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Grupos de WhatsApp del colegio: ¿a favor o en contra?

Maribel Martínez

Grupos de WhatsApp del colegio: ¿a favor o en contra?

Maribel Martínez

· Psicóloga

Psicóloga especializada en Terapia Breve Estratégica, filóloga y educadora social, Maribel Martínez ha dedicado su amplia trayectoria profesional al apoyo de familias, niños y adolescentes. Cuando fue madre, sin embargo, comprobó que sus conocimientos se veían sobrepasados por la maternidad y las enseñanzas de su hija. ¿Cómo establecer normas y límites? ¿Nos consideramos amigos de nuestros hijos?

En su libro ‘¿Cuántas veces te lo tengo que decir?’ resuelve estas y otras preguntas que afectan directamente a la crianza y la educación de los niños. Maribel Martínez analiza las dificultades comunes que afrontan los padres: rabietas, frustraciones y miedos, trucos para enseñar autonomía y responsabilidad. La psicóloga señala también las consecuencias negativas de la sobreprotección. “Si el camino es liso, los niños se acostumbran a que no hay peligro, no hay problemas, no hay frustración y esto no es la realidad. Si te están sobreprotegiendo constantemente, la autoestima baja. Son niños más inseguros, que después desarrollan más sensibilidad a la ansiedad, que se presentan a un examen y tienen miedo a quedarse en blanco por esa presión y por esa sensación de que no son capaces de realizarlo. Lo que tenemos que hacer, en realidad, sería ponerles pequeñas piedrecitas en el camino y que vayan superando esas dificultades”, concluye.


Creando oportunidades

Maribel Martínez

Psicóloga especializada en Terapia Breve Estratégica, filóloga y educadora social, Maribel Martínez ha dedicado su amplia trayectoria profesional al apoyo de familias, niños y adolescentes. Cuando fue madre, sin embargo, comprobó que sus conocimientos se veían sobrepasados por la maternidad y las enseñanzas de su hija. ¿Cómo establecer normas y límites? ¿Nos consideramos amigos de nuestros hijos?

En su libro ‘¿Cuántas veces te lo tengo que decir?’ resuelve estas y otras preguntas que afectan directamente a la crianza y la educación de los niños. Maribel Martínez analiza las dificultades comunes que afrontan los padres: rabietas, frustraciones y miedos, trucos para enseñar autonomía y responsabilidad. La psicóloga señala también las consecuencias negativas de la sobreprotección. “Si el camino es liso, los niños se acostumbran a que no hay peligro, no hay problemas, no hay frustración y esto no es la realidad. Si te están sobreprotegiendo constantemente, la autoestima baja. Son niños más inseguros, que después desarrollan más sensibilidad a la ansiedad, que se presentan a un examen y tienen miedo a quedarse en blanco por esa presión y por esa sensación de que no son capaces de realizarlo. Lo que tenemos que hacer, en realidad, sería ponerles pequeñas piedrecitas en el camino y que vayan superando esas dificultades”, concluye.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:03
Maribel Martínez. Soy Maribel Martínez, soy psicóloga. He escrito varios libros, el último es: ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?, que trata sobre cómo educar hijos hoy en día. También soy filóloga y educadora social, pero he de decir que mi mejor título es el de madre, y que no hay Máster, ni el de Terapia Breve Estratégica que me haya enseñado tanto como mi hija.

00:26
María Sicilia. Hola, Maribel. Mi nombre es María, soy madre de tres niñas… Me interesa muchísimo todo lo que nos vas a contar. Cuando hablamos de la educación de los niños y nos vienen a la cabeza frases como: «Cómo han cambiado los tiempos… seguro que a mis padres no les pasaría esto». Entonces, desde tu experiencia profesional, ¿cómo crees que ha cambiado la forma en que los padres queremos educar a nuestros hijos?

00:53
Maribel Martínez. Ha cambiado mucho, ha cambiado mucho. Y, sobre todo, tenemos que hacer una rápida visión histórica y ver cómo otras familias… nos podíamos ir a familias de la posguerra donde las prioridades, evidentemente, eran sobrevivir, dar de comer a los hijos… y eran familias numerosas, eran familias donde los niños en cuanto podían empezar a trabajar, tenían que trabajar para ayudar a la familia. Otro concepto, otros objetivos, la familia se modulaba de otra manera. Seguimos avanzando en la historia y tenemos las décadas de los 60, 70, y ahí, pues los objetivos de los padres ya eran más intentar darles un futuro mejor a los hijos, en el sentido de que estuvieran bien formados académicamente, y esto también es un objetivo diferente. Seguimos avanzando, los años 80, una democracia, los padres consideran que los hijos tienen derechos, voz, voto y ahí empezamos, también, a cambiar esa forma de relacionarnos con los hijos. Y en la actualidad tenemos una generación de padres que, básicamente, hay como una mezcla. Unos padres que, por un lado, son muy sobreprotectores y por otro lado unos padres que son muy permisivos.

02:19

Tenemos unas parejas que forman sus familias y que en su proyecto de formar esa familia y tener hijos, antes de tener los hijos, ya se están formando como padres. Estamos profesionalizando de alguna manera la paternidad y hacen cursos de alimentación para los hijos, de pedagogía… Son padres que luego forman parte de todas las cosas que tienen que ver con los hijos: del AMPA, de los clubes deportivos, les apuntan a mil actividades extraescolares… Y son padres que están muy pendientes de la educación de los hijos. Y, a pesar de eso, no es un modelo de familia que esté funcionando porque el resultado es que los niños no son más educados, o no tienen realmente eso que los padres están buscando, unos chavales con más autonomía, con unos valores… Estamos viendo una generación de niños, y ya algunos adolescentes, que no tienen límites, que son más miedosos. Y ahí tenemos que ver qué es lo que está pasando, qué es lo que ha pasado. Y es que en esa manera de educar en la actualidad que está muy basada en ese hiperpermisivismo, en esa hiperprotección, está ahora hablándose de hiperpaternidad, que ya hace años que se está hablando: Levine, Honoré, más recientemente Eva Millet. Tenemos unos estudios y una experiencia a nivel de colegios, de terapias, donde estamos viendo pues eso, muchos problemas dentro del entorno familiar y han cambiado mucho las cosas.

Grupos de WhatsApp del colegio: ¿a favor o en contra?. Maribel Martínez
Quote

“Estamos 'profesionalizando' la paternidad con cursos para aprender a educar a los hijos”

Maribel Martínez

04:09
María Sicilia. ¿Dónde marcarías el límite entre lo que es ayudar al niño y sobreprotegerlo?

04:13
Maribel Martínez. Yo creo que no tenemos que perder de vista ese objetivo, esa función de los padres de educar a los hijos en la autonomía, en tener unos valores. Y, por lo tanto, si tenemos que procurar esa autonomía lo que tenemos que ser son guías, somos guías para los hijos. Y tenemos que enseñarles en muchos aprendizajes. Si constantemente les ayudamos, en realidad les damos unos mensajes contradictorios. «Te ayudo porque te quiero y me siento aquí a hacer los deberes contigo porque es muy importante que hagas tus deberes», pero el niño también lee entre líneas: «Y porque si no yo solo no podría». Y esa es la ayuda que no ayuda. Esa es la ayuda que invalida, finalmente. Y es una forma de tratar a los hijos que, finalmente, pues eso, los sobreprotege porque hay una ayuda excesiva, porque nos adelantamos a las dificultades. De repente me ponen una lucecita en la habitación para que duerma y no tenga miedo a la oscuridad, cuando no ha dicho nada de miedo a la oscuridad. Pero por si acaso, para que no tenga miedo, para que no sufra. Esa es la idea que hay detrás, como que los hijos son frágiles y que no sufran, que sean felices, y vamos a procurar que estén muy bien. Y entonces nos pasamos de la raya. Y es esa constante ayuda, esa sobreprotección, ese adelantarnos a sus necesidades, que vamos, en realidad, cortándoles aprendizajes que luego ellos ven que otros niños son capaces de hacer cosas y ellos no.

05:47
María Sicilia. Las «madres apisonadoras», porque vamos allanando el terreno de los niños…

05:52
Maribel Martínez. Y lo que tenemos que hacer, en realidad, sería ponerles pequeñas piedrecitas en el camino y que vayan superando esas dificultades. Y ahí es donde los niños crecen. Ahí es donde los niños se sienten: «Había esta dificultad y la he superado, ¡qué bien!», y se sienten mayores y más capaces. Si el camino es liso los niños se acostumbran a que no hay peligro, no hay problemas, no hay frustración y esto no es la realidad.

06:22
María Sicilia. ¿Cuáles dirías que son las consecuencias de que un niño esté sobreprotegido?

06:27
Maribel Martínez. Pensemos. Si te están sobreprotegiendo constantemente, te están ayudando en exceso, la autoestima baja. Esos niños tienen una muy baja autoestima, tienen un autoconcepto de que ellos no son capaces. «Si mi madre y mi padre me están acompañando a hacer todas las cosas, es que ellos no consideran que yo sea capaz». Son chavales que tienen muchos miedos porque viven en una constante alerta de los padres y estamos viendo muchos más miedos, incluso fobias en estos niños. Son niños más inseguros que después desarrollan más sensibilidad a la ansiedad, que se presentan a un examen y tienen tanto miedo a quedarse en blanco por esa presión y por esa sensación de que no son capaces de realizarlo que, realmente, los casos de ansiedad con niños de diez años nos están sorprendiendo realmente. Y, en general, son unos niños muy dependientes, muy miedosos, con una baja autoestima y todas las consecuencias que eso supone para ellos en su crecimiento, que todavía tienen que desarrollarse.

07:36
María Sicilia. Para superar… habrá más problemas a superar en ese crecimiento.

07:40
Maribel Martínez. Otra consecuencia es que tenemos que tener en cuenta que los padres al ayudar constantemente, al sustituir incluso a los hijos, pensemos que hay padres que van por la calle y un amigo le pregunta al niño: «¿Cómo te llamas? Qué grande que estás», y al niño le da mucha vergüenza contestar y se queda callado. Y los padres contestan por él, sustituyen al hijo en lugar de dejarle su tiempo para que responda. Entonces, los niños pues, ley del mínimo esfuerzo. «Si ya contestan por mí yo no tengo que superar esta dificultad». Y es un constante vivir en donde siempre hay alguien que te está protegiendo y que no permite que haya ni un momento de problema en tu vida.
Ese allanar el camino. Tenemos que entender cómo funciona este problema. Los padres intentando que el niño no lo pasé mal le sustituyen, le ayudan, el niño no aprende y sigue haciendo más de lo mismo y, por lo tanto, deja que le ayuden y tiene ese mensaje cada vez más claro de que yo solo no puedo, de que me tienen que ayudar, me siento incapaz. Los padres viendo que el chaval se siente incapaz le siguen ayudando, y se sigue sintiendo incapaz. Y entonces tenemos ahí ese círculo vicioso, la causalidad circular, que tenemos que estar muy atentos porque es ese pez que se muerde la cola y que si no lo cortamos es infinito.

09:10
María Sicilia. Te voy a plantear una situación cotidiana que se produce habitualmente. Esos niños que están jugando tranquilamente en cualquier entorno, en una fiesta, en el colegio, en el parque, y llega la hora de irse. Entonces el padre le dice que se tienen que ir, no se lo toma muy bien, y termina con el padre peleando, forcejeando con el niño, le coge en brazos, el niño empieza a patalear, empieza a gritar… ¿Qué consejos nos puedes dar para esos momentos en los que hay una falta de respeto tremenda por parte de los niños, y una mala educación?

09:43
Maribel Martínez. Tenemos que ver ese otro modelo más permisivo, donde esos padres no se dan cuenta de que esos niños están cruzando una línea roja, que aunque tengan cuatro o cinco años, da igual, ya la han traspasado porque es una agresión y eso es algo grave. Y no podemos decir que como es pequeño no pasa nada. Desde el minuto cero se tiene que poner esa línea roja muy clara. Los niños captan enseguida, pero tenemos que tener esa actitud ante esa reacción del niño que podemos entender perfectamente normal, pero no la podemos permitir bajo ningún concepto. Y en una situación como esta, yo le preguntaría a la madre: «¿En qué momento le piensas decir que eso no puede ser?». Esa es la estructura en la que se basa la jerarquía familiar porque finalmente no somos todos iguales. Los padres somos los guías, los padres somos los adultos, los que educamos. Los hijos están aquí, no aquí, están aquí… pero no están aquí. Si nos ponemos a la misma altura somos colegas de los hijos: en ese mismo momento los acabamos de dejar huérfanos. Porque si no hacemos de padres, ¿quién hace de padres? Entonces, la diferencia es esa actitud de respeto, y el respeto no significa una autoridad en plan dictatorial: eso es un concepto mal entendido en la educación de los hijos. Lo que tenemos que entender es el respeto desde el amor y el respeto mutuo. Y tenemos que hacernos respetar con coherencia. Para empezar, si le decimos a un niño que no chille… nosotros no podemos gritar, tenemos que modular nuestro tono.

11:23
María Sicilia. Con el ejemplo.

11:24
Maribel Martínez. Claro, y sobre todo la actitud, tiene que ser una actitud en la que nosotros tengamos que poner los límites. No son los niños los que deciden a qué hora nos tenemos que ir a casa, somos nosotros los que vemos los tempos, y que tenemos que tomar esas decisiones. Y los padres, si no tienen esa actitud no le están dando ese marco en el que los niños se sienten seguros. Los niños necesitan clarísimamente unas normas y saber cuáles son las reglas del juego. Yo siempre digo: «Si nos ponemos a jugar al parchís tú y yo, y no sabemos las normas del juego, nos vamos a pelear seguramente, porque ahora te ha salido seis y tienes que abrir la barrera y tú dices que no, que eso me lo acabo de inventar». «No, no, es que la regla dice eso». O nos ponemos de acuerdo con las reglas o es muy difícil entenderse. Y los padres son quienes tienen que hacer esas reglas del juego. Y los niños necesitan explicitarlas y saberlas. Y cuando las cosas son muy estables y sabemos que salimos del colegio, vamos al parque, jugamos una horita, y nos vamos para casa, y cada día es más o menos lo mismo, no es sorpresa, no hay que discutir si ahora nos vamos para casa o no. Y, sobre todo, podemos entender que un niño quiera jugar, siempre es más divertido jugar que ir a comprar o hacer otras actividades, pero no tenemos que entrar en una negociación, porque entonces les estamos dando a ellos el poder. Podemos ser muy empáticos: «Yo sé que te lo estás pasando muy bien, venga, dentro de cinco minutos nos vamos a ir».

12:47
María Sicilia. Dar unos preavisos para que el niño no se sorprenda.

12:50
Maribel Martínez. Claro, porque podemos entender que es mucho mejor para él estar ahí jugando y tenemos que confiar que eso tiene que funcionar, y tenemos que confiar en nosotros mismos como padres. Los niños crecen pensando que tienen derecho a todo, no conocen un «no» como respuesta, porque esos padres para que los niños estén contentos no les ponen límites, les permiten todo, y ahí ya está, ya nos estamos perdiendo. El niño necesita esos límites y tener la capacidad de aguantar un «no» como respuesta. Tenemos niños que tienen tolerancia cero a la frustración, precisamente por eso, porque nunca han recibido un «no» como respuesta. Son niños que luego cuando tiene que ser que no, porque es que no hay otra salida, esa frustración se convierte en ira, en rabia, y son niños que pueden ser, realmente, hasta violentos y déspotas con los padres. Y van creciendo encarándose a los padres, porque claro, como son colegas que miran de tú a tú, y ahí es donde el respeto, desde luego, está absolutamente ausente. Si ante la falta de respeto, aunque sea teóricamente leve o podríamos considerarla no tan grave, un niño que le dice a su padre: «Hala, qué pesado eres», o «No te enrolles, déjame». Ahora los padres dicen: «Es que los niños hablan así», pero dónde está esa línea roja donde empieza el respeto.

14:22

Y si no se responde, ese silencio, como decía Paul Watzlawick en su primer axioma de la comunicación humana, decía: «Es imposible no comunicar, y ese silencio lo que está comunicando es que no pasa nada porque me hables así». Y el niño lo entiende perfectamente y va creciendo, y va creciendo, y ya no digamos un adolescente que además se piensa que los padres son iguales porque en la adolescencia el adolescente, todo lo contrario, intenta ponerse por encima. Y entonces ahí están los padres absolutamente perdidos. Pero es mucho antes, desde pequeños que tenemos que ir poniendo esos límites y marcando ese concepto de respeto bien entendido dentro de la familia.

Grupos de WhatsApp del colegio: ¿a favor o en contra? Maribel Martínez
15:05
María Sicilia. Te voy a hacer una pregunta que a mí me interesa muchísimo porque soy madre de tres niñas, y es la relación entre los hijos. No sabría establecerte unos porcentajes, pero la mayoría del tiempo están peleándose. ¿Qué pautas nos puedes dar para ayudarnos en ese sentido?

15:19
Maribel Martínez. Ahí tenemos que ver cómo… los padres, en realidad, quieren que sus hijos se lleven bien, que tengan esa relación fraternal y ese es el objetivo, que sean amigos los hermanos. Y toleran muy mal que los hermanos se peleen: es lo peor, es justo lo contrario de lo que quieren. Pero no nos damos cuenta de que al intervenir en las peleas entre los hermanos, sea cual sea la intervención, sea para poner paz, para castigar a los dos, para castigar a uno, para llevarlos cada uno a su habitación, para decirles que se callen ya… sea cual sea esa intervención, nos equivocamos.

15:57
María Sicilia. Fracasamos. Es verdad.

15:59
Maribel Martínez. Claro, fracasamos en el objetivo. Es decir, a lo mejor en ese momento conseguimos paz, pero ese no era el objetivo. El objetivo no es que haya paz hoy, es que la haya siempre y que, además, ellos se lleven bien. Si intervenimos lo que hay es: puede ser que, con un poco de suerte, paz en este minuto, pero ellos han empeorado su relación, se acaban de enfadar más entre ellos. «Porque siempre me castigan por tu culpa, porque siempre te defienden a ti…» Además, estamos potenciando, en general, que uno, en general el pequeño, se convierta en víctima, que adopte ese rol y vaya de víctima por el mundo, y no va a adquirir herramientas para defenderse, para realmente desarrollar sus capacidades sociales, de diálogo, de resolución de conflictos. Y eso exactamente es lo que tenemos que hacer con los hijos, tenemos que dejarles que desarrollen todo eso.
Por lo tanto, los niños que tienen la gran suerte de tener un hermano, o dos como en tu caso… que se peleen. El conflicto no es el problema, el problema es no resolver el conflicto: eso sí que es un problema. Y constantemente interrumpimos la resolución del problema, con lo cual ahí se quedan enquistados y empeorando la situación. Nuevamente la causalidad circular, aquello que hacemos para intentar conseguir el objetivo: que tengan una buena relación, justo lo que conseguimos es que empeore. Tenemos que tener una actitud diferente ante el conflicto y, por lo tanto, si vemos a los hijos discutir, nuestra opción más saludable sería acercarnos y decirles: «Veo que tenéis alguna diferencia, pues nada ya la resolveréis», y darles ese mensaje una y otra vez. Y si siguen peleando decirles: «Bueno, estáis tardando hoy en resolverlo, pero confío en que podréis hacerlo». Y cuando una y otra vez ven que no estamos interviniendo, y que realmente o lo resuelven ellos o nadie va a hacer nada, esa es la manera en la que finalmente no les queda otra que resolverlo.

17:52
María Sicilia. ¿Por qué no lo hacéis a la primera? Eso sí que es frustrante para los padres.

17:56
Maribel Martínez. «¿Cuántas veces te lo tengo que decir?» No en vano es el título de mi último libro, precisamente por eso, porque es una de las frases que más repiten los padres sin valorar que lo que hay detrás es la intención de que hagan las cosas a la primera. ¿A que sí? ¿A que tú quieres eso para tus hijos?

18:16
María Sicilia. Sí, o a la segunda, a la segunda. Incluso te compro la segunda.

18:20
Maribel Martínez. No te conformes, no te conformes con la segunda, a la primera es la buena. La cuestión es que les estamos diciendo que pongan la mesa, pero estamos haciendo la cena y, a lo mejor, estamos tendiendo una lavadora y 30 cosas más. Estamos educando también, por lo tanto tenemos que, a lo mejor, parar de hacer la cena vamos a donde está jugando, le cogemos de la manita con mucho cariño y vamos hacia el cajón de los cubiertos, les dejamos delante y ya está. Ya está. Ya está empezando a poner la mesa. El niño alucina porque esto ha sido sin palabras…

18:51
María Sicilia. Sin gritos…

18:52
Maribel Martínez. Sin gritos, sin malos rollos y ya está. Ya no hay opción. Y si eso, además, lo hemos instaurado y explicitado en unas normas que tú pones la mesa, tú la quitas, cada uno tiene que hacer su cama, tú que eres mayor, además, me tienes que ayudar en las compras de no sé qué, aún queda más claro. Y eso es necesario en una familia, esas normas. Normalmente en las familias suele haber unas normas, pero son implícitas y para que funcionen no sólo tienen que ser explícitas y, por lo tanto, habría que darlas por escrito, sino que tienen que ser también muy coherentes con lo que estamos diciendo. ¿Lo primero qué es? El respeto. Y esa tendría que ser la primera norma en todas las familias, respetar a los padres y luego en función de las edades y en función de cada familia y sus criterios diferentes…

19:43
María Sicilia. Una jerarquía.

19:44
Maribel Martínez. Claro, no es lo mismo tener un niño de 12, que de 10, que de seis. Pero es que el de seis también puede poner la mesa, y también puede hacerse la cama, y también puede ayudar a hacer una ensalada, pero a veces se nos olvida eso y lo hacemos nosotros porque, claro, pobrecito, es que está jugando. O para un rato que estoy con él no voy a estar aquí ahora discutiendo si tiene que poner la mesa o no, ya la pongo yo que tardo dos minutos. Y entonces ahí nos estamos alejando de esos niños que tienen que cooperar, y tener esos valores de familia, tienen que saber que tienen que ayudar, que tienen unos derechos y unas obligaciones. Y, además, la clave para que eso funcione y no sea un decálogo de buenas intenciones, tienen que ir acompañadas de unas consecuencias porque si no no funciona. Es decir, «Tienes que poner la mesa», pero si no la pone y no pasa nada, olvídate, mañana tampoco la va a poner.

20:40
María Sicilia. El grito no es suficiente.

20:41
Maribel Martínez. Claro, el grito no funciona, eso lo tenemos que descartar. De lo que se trata es de que funcione con el mínimo esfuerzo todo esto. Y, por lo tanto, si las cosas son previsibles y: «Si no pongo la mesa hoy, hoy no voy a ver dibujos; entonces yo voy a poner la mesa, por la cuenta que me trae». Pero, claro, tiene que pasar algo. No es: «El sábado no irás al cine», el sábado queda lejísimos y el tiempo en los niños funciona de otra manera. Eso no es eficaz. Lo eficaz es: «Hoy no has hecho la cama, hoy te quedas sin que te explique el cuento». Eso sí que funciona. Funciona que sea adecuado: «No has llevado la ropa sucia a la cesta de la ropa sucia, la ropa se queda sin lavar», aunque sea el chándal de la Educación Física, ya te lo encontrarás mañana cuando el profesor te vea llegar con los tejanos, ya verás que risa. Eso es adecuado y, además, proporcional. Un día nos coge enfadadísimos y estamos furiosos, y: «Toda la semana sin ver los dibujos».

21:42
María Sicilia. Por no haber puesto la mesa.

21:43
Maribel Martínez. Pues mañana para qué voy a poner la mesa si ya me he quedado sin dibujos. No queremos castigar ese es otro concepto, no es castigar como venganza. Esto es educar y, por lo tanto, la consecuencia permite que mañana tengas la oportunidad de hacerlo bien. Eso es lo que nos interesa, que mañana las cosas funcionen mejor que hoy.

21:59
María Sicilia. Esto me recuerda muchísimo a un anuncio de televisión que comentábamos antes, que el niño está tirado en el suelo, con la pataleta y el padre le mira y se pone a imitar al niño. Entonces, el niño se queda callado, totalmente sorprendido como diciendo: «¿Qué hace mi padre?», como el padre demostrándole que en esa situación lo que estaba haciendo el niño no tenía mucho sentido. ¿Cómo nos puedes orientar en estas frustraciones que tienen los niños y cómo podemos manejar nosotros esa frustración que tiene el niño? Porque a veces estamos perdidos y no sabemos cómo ayudarle.

22:31
Maribel Martínez. Esto de las pataletas es, de hecho, un proceso habitual en la evolución de los niños. Comienza en torno a los dos años, donde ellos han ido acumulando un léxico, pero todavía no saben utilizarlo y con el cuerpo, utilizan el cuerpo, y los llantos, y la pataleta, para expresar su rabia, su ira, que es una emoción muy difícil de gestionar. Pero, ¿cómo es posible que eso que normalmente dura un año o así, porque van aprendiendo a gestionar esa rabia, esa ira, y esa frustración, haya niños con seis, siete, ocho años que todavía hagan pataletas? Esto es la cosa interesante, ver cómo funciona ese problema, cómo se puede cronificar tantísimo en el tiempo. Y detrás de esos niños hay unos padres demasiado permisivos que han caído en la trampa de, en alguna ocasión, si no en el 100%, pero en alguna ocasión, la pataleta al niño le ha funcionado. Entonces, estar en el supermercado y quiero no sé qué capricho y tirarse al suelo porque quiere según qué capricho, además es aburridísimo salir a comprar, y estoy cansado, y quiero ir a mi casa a jugar, pues expresan de esa manera su malestar. En alguna ocasión: «Venga va, pues te compro el caramelo para que te calles ya y terminar de comprar porque es que aún me queda por comprar, es tarde, hay que hacer la cena».

23:50
María Sicilia. Es comprensible, después de todo el día trabajando.

23:52
Maribel Martínez. Esta es la realidad, esta es la cruda realidad. Y entonces, ese niño lo que aprende es: «Que si chillo y lloro más me salgo con la mía», y sin querer estamos reforzando que eso se vuelva a repetir. Y aunque los padres aguanten estoicamente nueve de cada diez, esa una en la que han caído en la trampa el niño la lee como: «Ah, vale, es que tengo que insistir mucho más, pero al final yo me salgo con la mía», y entonces es cuando esas pataletas se alargan en el tiempo de una manera increíble. Además, se queda sin aprender a gestionar su ira, su rabia, tolera cero la frustración, y todos esos aprendizajes son los que tenemos que enseñarle al hijo y se quedan en el aire, y se van alargando en el tiempo con todas las consecuencias que eso trae, porque es un niño que no recibe un «no» como respuesta, y el «no» es una palabra muy importante que tenemos que aprender a utilizar. Y te invito a que te fijes en la cantidad de veces que te diriges a tus hijos y empiezas la frase con la palabra «no». Ya verás, te vas a acordar de mí. Fíjate.

24:59
María Sicilia. Yo recuerdo una frase que nos decían siempre ese: «No, es no sin excepciones», pero a mí cuando era niña, obviamente, me parecía muy dura, como madre más aún, porque requiere de un esfuerzo.

25:13
Maribel Martínez. Claro.

25:04
María Sicilia. Entonces, cuando estás diciendo: «No; el no es no sin excepciones» y lo estás demostrado con los ejemplos. Es decir, nunca puede haber un «sí» porque entonces se te derrumban todos los «noes» anteriores, es un poco eso lo que quieres decir.

25:26
Maribel Martínez. Y no sólo eso, sino que el aprendizaje de la frustración, que es un proceso, tiene uno de los detonantes que es la palabra «no», un niño que oye la palabra «no», ante una demanda ya está, ya no atiende a razones, lo que viene después del «no» no le interesa para nada, ya está, ya la hemos liado, ya no escucha. Pero los padres se esfuerzan en darle todos los argumentos del por qué no. Hay detrás la idea de que si el niño entiende por qué no, lo aceptará y estará contento. «Gracias, mamá, ya entiendo por qué no hay pizza. Hoy toca verdura porque tienen muchas fibras, muchas vitaminas y, ¡ay, gracias!, que estás cuidando mi salud. ¡Bien!». Eso no pasa. No va a pasar nunca, no va a pasar nunca, pero nos esforzamos porque tenemos esa idea. Y eso es nefasto. Tenemos que entender que los niños no van a atender, y tenemos que aceptarlo. Eso es un aprendizaje y, por lo tanto, tendrán que hacer cosas aunque no les guste, y tendrán que comer esa verdura, y tendrán que aceptar que no puede ser el caramelo todos los días, y que tenemos que ir del parque… Y somos nosotros los que tenemos esa actitud. Otra alternativa a la pataleta sería alejarnos. Es decir, el niño hace la pataleta para que lo veamos, si no lo vemos no la va a hacer, no tiene sentido para él demostrar su enfado. Entonces yo les propongo a los padres: «Pues le dejas ahí». Y si estás en el supermercado le dices: «Mira, que ya veo que tienes muchas necesidades de llorar, y patalear, y mostrar que estás enfadado. Yo voy a seguir comprando la fruta, ¿vale? Cuando termines te vienes allí conmigo». Pero la importancia es cero, y no desde el enfado, no desde el: «Para ya, no chilles», porque eso todavía exacerba más este proceso.

27:11

El niño no se siente comprendido y necesita demostrar todavía más su enfado. Y, por lo tanto, tener esa capacidad para alejarnos y confiar, y tener ahí un ojo, por supuesto, pero que él se va a calmar y que va a venir es fantástico. Luego están los niños que con el tiempo van adquiriendo grandes capacidades de actores y actrices y que, claro, con esos 6, 7, 8 años siguen haciendo esas pataletas, tenemos que desmontarles esto que les ha funcionado y que ya no va a funcionar. Yo les propongo a los padres que entiendan que sus hijos son grandes actores y que vamos a connotar esta pataleta de «una gran actuación» y que se lo digan a su hijo: «Oye, de verdad que lo haces bien, que se nota la experiencia».

27:59
María Sicilia. Nominación al Oscar.

28:01
Maribel Martínez. «Es que lo haces muy bien. Mira que gesto, mira que… Ese grito, muy bien». Incluso sentarse a observar: «Mira, este es nuevo, oye, bien». Es una forma diferente de percibir al niño. No es el monstruo que nos está haciendo la vida imposible, no me tengo que enfadar con él, tengo que girar 180 grados eso que he hecho hasta la fecha, que básicamente es: «No llores, no chilles, no hagas esto», por algo diferente que funcione porque lo otro, desde luego, no funciona. Llevamos ya años y vemos que eso no funciona.

Grupos de WhatsApp del colegio: ¿a favor o en contra? Maribel Martínez
28:34
María Sicilia. Siempre todos los padres me han dicho: «Yo llevo a mi hijo al colegio porque es el momento en el que le levanto, le doy el desayuno, vamos de la mano. A mí, personalmente, mi experiencia es espantosa, estresante, porque nunca se han levantado a la hora, estas diciéndoles que se levanten por favor, que van a llegar tarde, no se visten, no se asean correctamente, no recogen el desayuno, por supuesto no te ayudan, tú pareces un pollo sin cabeza por la casa de un lado para otro intentando que todas tengan todo preparado para llegar enfadadas a la puerta del colegio con un mal recuerdo de: «Hasta luego», y te quedas diciendo: ¿Qué relación he tenido desde que me he levantado por la mañana hasta ahora? ¡Qué estrés! Y, al final, decidí irme antes a la oficina y ser yo la que recojo, me parecía que era mejor por esa situación. ¿Qué nos puede recomendar para estos momentos de estrés?

29:23
Maribel Martínez. Detrás de esa escena hay la maravillosa intención de esta difícil tarea de la conciliación familiar, de compartir ese espacio con los hijos: levantarnos con ellos, desayunar tranquilamente, acompañarlos al colegio e irnos trabajar. Claro, eso suena bien, pero la realidad es que no es así. Y no es así porque lo hacemos mal porque, nuevamente, nos equivocamos. Levantamos a los hijos y los estresamos, somos nosotros los que los estresamos y de verdad, ese: «Venga, venga, venga, venga», que suena en todas las casas donde hay niños es una fuente de estrés para los padres y para los hijos. No les ayudamos a ser más autónomos y a gestionar esos tiempos. Los niños necesitan un tiempo para aprender a vestirse solos. Pero, claro, es que si les ayudamos es más rápido, pues les ayudamos. Y tienen cinco años y seis, y siete, y ocho, y les seguimos ayudando. Con cuatro, con tres, se pueden vestir solos los niños. Tenemos que tener la paciencia darles el tiempo de que hagan ese aprendizaje. Entonces, ya vamos mal. A partir del momento en el que les estamos, nuevamente, sobreprotegiendo y ayudando. Momento del desayuno: «¡Ay! No, hoy quiero galletas», «¡Ay! No, quiero cereales». Todo es una discusión. «Venga, que ya es la hora. Venga, lávate los dientes», «Coge el abrigo». Realmente es algo muy estresante. Tenemos que enseñarles a gestionar ese tiempo. Con los niños el tiempo funciona de otra manera. Para ellos un minuto puede ser una hora, una hora puede ser un minuto, depende de la actividad que estén haciendo. Y pueden estar desayunando y embobarse pensando en sus cosas, y han pasado 10 minutos, y no han tomado un bocado. Claro, eso por la mañana es nefasto.

31:11

Tenemos que enseñarles ya desde pequeños a que el tiempo pasa constantemente aunque ellos no estén pendientes de ese tiempo. Los niños no están pendientes de cómo pasa el tiempo, los niños viven en el aquí y el ahora, lo cual es maravilloso, pero claro, cuando hay unos tiempos y hay que llegar al colegio a las 9.00 eso no puede gestionarse de cualquier manera. Yo les digo a los padres: «Tenemos que inventarnos, hacer una manualidad o un reloj de cartulina y hacerle unas agujas de cartón y dibujar: de las 8:00 a las 8:10 te tienes que vestir. Y ahí dibujamos la camiseta y los pantalones. Aquí, hasta las 8:20 tienes que desayunar. Y dibujamos el vasito de leche. Aquí, lavarte los dientes. Venga, cepillito. Aquí a peinarte, aquí coges el abrigo, y aquí salimos por la puerta. Y si sobra tiempo, hasta puedes ver los dibujos». Podría ser el caso, pero vamos a aprender a gestionar esos tiempos. Podemos poner alarmas con el móvil, que vayan sonando, o los relojes estos de cocina rápidos, ningún problema. El caso es que haya algo, y no nosotros, que vaya marcando los tiempos. ¡Ring! Primer sonido. «Venga, ahora a desayunar», «Venga, ahora a lavar los dientes», y tienen que ir con esos tiempos. Y si no te has vestido, ¿qué tal si llevamos al niño en pijama al colegio? No pasaría nada. Se lo explicamos al profesor: «No, es que estamos aprendiendo a gestionar el tiempo, él está aprendiendo a vestirse. Todavía hay alguna dificultad, pero no pasa nada», siempre podemos llevarle la bolsita con la ropa y se acaba de vestir en el colegio. Pero él tiene que entender que ese es el tiempo para vestirse y mañana lo hará mejor. Y pasado muchísimo mejor.

32:53

Tenemos que confiar en los hijos, tenemos que darles sus tiempos y tenemos que ser coherentes, también, con una cosa y es que a veces ajustamos tanto el tiempo: «Venga va, nos levantamos a esta hora y una y otra vez vemos que no llegamos a la hora al colegio», es que llegamos tarde tres minutos, pero es que es llegar tarde. No les estamos enseñando el valor de la puntualidad a pesar de que eso es lo que quisiéramos. Y no valoramos que a lo mejor lo que tendríamos que hacer es que se vayan a dormir diez minutos antes y levantarnos 10 minutos antes, porque esos diez minutos que necesitan de sueño, por lo tanto no se los quitemos, nos acostamos antes, a lo mejor es la gran diferencia. Vamos a levantarnos 10 minutos antes, vamos a ir un poquito más relajados porque sí, dormir es salud, pero es que el estrés que les está generando después se lo quitas con creces. Por lo tanto, no compensa y hay que, finalmente, entender que lo que estamos haciendo es educar y ahí, en esa mañana, les estamos enseñando muchas cosas.

33:51
María Sicilia. Un tema que en nuestra vida rutinaria ya se ha impuesto, que son los grupos de WhatsApp, ahora me refiero a los grupos de WhatsApp que se llaman «3º C», «2º B», «4º A», que es un horror lleno de mensajes que, además, aprovechan otras madres para meter cosas que no son. ¿Cómo gestionamos esta información continua sobre todo lo que tienen que hacer nuestros hijos y que, teóricamente, ya ha sido transmitido por el profesor, por el colegio, por los canales que ellos consideran, y que entendemos que ellos ya tienen que haber adquirido?

34:24
Maribel Martínez. Nuevamente, pensemos en términos de objetivos: ¿cuál es el objetivo de ese grupo? Todos esos padres son padres hiperprotectores que tienen muy claro que sus hijos tienen que llevar las tareas del colegio, que tienen que hacer los deberes, que tienen que aprobar, y que ellos controlan y supervisan las tareas del colegio y no quieren perderse ni un detalle de las cuestiones educativas y académicas de sus hijos. La idea podría parecer buena, ¿no? El estar ahí para que los hijos aprendan y aprueben, pero la manera en la que se hace nos equivocamos, ¿por qué? Porque al final son los niños los que tienen que gestionar su material, su agenda, tienen que hacer sus deberes y tienen que estudiar. Nosotros como padres les tenemos que enseñar todas esas cosas. Y las primeras veces que tienen deberes nos tenemos que sentar con ellos y explicarles cómo es esto de hacer deberes. Los primeros días que tienen exámenes habrá que enseñarles a hacer un examen, a estudiar, no es fácil, ¿cómo se estudia? «Pues vamos a leer, vamos a hacer un resumen, un esquema, ahora ya te lo sabes». «¡Adelante! ¡Ánimo, te irá muy bien!». E ir dejando esa distancia y que poco a poco lo vayan haciendo solos. Ya está, ahí se acaba nuestra misión, pero es como si en el fondo los padres no confiaran en los hijos. O, al menos, los tratan como si no confiaran. Con lo cual los niños reciben ese mensaje: «Claro, mi mamá está ahí pendiente de los deberes que tengo porque no confía en que yo lo apunte en la agenda». Y, además, él se acaba relajando porque: «¿Para qué voy a apuntar en la agenda si ella luego lo va a saber?» Digo ella porque, tristemente, siguen siendo las madres las que llevan estas estos grupos de WhatsApp. Ya está.

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«Y mañana tenemos examen de matemáticas, y el sábado partido de básquet». Y no lo tenemos los padres, lo tienen los hijos. Y nosotros lo único que tenemos que hacer es enseñarles a gestionar todo eso, acompañarles hasta que lo hagan de una forma autónoma. Y ese es el norte y lo perdemos. Y nos ponemos con ellos sin darnos cuenta que eso los invalida. Es ese exceso de ayuda que no ayuda. Y los niños van creciendo con esa sensación de: «Menos mal que ayer mi madre se puso conmigo a estudiar porque si no yo no hubiera podido hacer este examen». Son niños que van creciendo con miedo a los exámenes, son niños que llegan a tener ataques de ansiedad ante un examen. Y eso lo estamos viendo cada vez más, dramáticamente, ¿por qué? Porque crecen con esa constante sensación de que ellos no pueden, y se lo acaban creyendo, claro. Y los padres, no es que deseen eso, esa es la consecuencia. Eso es lo que nos encontramos. Entonces, tenemos que valorar mucho, ¿qué es lo que queremos, que sean independientes, autónomos, capaces? ¿Eso que hago yo va en esa dirección, consigue eso? Sí, estupendo, adelante, sigue por ahí. No, deja de hacerlo. Eso es fundamental, porque si seguimos haciendo más de lo mismo el resultado es más de lo mismo. Decía Einstein que la verdadera locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes. Gran verdad, pero lo hacemos constantemente, constantemente. Y en estos grupos de WhatsApp es la locura absoluta. Porque los padres constatan: «¿Ves? Mi hijo ya no ha apuntado esto, ya está. Yo tengo que seguir estando encima.

37:52
María Sicilia. No les da la oportunidad.

37:53
Maribel Martínez. Claro, claro. Los padres confirman que: «Menos mal que yo estoy aquí encima porque si no mañana el niño iría con los deberes por hacer».

38:02
María Sicilia. Sí, porque puede ser que se acuerde a las ocho de la tarde. «Bueno, pues después de cenar los haces, no pasa nada».

38:06
Maribel Martínez. O no, vas con los deberes sin hacer. Y esa es la consecuencia y mañana el profesor ya te dirá lo que tenga que decirte. Esa es la consecuencia. Finalmente, lo que decíamos antes, tienen que sufrir las consecuencias de sus actos para aprender. Posiblemente, de esa manera, al día siguiente estaría mucho más atento a anotar en su agenda cuáles son sus tareas.

38:25
María Sicilia. «Tenemos examen de Matemáticas, nos han suspendido la Lengua».

38:29
Maribel Martínez. Exacto, ese es el concepto.

38:31
María Sicilia. Estamos colgándonos…

38:32
Maribel Martínez. Claro, nosotros asumimos las responsabilidades de los hijos como si fueran propias. Perfecto. Los niños no las asumirán. Ley del mínimo esfuerzo: si otro lo hace por mí, ¿para qué lo voy a hacer yo? Y no es que los niños ahora sean peores o más irresponsables. No, lo hacemos los padres. Sin querer conseguimos eso. Como decía Oscar Wilde: «Con la mejor de las intenciones conseguimos el peor de los resultados». Y es así, sin valorar exactamente que somos nosotros quienes estamos creando esa situación.

39:02
María Sicilia. Yo he sido una niña muy miedosa de pequeña, entonces me he sentido muy identificada con muchísimas de las situaciones que me plantean. Y lo sé por otros padres, también. Hago referencia a lo que decías antes de ponerles una bombillita sin que te lo pidan. En mi casa, era la casa entera iluminada porque tenía muchísimo miedo. ¿Cómo podemos ayudarles a enfrentarse a esos miedos sin reconocer que, efectivamente, tienes que tener miedo? O sin entenderles que tengan ese miedo, ¿cómo podemos ayudarles?

39:33
Maribel Martínez. Yo creo que primero tenemos que partir de la base de que el miedo es una emoción normal, normal y saludable. Tenemos que tener miedo. Una persona que no tiene miedo es una persona peligrosa. Y tenemos que encontrar el equilibrio entre ser muy miedoso o no tener miedo y poder llegar a ser negligente, peligroso. Y ahí está ese equilibrio del valiente, del que a pesar del miedo hace, del que a pesar del miedo afronta. Y esa es nuestra misión como padres, enseñarles eso. Y ese, nuevamente es un proceso, un aprendizaje. Tenemos que entender que ese miedo es normal. Además, tenemos que entender que los niños hasta los 8 o 9 años pueden mezclar, y mezclan, lo que es el mundo imaginario y el mundo real. Lo cual está muy bien porque, claro, existen las hadas, pero también existen las brujas y, claro, eso les hace sufrir. Y ellos ven monstruos por la noche. ¿Y qué hacemos los padres? Intentamos convencerlos de que: «Oye, que no hay monstruos en tu habitación. Mira, ven, vamos a ver. ¿Ves? No hay monstruos», y eso no les ayuda nada en absoluto. Nosotros, a través de la razón, de la inteligencia, de nuestros conocimientos, intentamos transmitirle eso al niño y argumentar mucho es una de nuestras soluciones enfrentadas y que no funciona. El niño para nada deja de tener miedo porque le digamos que no tiene que tener miedo. La solución no pasa porque nosotros le reaseguremos, y que se venga a dormir con nosotros en la cama, y que nosotros seamos su elemento de seguridad, porque entonces estaremos educando en la dependencia. Estamos hablando de que el valor de la autonomía es algo que tenemos que cuidar muchísimo y, por lo tanto, la solución no pasa por los papás. La solución pasa por el aprendizaje de la gestión de ese miedo. Tenemos que ponerle nombre. Es muy importante ponerle nombre a las emociones. Los niños sienten y no saben ni lo que sienten.

41:27

Esta es otra de las misiones de los papás. «Veo que tienes miedo, veo que estás triste, veo que estás enfadado». Y es muy potente, además, para los niños ver cómo: «¡Otras! No sé ni lo que siento y mi mamá ya sabe que estoy enfadado». Entonces con el tema del miedo es muy interesante entender que no vale cualquier cosa. Finalmente se trata de gestionar ese miedo. ¿Cómo? Con juegos fáciles, sencillos, en casa. Nos ponemos a jugar al escondite. Niños que no pueden estar solos en una habitación y que están siempre en compañía de alguien y si puede ser adulto, mejor, es algo muy habitual. Y, por lo tanto, si jugando ya tienen esa experiencia emocional correctiva de: «Ostras, he estado aquí y…». Y un día y otro, aprenden finalmente a quedarse en su habitación jugando sin que eso sea un problema. Luego podemos incrementar la dificultad y hacer que la casa no esté toda con las luces encendidas, en lo que vamos a apagar alguna y habrá algunas zonas oscuras, y es más divertido, y vamos afrontando poco a poco ese miedo. Y el niño inicialmente claro que tendrá miedo y no se esconderá en esa habitación oscura, pero ha pasado por ese pasillo que estaba a oscuras, pero estamos jugando, es divertido, y es mucho más fácil. Seguramente empezará a tener esa experiencia. A veces el miedo ya es con unos límites que los juegos o estas maniobras no son suficientes y tenemos que hacer algo un poco más terapéutico, digamos. Es donde recomendamos hacer una maniobra que, en realidad, le decimos «El juego de las películas», que está basado en una técnica terapéutica para los adultos que hemos adaptado a los niños y que vestimos de juego, pero en realidad lo que están haciendo es, se podría decir terapia.

43:12

Consiste en saber muy bien, para empezar, cuáles son los miedos de los niños. Porque nosotros podemos pensar que son los monstruos, pero en según qué edades ya son unos miedos más realistas y, a lo mejor, tienen miedo a los ladrones. Este es un miedo muy habitual en los niños. Y nosotros pensamos que es a la oscuridad, pero no, es a que entren ladrones a casa, que yo esté despierto y que todos los demás estén durmiendo y, entonces, se sienten como los responsables de la familia y es algo insoportable para ellos. Y no duermen por la noche, y van corriendo a la habitación de los padres en busca de esa seudoseguridad. Tenemos que enseñarles a afrontar esas situaciones. Finalmente, piénsalo cuando tú has tenido algún miedo, y seguramente recuerdas tu miedo a la oscuridad de pequeña, que todos hemos pasado, ¿cómo la superaste?

43:59
María Sicilia. Yo creo que continuamente me ponían en contacto, o lo que me decían era: «Míranos a los que estamos alrededor que no tenemos ese miedo y no nos pasa nada». Es decir, ponerte en contacto con la realidad, supongo.

44:10
Maribel Martínez. Si pensamos en los miedos que hemos dejado atrás, los hemos superado porque los hemos afrontado. No hay otra manera, finalmente. «Tengo miedo a subir al ascensor». Tendré que acabar subiendo a un ascensor para saber que he superado ese miedo. «Tengo miedo a la oscuridad». La única manera de saber que ya lo he superado es porque puedo sostenerme estando en la oscuridad. Con los niños lo mismo y, por lo tanto, tenemos que ayudarles a afrontar y superar esa situación. El juego de las películas consiste en hacerlo primero de una forma como teórica, imaginaria, y utilizamos la imaginación de los niños que tienen mucha y le decimos: «Vamos a jugar a las películas». El niño encantado: «Venga, vamos a jugar», «Y vamos a hacer durante 10 minutos una película…». «Vamos a hacer una película, pero de terror, ¿eh? Tú vas a ser el protagonista y vamos a hacer como que está pasando ahora y, además, que va a pasar lo peor que te puedas imaginar. Es por la noche estás en tu cama, solo, oscuridad total… Todos estamos durmiendo, ¿qué es lo peor que podría pasar ahora?». El niño: «Que entren ladrones». «Vale, y entonces vamos a visualizar eso, vale, ¿por dónde entran?». «Por la ventana del comedor». «Vale, entran por la ventana, ¿y qué hacen?». «Pues vienen a mi habitación». «Muy bien, ¿cuántos hay?». Y le ponemos forma, y le ponemos cara. «¿Y cómo son?, ¿y qué llevan puesto?, ¿y llevan barba o no?, ¿llevan armas?, ¿y qué hacen?». Decir vamos a vivir esa película en primera persona y en presente. Vamos a intentar vivir el miedo y acompañándoles nosotros al lado.

45:49

Y hacemos ese guion de la película en la que el niño va afrontando con la imaginación sus peores pesadillas, fantasías, monstruos, y nosotros lo que hacemos siempre es empujarles a: «¿Y cómo sería peor todavía?». «Han entrado los ladrones, están en casa, ¿peor?». «Sí, peor». «Y entran en tu habitación, vale, ¿y peor?». «Pues, no sé, que vienen a pegarme». «Vale, ¿y cómo te pegan?». «Pues empiezan a levantar la mano…». Y, entonces, nos encontramos con la maravilla de que los niños dicen: «Y hago el salto ninja, y le bloqueo, y le tiró al suelo no sé qué, voy corriendo a buscar el teléfono, y llamo a la policía, y llamo al papá». Y están salvando a la familia, de repente son los héroes. «No, no, que estamos haciendo una película de terror. Vuelve para atrás, que no, esto no puede acabar bien, que esto es una película de terror». «Ah, vale. Bueno, pues entonces…». Y seguimos haciendo esa película. El niño está viviendo en primera persona lo que no se atreve ni a imaginar un segundo. Si tú piensas en algo que te da miedo, lo que sea, no le dedicas ni un segundo. Automáticamente retiramos eso. No quiero ni pensar en eso que me horroriza tanto. Y los niños también. Y, por lo tanto, saben que tienen miedo a que entren los ladrones a casa, pero no le dedican ni un segundo. No lo afronta ni siquiera con la imaginación. Nosotros ayudándole de esa manera, lo que hacemos es como ir inmunizándoles al miedo. Y eso que inicialmente es un monstruo muy grande, al final lo llegan a tocar y se desvanece.

47:24

Y, realmente, lo vamos viendo porque esas películas de terror inicialmente sí que les puede asustar, pero las hacemos un día y otro, 15 días después es casi hasta divertido. Y están ya preparando cuál será la estrategia cuando vengan los monstruos, o los ladrones, y de esa manera es como ellos pueden percibir esa situación que les asustaba de una manera mucho más valiente. Y eso no significa que no les dé miedo y no tengan que tener miedo a que entren los ladrones a casa, pero no de una manera que les invalide. Y mucho menos que nosotros seamos cómplices de esa situación en donde no les hemos ayudado, todo lo contrario, les hemos dicho: «No, no, la seguridad te la doy yo, si tú estás conmigo estarás bien», eso no les ayuda a crecer.

Grupos de WhatsApp del colegio: ¿a favor o en contra? Maribel Martínez
48:10
María Sicilia. Vamos con otra pesadilla a la que nos enfrentamos los padres que es la hora de la comida con los niños. La desesperación: «No te levantes, te pongo el plato esta noche…». ¿Qué podemos hacer?

48:26
Maribel Martínez. Lo que hay que ver es: ¿ese niño está sano, está creciendo normalmente? ¿El pediatra ha dicho que está excesivamente delgado y que hay que intervenir? Si no es así, no hay problema. En realidad está comiendo suficiente, somos los padres que tenemos un concepto de que la cantidad debería de ser otra. Otra cosa es la variedad que haya ahí y que sería también otro problema a la hora de la comida. Pero es muy interesante que lo que nosotros pretendemos, que es esa salud de los hijos, depende de lo que hagamos conseguimos un problema. Y que la hora de la comida sea, realmente, un desastre y que estemos ahí dos horas sentados, cansinos: «Y venga, y come y come». Ahí se da una circunstancia y es que los niños sin querer se dan cuenta de: «Anda, si yo estoy aquí dos horas con la bola y comiendo lentamente, tengo a mi mamá aquí sentada», es una manera, sin querer, de obtener un beneficio secundario. «Bueno, pues es mejor tener aquí a mamá, que terminar de comer rápido y no tenerla». Bueno, pues no les está tan mal. Claro, no les estamos enseñando que hay unos tiempos para comer, y que si no tienes hambre no hay problema cuando tengas hambre comerás. Porque ese es un principio básico que funciona, no hay ningún niño que teniendo hambre le ofrezcas un plato de verdura y no se lo coma. El niño no se puede ir a la cama sin cenar. Y si hace falta pues le hago un plato de macarrones rápido o que se coma un yogur. Con lo cual la verdura se queda ahí intacta en el plato, y el niño lo aprende perfectamente. Si me opongo me hacen otra cosa. Ya está, boca cerrada y a esperar a la alternativa, dentro de esa hiperprotección en donde no podemos ni imaginar que se vaya a la cama sin cenar el niño.

50:13

Y ahí estamos nosotros creando un problema donde no lo había. «Ah, ¿no quieres cenar? Ningún problema, mañana para comer tendrás esta verdura y tendrás tanta hambre que te la comerás muy bien. Venga, buenas noches». No hay problema, pero tenemos que confiar, finalmente, en que eso pueda ser posible y que no pasa nada, que hay margen de maniobra, pero no lo hacemos. Y, por lo tanto, el problema continúa.

50:40
María Sicilia. Muchísimas veces también nos encontramos situaciones con los niños: «Pero siéntate», «Pero estate quieto», «Pero come, no te levantes», «Los modales». Desesperante.

50:51
Maribel Martínez. Sería otro ejemplo donde repetimos lo mismo y en esa interacción nada cambia. Y no nos damos cuenta que no funciona, y por lo tanto tenemos que hacer algo diferente. Basta ya. En lugar de decir: «Siéntate, siéntate, siéntate». Está muy bien poderles decir: «Mira, me he dado cuenta, y me ha costado tiempo, ¿eh? Es que tú no necesitas silla, tú no necesitas silla. Yo estoy aquí con que te sientes… ¡Que no! A partir de ahora fuera la silla, tú a comer de pie». Es decir, esto no es un castigo, ¿eh? No es el tono de: «Pues como no te sientas, te quito la silla», y es un castigo. Esto es la alianza, esto es: «Por fin te entiendo, fuera la silla», y la alejamos bien lejos la silla y no la volvemos a poner en la mesa. Y el niño a partir de ese momento come de pie. ¿Cuánto tiempo crees que tarda en pedir a gritos la silla? Cuando la pida, le tenemos que decir que no. «¡Que no! Si tú no quieres la silla, acuérdate. Que luego te levantas, tú estás mucho mejor de pie». Cuando ya nos insiste mucho y varios días y venga, se lo concedemos. Entonces tenemos que reaccionar muy rápidamente porque es una cuestión de poquito tiempo, cinco minutos, que haga el amago ya de levantarse o de sentarse mal. Ahí es donde dices: «¿Ves?». Y entonces que él nos diga: «No, no, no, yo me quiero sentar, déjame la silla». Y ya está, ya lo hemos cambiado. A partir de ese momento ya no vale: «Siéntate, siéntate, siéntate», vale una mirada y que él reaccione».

52:22
María Sicilia. Buenos, Maribel. Hemos hablado de muchísimos temas muy interesantes. Creo que nos va a ayudar muchísimo, a mí desde luego, y a muchísimos padres. De todas formas, cada niño es un mundo, cada padre somos diferentes, es complicado, es complicado…

52:38
Maribel Martínez. Es complicado. En ningún momento me oirás decir que esto de educar hijos es fácil, ni sencillo, es muy complicado. Yo siempre digo que antes de ser madre yo pensaba que… tenía el proyecto de ser madre siempre, con lo cual siempre pensaba: «Ay, con todas las familias que yo he ayudado, el día que sea madre lo voy a hacer perfecto, yo seré una madre perfecta. Una madre diez». Y llegó mi hija y me puso en su sitio. De hecho siempre digo que antes de nacer ya me estaba enseñando cosas. Ya empezaba a vivir hasta mi embarazo con la ansiedad de que todo fuera perfecto, de que todo… Y eso es imposible. Tenemos que tener un margen de maniobra y tenemos que entender que hay cosas que no podemos controlar, y que hay unos márgenes ahí que están bien. Recuerdo cuando le ponía límites a mi hija, que era pequeña y ella se enfadaba muchísimo. Claro, como es normal. Yo me mantenía firme. Y ella me decía: «Es que eres malísima», y yo le daba la razón: «Sí, soy muy mala», pero no había opción. El límite estaba puesto y eso era lo que era. E incluso le decía: «Es que te ha tocado la peor madre del mundo». Y ella me daba la razón: «Sí, sí, eres la peor, la peor madre del mundo», y yo pensaba: «Bueno, vamos bien». Si ella piensa eso es que le estoy poniendo límites, le estoy poniendo dificultades, ella tiene que superarlas y de esta manera la estoy ayudando a crecer. Y lo bonito es que, efectivamente, crecen y con el tiempo ella entendió por qué le decía eso.

54:09
María Sicilia. Porque al final lo que consigues es que ella entienda que ese límite está puesto para que ella pueda seguir adelante. Es un poco…

54:21
Maribel Martínez. Exacto. Absolutamente necesario.

54:23
María Sicilia. Pues Maribel Martínez, me ha encantado charlar contigo. Me ha encantado esta oportunidad que me han dado de poder entrevistarte. Los temas que hemos tratado personalmente me van a servir muchísimo y a cualquier padre que lo oiga seguramente también y agradecerte este tiempo.

54:40
Maribel Martínez. Muchas gracias a ti también.