“El humor es fundamental para entender la vida”

Luis Rojas-Marcos

· Psiquiatra

Fue un niño distraído, con problemas de aprendizaje, hiperactividad y fracaso escolar. Pero acabó siendo un avalado psiquiatra de fama internacional.
La historia de Luis Rojas-Marcos es el resultado de una enorme capacidad de superación. Tras licenciarse como médico en Sevilla, emigró a Nueva York a finales de los 60 para estudiar psiquiatría. Tras más de 40 años de trayectoria en Estados Unidos, sus trabajos de investigación y sus pioneras aportaciones en este campo le han llevado a convertirse en un referente para médicos, psiquiatras y psicólogos de todo el mundo. En los años 90 fue el máximo responsable de los Servicios de Salud Mental, Alcoholismo y Drogodependencias de la ciudad de Nueva York. El 11 de septiembre de 2001 fue testigo de los atentados contra las Torres Gemelas, mientras ocupaba el cargo de presidente del sistema de hospitales públicos de la ciudad. Allí tuvo un papel fundamental en la creación de grupos de apoyo para los familiares de las víctimas.
Luis Rojas-Marcos es profesor de psiquiatría en la Universidad de Nueva York y autor de numerosas obras de divulgación, en las que aborda temas como la importancia del optimismo, la relación entre el lenguaje y la felicidad, la superación de la adversidad o la autoestima. En 2010, el Consejo de Ministros español le concedió la Orden de las Artes y las Letras.


Creando oportunidades

Luis Rojas-Marcos

Fue un niño distraído, con problemas de aprendizaje, hiperactividad y fracaso escolar. Pero acabó siendo un avalado psiquiatra de fama internacional.
La historia de Luis Rojas-Marcos es el resultado de una enorme capacidad de superación. Tras licenciarse como médico en Sevilla, emigró a Nueva York a finales de los 60 para estudiar psiquiatría. Tras más de 40 años de trayectoria en Estados Unidos, sus trabajos de investigación y sus pioneras aportaciones en este campo le han llevado a convertirse en un referente para médicos, psiquiatras y psicólogos de todo el mundo. En los años 90 fue el máximo responsable de los Servicios de Salud Mental, Alcoholismo y Drogodependencias de la ciudad de Nueva York. El 11 de septiembre de 2001 fue testigo de los atentados contra las Torres Gemelas, mientras ocupaba el cargo de presidente del sistema de hospitales públicos de la ciudad. Allí tuvo un papel fundamental en la creación de grupos de apoyo para los familiares de las víctimas.
Luis Rojas-Marcos es profesor de psiquiatría en la Universidad de Nueva York y autor de numerosas obras de divulgación, en las que aborda temas como la importancia del optimismo, la relación entre el lenguaje y la felicidad, la superación de la adversidad o la autoestima. En 2010, el Consejo de Ministros español le concedió la Orden de las Artes y las Letras.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:13
Luis Rojas-Marcos. Pues no estoy acostumbrado a que me aplaudan antes, ¿no? Pero para mí es un placer estar aquí con vosotros.
Mi nombre es Luis Rojas Marcos. Yo fui un niño muy travieso. Era simpático fuera de casa, en casa era un desastre. Un desastre en el sentido de estar saltando todo el día, de interrumpir… Esos niños que molestan porque es que no paran. El padre, o los padres, los curas jesuitas, me ponían de rodillas con los brazos en cruz y, a veces, con un libro en cada brazo.

00:53

Y a menudo no era yo solo el que estaba allí de rodillas, había otros, lo cual ayudaba también. En el sentido de esto no me pasa a mí mismo, solo a mí. Es muy útil en la vida, ¿verdad?
Entonces no había eso que llamamos hoy “Trastorno por déficit de atención”, no existía. De hecho, los niños con ese problema iban al campo la mayoría y sacaban más aceitunas que los que no tenían esto. Luego no había problema con eso.

01:31

En fin, llego con 14 años, y con 14 años pues yo había ido suspendiendo, pero aquello ya fue el suspenso total, ¿no? Y me mandan a un colegio de, primero un año por libre, y luego a un colegio, al colegio del Santo Ángel, aunque era un colegio laico de “cateados”. Ahí estábamos todos los cateados. La verdad es que conectamos. Y allí fue cuando empezó un cambio en mí. Me dio la oportunidad de ser Luis, pero no el Luis malo, travieso, porque ellos no lo sabían. Y al llegar, no llevaría allí más de una semana o así, había una señora, era la directora del colegio, y daba unos gritos, pero cuando ella gritaba todo el mundo callaba.

02:27

Un día me dice: “Luis, tú te sientas en la primera fila”, y luego me dice un día: “Mira, Luis, cuando tú te sientas así como nervioso, pídele pausadamente y con mucho respeto al profesor que te deje salir de la clase, y tú te das una vuelta y vuelves”. Aquello para mí era, como podéis figuraros, algo muy raro que te digan esto. Y yo creo que ella ya había preparado al profesor. Unido a esto fue un descubrimiento de mi madre, que fue: “Luis, yo creo que tú tienes buen oído para la música. Así que, ¿por qué no aprendes a tocar un instrumento?”.

“El humor es fundamental para entender la vida”. Luis Rojas-Marcos, psiquiatra
03:22

Recuerdo que vino una profesora de piano, de solfeo, pero ¿qué pasa? Que el solfeo es imposible para un niño con mi problema. La idea de transformar unos símbolos en música… No.
Pero lo que descubrí es que por oído yo podía tocar el piano lo suficiente como para llamar un poco la atención y que dijeran: “Hombre, Luis toca el piano”. Y luego aprendí a tocar la guitarra, pero también sin solfeo. Venía la profesora, me ayudaba a poner las notas y tal. Todo esto se une de forma que es algo muy importante para todos, y para mí también, la autoestima.

04:09

Empecé a notar que sí, era un desastre, pero había gente que le caía bien. O bien toca el piano, toca la guitarra, o cuenta un chiste… Empecé a apreciar un aspecto en mi vida que no había notado antes. Entonces formamos un cuarteto. Yo tocaba la batería. A todo esto, yo tenía 16 años. Imaginaos mi autoestima cuando me empiezan a llegar cartas de chicas diciendo: “Luis, qué mono eres”. Entonces, ya empecé a aprobar, no con notables ni sobresalientes, esto fue un proceso. Y ahí, pues llegué a entrar en la facultad de Medicina.

05:05

Tuve la gran suerte de que un día, a la facultad de Medicina, vino un señor muy alto, era muy alto, era un médico americano y venía buscando médicos porque en Estados Unidos hacían falta médicos. Todavía hacen falta, pero en aquel entonces mucho más. Habló conmigo un rato: “Mira, te hago un contrato, te vienes aquí, haces la especialidad que tú quieras…”. Me lo puso muy fácil. En principio iba a ir a otro estado, no a Nueva York, pero al final no había… En fin, voy a Nueva York. Recuerdo, esto os lo voy a contar, pero también me da como apuro contarlo. En las primeras semanas, yo como interno iba todo de blanco, de médico.

06:01

Recuerdo que un día yo estaba en la biblioteca del hospital, del “Good Samaritan”, y oigo por los altavoces: “Doctor Marcos, I see you (ICU)”, sonaba el altavoz fuera de la biblioteca, yo salgo al pasillo y miro, ¿y qué voy a decir?: “I don’t see you”. Entonces, ¿qué aprendí? Aprendí que cuando yo miraba a los altavoces diciéndoles: “I don’t see you”, viene un ángel, un ángel de carne y hueso.

06:45

Un médico interno como yo, de Guatemala, que me conocía, vamos me conocía de una semana, me dice: “Luis, no, quieren que vayas al ICU”, que significa “Intensive Care Unit”, Unidad de Cuidados Intensivos. “I see you”, se pronuncia igual. O sea que mi madre me salva cuando era un desastre de niño, y ahora el doctor Rodríguez de Guatemala me salva también. Y digo esto porque en mi vida hay muchos, y seguro que vosotros los tenéis también, tenemos estos, yo les llamo ángeles anónimos que son de carne y hueso, pero mentores o gente que te salva de alguna forma.

07:39

Y un día recuerdo, esto ya es lo último que os cuento de mi vida porque me llamó mucho la atención, yo había terminado la especialidad y el director de Psiquiatría de la facultad de Medicina de allí me dice: “Luis, te vamos a hacer jefe de Psiquiatría de una clínica, de un hospital, que se llama “Gouverneur” en el sur de Manhattan”. Luego tuve mucha suerte con otros mentores.
Un día se me ocurre… yo era residente de Psiquiatría en el hospital Bellevue, y se me ocurre decirle a uno de los profesores: “A mí me parece que cuando yo veo pacientes puertorriqueños…”, que eran la mayoría de los pacientes que hablaban español, “…cuando yo veo pacientes puertorriqueños a mí me hablan muchísimo, pero si yo practico el inglés y les hablo en inglés, hablan muy poco”.

08:36

Me dice: “Qué interesante. ¿Sí? ¿Tú estás seguro?”. “Sí, yo creo que sí”. “Pues eso hay que estudiarlo”. Y, entonces, imaginaos en aquella época, hace tantos años, organiza un salón, una salita con un vídeo, que entonces lo del vídeo era complicado, con un vídeo y un magnetofón donde salían preguntas en inglés y en castellano para el paciente, ¿no?
En fin, por contaros la historia, al final de este estudio, efectivamente, se demuestra que cuando pacientes que no hablan bien la lengua del médico, o la lengua de la entrevista, que tienen lo que llamamos “barrera del lenguaje”, a estos pacientes se les considera más enfermos. Más enfermos no por preguntas de “sí y no” como, por ejemplo: “¿Usted oye voces?”. Te dicen: “Sí”, en las dos lenguas.

09:36

Pero en temas como la ansiedad, se les considera más ansiosos, menos cooperativos, más agitados… total, más enfermos. Y esto se publica y, claro, fue una de las primeras publicaciones que salen sobre este tema.
Años más tarde cambió una ley en Nueva York donde, hoy día, hay una obligación legal en todas las urgencias de tener intérpretes de la lengua que habla el paciente. Os cuento esto porque realmente, a veces, todavía me sorprendo de la importancia que tiene, no solamente el querer llegar o querer hacer cosas por otros, sino la importancia que tiene que haya gente que eche una mano, que te ayude y que crea en ti.

“El humor es fundamental para entender la vida”. Luis Rojas-Marcos, psiquiatra
Quote

“El humor es fundamental para entender las incongruencias de la vida”

Luis Rojas-Marcos

10:26
Lucía. Hola, a mí me gustaría que nos hablases de los beneficios que puede tener el sentido del humor en la vida.

10:34
Luis Rojas-Marcos. Muy graciosa la pregunta. Qué pregunta tan interesante para un médico. Y luego voy y digo: “En medicina no me enseñaban esto”, ¿verdad? La medicina ha evolucionado como tantas cosas, ha evolucionado y hoy hablamos también de la medicina de la calidad de vida, donde la medicina no se limita a curar o prevenir enfermedades, sino que sigue la definición de salud de la Organización Mundial de la Salud.

11:06

La definición de salud es, pensad en esto, el estado de completo bienestar físico, psicológico y social. Esa es la salud, según la Organización Mundial de la Salud. En los años 80 se descubre, o se estudia y se comprueba, que el ejercicio físico regular es bueno para la salud física, psicológica, y si te gusta ir en grupo, social, también. Entonces, por eso hoy día gracias a esta medicina de la calidad de vida podemos hablar de otros factores que nos ayudan a llevar mejor la vida. Y uno de ellos es lo que me has preguntado, el sentido del humor. El sentido del humor es muy útil.

11:55

Yo siempre digo que cualquier botiquín de urgencias debe llevar una dosis de sentido del humor. El humor no nos ayuda al momento, por ejemplo, si aquí hay una crisis de algún tipo, ponernos a contar chistes no es… ¿verdad?
Hay que salir de aquí o decidir, pero el sentido del humor nos da una perspectiva, nos ayuda a ver con nuestra perspectiva que tratamos mejor las incongruencias de la vida, con humor.

12:28

O cosas que no entendemos que, a veces, son cosas trágicas, pero no las entendemos y nos ayuda el sentido del humor. Mi madre fue para mí un ángel de carne y hueso, pero fundamental, sobre todo, en mis primeros años que son tan importantes. Y nos llevábamos muy bien. Claro, menos cuando yo no podía parar quieto, entonces me llevaba el cachete o el pellizco de monja, que duele tela. Hace unos años, estaba hablando con ella, estábamos hablando, y le pregunto a mi madre: “Mamá, cuando te mueras, ¿qué prefieres que te enterremos o que te incineremos?”. Y me contesta con una sonrisa: “Luis, dame una sorpresa”. Y nos pusimos a reír. Un ejemplo del humor que trata temas…

13:21
Cristina. En su último libro explica el poder del habla y del lenguaje. ¿Qué importancia tiene el habla para el desarrollo como personas? ¿Podría mencionarnos algunas lecciones prácticas?

13:44
Luis Rojas-Marcos. Hablar es muy importante. Por ejemplo, los niños que crecen en ambientes parlanchines aprenden más, aprenden mejor, y no solamente a hablar, sino también a aprender otros temas.

14:05

El cerebro humano necesita ese estímulo. Por eso es fundamental que los primeros cinco años de la vida de los niños se les hable, se les hable mucho. Y no solamente en cuanto a número de palabras, sino a la variedad de esas palabras. Luego, claro, vamos al paso siguiente: el cerebro humano no está utilizado totalmente. De forma que, normalmente, hay millones de neuronas que no las utilizamos. De ahí que sea también muy útil aprender otras lenguas, dos lenguas o tres, hablar más de una lengua protege. Y protege, por ejemplo, está demostrado que cuando hay un problema donde la persona pierde la capacidad de hablar, en medicina le llamamos afasia, la pérdida de esa capacidad de hablar.

14:58

Las personas que hablan más de una lengua lo superan mejor que quienes hablan solamente una.

15:05

Cuando en los problemas normales, cerebrales, del envejecimiento por ejemplo, empiezan a perder la memoria un poco, la memoria inmediata retrasa ese proceso natural de envejecimiento cerebral si la persona habla más de una lengua. O sea, que hay muchos ejemplos donde el lenguaje, como una capacidad que desarrollamos desde pequeños, nos ayuda a mantener un cerebro más fuerte, más resistente. Luego, el valor del lenguaje como una forma de ayudarnos a superar adversidades, una forma de ayudarnos a entender el mundo.

15:52

Y ahí yo añadiría algo que me llama mucho la atención, y es que es curioso que nos enseñan a hablar desde pequeños: “Mira, Luis, pide las cosas bien, da las gracias, pide perdón. ¿Cómo se habla? Háblale bien, con educación”.

16:15

Pero, ¿verdad que no nos educan a hablarnos a nosotros mismos? Pese a que pasamos más tiempo hablándonos a nosotros que hablando con los demás. Aprender a hablarnos es fundamental, y yo digo algo tan sencillo como: “Mira, háblate a ti misma como te gusta que te hablen los demás”. Somos muchos los que a menudo no nos hablamos bien. Y hablarnos interiormente es la fuente, por ejemplo, que mantiene la autoestima, porque te pueden decir: “Ay, Luis, qué listo eres”, pero si tú no te lo dices, suena…

17:02

Alguien dice: “Mira, Luis, qué bien lo has hecho”. Y tú por dentro: “Es un desastre”. El lenguaje interior es la base de lo que llamamos las funciones ejecutivas.

17:20

El ser humano es como una empresa. Mi empresa es Luis y yo tengo mis ideales, tengo mis metas, mis ilusiones. Entonces, yo tengo que gestionar mi vida de forma que consiga esas metas. ¿Cómo las consigo? Bueno, un elemento primordial es cómo me hablo a mí mismo, el autocontrol, que es fundamental en la vida. El autocontrol, como dice la palabra, es yo me controlo a mí mismo. Yo me controlo cuando me digo: “Luis, dejaba de hablar”, “Luis, para quieto”, “Luis, compórtate”. Esa es una función ejecutiva fundamental. Eso es hablarnos a nosotros mismos. Otra fundamental, que también ayuda a superar…

18:19

Está demostrado, por ejemplo, que las personas que localizan el control de su vida dentro de ellas superan la adversidad mejor que quienes localizan el control en fuerzas externas. La persona que dice: “Yo puedo hacer algo por salir de aquí”, “Yo puedo hacer algo por tratar mi diabetes, voy a tomar la medicina. Yo puedo hacer algo”. Lo opuesto es decir: “Es cuestión de suerte”, o algo que yo no os recomiendo que es el: “Que sea lo que Dios quiera”, no lo recomiendo.

19:05
Mª Jesús. Hola, Luis. Yo quería preguntarte que si nos podías dar algunos consejos sobre cómo afrontar el estrés y la ansiedad en el mundo en que vivimos.

19:17
Luis Rojas-Marcos. El estrés y la ansiedad. Un poco de estrés ayuda, también, un poco de estrés nos anima a competir, y nos anima a estar despiertos. El problema del estrés es cuando el estrés es continuado o es excesivo. Entonces, efectivamente, se convierte en ansiedad. O en casos extremos, puede dar lugar a una depresión, por ejemplo. Ayuda diversificar la vida, nuestras actividades.

19:50

O sea, el pensar: ¿cuáles son las parcelas de mi vida de las que yo saco satisfacción? Y apuntarlas. Y luego tratar de practicarlas, pero además practicarlas sin que se mezclen porque la idea es compartimentarlas.

20:14

Cuentan los historiadores que el Titanic se hunde porque no tenía compartimentos estancos y el agua entra, y así se hunde. El mantener una diversidad, pero también un tanto separada, ayuda a tratar con situaciones estresantes, o situaciones de fracasos personales. Por ejemplo, hay estudios que demuestran que las personas que se divorcian, y el divorcio es un paso muy difícil, muy difícil, angustiante, y algunos lo llaman, incluso, agonizante.

20:51

Bueno, pues está demostrado que las personas que disfrutan del trabajo, llevan mejor un divorcio que quienes no disfrutan del trabajo. Y quien dice el trabajo, de otras actividades, y de amistades, y tratar de tener también amistades de aquí, y amistades de allí, de forma que diversifica tus fuentes de satisfacción con la vida. Ese es un ejemplo de algo que podemos hacer. En una situación estresante también podemos aprender cuáles son las circunstancias que nos hacen sentirnos estresados, y entonces organizar nuestra vida de forma que podamos minimizarlas.

21:40

Nos ayuda como ya hemos dicho hablar, compartir y pensar de qué forma puedo yo ajustarme a esa situación. Y si llegamos al límite donde no sé qué hacer y cada día estoy más estresado, entonces, no olvidar que hay gente que nos puede ayudar. Yo comprendo que ir al psiquiatra todavía no esté bien visto, pero puede uno ir al psicólogo, o al trabajador social, alguien que nos ayude. El pedir ayuda para estos temas es muy útil, y la ayuda puede ser un amigo, o una amiga, o un familiar. Pero, si vemos que los vamos a preocupar a ellos más todavía, pues demos el paso y busquemos ayuda, también.

22:36
María Jesús. Una pregunta sobre la autoestima. ¿La autoestima se puede entrenar y desarrollar?

22:43
Luis Rojas-Marcos. Pues sí, efectivamente, la autoestima la podemos proteger, la podemos desarrollar, ¿verdad? Pero, es importante ser consciente de lo que es la autoestima. La autoestima es la forma de valorarnos. ¿Cómo te defines? ¿Qué es lo que aprecias de ti misma? ¿Qué es lo que valoras en ti? Una vez que ya tenemos esa valoración de uno mismo podemos no solamente nosotros, también con niños, desde pequeños podemos proteger su autoestima.

23:25

Te voy a dar un ejemplo, resulta que mi hija Laura, que me hace la competencia muy bien, además. Cuando era pequeña, pues un día estaba yo ayudándole a hacer los números, iba al colegio, y me dice: “Padre, es que no me salen, no me salen las cuentas, no me salen”.

23:48

Entonces, yo podría haber dicho: “Laura, no te salen las cuentas porque eso de contar no es lo tuyo”. No, ¿verdad? Estás eliminando una función en la vida. Yo puedo decirle, creo que fue lo que le dije, habría que preguntarle a ella, pero le dije: “Mira, Laura, hoy no te salen las cuentas porque estás cansada”. Separar el hecho de la persona, lo que has hecho es un desastre, pero tú eres buena persona, o lo estás intentando, no: “Tú eres un desastre”.

24:30

Son pequeñas cosas, pero cosas que si uno se acostumbra a calificar el hecho y no a la persona necesariamente, pues protege la autoestima. Una de las fuentes fundamentales si yo os preguntara: “¿Qué añade a vuestra autoestima?”. “¿Qué añade?”. Bueno, pues muy frecuentes son las conexiones afectivas con otras personas, las relaciones. Me hace sentir bien el saber y el sentir que tengo amigos, tengo familia, que tengo personas que me aprecian. Sin autoestima o con una autoestima dañada, es muy difícil sacarle a la vida satisfacción. Hay enfermedades que destruyen la autoestima.

25:24

La peor de todas, en mi opinión, es la depresión. La depresión no solamente destruye tu autoestima, sino que te roba la esperanza. Y sin esperanza no podemos vivir. Y de hecho, como sabéis, la depresión en ciertos casos llega al extremo en el que la persona piensa que la vida no merece la pena. Llegar a ese punto donde uno piensa que la vida no merece la pena, que suele ir unido al pensamiento de: “Yo no merezco la pena tampoco”, pues es terrible. Pero eso es una enfermedad, sería un extremo de la autoestima dañada.

26:11
Pilar. Hola, doctor, ¿qué tal? Yo quería preguntarle por un tema que sé que es de especial interés para usted como es el trastorno por déficit de atención, porque sé que lo sufrió en su infancia y en su adolescencia. Entonces, quería que nos explicara, por favor, en qué consiste este trastorno y qué implicaciones tiene para los niños y niñas que lo que lo sufren. Gracias.

“El humor es fundamental para entender la vida”. Luis Rojas-Marcos, psiquiatra
26:34
Luis Rojas-Marcos. Como sabéis el trastorno por déficit de atención es un trastorno nuevo. Se identifica oficialmente en 1994. Por lo tanto, todavía estamos en un momento en el que estamos aprendiendo.

26:54

No es definitivo todo esto, aprendiendo cómo tratarlo, aprendiendo cómo diagnosticarlo, aprendiendo cómo prevenirlo, si es posible. Sabemos que tiene un componente genético, lo cual no quiere decir que seguro que si la madre o el padre tiene este trastorno los hijos lo vayan a tener, porque es todo una cuestión… Como sabéis los genes son probabilidades. También sabemos que es un proceso de inmadurez cerebral. Hay zonas del cerebro que controlan el autocontrol y la actividad física que no se desarrollan lo suficiente y por eso aparece en la infancia.

27:42

De momento, el diagnóstico está dirigido a niños desde siete años. Este trastorno, pues ya os expliqué al principio, es falta de atención o distracción, incapacidad para controlar tus movimientos en una actividad, una energía excesiva y, en general, son los síntomas. Hay personas que tienen la parte de distracción, pero no la parte de hiperactividad. Pero en general, es esto. Pero además tiene que ser algo claro, evidente. Muchos niños son nerviosos, muchos niños saltan y no tienen el problema del trastorno. Luego es muy importante que la persona que diagnostique esto sea un profesional con experiencia en esto y sepa porque, como decía, hay veces que no es fácil, a no ser que observes a la persona durante un tiempo, estudies bien la historia…

28:56

Una vez que se diagnostica, entonces, pues hay varios tipos de tratamiento. Uno, naturalmente, es que el niño participe en sesiones educativas donde el niño aprende a aprender. Lo que mis amigos aprendían en dos horas, yo tardaba cuatro horas en aprenderlo. Y una vez que lo aceptas, empiezas por ahí. También me ayudó mucho el hacer esquemas. Ayuda, naturalmente, todo el tema de rehabilitación. Cuando digo rehabilitación, es de enseñanza, con comprensión, donde participa la familia.

29:34

Un tema que sale a menudo es: “¿Le doy a mi niño medicina o no?”, porque claro, para los padres la idea de darle a un niño de siete años una medicina que, además, es un estimulante, una medicina real, es una medicina muy potente, preocupa. Y es razonable que les preocupe. El no hacerlo, el no tratar esto, este trastorno, puede ser devastador, devastador. Les doy un ejemplo, yo tuve suerte con esto también. Donde yo trabajo ahora, y antes también, nos ocupábamos no solamente de los hospitales, sino de la cárcel de Nueva York. Un 75 por ciento de hombres de entre 19 y, me parece que eran 30 años, sufrían de trastorno por déficit de atención, y en su mayoría no estaban tratados. Increíble, ¿verdad?

30:52

Claro, a la cárcel de la ciudad de Nueva York llevan a alguien que detienen porque ha hecho algo, inmediatamente, aunque sea algo que no sea grave. Si no tiene abogado, no tiene alguien que… pues va a la cárcel. Quiero decir con esto, que hay delincuentes que van a la cárcel que han delinquido una vez. O sea, que no estoy hablando de cárceles del Estado o cárceles federales donde ya son personas que han sido consideradas culpables de un crimen de algún tipo.

31:33

Un verano, yo tendría como 12 años y fui con mi hermano a comer a un restorán en un pueblo del norte que se llama Castro Urdiales. Y estábamos comiendo mi hermano y yo, y había un señor que estaba comiendo con otra persona y había colgado su chaqueta detrás de la silla. Y yo veía un boli salir del bolsillo, y es que mira, yo tenía que cogerlo. Ese boli pues se convirtió en… Hasta el punto que mi hermano, yo creo que él vio que yo… y me dijo: “Luis, ni se te ocurra. No, es que ni se te ocurra”.

32:27

Yo llegué a cogerle a este señor el boli y claro, me dije: “Pero esto, ¿cómo puede ser?”. Le volví a poner el boli. ¿Era que yo necesitaba un boli? No, era el impulso, la falta de control, ¿verdad? Si no diagnosticamos a estos niños, nos arriesgamos a que vayan por un camino… Un día en un impulso va a hacer algo grave. Que no puedan estudiar, que no puedan… Por lo tanto, cuando uno decide si tratar a estos niños o no, hay que tener en cuenta las consecuencias de no hacerlo a largo plazo.

33:12
Paula. Hola, Luis. Bueno, me imagino que uno de los momentos más complicados para usted fue el 11-S, el atentado terrorista en Nueva York. Y bueno, me gustaría saber cómo vivió usted aquel momento y qué lecciones de vida y aprendizaje sacó a raíz de aquel suceso.

33:31
Luis Rojas-Marcos. Pues mira, aquello fue una sorpresa, ¿verdad? Fue un trauma para mí y para miles. Coincidió con que entonces yo dirigía el sistema de hospitales y de salud de la ciudad. Cuando choca el primer avión yo estaba en una reunión. Eran como las nueve menos diez aproximadamente, y me avisan sin darle importancia porque se pensaba que había sido un accidente, que fuera al centro de urgencias. Entonces, como mi despacho estaba muy cerca, pues para mí fue muy fácil, con Víctor, que era mi ayudante, que conducía el coche con las luces y todo esto, llegaría allí en cinco minutos, o diez, de forma que, todavía, el segundo avión no había chocado.

34:20

Llego y subo al piso. Pero claro, ya no se podía. Nos dicen: “No, nos vamos a reunir en otro sitio”, porque esta era la reunión con los jefes de policía, de los necesarios cuando ocurren tragedias de este tipo… Entonces, a la salida, yo me iba con Víctor, y veo que viene Tom Von Essen. Tom Von Essen era el delegado de bomberos y me dice: “Luis, vente conmigo”, le digo: “Bueno, ¿dónde vas?”. “No, es que hemos puesto un puesto de mando enfrente de las torres y allí estamos. Vente conmigo”.

34:58

Y empezamos a andar hacia el frente de las torres, la calle Vesey. Y a medida que andábamos y oíamos los sonidos, aquello era, como os podéis imaginar, algo increíble. Y yo me hablaba a mí mismo, es importante hablarnos y me decía: “¿Qué demonios haces tú aquí? Un psiquiatra de Sevilla en medio de esto. No, vete, sal de aquí”. Una voz, la otra voz me decía: “No, Luis, a lo mejor puedes ayudar, o por lo menos conectarte con el hospital más cercano…”, uno de los hospitales de los que yo era responsable, “…y puedes, a lo mejor, salvar vidas también”. Y otra voz: “No puedes hacerle esto a Víctor, Víctor es un padre de familia y lo vas a llevar contigo”.

35:50

En fin, es lo que seguro que muchos que habéis vivido situaciones semejantes veis cómo habláis, y como os decís, y cómo tomáis decisiones basadas en lo que os decís a vosotros mismos. En fin, decidí quedarme. Entonces, yo voy a ese puesto con ellos y decido llamar al hospital más cercano, al director, para decirle: “Mira, esto es grave, prepárate y prepara camas en el hospital”, pero mi teléfono no me funcionaba, el teléfono móvil, no me funciona.

36:25

Y viene otro ángel de estos anónimos y me dice: “Oye, ¿tú que estás intentando…?”, “Sí, sí, necesito llamar a…”. Y dice: “Vente conmigo que tengo una oficina aquí, en este edificio de atrás, y así puedes llamar desde un teléfono fijo”. “Ah, muy bien”, pues me voy con él. Entro en este edificio, me dicen: “Mira, aquí está el teléfono”, y empiezo a hablar con el director del hospital Bellevue y aquello empieza a moverse, y se apaga todo aquello. Yo, Víctor y cinco o seis más, nos encontramos ahí sin saber qué hacer, pero aquello se movía. Bueno, la cuestión es que no sabíamos qué había pasado.

37:12

En esto sale otro ángel de estos de mi vida, un señor alto, y nos dice: “Mira, soy policía…”, no iba vestido de policía, “…soy policía y yo voy a intentar sacaros de aquí. Lo primero que tenéis que hacer es agarraros de las manos”, porque como no se veía para que nadie se perdiera. Nos agarramos por las manos, nos dice que nos cubramos la cara y se va con una linterna. Pasan unos minutos, vuelve y dice: “Mira, no he encontrado la salida, pero lo voy a intentar”. Al final la encuentra, nos ponemos en fila india y salimos. Al salir de allí me sorprende que este señor se queda, y le digo: “No, tú también. Venga, ven”. Dice: “No, no, yo me voy a quedar por si queda alguien dentro”.

38:03

Por la tarde hubo una reunión con el alcalde, y el otro, todos, para ver qué había pasado y ahí fue cuando supe que todos aquellos bomberos y alguno que yo conocía, con quienes yo había estado antes, antes de que no me funcionara el teléfono, todos habían muerto porque la primera torre, como sabéis, cae así, no cae así. Pues os podéis imaginar. El otro tema que me impactó fue que no hubo heridos. Hubo miles que se salvaron y casi 3000 que murieron. Entonces, ¿qué ocurre? Que la intervención era para tratar el dolor mental, el dolor emocional, el estado emocional de aquel pueblo. Y claro, dado el puesto que yo tenía empezamos a organizar grupos, cientos de grupos donde iban las personas a hablar.

39:12

Cuando uno tiene experiencias como esta, o no tienen que ser como esta, cuando se nos muere un ser querido sin un proceso, cuando nos pasa algo, un trauma, pues hablar es fundamental por muchas razones. Una, porque al contarlo te oyes a ti mismo, le das un argumento a lo que has vivido, a tus emociones, le das un argumento. Y empiezas a explicártelo a tu forma. Es que el cerebro humano no tolera la falta de explicaciones. Cuando os vais a la cama y decís: “Es que yo no me puedo dormir hasta que no me explique por qué mi hija me ha dicho eso, o por qué el jefe ha hecho eso”.

40:06

Hay gente que dice: “Bueno, es que yo soy un ignorante”, a dormir, o “Esto es un misterio”, a dormir, pero en general tenemos que encontrar explicaciones. Hablar es fundamental, y si encima habláis, y hay alguien que os escucha y que os puede dar apoyo, solidaridad, comprensión, entonces ya es un premio. No solamente lo explicáis, no solamente lo oís, no solamente les dais un argumento, sino que tenéis otro ser humano que os va a decir: “Lo entiendo, qué necesitas, te voy a ayudar”. Hablar me ayudó muchísimo. Hubo cambios. Si me preguntáis cual fue el cambio fundamental, el cambio fundamental que yo vi en aquel pueblo y en todos nosotros, fue la incertidumbre.

41:09

Pensad en esto, porque claro, si os acordáis, si leísteis sobre el tema, fue algo tan desprevenido, algo tan inesperado que rompió la certidumbre. Nueva York y ese país en general, pero en Nueva York la gente no pensaba que esto podía ocurrir, pero además no solamente en Nueva York, sino si pensáis sobre vuestros planes o de lo que habláis, ¿verdad que la mayoría de lo que hablamos es de lo que voy a hacer mañana? De lo que voy a hacer este verano. De lo que voy a hacer cuando mi hija se case, si se casa. De lo que voy a hacer en Navidades. ¿Qué voy a estudiar?

41:55

O sea, que esa idea que damos por hecho, el poder hablar y pensar en lo que vamos a hacer, eso se rompe, entonces nos inunda la incertidumbre, el no saber qué va a pasar. La incertidumbre, si lo pensáis bien, es un reto para el ser humano. Estamos acostumbrados a vivir cada día más, estamos acostumbrados a decir adiós a alguien y lo vamos a volver a ver, pero cuando ese principio se rompe, entonces tenemos que formular todo esto. Eso, yo diría que fue el golpe. Aparte, claro, de la pérdida de seres queridos, de la incomprensión de vivir todo aquello. Y luego, cada uno va superando adversidades utilizando esa mezcla de resistencia y flexibilidad que hoy llamamos resiliencia.

52:59
Irene. Hola, doctor, un placer saludarle. Usted hace ya tiempo que es abuelo, y me gustaría saber qué piensa que la sociedad puede aprender de los abuelos y, en general, de las personas mayores. Muchas gracias.

43:12
Luis Rojas-Marcos. Yo creo que las personas mayores son una gran fuente de sabiduría, nos cuentan su vida y sus experiencias. Pero, para verdaderamente utilizar esa fuente de sabiduría, la sociedad tiene que estar dispuesta a escucharles. Por eso es importante no marginar a las personas mayores, dejar que nos enseñen también y darles esa oportunidad. Los abuelos son otros mentores, un mentor más, puede ser la abuela, puede ser el abuelo: “Mira, esto lo hacía yo, mejor que no lo hagas”. O: “Esto mejor que sí”, o “Te voy a enseñar cómo puedes planificar tu vida para conseguir la meta que te propones”. Podemos aprender de muchas formas, pero como te enseñan las personas mayores es único, repito. Pero para esto la sociedad tiene que estar dispuesta a darles su papel, escucharles.

44:18
Gonzalo. Hola, doctor Rojas Marcos, un placer escucharle. Usted tiene un libro escrito que es ‘Todo lo que he aprendido’. De todo lo que ha aprendido a lo largo de su carrera de investigación, ¿cuáles han sido los aprendizajes que más le han impactado y que además nos pueden ser útiles en todos los retos y desafíos de la vida?

44:39
Luis Rojas-Marcos. Cuando vengo a España, a menudo escucho: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”. Y luego yo veo que realmente aquí, pues tenéis una perspectiva positiva de las cosas, pero no habláis de ella. Yo, por ejemplo, he hablado a veces y me preguntan: “¿Y tú eres optimista?”. Y digo: “Sí, yo soy optimista”, y me miran como diciendo: “Ingenuo”, o incluso: “Ignorante”. “¿Cómo se puede ser optimista?”. Cuando estudiamos el optimismo, tened en cuenta tres factores, el primero es la memoria. Esta es la pregunta: si yo os pidiera que escribáis 20 recuerdos de vuestra vida, ¿vais a escribir más recuerdos positivos o negativos?

45:37
Público. Positivos.

45:40
Luis Rojas-Marcos. Entonces, si vamos a darle un número a esto, pensad en 20 recuerdos, ¿verdad? Y si decís: “Pues yo, nueve positivos”, pues os dais un nueve. Del cero al nueve, ¿verdad? Si decís: “Pues yo la mitad, un cinco”. Pero ahí os dais un número y os lo apuntáis. La memoria para recuerdos positivos o negativos.

46:04

El segundo factor es la esperanza. ¿Qué es la esperanza? La esperanza es pensar que lo que deseamos va a ocurrir. Y ahí, en general, en vuestra vida cuando ocurren cosas en el día a día tendéis a pensar que esto va a pasar, si es algo negativo. “Esto va a pasar, esto se va a solucionar”. O tendéis a pensar: “Esto no tiene arreglo”. Entonces, ahí tenéis que hacer una especie de números en vuestra cabeza y os dais un número del cero al diez. Y el tercer número, que es un poquito más complicado, pero también tiene que ver con nuestro estilo explicativo. Todos y cada uno tenemos una forma de explicarnos las cosas. Hay un estilo explicativo que ante la adversidad piensa: “Bueno, esto no dura para siempre”, es un factor.

47:07

Otro: “Esto no me afecta a mí completamente, se me rompe un brazo, el brazo me duele, pero esto no es culpa mía”. Un ejemplo sería: yo llego a casa de mal humor por la noche y me encuentro en casa, por el suelo, los libros de mi hija, los zapatos de mi hija, la blusa, todo aquello es un desorden, un desorden auténtico. Entonces me digo a mí mismo: “Pero, Luis, ¿qué familia es esta? Aquí no hay orden, aquí no hay disciplina, aquí no hay… ¡Qué desastre!”. Y, entonces, viene mi mujer y me dice: “Luis, te estoy haciendo una paella”. Y yo digo: “Paella, la que hacía mi madre”. ¡Qué horror, qué horror! Y ahora viene la explicación. Y me dice mi mujer: “Luis, has debido tener un mal día en el trabajo”. ¿Esta explicación es optimista o pesimista?

48:21
Público. Optimista.

48:22
Luis Rojas-Marcos. ¿Por qué? Porque es un día, no es para siempre. El trabajo no soy yo, y me afecta a mí completamente. Entonces, yo ahora quiero que os deis un número en los recuerdos, otro número en cuanto a la esperanza, otro número en cuanto a cómo os explicáis las cosas, y hagáis la suma. Y llegáis a un número final de optimismo. Que levanten la mano todos aquellos que estamos aquí que del cero al diez en optimismo nos damos un seis o más. No me lo puedo creer. Sé que la próxima vez que digáis: “Soy optimista”, que digan lo que sea, lo soy. Me doy un seis, o un siete, o un ocho. Esto ha sido para mí un placer, me habéis dejado hablar, realmente. Y como veréis en el libro, las personas que hablan viven más. Me habéis alargado la vida. Muchas gracias.