“Tenemos intelecto ¿Pero somos tan inteligentes?”

Jane Goodall

· Primatóloga

Está considerada como una de las mujeres científicas de mayor impacto en el siglo XX. Los ojos de Jane Goodall brillan al compartir sus historias de ayer, convertidas hoy en grandes lecciones de vida sobre la ciencia y la educación: "Sé curiosa y comete errores, sé paciente y no te rindas", repite esta mujer extraordinaria. Goodall es Doctora en Etología por la Universidad de Cambridge y Doctora 'honoris causa' por más de 45 universidades del mundo. Ha recibido más de 100 premios internacionales como el Premio Príncipe de Asturias de Investigación, la Legión de Honor de la República de Francia, el título de Dama del Imperio Británico o la Medalla de Oro de la UNESCO, entre otros. Además es “Mensajera de la Paz” de Naciones Unidas.
Goodall vivió su infancia y juventud con un solo sueño: viajar desde su Inglaterra natal a África para estar cerca de los animales y escribir sobre ellos. En 1960, con apenas 23 años, hizo realidad su propósito de la mano del famoso antropólogo Louis Leakey quien le encargó la arriesgada misión de viajar a la selva de Gombe, Tanzania y convertirse así en el primer ser humano en observar e investigar a los chimpancés salvajes. Acompañada de su madre comenzó un proyecto de investigación de seis meses de duración. Hoy, casi 60 años después, continúa desarrollándose gracias al equipo de investigadores del Instituto Jane Goodall en la que es, una de las investigaciones de campo más prolongadas sobre animales en libertad.
Las investigaciones de la Doctora Goodall revolucionaron a la comunidad científica y fascinaron al mundo entero. Su perseverancia, intuición, empatía y capacidad de observación, no solo nos han permitido descubrir el desconocido mundo de los chimpancés y de otras especies, sino que, nos invitan a reflexionar sobre nosotros mismos, promover un estilo de vida más sostenible y a construir una sociedad más justa.


Creando oportunidades

Jane Goodall

Está considerada como una de las mujeres científicas de mayor impacto en el siglo XX. Los ojos de Jane Goodall brillan al compartir sus historias de ayer, convertidas hoy en grandes lecciones de vida sobre la ciencia y la educación: "Sé curiosa y comete errores, sé paciente y no te rindas", repite esta mujer extraordinaria. Goodall es Doctora en Etología por la Universidad de Cambridge y Doctora 'honoris causa' por más de 45 universidades del mundo. Ha recibido más de 100 premios internacionales como el Premio Príncipe de Asturias de Investigación, la Legión de Honor de la República de Francia, el título de Dama del Imperio Británico o la Medalla de Oro de la UNESCO, entre otros. Además es “Mensajera de la Paz” de Naciones Unidas.
Goodall vivió su infancia y juventud con un solo sueño: viajar desde su Inglaterra natal a África para estar cerca de los animales y escribir sobre ellos. En 1960, con apenas 23 años, hizo realidad su propósito de la mano del famoso antropólogo Louis Leakey quien le encargó la arriesgada misión de viajar a la selva de Gombe, Tanzania y convertirse así en el primer ser humano en observar e investigar a los chimpancés salvajes. Acompañada de su madre comenzó un proyecto de investigación de seis meses de duración. Hoy, casi 60 años después, continúa desarrollándose gracias al equipo de investigadores del Instituto Jane Goodall en la que es, una de las investigaciones de campo más prolongadas sobre animales en libertad.
Las investigaciones de la Doctora Goodall revolucionaron a la comunidad científica y fascinaron al mundo entero. Su perseverancia, intuición, empatía y capacidad de observación, no solo nos han permitido descubrir el desconocido mundo de los chimpancés y de otras especies, sino que, nos invitan a reflexionar sobre nosotros mismos, promover un estilo de vida más sostenible y a construir una sociedad más justa.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:59
Jane Goodall. Hola, buenos días a todos. Permitidme que empiece con un saludo chimpancé.Que significa: “Soy yo, soy Jane”. Soy Jane Goodall. Creo que mi interés por los animales empezó cuando era muy pequeña.Mi primera experiencia real de observación del comportamiento de los animales, de cómo hacerlo y cómo no hacerlo, tuvo lugar cuando tenía cuatro años y medio. Mi madre y yo nos hospedábamos en una granja en el campo. Una verdadera granja, no una de esas granjas industriales en las que los animales viven hacinados en unas condiciones terribles,sino una granja de verdad, con animales en el campo.Era muy emocionante: vacas, cerdos, caballos… todos juntos. A mí me encargaron recoger los huevos de las gallinas. Las gallinas iban por ahí picoteando por la granja, pero para poner los huevos se metían en unos pequeños gallineros, donde también pasaban la noche. Eran así de altos.Yo recogía los huevos, pero, al parecer, yo iba preguntándole a todo el mundo: “Si el huevo es así de grande, ¿dónde tiene la gallina un agujero así para que salga?”.

02:19
Jane Goodall. No veía ningún agujero de este tamaño. Y recuerdo claramente ver a una gallina marrón entrando en uno de los gallineros. Y debí de pensar: “¡Va a poner un huevo! Esta es mi oportunidad”. Así que me arrastré tras ella. Fue un gran error, porque salió corriendo y cacareando del susto. Con mis cuatro años pensé: “Tengo que averiguarlo. Pero este lugar es peligroso para las gallinas. Ninguna gallina pondrá huevos aquí”. Había seis gallineros. Así que me metí en uno que estaba vacío y esperé. Y esperé. Y esperé. Y, al final, fui recompensada. Entró una gallina… Si cierro los ojos, puedo ver cómo se levantó un poco sobre las patas, y un huevo cayó sobre la paja. No sé quién estaba más emocionada, yo o la gallina. En fin, yo estaba muy emocionada. Mi pobre madre no tenía ni idea de dónde estaba. Estuve desaparecida durante cuatro horas. Incluso llamó a la policía. Pero, aun así, cuando vio a esa niña tan emocionada corriendo hacia la casa, en vez de enfadarse conmigo y decirme: “¿Cómo te atreves a irte sin decirnos nada?”, lo cual habría matado mi emoción, se sentó y escuchó mi maravillosa historia de cómo una gallina pone un huevo.

03:53
Jane Goodall. Os cuento esta historia por un motivo. Y es que ese es el nacimiento de una pequeña científica: ser curiosa, hacer preguntas, no tener la respuesta correcta, proponerte averiguarlo por ti misma, cometer un error, pero no rendirte y aprender a ser paciente. Todos los elementos estaban ahí, pero una madre distinta podría haber matado esa curiosidad incipiente, y quizás no habría hecho lo que he hecho. Quizás no estaría aquí sentada ahora.

04:24
Laura. Hola, Jane, soy Laura y estoy encantada de poder compartir este momento con usted. Me gustaría preguntarle cómo empezó todo su amor por la naturaleza, y sobre todo, todo su amor por los chimpancés.

04:35
Jane Goodall. La verdad es que yo nací amando a los animales. No sé de dónde vino. Desde mi más tierna infancia, yo solo quería estar con animales, observarlos, estar al aire libre.Y tuve una madre maravillosa que fomentó mi amor por los animales. Cuando era pequeña, en Inglaterra, hace tantos años… Ahora tengo casi ochenta y cinco años. Durante mi infancia no había televisión, no había ordenadores. No podías buscar nada en Google. Así que aprendía, por un lado, estando en contacto con la naturaleza, que es la mejor forma de aprender. Pero también de los libros. Yo era una apasionada de los libros. Mi familia tenía muy poco dinero. Estábamos en plena Segunda Guerra Mundial y no podíamos permitirnos libros nuevos.Mis libros eran de la biblioteca, pero encontré una tiendecita de libros de segunda mano en la que me pasaba horas. Ahorraba los pocos peniques que me daban de paga, y una vez, con diez años, encontré un librito, que aún conservo. Tenía el dinero justo para comprarlo. Se titulaba “Tarzán de los monos”. Me enamoré perdidamente de este glorioso hombre de la jungla. ¿Y qué hizo él? ¡Se casó con la Jane equivocada! Yo estaba muy celosa. Obviamente, yo sabía que Tarzán no existía, pero ahí es donde empecé a soñar que de mayor me iba a ir a África para vivir con animales salvajes y escribir libros sobre ellos.

El mensaje de Jane Goodall para las niñas que quieren ser científicas
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¿No es extraño que la criatura más inteligente que ha caminado sobre la faz de la Tierra esté destruyendo su único hogar?

Jane Goodall

06:13
Jane Goodall. Todo el mundo se reía de mí: “No tienes dinero. Hay una guerra. África está muy lejos. ¿Cómo diantres vas a hacer eso? De todas formas, tú eres una chica. Las chicas no hacen esa clase de cosas.
Sueña con algo que puedas conseguir”. Pero mi madre no. Volvemos otra vez a mi maravillosa madre, que me dijo: “Si de verdad quieres hacer algo así, vas a tener que trabajar muy duro y aprovechar cada oportunidad, pero no te rindas”. Y, como ya sabéis, al final conseguí irme a África, tuve esa oportunidad increíble. Yo no elegí estudiar a los chimpancés. Yo habría estudiado lo que fuera. Hasta que conocí al doctor Louis Leakey, famoso paleontólogo y antropólogo. Creo que le impresioné por todo lo que sabía de los libros, a pesar de que acababa de llegar de Inglaterra. Así que me dio la increíble oportunidad de vivir y aprender, no con un animal cualquiera, sino con el que más se parece a nosotros. Cuando llegué allí por primera vez, los chimpancés me miraron y salieron corriendo. Pero, al final, pude acercarme a ellos. ¿En qué momento surgió mi pasión por trabajar con chimpancés y por su conservación? Yo creo que fue el día en que el primer chimpancé perdió el miedo hacia mí. Yo le llamé David Greybeard, que significa Barba grís, porque tenía una hermosa barba blanca. Yo iba siguiéndole por el bosque. Había pasado casi un año. Pensaba que le había perdido, pero me lo encontré sentado mirando hacia atrás, casi como si estuviera esperándome. Quizá lo estaba. Me senté cerca de él.

08:02
Jane Goodall. Había una nuez de palma en el suelo. Yo la cogí y se la acerqué con la mano abierta. Él giró la cara. Yo acerqué más la mano. Y entonces se dio la vuelta, me miró a los ojos, alargó el brazo, cogió la nuez y la tiró. Estaba claro que no la quería. Y, entonces, apretó mis dedos muy suavemente. Así es como los chimpancés se tranquilizan mutuamente. En ese momento, nos comunicamos de una forma que precede al lenguaje humano. Ambos nos entendimos perfectamente el uno al otro. Yo sabía que él no quería la nuez, pero él entendía que mi intención era buena. Ese fue un momento muy especial. Yo creo que fue entonces cuando decidí que debía continuar aprendiendo todo lo que pudiese.

08:54
Elena. Hola, Jane, soy Elena. Es un placer escucharte. Un hecho que marcó un antes y un después en la relación de los seres humanos y los animales fue cuando usted observó a un chimpancé manejar una rama para obtener alimento. ¿Podría explicarnos ese momento y qué sintió cuando hizo uno de los mayores descubrimientos para la ciencia moderna?

09:15
Jane Goodall. Bueno… El día que vi a David Greybeard… Otra vez él. Yo iba andando por el bosque. Todavía no podía acercarme a él, era al principio. Pero le estaba observando con mis prismáticos. Estaba sentado sobre la cima de un nido de termitas. Vi que alargaba el brazo para coger una brizna de hierba y la metió en el termitero, esperó un momento, la sacó lenta y cuidadosamente y se comió las termitas que había pegadas, se comió las termitas soldado que estaban protegiendo el nido. Ví que lo hacía varias veces. Y luego vi que cogía una ramita con hojas, y antes de poder utilizarla como herramienta, le quitó las hojas y las ramas de los lados. Estaba modificando un objeto, esto es propio de la fabricación de herramientas. La verdad… No me sorprendió especialmente, porque ya había leído algo sobre una colonia de chimpancés en cautividad que ya dejaban ver que eran muy inteligentes.

10:24
Jane Goodall. Pero, al mismo tiempo, gracias a todo lo que había leído y por mis conversaciones con Leakey, sabía que la ciencia pensaba que los humanos, y solo los humanos, eran capaces de utilizar y fabricar herramientas.” Era muy emocionante. Creo que ni se me había pasado por la cabeza que vería algo como eso. Especialmente tan pronto. No terminé de creerme lo que había visto, hasta que vi a otros chimpancés haciendo lo mismo. Empezaba la temporada de la “pesca” de termitas. Así que le envié un telegrama a Louis Leakey. Y él me respondió diciendo: “Dado que el hombre se define por su capacidad de utilizar y crear herramientas, ahora tenemos que redefinir al hombre, redefinir las herramientas, o considerar a los chimpancés como humanos”.

11:16
Jane Goodall. Este fue un momento mágico. No solo por las repercusiones en la ciencia, aunque muchos científicos de la época se negaron a creer que lo había visto. Decían: “No ha ido a la universidad, no tiene una titulación, acaba de llegar de Inglaterra. ¿Por qué vamos a creerla?”. Pero gracias a esa observación, Leakey pudo contactar con la National Geographic Society de Estados Unidos, y ellos accedieron a continuar financiando la investigación. Porque al principio solo teníamos dinero para seis meses. Y también enviaron al fotógrafo y cineasta Hugo Van Lawick. Gracias a sus fotografías y sus películas, los científicos tuvieron que admitir que yo estaba diciendo la verdad, porque estaba ahí, delante de sus ojos. Y aun así, lo creyeran o no, unos pocos científicos dijeron: “Se lo habrá enseñado ella”. Eso habría sido muy inteligente, ya que en ese momento aún huían de mí. Pero fue algo muy especial y cambió el curso de todo el estudio.

12:24
Eva. Me siento encantada y muy agradecida de poder hablar con usted. Desde muy pequeña, siento un amor muy especial por los animales. En la actualidad, comparto mi vida con una perrita, ya muy mayor y ciega, que se llama Cuba, por la que siento especial devoción. Usted dice, y yo estoy muy de acuerdo, que los animales son seres que sienten. ¿Qué opina usted acerca de si los animales sienten emociones? Muchas gracias.

12:50
Jane Goodall. Esa es una muy buena pregunta. Había estado en Gombe estudiando y aprendiendo de los chimpancés durante dos años, cuando el doctor Leakey me dijo que no siempre estaría ahí para conseguir dinero, que tendría que buscar dinero yo misma, y que para ello necesitaba una titulación.Yo no había pisado la universidad. Pero me dijo: “No podemos perder tiempo con una licenciatura, así que te he encontrado una plaza en la Universidad de Cambridge para que hagas directamente un doctorado en Etología”. Yo ni siquiera sabía qué era la etología. Significa “el estudio del comportamiento”. A los científicos les gusta inventarse palabras que les hagan sentir importantes. En cualquier caso, cuando llegué a Cambridge, yo estaba muy nerviosa. Sobre todo por los profesores. Así que imaginaos cómo me sentí cuando me dijeron que lo había hecho todo mal: que no debía darles nombres a los chimpancés porque no era científico, debían tener números.

13:54
Jane Goodall. No podía decir que tenían personalidades. No podía decir que tenían mentes capaces de resolver problemas. Obviamente, no podía decir que tenían emociones. Ese era el colmo del antropomorfismo: atribuirles cualidades humanas a animales, no humanos. Bueno, en fin, esos profesores tan sabios podían decir lo que quisieran. Pero cuando era niña, tuve un profesor extraordinario que me enseñó que, aunque ellos sabían mucho, en este tema, ellos se equivocaban. Y ese profesor fue mi perro, Rusty. La verdad es que es totalmente imposible compartir tu vida con cualquier animal, ya sea un perro, un gato, un cerdo, un pájaro, una vaca, un conejo, y no darte cuenta de que los animales tienen personalidad. Tú lo sabrás por tu perra. Los animales piensan. Algunos, claro está, tienen unos cerebros más grandes que otros.
Pero claro que tienen emociones. Y tienen sentimientos. Y pueden sentir miedo, dolor y tristeza.

15:12
Jane Goodall. Y costó bastante, pero hoy en día, si haces un doctorado, estudias las emociones de los animales. Además, cuando trabajas con animales, es muy obvio que tienen emociones. La gente a menudo dice: “Bueno, pero seguro que no tienen sentido del humor”. El mejor ejemplo que tengo de sentido del humor es la gorila Koko, a la que le enseñaron el lenguaje de signos que utilizan las personas sordas. Y en esa ocasión, le habían enseñado todos los colores: el rojo, el verde, el azul, el amarillo, el dorado… Y a una chica joven, que era nueva en el estudio, le pidieron que distrajera a Koko mientras le preparaban la cena. Y ella pensó: “Le haré unas preguntas”. Cogió varios objetos y empezó a preguntarle: “¿De qué color es esto?”. “Es marrón dorado”. “¿De qué color es esto?”. “Es negro”. “¿De qué color…?”. En fin, los distintos colores.

16:15
Jane Goodall. Koko iba dando las respuestas correctas. Y entonces cogió un trapo blanco. “¿De qué color es esto?”. Y Koko hizo el signo del rojo. “Koko, pero si este te lo sabes”. “Rojo”.
Y le dice: “Koko, si no me dices de qué color es esto, no tendrás zumo de manzana en la cena”. Y Koko alarga el brazo, coge el trapo blanco y, con mucho cuidado, coge una pelusilla roja minúscula y le dice: Ese es solo un ejemplo de muchos, pero es muy ilustrativo.

16:50
María. Hola, Jane. Me llamo María. Todavía hay gente que considera que los únicos seres inteligentes en la Tierra somos los seres humanos. Quería preguntarle qué opina de esto. Y quería preguntarle también si considera que podemos hablar de inteligencia de la naturaleza, inteligencia de los animales. Gracias.

17:11
Jane Goodall. Bueno, para mí era muy obvio que los chimpancés son muy inteligentes. No solo utilizan ramitas para pescar termitas, utilizan palitos largos y lisos a los que les quitan la corteza para atrapar a unas hormigas muy agresivas que muerden. Meten la rama en el agujero del hormiguero, rápidamente lo sacan con un montón de hormigas y se las meten en la boca. Solo puedan quedarse un minuto antes de tener que salir corriendo. En algunas partes de África, utilizan piedras para abrir nueces. En la naturaleza, utilizan muchas herramientas diferentes. Es muy obvio que son inteligentes. Sabemos por estudios en cautividad que los chimpancés y todos los grandes simios pueden aprender lenguaje de signos. Pero no solo los grandes simios. Hay otros primates, como el mono capuchino de Sudamérica, que también abre nueces con piedras.

El mensaje de Jane Goodall para las niñas que quieren ser científicas
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Los proyectos del Instituto Jane Goodall tienen tres objetivos: ayudar a la gente, a los animales y al medio ambiente

Jane Goodall

19:20
Jane Goodall. Los científicos dijeron: “Eso lo ha hecho por accidente”. Pero luego lo volvió a hacer. Pues algunos científicos seguían sin querer creerlo. Decían: “Solo lo hace uno de los dos cuervos. Está claro que es un cuervo peculiar”. ¿Por qué solo lo hacía uno? El que lo hacía era la hembra, y cada vez que sacaba el cacahuete, el macho se lo quitaba. La moraleja es: Teniendo una esposa, no hacen falta herramientas. Luego supe de la existencia de un loro llamado N’kisi. No deberíamos tener loros como mascotas. Pero una mujer adoptó a N’Kisi cuando tenía tres meses. Había nacido en cautividad y ella siempre había querido trabajar con un loro. Ella era joyera, no científica. Y se le ocurrió que cuando tienes un bebé, no coges un vaso y dices: “Vaso”, y cuando el bebé por fin dice “vaso” le das un premio, sino que le hablas sin más. Así que se puso a hablarle a N’Kisi. Ahora tiene diez años y tiene un vocabulario de mil setecientas palabras. Y una palabra no cuenta como parte de su vocabulario hasta que la ha dicho al menos dos veces en el contexto adecuado y de forma espontánea.Voy a poneros un ejemplo con N’Kisi, de cuando lo conocí. Fui a su apartamento, que es muy pequeño. Casi todo está ocupado por una jaula enorme. Pero no pasa mucho tiempo enjaulado, le gusta posarse encima y poder volar. Miré hacia arriba a ese pequeño loro gris africano posado sobre su jaula. Yo me sentía un poco tonta. Miré hacia arriba y le dije: “Hola, N’Kisi. Me han hablado mucho sobre ti”. Y él me miró. Y, claro está, su dueña, su compañera, Amy, le había hablado sobre mí y le había enseñado fotos.Y él me miró y dijo: “Esa es Jane. ¿Trae un chimpancé?”. Fue increíble. Pero mi historia favorita de N’Kisi es cuando Amy rescató a una iguana, un lagarto enorme, de una tienda de animales, que acabó muriendo.

21:40
Jane Goodall. Amy es muy emocional y muy espiritual. Puso a la iguana muerta en el suelo, en una caja, porque iba a darle sepultura. Encendió unas velas y quemó incienso de hierba dulce. Y se puso a llorar. Entonces N’Kisi fue a ver qué pasaba. Cuando N’Kisi era pequeño, tenía un montón de juguetes a pilas, le gustaba perseguir cochecitos por el suelo y ese tipo de cosas. Y se queda mirando a ver qué pasa y dice: “Cámbiale las pilas”. En fin… Ahora sabemos que las aves son muy inteligentes. Pero también me he traído a estas personitas. Las vacas viven hacinadas en horribles granjas industriales. Pero si conoces a una vaca que vive en libertad, son muy emocionales, forman lazos muy fuertes con sus crías. Los cerdos. Hay cerdos que son más inteligentes que algunos perros. Y aun así, se les trata como si fueran cosas. Os voy a pedir a todos que, después de esto, busquéis en Google, no a Picasso el artista, sino a “Pigcasso”, y veréis lo que encontráis. Ahora también hay mucho interés en estudiar la inteligencia del pulpo. Que ni siquiera tiene un cerebro normal, solo tiene un sistema nervioso central. Si buscáis en Google “pulpo inteligente” encontraréis cosas increíbles.
Ahora incluso han enseñado a los abejorros a empujar una bolita, y si la meten por un agujero, obtienen una recompensa de néctar. Eso ya es increíble de por sí. Pero otros abejorros a los que no se les ha enseñado pueden aprender a hacer lo mismo solo con mirar a los abejorros que saben hacerlo. Está muy claro que no somos los únicos seres inteligentes del planeta. Pero ¿tan inteligentes somos? Yo creo que la diferencia principal entre nosotros y el resto de los animales es el tremendo desarrollo de nuestro intelecto, de nuestro cerebro.

23:59
Jane Goodall. En fin, sabéis que hemos creado cohetes capaces de llegar hasta Marte y soltar un pequeño robot que se dedica a dar vueltas por el planeta rojo para hacer fotos. Hemos visto las fotos, y aunque antes pensábamos que podía haber vida tal como la conocemos en ese planeta, nos hemos dado cuenta de que no. Si habéis visto las fotos, no dan muchas ganas de vivir allí. ¿No es raro que la criatura más inteligente que ha caminado sobre la faz de la Tierra, esté destruyendo su único hogar?
Tenemos intelecto, pero en realidad no somos tan inteligentes. Hemos perdido la sabiduría. Tomamos decisiones basándonos en: “¿Cómo me ayuda esto a mí, a mi familia, ahora, en la próxima junta de accionistas, en mi siguiente campaña política?”. Y no pensamos en cómo nuestras decisiones afectarán a las generaciones futuras. Me parece que hay una desconexión entre este cerebro tan listo y el amor y la compasión, el corazón humano. Y estoy convencida de que solo podemos alcanzar nuestro potencial humano cuando la cabeza y el corazón están en armonía.

25:18
Rafael. Me llamo Rafa Guerrero. Soy psicólogo y estoy muy implicado en temas educativos. Y es por eso que me gustaría preguntarle cuál es la visión que usted tiene sobre la educación actual, y cómo la educación le ha influido a usted en su magnífica carrera. Muchas gracias.

25:34
Jane Goodall. Cuando era niña, me encantaba aprender. Pero lo que más me gustaba era aprender a través de la experiencia. Sin embargo, disfrutaba aprendiendo de los libros. No disfrutaba de la escuela en sí, porque yo quería estar en la naturaleza. Pero, al mismo tiempo, me fascinaba aprender biología, me encantaba la historia, y me encantaba la lengua. Siempre me ha gustado mucho escribir. Pero creo que aprendí casi todo por mi cuenta. Cuando era muy pequeña, mi abuela me regaló un libro titulado: “The miracle of life”, “El milagro de la vida”. Justo ahora lo han reeditado. Te explica todo sobre los diferentes animales. No es para niños. Cuenta para qué sirven las distintas lenguas, cómo es la lengua larga y flexible del oso hormiguero. Para qué sirven los diferentes tipos de extremidades. Cómo los brazos pueden convertirse en alas…De hecho, justo esta mañana pensaba en lo interesante que sería diseñar la anatomía de un ángel, con brazos y alas, claro que eso no podría ser. Pero bueno…

26:53
Jane Goodall. Me encantaba aprender de ese libro. Hacía dibujos y todo. La educación ha sido muy importante en mi vida. Lo que he aprendido ha sido por mi cuenta, a través de la observación, y leyendo libros. Siempre me ha gustado leer. Hay otro aspecto de la educación importante en mi vida: cuando entré en la universidad. Como decía antes, los profesores me dijeron que lo había hecho todo mal y que los animales no tenían emociones, ni mente y cosas así. Pero tuve la suerte de tener un supervisor estupendo. Se trataba del profesor Robert Hinde. Uno de los etólogos más importantes de Europa. Al principio, era mi crítico más severo. Pero luego vino a Gombe, vio a los chimpancés, y se dio cuenta de que yo tenía razón. Tuve mucha suerte de conocerle, porque me enseñó cómo expresar mis ideas revolucionarias sobre el comportamiento animal de forma que mis colegas científicos no pudieran destrozarme.
Por ejemplo, le di un texto que yo había escrito para mi tesis sobre la familia de Flo, su hija Fifi, y el recién nacido, Flint. Fifi no se alejaba nunca de su madre, y si algún joven se acercaba los espantaba. Yo decía que Fifi estaba celosa. Robert Heinde me dijo: “No puedes decir que está celosa porque no puedes probarlo”. Y yo dije: “No puedo probarlo, pero estoy segura de ello. ¿Qué digo entonces?”. Y me respondió: “Te recomiendo que digas: ‘Fifi se comportaba de tal manera que si fuera una niña humana, diríamos que está celosa’. Así no podrán decirte nada”. He contado esto a muchos estudiantes. Lo que más me gustó fue aprender a pensar y escribir de una forma científica, con lógica. Pero con lo que nunca estuve de acuerdo es lo de que para ser buen científico hay que ser objetivo y no puedes sentir empatía por los sujetos.

29:18
Jane Goodall. Eso es totalmente falso. El hecho de que la ciencia fuera tan fría y que nos obligara a no tener empatía… yo creo que por eso a muchas chicas no les gustaba la ciencia. Por supuesto, eso es totalmente falso. Hay una grabación en la que estoy observando a una chimpancé cuya cría se había roto un brazo. Ella no comprendía por qué su hija lloraba, y no paraba de mecerla, lo cual hacía que llorara más fuerte. Era muy triste. Sobre todo porque la pequeña se llamaba Jane. Y acabó muriendo. Pero si escucháis la grabación que hice entonces, se me están cayendo las lágrimas, pero cada minuto es una observación objetiva de lo que está sucediendo. Eso demuestra que no hace falta… De hecho, la empatía es muy importante cuando estudias a los animales. Porque sientes empatía y piensas: “Creo que se comporta así porque siente rabia”, o está triste, o lo que sea… Y eso te proporciona una base a partir de la cual puedes usar el método científico para saber si tienes razón o no.

30:42
Océanne. Hay una imagen que hemos visto millones de veces. Y yo, por mucho que la veo, me sigo emocionando. Me gustaría que nos hablase de la chimpancé Wounda. ¿Qué sintió cuando la abrazó?

30:55
Jane Goodall. Gracias por la pregunta. Antes de responderla, veamos el vídeo.

31:09
Vídeo Subtitulado. Este es un momento muy especial para mí. El Centro de Rehabilitación de Chimpancés del Instituto Jane Goodall en Tchimpounga, en la República del Congo, durante años ha estado cuidando de las crías cuyas madres fueron asesinadas principalmente para el comercio ilegal de carne de selva. Muchos chimpancés ya se han hecho adultos. No hace mucho tiempo adquirimos tres grandes islas con selva en el bonito río Kouilou, donde podemos liberar a los chimpancés de nuestro centro de rescate, que está desbordado. Aquí dentro está Wounda, que estuvo al borde la muerte, pero que gracias a Rebeca volvió a la vida, y ahora está a punto de entrar en este Paraíso. Ella es la chimpancé número quince en recuperar la libertad y esperamos poder liberar a sesenta en estas islas. Hoy es la primera vez que me encuentro con Wounda. Me comuniqué con ella en la embarcación, para tranquilizarla. Se debe haber preguntado qué ocurría. Nadie podía prever cómo reaccionaría, una vez se abriera la jaula de transporte. Fue un momento muy emotivo, una de las cosas más increíbles que me han ocurrido. La calidez de su abrazo es algo que nunca olvidaré. Para Wounda y los otros chimpancés que planeamos traer aquí, estas islas serán un maravilloso hogar en la selva, donde estarán bien cuidados y a salvo.

33:50
Jane Goodall. Ahora que ya habéis visto el vídeo, supongo que podréis imaginaros cómo me sentí. De hecho, os he estado observando, porque conozco muy bien el vídeo y solo tengo que oírlo para recordar lo que sentí, y he visto muchas lágrimas. Pasa lo mismo cada vez que vemos este vídeo. En aquel momento, todos estábamos llorando. Uno de los cuidadores africanos dijo: “Me pregunto cómo sabía ella que tú eras la responsable de devolverle su libertad”. Claro que no lo sabía. Pero fue algo que sigo sin comprender. Debió ir hacia Rebeca, que le había salvado la vida dos veces. Debió abrazarla a ella. Pero aunque Rebeca se acercó a abrazarla a ella, a la que vino fue a mí. No sé si os habéis dado cuenta en el vídeo, pero está mirando a todas partes hasta que se da la vuelta, y entonces viene hacia mí. Es un abrazo mucho más largo de lo normal. Seguramente no lo habréis visto, pero me da un besito en el brazo. ¿Sí lo habéis visto? Fue asombroso. Fue uno de esos momentos que me animan, a mis casi ochenta y cinco años, a continuar viajando por el mundo trescientos días al año. Y todo empezó con David Greybeard apretándome los dedos suavemente. Esos son los momentos que renuevan mis energías.

35:32
Miguel. Hola, Jane, me llamo Miguel. Igual que a ti, me gustan los animales. Tengo un grupo de Raíces y Brotes que se llama Feliznos. Consiste en que mis amigos y yo, y mi hermano, cuido a unos gatos del parque. Les bajo comida, y como hace frío, les bajo unas casas de cartón. Los gatos son muy felices conmigo. Y un día, cuando volvía del colegio, la barrendera estaba rompiendo las casas y tirando la comida. Yo me puse a llorar y le pregunté a mi madre qué podía hacer. Y me dijo que le escribiera un e-mail a Jane Goodall. Yo se lo escribí y me contestó. Me dijo que era un minihéroe y que buscara en las asociaciones. Y encontré un grupo que se llama Dejando huella. Ellos bajan todos los días, porque yo no puedo bajar todos los días. Los esterilizan, les limpian los ojos, les vacunan… Y ahora los gatos están protegidos por el Ayuntamiento gracias a Dejando huella y a mí. Igual que a mí, seguro que hay muchas personas a quienes les hayas cambiado la vida. ¿Podrías contarnos alguna otra historia de alguien a quien le hayas cambiado la vida?

El mensaje de Jane Goodall para las niñas que quieren ser científicas
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“El futuro del mundo está en manos de los niños. Ellos tienen la libertad para marcar la diferencia cada día. Son nuestra esperanza para el futuro”

Jane Goodall

36:48
Jane Goodall. ¿Sabes? Esa pregunta, eso que acabas de contar, es una razón más por la que sé que lo que estoy haciendo es lo correcto. Para mí es muy inspirador escuchar lo que acabas de contar. Hay muchos jóvenes como tú por todo el mundo. El programa que yo creé en mil novecientos noventa y uno llamado Raíces y Brotes, que tú conoces y del que formas parte, empezó con doce alumnos de instituto, en Tanzania.
Y ahora hay hasta niños de preescolar. De preescolar no tantos, pero sí hay muchos desde el jardín de infancia y se extiende hasta la universidad. Está en casi ochenta países. Hay alrededor de ciento cincuenta mil grupos activos. También hay gente mayor que ha pasado por Raíces y Brotes en la escuela y en la universidad, y han continuado en su vida adulta.
Así que… Yo sé que este programa, que es el programa humanitario y educativo del Instituto Jane Goodall, está cambiando vidas. Y como sabes, nuestros proyectos tienen tres objetivos: ayudar a la gente, ayudar a los animales y ayudar al medio ambiente.Y, por ejemplo, ahora conozco personas de todo el mundo que vienen y me dicen que estar en Raíces y Brotes ha sido una parte muy importante de sus vidas y que ha cambiado su forma de pensar. Hace poco he estado en China, donde conocí a varias personas que se acercaron a decirme: “Amo a los animales porque estuve en tu programa de Raíces y Brotes en primaria”. “Amo y me preocupo por el medio ambiente porque estuve en tu programa de Raíces y Brotes en secundaria”. Y esto me pasa en todo el mundo. Y después de casi todas las charlas, alguien se acerca y me dice: “Has cambiado mi forma de pensar”. Hace solo dos días, estando aquí en España, alguien se me acercó después de una charla y me dijo: “Me has convencido. No volveré a comer carne”. Y la razón que la llevó a decir eso, y a otra mucha gente, es que les hablé del hecho de que debido a que hay tanta gente que come carne en todo el mundo, hay muchos animales hacinados en horribles granjas industriales.

39:39
Jane Godall. No solo es tremendamente cruel, sino que para cultivar el grano para alimentarlos, se destruye el medio ambiente. Se usan muchos combustibles fósiles para llevar el grano hasta los animales, y los animales a los mataderos, y la carne a las mesas. También se desperdicia agua al transformar las proteínas vegetales en proteínas animales. Además, cuando la comida entra por aquí, luego sale gas por el otro lado. Y las vacas también eructan. Sueltan gas metano, que, junto con el dióxido de carbono, es uno de los gases invernadero más frecuentes que hay en la atmósfera. Atrapan el calor del sol, lo cual provoca los cambios climáticos en todo el mundo. Las tormentas son cada vez peores y más frecuentes, igual que las inundaciones y las sequías. Yo he visto el hielo derritiéndose en el Ártico. Estaba derritiéndose en una época en la que debería estar totalmente helado. He conocido a personas que han tenido que abandonar sus islas natales por la subida del nivel del mar. El cambio climático es muy real.Y la ganadería contribuye enormemente al cambio climático. Como apunte final, diré que hay que administrar antibióticos a los animales para mantenerlos vivos, de modo que las bacterias se están haciendo resistentes, hasta el punto en que puedes morir de un arañazo en el dedo. Así que, en mi caso, me hice vegetariana debido a la crueldad.
No os deseo que veáis lo que hay en una de esas granjas industriales, porque yo no pude dormir durante semanas, y vosotros tampoco podríais, porque amáis a los animales tanto como yo. Y cuando me enteré… Porque no lo supe hasta que volví de África, esas granjas industriales no existían cuando tenía veinte años. Y la siguiente vez que vi un trozo de carne en mi plato, pensé: “Esto simboliza el miedo, el dolor y la muerte. No quiero comérmelo.” Seguro que todos os sentiréis igual cuando comprendamos a los animales. Lo que tú haces con los gatos, es solo un ejemplo de cómo los jóvenes, cuando los padres les alientan, del mismo modo que mi madre alentaba mi amor por los animales, entonces surge una nueva forma de ver a estos seres tan maravillosos con los que compartimos el planeta. Aprendemos mucho de ellos. Seguro que tú has aprendido mucho de los gatos. Las ratas, por ejemplo, son extremadamente inteligentes. A las ratas gigantes del bosque se les enseña a detectar minas de tierra. Rascan para marcar el lugar donde huelen una mina para que el equipo de desactivación de minas vaya a desactivarlas.

42:50
Jane Goodall. Tú eres un ejemplo de un joven que no solo ama a los animales, sino que hace algo al respecto. Tienes mucha suerte de que tus padres te apoyen, como hicieron los míos. Por eso, la tuya es una de esas historias que me animan a continuar. Así que, ¿por qué no vienes y me das un abrazo?

43:27
Jane Goodall. Tú inspiras a otros a imitarte, a copiar tu amor por los animales. Por suerte, a los niños os gustan animales distintos. Y como hay miles de Raíces y Brotes por todo el mundo, estáis ayudando a muchos animales y de diferentes formas. Gracias.

44:09
Miguel. De nada.

44:13
José Antonio. Hola, Jane. Estoy muy emocionado, encantado de escuchar las historias que nos está contando. Es una maravillosa contadora de historias. Y tendría dos preguntas. Tendría muchas, pero… ¿Qué importancia le da usted a contar bien una historia? ¿Y qué consejo le daría a los niños, a los adolescentes, que quieran contar grandes historias? Gracias.

44:37
Jane Goodall. Bueno, se podría decir que me encanta contar historias. Quizás sea en parte porque crecí sin televisión. Con los libros puedes usar la imaginación de una forma diferente que no es posible si estás viendo esa historia en televisión. A lo mejor también es porque tengo sangre galesa… Los galeses son estupendos contadores de historias. En mi familia nos encantaba contar historias. Yo creo que para contar bien una historia, tienes que sentirla. Tiene que salirte del corazón. No vale leer la historia de un libro, memorizarla y luego repetirla. Tiene que haber una conexión personal con la historia para que se convierta en realidad. La gente a menudo me pregunta: “Si conoces a alguien que piensa de forma muy distinta a ti, ¿cómo haces que cambie de opinión?” Obviamente, no siempre puedes hacer que las personas cambien de opinión. Pero yo creo que si quieres cambiar la opinión de alguien respecto a su actitud hacia los animales, por ejemplo, no sirve de nada discutir con ellos. Porque si discutes, al poco rato dejan de escucharte, y cada vez que hablas piensan: “¿Cómo puedo refutar su argumento?”
Hay que llegar a su corazón. Y la única forma que conozco de llegar a los corazones es contando historias. Yo he visto el efecto que tienen sobre las personas.

46:12
Jane Goodall. Os pondré un ejemplo. Porque no siempre es obvio que has llegado al corazón de alguien. Yo tenía que ir desde Londres al aeropuerto de Heathrow. Estaba muy cansada, eran las cinco de la madrugada y quería dar una cabezada en el taxi. Pero, al parecer, alguien le había dicho al taxista a qué me dedicaba. Y me dijo: “Vosotros amáis mucho a los animales pero las personas os dan igual. Sois como mi hermana, que es voluntaria en un refugio de animales. Yo no tengo tiempo para eso.
Por las tardes cuando voy al bar siempre comentamos que amar tanto a los animales es una chorrada cuando hay tantas personas que necesitan ayuda”. Y yo pensé: “Madre mía, no puedo permitir que diga eso.”
Me puse en el asiento detrás del conductor y estuve hablando con él por la mampara hasta llegar al aeropuerto. Le hablé sobre los chimpancés, le conté historias, le hablé sobre Rusty y otros perros que he conocido, le hablé sobre cómo los perros ayudan a la gente con problemas, y sobre la conexión que podemos establecer con los distintos animales.

47:28
Jane Goodall. Y al llegar al aeropuerto… No parecía que le hubiera afectado lo más mínimo. Llegamos al aeropuerto. Y él no tenía cambio. Me tenía que devolver diez libras y le dije: “Bueno, dáselo a tu hermana por el trabajo de voluntaria que hace en el refugio de animales.” Yo no pensé que lo fuera a hacer, pero bueno. Pero tres semanas después de mi vuelta, recibí una carta de su hermana que decía: “Quiero darte las gracias por la donación que has hecho. Pero, lo más importante, ¿qué has hecho con mi hermano? Ha venido tres veces a ayudarme en el refugio.”
Eso demuestra el poder de contar historias para llegar al corazón. Si hubiera discutido con él, no habría servido de nada. Yo estuve luchando para que dejaran de utilizar chimpancés en la investigación médica, los tenían en jaulas de metro y medio por metro y medio. No servía de nada discutir con los científicos que llevaban a cabo la investigación. Lo que hice fue hablarles de los chimpancés de Gombe y de cómo vivían, y de los lazos familiares que los unían, y de las horas que pasaban acicalándose en paz, y de las suaves camas de hojas que se hacían en los árboles, y les enseñé vídeos.Y, poco a poco, conseguimos mejorar sus condiciones. Ya no estarían en jaulas de metro y medio por metro y medio, les pusieron unas más grandes. Y, al final, los más de cuatrocientos chimpancés que se utilizaban para la investigación médica en Estados Unidos, fueron liberados y llevados a refugios. A veces tarda un tiempo. No siempre consigues cambiar la opinión de alguien de inmediato. Pero siempre vale la pena tomarse la molestia de contar historias en vez de discutir agresivamente. ¿Cómo hay que contar las historias? Tienes que sentirlas en tu corazón, tienes que vivirlas, tienes que estar allí en ese momento.

49:40
Cristina. Hola, Jane. Me llamo Cristina y estoy encantadísima de estar aquí y conocerte, porque a mí me encantaría hacer todo el trabajo que hiciste tú. Pero, obviamente, no puedo. Pero en el tiempo en el que tú lo hiciste, ese trabajo estaba como pensado… Se pensaba que era para hacerlo por hombres, no por mujeres. Entonces, ¿cómo piensas tú…? ¿Cuál crees tú que es el rol de las mujeres en el mundo? ¿Y qué es lo que tú le dirías a una niña que quiere ser científica, como por ejemplo, yo?

El mensaje de Jane Goodall para las niñas que quieren ser científicas
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A las mujeres que quieren entrar en la ciencia les digo lo que me decía mi madre: “Si quieres, vas a tener que trabajar muy duro. No te rindas"

Jane Goodall

50:12
Jane Goodall. En primer lugar, cuando yo empecé a trabajar con los chimpancés, nadie lo había hecho antes. No es que fuera una cosa de hombres, es que no era cosa de nadie.Yo tuve mucha suerte porque Louis Leakey, quien me pidió que fuera a estudiar los chimpancés, creía que las mujeres eran mejores observadoras. Y puede que así sea. Si pensamos en el papel de la mujer en la evolución, ¿a qué se dedicaba la mujer?
La mujer se dedicaba a cuidar de los niños y a cuidar de los hombres que salían a cazar y luego volvían cansados, y les hacían la comida. Entonces, como la mujer era responsable de los hijos y de mantener la paz en la familia, debía tener cualidades como la paciencia, debía ser capaz de entender a su bebé antes de que aprendiera a hablar. Y tenía que estar muy atenta al estado de ánimo de los miembros de la familia. Porque si el abuelo está de mal humor, mejor que el niño no se acerque hasta que se le pase para evitar conflictos. De modo que es posible que tengamos ventaja desde un punto de vista evolutivo. No puedo asegurarlo. Pero, en cualquier caso, yo creo que la ciencia está cambiando. Ahora las mujeres entran en campos de la ciencia en los que no entraban antes. Tengo constancia de ello. A veces parece que esté presumiendo, pero es que cientos, literalmente cientos de mujeres jóvenes me han escrito o me han dicho: “Hago ciencia gracias a ti”. En su mayoría están en los campos de la conservación y del comportamiento animal. Pero el otro día conocí a una que era química, que me dijo: “Gracias a que tú entraste en el mundo científico, que estaba dominado por los hombres, yo sentí que podía hacerlo también”. Cuando conozco a mujeres jóvenes que tienen muchas ganas de meterse en ciencia, pero a lo mejor sus familias no quieren que lo hagan, solo les digo lo que me decía mi madre: “Si realmente quieres hacerlo, vas a tener que trabajar muy duro. Tal vez más que tus compañeros, no lo sé. Tendrás que sacar buenas notas en tus exámenes. En general, las mujeres están teniendo mucho éxito en estos campos. No te rindas”.

52:54
Jane Goodall. Ojalá mi madre estuviera viva para que pudiera ver cuánta gente ha venido y me ha dicho: “Jane, quiero darte las gracias. Como tú lo has conseguido, sé que yo también puedo”. Mi historia favorita sobre el tema de los hombres y las mujeres en la ciencia, o en cualquier otro ámbito, es de una tribu de algún lugar de Latinoamérica. No estoy segura de qué país. Creo que es Guatemala, pero no estoy segura. En esa tribu de indígenas el jefe me dijo: “Nosotros pensamos que la tribu es como un águila. Un ala es masculina y la otra es femenina. Y solo cuando las dos alas son iguales, la tribu es capaz de volar”. Me encantó esa historia. Tenemos que aspirar a eso. Tenemos que aspirar a la igualdad.
Estamos avanzando mucho en esa dirección. Al menos en Occidente. Aún queda mucho camino. Pero llegaremos si trabajamos duro, si aprovechamos las oportunidades y no nos rendimos.

54:08
Rosa. Hola, Jane. Mi nombre es Rosa y es un privilegio para mí estar aquí escuchándola. Usted que ha estrechado la mano de los líderes más poderosos del mundo, ¿cree que hay todavía esperanza para cambiar la conciencia ecológica de la humanidad? Y por otro lado, ¿cuál sería su mensaje sobre la naturaleza que quisiera lanzar al mundo?

54:31
Jane Goodall. Es verdad que he estrechado la mano de personas muy importantes de todo el mundo. A veces he estrechado la mano de personas a las que hubiera preferido no estrechársela, pero en ese momento había que hacerlo. Hay muchos científicos en la actualidad que dicen que es tarde para revertir la destrucción del planeta. Estamos destruyendo la selva tropical y estamos destruyendo el océano, los pulmones de la Tierra que absorben el dióxido de carbono y emanan oxígeno.Y, bueno, afortunadamente hay otros científicos que piensan, como yo, que aún nos queda margen de tiempo, y que si trabajamos todos juntos, podemos sanar parte del daño que hemos causado.No creo que sea un margen de tiempo muy grande, y cada vez es menor. Estamos agotando los recursos naturales del planeta. En algunos lugares, más rápido de lo que la naturaleza puede reponerlos. Y todo porque estamos atrapados en una visión materialista del mundo. Adoramos al dinero como a un dios. Nos dedicamos a comprar y tirar, comprar y tirar. Mientras que, por otro lado, hay gente viviendo en la más absoluta pobreza. Ellos tienen que destruir el medio ambiente para poder sobrevivir. Nosotros destruimos el medio ambiente para poder tener más de lo que necesitamos. Y, al mismo tiempo, la población humana sigue aumentando. ¿Qué sentido tiene que haya crecimiento económico infinito en un mundo con recursos naturales limitados? No tiene sentido. Tenemos que cambiar nuestra forma de ver las cosas. Tenemos que darnos cuenta. Y la gente está empezando a darse cuenta. Cada vez más gente en todo el mundo entiende el daño que estamos causando. Así que, en fin…El mensaje que siempre transmito a los jóvenes es: “No olvides que cada día de tu vida, estás influyendo sobre el planeta”.
Me encuentro con que mucha gente que entiende lo que estamos haciendo se siente indefensa e impotente. Creen que no pueden hacer nada, así que no hacen nada. Y si nadie hace nada, entonces habrá un colapso ecológico total.

55:44
Jane Goodall. Mientras que, por otro lado, hay gente viviendo en la más absoluta pobreza. Ellos tienen que destruir el medio ambiente para poder sobrevivir. Nosotros destruimos el medio ambiente para poder tener más de lo que necesitamos. Y, al mismo tiempo, la población humana sigue aumentando. ¿Qué sentido tiene que haya crecimiento económico infinito en un mundo con recursos naturales limitados? No tiene sentido. Tenemos que cambiar nuestra forma de ver las cosas. Tenemos que darnos cuenta. Y la gente está empezando a darse cuenta. Cada vez más gente en todo el mundo entiende el daño que estamos causando. Así que, en fin…El mensaje que siempre transmito a los jóvenes es: “No olvides que cada día de tu vida, estás influyendo sobre el planeta”.
Me encuentro con que mucha gente que entiende lo que estamos haciendo se siente indefensa e impotente. Creen que no pueden hacer nada, así que no hacen nada. Y si nadie hace nada, entonces habrá un colapso ecológico total.En particular, los jóvenes están comprendiendo que cada día de nuestra vida estamos aportando algo. Y nosotros podemos decidir qué tipo de aportación hacemos. De modo que aunque parezcan pequeñas decisiones, como: ¿Qué compras? ¿Qué vistes? ¿Qué comes? Pregúntate de dónde viene. ¿Ha dañado el medio ambiente? ¿Ha habido crueldad animal, como en las granjas industriales? ¿Es barato debido a la esclavitud infantil? Y si tomas decisiones éticas… Si lo hicieras solo tú, daría igual. Pero no eres solo tú. Habrá cientos, luego miles, luego millones, ojalá llegue a los miles de millones de personas de todo el mundo que comprenden que el efecto acumulativo de las pequeñas decisiones pueden hacer del mundo un lugar mejor. Y algunas personas, los directores generales de grandes empresas, o altos funcionarios del Gobierno, cuyas decisiones pueden afectar a cientos de miles de personas con una sola firma. Por suerte, las personas poderosas de los gobiernos y los negocios, suelen tener hijos. Y los hijos están cambiando la actitud de sus padres por todo el mundo. Lo sé porque algunos padres me dicen: “Claro que reciclo. Tengo que hacerlo, mis hijos me obligan”. “Claro que compruebo que el producto que voy a comprar no contenga aceite de palma”. Ese tipo de cosas. Y cada vez más gente se hace vegetariana por el impacto que saben que tiene sobre el planeta.

58:44
Jane Goodall. Así que… Poco a poco, el mundo está empezando a cambiar. ¿Nos queda tiempo? No sé si quedará mucho tiempo, pero vivo con la esperanza de que sí. Es la razón por la que viajo trescientos días al año por todo el mundo. Siento que vine a este mundo con una misión. Y, bueno, parece que presuma de ello, pero cuando doy una charla, sé que cambia a la gente, porque vienen a decírmelo. Ojalá hubiera otra persona aquí sentada para hablaros del impacto de las charlas de la doctora Jane. Pero estoy yo, y tengo que decirlo, porque es mi razón de ser. ¿Por qué tengo esperanzas? En primer lugar, los jóvenes. Ya has oído a un joven, aquí presente, cómo ayuda a los gatos. Él es solo uno de cientos de miles de jóvenes. Y no es que puedan cambiar el mundo, es que están cambiándolo. Hacen proyectos para ayudar al medio ambiente, hacen proyectos para ayudar a la gente, a los migrantes, van a residencias de ancianos, hacen voluntariado en hospitales para llevar alegría a los niños enfermos de cáncer, por ejemplo. Otro motivo para la esperanza es nuestro asombroso intelecto. Estamos empezando a usarlo para buscar formas de vivir en armonía con la naturaleza mediante nuestros inventos tecnológicos.

60:20
Jane Goodall. El otro día conocí a un joven holandés que trabaja en una compañía que ha construido una máquina… La han hecho en Pekín, una de las ciudades con más contaminación del mundo. Afecta no solo al medio ambiente, también a la salud humana, tremendamente, como pasa en todas partes. Esta máquina absorbe el dióxido de carbono de la atmósfera, convirtiéndolo en un lodo negro de carbono. ¿Qué se puede hacer con eso? Y se les ocurrió que los diamantes vienen de carbono comprimido. De modo que crearon una máquina para comprimir el lodo de carbono y se dedican a hacer joyas con él. Estas son las cosas de las que somos capaces. Y también podemos utilizar nuestro cerebro para tomar decisiones en nuestras vidas. Otra razón para la esperanza: la resistencia de la naturaleza. Una vez sobrevolé el pequeño Parque Nacional de Gombe. Era mil novecientos noventa. Cuando empecé a estudiar allí los chimpancés, en mil novecientos sesenta, Gombe formaba parte del llamado cinturón de bosque ecuatorial, que se extiende desde el Este de África hasta la costa oeste africana, pasando por África Central. Cuando lo sobrevolé en mil novecientos noventa, me quedé estupefacta al mirar hacia abajo y ver un trocito de bosque aislado, rodeado por colinas totalmente yermas. Allí vivía más gente de lo que podía soportar la tierra, pero eran muy pobres para comprar comida de otro lugar. Ahí me di cuenta de que si no ayudábamos a aquella gente a vivir mejor, a vivir sin destruir el medio ambiente, no podíamos ni plantearnos salvar el bosque y a los chimpancés. Ese fue el comienzo del programa TACARE del Instituto Jane Goodall para mejorar la vida en las aldeas. Tuvo tanto éxito que ahora abarca las setenta y dos aldeas que hay cerca de los chimpancés en Tanzania. Y si sobrevuelas en la actualidad, no ves colinas yermas. Porque ahora las aldeas colaboran con nosotros y comprenden que no protegemos el medio ambiente solo para los chimpancés y otros animales salvajes, sino también por el futuro de las personas. No podemos seguir destruyendo el medio ambiente y no darnos cuenta de que eso nos destruye a nosotros también.

El mensaje de Jane Goodall para las niñas que quieren ser científicas
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“Me gustaría ser recordada por dos cosas: por ayudar a abandonar el pensamiento de que los animales son cosas y por llenar de esperanza a la gente”

Jane Goodall

62:43
Jane Goodall. He conocido muchos lugares que hemos destruido a los que, si se les da la oportunidad, la naturaleza puede recuperarse. Los animales al borde de la extinción pueden tener otra oportunidad. Y por último, el indomable espíritu humano. Por eso llevo al Señor Hache. Me regalaron al Señor Hache hace veintiocho años por mi cumpleaños. Me lo regaló un hombre que perdió la vista a los veintiún años, estando en los marines estadounidenses. Este hombre, por algún extraño motivo, decidió que quería ser mago. Le dijeron: “No puedes ser mago si no puedes ver”.
Pero si estuviera aquí, no os dariais cuenta de que es ciego. Coloca sus cosas de antemano. Trabaja con niños, y les dice: “Hay cosas que pueden salir mal en la vida, nunca se sabe. Pero si os pasa, no os rindáis, siempre hay un camino”. Él practica buceo, esquí de fondo… De hecho, creamos un programa en Tanzania para jóvenes con discapacidad. Hacen carreras con sillas de ruedas y carreras con muletas. Eso cambió la manera en que se percibía a las personas discapacitadas en Tanzania. El nombre de ese hombre es Gary Horne.Por eso se llama Señor Hache. Él creía que me estaba regalando un chimpancé de peluche y entonces le hice agarrarle la cola. Me dijo: “No te preocupes, llévatelo donde vayas, y mi espíritu estará siempre contigo”. Y me ha acompañado a sesenta y cuatro países.
Lo más increíble que ha hecho Gary Horne, en mi opinión, es que ha aprendido a pintar él solo. Y nunca ha visto al Señor Hache, solo lo ha tocado. Ha publicado un pequeño libro, lo podéis encontrar en Amazon, se titula “Blind artist”, de Gary Horne. En él hay un retrato del Señor Hache. Os quedaréis alucinados. Así que, el indomable espíritu humano. Yo creo que tú posees uno de esos espíritus indomables. La cuestión es que cada uno de nosotros posee un espíritu indomable, pero algunos no se dan cuenta. No comprenden que tienen influencia, que importan como individuos, que el mundo se abre ante ellos. Así que, bueno, es tremendamente importante darnos cuenta de que cada día de nuestras vidas estamos influyendo de alguna forma. Aunque sea sonreírle a alguien que esté triste. O pararnos a acariciar a un perrito. O rescatar gatos, darles de comer y cuidarlos. O regar una planta que esté marchitándose y darle la oportunidad de vivir. Es muy importante saber que cada día de nuestra vida, estamos contribuyendo de alguna forma. Y creo que todos los presentes queremos contribuir al mundo y crear un futuro mejor para los animales y para nuestra propia especie.

65:58
Melania. Hola, Jane, gracias por regalarnos este momento tan especial y gracias por compartir su pasión y compromiso con la naturaleza. Yo querría saber cómo le gustaría ser recordada.

66:10
Jane Goodall. Bueno, creo que me gustaría ser recordada por dos cosas. La primera es por ayudar a la ciencia a abandonar su pensamiento reduccionista en el cual los animales son cosas, que hay una barrera que nos separa de ellos, y que ostentamos la supremacía del planeta.
Pero gracias a los chimpancés y a mi perro Rusty, la ciencia ahora acepta que formamos parte del reino animal, que no estamos separados. Y en segundo lugar, me gustaría ser recordada por crear el programa Raíces y Brotes, y por dar esperanza no solo a los jóvenes, sino a todo el mundo.
Yo creo que dar esperanza a la gente es muy importante. Todos mis libros están llenos de esperanza. Si no hay esperanza, nos rendimos. Y si nos rendimos, especialmente si se rinden los niños, entonces es el fin.
Cuando repaso lo que ha sido mi vida, me doy cuenta de la suerte que tuve de tener una madre que me apoyaba cuando era pequeña. Y creo que a veces subestimamos la importancia de los primeros años de vida, y la imperiosa necesidad de los niños de tener una familia que les apoyen.
No tiene por qué ser la madre biológica. Algunas mujeres, sencillamente, no están preparadas para criar hijos. Pero puede haber una, dos o tres personas en la vida de ese niño que le apoyen y estén siempre ahí para él, y que lo animen a aprender haciendo preguntas, y a responderlas saliendo y explorando.

67:55
Jane Goodall. Yo creo que la educación actual tiene un gran problema. Llevan a los niños por unos caminos muy definidos y se pasan la vida haciendo exámenes. Pierden la libertad de utilizar su imaginación, de seguir su pasión. Sabéis que es muy importante que los padres y los profesores alimenten las diferencias individuales, porque se les puede dar muy bien una cosa y muy mal otra. A mí se me daban muy mal muchas asignaturas de la escuela, pero tuve la suerte de tener a mi madre. Aunque a los profesores les diera igual, a mi madre no, y fomentó mi amor por la escritura. Esto me ha venido muy bien. Y lo más fascinante es que cuando fui a Gombe, me estoy remontando muchos años atrás, me di cuenta de que había madres buenas y madres no tan buenas. Y las buenas madres son protectoras pero no demasiado. Y, por encima de todo, apoyan a sus crías. Una hembra de rango inferior cuya cría se mete en una pelea con la cría de una hembra de rango superior, si su cría empieza a gritar, se interpondrá para protegerla, aunque sabe que seguramente la hembra dominante le dará una paliza. Y si miramos atrás, nos damos cuenta de que, en general, con el paso de los años, las crías de las madres que los han apoyado se desenvuelven mejor. Las hembras que han sido criadas por buenas madres, también se convierten en buenas madres. Y los machos tienden a alcanzar una posición más alta en la jerarquía masculina. Por lo tanto, es más probable que tengan más descendencia. Así que yo creo que una parte muy importante de la educación es el aprendizaje a una edad temprana, la exploración y tener la libertad de desarrollar tu personalidad y tu pasión.Yo creo que la gente se está dando cuenta, lo veo en todo el mundo, de que es una lástima que en la actualidad los niños pasen tanto tiempo con sus aparatitos electrónicos en vez de hablar entre sí. Eso está matando la habilidad de contar historias.
Esperemos que los padres, los profesores y los niños puedan trabajar juntos en esto. Sé que en algunos países y en algunas escuelas ya se han dado cuenta y están dando a los niños la libertad para desarrollar su pasión.Como mi madre, que me traía libros sobre animales porque sabía que aprendería a leer más rápido si leía algo que me apasionara. Estoy convencida de que tenía razón.

70:54
Jane Goodall. Del mismo modo que debemos cambiar de actitud hacia los animales, hacia la destrucción del medio ambiente, debemos cambiar nuestra actitud hacia los niños, y que empiecen su vida lo mejor posible, para que puedan convertirse en una multitud de gente joven que entienda que el futuro del mundo está en sus manos y que tienen la libertad para marcar la diferencia cada día, de la manera que les haga sentir mejor. Esa es nuestra esperanza para el futuro.

71:35
Jane Goodall. Gracias. Gracias.