Mi hijo nunca quiere irse a dormir

Álvaro Bilbao

· Neuropsicólogo

Doctor en Psicología de la Salud y neuropsicólogo formado en el Hospital Johns Hopkins (Baltimore) y el Royal Hospital for Neurodisability (Londres). Álvaro Bilbao es también colaborador de la Organización Mundial de la Salud y profesor invitado en distintas universidades. Un reconocido experto clínico y divulgador que imparte conferencias en todo el mundo sobre temas que explican la relación entre el cerebro y la educación. Es autor del bestseller internacional “El cerebro del niño explicado a los padres” en el que a través de ejemplos sencillos y útiles consejos explica a padres y profesores el funcionamiento del cerebro de los niños para ayudarles a desarrollarse y aprender mejor.


Creando oportunidades

Álvaro Bilbao

Doctor en Psicología de la Salud y neuropsicólogo formado en el Hospital Johns Hopkins (Baltimore) y el Royal Hospital for Neurodisability (Londres). Álvaro Bilbao es también colaborador de la Organización Mundial de la Salud y profesor invitado en distintas universidades. Un reconocido experto clínico y divulgador que imparte conferencias en todo el mundo sobre temas que explican la relación entre el cerebro y la educación. Es autor del bestseller internacional “El cerebro del niño explicado a los padres” en el que a través de ejemplos sencillos y útiles consejos explica a padres y profesores el funcionamiento del cerebro de los niños para ayudarles a desarrollarse y aprender mejor.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:08
Álvaro Bilbao. Soy Álvaro Bilbao, soy doctor en psicología, neuropsicólogo, experto en salud cerebral y padre de tres niños.

00:19
Álvaro Bilbao. Soy un ferviente creyente de que conocer un poquito acerca de cómo funciona el cerebro ayuda mucho a los padres y profesores a educar mejor.

00:31
María Luisa Moreno. Hola, Álvaro. Soy María Luisa, soy madre de una niña de ocho años…

00:35
Álvaro Bilbao. ¿Qué tal, María Luisa? Yo también tengo un hijo de ocho años.

00:38
María Luisa Moreno. Yo tengo entendido que son en los seis, siete primeros años de vida del niño cuando se produce el desarrollo de la inteligencia. Para nosotros los padres, una vez que se nos quita el susto de darnos cuenta qué poco tiempo tenemos, ¿cuáles serían las claves, los elementos básicos, que tenemos que tener en cuenta para ayudar al máximo a desarrollar ese potencial?

01:04
Álvaro Bilbao. Bueno, lo primero que te quiero decir es que puedes estar muy tranquila. Esta es una idea que tenemos muchos padres y que viene basada de una afirmación que hizo Maria Montessori hace muchos años, y es que lo que decía era que los seis primeros años son los más importantes en el desarrollo del niño. Pero no hablaba exactamente de la inteligencia, hablaba de un desarrollo más global. Sabemos que el cerebro de los niños, y el de los adultos, tiene distintos componentes, distintas partes, a nivel cerebral, que registran información a distintos niveles de procesamiento. Hay una parte que sería el cerebro primitivo, que busca la supervivencia del niño y es la parte del cerebro que dice al niño que tiene hambre, que tiene sueño, que se tiene que defender de algún estímulo o protegerse cuando está solo. Es la parte del cerebro que, básicamente, nos ayuda a sobrevivir y con la que funcionan los niños cuando son muy pequeños, cuando son bebés. En ese sentido es muy importante ayudar a los niños pequeños a sentirse seguros, a sentir que, cuando tienen miedo, nosotros vamos a responder pues atendiéndoles, que van a estar bien nutridos, que les vamos a acomodar para que puedan dormir cuando están cansados en lugar de obligarles a seguir despiertos. Eso sería una parte fundamental: darles seguridad.

02:22
Álvaro Bilbao. La segunda parte del cerebro, el segundo nivel de información, es lo que llamamos el cerebro emocional. Y esta es una parte muy importante y esencial durante esos primeros años de vida porque nos va a permitir comunicar los instintos de supervivencia más básicos del niño con todo su mundo intelectual. Yo siempre me gusta deciros una cosa y es que el niño que se desarrolla bien, el niño que tiene un desarrollo cerebral pleno, que creo que es lo que me preguntas, es aquel niño que, cuando llega a convertirse en adulto, es capaz de que sus pensamientos, sus emociones y sus acciones vayan en la misma dirección. Y por eso es muy importante educar el mundo emocional de los niños durante estos primeros años. Digamos que el cerebro es un poco como un árbol: crece sobre la parte primitiva, sobre la parte de supervivencia, luego añade pues esas estructuras que tienen que ver con las emociones y luego el mundo intelectual. Pero si el mundo de la seguridad, si el mundo del bienestar emocional del niño, no está bien estructurado desde pequeño, pues no se va a desarrollar plenamente. El niño tendrá tiempo para aprender japonés, chino, para aprender matemáticas cuando vaya siendo más mayor, pero es importante que el niño crezca en una familia en la que se sienta seguro, en la que sienta que sus errores no le van a salir caros pues con gritos o amenazas y que empecemos a contagiarle pues nuestro entusiasmo por el mundo intelectual, es decir, por el aprendizaje. Estas serían unas claves muy sencillas pero muy importantes que todos los padres deberían tener en cuenta.

03:56
María Luisa Moreno. Y hablando de eso, a mí me pasa que de pequeña la verdad es que me castigaban con una cierta frecuencia, se utilizaba aquello del palo y la zanahoria. Entonces, ¿qué ocurre? Yo con mi hija muchas veces es lo que me sale instintivamente, intento controlarlo, pero hay veces que es el último recurso al que acudo cuando ya necesito que haga lo que tiene que hacer. Pero si bien en ese momento consigo que haga lo que tiene que hacer, lo que no veo es que realmente haya un aprendizaje, o sea, yo no veo que eso sea un comportamiento que luego se queda con ella. ¿Qué alternativa tengo? ¿Qué otro recurso tengo al castigo?

04:33
Álvaro Bilbao. Bueno, es muy importante esto que me preguntas porque todavía venimos de una educación que se basaba mucho en los premios y en los castigos, y la neurociencia ha desterrado este tipo de educación porque sabemos lo que dices tú, que no es eficaz. Yo siempre os digo a los padres una cosa: si los castigos fueran eficaces, los niños a los que más se les castiga serían los niños que mejor se portan, y todos sabemos que es todo lo contrario, ¿no? Entonces hay muchas alternativas a los castigos que son mucho más pedagógicas y con las que los niños aprenden mucho más. La primera de ellas sería poner límites. Poner límites quiere decir que explicamos al niño lo que no queremos que haga antes de que ocurra. De esa manera estamos previniendo que el niño desarrolle ciertas conexiones o ciertos patrones neurocerebrales que lo que van a provocar es que repita ese comportamiento negativo. Cuando lo frenamos antes de que ocurra estamos previniendo. Por eso es importante que los padres tengamos límites. Esos límites se pueden traducir en normas, y la diferencia entre una norma y un castigo es que el castigo viene a posteriori, mientras que la norma suele venir de antemano. Y a partir de que el niño tiene ya tres o cuatro años lo podemos fijar en familia. Es decir que, cuando los niños tienen un comportamiento que creemos que no es adecuado, podemos hablar con ellos y de alguna manera llegar a un acuerdo para que ellos acepten, sepan o entiendan que no es el comportamiento más adecuado. Por ejemplo, hace unos pocos días mis hijos estaban viendo la tele y empezaron a discutir. Yo estaba cocinando, pues me acerqué al cuarto de la televisión y les dije que no me gustaba que discutieran, que por favor que no volvieran a discutir. A los dos minutos volvieron a discutir, así que apagué la tele, les llamé a todos a la cocina e hicimos una pequeña asamblea y les dije que, bueno, pues que no podían discutir a cuenta de la tele, que me parecía que la tele era algo para disfrutar y que no podían estar gritándose ni enfadándose tanto, que qué solución se les ocurría. Y lo que dijeron ellos fue que, oye, pues que si gritaban pues que podía apagar la tele. Lo dijeron muy rápido y estaban muy contentos, pero de lo que no podían darse cuenta ellos ni yo es que a los cinco minutos se volvieron a pelear. Y en ese momento, pues yo fui al cuarto y dije: “Bueno, os habéis peleado y como la norma es que si os peleáis apago la tele, apagamos la tele”. No han vuelto a discutir por la tele. O sí han discutido, porque les he escuchado, pero ahora discuten muy bajito y es lo que llamaríamos pues que se están poniendo de acuerdo.

06:56
Álvaro Bilbao. Esas normas que introducimos en la vida de los niños hacen que ellos pues sepan adaptarse a las normas. En cada país, en cada cultura y en cada familia hay unas normas distintas. En mi casa, por ejemplo, era obligatorio llevar zapatillas cuando estábamos en casa. En mi casa, por ejemplo, no es obligatorio llevar zapatillas. En España, pues por ejemplo, puede ser más o menos obligatorio que los niños vayan a la escuela, y en alguna tribu pues de Indonesia pues puede ser importante que los niños vayan a cazar con sus padres. Pero lo que es importante es que en todas las culturas, en todas las familias, las normas se estructuran en la misma parte del cerebro, que es la corteza frontal. Por eso, cuando ponemos normas a los niños y hacemos que se respeten, estamos ayudándoles a desarrollar pues esa corteza frontal.

07:45
Álvaro Bilbao. Y la tercera clave que yo te daría para ayudar a tus hijos, o a tu hija, a portarse pues de una manera más adecuada o según las normas que queréis que se cumplan en casa es que la ayudéis. Si yo tengo un amigo que va al cardiólogo y que le dice pues que tiene un alto riesgo de tener un infarto, pues yo no estoy, cuando quedo con él, esperando a que se compre un bollo, a que se compre una hamburguesa, para decirle después: “Te lo advertí. Fíjate lo mal que lo estás haciendo”. Sino que yo, que soy un buen amigo, intentaré ayudarle pues para que no cometa esos errores que le ha dicho el cardiólogo que no cometa. ¿Cómo? Pues yendo a tomar un zumo, saliendo a pasear con él. Y los padres que son capaces de ayudar a sus hijos a comportarse mejor, a saber esperar, ayudándoles a ser pacientes, ayudándoles a que no se enfaden tanto, simplemente avisándoles tres minutos antes de apagar la tele: “Voy a apagar la tele dentro de tres minutos”, pues consiguen que los niños se adapten mejor a esas normas. Son unas claves muy sencillas, pero que ayudan mucho a todos los padres.

Álvaro Bilbao Entender el cerebro de los niños para educar mejor

Cuando ponemos normas y límites a los niños y les obligamos a respetarlos estamos ayudándoles a desarrollar su cerebro.

Álvaro Bilbao

08:50
María Luisa Moreno. Casualmente es que nosotros tenemos unos amigos que son nórdicos y que tienen una idea muy diferente de cómo educar a sus hijos. Entonces ellos ponen mínimos límites, no creen apenas en los límites, y lo que sí hacen es que les dejan que tomen muchísimas decisiones desde muy pequeños, pero desde decisiones como qué comer, qué ponerse, desde que son muy pequeños. ¿Eso les está ayudando a los niños en su autoestima, en su libertad, en su capacidad de tomar decisiones, después cuando son adultos?

09:23
Álvaro Bilbao. Sí, sin lugar a dudas. Sabemos que dejar que los niños tomen decisiones ayuda a que desarrollen pues una zona del lóbulo frontal que ayuda pues a resolver problemas de una manera más efectiva porque dejamos que los niños se equivoquen y aprendan de los errores, pero también sabemos que, cuando sobreprotegemos, estamos, digamos, coartando pues esa capacidad que tiene el cerebro, no ya el niño, sino el propio cerebro, de ir desarrollándose plenamente. Y hay estudios de la Universidad de Gunma en Japón que ven que los padres que sobreprotegen más a los niños, que les ayudan de una manera más o menos dirigida a tomar mejores decisiones, acaban tomando peores decisiones cuando son mayores. Por lo tanto, yo estoy muy de acuerdo con tus amigos escandinavos, porque en casa también intentamos ponerles pocos límites pero que sean importantes. Cuando un niño tiene seis meses y empieza a gatear es importante ponerle el límite de que no coja la botella de lejía, porque el niño no lo puede entender, cuando son un poquito mayores también es importante ponerles ciertos límites con las nuevas tecnologías, pero sí que dejamos que ellos decidan cuánto quieren comer. En los países escandinavos es totalmente impensable que un padre le diga “Acábate el plato”, porque el niño, el cerebro del niño, sabe perfectamente bien cuánto tiene que comer. Dejamos que elijan su propia ropa en la tienda y dejamos que se pongan su ropa, la ropa que ellos elijan cada mañana, siempre y cuando respeten un código que viene marcado por el clima: no pueden llevar una minifalda sin medias si estamos en pleno mes de enero y no se van a poner un jersey de lana en pleno mes de agosto, pero quitando esos pequeños matices, ellos toman esas decisiones y creemos que les ayuda mucho.

11:00
María Luisa Moreno. Has mencionado la palabra clave, que es “tecnología”.

11:03
Álvaro Bilbao. María Luisa…

11:04
María Luisa Moreno. Es el caballo de batalla en mi casa. Mi hija, de ocho años, como te digo, tiene verdadera adicción con las pantallas. En casa, son las pantallas en general: televisión, tablet, teléfono… Tiene verdadera adicción con ellas. Tengo dos preguntas que hacerte, la primera: ¿hasta qué punto le puede estar afectando a ese desarrollo que necesita su cerebro, cuando ella pasa muchas horas delante de las pantallas?, y segundo: ¿cómo puedo cortarle el tiempo de pantalla sin que ella lo perciba como un castigo?

11:36
Álvaro Bilbao. Bueno, tu hija nació en el 2009 o 2010, que es el año en el que los smartphones llegaron a nuestras manos. Hoy en día sabemos por distintos estudios y, aunque todavía es muy pronto para tener conclusiones muy ciertas acerca de cómo influye en el desarrollo, pues datos como que los niños que pasan más tiempo con las nuevas tecnologías tienen más probabilidades de tener trastorno de déficit de atención, que tienen más probabilidades de tener trastornos de comportamiento, depresión infantil o fracaso escolar. Sabemos que este tipo de dispositivos tiene una interacción con el cerebro que viene marcada por que cada vez que el niño consigue un punto en un videojuego, que consigue cambiar de película o de dibujo animado favorito simplemente pasando el dedo, se produce una pequeña descarga de dopamina. Ese mecanismo de las descargas de dopamina del cerebro es el mismo que funciona pues con todo tipo de adicciones. En este sentido es importante que los padres sepan pues que las nuevas tecnologías no son inocuas para los niños pequeños, sino que están interaccionando de una manera muy rápida y muy intensa con el cerebro de nuestros hijos. No hay nada más que hacer que quitarle a un niño un móvil para ver cómo reacciona, pues con mucha ira, con mucho enfado, pues porque hay un grado de enganche importante. Lo que podemos hacer los padres, pues en primer lugar marcar normas. Los padres que nos estén escuchando y que todavía no hayan traído un primer dispositivo a casa, o que estén planteándose que sus hijos empiecen a utilizar los dispositivos, lo primero que tienen que hacer, antes de que esté el dispositivo, que sea un videojuego, una tablet, un teléfono, es poner unas normas para que el niño las respete, porque si introducimos normas podemos tener una oportunidad para que el niño aprenda a tener autocontrol cuando respete esas normas, ¿no?

13:21
Álvaro Bilbao. Y lo segundo que yo te recomendaría es que hables con tu hija, que le expliques pues que han salido descubrimientos científicos nuevos, que has leído en sitios especializados o que has hablado con un experto acerca de las nuevas tecnologías y que crees que no es bueno que pase tanto tiempo con ellas. Así que, en un momento en el que no estéis enfadados, en un momento en el que, bueno, pues podáis hablar tranquilamente, decirle pues que vais a limitar un poquito más el uso de las tecnologías. Siempre después de que haga sus tareas del cole, siempre después de que haya sido responsable y se haya hecho su cama, haya puesto o colaborado a poner la mesa para cenar y siempre pues que haya tenido también tiempo durante ese día de correr, de saltar y de jugar a otro tipo de juegos, porque sabemos que ese otro tipo de juegos son más beneficiosos para el cerebro. Y siempre con una norma, que es el tiempo está limitado y que si papá o mamá dicen que hasta aquí, que tiene que dejar el dispositivo, porque si no demuestra ese autocontrol para parar cuando le decimos, posiblemente no tenga un cerebro suficientemente maduro como para manejar o utilizar dispositivos que tienen tanto impacto sobre su cerebro.

14:31
María Luisa Moreno. Hablando de las cosas que hacen los niños, tiene una amiga mi hija que tiene una agenda como si fuera la de un director general, tiene extraescolares hasta a la hora de comer. Entonces, como padre lo ves desde fuera y te da un poco la impresión que tu hijo se va a quedar totalmente fuera de mercado si con cinco años no está haciendo chino, esgrima, violín y, vamos, y programando en Java, por lo menos. A mí me preocupa porque las extraescolares, claro, es mucho tiempo, ya están mucho tiempo en el colegio, encima horas extraescolares, no sé muy bien cómo elegirlas, ni siquiera sé si son importantes las extraescolares ni cuánto tiempo de extraescolares tienen que tener.

15:17
Álvaro Bilbao. ¿Cuáles son las extraescolares que podría hacer tu hijo? Pues yo te diría que tantas como quiera y del tipo de extraescolares que quiera. Al final, durante estos primeros años de vida, el cerebro del niño lo que hace es aprender a aprender información. Y se puede aprender a aprender jugando a fútbol, se puede aprender a aprender estudiando un idioma, se puede aprender a aprender jugando a ajedrez. Es decir, que hay muchas extraescolares y lo más importante es que al niño le gusten, porque si su cerebro emocional conecta con la extraescolar, va a aprender; si su cerebro emocional no conecta con la extraescolar, puede que se le consiga meter información, pero ni va a aprender. Y esto nos lleva a los estudios más interesantes: que los niños que son obligados a ir a extraescolares, los niños que comienzan con extraescolares muy pronto o que van a extraescolares muy academizadas son niños que desarrollan, a medida que van haciéndose mayores, un rechazo por el mundo académico, porque todo lo que hacemos a disgusto o hacemos a la fuerza acaba provocando un rechazo. Por lo tanto, es muy importante que los niños jueguen, que los niños tengan tiempo para disfrutar. Pueden hacer extraescolares sin ningún problema, pero bueno, intentar llegar a un acuerdo entre las que creéis que son importantes, las que a él le gustan y las que puede disfrutar y, si no las disfruta, no hacen ninguna falta.

16:35
María Luisa Moreno. Y en relación a las extraescolares hay un tema y es que cada vez los niños juegan menos en la calle, con lo cual, claro, necesitan ese movimiento físico, necesitan tanto descargar su adrenalina y su energía, como es que necesitan estar moviendo el cuerpo. Entonces, una de las extraescolares en las que tenemos a mi hija, siempre todos los años le ponemos una que sea de deporte, o es voleibol o es tenis. A ella no le suele gustar, pero nosotros la estamos obligando a hacer esta extraescolar. ¿Deberíamos dejar de obligarla a hacer esta extraescolar? No es que la odie, pero le da una pereza horrible cada vez que tiene que ir.

17:12
Álvaro Bilbao. A ver, hay que diferenciar un poco entre el apetecer y el querer. Hay niños que quieren apuntarse en un momento dado a fútbol y disfrutan el fútbol o el tenis, se lo pasan bien, les gusta y vuelven a casa satisfechos, pero les da pereza arrancar en ese momento, sobre todo si hemos hecho una parada en casa, en el que se sienten tan a gusto y se sienten tan arropados que les da pereza salir. Ahí es importante que enseñemos al niño a diferenciar entre el “quiero” y el “me apetece”, y que el “me apetece” a veces puede ser la guía por la que tomemos decisiones, como por ejemplo pues cuando vamos a tomar algo a un bar y el niño quiere decidir si le apetece tomarse un mosto o un vasito de agua, ¿no? Pero en otras situaciones también es importante que enseñemos a los niños a cumplir sus compromisos, ¿no? Lo que no cabe duda es que el ejercicio físico es muy beneficioso para los niños. Hace aproximadamente unos seis años se descubrió, bueno, pues que a nivel cerebral, cuando el niño hace ejercicio físico, bueno, pues se empieza a sintetizar una proteína, que se llama el BDNF, que lo que hace es facilitar los procesos de aprendizaje. Es decir que, vaya tu hija a tenis o a voleibol o no haga ninguna de esas cosas, sería bueno para ella que saliera a la calle a pasear, que pasara un buen rato en el parque, porque con ocho años todavía les encanta el parque, correr, saltar, porque sabemos que si después de clase hacen un poquito de ejercicio físico, de movimiento, reducen sus niveles de cortisol, que es una hormona que dificulta el aprendizaje, y aumentan el BDNF, pues que es una proteína que favorece que haya conexiones cerebrales.

18:45
María Luisa Moreno. Y hablando del tema físico, yo sé que una de las cosas que tú dices es que es muy bueno que padres e hijos jueguen, o sea, el elemento del juego. Dos cosas al respecto, uno: ¿cuáles son los beneficios que se pueden ver en el juego?, y dos: ¿qué hacemos los padres que no somos jugones?

19:05
Álvaro Bilbao. Bueno, no solamente los padres y los hijos deberían jugar, deberían jugar los padres, los hijos y los profesores. Introducir el juego dentro de la educación, hacer que el trabajo en el aula sea un trabajo lúdico, sea un trabajo de interacción y, sobre todo, sea un trabajo que despierte una emoción positiva en el niño es fundamental para que los niños aprendan. El juego es muy importante para el desarrollo del niño pues porque es la manera natural que tiene nuestro cerebro de aprender. A través del juego aprendemos interacciones y reglas sociales, a través del juego aprendemos de manera natural la psicomotricidad, que luego es tan importante para desenvolvernos, simplemente para manejar un boli, simplemente pues para poder tener una conversación y transmitir lo que pensamos a través de nuestros movimientos. Sabemos que ese juego es fundamental, pero también nos permite ponernos en situaciones que son distintas a las que vivimos cotidianamente y, por lo tanto, nos permite practicar. Una de las cosas más bonitas del juego que decía Vygotsky es que, cuando un niño juega, es capaz de pensar, de razonar y de sentirse en un nivel superior al que su propia edad le permite, porque es capaz de imaginarse que es un niño mayor, es capaz de imaginarse que es un superhéroe, es capaz de imaginarse que es un papá, y todos sabemos que los papás pues actúan con autocontrol, que son capaces de organizar, que son capaces de no enfadarse cuando el resto de personas no obedecen y, por lo tanto, el niño que juega a ser papá está aprendiendo pues a desarrollar todas esas habilidades de una manera simbólica.

Álvaro Bilbao Entender el cerebro de los niños para educar mejor
20:35
Álvaro Bilbao. Los adultos, a base de escuchar muchas veces el “no debes”, a base de escuchar muchas veces el “esto no se hace así”, en cierto sentido perdemos esa conexión entre el cerebro racional y el cerebro emocional. Digamos que vivimos muy reprimidos y por eso nos cuesta a veces jugar con los niños. Pero yo quiero que todos los padres, empezando por ti, sepáis que conservamos ese cerebro infantil, ese cerebro de niño sigue ahí dentro, porque no se ha cambiado, simplemente se ha hiperconectado con otras estructuras que obligan a tener más autocontrol, pero que podemos apagar ese cerebro de autocontrol y jugar con nuestros hijos y disfrutar, porque cuando nos tiramos al suelo con ellos, jugamos a peleas, a mordernos, el niño está aprendiendo cómo de fuerte tiene que morder, cómo de fuerte puede empujar y todo eso le viene muy bien para su vida social, porque es el lenguaje que manejan los niños a esas edades, ¿no? Por lo tanto, es muy importante, y muy bonito, además.

21:29
María Luisa Moreno. Uno de nuestros caballos de batalla es la hora de ir a dormir. Mi hija nunca quiere ir a dormir.

21:35
Álvaro Bilbao. Ningún niño quiere ir a dormir.

21:36
María Luisa Moreno. Es increíble, jamás le he oído decir “Mamá, estoy cansada”. O sea, el día que diga estas primeras palabras, yo hago una fiesta. Nunca. Se activa muchísimo… De hecho, desde el momento en el que empezamos el proceso de ir a la cama hasta que apaga la luz, puede ser una hora fácilmente. ¿Cómo puedo acortar ese plazo?

21:55
Álvaro Bilbao. Esa es la pregunta del millón, ¿no? Cómo conseguir hacer así con los dedos y que los niños se queden dormidos inmediatamente. Bueno, pues es una pregunta que no tiene respuesta. Al final, la educación de los niños implica pues educarlos todos los días, ser pacientes todos los días, a veces repetir pautas todos los días, y es un trabajo muy continuo y de mucha constancia. Pues en una cultura como la nuestra que se cena muy tarde, los niños pues digamos que no tienen ganas de dormir. Pero ahí también es importante que entendamos que el sueño es fundamental. Cuando un niño tiene ocho años como tiene tu hija, no parece que le repercuta de una manera tan negativa en su aprendizaje o en su capacidad de concentración en la escuela. Sin embargo, si los niños con ocho años, con nueve años, con seis, no aprenden buenos patrones para quedarse dormidos pronto, lo que ocurre es lo que vemos cuando doy conferencias, por ejemplo, en institutos: que de una clase de doscientos… o de un aforo de doscientos chicos que vienen a escucharme hablar sobre cómo pueden preparar su cerebro para la selectividad, son chicos de diecisiete, dieciocho años, tan solo un dos por ciento levanta la mano cuando yo les pregunto “¿Quiénes habéis dormido más de ocho horas hoy?”. Los chicos adolescentes están durmiendo siete, seis o incluso cinco horas, y eso es mucho más frecuente que que duerman ocho o nueve, cuando sabemos que el cerebro humano debería dormir como mínimo ocho horas todos los días. Y cuando les pregunto que qué estabais haciendo, nunca ha salido nadie que me diga “Mire, señor neuropsicólogo, yo me he ido a dormir tarde porque estaba leyendo a Shakespeare”. Eso no pasa. ¿Qué es lo que les roba el sueño a los chicos? Pues la tecnología. Que están mirando el móvil, que están mirando internet, redes sociales… Y eso hace que el sueño se retrase en una especie de círculo vicioso, porque tanto a los adolescentes como a los niños de seis años que se acostumbran a dormirse viendo un cuento en el móvil, sabemos que el tipo de luz que emiten esos dispositivos retrasa la aparición de melatonina en el cerebro, que es una hormona esencial para dar el paso de estar despierto a estar dormido. Por lo tanto, un consejo fundamental para los padres que quieren que sus hijos se duerman antes es: después de la hora de la cena, nada de dispositivos.

24:06
Álvaro Bilbao. Y luego otra cosa que yo he encontrado que me funciona muy bien es que… Claro, los niños siguen un poco los patrones de los padres. Si los niños se van a la cama y nosotros nos quedamos en el salón, viendo la tele, con la luz encendida, con todas las luces artificiales de la cocina, del salón encendidas, los niños va a ser muy difícil que se duerman. Los niños necesitan que los padres estemos con ellos para dormirse, por el simple hecho de que durante todo el día les estamos diciendo “no te vayas de mi vista”, “no te alejes”, “no te quedes tú solo, porque es peligroso”, y los niños entienden, bueno, pues que en el mundo hay ciertos peligros. Cuando llega la noche y está todo oscuro, los niños sienten ese peligro todavía mucho más presente y, por lo tanto, pues están un poco asustados. Todos los niños del mundo se acaban durmiendo con la presencia de los padres. Por lo menos durante las primeras fases, hasta que el niño ya está casi casi del todo dormido. Y es importante que les enseñemos o les calmemos durante ese tiempo. La mejor estrategia para que un niño se duerma pronto es acompañarlo a su habitación, apagar la luz, poner unas poquitas normas, como “no te levantes de la cama”, “no se puede hablar”, “yo voy a estar aquí”, te puedes quedar en el quicio de la puerta o sentado sobre su cama y esperar a que se duerma. Y otra cosa que nos ayuda mucho en casa es que, más o menos a la hora que los niños se van a dormir, nosotros ya cerramos el salón, cerramos la cocina y nos vamos a nuestro cuarto a leer, a hablar un poco, porque eso también ayuda a los niños a entender que es la hora de dormir, que dormir es importante.

25:32
María Luisa Moreno . ¿Y el fenómeno del vaso de agua? ¿Cómo es posible, todas las noches, después de hacer toda la rutina, ya parece que está todo controlado, las luces apagadas, “Mamá, un vaso de agua”? Y el día en el que te acuerdas de llevarle el vaso de agua, “Mamá, que me he bebido el vaso de agua”. ¿Eso por qué?

25:51
Álvaro Bilbao. Eso es algo que me preguntáis mucho: por qué los niños siempre piden un vaso de agua al acostarse. Y es curioso, porque los niños que no han pedido un vaso de agua durante todo el día son los más sedientos cuando se van a la cama. Y eso nos viene a indicar pues que en realidad los niños, cuando están metidos en la cama, no tienen sed, es una respuesta instintiva, porque los niños se sienten desprotegidos por la noche en la cama, y es una respuesta instintiva que lo que hace es que el niño pueda comprobar si su padre, si su mamá, va a acudir cuando el niño le llame. Si yo llamo a mi mamá y le pido un vaso de agua y ella me lo trae, yo sé que por la noche, si pasa algo, si viene un león, si viene un peligro, y yo grito “mamá”, mi mamá va a venir. Y por lo tanto, es un mecanismo instintivo que ocurre en todas las culturas y que hace que todos los niños del mundo pidan un vaso de agua cuando se van a dormir.

26:40
María Luisa Moreno. Entendido. O sea que hay que llevar el vaso de agua. No hay que negarse y resistirse ni decirle “Vas a buscarlo tú”, sino que hay llevarle el vaso de agua.

26:47
Álvaro Bilbao. En general, los niños se van a dormir más tranquilos y antes si tienen la seguridad de que sus padres van a atender a su llamada y van a acudir.

26:56
María Luisa Moreno. Y si el proceso de irse a la cama se alarga muchísimo y una de las rutinas es leer, leer diez minutos o quince minutos, y además es algo que en nuestra casa, por ejemplo, somos ávidos lectores y nos encanta que nuestra hija lea. Le encanta leer antes de dormir. Pero hay días que son las diez y media de la noche cuando hemos conseguido que se vaya a la cama. ¿Qué hago? ¿Le quito ese rato de lectura?

27:18
Álvaro Bilbao. Bueno, ahí yo creo que es importante que entendamos que los dogmas, las normas rígidas, no son muy buenos para el desarrollo del niño. Yo soy el primero que siempre defiendo que los niños deberían leer todas las noches antes de irse a la cama, en primer lugar, porque facilita el paso al sueño y, en segundo lugar, porque leer enriquece el vocabulario y sabemos que eso es algo importantísimo para su desarrollo intelectual y para su rendimiento académico. Sin embargo, también es importante que los padres nos comuniquemos con nuestros hijos y seamos congruentes con nuestros sentimientos. Entonces, aunque el cuento es una rutina en mi casa, si yo un día estoy muy cansado, sean las nueve o sean las diez y media, yo les diré a mis hijos: “Chicos, hoy estoy muy cansado”. “Jo, papá, es que queremos el cuento”. “Yo ya sé que queréis el cuento, pero os tendréis que conformar porque papá está muy cansado”. Al final, una familia es un grupo de personas que nos queremos y entre las que tenemos que convivir, y la convivencia implica pues atender a las necesidades de todos y tener todas las necesidades en cuenta. Hay veces que la necesidad del niño puede ser preponderante y, en otros momentos, pues la necesidad del papá de descansar, porque ese día está cansadísimo o porque ha tenido muy mal día o porque se siente disgustado, pueden ser más importantes, y es importante que los niños también entiendan que todos tenemos nuestro lugar. Los padres que educan a los niños poniéndoles en el centro de atención, siendo siempre ellos los primeros, le están enseñando en realidad a renunciar a ellos mismos, porque los padres acaban renunciando a todo por el hijo.

28:47
María Luisa Moreno. Claro.

28:48
Álvaro Bilbao. Por lo tanto, es importante siempre que haya un equilibrio en la familia.

28:51
María Luisa Moreno. Y un tema que a mí me preocupa es el tema de la sobreprotección. Al final, tienes tus hijos, son el centro de tus alegrías, les dedicas tu tiempo y todo tu amor y también toda tu obsesión por tenerles protegidos, por tenerles a salvo, seguros y porque tengan una autoestima alta. ¿En qué momento es protección o pasamos a la sobreprotección y en qué momento es autoestima o egocentrismo a lo que les estamos llevando?

29:24
Álvaro Bilbao. Bueno, cada vez estamos más interesados a nivel de neurociencia en el efecto de la sobreprotección, no solamente en la vida familiar, sino también en los resultados académicos, en la toma de buenas decisiones respecto a la universidad. Por ejemplo, hay un estudio muy bonito que dice que los niños que están más sobreprotegidos toman peores decisiones respecto a su futuro profesional y acaban siendo adultos que trabajan en trabajos con los que se sienten insatisfechos, porque los padres metieron demasiada mano en influir, en opinar sobre lo que el niño tenía que decidir. Y suelen ser niños, o adolescentes, que durante toda su infancia han tenido ese componente de sobreprotección de los padres. Algo que podemos aprender del mundo animal es que los tigres, los monos, no persiguen a sus hijos por la selva, sino que están en su lugar y son los animalitos, son los bebés, las crías, los que van haciendo sus trastadas y, cuando el monito se cae del árbol y se hace daño, es él el que va corriendo a buscar a su mamá. Por lo tanto, un buen indicador de que estamos sobreprotegiendo o no estamos sobreprotegiendo es que dejemos que los niños vengan a nosotros cuando nos necesitan y dejémoslos tranquilos, dejémoslos vivir cuando ellos no nos están pidiendo ayuda. Si vemos que el niño está infringiendo una norma grave, como por ejemplo pues que está pegando a otro niño, como que va a cruzar la calle solo, ahí sí que es importante que los padres intervengamos pues para protegerles. Pero eso sería protección. La sobreprotección es cuando asistimos al niño en demasiadas cosas que el niño no nos pide. Una de mis palabras favoritas para educar es “no”, no solamente porque me permite ponerle los límites que creo que son imprescindibles, que son muy poquitos pero imprescindibles para que los niños desarrollen capacidad de tolerar la frustración, sino también porque me permite decirles “No te voy a ayudar” siempre que creo que pueden hacerlo solos. Y la verdad es que descubro que en la mayoría de las ocasiones, cuando digo “Mira, no te voy a ayudar a abrir este bote de mermelada”, “No te voy a ayudar a hacer este ejercicio”. “¿Se te han olvidado los deberes? Pues yo no te voy a ayudar pidiendo los deberes por Whatsapp a otros papás”, acabo encontrando que ellos acaban encontrando la respuesta, acaban siendo capaces de abrir ese bote de mermelada o acaban aprendiendo que, si no quieren que se les olviden los deberes, lo más importante es acordarse en clase, ¿no?

31:37
María Luisa Moreno. Y ahora que hablas de la tolerancia a la frustración, uno de los temas que a mí me cuesta mucho es cuando mi hija está con las emociones desbordadas. Además, tiende al drama y al victimismo, entonces eso mismo hace que mis propias emociones suban. Y yo sé que en ese momento yo lo que tengo que hacer es ayudarla para que ella controle esas emociones y darle esos recursos para que empiece a autocontrolarse ella. ¿Cómo lo puedo hacer?

32:05
Álvaro Bilbao. Bueno, ahí hay una frase muy bonita, que es que, cuando los niños están desbordados emocionalmente, lo más importante que podemos hacer es darles nuestra calma y no unirnos a su caos. Esto en las escuelas lo hacen muy bien, los profesores saben cómo mantener el orden, saben estar tranquilos cuando los niños se desbordan, y todos podemos ver que los profesores son capaces de tener a una clase de veintiocho niños cumpliendo una serie de normas básicas, estando básicamente atentos y participando en la clase, y muchas veces los padres nos desbordamos con uno o con dos. Aunque suele ocurrir, y dime tú si me estoy equivocando, que os desbordéis las dos posiblemente por la tarde…

32:43
María Luisa Moreno. Mira…

32:44
Álvaro Bilbao. …más por la mañana, ¿no?

32:45
María Luisa Moreno. Seguro

32:45
Álvaro Bilbao. Bueno, esto ocurre también porque el cerebro de los niños se cansa y, cuando el cerebro de los niños está cansado, le cuesta mucho más trabajo controlar sus emociones. Ahí lo más importante que podemos hacer es estar tranquilos, entender qué ocurre, porque su cerebro está cansado, entender que cuando sean mayores serán capaces de controlar esas emociones y también entender que lo que más va a educar a esos niños a ser capaces de regularse emocionalmente es siempre el ejemplo de los padres. Los niños aprenden a regular sus emociones, el enfado, la ira, la frustración, y a expresar esas emociones a través de los modelos que ven en sus padres. Si cuando nuestro hijo está enrabietado nosotros nos enrabietamos con él, pues él aprende que cuando uno se frustra se enrabieta. Si cuando nuestro hijo se equivoca nosotros nos enfadamos, pues el niño aprende que las equivocaciones son un desastre y, por lo tanto, va a dramatizar más. Y por lo tanto, es importante que nosotros sepamos estar calmados y enfadarnos, pero enfadarnos de una manera tranquila y positiva, cuando haga falta y saber mantener la calma cuando la cosa no va con nosotros, ¿no?, cuando es un problema que tiene el niño, y desde la calma poder ayudarle.

34:54
María Luisa Moreno. A mí hay una parte que me parece fundamental, que es la empatía. Yo me doy cuenta que prácticamente todos los conflictos que ella tiene con amigos, con primos y tal…

34:03
Álvaro Bilbao. Cómo se sufre con eso, ¿verdad?

34:04
María Luisa Moreno. …es por falta de empatía. Pero ¿a partir de qué edad empiezan a sentir empatía los niños? ¿Y cómo se les puede ayudar?

34:14
Álvaro Bilbao. Bueno, la empatía es una habilidad emocional muy compleja. Es una habilidad emocional muy compleja porque implica ser capaz de salir de nuestro marco de referencia. Utilizamos distintos circuitos de neuronas para poder imaginarnos cómo se siente el otro, es lo que llamamos teoría de la mente, es decir, qué es lo que el otro está pensando, e implica también tener una buena conexión con nuestras propias emociones. Lo más importante para que un niño sea empático es que sea capaz de entender sus propias emociones primero para luego ser capaz de entender las emociones de los demás. E igual que con otras habilidades que los niños van desarrollando, sobre todo las que tienen que ver con las habilidades sociales, implica muchos ejemplos, mucho trabajo, mucha constancia desde casa y siempre con situaciones concretas. Cuando los profesores, por ejemplo, me preguntan que cómo pueden potenciar la empatía desde el aula, yo siempre les digo que, bueno, pues que las actividades programadas pueden ayudar, pero lo que más ayuda es que cuando un niño en una clase concreta tiene un problema, está sufriendo, está disgustado o está entusiasmado porque se ha enterado pues que sus padres le van a llevar a Disneylandia, el profesor puede parar un momento la clase y preguntar a los demás que cómo se sienten, poner palabras a la emoción y, cuando ponemos palabras a la emoción, somos más capaces de comprenderlo. Por lo tanto, es un trabajo de constancia, de empezar por las propias emociones del propio niño, por empezar a decirle al niño a las diez y media de la noche “Mira, es que papá, mamá, está muy cansado. Hoy no te quiero leer el cuento”, porque en la medida que entienda a los padres, será capaz también de entender a sus amiguitos.

35:48
María Luisa Moreno. ¿Cuán importante son los hermanos? Y voy más allá: en el caso de mi hija, que es hija única, ¿va a tener alguna carencia por no tener hermanos?

Los niños deberían leer todas las noches antes de acostarse porque facilita el sueño, desarrolla el vocabulario y mejora su rendimiento académico

Álvaro Bilbao

35:57
Álvaro Bilbao. Bueno, esta es una pregunta que os preocupa mucho a los padres que tenéis solamente un hijo. Y yo siempre os digo que hay dos realidades: la primera es que aproximadamente el treinta por ciento de los niños son niños que crecen en una familia en la que no hay más hermanos y la otra realidad es que todos los hermanos mayores han sido hijos únicos durante unos meses, ¿no? Sabemos por distintos estudios pues que los niños que son hijos únicos tienden un poquito más al neuroticismo, que es una palabra que puede sonar un poquito fea pero que quiere decir que les cuesta un poquito más de trabajo compartir, que les cuesta un poquito más de trabajo ser empáticos, que les cuesta un poquito más de trabajo aceptar pues que hay más personas alrededor y que se van a frustrar a menudo con esas otras personas, ¿no? Pero dicho esto, esto es un pequeño componente. En el desarrollo de un niño hay muchísimos factores que están influyendo: el tiempo que pase con otros amiguitos del cole, la relación que establezca dentro del aula y lo que sea capaz de compartir, lo que sea capaz de gestionar a nivel de frustración con otros compañeros. Y luego hay una contrapartida positiva: los niños que son hijos únicos tienen más atención de los padres, lo cual…

37:08
María Luisa Moreno. Ya.

37:08
Álvaro Bilbao. …eso es positivo a nivel de desarrollo intelectual, porque son capaces de recibir más inputs intelectuales de los padres, y también son más creativos porque en muchos momentos se tienen que entretener solos. Entonces, cada situación de cada niño es distinta. Y yo siempre digo que los mejores educadores no son los que tienen todo perfecto a su alrededor y hacen niños perfectos, sino son aquellos que son capaces de aprovechar las oportunidades que les ofrece el día a día, los pequeños disgustos, enfados, limitaciones que hay en nuestra propia educación para hacer fortalezas de eso en el niño. Al final, el niño necesita muchos referentes educativos para aprender distintos modelos, y va a aprender modelos de su papá, va a tener también un modelo distinto de su mamá, de su profesor de infantil, de su profesor de primaria y del papá de su mejor amigo. Y va a ser capaz de utilizar todos esos recursos pues para desarrollarse plenamente. Cuantas más experiencias tenga, cuantas más ricas y variadas sean esas experiencias, pues más va a poder potenciar esas capacidades que tiene, ¿no?

38:12
María Luisa. Y los padres que se enfrentan con varios suspensos en las notas, ¿cómo tienen que gestionar esto con los niños?

38:20
Álvaro Bilbao. Bueno, pues al final, cuando un niño suspende, en primer lugar, tenemos que entender que el niño tiene un problema, pero que no es que tenga un problema él, sino que se está enfrentando a un problema y, en segundo lugar, está teniendo pues posiblemente una de sus primeras experiencias de fracaso. Si nosotros reaccionamos con enfado, con disgusto, haciendo que sea una situación pues tremenda en casa, pues el niño va a aprender a dramatizar, va a aprender que, bueno, pues si no consigue todo lo que quiere, si fracasa en un momento dado, pues se viene todo por tierra. Y en realidad sabemos que es muy importante que los niños aprendan de los padres a gestionar bien los fracasos. Por lo tanto, cuando aparece el niño con los primeros suspensos, es importante seguir manteniendo una relación cálida con él, intentar preguntarle a él, hablar con los profesores, para ver qué es lo que fue mal y qué podíamos haber hecho distinto y también intentar ayudarle a que esos errores que llevaron al suspenso pues no se vuelvan a cometer. Pero es muy importante que mantengamos esa relación positiva con el niño, una relación cercana, de comprensión, para que el niño, la próxima vez que tenga un problema, se pueda acercar a nosotros y le podamos ayudar a resolverlo, ¿no?

39:32
María Luisa Moreno. Y en general, ¿cómo podemos ayudarles a estudiar mejor? ¿Qué herramientas o de qué manera les podemos ayudar a mejorar su manera de estudiar?

39:41
Álvaro Bilbao. Bueno, sabemos mucho a día de hoy acerca de cómo el cerebro aprende. Y esos conocimientos de neurociencia acerca del aprendizaje pueden ayudar mucho a los chicos que se están preparando ahora para un examen importante o simplemente para los padres que quieren ayudar a sus hijos a estudiar mejor. Una de las cosas más importantes que sabemos es que el aprendizaje más importante que hace nuestro cerebro es a nivel visual. Recordamos aproximadamente el noventa por ciento de las cosas que vemos y, sin embargo, aprendemos muy poquito de lo que leemos. Y sin embargo, la manera de aprender en nuestro sistema es una manera de aprender muy basada en leer, en repetir y en escribir. Si introducimos claves visuales como infográficos, como el subrayado en distintos colores, dibujos que nos permitan entender mejor la materia, todo eso va a ayudar a que el niño pues recuerde mucho mejor la información el día del examen. En realidad sabemos que a los niños no les cuesta mucho trabajo aprender, lo que les cuesta trabajo es recordar lo que han aprendido, porque el cerebro aprende gran cantidad de información, que está expuesto a ella. La otra cosa que también es muy importante es crear conexiones. Cuando el niño conecta lo que ha visto en clase con la vida real, cuando el niño conecta pues una asignatura en la que estuvo viendo algo de matemáticas con un experimento que puede hacer en casa con unas naranjas, ese niño va a recordar esa lección siempre. No solamente es importante para los padres, para que intenten trasladar el mundo académico del niño a la vida real, sino también para los profesores, para que sepan que el niño va a aprender mejor todo aquello que se relaciona con sus intereses, y los intereses de un niño de nueve años no son cuánto se tarda en ir desde Zaragoza hasta Madrid en una dirección o en otra, sino que tienen que ver pues con los Pokémon, tienen que ver con los muñecos que ven en los dibujos animados, y eso es muy importante que lo tengamos en cuenta.

41:32
Álvaro Bilbao. Y luego hay tres efectos que la neurociencia ha puesto de manifiesto que ayudan mucho a que los niños aprendan. El primero es el efecto autegeneración. Cuando un niño escribe, toma sus propias notas, cuando hace sus propios esquemas, su cerebro recuerda mucho mejor esa información porque recordamos mejor aquello que hacemos que aquello que escuchamos o que nos han contado. El segundo efecto es el efecto espaciado. Cuando los niños o los adolescentes se ponen a estudiar y, después de estudiar un rato, tienen un periodo de descanso, sabemos que su cerebro hace toda una serie de procesos que permiten al niño consolidar esa información en la memoria a largo plazo. Por lo tanto, echarse una pequeña siesta, estudiar un tema y luego hacer un rato de descanso sin ver el ordenador, sin chatear con los amigos, simplemente tumbarnos cinco minutos, sabemos que potencia mucho el recuerdo y la consolidación de esa información. Y la tercera clave es lo que llamamos el efecto generación. Cuando un chico estudia y repite y repite una y otra vez lo mismo, sabemos que su cerebro en realidad no está aprendiendo porque se produce una cosa que llamamos la habituación. Es decir, que las palabras que estamos repitiendo el cerebro las descarta porque están ya muy vistas y le empiezan a aburrir. Sin embargo, el efecto evaluación consiste en que nos tomemos la lección a nosotros mismos, es decir, que repasemos un tema, hagamos nuestro esquema, hagamos esos dibujos que nos ayudan tanto y, después de hacer esos dibujos, tapemos el libro e intentemos recordarlo, que nos tomemos la lección a nosotros mismos, porque sabemos que de esa manera estamos incidiendo no tanto en el aprendizaje, que de por sí en el cerebro del adolescente es bueno, sino que estamos incidiendo en el recuerdo, que es lo que le va a fallar a ese estudiante en el día del examen. Casi todos los estudiantes el día del examen sabían lo que tenían que poner, pero no fueron capaces de recordarlo.

43:24
María Luisa Moreno. Muchísimas gracias, gracias por tu generosidad en todas tus explicaciones…

43:29
Álvaro Bilbao. Gracias

43:29
María Luisa Moreno. …y creo que nos va a ayudar muchísimo a todos los padres

43:31
Álvaro Bilbao. María Luisa, gracias a ti. El honor ha sido todo mío y creo que has expresado muy bien las preocupaciones, las dudas que tienen miles y miles de padres que nos estarán viendo desde casa. Yo, antes de despedirme de ti, te quería decir una última cosa: no te preocupes si no lo estás haciendo perfecto. La verdad es que los niños no necesitan que los padres seamos perfectos, sino que es bueno que los padres nos equivoquemos, porque cuando nos equivocamos les estamos haciendo dos regalos muy importantes a los niños. El primero de ellos es que se vean capaces de superarnos como padres, es decir, de resolver un problema que tiene en su vida, que es que “Mi padre a veces mete la pata, a veces se enfada más de la cuenta o a veces pues no me hace caso cuando yo quiero”. Y eso les va a ayudar a ser más resilientes. Y la segunda cosa es que, cuando nos equivocamos, pues también estamos enseñando a los niños que está bien que ellos se equivoquen, que no pasa nada, que tienen que ser indulgentes consigo mismos, porque de esa manera van a saber perdonarse pues todos los errores que cometen en la vida, que, afortunadamente, pues serán muchos. Muchísimas gracias a ti.

44:33
María Luisa Moreno. Gracias a ti, Álvaro. Muchas gracias.