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Félix Rodríguez de la Fuente: una voz viva

Odile Rodríguez de la Fuente

Félix Rodríguez de la Fuente: una voz viva

Odile Rodríguez de la Fuente

· Bióloga

La voz entusiasta de Odile describe con admiración la vida y el pensamiento de su padre, Félix Rodríguez de la Fuente: “Es increíble pensar que fue capaz de tener pendiente a todo un país de las andanzas de un lirón careto”, explica. Odile Rodríguez de la Fuente es la hija pequeña de “Félix”, ese “Félix” que presentaba y dirigía el programa ‘El hombre y la Tierra’, y que se convirtió en patrimonio nacional para todos los españoles, marcando a generaciones enteras con su mensaje humanista y de respeto por la naturaleza. Ella confiesa ser “su fan nº1” y asegura que el mensaje de su padre está más vivo y vigente que nunca: “En estos tiempos de incertidumbre, la manera en que él entendía su relación con la naturaleza puede ayudarnos a mejorar mucho como sociedad”, afirma.

Odile Rodríguez de la Fuente ha dedicado gran parte de su vida a recopilar, divulgar y poner en valor la figura de ese hombre extraordinario que fue su padre. Presidió durante 11 años la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, difundiendo su legado naturalista, humanista y ecologista. “Mi padre convirtió a la naturaleza, y su conservación, en un fenómeno de masas. Eso es extraordinario”, añade. Como bióloga, divulgadora científica y experta en cambio climático, Odile explica las principales amenazas actuales para el medio ambiente y también algunas estrategias innovadoras para mejorar la relación del ser humano con el entorno. En 2020 publicó el libro ‘Félix. Un hombre en la tierra’, de la editorial GeoPlaneta.


Creando oportunidades

Odile Rodríguez de la Fuente

La voz entusiasta de Odile describe con admiración la vida y el pensamiento de su padre, Félix Rodríguez de la Fuente: “Es increíble pensar que fue capaz de tener pendiente a todo un país de las andanzas de un lirón careto”, explica. Odile Rodríguez de la Fuente es la hija pequeña de “Félix”, ese “Félix” que presentaba y dirigía el programa ‘El hombre y la Tierra’, y que se convirtió en patrimonio nacional para todos los españoles, marcando a generaciones enteras con su mensaje humanista y de respeto por la naturaleza. Ella confiesa ser “su fan nº1” y asegura que el mensaje de su padre está más vivo y vigente que nunca: “En estos tiempos de incertidumbre, la manera en que él entendía su relación con la naturaleza puede ayudarnos a mejorar mucho como sociedad”, afirma.

Odile Rodríguez de la Fuente ha dedicado gran parte de su vida a recopilar, divulgar y poner en valor la figura de ese hombre extraordinario que fue su padre. Presidió durante 11 años la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, difundiendo su legado naturalista, humanista y ecologista. “Mi padre convirtió a la naturaleza, y su conservación, en un fenómeno de masas. Eso es extraordinario”, añade. Como bióloga, divulgadora científica y experta en cambio climático, Odile explica las principales amenazas actuales para el medio ambiente y también algunas estrategias innovadoras para mejorar la relación del ser humano con el entorno. En 2020 publicó el libro ‘Félix. Un hombre en la tierra’, de la editorial GeoPlaneta.


Creando Oportunidades

Transcripción

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Odile Rodríguez de la Fuente. Muchas gracias. Encantada de estar aquí con todos vosotros. Me llamo Odile Rodríguez de la Fuente y soy la hija pequeña de Félix Rodríguez de la Fuente. Es verdad que hay mucha gente que piensa que, a lo mejor, ser hija de mi padre me resulta un peso, una carga, o que incluso proyecta una sombra sobre mí y sobre mi trabajo y mi individualidad. Pero siempre digo que para mí es un verdadero privilegio llevar mi apellido y ser hija de mi padre, por dos razones. En primer lugar, porque yo me confieso como su fan número uno. Para mí, mi padre, más allá de ser mi padre, profesionalmente fue un ser humano que a mí me ha influido muchísimo y que sigue siendo una fuente de inspiración permanente.

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Pero luego, porque se da un fenómeno muy curioso, que es que a mí se acercan continuamente miles de personas que me transmiten su cariño, su sentido de gratitud, también por el trabajo que hizo mi padre. Es una manera de hablar con él a través de mí. Pero claro, os podéis imaginar que soy receptora de una cantidad de energía preciosa, maravillosa, y yo siento que eso me da alas porque te hace también reconciliarte con la humanidad. Te hace comprobar que una persona como mi padre, que dedicó su vida a ser auténtico y a emprender un viaje a través de su vida, de descubrimiento, de curiosidad y de amor por la vida, con mayúsculas, y compartirlo con los demás, pues toda la gente a la que nos llegó, todavía 41 años después de que nos dejara, pues aquí estamos recordándole.

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Y entonces el poder ver esas expresiones en gente adulta, que es como si volvieran a la infancia, el brillo en los ojos, recordar, me hablan de la sintonía, me hablan de: “Ay, es que yo oigo la sintonía y recuerdo el olor de la tortilla de patatas que hacía mi abuela cuando nos juntábamos toda la familia para ver ‘El hombre y la Tierra’”. Y bueno, pues nada, hoy estamos aquí nosotros para, precisamente, hacer un poco lo que hacía mi padre, que era reflexionar sobre nuestros orígenes, de dónde venimos, quiénes somos y soñar un poco sobre nuestro futuro, cómo vamos a ser.

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Sobre todo, hoy día estamos viviendo una etapa tan compleja, con tantísimas incertidumbres, que hoy se hace todavía más importante y más presente su voz, porque su mensaje no era únicamente de amor a la vida con mayúsculas, de respeto a la naturaleza, nos hablaba de cómo vivir también, cómo estar en el mundo. Yo muchas veces digo que su mensaje era humanista, existencial y, en ese sentido, yo creo que recuperar ese tipo de voces, en estos momentos, que nos hagan buscar en nuestro interior nuestra propia fuerza, nuestro criterio para poder surcar estos momentos de tantísima incertidumbre, pues se hace más importante que nunca.

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Así que, nada, encantada de estar aquí con todos vosotros y me emociona mucho también ver que hay gente de todas las generaciones, gente que vivió el fenómeno Félix, pero también veo a gente muy joven que no lo vivió e incluso casi niños, me atrevería a decir. Con lo cual es emocionante ver cómo muchos padres, que entonces eran niños de Félix, están manteniendo vivo su legado, les hablan a sus hijos del legado de mi padre y yo creo que esa es la parte más importante de su legado, es que se propague ese mensaje.

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También me gustaría que reflexionarais conmigo sobre lo increíble que es que todo un país respondiera de forma transversal, independientemente de edad, independientemente de nivel educativo, de dónde viniese, de qué zona de España, de si eran urbanitas, de si era gente del mundo rural, de clase social. Fue un fenómeno absolutamente transversal, con lo cual eso dice mucho también sobre el público, sobre nosotros, sobre la gente, sobre todo ahora, que nos intentan convencer que lo que vende en los medios de comunicación son las cosas rápidas, fáciles de digerir y que realmente no elevan nuestro nivel cultural.

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Y en todo caso, nos mantienen así, un poco como atolondrados. Y el mensaje y la obra de mi padre, al final es que tenía todo un país pendiente de las tribulaciones de un lirón careto. Eso es extraordinario porque convirtió a la naturaleza y la conservación de la naturaleza en un fenómeno de masas. Yo se lo digo a los niños de hoy y a mis hijos, incluso, yo les digo: “Es que, como estáis vosotros ahora con las máquinas y con los juegos como el Fortnite”, me parece que ahora se lleva mucho entre los niños, “pues en nuestra época eran los cuadernos de campo, era el trote lobero, egagrópilas, se hablaba de este tipo de temas que eran los que mi padre había traído a la pantalla, a la radio, a través de los medios de comunicación, y nos hablaba de un mundo que teníamos ahí fuera, al que habíamos dado la espalda, hasta que él empezó a abrirnos ventanas hacia ese mundo maravilloso de naturaleza y de biodiversidad”.

Félix Rodríguez de la Fuente: una voz viva. Odile Rodríguez de la Fuente, bióloga
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Isabel. Hola, Odile, soy Isabel, yo soy una de esas niñas que creció con el programa de ‘El hombre y la Tierra’ y me gustaría que también nos contaras cómo te inculcó tu padre ese amor por la naturaleza.

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Odile Rodríguez de la Fuente. Pues es muy buena pregunta. Gracias, Isabel. Yo, desafortunadamente, únicamente disfruté de mi padre hasta los siete años de edad. Cuando él nos dejó, yo tenía siete años en 1980, pero luego he ido leyendo que los neurobiólogos, los psicólogos dicen que los primeros años de la vida de un ser humano son los que realmente marcan los cimientos de cómo esa persona se va a desarrollar en el futuro. Y yo tuve la fortuna de poder disfrutar de mi padre, aunque fueran pocos años, pero fueron los primeros años de mi vida y te puedo decir que la forma en que él, en casa, nos inculcó ese amor por la naturaleza, yo creo que fue a través del ejemplo, a través de como él mismo vivía la naturaleza. En mi casa era normal que pasasen animales, yo fue ya de más adulta que me di cuenta de que no era lo normal para todo el mundo. Yo pensaba que eso le pasaba a todo el mundo, pero, claro, por mi casa pasaron nutrias, un ocelote, lobos, osos, linces… de todo.

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Entonces, era una relación muy directa con la fauna, con las otras especies. En este sentido, también, como de que los seres humanos, nosotros, éramos uno más en ese teatro de la vida y de la biodiversidad, y luego, sobre todo, a través de la experiencia. Mi padre lo recuerdo como un gran cuentacuentos. De hecho, nos contaba cuentos cuando nos íbamos a la cama, le recuerdo cuando volvía de algunos viajes, como cuando volvió de Canadá, sacando de la maleta esculturas que habían hecho los inuit, los esquimales, en huesos de ballena y nos iba contando cómo vivía esta gente en el hielo y cómo hablaba el idioma secreto de la vida. Entonces, se te caía la baba, te quedabas ahí, con la boca abierta, porque además era todo en forma de cuentos. Era increíble. O salir con él al campo. Otra cosa que hacíamos también era, al alba, antes de que saliese el sol en el campo, salíamos con él y jugábamos a un juego que era adivinar las aves que veíamos.

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Y yo, con esa edad, con siete años, me sabía la guía Peterson, que es una referencia en el mundo ornitológico, de los amantes de las aves. Me la sabía de tapa a tapa y te sabía distinguir absolutamente todas las aves y, por cada ave que adivinabas, te daba una peseta. Con lo cual, tú encantado porque juntabas a lo mejor 25 pesetas y luego te comprabas tus chuches. Pero el caso es que lo convertía en un juego, sobre todo, era el estar en la naturaleza y ver la naturaleza a través de sus ojos era la bomba porque veía una perdiz y parecía que había visto un dinosaurio. O sea, imagínate la de perdices que habría visto ya mi padre, pero tenía esa capacidad de percepción que hacía que te dieses cuenta de cosas que, a lo mejor, no te habías dado cuenta. A veces tienes intérpretes, incluso de arte, de obras de arte, vas con alguien que entiende a un museo y te habla del arte de una manera que te hace entenderlo de una manera totalmente diferente. Y así es cómo era mi padre. Entonces, yo creo que era sobre todo por su ejemplo y por hacer una inmersión con él, de su mano, en un mundo que estaba lleno de estímulos, de estímulos sensoriales, de estímulos intelectuales, que ponía en marcha tu curiosidad, que te hacía hacer cada vez más y más preguntas. Eso le encantaba, que hiciésemos preguntas, y él nos preguntaba mucho también a nosotras. Es curioso porque no era nada dogmático. Hay gente que a lo mejor se imagina que al ser un hombre muy popular, pues que, a lo mejor en casa, era un poco como un profesor y que daba lecciones y decía… Para nada, era otro niño. De hecho, mi padre era una especie de niño en piel de adulto.

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Hacía mucho pandilla, como decía él, con nosotras, con los perros, y le encantaba preguntarnos cómo veíamos el mundo. Le gustaba muchísimo el universo infantil genuinamente, porque nos pasa a muchos adultos, ahora que yo ya tengo hijos, me doy cuenta de que estamos mucho tiempo con nuestros hijos, más que, por ejemplo, el tiempo que pasó mi padre con nosotros en casa. Pero sin embargo no es tiempo de calidad, en el sentido de que nos distraemos mucho con los móviles, con el trabajo, y siempre lo hacemos todos, lo hago yo con mis hijos. “Ay, no me molestes que estoy trabajando ahora, o ponte la televisión”. Y, sin embargo, mi padre cuando estaba, estaba totalmente y al cien por cien, y le recuerdo como una persona que de verdad quería saber y quería ver el mundo a través de nuestros ojos.

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Es como algo que le reconfortaba, le recordaba a su propia infancia y yo creo que también le desestresaba. El mundo infantil muchas veces es tan auténtico, tan real, tan pegado a la realidad, que pone en un segundo plano todo lo que puede ser preocupaciones que nos vamos creando los seres adultos. Así que yo creo que mi padre nos contagió por contagio y, valga la redundancia, por estar con él, por su forma de percibir la vida y la realidad y por poder hacer con él una inmersión en la naturaleza de una forma completa, con todo tu ser y con todos tus sentidos.

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Luis. Hola, soy Luis. Siguiendo tu introducción extraordinaria, yo, amigo del amigo Félix, veo un variopinto público. Soy, creo, el mayor de todos. Entonces desde mi juventud, seguí tanto ‘El hombre y la Tierra’ como ‘Planeta Azul’, pero siempre he tenido un cosquilleo de saber cómo era Félix de niño, de joven, y me gustaría que nos contaras algo, si es que puedes tener memoria de aquello. Memoria, no, pero que te han contado su historia.

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Odile Rodríguez de la Fuente. Pues sí. Bueno, Luis, has dado en un clavo fundamental en la vida de mi padre, porque, afortunadamente, él mismo nos habló muchísimo de su infancia. Las grabaciones de radio, que hay más de 300 horas grabadas en la radio, hay una parte muy importante que es autobiográfica y él habla de su infancia, tened en cuenta que él nació a final de los años veinte. Entonces, los pueblos no eran como hoy día que estamos sufriendo este fenómeno de la España vaciada, eran pueblos que estaban, de verdad, vivos y palpitantes, y tuvo la fortuna de vivir en lo que yo considero que era algo semejante, probablemente, a una tribu, porque eran los pueblos pequeños, en este caso, en Castilla y León, en la provincia de Burgos, el pueblo Poza de la Sal. Un pueblo eminentemente de pastores y, claro, pueblos en los que todo el mundo se conocía.

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Entonces, tenían localizado al hijo del notario, que iba con el hijo del no sé quién y que formaban una pandilla que, de hecho, la pandilla de mi padre se llamaba, imaginaos, la pandilla de “Dios te libre”, imaginaros cómo tenía que ser esa pandilla de niños, y con esa red de seguridad exploraban el entorno, que también era mucho más silvestre y salvaje de lo que es hoy día, que tenían a su alrededor. Tenían esa capacidad de poder adentrarse en el gran desconocido que era la naturaleza. Además, coincidió que su padre no creía en una escolarización temprana en primer lugar, pero luego ya cuando se hizo ese primer amago de escolarización, con 7 años, estalla la Guerra Civil, con lo cual se dejan de impartir cursos en el colegio del pueblo y entonces, hasta los 11 años, no se escolariza.

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Esto es algo que mucha gente no sabe, que una persona tan conocida como llegó a ser mi padre y que destacó tanto intelectualmente y como orador, es un niño que no se escolariza hasta los 11 años de edad. Vivió una infancia, como él mismo decía, libre y montaraz. Y yo creo que esto también nos puede hacer reflexionar conjuntamente sobre el enfoque que le estamos dando la educación. Estamos muy obsesionados con que los niños vienen vacíos de fábrica, nacen como vacíos, tabula rasa, y que aquí estamos encargados los adultos y los profesores de irles metiendo toda esa información en la cabeza. Y, sin embargo, la raíz etimológica de la palabra educar, que es ‘educere’, quiere decir acompañar. Y acompañar con el sentido intuitivo de que el ser humano parte con un sentido también casi de la ética, de la moral, de lo correcto y una sabiduría propia, interna, que se va forjando con la experiencia y el educador debe de acompañar en ese proceso.

Félix Rodríguez de la Fuente: una voz viva. Odile Rodríguez de la Fuente, bióloga
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Entonces, yo creo que realmente, como creía mi propio padre, que el fenómeno Félix se forja en la infancia y en los primeros años de vida de mi padre, por esa infancia libre y montaraz, por estar acunado por la naturaleza y poder desarrollar completamente ese sentido innato de curiosidad, no tener ideologías o que le adoctrinaran, sino el poder desarrollarse completamente y de una forma integral, porque no solamente era intelectualmente, sino que era emocionalmente, eran todos sus sentidos, era todo su ser, en definitiva. Fue un niño, además que se enamoró, se enamoró de la naturaleza y de la vida. Y, luego, yo creo que una vez que ya le mandaron a un internado con once años, que también le vino muy bien porque fue la otra cara de la moneda, pero luego estudió, él fue médico, estudió medicina, se especializó en estomatología, pero yo creo que el resto de su vida siempre buscó esas emociones, aquellas sensaciones que había vivido como niño, y luego tuvo la valentía de arrojarse a la aventura en su propia vida y de asumir riesgos siendo fiel a sí mismo y a su propia vocación.

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Entonces es una historia muy interesante, el tipo de infancia que tuvo, para realmente forjar su autoestima, su sentido de criterio también, que es algo muy característico de mi padre. Cómo una persona en una España que todavía estaba en el franquismo, después de una guerra tremendamente difícil, que tenía la relación que tenía con la naturaleza, recordad para los más jóvenes que en aquella España existía la Junta de extinción de animales dañinos, y sin embargo, en aquel contexto, el empezar a ver que eso no estaba bien, que las aves de presa eran importantes, que el lobo cumplía una función importantísima en los ecosistemas, que debíamos de cambiar nuestra relación con la naturaleza, para eso hay que tener, primero, criterio, porque es ir un poco en contra de lo que la sociedad y la cultura de ese momento esperaba, y luego autoestima para decir: “Oye, yo tengo la fuerza para tirar por algo en lo que creo”, y yo creo que todo eso se lo dio la naturaleza.

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La naturaleza, al fin y al cabo, es lo que somos y yo creo que cualquier persona, cualquier niño que tiene una relación profunda, un vínculo profundo con la naturaleza, gana muchísimo en todos los sentidos, en todos los atributos humanos que nos hacen profundamente humanos en el mejor sentido de la palabra.

18:13
Carolina. Hola, Odile, tú sueles decir que tu padre te ha inculcado una serie de valores muy importantes para tu vida, ¿cuáles son esos valores? ¿Nos puedes contar?

18:24
Odile Rodríguez de la Fuente. Muchas veces digo que el mensaje de mi padre, por supuesto, es de una importancia trascendental, pero a mí me llama muchísimo la atención la propia vida de mi padre, cómo él vivió su vida. Para mí, a título personal y en términos de valores y de principios, es absolutamente ejemplar y es un legado muy personal para mí, es de lo que más me alimento yo a título personal. ¿Y en qué sentidos? Pues he mencionado antes, en primer lugar, el ser fiel a uno mismo.

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Yo creo que vivimos en una sociedad y, además, cada vez más, donde parece que hay que pertenecer o a alguna ideología política, o a alguna religión, o a algún grupo, o a alguna moda o ser de una determinada manera. Y desde muy pequeña, yo tengo un sentido de perspectiva que yo creo que yo mamé desde la infancia en mi casa por mi padre y por mi madre, porque mi madre también es muy así, de, en primer lugar, darte cuenta de lo que significa estar vivo. El haber experimentado la muerte de mi padre a la edad a la que lo experimenté me hizo también apreciar que esto es efímero, que en cualquier momento cualquiera de nosotros nos podemos ir y que esto es absolutamente extraordinario, el poder estar vivo y el poder vivir plenamente, y a veces hay que pararse, no experimentar una situación límite, como le pasa a gente que tiene la mala fortuna de tener enfermedades terminales para darse cuenta de lo que uno quiere hacer con la vida, sino realmente, como ejercicio, pararse y decir: “¿Qué quiero hacer yo con mi vida?, ¿qué tipo de partido le quiero sacar yo a esto?”.

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Eso por un lado y luego, por otro lado, el darte cuenta de que estamos viviendo aquí y ahora, pero, como nuestra sociedad, ha habido muchas otras sociedades anteriores a la nuestra, digamos, en la historia de los últimos diez mil años, que es más o menos a partir del Neolítico. Pero la historia del Homo Sapiens es de alrededor de doscientos mil años. Pero con eso, darte la perspectiva de que las cosas que te son dadas, las creencias, la cultura en la que tú creces, está construida por otras personas como tú, que cometen errores también, y que tú tienes el derecho y la obligación de cuestionarte las cosas y de contribuir a que el común, que, entre todos, vayamos construyendo una sociedad mejor. Entonces, eso, yo tuve la fortuna de tener el ejemplo de mi padre, que fue una persona que hizo eso, que contribuyó realmente a que fuésemos una sociedad mejor en España, en cuanto a la relación que teníamos los españoles con el entorno, y, desde luego, creo que fue un cambio, sin duda, a mejor. Nos hizo mejores personas y para mí eso es un ejemplo de valor, de principio, que me gustaría también inculcarles a mis hijos, también de seguridad en uno mismo.

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Yo recuerdo a mi padre, como os he dicho antes, no era una persona dogmática, era una persona que siempre te preguntaba: “¿Tú qué opinas? ¿Tú que piensas?”. Y que, si yo decía que me iba a subir a la punta de un árbol, mi padre no me decía: “No, no, no, que te vas a caer”, decía: “¿Pero tú crees que puedes hacerlo? ¿Crees que te vas a caer o lo vas a hacer?”. “No, no, no. Yo creo que puedo hacerlo, no me voy a caer”. “Bueno, pues venga”. Asumir tú también tus responsabilidades, conocer tus límites. Es decir, iba, sin darse cuenta, generando también esa seguridad, esa confianza en uno mismo, que me parece que es un valor importantísimo, y más hoy día, con estas incertidumbres. Te empoderaba y eso yo creo que también lo hizo con su audiencia. Por supuesto, todos los valores relacionados con la vida, con el darme cuenta de que yo soy mucho más que un individuo, de que en realidad soy la continuidad de la naturaleza. Yo soy naturaleza, yo soy las estrellas, el universo, la existencia, yo soy la conciencia de todo ello. Con lo cual, te sientes, por un lado, enorme, infinita, pero, por otro lado, también la humildad de sentirte muy pequeñito al lado de todo ello y sentir una enorme responsabilidad precisamente por ser consciente, por ser un ser vivo que utiliza la conciencia y la inteligencia. Y eso nos dota de una responsabilidad de cara al resto de seres vivos, para su custodia y para el trato que tenemos hacia las otras formas de vida.

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Y la generosidad, en último lugar. También me gustaría destacar de la vida de mi padre, que es algo que me sorprende muchísimo, yo ya, como adulta, porque voy entendiendo diferentes cosas de mi padre a medida que me voy haciendo adulta también. Y hay una cosa que me llama mucho la atención, sobre todo cuando me he empezado a meter ya en la dinámica de trabajo y en mi carrera profesional, que era la capacidad que tenía de hacer tanto, y en no muchos años, además, porque, realmente, su carrera profesional fue de unos quince, veinte años máximo. Estuvo muy comprimida, pero produjo muchísimo, una cantidad ingente de obra, obra audiovisual, obra radiofónica, obra editorial, juegos, colaboraciones con ONG.

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Fue muy activo también en la protección de espacios y de especies. Realmente hizo muchísimo trabajo y yo me pregunto a mí misma cómo era capaz de hacer tantísimo trabajo en paralelo, y luego, además, sobre todo, de mantener esa fuerza, mantener esa pasión y de ser tan positivo, porque él tuvo también que luchar contra muros, contra incomprensiones, contra muchos prejuicios establecidos. Y yo creo que hay una faceta, también, que me parece un valor maravilloso, que yo a veces la llamo generosidad. La generosidad del que no tiene miedo, del que fluye con la vida porque sabe que la vida le va a dar todo lo que necesita y que cuanto más se deje llevar y se meta, de verdad, en el flujo del acontecer de las cosas, más le va a beneficiar la vida. Yo creo que muchos de nosotros y de la sociedad en general está muy regida también por el miedo, por el miedo a la pérdida, por el miedo a que pasará, a la guerra. Siempre pensando en lo peor. Y cuando uno empieza a tener confianza y empieza también a fluir un poco más con las cosas, yo creo que en los momentos mejores de nuestra vida, los que recordamos como los momentos más felices, son momentos en los que fluíamos, un poco como los surfistas también, que es un deporte que me encanta, por cierto, y muchas veces un buen profesor de surf te dice: “No, no, no, es que te estás esforzando demasiado, tienes que aprovechar las corrientes, saber leer el mar, saber leer las olas y las corrientes para, con el mínimo esfuerzo, aprovecharlas y fluir con ellas”.

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Entonces, yo creo que eso es un poco el ejemplo de mi padre. Mi padre supo cómo, aprovechando sus dones, que tenía unos dones extraordinarios, y las corrientes del momento, mucha confianza en sí mismo, mucha generosidad, que todo lo que él sentía, todo lo que él vivía, toda esa pasión que ocurría en él, compartirla con los demás, y se vio enormemente recompensado porque gran parte de la magia de su poder de comunicación, yo creo que reside en su autenticidad y en que se daba y se entregaba completamente. Y lo que contaba era porque creía en ello firmemente. Bueno, de hecho, tampoco hay mucha gente que sepa que no hacía guiones para ‘El hombre y la Tierra’, que todos los programas de radio eran improvisados, completamente improvisados.

26:40

Él se sentaba con una cuartilla en el estudio de grabación de la radio y simplemente, empezaba a hablar y a hacer garabatos. Y tenía la capacidad de poder crear la arquitectura perfecta de la historia que estaba contando con todos los hilos argumentales, asociar ideas totalmente diferentes y de disciplinas totalmente diferentes, hilarlas en un cuento, que además enamoraba y seducía, y luego aterrizar perfectamente cuando acababa la media hora de grabación. Tenía un don especial, pero yo creo que también tenía que ver con que lo estaba ejercitando. La mente es como un músculo también, porque uno no puede improvisar de la noche a la mañana si no lo hace y lo va ejercitando. Y hoy día, creo que estamos poniendo mucho más peso en los miedos que en el potencial que todos tenemos y que yo creo que mi padre demostró que el creer en ese potencial te puede llevar a lugares inimaginables.

27:43
Diego. Hola, Odile, soy Diego, me encanta la fotografía de fauna y me gustaría saber qué es para ti la naturaleza.

27:52
Odile Rodríguez de la Fuente. Bueno, Diego, gracias por la pregunta, me encanta verte aquí también, porque eres un joven y, como sabes, mi padre creía muchísimo en la juventud y realmente, vosotros vais a ser los que vais a tener que afrontar la situación tan compleja que os hemos dejado las generaciones anteriores. ¿Qué es para mí la naturaleza? Pues la naturaleza para mí es todo. Es absolutamente todo. Yo no me podría imaginar la vida sin naturaleza. Yo me veo realmente como una continuidad de la existencia, porque es que la naturaleza, para mí, es mucho más que lo vivo. Es un baile, es un fenómeno, con un impulso creativo increíble, que establece una relación entre lo vivo y lo inerte y que, a través de miles de millones de años, ha creado una riqueza, una diversidad, una belleza, es una fuente de inspiración permanente. Es algo a través de lo que me entiendo mejor a mí misma, es algo que me aporta muchísima paz, muchísima serenidad. Pero también es lo que respiro, es lo que como, es lo que soy. Es que no lo entiendo como algo ajeno a mí, es lo que soy. Y por eso a mí me ocurre algo que yo creo que cada vez le está ocurriendo a más gente, que cuando veo la destrucción, el desinterés, la contaminación a la que estamos sometiendo al planeta, a la vida, a mí me duele, me duele en mis entrañas. Yo siento como que me ocurre a mí. Es como decir: “Pero ¿cómo podemos estar haciéndonos esto a nosotros mismos?”. Porque realmente es como escupir contra el viento. Nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Y, al otro lado, el dar ese pasito es una pequeña diferencia de perspectiva, el dar un paso a un lado y el abrirte a la naturaleza, la diferencia cualitativa es tan extraordinaria. Tu vida mejora en todos los sentidos. Es como estar en la cárcel o ser libre. Y ser libre y pleno para desarrollarte plenamente y muchísimo más feliz. Eso es lo que es la naturaleza.

Félix Rodríguez de la Fuente: una voz viva. Odile Rodríguez de la Fuente, bióloga
30:27

La naturaleza es la casa, es la madre, es la llave hacia todo nuestro potencial. Entonces, a mí me gustaría hablarles a los jóvenes como un universo al que algunos todavía no se han asomado, que les va a ayudar a liberarse completamente de muchas cadenas que sienten que pueden tener, que eso pasa mucho con la juventud y que además es que tiene que ocurrir, es la etapa de la rebeldía, es la etapa donde, de repente, cuestionas un poco lo que te han enseñado a lo largo de tu infancia, las creencias de tu cultura, de la sociedad. Bueno, pues en esa etapa la naturaleza es fantástica porque es la que te puede, de verdad, ayudar a encontrar tu inspiración y tu criterio para cuestionarte esas cosas con perspectiva, y ver en qué dirección deberíamos de reenfocar todo esto.

31:26

Y ahí la juventud juega un papel fundamental, en dotarnos a toda la colectividad de esa fuerza y de esa energía disruptiva que necesitamos, porque los mayores estamos mucho más llenos de miedos que la juventud. Y los mayores ya estamos para compensar, si esa energía se desborda, ya estamos para dotar de un poquito más de poso y de sabiduría y de experiencia a esa otra energía. Pero yo creo que en lugar de que esa energía tan bonita se pierda en una rebeldía sin causa, que no nos lleva a ningún lado, que sea una rebeldía, pero con causa y bien enfocada. Y ahí los jóvenes se pueden alimentar de la naturaleza.

32:11
Paula. Hola, Odile. Yo, con esto que decían de los jóvenes, te quería preguntar porque he leído que eres la impulsora de campamentos de verano para jóvenes que llevan el nombre de tu padre. Y me gustaría saber un poco más sobre estos campamentos, pero también preguntarte si crees en la importancia de que haya más educación medioambiental hoy en día.

32:34
Odile Rodríguez de la Fuente. Fenomenal. Pues sí, efectivamente, tenemos los campamentos Félix Rodríguez de la Fuente, que llevan funcionando, yo creo, que cerca de once años. Y están campamentos para más niños, que va de ocho a catorce años, y los niños están diez días, duermen en tiendas de campaña y es precisamente esa experiencia de inmersión en la naturaleza. Es dormir y ver las estrellas por la noche, escuchar los sonidos de las aves nocturnas, todos los sonidos de la noche. Es sentir la naturaleza, bañarse en los ríos y luego además tener muchísimas actividades también didácticas, cómo funcionan los ecosistemas, distinguir diferentes aves, diferentes animales. Luego tenemos una edición para más mayores, que es de catorce a diecisiete años y hacen una etapa del Camino de Santiago. Bueno, una no, porque son diez días, o sea que hacen diez etapas. A veces las adolescencias son complicadas, es una parte complicada de nuestras vidas, de las vidas de todos nosotros, y yo creo que una experiencia como el Camino les ayuda y, por lo menos, en lo que nosotros hemos visto en pasadas ediciones, el estar rodeados de naturaleza, pero también de cultura, y ese punto humanista de crecimiento personal que representa el Camino, en ese momento de las vidas de los chicos, es algo enormemente constructivo y productivo para ellos.

34:08

¿Y cómo habría que introducir la naturaleza en la educación? Pues fíjate, a mí me parece que habría que introducirla de tal manera que, con la educación ambiental, no es suficiente. Llevamos ya, afortunadamente, varios años de educación ambiental, que creo que ha tenido un enfoque demasiado intelectual, en el caso de mi padre, que os conté que tuvo una infancia en la que no se escolarizó hasta los once años, diez, once años, yo creo que demuestra que la naturaleza tiene que ser, en primera instancia, experimentada, tiene que llegar a través del corazón, de los sentidos, de las emociones, del alma, y una vez que estás atrapado ya por el abrazo de la naturaleza, entonces tu propia curiosidad te hace querer saber más: “¿Cómo funciona esto? ¿Qué es esto?”. Entonces, ahí sí puedes complementar. Pero la entrada no puede ser desde el ámbito intelectual, tiene que ser desde el experiencial. Pero, dentro de la educación, yo creo que para poder afrontar esta situación tan crítica en la que estamos actualmente, tiene que haber un cambio de paradigma profundo que afecta a diferentes áreas del saber. Y una de esas áreas es la educación, porque seguimos con el mismo modelo educativo que se utilizaba en el siglo XIX y que estaba orientado básicamente para la Revolución Industrial. O sea, era para hacer ciudadanos que pudiesen luego introducirse en un modelo muy determinado que es el modelo industrial.

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Y, sin embargo, ahora tenemos que promover que las nuevas generaciones piensen de una forma enormemente creativa, disruptiva, innovadora, con mucha confianza también en sí mismos, los niños, fomentar esa confianza en uno mismo. Y yo he pensado que, me lo he imaginado, lo he soñado, qué maravilla que la educación estuviese centrada desde infantil en la historia de la vida. Pero ¿qué cuento hay más extraordinario que el cuento de la vida? Contarles cómo se formó el Sistema Solar, cómo se formó el planeta, hace 4500 millones de años, cómo se formó la Luna, que es un trozo del planeta, cuándo empieza la vida, cómo son esas primeras formas de vida, qué es la vida, que es algo que todavía, a día de hoy, no sabemos, definir exactamente cómo empezó la vida y qué es la vida. Y luego todo lo que ha ido ocurriendo a lo largo de la historia de la vida es tan maravilloso y que ese fuese el eje vehicular de toda la enseñanza, y, alrededor de eso, se puede poner matemáticas, se puede poner historia, se puede poner lengua, alrededor de ese eje, pero habría que impregnar a las generaciones futuras de ese sentido de pertenencia profundo a un fenómeno absolutamente extraordinario, único, que sepamos, desde su primera infancia. Y así se fomentaría el vínculo, el respeto, el asombro y eso tendría que estar integrado de forma troncal, como digo, dentro del nuevo modelo educativo.

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O sea, que ni siquiera estoy hablando de algo en los márgenes. Estoy hablando de que todo el modelo educativo gire alrededor del conocimiento de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos como parte de ese fenómeno vital.

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Lucía. Hola, Odile, me llamo Lucía y como bióloga me gustaría preguntarte cuáles son las principales amenazas en el medio ambiente y qué podríamos hacer como individuos y como sociedad para mejorar la situación.

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Odile Rodríguez de la Fuente. Desafortunadamente, aunque yo soy una persona optimista y me gusta siempre ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, eso no quita el que seamos realistas. A mí me duele muchísimo que en los medios de comunicación no se esté hablando más en una situación verdaderamente crítica de la temperatura del planeta, y fíjate que encima tenemos lo del cambio climático. Pero la situación del fenómeno vital a nivel planetario es francamente preocupante. Para tratar de resumírtelo, debo decirte que, en primer lugar, los científicos han decidido ya que hemos inaugurado una etapa geológica bautizada con el nombre de Antropoceno. Esto es porque el impacto de los seres humanos, ahora mismo, es el mayor agente de cambio a nivel global en la biosfera y en lo que es el sistema vivo de la Tierra. Lo que se argumenta es realmente cuándo empieza la Antropoceno, algunos dicen que, con la Revolución Industrial, otros dicen que, durante la gran aceleración, que fue después de la Segunda Guerra Mundial, en los 50, que es cuando de repente todo tiene un crecimiento exponencial.

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El caso es que estamos en una etapa que se llama Antropoceno, cuando salimos del Holoceno, que era la etapa geológica que empezó cuando terminó la última era glacial y que ha sido la etapa geológica con las condiciones climáticas más estables que ha tenido el ser humano y gracias a la cual hemos podido tener este extraordinario desarrollo de la historia de la humanidad. Eso, por un lado. Por otro lado, somos nosotros los culpables de haber puesto en marcha, por mucho que haya gente llamada negacionista, pero de esto no hay absolutamente ningún lugar a dudas, un cambio climático, un cambio climático que a día de hoy no sabemos a dónde nos va a llevar. Se están haciendo cosas al respecto. Como sabréis, tuvo lugar la cumbre de París en el 2015 y desde la ONU, pues hay diferentes lugares de estudio donde todos los científicos del mundo, todos los ‘papers’ que se publican, son estudiados y analizados para realmente emitir dictámenes y estudios sobre diferentes temas, sobre el estado de la biodiversidad, como es el IPBES, por ejemplo, que es el Panel Intergubernamental para los Servicios Ecosistémicos o el IPCC, que es el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático.

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Y todos ellos van creando informes que luego, en estas reuniones, diferentes cumbres de la ONU, es donde se analizan y se llevan a los políticos para decir: “Oiga, tenemos que hacer algo”. Porque lo que no podemos es ante grandes problemas globales, como es la situación de la biodiversidad y la situación del cambio climático, es tratarlos por separado, tratarlos desde el punto de vista político, económico, de esto me interesa a mí, esto no te interesa a ti. Esto tenemos que tratarlo como una especie única y a nivel global. Y en ese sentido, la ONU, aunque tiene muchas cosas que hay que cambiar evidentemente y que hay que mejorar, pero es una plataforma idónea desde la que empezar a trabajar en estos problemas globales. Yo, desde luego, tengo muchísimas esperanzas puestas en este organismo. Entonces tenemos el problema del cambio climático que, gracias a la cumbre de París y a los compromisos que adquirieron todos los países del mundo, vamos a intentar que para el 2030 y para el 2050 reduzcamos la emisión de gases de efecto invernadero, pues a la mitad en un caso y que sean netas, de cero, de forma neta, para el 2050.

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El caso es que no vamos bien. Hay una cosa que se llama el ‘carbon tracker’, que está midiendo, según los compromisos de cada uno de los países, cómo vamos, y no llegamos, vamos muy mal. Con los compromisos adquiridos, que se supone que son la bomba, la subida de temperatura va a ser probablemente de tres grados. Y tres grados puede ser catastrófico. Y la gente piensa a veces, dice: “Oye, pero es que el cambio climático, que suba un grado y medio o dos, ¿qué quiere decir? ¿Que haga un poco más de calor en verano? ¿Que haga un poquito más de calor en invierno? Tampoco es para tanto”. Claro, esto es una medida global. Eso quiere decir que, en algunos lugares, como en los polos, esto se multiplica por tres, porque hay un efecto, en los polos, que es muchísimo más acrecentada esa subida de temperatura. Y esa subida de temperatura a nivel global significa el ir acercándonos a lo que se llaman puntos de inflexión, que son puntos que una vez los cruzamos, se ponen en marcha bucles de retroalimentación positiva, que ya, hagamos lo que hagamos, imagínate, dejamos de emitir totalmente, radicalmente, ya no se puede frenar.

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Es una cosa que se nos ha ido de las manos. Es como una pescadilla que se muerde la cola y lo que los científicos no quieren es que lleguemos a esos puntos de inflexión y estamos ya en un grado coma dos. O sea, que imaginaos, no vamos bien. Para el 2030, que no falta nada, que falta nada, se supone que vamos a reducir en la mitad la emisión de gases de efecto invernadero y todavía, a día de hoy, seguimos subiendo todos los años, incluso con la pandemia que ha hecho que se parara toda la actividad económica. Es decir, los cambios que vamos a tener que hacer son radicales. Pero luego la pérdida de biodiversidad, que es la otra cara de la misma moneda, porque todo está interconectado, es dramática, hasta el punto de que estamos sumidos en una sexta gran extinción masiva.

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La tasa de extinción es mil veces lo que debería ser de forma natural. Estamos perdiendo biodiversidad a un paso agigantado, pero luego tenemos una acidificación de los océanos del 30 por ciento. Hemos perdido cerca de la mitad de los corales por el tema del blanqueamiento. Y hay un problema también que a mí me llamó muchísimo la atención. Hay un fenómeno que se llama ‘Shifting Base Syndrome’, que es el síndrome de la base cambiante. Eso quiere decir que cuando tú naces, como tenemos unos cerebros tan flexibles, para ti, tu punto de referencia es la naturaleza o el entorno tal y como lo has conocido cuando tú has nacido. Y en todo caso, puedes tener la referencia de tus abuelos que te decían: “Bueno, es que esto era así cuando yo era niño”. Pero realmente, hoy día, dicen los científicos que estamos viviendo un 10 por ciento de lo que debería de ser la naturaleza. Imaginaos. Hasta la naturaleza más silvestre, esos paseos que te puedas dar en parques nacionales, en lugares que dices: “Estoy en un lugar salvaje”, es el 10 por ciento de la naturaleza a nivel planetario de lo que debería de ser si no estuviésemos aquí los seres humanos. El impacto es dramático y realmente el problema ya no es por la naturaleza, esto también es importante, cuando os hablaba antes de perspectiva, tenemos que darnos cuenta de que nosotros no somos diferentes de la naturaleza, no estamos por encima de la naturaleza, no tenemos que salvar a la naturaleza. A mí me parece que eso es una perspectiva profundamente errónea. ¿Por qué? Porque el planeta y el fenómeno vital es mucho más de lo que nos podamos imaginar.

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Lo que es dramático, para mí, es que este gran parto de la vida, que es la conciencia, pueda desaparecer y pueda estar en riesgo. Y es paradójico que la propia vida, a través de ese gran parto, que es extraordinario, sea la peor amenaza para la vida. Que nosotros seamos los que estamos poniendo en jaque a la propia vida. Entonces yo muchas veces digo que es un cambio de perspectiva en el sentido de que tenemos que dejar que sea la naturaleza la que nos salve a nosotros, el reconectar con ella, el religarte a tu verdadera esencia es lo que nos puede ayudar a desarrollarnos en todo nuestro potencial y en ese revincularnos con la naturaleza y encontrar nuestra verdadera naturaleza de forma asociada e indirecta, la naturaleza se encontrará bien. Yo creo que ahora mismo la naturaleza está en el estado en el que está, porque nosotros como especie somos una especie que está enferma.

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Yo le diría a la gente que saliera a la naturaleza todo lo que pueda y, sobre todo, que intente arreglarse desde el punto de vista del crecimiento personal y luego, a título colectivo, yo creo que, entre todos, tenemos que cambiar el paradigma. No podemos seguir con este mismo paradigma, hay que cambiar el modelo socioeconómico. Parece que en la economía ya se está empezando a hablar de una economía circular. Bueno, eso tiene sentido porque es algo que imita a la propia naturaleza. En la naturaleza no hay basura, todo se utiliza y se reutiliza y se reintegra. Nosotros deberíamos hacer lo mismo. En el mundo de la economía hay propuestas maravillosas. Lo bueno de esto es que, aunque no se hable en los medios de comunicación, hay una verdadera revolución silente que está teniendo lugar desde el punto de vista de la innovación. Hay propuestas muy interesantes, biomiméticas y sistémicas, desde todos los campos del saber, desde el mundo de la arquitectura, por ejemplo, se está hablando de arquitectura que imita a cómo construyen las termitas los termiteros, que es de forma natural, pueden mantener la temperatura y la humedad, que sean mucho más eficientes energéticamente hablando. Se está hablando, por ejemplo, dentro del mundo de Internet es lo que nos permite coordinarnos, y esto lo hemos visto con la pandemia, cómo hemos llegado a la solución de una vacuna en un tiempo récord. Esto ha sido gracias a la existencia de Internet. Esto nos permite a todas las mentes bien pensantes a nivel planetario organizarnos y, ante una situación de emergencia, realmente producir innovación y dar lugar a ese cambio que tiene que tener lugar para proponer un nuevo modelo socioeconómico que, sobre todo, esté mucho más integrado en la vida y donde la vida sea el eje, como hemos hablado antes de la educación, sea el eje de absolutamente todo.

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Álvaro. Al hilo de lo que nos acabas de contar, en la gran mayoría de tus conferencias sueles hablar de dos conceptos que son muy importantes, que son el ‘rewilding’ y la biomímesis. ¿Podrías explicarnos un poco lo que es?

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Odile Rodríguez de la Fuente. Pues sí. Te agradezco la pregunta porque va muy al hilo de lo que habíamos dicho antes y esto forma parte de esa revolución innovativa que está teniendo lugar, todas las cosas nuevas y totalmente disruptivas que están saliendo. Dos de ellas son la biomímesis, que es algo que a mí me apasiona, y el ‘rewilding’. La biomímesis realmente es algo que los seres humanos hemos hecho desde tiempos inmemoriales, que es buscar en la naturaleza inspiración, porque la naturaleza, como hemos dicho también a través de miles de millones de años de prueba y error, pues prácticamente lo ha inventado todo. ¿Por qué no mirar en esa enorme e infinita biblioteca de Alejandría para buscar ideas e inspiración ante problemas y retos que tenemos encima de la mesa?

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Entonces eso, como digo, lo hemos hecho porque hemos imitado, cuando se quería volar, imitábamos a los pájaros o Leonardo da Vinci, por ejemplo, en el Renacimiento era muy biomimético, pero realmente, actualmente, hace unos años se estableció una ciencia con ese nombre, biomímesis, que fue una mujer llamada Janine Benyus, la que es un poco la madre de esta nueva ciencia, y lo que hace es que, de una forma muy científica, estudia desde la forma a la función, a cómo los sistemas están integrados y cómo funcionan, para aplicar eso como innovaciones, pues ya sea al mundo de la tecnología o a cualquier otra área en la que se puede innovar. Te voy a dar un ejemplo maravilloso, que es el ejemplo de un ingeniero japonés que tenía el reto, frente al diseño del tren rápido en Japón, de tratar de minorar los efectos secundarios que tenía el que el tren fuese a las velocidades a las que iba, a 300 y pico por hora o así, cuando entraba en un túnel. Cuando entraba en un túnel, cambiaba la densidad del aire y se producía como una especie de estallido y vibraba todo el tren y luego se perdía velocidad también. Entonces este hombre, que era un aficionado ornitólogo, pensó: “Bueno, ¿y cómo es la cabeza del Martín pescador?”. Que claro, cuando tiene que cambiar de elemento, porque pasa del aire al agua, apenas salpica, entra perfectamente en el agua para poder coger el pez y no pierde casi velocidad, o sea, lo hace de la manera más eficiente.

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Y entonces aplicó la forma de la cabeza del Martín pescador a la cabeza de los trenes. Y a partir de ese momento no solamente no producía el estallido, no vibraba el tren y se hizo mucho más eficiente energéticamente el tren, porque gastando menos energía llegaba a velocidades más altas. Esto es un ejemplo. El velcro es otro ejemplo. Eso se sacó de unas semillas que se quedan enganchadas al pelo de los perros y, a partir de la forma de esa semilla, se inventa el velcro. Por ejemplo, estos son algunos ejemplos o la economía circular, que imita cómo funciona la energía y la materia en los ecosistemas, que es circular. Y es una forma maravillosa, yo creo, de integrarnos nosotros en los ecosistemas. ¿Cómo podemos los seres humanos formar parte del gran sistema vivo del planeta Tierra? Y una de las maneras es ser más biomiméticos, porque no hay nada más eficiente, más creativo, que la propia naturaleza, y eso es lo que busca la biomímesis.

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Y luego, ‘rewilding’. ‘Rewilding’ es algo también muy interesante. Yo formo parte de una fundación a nivel europeo que se llama Rewilding Europe. Y lo que busca este movimiento dentro del ecologismo, la conservación, este movimiento dentro de tratar de poner remedio a la destrucción que hemos causado, es, en lugar de acercarnos a un ecosistema, decir: “Bueno, vamos a conservarlo”, que es un poco lo tradicional, “vamos a convertir esto en un parque nacional o en un parque natural y vamos a protegerlo, vamos a poner una serie de leyes para tratar de conservarlo”. Lo que hace es decir: “Es que hemos deteriorado tantísimo los ecosistemas”, lo que os contaba antes, que estamos disfrutando el diez por ciento de lo que debería de ser la naturaleza, “que lo que vamos a hacer es estudiar los pocos ecosistemas maduros que nos quedan”, maduros es decir, que han llegado ya por sucesión ecológica a un estadio de equilibrio, “y ver cómo funcionan esos ecosistemas maduros y tratar de extrapolar ese conocimiento, esas piezas que faltan en un ecosistema incompleto, irlas introduciendo para ir llevando ese ecosistema a un estatus de madurez, de una cierta madurez. ¿Por qué? Porque un ecosistema, al final, va desde los depredadores que están en la cima y que son clave porque tienen un efecto en cascada, sobre todo el ecosistema, hasta las redes fúngicas que hay en el suelo y que conectan a todos los árboles formando casi un organismo único en un bosque. Entonces realmente es todo el compendio de microorganismos, de plantas, de hongos, y cuanta más diversidad hay, más resiliencia hay y más servicios ecosistémicos están prestando los ecosistemas. ‘Rewilding’, lo que trata de hacer es recomponer, es devolver la salud a los ecosistemas que han perdido piezas restituyendo esas piezas. A ti.

54:57
Luis. Hola, yo te quería preguntar cuál era tu opinión de las necesidades que tiene la zona rural y si los han apoyado en época de pandemia

55:06
Odile Rodríguez de la Fuente. El mundo rural para mí es apasionante. A mí me parece que, gracias al mundo rural, todavía tenemos un cordón umbilical con la naturaleza, porque en el mundo rural se vive de la naturaleza, se mantiene un diálogo permanente con los seres vivos, con el clima, se conoce de verdad con la Tierra y se conocen los ‘tempos’, y uno está inmerso y, en ese sentido, entiende el idioma de la naturaleza, también. Yo tengo mucho respeto a la gente de mayor en el mundo rural, que, de repente, te dice: “Uy, mañana llueve”. Y hay un sol que te mueres y tú estás diciendo: “¿Qué? Pero bueno…” Y resulta que va y llueve. O sea, es gente que tiene una sabiduría y una forma de entender también las señales, que nosotros en el mundo urbanita hemos perdido totalmente esa capacidad de percepción, de lectura y de interpretación. Entonces, solamente por eso y por ese acervo cultural, me parece que es importantísimo el mundo rural en sí mismo. Pero luego, también porque allí se producen nuestros alimentos y me da mucho miedo la visión industrial de la producción primaria, la que va hacia la cantidad, la que prima la cantidad por encima de la calidad, la que le resta el mimo y la relación humana y la artesanía que hay detrás de hacer nuestra comida y nuestros alimentos, y se convierte en algo que es como una máquina, maquinaria totalmente.

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Pero no solamente porque nos alimentamos de eso, sino porque está sobradamente demostrado que la forma de producción intensiva es la que más deteriora el entorno. El suelo tiene un impacto también de cara al cambio climático, la emisión de gases de efecto invernadero, también la ganadería intensiva. Y como vamos a tener que hacer una transición, dentro de esa transición, yo creo que vamos a terminar por empezar a reconocer ese acervo cultural que hay en los pueblos y una forma de hacer agricultura y ganadería ecológicas, regenerativas, que es la que se ha hecho de toda la vida, de toda la vida, porque nuestros bisabuelos utilizaban los restos de los caballos, del burro y de la vaca para abonar la tierra, y todo era circular y todo se reutilizaba y nada se tiraba. Entonces, yo creo que, poco a poco, en esa transición, vamos a ir reconociendo y vamos a dar lugar a que se mantengan muchos de estos trabajos de producción primaria en los pueblos.

57:51

Estamos viendo también un nuevo movimiento muy, muy interesante, que es el de los nómadas digitales, que a mí me apasiona, que son jóvenes que deciden, son nómadas, deciden, dicen: “Bueno, yo me voy a poner el mundo por montera”. Y en lugar de, como cuando nosotros éramos jóvenes, que nos decían: “Tú estudia y luego te metes a trabajar en una empresa y en esa empresa te jubilas, básicamente”. Pues ahora hay jóvenes que están estudiando y dicen: “Bueno, es que yo quiero viajar y yo quiero hacer surf a la vez que trabajo y soy un diseñador gráfico. ¿Por qué no me cojo el ordenador y me pongo a viajar por el mundo y hago mi trabajo online?”. Entonces también hay zonas rurales que están creando centros de ‘networking’ y de ‘coworking’, que es para que la gente pueda ir en un pueblo y tener una fotocopiadora, tener a un grupo de gente de otros jóvenes trabajando, pues resulta que uno es arquitecto, el otro es diseñador, el otro es publicista y todos hacen una pequeña comunidad y pasan a lo mejor seis meses viviendo en una zona del mundo. Luego empaquetan la maleta y se van a otra zona del mundo. Esto me parece maravilloso porque nos habla de esa nueva sociedad del futuro, esa capilaridad, también, de cómo vamos a tener una mentalidad global, pero muy asentada también en lo local. Y también habla del futuro de lo rural, de que no necesariamente vamos a tener que estar todos centrados en las ciudades, que continuarán existiendo porque tienen sus funcionalidades, pero el mundo rural es también enormemente necesario y tiene funciones muy importantes.

59:23

Y yo creo que vamos a empezar a ver una emigración inversa, ahora, gracias a Internet principalmente.

Félix Rodríguez de la Fuente: una voz viva. Odile Rodríguez de la Fuente, bióloga
59:31
Josefina. Hola, Odile. El año pasado escribiste un libro sobre el legado de tu padre. Me gustaría que nos hablaras de él. Y también otra pregunta. Tu padre creo que se adelantó a su época, ¿qué pensamientos vigentes hoy en día tienes de él?

59:57
Odile Rodríguez de la Fuente. Pues sí, efectivamente, el año pasado, el año de la pandemia, saqué un libro junto a GeoPlaneta llamado ‘Félix, un hombre en la Tierra’. El caso es que GeoPlaneta, que es una editorial maravillosa, se acercó a mí el año anterior, en el 2019, y me propuso la idea de hacer un libro sobre mi padre para el aniversario, para el 40 aniversario. Y yo, a priori, la verdad es que no lo veía muy claro porque ya se ha escrito bastante sobre mi padre, se han hecho varias biografías y se han hecho documentales sobre su vida y obra. Y además me da un poco de pudor, decía: “Pero ¿qué puedo escribir yo sobre mi padre?”. Me resultaba un poco… Pero ellos, como buenos profesionales, insistieron y me dijeron: “Bueno, tú piénsatelo, puedes escribir lo que quieras. Un libro pequeño, de pocas páginas, grande…”. Me quedé yo con la gaita. ¿Qué pasa? Que como os he dicho antes, yo soy la fan número uno de mi padre, conozco muy bien su obra y es verdad que yo había una cosa dentro que tenía cuando voy a dar charlas sobre mi padre en diferentes lugares, me da la sensación de que, con el tiempo, estos cuarenta años, que no han pasado en vano, se va desdibujando un poquito el recuerdo y nos vamos quedando casi como con una caricatura de mi padre, en el sentido de “el amigo de los animales”, que fue un gran divulgador, que nos habló de la naturaleza, pero no mucho más. Y yo, que conozco muy bien su obra, sé que mi padre fue un filósofo, fue realmente un agitador de conciencias.

1:01:29

Y claro, yo pensaba: “Esto hay que sacarlo, porque estamos viviendo un momento tan complejo ahora mismo, con tantas incertidumbres, que es que nos hace falta la voz de mi padre recordándonos algunas cosas que nos ayudan a encontrar nuestra propia fuerza y que son muy humanistas”. Y haciendo este libro, claro, me he dado todavía más cuenta, aunque yo ya lo conocía, que efectivamente mi padre era un hombre totalmente adelantado a su tiempo, porque aparte de hablarnos de energías renovables, aparte de hablarnos de economía circular, aparte de hablarnos de biomímesis, estamos hablando de los años setenta, pero dice, no con esas palabras, pero él dice: “La naturaleza ya lo ha inventado todo. Lo único que tenemos que hacer es aprender de ella”. Blanco y en botella. Y así muchísimas cosas.

1:02:21

Es que hasta habla de Internet, cuando Internet no se había inventado. Pero él habla de que vendrá un momento en el que la humanidad habrá llegado a un punto en el que se podrán comunicar todos los cerebros a nivel global de forma instantánea en el tiempo. Pues tampoco le puso nombre, pero eso es básicamente lo que es Internet. Y, sobre todo, ¿qué podríamos extraer? ¿Qué me parece que es más importante para poder aplicarlo hoy día? Pues lo que más le agradezco a mi padre leyendo el libro, viendo su obra, es cómo él pretendía empoderar a su audiencia. O sea, una persona que, por otro lado, era muy respetada, era superpopular, era la persona más popular de la época, y nunca se colocaba en un pedestal. Claro, a veces lo comparas con algunos movimientos ecologistas de hoy y que son muy de juzgar, de: “Nosotros estamos haciéndolo bien, tú lo estás haciendo muy mal”. Él nunca juzgaba, o sea, él se metía en la bolsa, decía: “Estamos cometiendo un error, no estamos yendo en la dirección correcta”. Él se hacía uno más con toda la gente, no se separaba, no juzgaba, y luego seducía. Es que lo que hacía era conseguía cambiar mentalidades, corazones, a través de la seducción, porque enamoraba a la gente de la naturaleza. Los niños queríamos ser como él, queríamos vivir la vida como él, apasionadamente y conectados con la vida, con asombro y admiración por la vida.

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Y siempre le decía a la gente, a los niños, “estudiad mucho, formaos mucho, porque el mundo en el que vivimos está muy orientado a manipular, a sacaros partido y tenéis que ser vosotros los que decidáis por vosotros”, cosa que también en aquella época, tener esa lucidez, me parece increíble. Pero es que hoy día, más que nunca, la cultura de la manipulación y sobre todo del estar agobiados de tanta información. Estamos tan saturados de información que perdemos un poco el compás de qué es lo que es importante y qué es lo que no es importante. Y en ese sentido, yo creo que el hecho de que estemos aquí hoy sentados, compartiendo, aprendiendo los unos de los otros, pero sobre todo recordando a mi padre 41 años después de que nos haya dejado, nos habla de la importancia de su legado, que tiene que ver, precisamente, con ese empoderamiento, con ese viaje que tenemos que hacer, del que él nos hablaba, nos hablaba de la nueva conciencia.

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Él soñaba, el creía profundamente en la humanidad. Nunca tiró la toalla, aún con todo lo malo que veía de lo que éramos capaces, él siempre pensó que nuestra especie era una especie extraordinaria y que esto formaba parte del viaje, del viaje de despertar, del viaje de darnos cuenta hasta qué punto podíamos llegar metiendo la pata y que, en ese sentido, teníamos que aprender de los errores, pero que teníamos que hacer todos el viaje juntos, que tenía que ser algo integral, absolutamente pacífico y algo que nos empodere, que nos demos cuenta de que el cambio que tenemos que hacer va a ser para que podamos desarrollarnos en todo nuestro potencial. Y por eso me alegro de que hayamos hablado hoy aquí de mi padre, y de que le recordemos y que nos ayude todavía, a día de hoy, a continuar con ese camino en estos momentos tan complejos. Gracias.