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¿De qué color es un lápiz de color carne?

Angélica Dass

¿De qué color es un lápiz de color carne?

Angélica Dass

· Fotógrafa

Tenía siete años cuando su profesora le mostró, por primera vez, un lápiz de color carne. “Yo estaba hecha de carne, pero mi piel era marrón. Sin embargo la gente decía que yo era negra. Yo tenía un lío enorme de colores en mi cabeza”, explica Angélica Dass. Ella nació en una familia muy colorida, fruto del mestizaje de su país natal, Brasil. Pronto tomó conciencia de que el color de la piel, la cultura o la nacionalidad, eran elementos capaces de levantar muros entre las personas. “Siempre he pensado que el mayor tesoro de la especie humana es su diversidad”, asegura. Con esta idea, decidió dar un paso al frente. Creó ‘Humanae’, un proyecto fotográfico que utiliza el retrato para acercar a personas de todo el planeta. Un alegato en favor de la belleza de la diversidad humana: “Debemos entender nuestra diversidad como algo que nos hace crecer. No como algo que temer o despreciar”. ‘Humanae’ se ha convertido en un referente para miles de escuelas en todo el mundo. Pero también para instituciones internacionales como la ONU o el Foro Económico Mundial: “Todos tenemos el poder de cambiar la narrativa respecto a la discriminación, sea del tipo que sea”. Y advierte: “Debemos estar atentos, y tomar conciencia de cuándo tratamos a otros seres humanos como menos humanos”.


Creando oportunidades

Angélica Dass

Tenía siete años cuando su profesora le mostró, por primera vez, un lápiz de color carne. “Yo estaba hecha de carne, pero mi piel era marrón. Sin embargo la gente decía que yo era negra. Yo tenía un lío enorme de colores en mi cabeza”, explica Angélica Dass. Ella nació en una familia muy colorida, fruto del mestizaje de su país natal, Brasil. Pronto tomó conciencia de que el color de la piel, la cultura o la nacionalidad, eran elementos capaces de levantar muros entre las personas. “Siempre he pensado que el mayor tesoro de la especie humana es su diversidad”, asegura. Con esta idea, decidió dar un paso al frente. Creó ‘Humanae’, un proyecto fotográfico que utiliza el retrato para acercar a personas de todo el planeta. Un alegato en favor de la belleza de la diversidad humana: “Debemos entender nuestra diversidad como algo que nos hace crecer. No como algo que temer o despreciar”. ‘Humanae’ se ha convertido en un referente para miles de escuelas en todo el mundo. Pero también para instituciones internacionales como la ONU o el Foro Económico Mundial: “Todos tenemos el poder de cambiar la narrativa respecto a la discriminación, sea del tipo que sea”. Y advierte: “Debemos estar atentos, y tomar conciencia de cuándo tratamos a otros seres humanos como menos humanos”.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:10
Angélica Dass. Mi nombre es Angélica Dass. Yo soy fotógrafa. Yo nunca entendí por qué los seres humanos eran clasificados como «blanco», «negro», «rojo» y «amarillo», como colores asociados al viejo concepto de la raza. Yo nací en una familia muy colorida. Mi padre era el hijo de una niñera, de una sirviente, de quien él heredó un intenso color chocolate. Él fue adoptado por aquellos que yo conozco como mis abuelos. La matriarca, mi abuela, tiene la piel de porcelana y el pelo de algodón. Mi abuelo era algo entre yogurt de vainilla o fresa, como mi tío y mi primo. Mi madre es hija de una indígena brasileña que tiene un tono entre avellana y miel. Ella tenía otras dos hijas, una como un cacahuete, y la otra un poco más beige, como una tortita. Así que, creciendo en esta familia, el color nunca fue importante para mí. Pero fuera de casa, parecía que tenía muchos significados. Porque el color tenía muchos significados. Yo nací en el último país de América que abolió lo que fue el tráfico de esclavos. Así que los que fueron esclavos en el siglo XIX hasta 1888, fueron los que siguieron sirviendo en el siglo XX. Y, de alguna manera, hasta hoy, yo sigo cargando una mochila invisible llena de estereotipos y conceptos sobre quién soy.

02:07
Angélica Dass. Me acuerdo, cuando era pequeña, el día que la profesora entró en clase presentándome un lápiz de color llamado «carne». Yo estaba hecha de carne. Yo era marrón, y la gente decía que yo era negra. Yo tenía siete años y una confusión de colores en mi cabeza. Años después, me casé con un español rosa, de esos que están cinco minutos en el sol y ya están rojos como una gamba. Después de esto, una pregunta empezó a perseguirme: ¿de qué color va a ser tu hijo? Obviamente, no era importante para mí, pero parecía que era muy importante para los otros. Así que, con todas esas preguntas en la mente, yo utilicé mi oficio, que era la fotografía, para encontrar una respuesta a todo eso. Las primeras fotos fueron mías y de mi marido, pensé que el color iba a estar entre esos dos. Después, seguí haciendo fotos a mi familia, como investigando mi propio origen. Volví a España y sí, en mi familia política había muchos rosas, pero que también eran parte de lo que era mi vida. Y, a partir de ahí, empecé a intercambiar con amigos y a decir: «Mira, yo lo que estoy intentando probar es que yo no conozco a nadie que sea blanco o negro». ¿Por qué siguen describiendo a los seres humanos así? Así que las fotos yo las hago en un fondo blanco. Cojo un cuadradito de once por once de la nariz, pinto el fondo y doy el nombre de una paleta de colores llamada Pantone. Y utilizo esta paleta porque yo sé el número para el color blanco, yo sé el número para el color negro, y, en ese proyecto que tiene cuatro mil retratos, yo no he sido capaz de encontrar ningún ser humano que se encuadrarse en lo que era ese blanco y negro. Yo hice fotos en dieciocho países diferentes, en treinta ciudades. Desde alguien que está en la lista Forbes o refugiados que cruzaron el Mediterráneo en barco. En París, en la sede de la Unesco, pero también en abrigos de gente que vivía en la calle. Estudiantes de escuelas suizas y también de favelas de Río de Janeiro. Todo tipo de capacidades, identidades de género u opciones sexuales. Desde un recién nacido o alguien con una enfermedad terminal. Esos retratos hacen que nos repensemos lo que somos como seres humanos. Cuando la ciencia moderna deja claro que no existen las razas, ¿por qué seguimos definiendo seres humanos como «blancos», «negros», «rojos» o «amarillos»?

05:14
Angélica Dass. Ese proyecto que empieza “online”, llega a las galerías y museos. Y de ese espacio que es el cubo blanco, salta a lo que es la calle. Este lugar donde todos nosotros de acuerdo o no con la idea, podemos, también, ser parte de lo que es el debate. Tener la oportunidad de crear un diálogo y un proyecto colectivo donde la fotografía es el principio del diálogo, pero el poder de verdad del trabajo ocurre cuando juntos estamos celebrando nuestra diversidad. Todos los participantes en este proyecto son voluntarios, la gente que descubre que estoy haciendo convocatorias abiertas y se ofrece como parte del proyecto. Pero lo más especial pasó cuando, de un momento a otro, yo empiezo a recibir “e-mails” de profesoras. Profesoras y profesores de escuelas de todo el mundo que utilizan ‘Humanae’ como una herramienta para hablar sobre igualdad en sus clases. En este momento, el trabajo se desvía a lo que es educación. Y, en nuestros talleres, niños con exactamente los mismos materiales, en las mismas pinturas, reproducen un autorretrato inspirado en lo que yo hago fotográficamente. Con los mismos materiales somos capaces de crear un universo de colores. Eso es lo que somos como seres humanos. Venimos de la misma materia y somos, únicamente, diferentes. Lo que pasa en esas clases es, exactamente, una celebración de la identidad de cada uno de sus alumnos. Ese trabajo, dentro de las escuelas, me hizo entender que el gran lugar transformador era la sala de aula, la clase. El objetivo de haber creado Humanae Institute es, exactamente, posicionar la diversidad como un valor en el proceso educativo y que, aparte, estos niños puedan hablar sobre sus temas que parecen tan difíciles y tan complicados desde un lugar lúdico, desde el lugar del juego. Uno de los grandes valores de ese trabajo es exactamente el diálogo. La verdad, lo que yo hago es utilizar la fotografía como una excusa para conversar. Lo que vamos a hacer aquí hoy es exactamente eso. Así que, por favor, compartid, hacedme preguntas, hablemos sobre diversidad.

07:42
Tania. Hola, me llamo Tania. Soy del CEIPSO Cervantes de Alcorcón, y mi pregunta es que cómo se te ocurrió hacer la obra de Humanae.

Angélica Dass. Yo creo que, de una manera u otra, que yo empecé a hacer Humanae cuando tenía seis años, cuando estaba en la clase de pintura y tenía el problema este con el color carne. Yo creo que, durante toda mi vida, he pensado sobre esto y no había encontrado la manera de expresarlo hasta que decidí que la fotografía iba a ser mi manera de comunicar lo que yo pensaba. Yo creo que los diferentes episodios que pasaron en mi vida, cómo fui señalada como la diferente por mi apariencia, el hecho de que yo puedo y estoy orgullosa y celebro mi ascendencia que es africana, que es europea y que también es indígena, y que lo que yo quiero y siempre he querido es, exactamente, que las tres tuviesen, exactamente, el mismo nivel, que las tres fuesen celebradas, dentro de lo que yo soy, de una manera igual. Entonces, yo creo que todos esos elementos o toda la reflexión estaba en mi cabeza, de una manera u otra. Cuando yo fui a estudiar diseño de moda, los colores eran fundamentales. Entonces, ¿por qué utilizo esa paleta de colores? Porque si me hablases sobre azul, yo no sabría qué azul. Tendrías que decirme si era el azul marino, el azul cián, ¿no? Era una manera de hablar sobre colores. Por eso, esto tiene que ver con el formato. La manera en la que yo ocupo espacios está extremamente conectada con una formación que es de indumentaria y escenografía, principalmente. El espacio para mí también es parte de la narrativa. Aunque parezca que todas las fotos están ordenadas de manera aleatoria, están extremadamente pensadas para estar una al lado de la otra. Yo creo que es un trabajo en proceso, porque es desde que era pequeña y yo sigo aprendiendo de él, mientras voy encontrando gente por el camino y evolucionando como ser humano.

10:02
Antonio. Hola, Angélica. Mi nombre es Antonio. Soy profesor de secundaria. Como sabes, somos muchos los docentes que nos inspiramos en tu obra, en Humanae, para trabajar en las aulas sobre aspectos fundamentales como la diversidad. Pero, a veces, lo hacemos o partimos desde la intuición, en el sentido de que es una obra que nos impacta, que nos gusta. Pero quería aprovechar el momento para que nos dieses algún consejo para trabajar o para presentarla en clase.

Angélica Dass. Creo que los profesores, como pilar fundamental de nuestra sociedad, tienen que ser atrevidos. Atrevidos como ha sido tú, Antonio, cuando nos conocimos. Yo estaba caminando por la Casa Encendida y, de repente, viene una persona y pregunta: «¿Eres Angélica Dass?». Yo dije: «Sí», tuve miedo por si le debía algo. Y él dijo: «He visto una exposición tuya en Bilbao. Y estoy trabajando con tu proyecto en mi escuela. Yo soy profesor en un cole, en Alcorcón, clasificado por la Comunidad de Madrid como de especial dificultad». Nunca me voy a olvidar de que le pregunté: «¿Pero qué significa esto?». Y hablaba sobre, literalmente, etiquetar como menos potencial, haciendo un resumen, a los estudiantes que estaban en ese centro escolar. Y yo le pregunté: «Mira, ¿puedo ir?». «Bueno, pero no tenemos presupuesto para eso». «Pero creo que, por lo que me estás contando, es, exactamente, el lugar donde tengo que ir». Y jamás me olvidaré de la experiencia de ir por primera vez a ese cole. Lloré como una magdalena, obviamente, porque me acordé de cuando yo era pequeña. De cuando yo tenía, en la escuela, profesores, o gente que era parte de mi sistema educativo, que me decía que no podía. Yo escuchaba: «No puedes», y decía: «Sí, sí que puedo, ¿sabes? Voy a encontrar la manera de poder llegar y de poder hacerlo». Y es una de las razones por las que sigo haciendo lo que yo hago. Volveré a intentar contestar bien la pregunta sobre educación. La escuela tiene un papel fundamental en la reconstrucción de lo que son esos códigos sociales. Si el concepto de «raza» es una construcción social, eso significa que podemos deconstruirlo. Así que, lo que pasa con Humanae y con profesores es que los profesores que me escriben sí que son profesores atrevidos, sí que son profesores que tienen gana, sí que son profesores que quieren ir mucho más allá de lo que puede ser el diálogo básico sobre lo que es la diversidad.

¿De qué color es un lápiz de color carne? Angelica Dass, fotógrafa
13:09
Angélica Dass. Yo, firmemente, creo en que la escuela es el lugar donde podemos crear el principio de un diálogo y que, aparte, y eso es la mejor parte, cuando los niños o los estudiantes tienen el potencial de educar a los padres. Y ahí cuentos dos anécdotas. Me acuerdo de una vez en la que una madre llegó y me escribió un email diciendo: «Mi hija acaba de estudiar una unidad en Ciencias Sociales sobre tu trabajo, Humanae, nunca la he visto tan ilusionada entrando en casa y te cuento por qué. Mi hija es una niña que fue adoptada. Ella es etíope y nunca se había encontrado de la manera en que se encontró con tu trabajo». Y hay, por ejemplo, otros momentos, cuando trabajamos con clases o con alumnos donde no hay tanta diversidad, por ejemplo, en República Checa, cuarenta y dos estudiantes entre quince y dieciocho años hicieron todos los talleres conmigo haciendo el autorretrato y, después, estos estudiantes trabajaron en setenta y cinco clases en toda la región de Moravia y enseñaron a dos mil quinientos niños entre seis y doce años. Ellos mismos son los portadores del mensaje. Los adolescentes son los “change makers”, son los que hacen el cambio.

14:52
Arancha. Angélica, yo me llamo Arancha, también soy profesora de secundaria y me gustaría preguntarte: después de todo este tiempo fotografiando a tantísima gente de tantos lugares diferentes y, en muchos casos, seguramente, gente desconocida para ti, si has vivido alguna historia o alguna de estas personas te ha contado alguna historia que te haya conmovido a ti especialmente con respecto a tu trabajo, y si la pudieras compartir con nosotros.

Angélica Dass. La primera pregunta que yo hago a cada uno que entra en el estudio es: «¿Por qué has venido? Porque sabes lo que voy a hacer, ¿no? Voy a colocar tu foto en medio de la calle, voy a poner tu foto en Internet». Obviamente, había gente que entraba por tener conexiones profundas con la cuestión de los colores. Pero otras cosas bonitas fueron pasando. Nunca me voy a olvidar de una mujer espectacular que entró en el estudio: pelo largo, tacones… y entra, y me pregunta: «¿Has hecho foto a alguien que es transgénero?» Y yo: «No pregunto estas cosas». Lo que importa en esa historia es que encontró el lugar, ese lugar donde, en teoría, todos encajábamos, ¿no? Donde no importa todas las etiquetas que cuelgan. Ahí, en Humanae, lo que yo propongo es que nos miremos como seres humanos primero. Y siempre digo que la información más importante que vas a encontrar en mis fotos es, exactamente, ausencia de información. No sabes quién es pobre, quién es rico, quién es el migrante o no, la nacionalidad de nadie, la opción sexual. Lo que sabes es lo que yo intento enseñar, es que somos humanos primero y después vienen todas esas cosas, que algunas veces son etiquetas utilizadas para que nos separemos. Y muchas anécdotas pasan. Por ejemplo, los dos niños que yo tengo detrás mío son hermanos. Y es uno de los juegos que utilizo en muchas exposiciones, ¿no? Yo creo que el objetivo de Humanae, o lo que hace exactamente es romper, o sea, que rompa tus propios estereotipos. Porque como seres humanos lo hacemos muy a menudo, ¿no? Tenemos unos códigos predeterminados para una narrativa. Y aquí yo te estoy enseñando que, mira, puede ser que te equivoques, ¿no? Y son dos hermanos noruegos, y me acuerdo la ilusión que, por ejemplo, le hizo a ella, tener a alguien, que era la artista, y que se parecía a ella. Porque eso es una de las cosas que también pasa todo el tiempo con Humanae. Yo creo que es una especie de espejo donde te puedes ver a ti mismo, pero en los otros, en ese montón de caras que están juntas y son diferentes.

18:02
Leticia. Hola, Angélica. Me llamo Leticia, yo soy profesora. Hoy he descubierto que soy una profesora atrevida, porque también me puse en contacto contigo. Pero, además de profesora, soy madre. Soy madre de dos niñas pequeñas, y a mí me gustaría que pudieras darnos algún consejo para tratar el respeto a la diversidad y a las diferentes culturas dentro de la familia.

Angélica Dass. Las discriminaciones funcionan, más o menos, con una misma dinámica. Cuando dices a una mujer que merece ganar un poquito menos que un hombre, la estás deshumanizando, le está quitando un poquito de humanidad. Cuando dices a un migrante que tiene menos derechos, le estás haciendo lo mismo, ¿no? Le está quitando humanidad. Y la metáfora de la botella es que, como seres humanos, si fuésemos una botellita, como la botellita esa que llevamos de agua, hay que llevar cuidado porque esa deshumanización va vaciando esa botella. Y tenemos que acordarnos de que hay momentos en nuestra historia que, de verdad, vaciamos por completo, ¿no? Cuando se habla de los quinientos años de esclavitud o cuando hablamos del holocausto judío o cuando hablamos de cosas que están pasando ahora en las fronteras por todo el mundo, ¿no? Todos nosotros, de una manera u otra, somos responsables de expandir esas ideas a lo que es nuestro entorno, ¿no? De los valores que creemos que son los valores, del mundo como queremos que sea, que todos nosotros lo podemos hacer así en el círculo pequeñito, ¿no? Llenar de valores a tus hijas, a los familiares cercanos…. es expandir esa idea, porque creo que esa transformación va como poquito a poquito. Desde lo que es tu núcleo. Desde lo más pequeño a lo que puede ser más grande. Lo que sé es que, tanto desde dentro de la familia como dentro de la escuela, cómo podemos hablar de que la diversidad es un gran valor, de que no hay que temer lo que es diferente. Entender que puedes aprender de lo que es diferente, que la verdad te trae otra capa a tu cultura, a tu identidad. Así que yo, si tengo que decir como yo veo el mundo o como yo hago las preguntas, mis preguntas son en torno, siempre, a encontrar el lugar común que tengo con otros hermanos.

20:56
Yesenia. Hola, Angélica. Soy Yesenia, alumna de Educación Infantil de la Universidad Complutense de Madrid. ¿Tú crees que, actualmente, somos más racistas que antes?

Angélica Dass. Obviamente, creo que estamos mejor que algunos años atrás. La idea es que siempre evolucionamos. Pero lo que yo creo que es importante es no dejar de hablar sobre el tema todos los días. No en un día específico, en un mes específico… Todos los días, celebrar que el recurso más importante de la especie humana es su diversidad. Es uno de los tesoros de lo que es ser humano. Cada uno de nosotros es único y diferente. Está en nuestras manos seguir creando un diálogo desde lo positivo, desde la comprensión, desde la educación… Exactamente, para dejar atrás conceptos, por ejemplo, como clasificar gente como «blanco» y «negro». Así que, aunque hayamos avanzado un montón en lo que es la conversación, en el diálogo. Ese diálogo tiene que ser diario, profundo y él no tiene que ser solo sobre lo que es color. Así que, yo creo que un diálogo sobre la igualdad de lo que somos como seres humanos es necesario y va a ser necesario siempre.

22:36
Berta. Hola, Angélica. Soy Berta y soy estudiante de magisterio. En ese sentido, me preocupa muchísimo las situaciones de desigualdad que sufrimos las mujeres hoy en día. ¿Nos podrías hablar de eso o de tu experiencia personal?

Angélica Dass. La discriminación, de manera general, tenemos que tomar cuidado, porque es como cuando vives al lado de un basurero, que tiene un olor muy fuerte, que te da arcadas. Pero que, después se estar viviendo mucho tiempo dentro de ese lugar, tu cerebro desconecta y no sientes más el olor y te acostumbras a esto. Yo creo que de lo que estamos hablando, de una manera general, y ahí me puedo posicionar en las muchas capas que yo tengo. Porque yo soy afrodescendiente, soy mujer, soy inmigrante y, en el fondo, esa discriminación por la que me preguntas, desde el punto de vista femenino, pasa con todas las diferentes discriminaciones que acontecen ahora en el mundo en que vivimos. Y, obviamente, siendo una mujer y, voy a insistir, siendo afrodescendiente, yo veo o percibo más limitaciones en mi existencia por quién soy yo, que, por ejemplo, mi primo. Yo siempre uso el ejemplo sobre lo que significa el “privilege”, que es muy importante tener conciencia de lo privilegiados que somos, ¿no? Yo siempre digo que yo tengo un privilegio y en relación a mi hermana, porque mi hermana tiene la piel más oscura, tatuajes, lleva “dreads”, es gay, no es así tan delgada… Mi vida es más fácil que la de ella solo por quién ella es o por quién yo soy. Pero también puedo percibir el privilegio que mi primo tenía en relación a mí: es hombre, tenía la piel más clara, es un tipo guaperas, muy alto… Su vida es mucho más fácil que la mía, sencillamente, por el formato en el que ha venido a este planeta y por sus opciones, ¿no? Hablando sobre discriminaciones en general, nosotros tenemos que estar atentos todo el tiempo de cuando no la percibimos, de cuando automatizamos un comportamiento. Creo que tenemos que vigilar cuando tratamos a otros seres humanos como menos humanos por el género, por la opción sexual, por sus capacidades, por su nacionalidad… Así que, yo creo que es, en relación a la mujer, es en relación al color, puede ser en relación a la opción sexual, toda esa especie de etiquetas que llevamos colgadas, que, muchas veces, se utilizan para clasificarnos y para valorarnos de una manera inferior.

25:38
María Luisa. Hola, Angélica. Me llamo María Luisa y soy una apasionada del arte. Me gustaría preguntarte: ¿cómo piensas que el arte puede transformar la sociedad?

Angélica Dass. Yo creo, de verdad, que el arte es una gran herramienta de transformación. Hay algunas cosas que son muy difíciles de explicar sólo con el lenguaje verbal. Yo creo en el poder del arte, exactamente, porque toca otras cosas, otros sentidos. Es tu olfato, la manera en la que escuchas, el espacio que está a tu alrededor, cómo las cosas están presentadas, ¿no? Vivimos en un mundo superrápido en el que consumimos las cosas de manera muy veloz. Y creo que hay algunas cosas que tienen que ser complejas. Y, tal vez, el arte ayuda a enseñar esos conceptos tan complejos de una manera sencilla. La razón por la que yo hice Humanae es, exactamente, una razón que nace de un dolor. Es esa la razón por la que empieza, ¿no? Pero haberlo transformado en esta cosa que es bella y que dialoga desde diferentes lugares, desde diferentes maneras, hace que sea más fácil, o sea, más esponjosa la absorción o la empatía que genera el trabajo.

27:08
Marcos. Hola, Angélica. Mi nombre es Marcos, soy alumno del instituto Manuel de Falla, y mi pregunta es: ¿Por qué usaste la fotografía como herramienta contra la discriminación?

Angélica Dass. Yo hice fotos durante toda mi vida como un hobby y, después, viviendo aquí en España, yo trabajaba como fotógrafa en el mundo de la moda. Y, trabajando en el mundo de la moda, yo tengo que decir que yo estaba un poco descontenta. Tenía la impresión de que seguía alimentando estereotipos con las imágenes que creaba. Así que, en 2011, que es cuando decido volver a la escuela a estudiar y hacer un máster de fotografía, es el momento en el que paro por primera vez a estudiar fotografía. Porque mi formación es en moda, diseño de moda, después hice Bellas Artes, escenografía e indumentaria. Pero, en 2011, cuando vuelvo a estudiar y hago ese máster de fotografía, yo hice un compromiso conmigo misma de que las imágenes que yo iba a crear tenían que ser significativas para mí. Así que, una de las razones y el porqué de que Humanae naciera, exactamente, en ese momento —porque nació un año después, en 2012—, es porque era, exactamente, ese momento de comunicar quién yo era, cuáles eran mis orígenes, la familia de la que yo venía. Creo, profundamente, en la fotografía como el principio de lo que es el diálogo. Yo siempre digo que lo que pasa con Humanae es que el hecho, el momento de hacer la foto en una sesión de fotos, es solo el principio de la conversación, es la excusa para empezar. Porque la gente mientras está esperando para ser retratada, ella está hablando sobre esto. Cuando se van a su casa, van contando lo que ha pasado en el día. Cuando se ven en la exposición y se ve la pieza, en la pared, está ahí el registro de los que hemos creado juntos. Entonces, yo creo que la fotografía puede ser esa pieza que es colectiva, donde no solo yo, como la operadora de lo que es el aparato que es la cámara, sino, los que posan delante de mí, son parte de la construcción del trabajo de manera activa.

29:33
Yasmín. Hola, Angélica. Soy Yasmín, alumna de secundaria, y mi pregunta es: ¿Qué significado tienen los huecos en blanco en la introducción de tu obra?

Angéica Dass. Los espacios en blanco que dejo en las instalaciones de Humanae es, exactamente, para hablar sobre las personas a las que nunca voy a hacer fotos, sobre los que no están retratados por mí, que creo que también son parte de ese diálogo. Todo mundo pregunta, muchas veces: «¿Pero cuándo vas a terminar Humanae?». Cuando retrate los siete mil millones de habitantes en el planeta. Porque, la verdad, lo que me gustaría es que tuviésemos ese diálogo y esa conversación entre todos los habitantes del planeta. Va a ser imposible, yo no puedo hacer fotos de todo mundo, pero están ahí todos esos espacios, exactamente, para conectar con esas personas. Y es muy curioso lo que pasa en muchas exposiciones, cómo la gente interactúa con esos espacios vacíos. Y, ahora, en el mundo en que vivimos de tecnología y teléfonos, la gente se introduce en la pieza a través de lo que es el autorretrato y el “selfie”, ¿no? Entonces, esos espacios están, exactamente, para que tú, después de ver la exposición, yo no te he tratado, te puedes retratar, pero también puedes llevarte esta conversación, llevarte este vacío a lo que es tu entorno, puedes llevar el mensaje que está detrás del trabajo, exactamente, para estas personas que yo no he tratado, porque no tuvimos la felicidad de tener la oportunidad de conectar y de hablar sobre por qué ese trabajo es necesario, por qué quieren posar para mí, por qué estar en Humanae es significativo para esa persona.

31:19
Irene. Hola, Angélica. Soy Irene y estudio en el Instituto Manuel de Falla y me gustaría preguntarte que si crees que las personas que piensan que solo existe un color, y ese color es el único, y el resto son inferiores van a cambiar de opinión gracias a tu excelente obra de arte.

Angélica Dass. Me encantaría que eso pasase siempre, que tuviera la bola de cristal para poder contestar esto. Pero sí que creo que todos nosotros, literalmente, todos nosotros tenemos el poder de cambiar la narrativa. O sea, está en la mano de cada uno de nosotros contar otra historia. Seguir repitiendo la historia de que existe un lápiz de color carne, y de que la diferencia de que un ser humano es superior al otro por sus características físicas, solo nosotros podemos cambiar esa narrativa. Una vez, en el museo Leonardo da Vinci en Milán, que es el museo de la ciencia y la tecnología, me llamaron para exponer una pieza allí. Y, en teoría, en el departamento de genética. porque yo me he sorprendí cuando me llamaron la primera vez. Y yo: «¿Y yo por qué pego en un lugar como éste?», era dentro del departamento de genética. Y la manera en que el comisario, ¿no?, el “curator” del museo me explicó por qué querían mi pieza. Fue bellísima, porque él me dijo que como seres humanos, somos una gran enciclopedia. Dijo; «Y en el último libro, en las últimas páginas, hay unas letritas que son diferentes. En esas letritas diferentes están el color de tu piel, de tus ojos, cómo es tu pelo…». Así que, ¿cómo podemos contar esto a más gente? Es a través del arte, a través de la conversación, es a través de la fotografía… ¿Cómo puedes ser tú misma, desde tu joven edad, responsable de la construcción de un diálogo nuevo? Y por eso creo que la escuela es el lugar donde podemos empezar ese diálogo. Porque ya me ha pasado más de una vez que una madre me dice: «Mira, mi hijo llegó a casa diciendo que tenía un amigo nuevo en la escuela». El niño que tenía tres años. «Llegó a casa diciendo: “Tengo un amigo nuevo en la escuela, ese amigo es marrón”». Y la madre dijo: «No, te estás equivocando. El niño que llegó nuevo a clase es negro por esto, por esto y por esto». Y me acuerdo que ese señor abrió una charla mía y me dijo: «Mira, vengo a contarte una historia. Hoy voy a casa a pedir disculpas a mi hijo, porque mi hijo estaba en lo correcto, y yo estaba equivocada». Entonces, yo creo en vuestro poder, el poder de la juventud, el poder de lo que son los niños y niñas, de crear una nueva narrativa. Llegan al punto de hacer que adultos puedan repensar sus conceptos, esas cosas que están encerradas ya en la cabeza y parece que no pueden cambiar, pero que sí cambian. Así que para mí es un regalo encontrar lugares como Manuel de Falla, el Cervantes, la ESCUNI, la Complutense y muchos otros. Yo, cuando empecé a hacer ese trabajo, yo jamás pensé que ese iba a ser el lugar en el que más iba a desear estar. Porque, de una manera, tal vez inocente y naíf, yo creía que estando solo en la pared de una galería o un museo, yo ya podría crear este diálogo, y me he dado cuenta por el camino de que no. De que la única manera de crear un impacto de verdad era de la mano de vosotros, que sois el futuro. Desde alumnos o profesores. Así que para mí ese es regalo, es como que por fin he encontrado donde yo quería estar.

35:26
Rafa. Hola, Angélica. Yo me llamo Rafa y quería preguntarte si alguna vez te has encontrado con alguna persona, adulto, niño… que no haya entendido el sentido que tenía Humanae. Porque, a pesar de que yo sea estudiante todavía, en la poca experiencia que tengo, sí que me ha pasado que me he encontrado con algún caso en el que hay cierta desigualdad, ya sea de género o sexualidad, lo que fuera, y no cuentas con apoyos suficientes como para combatirlo. Entonces, si te ha pasado a ti, o que no han entendido Humanae, o que te has encontrado una situación así, ¿cómo has actuado o cómo intentaría convencerle de que Humanae es, no sé si lo correcto, pero sí algo que, por lo menos, parece justo?

Angélica Dass. La verdad, yo te tengo que decir que, con el tiempo, yo creo que tengo más y más ganas de hablar, exactamente, con los que no están de acuerdo conmigo. Así que yo he estado en lugares donde la gente tenía bastante dificultad para entender, tal vez, la motivación que hay detrás del trabajo. Pero mi función, o lo que yo siento que tengo que hacer, es contar mi punto de vista. Y hay gente que puede conseguir impactar y cambiar o abrir la perspectiva, porque decir que voy a cambiar a alguien no sé si es… Lo que quiero ofrecer es una gota narrativa. Empecé de contar una única historia a contar otras, y despacio, hay algunos que van a entrar en la narrativa, y otros no. Pero a mí me ha pasado, por ejemplo, de alguien que se sentó delante de la cámara. Eso fue en Estados Unidos, donde, obviamente, hablamos de segregación, hablamos de episodios muy duros, ¿sabéis? Y una persona, que era un afrodescendiente, que se sentó delante de mi cámara y dijo: «No sé. No sé si puedo». Me contó por qué venía, pero, en el momento en el que se sentó, dijo: «No sé si puedo, es que lo que me estás pidiendo es que mire al otro como igual. Es que, si ellos no me miran como igual, ¿por qué yo voy a hacer eso con ellos?». Y yo lo que dije, desde mi perspectiva muy personal, es que yo intento llamar para el diálogo y, a veces, puedo sentarme en la mesa con gente que tiene opiniones completamente diferentes a la mía. Yo expreso la mía y él expresa la suya. Meses después, puede ser que esa persona, después de uno o dos impactos más o de que escuchó otra conversación, pueda empatizar, por lo menos, a la cuestión que yo propongo. Mi objetivo es proponer la discusión. Mi objetivo es mantener ese asunto vivo. Mi objetivo es que haya un diálogo en torno a la igualdad. Pero hay mucha gente que no va a estar de acuerdo, por eso hay que seguir hablando de esto.

38:17
Gonzalo. Hola, Angélica. Soy Gonzalo y soy estudiante de universidad. Y quería darte las gracias porque me parece que tu proyecto es muy inspirador tanto aquí como espectador, como también como fotógrafo, ya que ahora mismo es mi pasión principal. Y querría preguntarte: ¿qué consejo me darías a mí o a cualquier otro fotógrafo que haya aquí para que pudiésemos llegar un día a vivir de ello o poder trabajar en lo que de verdad nos gusta?

Angélica Dass. Cuando empecé y tuve la idea, el corazón de la idea, las primeras fotos, yo no pensaba que yo iba a vivir de Humanae. Yo quería comunicar, y sigue siendo mi motivación principal, no ir detrás solo de la noria que es el éxito el éxito. Pero pensar qué es lo que me mueve a hacer esto. Para mí, el éxito es comunicar lo que yo quiero comunicar. Pero, cuando me preguntan, yo creo que en el mundo en el que vivimos, yo creo que hay dos tipos de fotógrafos o proyectos que creo que pueden saltar, pueden llamar más la atención. Uno: si cuentas una historia que nadie ha contado. Y el segundo, que creo que es el que conecta con Humanae, es si cuentas una historia que mucha gente ha contado, pero de una manera diferente, de una manera única. Así que mi consejo, que no es un consejo, es buscar dentro de ti mismo dónde están esas respuestas, ¿no? Yo creo que todos nosotros llevamos como una mochilita invisible, en esa mochila recibimos las mismas cosas, y la magia está en cómo sacas las piezas y montas el puzle. Porque solo tú puedes montar el puzle con el filtro de lo que son tus experiencias y tus vivencias. Y yo creo que es eso lo que ha pasado, no solo con Humanae, sino con otros proyectos que hago y que hice.

40:28
Juan. Soy Juan Cordero, soy profesor de Filosofía y Ética. Y, con mis alumnos, he tenido que trabajar mucho el tema del racismo, de la lucha contra el racismo, contra la discriminación. De todo lo que hemos hablado aquí y de todo lo que se ha mostrado, ¿qué enseñanza, para concluir, o qué aprendizaje crees tú que es más interesante para los niños y los jóvenes que hoy nos acompañan?

Angélica Dass. Yo creo que, si tengo que tener un mensaje de cierre para todo lo que hemos hablado aquí, es: «Todos tenemos el poder de cambiar el mundo que queremos, en un futuro, a nuestro alrededor». ¿Y cómo se puede realizar ese cambio? Que no es un cambio por arte de magia, es, exactamente, hablar, ser curioso, intentar quitar todas esas capas de estereotipos que tenemos sobre quién es el otro. Yo invito a todos, todos los días, a volver a la infancia y tener ese tipo de curiosidad. Esa curiosidad que tienen los niños sobre lo que es diferente. Porque lo que, probablemente, vas a encontrar es que tal vez tengas muchísimas cosas en común con éste que parece diferente. Yo, lo que invito es, a todos, a crear una nueva narrativa, a contar la historia que creáis que es la historia real. Yo siempre digo que, cuando hablamos de diversidad, la cuestión no es hablar de diversidad por hablar de diversidad. Yo creo que hay que hablar sobre la diversidad por el realismo. Porque, de verdad, lo que es la realidad, en el mundo en el que vivimos, es, exactamente, esta diversidad. No hablemos de diversidad porque hay que hablar de diversidad. Hablemos porque es, de verdad, lo que existe en el planeta en el que estamos viviendo y es la esencia de la especie humana. Y si es desde el colegio y desde una temprana edad, mejor.

¿De qué color es un lápiz de color carne? Angelica Dass, fotógrafa