¿Es bueno hacer los deberes con los niños?

Silvia Álava

· Psicóloga educativa

Especialista en Psicología Educativa y Psicología Clínica y de la Salud, Silvia Álava es autora de libros como "Queremos que crezcan felices", "Cuentos para comer sin cuentos" y "La psicología que nos ayuda a vivir”, donde proporciona recursos y pautas que aplica en su experiencia clínica como terapeuta especializada en psicología infantil. Firme defensora de la autonomía de los niños, Silvia Álava reclama el derecho al error en el aprendizaje y la superación de miedos y desafíos. Entre otros temas, explica por qué los padres deberían limitar su participación en los deberes de los niños, cómo afrontar la ansiedad ante un examen o evitar la sobreprotección. Además, proporciona claves para que los niños desarrollen relaciones basadas en la confianza y la igualdad, así como el rechazo a conductas machistas.


Creando oportunidades

Silvia Álava

Especialista en Psicología Educativa y Psicología Clínica y de la Salud, Silvia Álava es autora de libros como "Queremos que crezcan felices", "Cuentos para comer sin cuentos" y "La psicología que nos ayuda a vivir”, donde proporciona recursos y pautas que aplica en su experiencia clínica como terapeuta especializada en psicología infantil. Firme defensora de la autonomía de los niños, Silvia Álava reclama el derecho al error en el aprendizaje y la superación de miedos y desafíos. Entre otros temas, explica por qué los padres deberían limitar su participación en los deberes de los niños, cómo afrontar la ansiedad ante un examen o evitar la sobreprotección. Además, proporciona claves para que los niños desarrollen relaciones basadas en la confianza y la igualdad, así como el rechazo a conductas machistas.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:15
Chus Plaza. ¿Cómo nos puede ayudar la psicología a los padres de hijos adolescentes?

00:19
Silvia Álava. Pues yo creo que la psicología puede ayudar en muchas cosas a los padres que tenéis hijos adolescentes. Lo primero de todo, a entender muy bien qué es lo que está ocurriendo en la adolescencia porque, la verdad, es que siempre nos han explicado muy bien los cambios fisiológicos hormonales que se producen pero lo que nunca nos cuentan son los cambios psicológicos que ocurren en la adolescencia. Y en la adolescencia, en cuanto se empieza a liberar la quispeptina, toda la hormona que empieza a disparar todos los caracteres sexuales secundarios también conlleva una serie de cambios mentales y de cambios psicológicos. Así, por ejemplo, cosas que ya te has dado cuenta incluso con tu niña de doce, con la de dieciséis ya lo vas a tener clarísimo, que es: se potencia mucho el sentido crítico. Antes, todo lo que tú decías parecía, ¿no?, que no se cuestionaba, y ahora qué les pasa, que empiezan a cuestionarlo y empiezan a desarrollar un sentido crítico mayor y dicen: “Ah, ¿y por qué? ¿Y por qué es esto?”. Sí, ¿no? Incluso, a veces, ya te miran un poco como diciendo “Sí, ya, ¿no?”. Otra cosa que también les ocurre a nivel psicológico pues, por ejemplo, se potencia mucho ese sentido crítico y eso hace que desarrollen un sentido, a veces, idílico de la justicia. Cuántas veces tus hijas, Chus, te han dicho: “No es justo, mamá”.

01:24
Chus Plaza. Sí.

01:24
Silvia Álava. Y yo creo que todos los padres que tienen hijos adolescentes se han encontrado con esa frase. ¿Qué les ocurre? Que como se ha potenciado mucho el sentido crítico, pero les falta todavía mucha experiencia vital, pues les lleva a veces a, directamente, a defender posturas que son como muy idealistas que dices: “Bueno, esto…” En cuanto vas creciendo te vas dando cuenta pero a ellos les falta todavía esa experiencia vital. Otra cosa que les ocurre es que empieza a estar especialmente sensible la importancia del grupo. El mundo se amplía, antes era papá y mamá, ¿no? Tu hija de doce años, hasta casi casi antes de ayer su mundo erais vosotros y ahora, ¿qué es lo que pasa? Que es realmente muy importante la relación que va a construir con los iguales. El mundo se amplía, también cambia el modelo a seguir. Siempre decimos que los niños aprenden por modelado y que su principal fuente de aprendizaje son los padres. Cuando llega la adolescencia el modelo fundamental son los amigos, son los iguales, son cantantes a veces, YouTubers, otras cosas ahí que van encontrando por ahí, pero siguen necesitando a los padres y siguen necesitando que los padres estén ahí.

02:23
Chus Plaza. Fíjate, a mí me llama la atención lo del modelaje porque yo tengo dos hijas que se llevan cuatro años y medio entre ellas y cada una, dentro de que viven dentro de la misma casa y sus padres son los mismos, son totalmente diferentes.

02:35
Silvia Álava. Pues, sobre todo, con el desarrollo mucho de la neurofisiología aplicada y todas las técnicas de neuroimagen, que nos dicen que también durante la adolescencia hay un montón de cambios cerebrales que explican muy bien lo que les ocurre a los chavales y a las chicas, ¿vale? ¿Y qué es lo que ocurre? Que sabemos que cuando el niño nace, pues los primeros seis años de vida son fundamentales y en eso insistimos mucho los psicólogos, porque es cuando el cerebro se está formando, se están formando todas las conexiones sinápticas… Pero luego hay un segundo momento, un segundo periodo, que es vital, que es la adolescencia. Porque es cuando el cerebro se reorganiza, el cerebro tiene que empezar a ser un órgano mucho más potente, los axones se van a recubrir más de mielina para poder hacer las transmisiones más rápido y se hace un proceso, a veces, de poda sináptica de lo que no vale, lo superfluo se va eliminando. Por eso seguramente hay veces que te los encuentras que dices: “Pero a esta hija mía, ¿qué le ha pasado? Está como empanada”, ¿no? Entre comillas de, “esto antes no le pasaba”. Pues puede tener esa explicación también neurocientífica. Pero es muy interesante saber que ese proceso se produce desde atrás hacia adelante, ¿vale? Empezamos desde la zona de atrás del cerebro hacia adelante. Y esta zona de delante que es el lóbulo prefrontal, es la zona que regula las emociones y que regula la conducta, y que regula, un poquito, el comportamiento. Y es la que es especialmente sensible a todo el tema emocional, muchas veces también a la presión del grupo, por eso se nos ocurre que los adolescentes son tan, tan emotivos. Y son muy emotivos por dos cosas, porque tenemos ahí toda la carga hormonal que está sobreexcitando el sistema límbico que es el responsable de las emociones, junto con esta zona del cerebro que es el lóbulo prefrontal que es la que luego regula las emociones, pues todavía no está del todo madura. Por eso, también, otra de las cosas que has visto es que de repente tienen unas reacciones emocionales como súper intensas, que te quedas como diciendo: “Pero esto no era para tanto, ¿no? Está haciendo como teatro”. No, no hacen teatro, esto ocurre por eso que estamos contando.

04:24
Chus Plaza. Y comentabas, también, el tema de las amistades que creo que en esta fase de su vida es súper importante. ¿Hasta qué punto puede influir…? O, nosotros como padres, ¿podemos recomendarles ciertas amistades o no?

04:39
Silvia Álava. Tenemos que entender que para un adolescente los amigos son fundamentales. Luego hay que entender que tener un vínculo con un grupo y tener ahí un grupo de iguales y la relación con los padres va a ser muy importante. ¿Por qué? Primero porque el cerebro, cuando estamos con los iguales segrega oxitocina, que eso hace que nos pongamos, además, contentos. Además por un tema también de inversión a futuro, porque tú piensa, las relaciones más importantes que estableces en tu vida las estableces con la gente que es, más o menos, ¿no?, pareja a ti en edad. Y ellos llegan a la adolescencia y, entonces, miran hacia el futuro. Y ahí tenemos que convencerles muy bien de cómo es el grupo que tienen. Pero lo que no va a funcionar es llegar y decir: “Mira, yo creo que esta amiga o esta, en concreto, no son buenas amigas para ti”. O prohibirles, en determinado momento, ir con una chica o con un chico determinado. ¿Por qué? Porque eso muchas veces lo que provoca es el efecto contrario. Basta que te lo prohíba para que lo intentes más. Entonces, es mucho más interesante si vamos trabajando con ellas, pero no solamente con la de dieciséis, ¿eh? Incluso con la de doce, el concepto de la amistad. Qué es lo que es importante para ti en una amiga, qué son las buenas amigas, qué son los buenos amigos. Ir pensando, diciendo un amigo es una persona que me ayuda, también, a crecer, a crecer como persona, a ser mejor. Si a veces me estoy juntando con un grupo de chicos o de chicas que lo que me impulsa es, en lugar de crecer como persona, pues es hacer ahí alguna trastada, ¿no?, alguna, ya no travesura sino meterme en problemas pues eso es lo que podemos ir trabajando con él o con ella. Se trata más de que ellos lleguen a la propia conclusión a que se lo demos hecho y le digamos: “Este amigo no, esta amiga no”. Porque eso va a ser contraproducente.

06:11
Chus Plaza. Es verdad que, a nosotros personalmente, con nuestras hijas y, además en los dos casos y en momentos totalmente diferentes, nos ha pasado esto, ¿no? El encontrarnos por el camino con alguna amistad que hemos considerado que en ese momento no era buena, o bien para la personalidad de nuestras hijas o porque considerábamos que no era el momento. Y, bueno, pues lo hemos tratado de diferentes maneras y sí que es verdad que nos pasaba un poco lo que tú dices, ¿no? Que es como que somos los malos de la película, que no lo entendemos… En un momento dado, odiamos a su amiga en concreto o a su amigo… Y no sé si esto es lo habitual o es que lo estamos haciendo mal de base. Entonces te encuentras un poco perdido.

06:48
Silvia Álava. Pero yo te diría, Chus, yo creo que lo estáis haciendo bien. O sea, la adolescencia es una época lo suficientemente importante como para que estemos todavía vigilando qué es lo que está ocurriendo. Es verdad que no estás tan encima como cuando los niños son pequeños pero tienes que estar viendo por el rabillo del ojo. Entonces, cuando tú ves que hay determinados niños, determinadas niñas, determinados grupos que no son una buena influencia, lo que tienes que hacer es trabajarlo, exponérselo, pero no desde ese punto de vista de: “Estos no nos gustan, entonces prohibido ir con ellos”. O, “Búscate otros amigos”. Porque ahí se va a provocar todo el efecto que decíamos antes de justamente el contrario, de: lo prohibido es lo que más atrae. Sino, ir trabajando en primer lugar, que vayan siendo capaces de ser asertivas y decir con independencia del grupo en el que estés tú eres capaz de decir qué es lo que quieres, qué es lo que piensas, qué es lo que opinas y tienes que ser capaz de defenderlo aunque el grupo no esté de acuerdo con eso. Y eso se va trabajando con los niños desde que son pequeños. Y, luego, lo que hablábamos antes de trabajar mucho ese sentido de la amistad para que ellos se vayan dando cuenta, o ellas se vayan dando cuenta que, a lo mejor, la opción que tenían con estas amigas no es la más correcta. Y una cosa fundamental, y es que los padres tienen que aprender muy bien a morderse la lengua, porque cuando vengan y se vayan dando cuenta, y nosotros les vayamos dando pistas de lo que estamos diciendo, si llegamos con la típica frase de: “Ya te lo decía yo”, la hemos liado porque entonces es como: “Vale, ya no te vuelvo a contar nada, mamá”. O sea lo que necesitan ahí un poco es decir: “Ah, bueno”, pues comprenderles, escucharles y hacerles ver, un poco, la situación.

08:17
Chus Plaza. Ya. En el caso de mi hija la mayor, por ejemplo, sus amigas son las de toda la vida del cole, o sea, desde chiquititas a la misma clase, ha habido incorporaciones nuevas pero bueno. Mi preocupación este año, por ejemplo, es que la de doce años, dentro de que está en el mismo colegio, le han cambiado de clase, con lo cual, dentro de que mantiene a sus amigas de siempre, de los tres añitos, claro, su grupo se está ampliando de otra manera. A mí eso, como madre, me preocupa. O sea, me preocupa el que no tenga afianzado un grupo de amigos a estas edades.

Silvia Álava con Madre
08:46
Silvia Álava. Pero yo creo que ahí, Chus, tenemos que relativizar mucho porque tenemos que entender muy bien cómo va el concepto de la amistad con los niños. Cuando los niños son muy pequeños, primero de todo, juegan junto a otros niños, ni tan siquiera juegan con ellos. Luego los amigos son circunstanciales, son el niño que te han puesto al lado con el que compartes el pupitre, con el que está en tu clase. A partir de los ocho años ya hay una selección más en función de las características y, luego, es a los doce cuando realmente van a afianzar el grupo de amigos. Que no pasa nada si a los doce años todavía no tienen un grupo afianzado. Hemos dicho que en la adolescencia, hemos comentado antes todos los cambios psicológicos, cerebrales que ocurrían y es cuando ya se empieza a formar mucho más la personalidad. Entonces, hay veces que justo los niños con los que tú vienes desde infantil, desde los tres años, pues se van desarrollando y van teniendo una personalidad bastante parecida con la que puedes ser muy afín y continúas con ese grupo. Y hay veces que tienes niños que, a lo mejor, llevan con ella desde los tres años que tú ya conoces a las madres y a los padres que dices, bueno ya tenemos incluso nosotros como adultos, ese vínculo. Y llega la adolescencia y toman caminos, ¿no?, completamente separados y dices: “Esto ya no tiene mucho sentido”. Entonces, no te preocupes porque a los doce años se pueda incorporar gente nueva porque muchas veces ocurre. Y ocurre porque los chavales, las chicas, los chicos, maduran en esa edad y no todos maduran ni lo hacen en la misma dirección.

10:01
Chus Plaza. Silvia, una cosa muy importante, también, es la comunicación, independientemente de que sean hijos adolescentes o no, es la comunicación en casa. Es verdad que entrar en unas edades en las que hablábamos de las amistades, de los novietes que pueden llegar en cualquier momento. ¿Cómo hacemos para que esa comunicación fluya habitualmente? Porque es verdad que ellos se re… un poco tiran de sus amigos, ¿no? Para que sigan teniendo la confianza para contar las cosas en casa, en bueno, en que sepan que nos tienen ahí de apoyo para cualquier cosa.

10:31
Silvia Álava. Yo creo que eso es importante sobre todo, Chus, como tú bien has dicho, trabajarlo en todas las edades. No podemos pretender empezar a tener una comunicación buena y favorecer un buen clima de confianza cuando llega la adolescencia. Si no lo hemos hecho de pequeños pues ahí nos va a costar mucho más. Pero lo primero que tenemos que establecer es un clima de confianza donde vean que se puede hablar de las cosas y de todas las cosas. Y, además hay que reservar un tiempo y un espacio, porque muchas veces nos paramos a analizar y dices, es que en el día a día vamos tan rápido de una actividad extraescolar a otra, ahora estudia, ahora un examen, ahora tal que, ¿cuándo hemos tenido tiempo para hablar? Entonces, una de las cosas que solemos recomendar los psicólogos, precisamente es, vamos a intentar que por lo menos una de las comidas, generalmente suele ser la cena porque la comida suele ser en el colegio, los adultos suelen estar en el trabajo, pero que la cena sea todos juntos y así reservamos ese espacio para hablar. Y si queremos que esté un espacio reservado para hablar tiene que ser todos juntos sin dispositivos electrónicos, es decir, con la tele apagada y que los teléfonos, las tabletas, los ordenadores, también se queden fuera. Y una cosa fundamental: escuchar. Y escuchar es más difícil de lo que parece porque cuando decimos que estamos haciendo una escucha activa significa que yo me olvido de mí y que solamente me centro en ti. Y que, además, tú te estás dando cuenta que tu hija de dieciséis o tu hija de doce, se está dando cuenta de que en este momento, en el mundo, tú solamente las estás escuchando a ellas. Que no hay ninguna otra cosa que te interese más. Entonces, esto hay que practicarlo porque si lo vamos practicando va a ser mucho más probable que nos cuenten cuando tienen un problema en el grupo de amigos o cuando tienen un problema con los novietes, que con dieciséis años, pues es una cosa que puede ser bastante habitual.

12:08
Chus Plaza. De hecho, el otro día nuestra hija mayor nos preguntaba: “Mamá, ¿tú cuando empezaste a salir con papá se lo contaste a…?” A mi madre, ¿no? Y yo: “Sí, sí”. Y claro, yo creo que no. Pero a mí me gustaría que ahora, después del tiempo mi hija tuviera la confianza de decirme: “Mamá, me he dado un beso con un chico”, o “He quedado para salir”, ¿sabes? Entonces, ese es el miedo que, como madre, no sabes si cuentan contigo o te estás enterando la última de la historia, que puede ser. Por mucha comunicación que haya en casa, ¿eh?

12:34
Silvia Álava. Pero es muy buen síntoma que ya te haya preguntado y te haya dicho: “Oye, ¿tú cuando empezaste a salir con papá…?”. Ya estoy cogiendo, ¿no?, como pistas de espérate a ver si ha sido muy pronto, a ver si ha sido muy tarde… Porque uno de los errores que cometemos muchas veces es llegar y decir: “A ver, no, es que nosotros de adolescentes éramos perfectos. Sacábamos todo sobresalientes. ¿Chicos? Bueno, bueno, ni los mirábamos”, ¿no?

12:53
Chus Plaza. No era mi caso.

12:54
Silvia Álava. “Y nosotros éramos…” Entonces, claro, a veces les estamos imponiendo un modelo que dices es que es imposible que puedas llegar a ese modelo. Entonces, vamos a empezar a tener una conversación lo más cercana posible y, sobre todo, no juzgar. Porque si nos están contando algo y lo primero que me sale es: “Uf, esto fatal, eso no, eso tal…” Te lo van a dejar de contar. Entonces, hay que dejar de juzgar para observar y escuchar más.

13:15
Chus Plaza. Y en cuanto a la convivencia, sobre todo la mayor, que está más en una edad de que en algún momento se eche noviete, el tema de las redes sociales, el tema que vemos tan a menudo en la televisión de esa presión que sienten por los chicos, porque se miran el móvil… ¿Qué pautas les debemos dar a estas edades en ese sentido?

13:36
Silvia Álava. Yo creo que es muy importante ir trabajando con ellas, pero desde que son pequeñas, no solamente desde los dieciséis años…

13:41
Chus Plaza. Sí, un poco lo estamos…

13:42
Silvia Álava. …el concepto de amor, ¿no? Qué es amor y qué no es amor. Porque13:42 en esta edad todavía se tiene un montón de lío en la cabeza y, sobre todo, se tiene todavía como muchos cuentos, ¿no? Y muchos mitos de, pues por ejemplo, una de las cosas que circula entre los adolescentes que es problemático y que hay que trabajarlo: “No, es que está bien que sea celoso porque eso significa que le importas y que te quiere”. No, perdona, que sea celoso es un problema. Si una persona te quiere te va a respetar, va a respetar lo que tú hagas y vas a poder hablar, vestir y hacer lo que tú quieras. Todo ese tipo de cosas o los mitos del amor romántico, que tiene que venir un príncipe…

14:19
Chus Plaza. Un príncipe azul.

14:19
Silvia Álava. …en el caballo a salvarte. No, tú te salvas por ti misma. Hoy en día las mujeres estamos perfectamente preparadas y podemos hacer prácticamente lo mismo que cualquier hombre. Entonces, no tienes que esperar que nadie venga a salvarte, ni tener ese príncipe. Este tipo de ideas hay que trabajarlas con las niñas desde que son pequeñas porque si no luego llega la adolescencia, entran todos esos mitos del amor romántico con la revolución ahí un poco hormonal que se tiene y, pues en ocasiones, nos meten en algunos pequeños follones y, a veces, incluso no son tan pequeños.

14:50
Chus Plaza. Sí. Y luego algo que, bueno, que nos quita… O que en algún momento no muy lejano nos ha llegado a quitar el sueño en casa es el tema de las ansiedades. Sobre todo enfocado al tema de los estudios. En el caso de nuestra hija mayor, es una niña que necesita dedicarle mucho tiempo a los libros y el rendimiento hay veces que no es todo lo bueno que ella espera con respecto al esfuerzo que ha tenido. Con lo cual eso, al final, es frustrante para ella, baja su autoestima y nos hemos visto en situaciones bastante complicadas de no saber cómo tirar de ella hacia arriba, ¿sabes? Por mucho ánimo que le estuviéramos dando.

15:29
Silvia Álava. Yo creo que ahí va a ser fundamental centrar, sobre todo, la importancia del esfuerzo. Si tú te has esforzado vamos a estar contentos con el resultado aunque el resultado, a lo mejor, no haya sido tan brillante. Porque sí que es verdad que no les puedes pedir a todos los niños lo mismo, y que hay niños que para sacar un nueve a lo mejor han estado estudiando media hora y que otros para sacar un cinco le han tenido que dedicar muchas horas. Si nosotros ponemos el foco en: tú te has esforzado y lo has hecho lo mejor posible. Cuando somos capaces de darnos cuenta de que yo lo hice lo mejor posible nos sentimos bien. Por eso es muy importante poner siempre el foco en el esfuerzo. En el esfuerzo que tú has hecho para sacar esa nota y que te sientas satisfecha si tú crees que lo has hecho lo mejor posible.

16:10
Chus Plaza. ¿Cómo podemos apoyar a nuestros hijos en un momento puntual de ansiedad? Me refiero a un momento puntual, la víspera de un examen. La víspera o dejándoles en la puerta del colegio de: “Mamá, no me sé nada. No puedo respirar porque me falta el aire”. Porque con mis hijas en algún momento lo hemos vivido y es de: “Ostras, es que caigo por un pozo sin fondo. Dios mío, ¡qué miedo!”.

16:32
Silvia Álava. El tener ansiedad ante un examen es una cosa que es muy, muy habitual. De hecho, hay chicos y hay chicas que se llegan a bloquear, literalmente, ante un examen. Y es más, sabemos que cuando hay un problema de regulación emocional la capacidad de aprendizaje disminuye entre un treinta y un cuarenta por ciento. Es decir, pueden pasar de llevar un examen preparado para un ocho y de repente sacar un cuatro. Entonces, para ahí vamos a tener que controlar varias variables, fundamentalmente dos. La primera de todas es: es que hay que saberse el examen. O sea, es decir, para que te salga bien el examen, lo primero de todo lo tienes que llevar bien estudiado y bien preparado. Yo trabajo en consulta con muchos chicos y con muchas chicas que cuando me doy cuenta y me dicen: “Es que tengo ansiedad en el examen”. Nos ponemos a valorar y dices: “Mira, a ti no te está dando un ataque de ansiedad, te está dando un ataque de realidad, porque mañana tienes un examen son cinco temas y no te da tiempo a estudiártelo”. Eso no es ansiedad, eso, lo que te ha pasado es que te ha faltado planificación en el estudio, haberlo estudiado y habértelo sabido. Cuando ya decimos que es ansiedad es, tú te lo sabes, lo llevas bien preparado y, sin embargo, pues ahí tu hija, a lo mejor, o lo que le pasa a los chavales es que empiezan a pensar: ¿y si no soy capaz?, ¿y si no me sale bien?, ¿y si suspendo?… Ahí ya estamos diciendo que es un problema de ansiedad porque el examen está bien preparado y esos nervios pueden hacer que interfieran en la correcta realización. ¿Qué tenemos que hacer? Pues trabajar a dos niveles. A nivel cognitivo, con lo que estamos pensando, y a nivel fisiológico. A nivel cognitivo, les tenemos que hacer caer en la idea de qué estás pensando, qué tipo de pensamientos están bloqueándote ante un examen. Porque cuando nos ocurre esto lo habitual es que estemos pensando: pues no voy a ser capaz, lo voy a suspender, seguro que lo van a poner muy difícil… Y hay un montón de ideas negativas que nos condicionan precisamente en negativo hacia ese examen. Y habría que cambiar estos pensamientos negativos por unos positivos y realistas: pues lo he estudiado, me va a salir bien, lo voy a hacer bien, lo voy a aprobar… Ese sería el primer componente, el cognitivo. Pero también nos interesa enseñarles algunas pequeñas técnicas de relajación y de control de ansiedad. Pues a mí se me ocurren dos que pueden ser muy facilitas y se pueden aplicar de forma muy fácil. Una es, por ejemplo, la respiración diafragmática. Sabemos que cuando respiramos y lo que hacemos es que llevamos el aire, no solamente lo dejamos en los pulmones sino que dejamos que el diafragma baje y llenen aquí y se llene el abdomen, y se llene la tripa de aire y luego lo soltamos muy despacito… Esto en sí mismo constituye muy buen método de relajación. Y, además, es una cosa que se puede hacer de forma muy fácil en un examen, porque mientras el profesor reparte, mientras estamos ahí un poco viendo cuáles son las preguntas que van a caer podrían hacerlo y ya por sí mismo es muy buen método de relajación. Otro método muy fácil, que es llevarnos una pequeña botella de agua mineral, por ejemplo, porque si te das cuenta uno de los síntomas de la ansiedad es tener la boca seca. Cuando nos sentimos ansiosos la boca se pone como más seca, más pastosa, y el hecho de tener la boca bien salivada, muchas veces bebiendo pequeños sorbitos de agua, va a hacer que nuestro nivel de ansiedad baje un poquito y disminuya.

19:34
Fernando Palma. Hola, ¿qué tal, Silvia? Mi nombre es Fernando. Soy padre de tres hijos, dos niñas de doce y diez años y de un chaval de seis. Y, bueno, aprovechando tu presencia aquí, quería poder preguntarte algunas cosas y a ver si me solucionas algunos problemas que cotidianamente tenemos en casa, y seguro que tus consejos me pueden venir muy bien. Una de las cuestiones que, a menudo, también hablamos en charlas en casa, por supuesto y que nos preocupan como padres, tanto a mi mujer como a mí, es la presencia, muchas veces, de manifestaciones relacionadas con el machismo, ¿verdad? Bueno, a pesar de que con nuestros valores, por supuesto, intentamos alejarles de cualquier tipo de manifestación machista, por supuesto, sí que es algo que nos preocupa. ¿Cómo tienes pensado que debería ser la mejor manera de afrontar este tipo de manifestaciones y que nosotros les trasladásemos a nuestros hijos los mejores valores para educarles en igualdad entre hombres y mujeres?

20:32
Silvia Álava. Yo creo, por lo que mes estás contando, Fernando, creo que vais y lo estáis haciendo bien. Porque lo primero que estáis haciendo es daros cuenta que es importante educar en estos valores. No nos podemos olvidar, los niños, sobre todo en la edad de los que tú los tienes, seis, diez, doce, su principal fuente de aprendizaje son sus padres, a los que copian, a los que son sus modelos a seguir. Luego, lo primero que tenemos que tener es en casa un modelo de igualdad, de igualdad de género, en el que todos hacemos lo mismo. En casa somos un equipo y no hay labores de chicos, labores de chicas, ¿no? Esto lo tienen que hacer las niñas o esto le toca hacer a tu hijo. Eso va a ser lo más importante de todo, cuál es el modelo que le estamos dando, que no haya comentarios de tipo sexista, que no haya…

21:14
Fernando Palma. Claro.

Sivia Álava
21:14
Silvia Álava. …pues actividades que unas sean de chicos, de chicas…

21:16
Fernando Palma. Está claro.

21:26
Silvia Álava. Y luego, también tenemos que observar muy bien el modelo que reciben por parte de la sociedad.

21:21
Fernando Palma. Claro.

21:21
Silvia Álava. Porque en ocasiones nosotros decimos: bueno, en casa nos estamos garantizando que realmente lo estamos haciendo muy bien y vigilando muy bien qué les decimos. Y en ocasiones están viendo determinadas series de televisión o incluso dibujos animados, que dices, en teoría son para niños y que sí tienen esos comportamientos más machistas que no están favoreciendo esa igualdad entre hombres y mujeres.

21:41
Fernando Palma. ¿Cómo les explicamos cuando hay una manifestación machista como tal en la calle, en un entorno, etc.? Es decir, no tanto nosotros transmitir esos valores sino explicarles cuando hay algo que es injusto.

21:55
Silvia Álava. Pero yo creo que ahí sí que va a ser muy importante potenciar el sentido crítico de los niños, y que les podamos preguntar y decir: “¿Y tú qué crees?”. Si en casa ya lo hemos hablado, si en casa ya lo hemos trabajado, si en casa está muy claro ese modelo de igualdad, va a ser mucho más beneficioso si le decimos al niño: “¿Tú qué crees? ¿Tú que crees de eso que hemos visto por la calle…?”, ¿no? Ese insulto que hemos dicho, ese comportamiento, ¿no? A veces, ese comentario… pues, que está fuera de tono, “¿A ti te ha parecido bien? ¿Tú crees que es lo adecuado? ¿Cómo lo hubieras hecho tú en esa situación?”. Va a ser mucho más enriquecedor para los niños si fomentamos ese sentido crítico y les preguntamos: “¿Tú que crees?”. Y que sean ellos los que directamente lleguen a la respuesta…

22:33
Fernando Palma. Ya.

22:34
Silvia Álava. …que si les decimos: “No, mira, esto está mal y la forma correcta de hacerlo es esta otra”. Es mucho mejor dejarles que, aunque tarden más tiempo, aunque nos lleve una mayor carga de trabajo, que lo hagamos desde esta otra forma. Porque así será el propio niño, ¿no?, o tus hijas, las que realmente lleguen a esa conclusión. Y ese es un aprendizaje mucho más valioso.

22:53
Fernando Palma. Otra cuestión. Sí que es cierto que donde tenemos dificultades a la hora de que ellos puedan salir adelante diariamente, es a la hora de establecer pactos con ellos. ¿Cómo ves que tengamos que llegar a tener pactos con ellos para cuestiones habituales: labores en casa, fuera de casa, etc.?

23:14
Silvia Álava. A los niños siempre les viene muy bien que las normas y los límites estén marcadas y estén establecidas de antemano.

23:20
Fernando Palma. Sí.

23:20
Silvia Álava. ¿No? Esos pactos que tú dices yo creo que tendrían que ser lo más explícitos posibles. O sea, no, muchas veces, si no está muy claro al final acaba…

23:28
Fernndo Palma. Ya, sí, eso es.

23:28
Silvia Álava. …siendo muy cansado y muy tedioso porque parece que todos los días tenemos que andar negociando, que todos los días tenemos que andar cediendo.

23:35
Fernando Palma. Como si lo que no se pactase no existiese.

23:36
Silvia Álava. No existiese. Entonces, es mejor, vamos a sentarnos en casa. Lo primero de todo, claro, tu mujer y tú, los que os tenéis que sentar y pensar muy bien: a ver, cuáles son las normas que vamos a establecer para nuestros tres hijos. Luego habrá que adaptarlas un poquito en función de la edad porque son doce, diez y seis años.

23:51
Fernando Palma. Ya.

23:51
Silvia Álava. Y muy bien, sobre todo, dónde está el límite, para que el límite esté súper claro. ¿Por qué? Porque dentro de los límites podemos pactar, podemos ceder, pero una vez que ya hemos llegado a ese límite, por aquí lo siento mucho pero se acaba la conversación porque el límite está aquí. Y si está muy claro y está muy marcado nos va a ser mucho más fácil y, sobre todo, mucho menos desgastante en ese día a día. Porque si no parece que estamos todos los días repitiendo cuestiones una detrás de otra y siempre lo mismo.

24:20
Fernando Palma. Claro, ¿localizar cuestiones importantes, realmente en las que vale la pena hacer pactos o a la mínima oportunidad intentar alcanzar un acuerdo con ellos?

24:30
Silvia Álava. Yo creo que es mejor lo que decías tú en primer lugar, vamos a llegar a un acuerdo pensando muy bien cuáles son las cuestiones importantes en las que tenemos que hacer ese pacto, o cuáles son esas normas y esos límites. Pues no sé, a mí se me ocurre que puede ser uno de los primeros de todo: pues en casa nos hablamos con respeto, ¿no? El que tengan en determinado momento una falta de respeto o se dirija en mal tono, pues en ese tipo de tono ya no vamos a seguir ahí conversando.

24:51
Fernando Palma. O sea, un poco asumirlos como patrones, quizá, de conducta familiar…

24:55
Silvia Álava. Si es que, al final, luego las rutinas a los niños les dan mucha seguridad. Y hay muchas veces que, precisamente, lo que hacen es que intentan ahí, un poco, a ver, a ver, qué es lo que pueden conseguir… Y se quedan muy a gusto y muy tranquilos cuando dicen: “Ah, vale. Pues si no, si yo ya sabía que habíamos quedado que solo podía estar media hora al día con la tablet, pero yo lo intento. Tú me lo dices y ya me quedo tranquilo y lo asumo bien”.

25:15
Fernando Palma. Es que, mira, lo que acabas de comentar ahora me parece muy interesante porque precisamente con ese tema, cuando traspasas el umbral del pacto sagrado que, en algunas cosas en casa, pues lo tenemos así establecido pero en otros no tanto, no hablamos todo lo que sucede en casa… nos sucede con las órdenes, que es como el paso siguiente a: no tengo un pacto sobre esto pero te voy a dar una orden para que lo hagas en favor de la paz familiar. Entonces, tenemos un problema ahí porque tenemos la sensación de que tenemos el deber de ser constantemente coherentes. Entonces, cuando no eres coherente papá o mamá han fallado. Entonces, me gustaría saber cómo crees que es la mejor manera de ser coherente en casa. Si cuando das una orden tiene que ir a misa y no cabe una rectificación a tiempo, o crees que merece la pena estar rectificando y explicándoselo a los niños a riesgo de que el niño después diga: “Bueno, cuando reciba la próxima orden quizá voy a poder rectificarla otra vez”.

26:17
Silvia Álava. Yo creo que, sobre todo, vamos a utilizar el sentido común. Entonces, hay cosas que ya no hace falta explicarlas una y otra vez. Ponemos el ejemplo de lavarse los dientes, que es una cosa muy habitual en todos los niños. Yo ya te he explicado desde pequeño que hay que lavarse los dientes después de cada comida para tener una correcta higiene bucodental y porque si no se pican, salen caries, hay que ir al dentista… Entonces, si yo te lo he explicado, no te lo tengo que volver a explicar. Si ya he explicado que antes de comer nos lavamos las manos, también por higiene, no te lo tengo que volver a explicar. O sea, hay determinadas cosas que están muy claras y que, en ocasiones, muchas veces los niños lo que quieren es ganar tiempo. Porque en lo que tú me lo explicas, me lo dices, negocio o no negocio, pues, estoy ahí intentando ganar tiempo. O si establecemos que primero se hacen los deberes y después viene el ocio ya está muy claro y el por qué lo vamos a hacer así. Entonces, hay que pararse muy bien a observar si son normas que ya están muy establecidas, que están muy explicadas, que ahí no sería conveniente echarnos hacia atrás, ¿no?, y cambiarlas, a otras cosas que a lo mejor puede ser una opinión, que ahí sí se puede cambiar o se puede negociar.

27:21
Fernando Palma. Eso está muy relacionado con los castigos. Los castigos, realmente, cuando tienes que… Estás incumpliendo una orden, estás incumpliendo un pacto. Claro, tiene que haber una instrucción clara, los niños… Vamos, mis hijos, al menos, así me lo piden, me dicen: “Bueno, me parece que ahora sí que la he fastidiado. Voy a esperar el castigo”. Entonces, a veces nos sentimos un poco mal castigando, no nos parece la herramienta más eficaz muchas veces porque la situación no lo pide. Es una cuestión de intuición, realmente los padres hacemos la mayoría de las cosas por intuición, ¿no? El tema del castigo, ¿ves otra alternativa para que, realmente, podamos reprimir a los niños, echarles una reprimenda y decirles: “Oye, no puedes hacer esto, por este camino no puedes ir”?

28:01
Silvia Álava. Pero yo creo que ahí se trata más un tema de concepto, es verdad que el castigo sabemos que pocas veces es útil. Porque, al final, el concepto de castigar implica que tú tienes una cosa, entonces, en un determinado momento haces algo mal, te portas mal y yo te lo estoy quitando. Luego, es verdad que puede que aprendas, que rectifiques, en ocasiones ni tan siquiera rectifiques, pero también ya sabes ahí, un poco, que yo me he enfadado y lo que ha ocurrido. Entonces, es mejor si trabajamos reforzando la conducta positiva, es decir, lo que el niño tiene que hacer. Y en ese momento es mejor si decimos: “Mira, aquí las cosas no se van a castigar, sino que te vas a ganar determinadas cosas”. Es decir, es que tú la televisión, la tablet, el ordenador… Pues estas pequeñas cosas, un poco del día a día, esos premios que ya tienes no es que tú los tengas ya y que ya tengas derecho a ellos y que si haces algo mal yo te lo quito. Sino que pongo un foco en lo que tienes que hacer. Es decir, si tus deberes están hechos, entonces podrás ir y podrás coger la tablet y jugar un ratito. O, en el caso de que ya está toda la habitación recogida, que ya has colaborado en casa, pues a lo mejor puedes hacer esta otra pequeña cosa. O sea que sea más orientado como un premio que como un castigo porque en el premio ponemos el foco en lo que tienes que hacer y en lo que es correcto y, además, en ti, porque si tú lo haces, genial, lo tienes. Mientras que en el castigo parece que lo tienes y si yo me entero que no lo has hecho o ya me has enfadado lo suficiente, te lo quito. Por eso va a funcionar siempre muchísimo mejor si le damos la vuelta. Y esto, incluso, puedes llegar y decir: “Bueno, para el de seis y la de diez, bien, pero la de doce ya es muy mayor”. Pues la de doce también, incluso cuando llegan a la adolescencia funcionan muchísimo mejor con las gratificaciones y sabiendo que pueden conseguir algo que con los castigos.

29:42
Fernando Palma. ¿Qué podemos hacer si no les castigamos, como te decía, cuando ellos quieren llevarte al límite porque les apetece? No sé, a veces tengo la sensación de que están jugando conmigo como padre. Entonces, ¿qué crees…? ¿Cómo crees que debería reaccionar?

29:54
Silvia Álava. Yo ahí lo que te diría es: Fernando, lo primero de todo párate y observa muy bien cuál es la situación. Y en “observa muy bien la situación” no es solamente lo que están haciendo tu hijo de seis o tu hija de diez, sino lo que tú también estás haciendo o lo que tu mujer hace. Porque, en ocasiones, ¿cuál era el objetivo? Lo has dicho muy bien, a ver si papá, a ver si mamá se enfada, a ver si me hacen caso de esta forma. Entonces, si su objetivo era ese, aunque al final, ¿no?, en el eje del tiempo, al final me caiga el castigo, durante todo este eje temporal he conseguido mi objetivo: me estás haciendo caso, te estoy provocando, estás entrando en mi juego. Entonces, a lo mejor es mejor, si nos hemos dado cuenta que es esto realmente lo que ocurre, en el momento en el que empieza esa situación de la provocación y del reto darnos media vuelta y decir: “Mira, pues como tú lo que ibas buscando era que yo, en esta situación, te hiciera caso o me enfadara me doy media vuelta y me voy”. Eso sí, para que esto nos funcione, lo que tenemos que compensar muy bien es que, en cambio, cuando lo están haciendo bien y no están en esa actitud más de provocar o de retar, entonces ahí sí que tengo que quedarme contigo y hacerte mucho caso. Porque parece que, en ocasiones, como vamos con las prisas del día a día, les hacemos más caso cuando se están portando mal que cuando realmente lo están haciendo bien.

31:05
Fernando Palma. Sí, porque realmente tienes, a veces, muy poco tiempo para poder gestionar esa acción-reacción, ¿no? O sea que, realmente, tú me dices que le dediques más tiempo genera mejores resultados que con los castigos, ¿no?

31:18
Silvia Álava. Pero, sobre todo, que le dediques más tiempo en positivo que en negativo. Es decir, parece que por ejemplo, en el día, todavía con el pequeño nos puede pasar, que todavía tiene seis años: “Venga, a la ducha”. Y parece que el día que se ha ido a la ducha a la primera dices: “¡Hala, que bien! Venga, que ya le tengo duchándose, entonces yo aprovecho y me voy a hacer otras cosas”. Mientras el día que no se va a la ducha a la primera tú estás: “A la ducha, que te he dicho que te duches…” ¿Cuándo tienen más atención? ¿Cuándo le has hecho más caso, cuando lo ha hecho a la primera o el día que estuvo remoloneando? Le sale más rentable remolonear, porque es el momento en el que yo te atrapo y que tú estás conmigo. Entonces se trata de darle la vuelta a la situación de, precisamente, cuando no estás haciendo lo que te corresponde pues es cuando yo retiro un poquito la atención. En cambio, cuando lo haces bien es cuando me esfuerzo por quedarme contigo y hacerte caso. Y lo adecúo a la edad, porque al de seis puedo llegar y decirle: “Oye, muy bien, campeón. Que te estás duchando…” Fenomenal, si a la de doce le dices: “Muy bien, campeona, te estás duchando”, te va a mirar como con cara de extraterrestre de “¿de dónde te has caído?” Pero, a lo mejor, le tienes que decir otra cosa, o luego hablar con ella de otro tema… O sea que, al final, aunque tengan seis, diez y doce, que tú estés pendiente de ellos les sigue gustando mucho. Pero hay que adecuar la forma de la atención a la edad que tienen.

32:30
Fernando Palma. A ver, se me ocurre otra cosa al hilo de ese comentario que… es que me parece muy importante. ¿Cómo refuerzo los comportamientos sin darles el premio? Considero que muchas veces me cuestiono y digo: “¿Para qué voy a darle yo este premio?”. No quiero darle un premio, quiero que lo consideren un deber en casa. Como una labor que tienen que hacer sí o sí.

32:51
Silvia Álava. Yo no creo que sea tanto un error de premiar excesivamente, sino que el error muchas veces está con qué estamos premiando, ¿vale? Porque no nos podemos olvidar que el mayor premio para un niño y para una niña es la atención de sus padres. Y que su padre y su madre le hagan caso y que estén orgullosos de él. Entonces, eso puede ser infinito. Entonces, cada vez que viene una visita a casa que yo luego te refuerzo el decir: “Oye, qué bien, os habéis portado muy bien. He estado orgulloso de vosotros, me ha gustado cómo lo habéis hecho”. Eso es un reforzador muy fuerte y que lo podemos hacer durante toda la vida. Otra cosa que, a lo mejor, pueda estar ya más desajustada es si dices: “Ah, como ha venido una visita, le hemos dicho hola, le hemos dicho adiós y hemos sido educados vas a tener un premio, ¿no? O te voy a dar una chuche o te voy a comprar algo”. Pues eso estaría ya… sería muy desproporcionado. Pero el refuerzo social, el que les hagamos caso, el que noten un poco que estamos orgullosos y contentos, eso es un refuerzo muy poderoso y se puede utilizar siempre. Lo que no es correcto es asociar a todas las conductas premios materiales, porque eso puede llegar incluso a ser contraproducente. Porque parece que llega un momento en el que te miran como diciendo: “¿Y qué me vas a dar?”.

33:54
Fernando Plaza. Claro, exacto, sí.

33:55
Silvia Álava. ¿No? ¿Entonces, si yo pongo la mesa tú qué me das?

33:57
Fernando Plaza. La eterna negociación.

33:58
Silvia Álava. En plan de: “No, perdona. Aquí somos un equipo y lo hacemos entre todos”. Y, a cambio, luego cuando acabemos pues a lo mejor después de cenar y la mesa esté recogida todos podemos ir a ver un rato la tele o podemos charlar o podemos hacer otra cosa.

34:10
Fernando Plaza. Otra cuestión que sí que considero importante en la familia, y sí que a veces, no tengo todas las herramientas ni los recursos necesarios para solucionarlo. Pero siempre tengo la eterna dicotomía de la autonomía que le debo generar a mis hijos y en la que creo firmemente para que sean independientes y felices, pues deben disfrutar de ella y se la debo educar y mi mujer, por supuesto, que también, ¿verdad? Y estamos de acuerdo. ¿Qué ocurre? Que a veces se generan conflictos con el control, ¿no?, mal entendido. Entonces, ¿hasta qué punto podemos gestionar eso? Es decir, no quiero que ellos me consideren el padre helicóptero o el eterno controlador, sino que les dé una autonomía pero que no pierdan que tienen la vigilancia de los padres, ¿no? ¿Cómo crees que debemos gestionar eso?

34:57
Silvia Álava. Yo creo que aquí, al final, tenemos que pensar que en el término medio está la virtud. Es verdad que a los niños hay que dejarles mucha autonomía, hay que dejarles que cada vez sean más autónomos, que sean ellos capaces de resolver solos los conflictos del día a día, que sean, también, un poco capaces de gestionar las cosas, de me llevo yo solo la mochila al colegio, soy yo el que organiza las cosas que tengo que hacer, los deberes y demás. Pero la clave fundamental va a estar en acompañar. Es decir, durante las primeras etapas no es que yo te esté controlando y estoy arriba, ¿no? Como ese padre helicóptero que tú decías, que sabemos que la sobreprotección es uno de los mayores errores que se cometen hoy en día en educación, sino que yo estoy a tu lado acompañándote, acompañándote y viendo que está saliendo todo bien. Igual que cuando empezaron a montar en bicicleta tú no les dejaste solos con la bici: “Hala, a ver qué pasa”.

Los deberes siempre son responsabilidad de los niños, nunca de los padres. Si estamos asumiendo esa responsabilidad luego el niño o la niña dirán “¿Para qué lo voy a hacer si ya estás tú pendiente?”

Silvia Álava

35:46
Fernando Plaza. No, está claro.

35:46
Silvia Álava. Sino que yo al principio iba a tu lado, teníamos las bicis estas que no tenían pedales, luego les ponemos ruedines, los quitamos, yo al principio estoy a ver si te caes, no te caes, hasta que ya tengo la seguridad de que sabes hacerlo y tú ya vas solo. Pues esto sería lo mismo, en un primer momento no te controlo, te acompaño en tu aprendizaje, estoy detrás en un segundo plano por si surge cualquier problema ayudarte a resolverlo. No resolvértelo yo, esto va a ser la clave fundamental en todos los aprendizajes y según vayan creciendo pues tendrán que ser cosas distintas. Pero, yo creo que ahí sí es muy importante que tú eduques, ¿no?, y que les eduques en la responsabilidad. Tienes que… no transmitirle tus miedos, porque tus miedos y tus inseguridades van a hacer que ella sea luego mucho más insegura y que no se atreva a hacer determinadas cosas. Entonces, hay que dejar a los niños que hagan las cosas que pueden hacer y para las que les hemos preparado en cada edad.

36:39
Fernando Plaza. Por ejemplo, con los deberes, es algo muy habitual que te miran, o tú les miras y dices: “Bueno, ¿estará haciéndolo bien?” Y dirá: “Papá, ¿podré hacer, seguro, esto que me han encargado en el colegio?”. Quería preguntarte si es bueno ayudar a los niños a hacer los deberes, poder acompañarles en las tareas que tienen del colegio.

36:59
Silvia Álava. Los deberes siempre son responsabilidad de los niños, nunca de los padres. Si nosotros estamos asumiendo esa responsabilidad, ¿qué pasa? Que luego el niño o la niña no asumen la responsabilidad, porque para qué lo voy a hacer yo si ya estás tú pendiente. Hay padres y hay madres que es que les ves que dices: si es que le importa más la nota y que los deberes estén bien hechos a ellos que al propio niño. Entonces claro, ¿al final qué ocurre?, que no llegan a adquirir esa responsabilidad. Los deberes tienes que hacerlos tú, yo te puedo ayudar en un determinado momento que tengas una duda puntual, pero no tiene ningún sentido que yo esté sentado a tu lado haciendo los deberes. Y si yo viera que los deberes, no es que tengan un error puntual, que los puedes corregir, te equivocas, aprendes al día siguiente en el colegio y lo corriges. No pasa nada. Es mejor que lo corrija…

37:43
Fernando Plaza. Sí, pero protestan.

37:43
Silvia Álava. …ella a que lo corrijas tú.

37:45
Fernando Plaza. Ahí protestan y dicen… Claro, pero ahí protestan y dicen: “No, papá, jo, es que lo voy a llevar mal y no lo entiendo. He atendido muchísimo en clase pero no lo entiendo, ¿me puedes ayudar?”.

37:54
Silvia Álava. Pero es diferente.

37:55
Fernando Plaza . Entonces te remangas y tienes que estar con ellos.

37:55
Silvia Álava. No lo entiendo, tengo una duda puntual que tú se la resuelves a: “Es que no lo entiendo”. Y están así en plan con esa actitud para que tú me los hagas. O sea, tú puedes ayudarles a resolver dudas puntuales y si te dicen que no lo entienden. Pero cuando no lo entienden, no entienden en concreto el apartado “b” del ejercicio siete. Cuando es: “No lo entiendo”, y no hay nada hecho es que… no, perdona.

38:18
Fernando Plaza. La cultura del esfuerzo un poco, también, ya.

38:18
Silvia Álava. Es que quieres que yo te los haga. Entonces, por supuesto que les podemos ayudar a resolver las dudas puntuales pero lo que es el grueso de los deberes lo tienes que hacer tú y no pasa nada porque en un determinado momento te equivoques, si hay que aprender del error. Otra cosa diferente es que vaya a estar yo sentado a tu lado continuamente haciendo los deberes. O que yo vea que has hecho los deberes y que se nota que están hechos con absoluta desidia, que la letra es una letruja de tal, que has puesto los números prácticamente al azar a ver si casaban… Ahí sí que tienes que llegar y decir: “Oye, mira, no. Estos no son unos deberes bien hechos, te toca repetirlos”. O sea, no pasa nada porque haya un fallo puntual porque ya aprenderá y lo corregirá el niño y otra cosa es que estén hechos eso, que se nota que estaba ahí… ¿no? Directamente tumbado en la mesa mientras hacía cuatro cosas.

39:00
Fernando Plaza. Y ahí, no le hago caso.

39:01
Silvia Álava. Ahí es mejor no hacerle caso. Cuando estés dispuesto y cuando estés bien, y estés en buen plan, yo vendré y resolveré tu duda puntual, pero no estaré continuamente aquí a tu lado.

39:11
Fernando Plaza. Vale. Y qué hago yo con los padres y las madres que me dicen: “No, pues a tu hija se le han olvidado los deberes”. Entonces voy a utilizar el chat de WhatsApp de los padres y de las madres para mandarte los deberes, y le hago una foto y te lo llevo a la mesa de tu hija. ¿Qué hago?

39:25
Silvia Álava. Este es un tema muy peliagudo y que, además, es siempre pues… muchas veces nos lleva a muchos conflictos con los padres. Es que al final estamos diciendo que la responsabilidad de los deberes es de los niños, pero es que la responsabilidad de ser conscientes de lo que tienen y de rellenar la agenda también es de los niños.

39:42
Fernando Plaza. Sí, sí.

39:43
Silvia Álava. Hay muchos niños que directamente ya ni apuntan. ¿Pero para qué voy a apuntar si mi padre o mi madre…? ¿No?

39:49
Fernando Plaza. Se lo piden al vecino, tal, exacto.

39:50
Silvia Álava. Está en el chat. No, no se lo pide al vecino, perdona. Mi padre o mi madre ya está en el chat, ¿no? En el grupo de WhatsApp de padres y madres de la clase donde se cuelga todo. Entonces, ¿para qué voy a trabajar yo? Es que le estamos haciendo un flaco favor, porque los niños tienen que aprender a ser responsables y una parte de aprender a ser responsable es ser capaz de saber qué es lo que tienes que hacer al día siguiente. Y saber lo que tienes que hacer es tanto apuntar los deberes de lengua, de matemáticas o de biología. O saber que mañana toca flauta y que tengo que… toca música y me tengo que traer la flauta. Todo eso hay que dejar que sean ellos los que lo vayan haciendo. Nosotros lo podemos supervisar e ir comprobando que realmente se está haciendo bien. Porque lo que decíamos, hay que acompañar, hay que supervisar, pero bajo ningún concepto hay que hacérselo.

40:34
Fernando Plaza. Por lo tanto, que se equivoquen y vayan al cole sin los deberes hechos y se acabó. No pasa nada tampoco una vez, van a espabilar, entiendo, la segunda vez, como tú recomiendas.

40:42
Silvia Álava. Va a depender también mucho del niño. Cuidado. Porque si es el típico niño que está intentando escaquearse siempre y que ya sabemos, ¿no?, que los deberes no los tiene hechos… a lo mejor, ahí hay que tomar otras medidas pero si es un olvido puntual, pues que asuma las consecuencias al día siguiente en el colegio, que no es lo más grave del mundo.

40:58
Fernando Plaza. Ya. No están especialmente habituados a gestionar bien la frustración. O sea, dicen: “No”, o “No puedo hacer esto porque es imposible”. “Se me ha olvidado el libro en clase”. O cualquier otra cuestión, o un amigo les ha dicho que no les invita a su cumpleaños. Entonces, la gestión de la frustración es un tema bastante habitual en mi casa. Entonces, ¿cómo crees que es la mejor forma de gestionar esos conflictos? ¿Hasta dónde nos metemos los padres?

41:24
Silvia Álava. Hoy en día, ¿por qué los niños tienen tan bajita tolerancia a la frustración? Porque como nos dan mucha pena, ¿no? Y, muchas veces, hay un amor paternal y maternal mal entendido. Es que si yo le quiero tanto que a mí no me cuesta nada coger y hacer los deberes con él, llamar a la madre de su amiguito para que le apunte al cumpleaños, hacerle esto otro… Entonces, no nos estamos dando cuenta que les estamos haciendo un flaco favor, porque es verdad que a ti no te cuesta nada y es verdad que le quieres muchísimo, pero también es verdad que tu hijo o tu hija necesita adquirir tolerancia a la frustración. Y para eso es necesario darse cuenta que las situaciones, a veces, en la vida pues no salen como uno quiere, y que a veces te dan un “no” por respuesta. Entonces, de vez en cuando, a los niños hay que decirles que no, precisamente para que aprendan a tolerar la frustración. Tampoco hay que decirles que no a todo las veinticuatro horas del día, pero sí a determinadas cuestiones, “no”. O tienen que ver que hay veces que nos equivocamos y no pasa nada por equivocarte, se puede hacer un aprendizaje muy, muy valioso del error. Nos equivocamos, desdramatizamos el error, porque en ocasiones parece: “Me he equivocado haciendo los deberes. Dios mío, ahora los tenemos que repetir, vamos a perder mucho tiempo”. Y sin quererlo somos nosotros mismos los que estamos dramatizando esa situación. No pasa nada, ¿qué tenemos que hacer? Cogemos la goma, cogemos el lápiz, borramos y los volvemos a hacer. Y volvemos a insistir y ponemos el foco en la solución y en el esfuerzo. Cuando nosotros se lo resolvemos, al final, lo que estamos haciendo es que, cada vez, tengan menos tolerancia a la frustración y que cada vez desarrollen una menor resiliencia. Y lo que puede ocurrir, incluso, cuando lleguen a la adolescencia, incluso cuando sean adultos jóvenes, es que se encuentren con muy pocas competencias emocionales que se han desarrollado y que incluso puedan tener más problemas de todo tipo.

Silvia Álava
43:06
Fernando Plaza. Ansiedad o algo así, quizá, o…

43:06
Silvia Álava. Incluso a nivel de salud. Es que fíjate, la sobreprotección y esta falta, muchas veces, de adquirir bien esa tolerancia a la frustración correlaciona muchas veces con tener más problemas de salud mental en la adolescencia e, incluso, en la edad adulta. Por desgracia, muchas veces en consulta veo gente joven que me dice: “Mira, todos los problemas que yo tengo…”, y a lo mejor son problemas de ansiedad bastante importantes, o incluso trastornos de bajo estado de ánimo con depresión, “Creo que gran parte es porque mis padres me lo pusieron todo tan fácil, me lo dieron tan bien hecho, nunca me dijeron que no… Que en cuanto salí al mundo real y tuve que sacarme yo las castañas del fuego no tenía habilidades, no tenía estrategias, no tenía recursos y me hundo”.

43:45
Fernando Plaza. Claro, lo entiendo, lo entiendo. Pero, y la otra parte de lo que te planteaba, es decir, el conflicto, la solución del conflicto de puertas hacia afuera. Tenemos, muchas veces, la tentación de hablar con ese niño con el que, hombre no ha tenido algo grave, lógicamente, pero sí que ha tenido algo que especialmente le inquieta, ¿no? Y tiene cierta desazón por solucionar esa pequeña pelea o pequeño conflicto con un amigo o amiga. A la hora pues, lo que te comentaba, de invitarle a un cumpleaños, etc. ¿Hasta dónde nos metemos los padres? ¿Se lo explicamos y que lo solucionen ellos, que es lo mejor? O no, ¿o intentamos llevarlo más allá, incluso descolgar el teléfono, hablar con su madre, etc.? ¿Qué hacemos?

44:24
Silvia Álava. Yo creo que ahí es importante darle al niño las herramientas para que él lo solucione. O sea, es decir, te pones a hablar con él. Es una cosa que es muy importante, en este caso, para tu hijo. Entonces, lo primero que tengo que hacer es que te sientas que para mí es igual de importante y que te voy a escuchar, y que además mi escucha va a ser activa. En estos momentos solamente me importa tu problema y voy a estar al cien por cien en ayudarte, a ver cómo, entre los dos, resolvemos el problema. Entre los dos, no te lo voy a arreglar yo. Si vemos que no se le ocurre, la forma de ayudarle sería decir: “¿Y tú qué crees? ¿Y cómo lo harías?”. Le puedes, incluso, ir dando pistas o puedes ir más allá si tiene un problema, le dices: “¿Qué te parece si en esta solución a mí se me ocurre que podemos hacer esto?”. Vamos a hacer como una especie, lo que en psicología llamamos roleplaying, que es como un teatrillo. “Venga, yo soy tu amigo a ver cómo me dices que mañana quieres jugar conmigo en el recreo y te llevas la pelota”. O lo que sea, o cómo me dices: “Oye, me hubiera gustado que me invitaras al cumpleaños”. Incluso lo hacemos en roleplaying, pero le entrenas a él para que él sea capaz de resolverlo.

45:23
Fernando Plaza. De acuerdo.

45:23
Silvia Álava. Porque, si lo que hacemos es que cogemos el teléfono y llamamos al padre o a la madre, estamos pasando un problema de la esfera infantil a la esfera de adultos. Y cuando pasa a la esfera de adultos ya es distinto, porque mañana los niños vuelven a ser amigos y ya no hay ningún problema, pero los adultos, a lo mejor, luego tardamos un poquito más. Otra cosa distinta, Fernando, si tú me dijeras: “No, mira, es que mi hijo tiene un problema con un niño, que es de forma recurrente, que además el niño es más mayor que él…”. Que él tiene seis años y es un niño de ocho el que se mete con él, que tal… Bueno, ahí ya es diferente, ahí a lo mejor ya tenemos que pedir ayuda, vamos a ir al colegio, vamos a recopilar más información… Pero lo que son las cuestiones del día a día tenemos que poner el foco en enseñar al niño a que se las resuelva, no resolvérselas nosotros.

46:07
Fernando Plaza. Bueno, pues muchísimas gracias por todas tus sugerencias, comentarios e indicaciones, que como padre seguro que me vendrán realmente bien en casa a la hora de solucionar estos conflictos y pequeñas situaciones que tenemos cotidianamente. Así que te lo agradezco muchísimo, muchísimas gracias.

46:24
Silvia Álava. Gracias a ti y ahora toca ponerlas en práctica en el día a día.

46:27
Fernando Plaza. Muchas gracias. Hasta la próxima.