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Confía en tus hijos para que ellos confíen en ti

Arno y André Stern

Confía en tus hijos para que ellos confíen en ti

Arno y André Stern

· Investigador y escritor

El pintor e investigador Arno Stern nació en 1924 y vivió una infancia marcada por la amenaza del ascenso de Hitler en Alemania, la huida, el hambre y la Segunda Guerra Mundial. Sobrevivió con sus padres en un campo de trabajo en Suiza, que sustituyó al colegio e instituto. “Antes pensaba que la guerra me impidió ir a la escuela, hoy creo que me salvó de ella”, recuerda Stern, que años después no escolarizó a sus hijos para respetar los “ritmos y rituales de la infancia”.

Arno Stern es autor de la Formulación, teoría que defiende que el ser humano comparte una “memoria orgánica” universal, que se expresa a través del “juego de pintar”, con dibujo libre y espontáneo. “Un niño nómada del desierto, ¿dibujaría lo mismo que los niños que viven en la ciudad? ¿Algo distinto o las mismas cosas, pero de una manera acorde a su cultura, propia de su modo de vida? Nadie podía responder a esta pregunta porque nadie se había hecho dicha pregunta antes. Así que viajé por el mundo visitando niños no escolarizados, en la selva o el desierto, que nunca habían pintado. Y sí, les di papel y pintura… y dibujaban lo mismo”.

Esta investigación dio paso a la creación de una disciplina denominada Semiología de la Expresión, que implica en su estudio a biólogos, antropólogos, genetistas, psicólogos, neurofisiólogos, y prehistoriadores. Y sirvió de inspiración a su hijo no escolarizado, André Stern, músico y escritor, que le entrevista en esta ocasión. Juntos desarrollan la idea de educación alternativa basada en un solo principio: “Te quiero porque eres como eres”.


Creando oportunidades

Arno y André Stern

El pintor e investigador Arno Stern nació en 1924 y vivió una infancia marcada por la amenaza del ascenso de Hitler en Alemania, la huida, el hambre y la Segunda Guerra Mundial. Sobrevivió con sus padres en un campo de trabajo en Suiza, que sustituyó al colegio e instituto. “Antes pensaba que la guerra me impidió ir a la escuela, hoy creo que me salvó de ella”, recuerda Stern, que años después no escolarizó a sus hijos para respetar los “ritmos y rituales de la infancia”.

Arno Stern es autor de la Formulación, teoría que defiende que el ser humano comparte una “memoria orgánica” universal, que se expresa a través del “juego de pintar”, con dibujo libre y espontáneo. “Un niño nómada del desierto, ¿dibujaría lo mismo que los niños que viven en la ciudad? ¿Algo distinto o las mismas cosas, pero de una manera acorde a su cultura, propia de su modo de vida? Nadie podía responder a esta pregunta porque nadie se había hecho dicha pregunta antes. Así que viajé por el mundo visitando niños no escolarizados, en la selva o el desierto, que nunca habían pintado. Y sí, les di papel y pintura… y dibujaban lo mismo”.

Esta investigación dio paso a la creación de una disciplina denominada Semiología de la Expresión, que implica en su estudio a biólogos, antropólogos, genetistas, psicólogos, neurofisiólogos, y prehistoriadores. Y sirvió de inspiración a su hijo no escolarizado, André Stern, músico y escritor, que le entrevista en esta ocasión. Juntos desarrollan la idea de educación alternativa basada en un solo principio: “Te quiero porque eres como eres”.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:03
André Stern. Buenos días, papá. Nos encontramos en una constelación inusual y original. Soy tu hijo André, André Stern. Un niño de 48 años, feliz de poder presentarse como hijo. Tú, papá, Arno Stern Stern, eres, en todos los campos, un gran ejemplo para mí, un gran modelo. Pero me gustaría precisar, sin embargo, que no deseo en absoluto ser tú. Ni siquiera ser como tú. Sucede que, a lo largo de todos estos años, ante mis ojos, has sido tan tú que me has dado ganas de ser yo mismo tanto como tú eres tú. ¿Podrías contarnos cómo empezó todo esto? Más exactamente, ¿podrías remontarte a tu infancia y contarnos tu recorrido hasta hoy?

00:58
Arno Stern. Sí, por supuesto. Bueno, nací después de la Primera Guerra Mundial y antes de la Segunda Guerra Mundial, en el periodo intermedio. Nací en Alemania, ya que mis padres eran alemanes. Y era el final de la inflación. Porque la guerra tuvo un periodo extremadamente cruel. La Primera Guerra Mundial fue realmente una masacre de personas, casi tan grave como la Segunda Guerra Mundial. Eso llevó a la ruina de Alemania, la inflación… Aquello empobreció a la gente. Y mi padre vivió esa situación, claro. Yo era hijo único, y lo seguí siendo, de hecho.

01:51
André Stern. Naciste en 1924.

01:52
Arno Stern. En 1924.

01:53
André Stern. En la ciudad de Kassel, en Alemania.

01:56
Arno Stern. Exactamente. En el norte de Alemania, donde se instalaron mis padres. Al principio, mis padres vivieron bastante humildemente, y más tarde, cuando la situación se estabilizó, tuvimos una casa moderna, un apartamento, y una vida… digamos, decente, una vida normal.

02:21
André Stern. Es en ese lugar donde recibiste un coche rojo de pedales que me atormentó en la infancia.

02:26
Arno Stern. Ah. Sí. Bueno, el coche rojo fue un regalo de un tío, del hermano mayor de mi padre. Me lo regaló. Era de pedales y, naturalmente, conduje mucho ese coche en el patio. Vivíamos en… Había tres casas modernas construidas una junto a la otra, con un patio, con un jardín común, con un sendero.

02:55

Y mi juego favorito era conducir ese coche. Y ese coche… Una mañana en la que estaba jugando a conducir, mi madre me llamó y me dijo: “Arno Stern, ven rápido”. Y yo le dije: “No, primero debo aparcar mi coche”. Mi madre respondió: “No, déjalo ahí y ven rápido”. Yo era un niño muy obediente y confiado. Si mi madre me decía que fuera, como es natural, no había nada que discutir.

03:28
André Stern. Ese coche rojo sin aparcar en el patio de ese edificio siempre me torturó. Siempre me gustaba imaginar que algún día lo aparcaría, al menos… Tuviste que dejar tu coche.

03:40
Arno Stern. Sí.

03:40
André Stern. Este evento tan simbólico y característico… Hablemos de historia. Era 1933.

03:50
Arno Stern. Sí.

03:50
André Stern. La toma de poder de Hitler.

03:53
Arno Stern. Sí.

03:53
André Stern. Y tu padre, que estaba escuchando el discurso de investidura, dice…

03:56
Arno Stern. Sí. “Nos vamos del país”.

04:01
André Stern. Y lo hizo de verdad.

04:03
Arno Stern. Lo hizo. Dejó todo.

Confía en tus hijos para que ellos confíen en ti. Arno Stern
04:04
André Stern. A pesar de que todos sus colegas, amigos y parientes le decían: “Eres un militar condecorado por tu compromiso durante la Primera Guerra Mundial”.

04:13
Arno Stern. Sí.

04:13
André Stern. “No te puede pasar nada. Estás totalmente loco”.

04:16
Arno Stern. A salvo, sí.

04:17
André Stern. Y loco, por querer abandonar el país. Aun así, lo hizo.

04:20
Arno Stern. Lo hizo porque mi padre no reflexionaba. Mi padre hacía las cosas repentinamente, con brusquedad, por intuición. Yo digo que estaba guiado… Solía decir que mi padre estaba guiado por un ángel que dictaba su conducta. Y toda la historia de mi padre confirmó este hecho, que mi padre siempre tenía razón cuando hacía algo.

04:53
André Stern. Entonces estamos en Francia, en una ciudad próxima a la frontera.

04:57
Arno Stern. Sí.

04:57
André Stern. En una ciudad alsaciana, para esconder vuestro acento germánico.

05:00
Arno Stern. Sí.

05:06
André Stern. Allí comienzas tu escolaridad a los nueve años entre niños mucho más pequeños.

05:07
Arno Stern. De seis años.

05:07
André Stern. Seis. Sí.

05:09
André Stern. Porque no hablabas el idioma. Había niños que te pegaban porque eras alemán.

05:15
Arno Stern. Sí. Sí, empezó así…

05:19
André Stern. Y como eras alemán, eras el enemigo.

05:22
Arno Stern. Sí, pero como era un niño aplicado, muy buen alumno, y como tenía la reputación de ser buen alumno, fui respetado más adelante a pesar de todo. Hay una pequeña anécdota que puedo contar. Mis abuelos me enviaban sellos alemanes en sus sobres. Hay que decir que el régimen nazi, al que le importaba mucho la propaganda, emitía sellos para cualquier ocasión, ya fuese deportiva, cultural, lo que fuera.

06:01

Y como es natural, los niños que coleccionaban sellos eran muy aficionados a los sellos alemanes, y yo los distribuía entre los demás. Así es como pude “comprarme”, prácticamente, una reputación entre los alumnos, entre los niños del colegio. Pero eso fue solo al principio. Luego, cuando empecé a hablar francés y me convertí en un alumno ejemplar, pasaron a respetarme por mi reputación, por mis cualidades.

06:34
André Stern. Este periodo relativamente apacible, esta infancia pobre pero tranquila, ¿hasta qué año dura?

06:37
Arno Stern. Sí. Bueno, mis padres estaban totalmente desamparados. Mi padre no tenía derecho a trabajar, por lo que no tenía derecho a ganar dinero. A menudo no teníamos nada que comer. Realmente, éramos más pobres que los pobres de la ciudad. Pero, aun así, mi padre encontró la manera de cubrir nuestras necesidades y pudimos sobrevivir.

07:11

Un tiempo después, la situación cambió y todo se normalizó. Y, a fin de cuentas, si no se hubiera producido la guerra, habríamos vivido una vida burguesa entre los burgueses de la ciudad. Y yo habría ido a la universidad y me habría convertido en algo. Pero eso no sucedió porque llegó la Segunda Guerra Mundial y con ella la invasión de Francia, ante la cual huimos al valle del Ródano, primero. Y después, por la amenaza de ser detenidos por las autoridades de Vichy… Vichy era la capital de lo que llamaban la Francia “libre”, no ocupada por el ejército alemán, pero al servicio de Alemania, al servicio de la Alemania nazi.

08:00

Nos avisaron de que corríamos el riesgo de ser detenidos. Detenidos y deportados. Así que huimos. Primero nos escondimos en el campo, en casa de unos campesinos en la montaña, donde vivía un comerciante de madera. Allí trabajamos, y luego, como estábamos amenazados, nos atrevimos a llegar a la frontera suiza y logramos… Logramos no ser rechazados como lo eran casi todos los que se presentaban ilegalmente en la frontera. Nosotros pudimos quedArno Sterns en Suiza. Nos detuvieron e internaron en un campo de trabajo. Allí es donde pasé mi adolescencia, es decir, los tres años de la guerra. Y cuando la guerra terminó, regresamos a Francia.

08:56

Durante nuestra estancia en el campo de trabajo, que reemplazó mis estudios, dado que yo era adolescente… Tenía 18… 17, 18, 19 años. Podría haber ido a la universidad. Seguramente lo hubiera hecho, puesto que era un buen alumno. Pero esto me lo impidió. Hoy digo que me “salvó” de hacerlo. Pero sí hice… Tuve la oportunidad de pintar. Evité la escuela de negocios y me inscribí en la escuela de arte. De ese modo obtuve un certificado, y podía… Tenía la idea de convertirme en artista, y ahora tenía documentos que demostraban que había cursado estudios de arte.

09:53

Eso fue decisivo para lo que vino después porque, cuando regresamos a Francia del campo de trabajo de Suiza, mis padres no encontraron nada de lo que habían dejado. Volvieron a empezar su vida de cero, y yo estaba con ellos. Y unos amigos de mis padres tenían un primo que dirigía un organismo que ayudaba a niños.Envió una carta para recomendarme. Quería ayudarme. Dijo que como era un joven artista, quizá podría conseguirme trabajo en un hospicio para huérfanos de la guerra.

10:36

La respuesta fue inmediata. Recibió un telegrama que decía: “Envíen al muchacho”. Fui a París, me presenté, me contrataron y me pidieron que mantuviese ocupados a los niños que habían sido reunidos en ese orfanato, ese hospicio. Habían estado escondidos durante la guerra en conventos o en casas de campesinos, y sus padres habían sido detenidos y deportados. Luego los habían reagrupado allí en espera de reintegrarlos a una vida normal.

11:12

Era algo fácil de decir, pero difícil de hacer, porque Francia había sido completamente saqueada. No había nada, prácticamente nada. Aun así, encontré viejas puntas de lápices y papel desechado. Mi idea fue hacer dibujar a los niños. Eso es lo que hice. Hice dibujar a los niños, y luego, curiosamente, aunque todo estaba racionado, los zapatos, la ropa, el pan… En fin, todo estaba racionado. Pero rápidamente se hizo pintura. Justo después de la guerra, tuvimos pintura. Compré pintura, se la di a los niños, pintaron y fue delirante. Fue un acontecimiento que no podía haber imaginado ni previsto y que me entusiasmó.

12:05

Luego el hospicio cerró porque los niños fueron siendo acogidos por familiares que habían sobrevivido a la guerra y que aceptaron llevárselos. Entonces regresé con mis padres. Mi sueño era abrir un taller para niños. Quería continuar lo que tanto me había entusiasmado en el hospicio infantil. Y en cuanto pude, abrí en París, en la ciudad, un taller para niños.

12:41

También vi cosas que me impactaron. En particular, que todos los niños dibujaban las mismas cosas. Esa fue mi primera constatación. Entonces hice un inventario. Ese fue el comienzo de mi trabajo de investigación. No fue algo planeado, sino algo que se impuso. Era el testigo de esta manifestación de estos hechos extraordinarios. Eran extraordinarios. Hay que decir que también constaté otra cosa. Y es que lo que se dibujaba en el “Closlieu”, en mi taller, era diferente de lo que se hacía en otros sitios. Esos otros sitios eran la casa, el colegio o la guardería, por ejemplo. Y lo primero que noté fue que los niños hacían en mi taller lo que no hacían en otras partes. Se debía a algo. Se debía a las condiciones en las cuales les hacía jugar.

13:43
André Stern. En ese momento constatas la aparición, primero, de lo que hoy llamas “objetos imagen”, es decir, los niños… hacen las mismas imágenes, dibujan las mismas cosas. Los que vienen contigo al “Closlieu”.

13:53
Arno Stern. Hacen las mismas… Sí. Sí.

14:00
André Stern. Eso te suscita una pregunta, y empezar a buscar una respuesta a esa pregunta supone el inicio de tu investigación científica.

14:08
Arno Stern. Sí. Cuando recibo a personas y hablamos del juego de pintar, les digo: “Bueno, ¿cuáles son los objetos que dibujan normalmente los niños?”. Inequívocamente, las personas a las que interrogo responden la mayoría de las veces que dibujan una casa, un personaje, el Sol… Los interrumpo y les digo: “De acuerdo, muy bien”. Algunos otros objetos también. Y les pregunto: “¿Cómo hacen la casa?”. Ah. Me responden haciendo este gesto. Un techo triangular sobre un muro cuadrado. Bien.

14:48

Los niños dibujan esa casa, pero ¿acaso los niños ven dicha casa? ¿Acaso viven en una casa así? Pues no. Ningún niño vive en una casa semejante. Menos aún los niños que viven en la ciudad. Y no han visto ninguna casa así. Por tanto, es completamente erróneo decir que el niño reproduce lo que ha visto.Dicho de otra manera, algo que suena muy bien, pero que es falso, es que la expresión sería la consecuencia de la impresión. No es verdad.

Confía en tus hijos para que ellos confíen en ti. Arno Stern
15:23
André Stern. Entonces, habiendo constatado eso, así como la recurrencia de ciertos objetos dibujados por los niños…

15:29
Arno Stern. Sí.

15:30
André Stern. Te marchaste a las Indias y llegaste a América. Decidiste entonces ir a ver qué pasaba en poblaciones que yo calificaría de “salvadas”…

15:43
Arno Stern. Sí.

15:44
André Stern. Y que otros llamarían “primitivas”… Poblaciones que, en todo caso, no habían visto prácticamente nunca Occidente, al hombre occidental, por no decir nunca, y que, en todo caso, nunca habían dibujado. Fuiste a verlos.

15:57
Arno Stern. Sí.

15:58
André Stern. Para saber cómo dibujaban las casas allí. Y si…

16:02
Arno Stern. Por ejemplo.

16:03
André Stern. …dibujaban casas también.

16:04
Arno Stern. Sabía que los niños no reproducían cosas que hubieran registrado. Pero tenía que haber algún origen. Debía haber algo al origen de este dibujo, puesto que todos lo dibujaban. Y es persiguiendo esta idea, buscando la respuesta a esta pregunta, que descubrí que había un origen común: la memoria orgánica. Es decir…

16:37
André Stern. Pero eso solo pudiste descubrirlo después de los viajes.

16:40
Arno Stern. Al mismo tiempo. Sabía, en cualquier caso, que los dibujos de los niños no dependen de una impresión, sino que nacen en el interior de la persona, y que no sirven para comunicar, sino solo para manifestar algo para lo cual no existe otra forma de expresión.

17:03
André Stern. Y el objeto se muestra según procesos precisos, programados…

17:09
Arno Stern. Sí.

17:09
André Stern. De evoluciones que son iguales.

17:11
Arno Stern. Sí.

17:11
André Stern. Y presentes en todos los niños que podías observar, en Francia o en Europa. De ahí la pregunta: ¿qué pasa con las poblaciones que nunca han dibujado ni saben lo que es?

17:21
Arno Stern. Por supuesto. Es difícil sumar un lenguaje, pero un lenguaje que no sirve para transmitir un saber, que no sirve para mostrar… Era difícil. Y encontré otro término, la “Formulación”, que me satisfizo por completo. La Formulación es una manifestación específica que se produce en ciertas condiciones. Tuve que determinar dichas condiciones. También lo hice, y lo mencionaré. Voy a decirlo ahora. Es la espontaneidad. Es decir, no es intencional, sino una cosa ajena a la intención, que se impone a la persona y está en el interior de la persona.

18:06

Y no es propia de un don, de una aptitud, ni se ve obstaculizada por una falta de destreza, sino que es totalmente ajena a esas consideraciones. Porque no tiene nada que ver con el ámbito artístico. Podemos tener talento artístico. Podemos fingir que no sabemos dibujar porque no dibujamos como Miguel Ángel o Picasso. Pero hay que señalar que no tiene nada que ver con eso. Nunca hay que aplicar esos criterios a lo que llamo la “Formulación”. Ahí se me abrió un camino, y yo siempre buscaba respuestas a todas las preguntas que me formulaban.

18:57

Quise… Me dije lo siguiente: “Los niños que vienen a pintar al Closlieu, ¿de dónde vienen?”. Todos pertenecen a la misma sociedad. Es cierto que algunos niños venían de Suecia, de Estados Unidos, de España, de Italia, de Suiza, etcétera, pero su manera de vivir era similar. Porque ya estemos en Madrid o en París, los niños están rodeados de las mismas cosas. Así que no hay gran diferencia. Pero me dije: “No todos los niños viven así”. Y me pregunté: “¿Quién vive de otra manera? Pues los nómadas del desierto”. Ese fue mi primer interrogante.

19:43

Un niño nómada del desierto, ¿dibujaría lo mismo que los niños que vienen al Closlieu, que viven en la ciudad? ¿O algo distinto, quizá? ¿O las mismas cosas, pero de una manera acorde a su cultura, propia de su modo de vida? Nadie podía responder a esta pregunta porque nadie se había hecho dicha pregunta antes. Viajé por el mundo visitando comunidades que califiqué de “salvadas”. Las llamé “salvadas” porque, ya en aquella época, en los años 60, cuando me embarqué en estos viajes, ya entonces, muchos niños, incluso nómadas del desierto o habitantes de la sabana, estaban escolarizados.

20:38

Y les imponían una manera de dibujar, tal y como les imponían lenguas, a menudo una lengua extranjera, de hecho. Bien. Así que tuve que viajar muy lejos en busca de niños que no hubieran dibujado nunca. Y los encontré. Encontré niños nómadas en Afganistán y en Mauritania que jamás en su vida habían visto una herramienta de dibujo y que no dibujaban en la arena. Pensamos que lo hacen, pero no lo hacían.

21:11

Eran niños que no habían experimentado en absoluto el gesto de dibujar, y cuando llegué, coloqué la “mesa paleta”, la que está en el centro del Closlieu, puse papel… Había pinceles sobre la mesa y pintura en los tarros, y los niños cogieron un folio, cogieron un pincel, lo metieron en la pintura y dibujaron como si supieran hacerlo desde siempre. Eso me sorprendió. No tuve que decirles nada, ni pedirles nada ni suscitarles nada. Fue automático. Les pareció evidente.

21:48
André Stern. ¿Y dibujaron casas?

21:50
Arno Stern. Bueno, dibujaron… No. Los niños nunca habían dibujado. Hicieron lo que hace un niño pequeño. Porque esta manifestación no comienza con los objetos imagen. Es cierto que cuando el niño crece, dibuja casas, personajes, árboles, flores, etcétera. Pero antes de llegar a eso, realiza lo que llamo “figuras primarias”, es decir, ejercita sus capacidades de dibujo hasta que un día logra hacer una figura redonda. Es un gran acontecimiento en la vida del niño, tanto si vive en la ciudad como en el desierto. Luego juega con esa figura redonda. Le añade una raya, o lo rodea de una multitud de líneas. Hace lo que llamo una “figura radial», o dibuja una línea recta, lo que no es fácil, y le añade franjas, etcétera. Esas son las figuras que llamo “primarias”, y que hicieron todos los niños que conocí en la selva virgen o en el desierto.

23:01

Algunos de ellos dibujaron objetos, personajes, etcétera. Incluso vehículos, quizá porque habían visto un avión en el cielo, aun viviendo en el desierto o la sabana. Así que no se trata de saber si dibujaban casas. Sí, también dibujaban casas, pero no de manera sistemática. No fui a verlos para saber si dibujaban casas, sino sobre todo para observar sus primeros dibujos. Y esos primeros dibujos son exactamente los mismos para todos los niños, sin importar dónde vivan, en la ciudad, en el desierto, en la sabana, etcétera.

23:44
André Stern. Fuiste entonces en busca de lo que hay de más universal en el ser humano.

23:51
Arno Stern. Sí.

23:52
André Stern. De lo que nos une y no lo que nos separa. Cuando uno logra la confianza del niño, en vez de intentar meter cosas en el niño, podemos simplemente ponernos a observar lo que emerge de él. Lo que sale del niño. Lo que viene del niño.

24:04
Arno Stern. Lo que emana de él. Eso es.

24:07
André Stern. Y desde el momento en que introducimos al niño en un clima de confianza, podemos preguntArno Sterns sobre la confianza mutua, primero, pero, sobre todo: ¿qué es lo que sale del niño?

24:23
Arno Stern. Sí. Es también el respeto de la vida, el respeto mutuo, desde luego, sí.

24:31
André Stern. Eso supone entonces considerar al niño como a un igual.

24:34
Arno Stern. Sí.

24:35
André Stern. A la misma altura, mirándole a los ojos, y no como a un ser inferior que necesita educación.

24:43
Arno Stern. Eso es. De hecho, en los libros de pedagogía dicen que la educación hace del niño un ser humano. Como si no lo fuera por naturaleza. Esa idea nunca se nos habría ocurrido a nosotros, considerando que sentimos admiración por el niño. Es otra actitud. Admiramos al niño. Estimamos sus capacidades. Sabemos que son irreemplazables. Me gustaría añadir algo, porque sería una lástima no mencionarlo. Me gustaría decir lo siguiente.

25:23

A menudo les pregunto a los visitantes, cuando hablamos sobre este trabajo: “¿Se acuerdan de su infancia?”. Y me responden: “Sí, claro. Me acuerdo un poco de lo que hacía a los cuatro años, o a los tres años y medio quizá”. “¿Y de antes?”, les pregunto. “No”. La mayoría de la gente se acuerda vagamente de lo que hacía un poco antes, es decir a los dos años y medio o tres años, pero nunca he conocido a nadie que recuerde lo que hacía antes de eso, es decir durante los primeros dos años de su vida. Eso es una tragedia, después de todo, es algo que debemos reconocer. Porque pensamos que la existencia empieza en ese momento, pero cuando observamos a un niño, estoy pensando en mi nieto, Benjamin, que ahora tiene más de dos años… Todo lo que vive a diario, todo lo que descubre, lo que hace, lo que se desarrolla en él durante esos primeros años, esos primeros meses de existencia, todo eso se pierde. No lo recordamos. Se nos escapa.

26:47

Yo digo que es como un libro al que le hubieran arrancado las primeras 30 páginas, y que leyéramos a partir de la página 31. No sabemos lo que pasó antes. Pero así es. Nuestra memoria tiene un alcance limitado. Y ese límite es de más o menos dos años. Cuando pensamos en la riqueza de la vida que vino antes, y cuando pensamos en la vida prenatal durante la cual se desarrollan todas las facultades, todos los órganos… La vida del feto es prodigiosa, pero no conservamos ningún recuerdo, y hasta del nacimiento, un acontecimiento tan importante, no recordamos nada. Pero tenemos, junto a los recuerdos, una memoria. Hace mucho que conozco a esta memoria, y la llamo “memoria orgánica”. Es distinta al acto de recordar, porque no almacena acontecimientos del día a día, hechos que podríamos describir o contar. Es otra cosa. Es algo que memoriza los acontecimientos de nuestra evolución y desarrollo. Ese es el origen de la Formulación.

La Formulación puede ser, dado el caso, lo que el niño experimentó y desea revivir, pero la particularidad de la Formulación es que es la expresión de los recuerdos grabados en la memoria orgánica. Y cuando experimentamos la Formulación, a la edad que sea, porque se puede descubrir a los 30 años, 50 años o incluso más tarde, o puede vivirse en toda su envergadura, empezando en la infancia y a lo largo de la vida, somos capaces de expresar lo que está contenido en la memoria orgánica. Es una realización. Como decía, es un libro del que hubieran arrancado las primeras páginas. La Formulación permite recuperarlas, recuperar nuestro origen, nuestros inicios.

29:11

La persona que vive la Formulación se reencuentra con su origen. Eso es irreemplazable. Es prodigioso. Y me hace feliz poder decir que creé un lugar en el que, gracias a las condiciones particulares en las que se encuentran las personas en dicho lugar, reencuentran su comienzo. ¿Y cuál es esa situación particular? Pues que en ese lugar pueden recuperar su espontaneidad. ¿Y qué es la espontaneidad? Bueno, nos educan para ser razonables. Si le decimos a alguien que no es razonable, no le estamos haciendo un cumplido, sino todo lo contrario. Y no es que en ese lugar no seamos razonables, pero en él podemos ir más allá de lo razonable. Podemos recuperar el contacto con una capacidad, una facultad que es la espontaneidad, sin la cual no seríamos seres completos. Esa es la particularidad del juego de pintar que le deseamos a cualquier persona, y que conduce a la realización.

30:31
André Stern. Eso os llevó a mamá y a ti a tomar una decisión. No una decisión contra algo, sino una decisión a favor de algo. A favor de lo que el pensador Ken Robinson llama “los ritmos y rituales de la infancia”. Por ejemplo, no interrumpir al niño que juega o no despertar al niño que duerme.

30:58
Arno Stern. Sí.

30:58
André Stern. Por eso no nos enviasteis al colegio, no por ir contra el colegio, sino por los ritmos y rituales de la infancia.

31:07
Arno Stern. Sí. Así es. Pero porque pasamos la vida juntos. La formamos en común, cada uno a su manera, cada uno desempeñaba un papel en nuestra vida cotidiana. Y los niños tenían también su papel en la vida cotidiana. No eran seres incompletos, librados perfectamente del modelo adulto, que les dice lo que hay que hacer, que les enseña lo que deben ser o en lo que deben convertirse. Esa no era nuestra postura. Y cuando descubríais algo, lo descubríais porque os lo hacíamos descubrir, claro. Íbamos a ver exposiciones, o leíamos un libro, en fin, claro.

31:58

Vivíamos de acuerdo con nuestros intereses, de acuerdo con nuestras ideas, y las compartíamos con vosotros. Escuchábamos música, pero no os decíamos: “Sentaos y escuchad música”. No. Escuchábamos música en casa y la compartíamos porque era agradable. Cuando íbamos a ver exposiciones os invitábamos a acompañArno Sterns, y nunca os decepcionaron. Nunca os obligamos a ir a una exposición de Picasso o Rembrandt o de tejidos antiguos o lo que sea. No. Confiabais en nosotros, como nosotros confiábamos en vosotros. No establecimos un programa. No hay que encerrar a los niños en un programa. Los niños son respetables y debemos alentarlos a ser ellos mismos.

33:01
André Stern. No enviar a los hijos al colegio no significa tenerlos en casa, no significa reemplazar el rol del educador en casa. Es decir, no es la idea de que los adultos dominan a los niños, ni la idea inversa que desarrolló la generación ‘hippie’ en cierto momento, y que consistía en la del niño rey que, fruto del dejarlo libre, dominaría al adulto. Por tanto, se trata de la ausencia de dominación, de la ausencia de la discriminación por edad, y por tanto la reciprocidad de las influencias y de la confianza.

33:40
Arno Stern. Hay una noción, en particular, que hay que mencionar. Nunca vimos a los niños como seres inferiores que fueran a convertirse en adultos y, por tanto, en seres mayores. Nunca lo concebimos así. Lo que siempre hemos pensado es que los niños tienen cualidades a las que se van añadiendo la sabiduría y otras virtudes que completan lo que ya existe. Es sencillo. Es una adición, no una sustracción. Eso es indispensable. Y hoy día, estamos en un mundo que no tolera la durabilidad. Estamos en un mundo que alienta el cambio. Esa es la característica de la sociedad de consumo que nosotros rechazamos, y que estamos obligados a rechazar porque no coincide con nuestra idea de la vida.Pensamos, con una clara convicción, que estamos asistiendo al final de la sociedad de consumo, a su agonía, y que vendrá una nueva sociedad, una sociedad basada en otra actitud. Eso es. Y creo que lo que nos irrita hoy, lo que nos sorprende, son los últimos sobresaltos de la sociedad de consumo. ¿Piensas que encaja con… con tu visión del futuro?

35:20
André Stern. Bueno, no tengo una visión del futuro, porque tenerla impediría que el futuro me sorprendiese.

35:28
Arno Stern. Sí.

35:28
André Stern. Pero en efecto, tenemos una enorme oportunidad, y como prolongación de tu obra se produce mi trabajo con numerosos científicos. Es una suerte que, hoy día, hay un nuevo enfoque, y ese nuevo enfoque llega de la ciencia, en un mundo en el que lo que está probado científicamente tiene mucho peso, lo cual me alegra. Y es un mundo que nos habla de una nostalgia que todos llevamos dentro, la nostalgia de la confianza. Y creo que eso va a diferenciar el futuro del pasado.

35:56
Arno Stern. Exacto. Sí.

36:01
André Stern. La llegada de una sociedad de confianza, que nos atañe a todos, no solo a nuestros hijos, pero que debe empezar por nuestros hijos. Por desgracia, los niños se convierten en aquello que vemos.

36:15
Arno Stern. Sí.

36:16
André Stern. Se ven a sí mismos como los vemos nosotros, lo que lleva a esa frase delirante, una de las más repetidas en el mundo, y que es: “Soy nulo en mates”. Y esa frase dice, no sé si ya la has analizado: “Yo”, primera persona. “Soy”, del verbo “ser”. “Nulo”, qué juicio tan definitivo sobre uno mismo.

36:35
Arno Stern. Sí. Y es exactamente lo que os evitamos a vosotros. Nunca os vimos así. No fuisteis educados con esa idea. Jamás. En ningún momento. Cuando erais muy pequeños, os tomamos en serio. De pequeños y también cuando crecisteis, siempre os tomamos en serio, como a personas adultas. Siempre os respetamos, y era recíproco. No teníais nada que reprocharnos. No teníais que vengaros de algún agravio, de algo doloroso. Esas situaciones no se produjeron y demuestran que es posible. Lo que acabas de describir no es una utopía.

37:27
André Stern. Yo no tuve crisis de adolescencia, por ejemplo, porque nunca tuve que luchar para obtener una libertad que ya poseía.

37:33
Arno Stern. Eso es. Claro.

37:34
André Stern. Nunca tuve que obtener un respeto que siempre estuvo presente.

37:37
Arno Stern. Eso es.

37:37
André Stern. Nunca necesité que empezarais a confiar en mí ni a darme responsabilidades, puesto que siempre confiasteis en mí. No necesitaba llamar la atención para ganar un espacio específico, ya que siempre viví bajo una mirada recíproca, puesto que os veía igual que vosotros me veíais a mí.

37:56
Arno Stern. Por supuesto.

37:58
André Stern. Por tanto, la famosa crisis de la adolescencia es una leyenda.

38:01
Arno Stern. Sí.

38:02
André Stern. Es una información interesante.

38:04
Arno Stern. Es una consecuencia.

Confía en tus hijos para que ellos confíen en ti. Arno Stern
38:06
André Stern. Es una consecuencia, pero no de un método, si no pensarán que estamos haciendo proselitismo, como diciendo “Si lo hacéis como nosotros, vuestros hijos serán felices”. No es el caso, ya que solo se trata de una actitud.

38:16
Arno Stern. No.

38:19
André Stern. Una actitud que va a condicionar el resto de la historia de una manera distinta para cada uno de nosotros.

38:21
Arno Stern. Sí. Por supuesto. Y que cada uno es capaz de vivir. Cuanto más respete una persona a su hijo, más se respetará él a sí mismo. Será consciente de ser respetable, y no de ser incompleto.

38:44
André Stern. Otro puente que construir. Ahora tienes nietos.

38:47
Arno Stern. Sí. Sí, y no intento hacer revivir vuestra infancia en vuestros hijos. No busco regresar al pasado. Sé que estos niños pertenecen al presente. Tienen otras posibilidades, tienen otros medios. Tienen una manera de vivir su vida cotidiana distinta a la vuestra. Completamente distinta. Pero eso no me entristece. No hago comparaciones. Acepto la diferencia. Acepto esta… sí, esta innovación, porque la descubro, porque no estoy cerrado. No parto de un principio o de un objetivo que alcanzar.

39:44

No tengo una ideología que poner en práctica. Observo a mis nietos con la misma mirada de interés, con la misma curiosidad y el mismo sentimiento con los que os observaba a vosotros cuando jugabais, cuando descubríais el mundo, cuando os hacíais mayores. Eso sí, claro. Pero no os comparo. Sé que vuestros hijos son muy diferentes de lo que fuisteis vosotros. Tienen cualidades distintas a las que desarrollasteis vosotros. Pero sí, está muy bien. Es lo que da riqueza a la vida. Es lo que la hace plural y no la reduce a una idea o ideología.

40:38
André Stern. ¿Cuál es tu visión de la educación o, más exactamente, de la infancia del futuro? Y hablando de tu visión de la infancia del futuro, ¿qué les dirías a todos los profesionales de la infancia? El colegio existe. Millones de niños van al colegio. ¿Qué les dirías a los que trabajan en colegios?

41:06
Arno Stern. Bueno, yo mismo fui al colegio. Fui un buen alumno. Modélico, el mejor de la clase. Iba al colegio de ocho a once y de una a cuatro. Luego volvía a casa, hacía los deberes, algo que no me costaba, y tenía el resto del día para jugar. Esa era mi vida cotidiana. ¿Tienen los niños de hoy tiempo para jugar? Es una pregunta que debemos hacernos. Pero hay algo más. Hay un ámbito que me toca personalmente y que debo mencionar. No puedo evitarlo. No me gusta hacer críticas, pero en este caso no me puedo abstener de llamar la atención sobre un auténtico peligro.

42:04

Los niños que venían al Closlieu… Como he dicho, eran unos 150 entre 1950 y 1980. Y yo asistía a su éxtasis cotidiano y lo vivía en su plenitud, que es lo que me permitió descubrir todo aquello de lo que he hablado. Fue extraordinario. Los niños llegaban y entraban en un lugar en el que no se puede hacer otra cosa que lo previsto, aquello que era su función. Los niños cogían una hoja y jugaban. Así es como descubrí la Formulación, porque se producía en cada uno de ellos sin excepción, y, sin embargo, eran niños que iban al colegio, como había ido yo mismo.

42:56

Pero, por entonces, en los colegios se dibujaba poco. Ilustrábamos poemas o dibujábamos en alguna hoja que encontrábamos en el patio del colegio. Dibujar así era difícil. Y aquello no se tomaba en serio, ni siquiera se le ponía una nota. Pero esa situación ha cambiado. La situación actual ya no tiene la ingenuidad de esa época. Hoy día se ha instaurado la educación artística.

43:29

Arrastran a los niños al museo, les muestran obras de artistas, les explican dichas obras, les hacen crear parodias de obras de artistas para enriquecer al niño. Pero eso no los enriquece. La consecuencia es que el niño que llega a ese mismo lugar pensado para disfrutar, y que tantos niños experimentaron a lo largo de los años anteriores, cuando se ve ante un folio, me pregunta algo aterrador: “¿Qué tengo que hacer?”. Ningún niño hubiera hecho esa pregunta entre 1950 y 1980. Daban por sentado que podían coger un pincel y jugar, tal y como juega el nómada del desierto, el niño de la sabana o el de la selva virgen. Jugaban en cuanto tenían ocasión, no se hacían preguntas, no había nada que preguntar, nada que superar ni eliminar.

44:37

Pero el niño de hoy está sobrecargado de ideas, de teorías. Al final, como no le doy consejos, y menos aún instrucciones, ¿qué hace? Hace lo mismo que todos. Coge un pincel, me preocupo por que lo sostenga bien, que lo moje bien, que lo utilice correctamente. Dibuja un cuadrado verde, lo envuelve con un cuadrado rojo y dice: “He terminado”. Reproduce un ejercicio, algún ejercicio que llevó a cabo en el museo o en el colegio y que forma parte del programa de educación artística. Eso es deplorable. Ese niño no juega. Esto es lo que hace la primera vez, pero como está inscrito por un año, va a regresar una semana después, dos semanas después, tres semanas después…

45:39

Va a regresar regularmente al Closlieu y se va a regenerar, porque no ha perdido completamente sus facultades ni el deseo de jugar. Porque está con otros que practican el juego de pintar. Entonces, se regenera. Vuelve a ser un niño. Eso es seguro y emocionante, y, para mí, seguirlo en ese proceso es un acontecimiento que me hace muy feliz. Pero los otros, los millones de niños que están cargados con nuestras nociones y teorías… Teorías sobre armonización de color, sobre composición, etcétera… Esos niños ya no juegan. Nunca volverán a jugar. Y no significa que vayan a convertirse en artistas o aficionados al arte, no. No han ganado nada, sino que lo han perdido todo. Y eso me entristece. ¿Y por qué se han vuelto así esos niños? ¿Porque los adultos son malos? No. Porque ignoran lo que es pintar en realidad.

46:53

Por eso me esfuerzo por hablar de esto. Es por eso por lo que me esfuerzo en hacer conocer la Formulación, porque hay que salvarla. Hoy día, nos preocupamos por la desaparición de los animales, los insectos, las abejas desaparecen, las mariposas, los pájaros, las flores desaparecen a causa del maltrato en la agricultura, a causa de los pesticidas, de todos los productos nocivos. A causa del cambio climático que hemos provocado por ignorancia, por una manera equivocada de comportarnos en esta tierra. A eso hay que añadirle la desaparición de la Formulación, porque algo en el interior del ser está amenazado, y el juego de pintar lo regenera. Hay que desearles a todos los niños que puedan revivir la Formulación. Hay que empezar, lógicamente, por interrumpir este maltrato. Al igual que hoy se lucha para impedir los pesticidas, hay que luchar para impedir la educación artística. Y para mí, es una batalla en la que debo participar.

48:17
André Stern. Me permito pensar que la educación artística es un síntoma y no una causa, y un síntoma de toda una sociedad y de todo el proyecto educativo de una sociedad que se asienta sobre el malentendido de que el niño es el punto cero del desarrollo humano.

48:34
Arno Stern. Sin duda.

48:35
André Stern. Hoy sabemos que el niño llega al mundo como una bomba de potencial, y que un niño puede ser y aprender cualquier cosa, porque los programas genéticos no saben…

48:43
Arno Stern. Por supuesto.

48:44
André Stern. Los programas genéticos no saben ni dónde ni cuándo naceremos.

48:47
Arno Stern. Sí.

48:48
André Stern. Por tanto, al desconocer qué potencial específico necesitaremos en nuestro contexto particular, nos equipan de todas las capacidades posibles, de modo que en el excedente se encuentren las capacidades necesarias para la supervivencia en nuestro entorno. Dicho de otro modo, el desarrollo que pensábamos que iba de abajo, del punto cero de la infancia, hacia arriba, el adulto, desde el punto de vista científico, vemos que es al revés. Va del gigante de la potencialidad hacia el pequeño bonsái en el que se convierten los adultos.

49:17
Arno Stern. Sí.

49:17
André Stern. Cuando entendemos esto, cambia nuestra actitud hacia los niños. Y creo que el niño en peligro que describes está en peligro porque toda una sociedad, que incluye al colegio… Y no es una acusación al colegio. El colegio es como los demás lugares del mundo.

49:36
Arno Stern. Eso es.

49:36
André Stern. En el colegio reinan las mismas actitudes y paradigmas que en el resto del mundo. Pero es en el colegio donde podría empezar el comienzo de un cambio.

49:43
Arno Stern. Un cambio.

49:46
André Stern. Una nueva actitud frente al niño.

49:47
Arno Stern. Desde luego.

49:49
André Stern. Y atañería a todo el niño. Si la Formulación está en peligro es inquietante, porque la Formulación es la expresión de lo que hay más humano en nosotros. Por ende, es toda la humanidad la que está en peligro si la Formulación está en peligro.

50:02
Arno Stern. Sí. Eso seguro. Y quiero decir algo más sobre esto. Cuando veo a un niño tan artificial, tan inválido, tan paralizado, es un triste espectáculo. Pero no me aflige, porque estoy ahí para ayudarlo a volver a ser un niño. Pero, momentáneamente, es un espectáculo deprimente. Pero, por otra parte, tengo la oportunidad de hablar del juego de pintar, de la Formulación, de lo que representa en particular este paraíso que es el Closlieu. Es acogido de una manera inesperada, desproporcionada. Cuando hablaba del tema hace veinte o treinta años, la gente era escéptica. Había personas que no estaban de acuerdo conmigo, que no podían aceptar lo que les revelaba. Quizá se debiera a mi manera de hacerlo, pero no creo.

51:14

Era porque no estaban preparados para escucharlo. Pero hoy, cuando hablo de la existencia de la Formulación y de sus consecuencias, suscita un entusiasmo que alcanza proporciones que superan todo lo que podíamos prever. Y eso es alentador. Me permite confiar en el futuro. Me hace pensar que la gente está desesperada, en crisis, y lo que les aportamos no son soluciones a problemas, no es una terapia, no. Es una revelación. Es hacerles saber que pueden pensar de otra manera, que no deben ignorar una realidad que hasta ahora desconocían, que estaba escondida. Y cuando la descubren, eso suscita otra manera de ser, otra voluntad de ser, y eso es algo muy positivo.

52:19
André Stern. Tu historia es la historia de una niñez en condiciones bastante particulares. La huida, la guerra, el miedo, la precariedad. Normalmente, tenderíamos a pensar que eso te hizo desgraciado. Y, sin embargo, dices que tuviste una infancia feliz.

52:41
Arno Stern. Sí.

52:42
André Stern. Creo que es una invitación que transmitir a todos aquellos que se ocupan de los niños que hoy van al colegio. Creo que podemos decirles a todos esos profesores… Algunos se sienten muy frustrados en su trabajo diario. El colegio existe y millones de niños van al colegio, y hay miles y miles de profesores, de los cuales algunos son desgraciados porque tienen la sensación de no poder hacer nada… por los niños.

53:11
Arno Stern. Sí.

53:13
André Stern. De estar atados por una sociedad, una jerarquía, unos padres, unos alumnos, un programa… Un ministerio, etcétera. Y tengo ganas de decirles: “Mirad, podéis hacer cosas increíbles. Podéis cambiarlo todo”. Y 45 minutos en la vida de un niño, 45 minutos por semana bastan para cambiar el futuro y la vida de un niño. Quizá en 30 años no se acuerde de lo que le enseñasteis, pero se acordará de vosotros. Y podríamos inspirarnos en ti, en tu infancia. En esa catástrofe humanitaria en la que viviste, y de esa plenitud humana de la que hablas cuando hablas de tu infancia. Es decir, nuestros hijos viven en un mundo que es como una olla a presión en la que aumenta la presión.

54:06
Arno Stern. Ajá.

54:06
André Stern. Y aumenta y aumenta porque les decimos: “Tienes que escuchar. Tienes que estar atento. Si no, no sacarás buenas notas. Y sin ellas, no podrás ir a la universidad. Y si no vas a la universidad, no tendrás títulos. Y sin títulos, no tendrás un buen trabajo. Y sin un buen trabajo, no tendrás dinero. Y sin dinero, no tendrás casa, ni coche, ni mujer, ni hijos, ni marido ni nada”.

54:30
Arno Stern. Sí.

54:32
André Stern. Esa es la olla a presión.

54:33
Arno Stern. Sí.

54:34
André Stern. La olla a presión en la que viven nuestros hijos. La olla a presión con la tapa cerrada, y bajo esa olla arde el fuego de las expectativas de toda una sociedad. Y la presión aumenta y aumenta y aumenta. Y lo que podemos hacer, cada uno de nosotros, cuando los niños se nos acercan, es abrir esa tapa.

54:59
Arno Stern. Sí.

54:29
André Stern. Te quiero porque eres como eres.
Papá…

55:07
Arno Stern. Sí.

55:07
André Stern. Muchas gracias por haberme ofrecido una niñez en la que me permitiste sentir, sin palabras, ese “te quiero porque eres como eres”. De hecho, papá, te quiero porque eres como eres, y te agradezco haber venido conmigo hoy a este plató para hablar de esto.

55:28
Arno Stern. Sí. Yo podría decir lo mismo.