagonistas.

Inteligencia artificial: cómo educar para los retos del futuro. Alex Beard, educador y escritor
14:55
Nuria Hernández. Esto me recuerda que has hablado de las “seis E”, habilidades en que tendrían que trabajar los estudiantes en vez de participar en un sistema competitivo que solo se centra en los resultados académicos. ¿Qué nos puedes decir de esto?

15:12
Alex Beard. Sí. Visité a una mujer maravillosa llamada Kathy Hirsh-Pasek, que tiene un libro fantástico titulado “Becoming Brilliant”. Es una experta en el desarrollo temprano de los niños y propone estas seis es para la educación del futuro. Cogí esas pautas y creé mi propia infraestructura incorporándolas.

15:34

Creo que los sistemas educativos del futuro deben basarse en tres conceptos. Uno es la idea de pensar de manera diferente, el segundo es mejorar, y el tercero es cuidarse. Por pensar de manera diferente me refiero a que tenemos que asegurarnos de que los estudiantes sepan pensar de manera crítica. Vivimos rodeados de medios de comunicación, espacios privados que parecen públicos, y creo que tenemos que desarrollar nuevas habilidades para percibir eso. Que los niños tienen que aprender a entender cómo funcionan los algoritmos que dan forma a sus vidas y quién los diseña. Creo que tienen que ser capaces de evaluar las fuentes para entender si algo es falso o algo es verdadero. ¿Cómo enseñamos a los niños a adquirir esta alfabetización? También necesitan saber utilizar las herramientas que tenemos, ¿cómo pueden aprender a usar los móviles no solo para las redes sociales, sino para cosas más creativas? Tengo la esperanza de que, si pensamos en la tecnología de la manera adecuada, nos ayuden en esto. Aunque también existe el riesgo de que limite nuestra inteligencia y nos vuelva más estúpidos. Respecto a mejorar, creo que lo primordial es la creatividad. Conocí a un hombre maravilloso, Mitch Resnick, que lleva un “preescolar permanente”, un grupo del M. I. T. que ha producido cosas como los “Mindstorm” de Lego o “Scratch”, una comunidad de programadores online que usan veinticinco millones de niños de todo el mundo. Mitch habla de las cuatro “P” del aprendizaje creativo. Dice que si quieres aprender a hacer cualquier cosa de manera creativa tienes que, primero, encontrar tu propósito en un área en concreto, debes encontrar ese objetivo. Segundo, debes trabajar en proyectos, proyectos reales con un valor real para el mundo.

17:39

Tercero, debes trabajar con tus pares, colaborar siempre con otros que puedan ayudarte con tu proyecto y, finalmente, el cuarto concepto es encontrar la manera de pasarlo bien, de explorar, imaginar y experimentar, es algo fundamental en el aprendizaje del futuro. Y la tercera idea que creo que es muy importante es el cuidarnos. Para ello, debemos alimentar nuestra inteligencia emocional, primero, para ser más resilientes en el mundo tan difícil al que nos enfrentamos y fortalecer nuestro bienestar para ser más felices. Y segundo, aún más importante, debemos fortalecer nuestra inteligencia emocional para aprender a cooperar y colaborar para hacer del mundo un lugar más feliz, sano y seguro en el que vivir. Y creo que podemos preparar a los estudiantes para que lo hagan.

18:30
Nuria Hernández. Los estudios aseguran que las emociones sostienen los procesos cognitivos, así que sí, es muy importante. Tanto una visión menos competitiva de la educación como una visión multidimensional del ser humano que es el estudiante.

18:50
Alex Beard. Me interesa mucho cómo el cerebro desarrolla diferentes procesos, y estoy especialmente interesado en cómo ocurre esto respecto a la creatividad. Tenemos el trabajo del psicólogo Ben Bloom, que en los años ochenta estudió a ciento veinte genios creativos en campos tan diversos como la natación, la escultura, la neurociencia y las matemáticas.

19:21

Uno de sus resultados es muy conocido, y es que este tipo de genios creativos pasa mucho tiempo practicando el campo que han elegido. Ya sabes, lo de “si practicas diez mil horas te convertirás en un experto en tal cosa”. Un sistema educativo que se toma esto muy en serio es el de Shanghái. Cuando fui a Shanghái me encontré en una clase de educación primaria de una escuela llamada “Escuela Wang Han Do”, y en la entrada tenían un eslogan gigante que decía: “Marcha hacia el futuro, ven a participar”. Vi a una niña pequeña dirigiendo a la clase en una canción e inmediatamente empezaron una clase intensiva de treinta y cinco minutos donde la profesora iba cambiando de actividad constantemente en intervalos de uno, dos y tres minutos. El tema de la clase era cómo usar rectas numéricas para expresar fracciones, y la profesora había pensado en diez actividades, diez maneras distintas de enseñar eso a los niños. La idea era dar el máximo número de oportunidades, la máxima cantidad de maneras distintas de hacerlo, para que todos lo aprendieran en esa misma clase. Esto se llama “Maestría de Shanghái” y se basa en ejercicios, repetición y memorización. La idea en Shanghái conecta con el trabajo de Bloom en el concepto de que la práctica lleva a la perfección. Creo que lo emocionante es que estamos viendo que esto también se refleja en la neurociencia. Sabemos que hay un proceso de memorización importante para que desarrollemos procesos de pensamiento complejo como el pensamiento crítico o la creatividad.

21:12

El memorizar ciertas cosas a largo plazo sirve para automatizar ciertos pensamientos, liberando espacio en la memoria funcional para que, si necesitamos utilizarla para, por ejemplo, ser creativos, podamos hacerlo. Y creo que está bien saber esto, pero es una parte necesaria pero no suficiente de la creatividad. En el sistema de Shanghái están empezando a preocuparse porque sus estudiantes, aunque sepan mucho, es decir, tres años más de matemáticas y uno y medio más de ciencias que otros adolescentes de quince años, de acuerdo con sus datos, no están preparados ni tienen las habilidades que necesitan en el presente. No son creativos, no piensan de manera crítica, no colaboran. Y eso es porque aunque la práctica hace al maestro, no te ayuda a crear nada nuevo. En los estudios de Bloom hay otra pista sobre cómo aprender a crear, a imaginar. Cuando estudió a esos ciento veinte genios creativos, encontró otro factor igualmente importante en su desarrollo, del que nadie habla. Y es que antes de comenzar con sus años y años de práctica deliberada, disfrutaban de algo que él llama un “enamoramiento”.

22:38
Nuria Hernández. ¿Enamoramiento?

22:39
Alex Beard. Un momento en que se enamoraban de ese pasatiempo, en que lo descubrían, de pequeños, y decidían que eso era lo que querían hacer. Esa etapa se basa en el juego, la experimentación y la curiosidad.

22:56

Es un aspecto muy diferente de la creatividad, y es visible también en el cerebro, así que ahora sabemos que hay dos procesos importantes en el cerebro que participan en el proceso creativo. Por un lado tenemos el pensamiento convergente, donde se centra mucho la atención, al revisar algo y trabajar duro para mejorarlo. Creo que eso es lo que está pasando en Shanghái, están aprendiendo a hacer eso. Pero también existe el pensamiento divergente, que podemos observar en momentos de epifanía si utilizamos neuroimágenes, y ocurre a menudo cuando estamos, por ejemplo, en la bañera, como Arquímedes, cuando nos estamos duchando o algo así y estamos muy relajados. Y esto conecta, creo, con la idea de la etapa de “enamoramiento”. El pensamiento divergente se basa en el juego, en la conexión y la imaginación. Esto lo vi en otra escuela que visité, la “Wildflower Montessori School” en Boston. Fui allí en otra fría mañana invernal. El director me había dicho que, cuando llegara allí, tenía que actuar como lo hace Jane Goodall cuando observa chimpancés. La idea era que, como observador, tienes que actuar como si los niños no supieran que estás ahí. Como si no existieras. Y los profesores aspiran a eso mismo también.

24:22
Nuria Hernández. ¿Cómo te sentiste?

24:25
Alex Beard. Me chocó un poco. Me senté en la clase, muy callado, y observé a los niños mientras trabajaban. Algunos de ellos estaban jugando con cuentas, otros escribían poemas, otro estaba mirando en un microscopio, un par de ellos estaban haciendo marionetas y corriendo por ahí. Había una ceramista, una adulta, haciendo boles de cerámica en una esquina y algunos niños trabajaban con ella.

24:53

Y para mí todo parecía un caos, muy desorganizado. Pero concuerda con algo de lo que sabemos hoy sobre aprender a ser creativo. Un estudio sobre los adolescentes más creativos de Estados Unidos demostró que el cinco por ciento de los más creativos no venía de las familias más creativas. En cambio, venían de las casas con menos normas. Hay una correlación directa entre cuán creativos son los niños y cuán pocas normas tienen en casa, cuánta libertad tienen. Y creo que eso es lo que funciona en las escuelas Montessori. Estas escuelas han estado siempre en los límites del sistema educativo, en los cien años que llevan activas, pero hoy se habla de una “mafia Montessori” entre los creativos del país. La gente dice que gente como los creadores de Google y similares fueron a Montessori, así que se las ha reconocido como focos de talento creativo. Y me choca el hecho de que vi cómo al dejar a los niños hacer lo que quisieran estaban aprendiendo, realmente, a imaginar y a crear. Así que si cogemos lo que pasa en Shanghái, ese aprendizaje de cómo ser un maestro en algo, y lo que pasa en las Montessori, ves los dos lados de lo que hace falta para ser un estudiante creativo en el siglo XXI.

26:16
Nuria Hernández. Esto me recuerda algo que mencionas en tu libro y con lo que estoy de acuerdo, que es que da igual el modelo, por ejemplo, puedes ir a una escuela Montessori, como estabas contando ahora, pero incluso allí la mayoría experiencia del estudiante depende más del profesor que del modelo educativo a su alrededor. ¿Has confirmado esto en tus viajes?

26:45
Alex Beard. Es algo que me sorprendió cuando estaba investigando. Recuerdo leer un estudio que demostraba que no importaba tanto a qué colegio fueras de niño, lo que importaba era en qué clase estabas en ese colegio.

27:05

Se ha visto que si te enseña un profesor dentro del diez por ciento de mejores profesores puedes aprender un año y medio de material en un año. Si te enseña uno dentro del diez por ciento de peores profesores, puedes aprender solo medio año en ese mismo año. Es decir, hay un año entero de diferencia de aprendizaje dependiendo del profesor que te toque en la clase. Para mí, eso demuestra la necesidad de hacer que la enseñanza sea la profesión más importante del siglo XXI. Creo que todos los profesores pueden alcanzar el nivel de ese diez por ciento de arriba si se les da el apoyo y entrenamiento necesarios y la libertad que necesitan para enseñar. En el instituto High Tech High de Silicon Valley, por ejemplo, los profesores tienen mucha autonomía para desarrollar proyectos creativos. En Shanghái, cuando fui, los profesores con los que hablé tenían doscientas cincuenta horas al año para desarrollar su actividad, es decir, se esperaba que aprendieran igual que los estudiantes. En Finlandia los profesores también tenían el tiempo y la autonomía para ser buenos en su trabajo. En Finlandia, por ejemplo, hay una plaza para cada diez personas en programas de entrenamiento de profesores de primaria, que incluyen cosas como aprender a patinar sobre hielo o a tocar el piano.

28:36

En los sitios en que las escuelas funcionan bien, los profesores tienen un estatus elevado: tienen autonomía, tienen apoyo y aprenden a usar las herramientas del presente. Creo que deberíamos tener esperanza. Hay muchos informes sobre el futuro de la profesión, además.

28:55
Nuria Hernández. Has hablado de que los profesores deberían ser científicos del aprendizaje.

29:01
Alex Beard. Sí, es cierto, creo que sí. Una de las cosas que me da esperanza es que hay unos informes que predicen qué profesiones son más susceptibles de ser automatizadas en el futuro, hay uno muy famoso de la Universidad de Oxford que hace un ranking con setecientas dos profesiones de hoy según la posibilidad que tienen de sobrevivir a la automatización. El último es el trabajo como teleoperador, que va a automatizarse seguro, probablemente ya lo esté, así que puedes colgar sin remordimientos. Al otro lado de la lista, entre las profesiones menos susceptibles de automatizarse, están las más humanas, cosas como coreógrafos, jardineros, nutricionistas, y en el primer puesto están los terapeutas recreativos. Lo que nos enseña este estudio es que las profesiones más humanas, más creativas, sobrevivirán. Y predice que entre los trabajos con más probabilidades de sobrevivir se encuentra el de profesor. Todos los tipos de profesores están en el top cincuenta de la lista: profesor de primaria, profesor de preescolar, profesor de secundaria… Deberíamos ver esto como la oportunidad de convertir la enseñanza en la profesión creativa que debería ser, y gran parte de eso es que los profesores sean científicos del aprendizaje. Fui a una escuela de profesores, la “Relay Graduate School of Education”, donde ya se piensa en entrenar a los profesores como hacemos hoy con los médicos.

30:31

Quieren un programa de entrenamiento de diez años para los profesores. Al principio de la carrera, deberían pasar tres años con una mezcla de teoría y práctica, porque la enseñanza es un oficio, no una profesión teórica. En esos tres años, mejoran como profesores, y luego pasan otros tres años intentando convertirse en expertos. Ya tienen lo básico, ahora, en su área de especialización, tienen que ser expertos. Aprenden los trucos: cómo motivar a la clase, cómo diseñar una clase para que los niños aprendan lo que tienen que aprender, cómo evaluar las situaciones. Finalmente, pasan otros tres años convirtiéndose en especialistas. Pueden ser especialistas en el área que eligieron, o en la psicología de la motivación, o en ciencia de datos, en cómo analizar los datos de los niños para ver tendencias y ajustar cómo enseñan. Y creo que tienen razón. Creo en un futuro, para el que habrá que cambiar el sistema educativo, donde todos los profesores estén al día con los estudios en neurociencia y psicología, donde todos los profesores sepan qué herramientas tecnológicas pueden usar para ciertos aspectos de la enseñanza en sus clases. Donde todos los profesores sean expertos en enseñar a grupos de niños cómo trabajar y aprender juntos y, además, cada profesor sea experto en el área que le interesa, que le encanta, y transmite esa pasión a sus estudiantes. Llegar a esto es difícil y por eso creo que los profesores deberían ser científicos del aprendizaje.

32:05

Creo que deberían ser capaces de incorporar las nuevas tecnologías en sus clases, así que también deben ser expertos en ellas. También creo que deberían ser psicólogos que sepan dirigir grupos de niños en clase. Y, finalmente, creo que deberían seguir siendo expertos en su área de conocimiento y saber lo que hacen.

32:25
Nuria Hernández. Y, quizás, ser capaces de unir todo esto para diseñar una nueva experiencia educativa.

32:33
Alex Beard. Exacto, y creo que para eso necesitamos cambiar las condiciones en que trabajan los profesores. En el sistema educativo que tenemos hoy no creo que sea posible que los profesores hagan todo esto. Necesitamos convertir la profesión en una de aprendizaje constante, donde pasen un día a la semana únicamente aprendiendo y no poniendo notas, ni planeando clases, sino renovándose. Y para eso tenemos que cambiar la estructura del sistema educativo y lo que pensamos del profesorado.

32:58
Nuria Hernández. Antes has mencionado los retos que suponen el cambio climático y la desigualdad. ¿Crees que los sistemas educativos están preparados para afrontar estos retos, o es algo que no se ha integrado aún?

33:18
Alex Beard. Creo que nuestros sistemas educativos no están haciendo un buen trabajo al preparar a los estudiantes para enfrentarse a los retos del mañana. Ni siquiera los están preparando bien para lo que es necesario hoy. Hay una crisis educativa a nivel mundial, de acuerdo con el Banco Mundial, hay cien millones de niños escolarizados que no están aprendiendo.

33:41

Hay una crisis de bienestar entre los jóvenes, hay una crisis de creatividad: en muchos sistemas escolares se está apartando lo creativo de los programas para centrarse en las cosas básicas. Así que no, no estamos siquiera llegando a lo necesario hoy, mucho menos preparando a los niños para enfrentarse a retos como el cambio climático, la globalización, la desigualdad o la automatización. Pero hay muchas escuelas y personas que nos están mostrando cómo deberíamos hacer las cosas, y me inspira, sobre todo, el trabajo de los mismos jóvenes. Uno de los lugares que visité fue Hong Kong, donde fui a ver a Joshua Wong, un estudiante de allí. Hace unos años, cuando tenía catorce, estaba en el instituto y el gobierno chino intentó hacer un cambio al programa educativo de Hong Kong. Había una asignatura que adoraban, que se centraba en aprender sobre democracia, pensamiento crítico, cómo ser emprendedores… Y el gobierno chino quiso reemplazarla con una de historia de China que, según Joshua Wong, serviría para adoctrinar y lavar el cerebro a los niños de Hong Kong.

34:46
Nuria Hernández. O sea, todo lo contrario.

34:58
Alex Beard. Así que decidió protestar contra esto y organizó un movimiento de cien mil adolescentes de escuelas de todo Hong Kong, y ocuparon el área fuera de la asamblea de Hong Kong. Y surgieron cosas increíbles, tenían grupos para hacer deberes, estaban allí día y noche mientras seguían estudiando. Tras unos meses la presión sobre la asamblea era tan grande que el cambio se anuló y conservaron el programa de pensamiento crítico.

35:28

Y eso fue la semilla de lo que hoy es el movimiento prodemocracia de Hong Kong, que sigue en activo hoy mismo, siguen protestando en las calles. Y Joshua Wong, que ahora tiene veintiún años, es uno de los líderes de este movimiento. A los catorce años, como líder de los estudiantes, hizo el cambio necesario en el mundo que le rodeaba. Esto lo vemos también en las huelgas estudiantiles por el cambio climático: son estudiantes, adolescentes de todo el mundo, que se organizan para protestar por la inactividad de los gobiernos frente al cambio climático. Y no han necesitado adultos que les den clases especiales sobre cómo protestar, no han tenido que aprender cómo ser activistas de sus profesores. Lo que necesitaron fue que les enseñaran a pensar de manera crítica sobre el mundo y que les dieran el espacio necesario para dar rienda suelta a su potencial. Creo que tenemos que pensar con mucho cuidado sobre cómo trabajamos en las escuelas para que los adolescentes tengan estas experiencias. Creo que en este momento cogemos a adolescentes apasionados por cambiar el mundo, con dotes de liderazgo increíbles, y, por cierto, esto lo vemos en sus cerebros. Los cerebros de los adolescentes cambian mucho, se hace una limpieza sináptica, y es de adolescente cuando te conviertes en quien eres, cuando más arriesgas. Y en vez de aprovechar ese potencial obligamos a los adolescentes a hacer exámenes, los encasillamos en un sistema estandarizado de educación y se pierde todo ese potencial en creatividad, riesgo y dotes de liderazgo que tienen los jóvenes. Creo que deberíamos reestructurar la experiencia educativa para que los adolescentes puedan dar rienda suelta a su potencial en vez de anularlo. Eso querría ver en el futuro.

Inteligencia artificial: cómo educar para los retos del futuro. Alex Beard, educador y escritor
37:23
Nuria Hernández. Los padres están muy preocupados por sus hijos. Estamos, yo también soy madre. Y nos preguntamos cómo será el futuro de nuestros hijos. Vemos en las noticias que el mundo estará lleno de máquinas y que no habrá sitio para los humanos, pero también vemos otras tendencias que nos dicen que ciertas habilidades, estas “seis E” de las que hablabas, serán muy importantes para adaptarse a ese futuro. Tener cierto bagaje, la capacidad o la habilidad de cooperar y ser creativos, nos ayudará a encajar en el futuro. ¿Qué opinas de esto?

38:16
Alex Beard. Es una gran pregunta. Creo que tenemos tres ideas muy peligrosas sobre la tecnología ahora mismo, que podrían dañarnos en el futuro. La primera es que las máquinas aprenden mejor que los humanos. La segunda es que todo debería ser fácil de usar si es posible. Y la tercera es que deberíamos automatizar todo lo que podamos. Son ideas muy peligrosas que hay que contrarrestar. Primero, lo de que las máquinas aprenden mejor creo que viene de la famosa partida de ajedrez entre Gary Kasparov y Deep Blue de 1997, cuando perdió contra la máquina al ajedrez por primera vez. Desde entonces la inteligencia humana ha temido ser inferior y pensamos que las inteligencias artificiales son más listas que nosotros y que las máquinas van a controlar el mundo. Hay un escenario donde unimos nuestras mentes a las máquinas inteligentes y trascendemos las limitaciones de nuestros cuerpos.

39:14

Pero no creo que eso vaya a pasar y tengo la historia perfecta para hablar de esto. En Estados Unidos conocí a un científico en robótica del M. I. T. llamado Deb Roy, y hacía unos años que había empezado a intentar desarrollar un robot que aprendiese a hablar como un niño humano. Había hecho un robot increíble, se llamaba Toco, con ojos como pelotas de ping pong, pico amarillo y cresta de plumas rojas. No era muy bonito, pero era muy potente. Aprendía a hablar más rápido que cualquier otro robot, y Ed pensaba que podía aprender como un niño. Su mujer era profesora de logopedia, así que hizo una apuesta con ella y le dijo: “Puedo hacer un robot que aprenda a hablar como un niño”, y ella le dijo: “Lo dudo, demuéstralo”. Lo más difícil para él es que no podía utilizar el mundo real para ayudar a Toco, ya que para aprender como un niño de verdad, tendría que experimentar las mismas cosas que un niño humano. Por suerte, en ese momento, su mujer estaba embarazada de su primer hijo, así que pensaron en hacer un experimento. Pusieron cámaras y micrófonos en los techos de todas las habitaciones de su casa y, cuando volvieron del hospital el día después del parto, empezaron a grabar. Iban a grabar los primeros cinco años de todo lo que pasara en la vida de su hijo, y llamaron al proyecto “Total Recall” o “Recuerdo Absoluto”. La idea era coger luego el metraje y ponérselo a velocidad aumentada a Toco para que pudiera aprender como lo había hecho su hijo.

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Pero al hacer este experimento y ver cómo crecía su hijo, se asombró de ver cómo aprende a dominar el lenguaje un humano. Y se dio cuenta de que era muy diferente de la manera en que aprendía su robot, su inteligencia artificial. Donde Toco únicamente vomitaba lo que se le había alimentado en forma de datos, su hijo interactuaba con el mundo, daba sentido a las cosas, interactuaba con la gente y con su entorno. Y recuerda en especial el día que su hijo dijo su primera palabra. Fue “paz”, y fue mientras él y su hijo estaban sentados mirando un pez en una pared. Y dijo: “Fue increíble. Me di cuenta de que no era solo que se hubiera equivocado porque nos miramos, miré el pez de la pared y dije: ‘Pez’, y mi hijo se dio cuenta de que se había equivocado”. Y así aprendió. Y es algo que tenemos que saber, que los cerebros humanos no se parecen en nada a las inteligencias artificiales. Son orgánicos y rebeldes, aprenden constantemente interactuando con el entorno, con herramientas propias pero, sobre todo, junto a los demás, y tenemos una inteligencia ilimitada en ese aspecto. Estamos aprendiendo constantemente a través de nuestros sentidos. Así que la idea de que las máquinas aprenden mejor que los humanos es muy peligrosa, y es mentira. Los humanos aprendemos mucho mejor y de manera más holística de lo que podrán hacerlo nunca las máquinas.

42:28
Nuria Hernández. Esto es lo que mencionas sobre los bebés como aprendices naturales y sobre que el cerebro es la máquina más poderosa de aprendizaje del mundo, ¿verdad?

42:42
Alex Beard. Sí, exacto. Fui a visitar a Kathy Hirsh-Pasek y me habló sobre la idea de que los recién nacidos son como científicos en una cuna. Nacemos siendo aprendices naturales. Llegamos al mundo con el método científico bajo el brazo. Reconocemos patrones desde el primer día. Interactuamos con el entorno, con herramientas hechas por otros y, especialmente, interactuamos con otros seres humanos. Hay estudios que demuestran que los bebés únicamente pueden aprender de otras personas. No aprenden de una pantalla, no aprenden de la radio, solo a través de la interacción humana. Un investigador, Michael Tomasello, ha escrito mucho sobre esto. Habla sobre cómo, en algún punto de nuestra historia, hubo una revolución cognitiva a nivel de la especie. Nuestro superpoder es que somos capaces de aprender a través de lo que él llama un proceso de “atención compartida”. Básicamente, nos leemos mutuamente las mentes, y los bebés nacen con este superpoder. La atención compartida consiste en que, si tú y yo miramos a algo juntos, yo sé que estás mirando eso y entiendo a qué le estás prestando atención, y somos las únicas criaturas de la Tierra que pueden hacer esto. Eso fue lo que les pasó a Deb Roy y su hijo: estaban mirando algo en la pared y ambos entendían a qué estaban mirando. Su hijo habló sobre eso y ambos entendieron sobre qué estaba hablando. Esta habilidad de compartir la atención con otra persona es nuestro superpoder para aprender como especie. Y es lo que nos ha dado la cultura, nos ha dado la capacidad de crear instituciones educativas y de pasar el conocimiento entre generaciones. Y esto se ve en los bebés recién nacidos.

44:37
Nuria Hernández. También hablas y eres un gran defensor de la inteligencia artificial. ¿Cómo puede ayudarnos la inteligencia artificial a aprender? ¿Cuál es su rol en la educación o en un modelo educativo?

44:53
Alex Beard. La segunda idea peligrosa a la que nos enfrentamos en cuanto al rol de la tecnología y la inteligencia artificial en el aprendizaje es que todo debería ser fácil de usar, dentro de lo posible, y esto no es cierto. Y lo entiendo, conocí a alguien que me dijo que deberíamos hacer que aprender fuera tan adictivo como el Angry Birds, y utilizar el poder de las máquinas para aprender mientras estamos con el móvil mirando el Facebook o las noticias. Pero parece que eso no es posible, que quizás, en vez de ser fácil de usar, el aprendizaje debe ser todo lo contrario. Y hay un experimento muy interesante que habla de esto, de un psicólogo que hizo que un grupo de personas se pasara un juego online difícil. Tenía dos grupos de participantes: uno de los grupos tenía un asistente en el ordenador que les ayudaba a hacer las cosas, lo hacía fácil de usar, y el otro no tenía ninguna ayuda durante el experimento, tenían que sacarse las castañas del fuego. El juego era muy difícil y vio, como es normal, que los que tenían un asistente en el juego se volvían buenos muy rápido, y que a los que no lo tenían les costaba y les llevaba más tiempo. Pero lo interesante es que, más tarde, quitó el asistente para todos y volvió a darles el juego.

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Y ahora aquellos que habían tenido el asistente no eran capaces de pasarse el juego, mientras que los que no lo habían tenido sí lo eran. Volvió a probarles dos semanas después y los que no habían tenido asistente aún eran capaces de pasarse el juego, mientras que los otros no podían. Al tener el asistente, al hacerlo demasiado fácil de usar, había habido un corto circuito en el proceso de aprendizaje y ya no aprendían. Hay que tener mucho cuidado con esto. Parece que, y esto es lo que dice este psicólogo, nuestros cerebros están diseñados para evitar pensar cuando sea posible, van siempre por el camino fácil.

46:58
Nuria Hernández. Son perezosos.

46:59
Alex Beard. Sí, nuestro cerebro es perezoso, y lo vemos al usar aplicaciones, preferimos pasar el tiempo haciendo cosas repetitivas y así intentan ganarnos hoy en día, pelean por nuestra atención. Pero ha demostrado que el aprendizaje real requiere dificultad, si vas a aprender te tiene que costar. Y hay un concepto de “dificultad deseable”, tiene que haber lo justo…

47:27
Nuria Hernández. Un reto.

47:28
Alex Beard. Eso, el aprendizaje tiene que ser un reto, pero no demasiado complicado, para que realmente aprendamos algo. Es algo muy obvio en lo que respecta al ejercicio: si quieres ponerte en forma, tienes que correr, levantar pesas, es difícil. Y para la mente es lo mismo: si no hacemos que la mente trabaje no aprendemos, por lo que no todo debería ser fácil de usar, sino al contrario.

47:56

Esto lo vi en práctica en una universidad a la que fui, llamada “Cuarenta y dos”, en París. Es una escuela de programadores a las afueras de la ciudad donde los estudiantes van a aprender a programar, y es muy interesante. No hay que pagar nada, no hay que tener estudios previos, de hecho, es para gente que se ha dejado el instituto. Y no hay profesores.

48:29
Nuria Hernández. ¿No hay profesores?

48:30
Alex Beard. No, en cuarenta y dos no hay profesores. En vez de eso, el aprendizaje se organiza a través de “Intra”, un entorno de aprendizaje online que parece un mapa como los que verías en Star Trek. Cuando te apuntas a esta universidad empiezas a completar proyectos en este entorno online. Cuando completas uno se desbloquea el siguiente, y el software es muy inteligente y te anima a colaborar con otros estudiantes que estén en la escuela a la vez que tú. Además, el lugar es precioso, parece un cuarto de servidores, lleno de cientos de iMacs brillantes y de obras de arte de grafiteros y cosas así, es muy guay, es futurista. Básicamente, si un alumno se atasca no tiene a un profesor que le ayude, sino que acude a Internet para buscar un tutorial, mira un vídeo en YouTube, pregunta a alguien o lee un manual. Tienen que hacer frente a dificultades mientras aprenden, no se lo ponen fácil. Y así hacen el trabajo necesario que les permite aprender de verdad todo eso que quieren dominar.

49:40

Aquí se utilizan las “pes” del aprendizaje creativo: encontrar un propósito, trabajar con tus pares, el pasarlo bien y el trabajar en proyectos reales. Y creo que, puesto que tienen dificultades, no solo aprenden a programar, sino que aprenden a aprender a programar, lo cual les servirá de mucho en sus carreras en el futuro.

50:01
Nuria Hernández. Quiero proponerte un juego. Imagina que estamos en un videojuego donde puedes adoptar un rol, pero este rol eres tú en el pasado, como profesor. Si viajaras al pasado, ¿qué conservarías de ti como profesor y qué cosas cambiarías basándote en las experiencias que podemos leer en tu libro?

50:32
Alex Beard. Pienso mucho en los niños a los que enseñé. Al mirar atrás veo que triunfamos, al menos, en una cosa. Todos los estudiantes a los que enseñé entraron en mi clase uno o dos años por detrás en cuanto a su nivel de lectura y escritura. Todos ellos sacaron la nota necesaria en sus exámenes a los dieciséis años y pudieron pasar al siguiente nivel de su educación. Pero cuando pienso en ello, creo que en realidad les fallé, porque la manera en que lo conseguimos fue con clases extra de lengua, enseñándoles técnicas de examen, rehaciendo sus trabajos muchas veces, y sé que no tenían las habilidades y actitudes necesarias para triunfar en nuestro mundo actual.

51:22

No les inculqué esa pasión, no les convertí en personas que pudieran expresarse y comunicarse con el resto del mundo. Y creo que muchas de las cosas con las que les ayudé para ese examen se les habrán olvidado uno o dos años después. Tenemos niveles de alfabetización muy bajos, niveles bajos de bienestar y no damos importancia a la creatividad. Así que cambiaría mucho de lo que hice en clase. Primero que nada, iría con la intención de construir relaciones, relaciones reales y profundas con los estudiantes, para entender quiénes son y qué les apasiona. Querría entender la motivación que mueve a cada uno y cuál es su mayor pasión. Es algo fundamental para que quieran seguir aprendiendo después: deben tener pasión por algo, como decía el estudio de Ben Bloom sobre el aprendizaje creativo, si vas a centrarte en eso durante el resto de tu vida. Y en segundo lugar, intentaría darles una educación más completa. Querría que desarrollaran su capacidad para pensar de manera crítica, querría asegurarme de que desarrollan su creatividad. Les ayudaría a aprender cómo cooperar con los demás y fortalecer su inteligencia emocional. No hice nada de eso cuando les di clase, y creo que eso es lo que querría ver en todas las escuelas del mundo. Y creo que es posible. En Shanghái vi cuantísimo son capaces de aprender nuestras mentes. En Silicon Valley vi cómo podemos usar de manera creativa las herramientas que tenemos para conseguir lo que queremos.

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En Finlandia vi cómo podemos aprender a cooperar y colaborar para construir una sociedad más sana y fuerte. Y creo que es posible en todos esos lugares, que era posible en mi clase y que es posible en todo el mundo. Ha habido otras grandes revoluciones del aprendizaje en nuestra historia. Tenemos la revolución cognitiva de hace cien mil años, cuando algo cambió en nuestros cerebros y emergió el lenguaje, con el cual empezamos a poder compartir ideas y pasar conocimientos de una generación a otra. Luego, hace unos ocho mil años, la revolución de las escuelas, cuando estas emergieron como instituciones para enseñar las nuevas tecnologías humanas: la lectura y la escritura. Y hace unos quinientos años hubo otra revolución masiva en la educación en que la imprenta y los cambios en cómo veíamos la religión llevaron a una alfabetización mundial de la cual aún nos beneficiamos en el presente. Y creo que hoy es posible otra revolución. Si podemos unir todo lo que sabemos sobre cómo funcionan nuestras mentes, si podemos usar bien nuestras tecnologías y poner a los profesores en un pedestal como la profesión más importante del siglo XXI, desarrollando ese potencial que tenemos, nuestro único recurso ilimitado, la inteligencia humana, creo que estaremos frente a una revolución del aprendizaje. Querría intentar llevar esa revolución a mi clase si volviera a enseñar.

54:32
Nuria Hernández. Alex, muchas gracias por esta conversación y por tu investigación, que tantísimo ayuda tanto a padres, como a profesores e instituciones educativas en general, y que mezcla esta visión maravillosa de la integración de elementos innovadores en la educación con el aprendizaje natural que nos caracteriza. Muchas gracias.

55:01
Alex Beard. Gracias a vosotros por invitarme.