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¿Cómo son los grandes líderes? De Manu Ginóbili a Tim Duncan

Ettore Messina

¿Cómo son los grandes líderes? De Manu Ginóbili a Tim Duncan

Ettore Messina

· Entrenador de baloncesto

“He tenido la suerte de entrenar a muchos equipos buenos y muchos equipos que han ganado títulos, y para mí el éxito es que las personas con quien tú has jugado te escuchen y se acuerden de ti como persona”. Ettore Messina, uno de los entrenadores más laureados en la historia del baloncesto europeo, ha trabajado con los mejores jugadores del mundo. Desde el CSKA de Moscú o Real Madrid hasta su penúltimo periplo en la NBA en los banquillos de San Antonio Spurs y Los Angeles Lakers.

Estar durante cinco años al lado del entrenador Gregg Popovich y convivir con jugadores como Kobe Bryant, Tim Duncan o Manu Ginóbili han sido lecciones de vida para cambiar el modo de afrontar la victoria y la derrota en la cancha: “Lo que marca la diferencia es cómo nosotros vivimos cada día. En la pista, en el vestuario, en los viajes. Cómo nos portamos y cómo nos relacionamos”. Messina considera que el trabajo de un buen líder, entrenador y profesor es dejar que fallen y naturalizar el error: “Hay veces que tenemos que dejarles fallar. No levantarles sino a ayudarles a levantarse”. Darse cuenta de que algo falla ya es una parte básica de la solución, sostiene Messina.


Creando oportunidades

Ettore Messina

“He tenido la suerte de entrenar a muchos equipos buenos y muchos equipos que han ganado títulos, y para mí el éxito es que las personas con quien tú has jugado te escuchen y se acuerden de ti como persona”. Ettore Messina, uno de los entrenadores más laureados en la historia del baloncesto europeo, ha trabajado con los mejores jugadores del mundo. Desde el CSKA de Moscú o Real Madrid hasta su penúltimo periplo en la NBA en los banquillos de San Antonio Spurs y Los Angeles Lakers.

Estar durante cinco años al lado del entrenador Gregg Popovich y convivir con jugadores como Kobe Bryant, Tim Duncan o Manu Ginóbili han sido lecciones de vida para cambiar el modo de afrontar la victoria y la derrota en la cancha: “Lo que marca la diferencia es cómo nosotros vivimos cada día. En la pista, en el vestuario, en los viajes. Cómo nos portamos y cómo nos relacionamos”. Messina considera que el trabajo de un buen líder, entrenador y profesor es dejar que fallen y naturalizar el error: “Hay veces que tenemos que dejarles fallar. No levantarles sino a ayudarles a levantarse”. Darse cuenta de que algo falla ya es una parte básica de la solución, sostiene Messina.


Creando Oportunidades

Transcripción

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Ettore Messina. Muy bien. Buenas tardes a todos. Primero, quiero pediros disculpas porque mi castellano es un poco así, así que voy a cometer muchos errores. Pero estoy seguro de que me vais a perdonar. Soy Ettore Messina, entrenador de baloncesto desde hace mucho tiempo y quiero empezar nuestro encuentro hablando un poco de cómo todo eso empezó, porque es un poco raro. Yo nací en Italia, en Sicilia, en una familia normal, en lo que en ese tiempo se llamaba de la media burguesía. Mi padre era un abogado, trabajaba para el Estado, y mi madre estaba en casa criando a los niños. Entonces, cuando tenía cinco años, mi padre tiene la oportunidad de mudarse con toda la familia a Venecia para desarrollar su carrera, su trayectoria, porque donde nosotros vivimos en Catania no había, una oportunidad. Entonces, nos vamos a Venecia y en ese momento era como mudarse desde Bolonia ahora a Los Ángeles. Eran 1500 kilómetros y un mundo totalmente distinto. Hablamos del año 64, un momento donde había solo teléfonos, donde todo se hacía en tren o en coche y solo pocos tenían la oportunidad de viajar en avión, donde cada semana el domingo se hacía la llamada telefónica para hablar con los abuelos.

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Entonces, era un mundo totalmente distinto, incluso hablaban totalmente distinto de como hablaban en Sicilia, un acento totalmente contrario. El tema fue tan drástico, tan fuerte para mi familia, que mi madre me contaba el año pasado que su madre no la ayudó a preparar la mudanza. Estaba tan enfadada con ella, porque se iba a otro mundo, que casi interrumpió las comunicaciones un tiempo. Entonces, vamos allí, empiezo a ir al colegio y todo y pasa una cosa muy rara: en Venecia y Maistre, que están juntas y están separadas por un puente, como muchos de vosotros sabéis, todo el mundo juega al baloncesto. El baloncesto es el primer deporte y todo el mundo jugaba al baloncesto en las canchas abiertas de las iglesias. Estamos en el norte de Italia donde la religión católica es muy fuerte, es una parte importante de la sociedad; muchísimas iglesias, muchísimo patronato, se llamaban, que era las organizaciones al lado de la Iglesia para cuidar a los niños, para que jueguen, para que aprendan la religión. No sé si en castellano se dice catequismo, pero para aprender la historia de Jesús y todo. Bueno, entonces todos jugábamos. Y empiezo a jugar en los equipos juveniles de la Reyer de Venecia, que sigue siendo todavía un equipo muy bueno de la liga profesional italiana, con 11, 12 años, algo así. Y, cuando empiezo el instituto, mi profesor de Educación Física es el entrenador del equipo de Venecia, el profesor Tonino Zorzi que, a la vez, como todos los entrenadores de baloncesto, tenía que trabajar y entrenar baloncesto porque no podía vivir solo del trabajo de entrenador.

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Y era mi profesor y yo era feliz en esta época porque jugaba, tenía un entrenador muy bueno. Y empiezo a estar totalmente influenciado por la personalidad de este entrenador que tenía en el equipo juvenil, Renato Vianello, por el método que tenía, por el trato que tenía, por cómo se preparaba, por cómo nos ayudaba. Este deja una huella, se dice así, ¿no?, muy fuerte en mi personalidad. Yo tenía en este momento 15 o 16. Hasta el punto en el que él entrenaba mi equipo y a los chicos del minibasket y yo empecé a ayudarle. Antes de nuestro entrenamiento o después de este entrenamiento, me quedo en el gimnasio y le ayudo con los pequeños. Bueno. Con 17 años, estamos en la final del título de la región. Yo fallo dos tiros libres al final; estamos uno abajo y eso todavía no lo olvido y alguna vez lo sueño por la noche. Lo juro. Una cosa dramática. Estoy allí, última jugada, estamos abajo un punto, me dan la pelota, no sé por qué, recibo falta, voy, soy todavía muy buen tirador pero pum, clank, pum, clank, se acabó el partido. Al día siguiente voy al instituto, llega el tío y me dice: “El profesor Zorzi quiere verte”. Nunca pasaban cosas así, que el profesor de Educación Física te convocara en su despacho.

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Voy allí y este me dice: «Yo lo vi todo, ¿eh? Yo entré justo en los últimos diez minutos. Tú la has cagado». Perdonadme. «Esto está muy mal, muy mal». Y me revienta la cabeza y al final me dice: «Mira, yo creo que tú nunca serás un buen jugador de alto nivel». Y le digo: «Gracias». Qué motivador, ¿eh? Y me dice: «Pero yo te vi en el gimnasio con los niños. Yo creo que tú puedes llegar a ser un buen entrenador y, si quieres, puedes dejar de jugar en las ligas inferiores, tercera o cuarta división. Nosotros te pagamos como club todos los cursos para conseguir la licencia de entrenador». Es como en España, tienes que pasar el verano participando en cursos, aprendiendo. Y me dice: «Te lo pagamos todo nosotros y tú puedes empezar a entrenar si quieres este año el equipito de chicos de 14 años». Y yo me lo pensé creo que un día y luego dije: «¿Sabes qué? No está mal». Empiezo a entrenar a los juveniles y luego si queréis hablamos de que en mi primer equipo de 14 años tenía incluso a mi hermano. Porque eso es increíble, ¿eh? ¿Cómo se puede meter un niño de 17 a entrenar a niños de 14? Es una locura. Yo digo siempre que he conseguido ser entrenador por los errores que pagaron los jugadores que tuve en mi vida anterior, sobre todo mi hermano.

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Bueno, entonces, acabo esta historia de presentación con la parte final de la anécdota, que es: yo tengo 17 años, es el verano del 1976 y, 15 años después, en el verano de 1992, yo y Tonino Zorze, el profesor, estamos sentados al lado de Sandro Gamba en el banquillo de la selección italiana en el preolímpico para ir a las Olimpiadas de Barcelona. Mira cómo cambia la vida. La lección que aprendí en este momento… Claro, pensándolo luego, es que en la vida, sin importar que seamos capaces o no, tengamos talento o no, si nos preparamos bien y mucho, necesitamos que alguien nos dé una oportunidad porque, sin la oportunidad, podemos ser los mejores del mundo o los más preparados, que lo tiramos todo por la ventana. Y yo he tenido en mi vida la suerte de que me ofrecieron oportunidades que yo no habría ofrecido a Ettore Messina si hubiera estado en el lugar de quien me ofreció estas oportunidades.

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Con 29 años, me ofrecieron ser entrenador jefe de la Virtus de Bolonia y con 33 de la selección italiana. Y yo puedo pensar, en un momento de euforia, que era muy bueno, que no es la verdad. La realidad es que tuve la suerte de encontrarme con gente quizá con visión y quizá con un poco de locura, que me dio oportunidades. Y esto siempre lo tengo muy claro, porque yo creo que la responsabilidad de los que han tenido éxito en su vida profesional es desarrollar una capacidad de ver el talento y, sobre todo, tener el corazón de ofrecer oportunidades, de no olvidarse de que has recibido esta oportunidad y devolvérsela a alguien más que vendrá después. Yo creo que es una responsabilidad importantísima que todos los que han tenido éxito en su vida profesional tienen que tener presente. Bueno, ahora, si estáis despiertos y no os estáis durmiendo, estaré encantado de hablar un poco más y, si tenéis preguntas, contestaros y quizás contaros más historias. De momento, gracias.

¿Cómo son los grandes líderes? De Manu Ginóbili a Tim Duncan. Ettore Messina
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María Eugenia. Hola, buenas, soy María Eugenia. Mira, quería preguntarte para ti qué relación tiene el baloncesto con el aprendizaje.

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Ettore Messina. Bueno, creo que la relación la tiene sobre todo el entrenador y sus maneras de favorecer el aprendizaje, ayudar al aprendizaje. Yo creo que, para ser buen entrenador o buen profesor, tienes que tener muy claro qué quieres enseñar. Es decir: yo, cuando empecé a entrenar, el baloncesto que conocía era el baloncesto que me enseñaba mi entrenador, ¿no? Tres o cuatro cositas a la vez. Ahora vivimos en una época donde tienes vídeos, tienes clinics, tienes posibilidades de aprender… Muchísima información. Y yo, como entrenador, no puedo pensar en transmitir todo eso a mis jugadores porque les voy a crear una confusión enorme. Entonces, tengo que tener claro, de todo lo que es mi conocimiento, por utilizar una palabra grande, qué partes puedo intentar enseñar. Este es el primer paso, porque si quiero darles todo, no conseguiré nada, solo confusión. Segundo: tengo que tener claro cuál es la progresión didáctica, en el sentido que yo creo que tengo que poner al individuo, al jugador individual, y al equipo, siempre enfrente de un escalón. Ese escalón debe ser tan desafiante para el jugador como para empujarle a hacer las cosas bien, incluso mejor. Pero debe ser lo suficientemente alto como para que ellos puedan superarlo.

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Si es demasiado alto, el jugador no consigue superarlo y esto provoca frustración, ira, decepción y, algunas veces, incluso la gente dice: «Esto no es para mí» y se va. Entonces, tener la capacidad de entender qué nivel de escalón tengo que ponerle enfrente es mi responsabilidad como enseñante o profesor o lo que queráis. Esa es la clave de la profesión y del método didáctico. Tercero: yo creo que todos nosotros enseñamos y aprendemos a través del error. Los americanos dicen que el trial and error es el método para enseñar, ¿no? Pruebas, fallas, aprendes. ¿Okay? En teoría, somos todos buenos en esto, ¿no? Es decir: les permitimos fallar, así que aprenden. La realidad es que nosotros nos enfadamos todos cuando estamos ante el error. Entonces, desarrollar una capacidad como entrenador y como discípulo de ponerse ante el error y utilizar el error es muy delicado. Algún ejemplo. Con todos los equipos de baloncesto, sobre todo ahora, hoy en día, se utiliza el vídeo, se pone al jugador solo o al equipo a ver un vídeo para enseñarle dónde se ha equivocado, dónde ha fallado. Algunas veces te enfadas también porque si el error está repetido… «Bueno, esto no está bien». Pero el jugador tiene un sentido casi de vergüenza, al haberlo sentado el entrenador ante sus errores allí. Y mi esfuerzo más importante tiene que ser explicarle hasta que lo crea que estamos viendo el vídeo porque nuestro objetivo es entender cuál es el error, analizarlo y entender qué tenemos que hacer para hacerlo distinto.

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No estamos aquí para matar a nadie, a pesar de que algunas veces estás enfadado y puedes decirlo mal. Pero es importante qué le decimos, no solo cómo decimos. Entonces, tener una relación sana con el error es muy importante. A mí me gusta decirles a los jugadores muchas veces: «Dadme un error nuevo». Porque el error mental es cuando repites siempre la misma tontería por falta de actitud, por falta de atención, porque eres superficial. Esto no lo puedo aceptar o me cuesta aceptarlo. Pero si veo un error porque él está intentando hacer algo distinto o algo más complicado… Bueno, me conformo con esto. Dame nuevos errores, no sigas cometiendo siempre el mismo error. Todas estas cosas, ¿eso es un talento o es algo que podemos aprender? Por experiencia personal, yo creo que es algo que tenemos que aprender porque, por mi experiencia personal, yo pensaba que tenía este talento y quizá soy bastante malo todavía, en el sentido de que alguna vez me enfado demasiado. Pero yo creo que todos, como enseñantes, podemos y tenemos que trabajar estos conceptos. Porque si fallamos uno de estos: qué queremos enseñar, el método didáctico, la profesión didáctica, el error… no vamos a ningún sitio.

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Y al final, otra parte importantísima es enseñar la clave de lo que estás enseñando: el baloncesto es como la música y se enseña todo, luego partes y luego todo. No es como la matemática. Tú puedes aprender matemática empezando dos más dos y no tener ni idea de qué vas a hacer al final después de cinco años de matemáticas, ¿no? Las ecuaciones, los problemas complicados que vamos a solucionar… En eso no influye cómo aprendemos dos más dos o dos por tres al principio. En el baloncesto, cuando empiezas a jugar al baloncesto, a pesar de que tienes diez años, tienes una idea de lo que es el caos y tienes una idea de lo que es jugar bien, ¿no? Así como la música, a pesar de que no sabemos nada de música, nos gusta o esto es cacofónico, ¿no? Stravinsky no le gusta a nadie al principio, solo a los entendidos. Una persona como nosotros, normal, sabe qué es armónico y lo que no es armónico. El baloncesto es igual. Entonces, yo tengo que enseñarle al principio, darle una idea de toda la pintura, y luego lo dividimos: uno contra una, dos contra dos, tres contra tres, cuatro contra cuatro. Luego lo juntamos otra vez. Esto es el proceso correcto. ¿Okay? Si nosotros empezamos solo «parte, parte, parte», los jugadores se aburren y no se apasionan por el juego. Entonces, hay un poquito más, no es solo: «Bueno, hoy tiramos la pelota y jugamos cinco contra cinco». No, hay un poquito más, que no está claro cómo enseñar en la universidad porque no estamos hablando de ciencia médica, pero hay que pensarlo un poco.

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María Eugenia. Bueno, me gustaría hacerte otra pregunta: ¿cómo aplicarías esto del baloncesto a la educación de nuestros jóvenes?

17:15
Ettore Messina. Muy bien. Al ser padre de un niño de 14, es una pregunta muy importante. Bueno, yo creo que, en la vida de un niño o de una niña, lo ideal sería hacer un deporte individual y un deporte de equipo. Claro, es muy complicado, porque el tiempo, el colegio, los gastos… Lo entiendo perfectamente. Yo hablo idealmente. Y yo jugué solo a baloncesto y, claro, al fútbol por la calle, como todos. Nunca jugué a un deporte individual. Aprendí a jugar al tenis con 30 años, pero me hubiera hecho ilusión hacer un deporte individual. ¿Por qué esto? Porque en el deporte individual aprenden a mirarse en el espejo y a asumir la responsabilidad de lo que ha pasado en la pista. Simplemente. Empiezan a entender cuál es el concepto de responsabilidad individual y, quizá, si tienen un poco de fuerza interior, el concepto de autoexigencia, es decir: «Hoy juego contra Luis al tenis o lo que sea y me gana siempre. Tengo que hacerlo mejor. No puedo culpar a un entrenador, no puedo culpar a un compañero. No. Es que tengo que hacerlo mejor».

18:41

En el equipo, claro, aprenden cómo vivir en grupo. Aprenden cuál es el valor de las reglas, las reglas en la cancha y las reglas fuera de la cancha. Y, sobre todo, hacen deporte. El deporte, lo dicen todos, pero de verdad es una metáfora de la vida. Porque tú puedes fallar gratis, ¿no? En la vida los errores quizá los pagas pronto. En el deporte: bueno, pierdes un partido, al día siguiente… Entonces, toda esta literatura de «lo importante no es caer, sino levantarse», todas las cosas que nos dicen, que decimos, pueden aplicarlas pronto en el deporte. Por eso el deporte de equipo, para mí, es muy importante. Y, sobre todo, para completar la respuesta, en una actividad deportiva de equipo, aprenden una cosa que para mí es importante: en el baloncesto, como todos los deportes, hay momentos que tienes que ser egoísta en el sentido positivo de la palabra. Es decir: «Tengo que hacer este tiro». No. No me piden ser altruista si estoy en una buena posición, si recibo la pelota y si tengo oportunidad de meter una canasta. No es que por miedo de la responsabilidad ahora haga otro pase, porque ellos esperan de mí que me tome esta responsabilidad.

20:20

Entonces, tienes que ser agresivo mentalmente y yo digo egoísta en ese sentido. Y hay momentos en los que tienes que ser muy altruista porque el compañero está en una posición mejor, porque es mejor tirador que yo, porque tengo que darle la pelota. Esto de saber cuándo dar un paso adelante y saber cuándo es necesario dar un paso atrás es algo que se puede trabajar mucho con un deporte de equipo. Esas son las razones por que creo que podemos ayudar a nuestros chicos a ser completos si tenemos oportunidad.

20:52
Roberto. Hola, Ettore, me llamo Roberto y soy profesor y un entrenador intenta que sus piezas encajen y funcionen perfectamente y en el vestuario te habrás encontrado con personalidades muy diferentes. ¿Cómo logras que trabajen realmente en equipo?

21:14
Ettore Messina. ¿Sabes? Los políticos cuando tienen un problema dicen siempre: «Muy buena pregunta», ¿verdad? Y, mientras, ganan un poco de tiempo para contestar. La verdad es que es una pregunta clave. Todo empieza con una palabra que a mí me gusta mucho, americana, pero nosotros utilizamos una palabra distinta. Los americanos dicen accountability, que es tomarse la responsabilidad por tus acciones y esto yo creo que es el primer paso porque, claro, es mucho más sencillo esperar que tomen responsabilidad por sus acciones los que son normales o quizá así así; el problema son los mejores. El concepto que yo creo que todos los jugadores esperan en un equipo es: ¿cómo se aplica el concepto de equidad en este equipo? Es decir: en este equipo, a comportamientos iguales por distintas personas, ¿corresponden reacciones iguales?

22:28

Es decir: si hay una regla que dice: «Correr atrás rápido cuando fallamos y buscar tu nombre para que no nos metan una canasta», los normales tienen que correr y si no corren nos enfadamos todos. Pero si Manu Ginóbili o Kobe Bryant van un poco despacio porque están hablando con el árbitro, porque están enfadados porque el pase no llegó a tiempo, porque… y su hombre mete una canasta, ¿miramos al lado contrario o tratamos el tema como tratamos a Fulanito si hizo el mismo error? Esto es el concepto, en palabras pobres, de equidad y esto para un entrenador es muy complicado. Yo creo que el entrenador tiene la fuerza en un vestuario, en un equipo, si tiene por lo menos uno o dos jugadores que cuando él se va del vestuario refuerzan lo que él ha dicho. Si tú no tienes esto en un equipo, no puedes entrenar al equipo, es muy sencillo. Yo he tenido la suerte de que casi siempre en mi vida he tenido en el equipo uno, dos o incluso tres jugadores que yo sentía que, al marcharme del vestuario, por supuesto que les decían a los compañeros: «Mira, lo habrá dicho mal, estará enfadado, estará… Bueno, no decimos la palabra, pero tiene razón, en el tema del baloncesto tienen razón. Tenemos que hacer esto si queremos ganar».

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Ahora, a esto podemos añadir que siempre hablamos de los líderes de un vestuario y no siempre los líderes son los mejores. Yo creo que tú, como entrenador, puedes entender con el tiempo cuáles son los jugadores que llevan emotivamente a un vestuario y ver si tú tienes con estos una relación de cercanía, de compartir los mismos valores y pedir y recibir su ayuda. Esto creo que es muy importante para que un vestuario se lleve bien y para conseguir un respeto para estas reglas. Yo creo, para terminar, que no son las reglas formales las que son tan importantes para los jugadores. Por ejemplo, para llevarlo al extremo: si un jugador llega tarde a la salida del autocar, sí es importante que hablemos de lo que ha pasado, incluso que le pongamos una multa o lo que sea. No soy muy partidario de las multas. Para los jugadores es mucho más importante cómo aplicamos las leyes dentro de la cancha. Es decir: si yo hago esto y cometo un error y lo hace él, ¿es lo mismo o no? Si decimos: «Tirad cuando estáis abiertos» y yo tiro con dos hombres por encima de mí y de entrada no me dice nada porque yo soy muy bueno, por supuesto, el resto del equipo no está contento. Empieza a dudar de quién es el entrenador, de qué personalidad tiene. Yo creo que el tema de la relación con las reglas es muy, muy importante y es clave.

¿Cómo son los grandes líderes? De Manu Ginóbili a Tim Duncan. Ettore Messina
25:43
Alumno. Hola, Ettore, has entrenado a jugadores como Pau Gasol, como Kobe Bryant o Manu Ginóbili, que son referentes tanto dentro como fuera de la cancha. ¿Para ti cómo es un buen líder? Y si podrías compartir con nosotros una situación de buen liderazgo o un ejemplo concreto.

26:00
Ettore Messina . En primer lugar, creo que hay en… Bueno, todos esos grandes campeones… tienen una manera distinta de utilizar su liderazgo. Hay, por ejemplo, jugadores que lideran por… yo lo digo, es un poco fuerte, lideran por miedo, en el sentido de que suelen subir muchísimo la presión que ponen en los compañeros de equipo. Porque está muy claro que con palabras, con lo que hacen en la pista, al ser muy buenos, les presionan para que los compañeros jueguen al límite de sus habilidades. Y, bueno, no tienen piedad. Si alguien juega mal, le dice: «Mira, ¿qué haces? Esto no vale». Bueno. Presionando, ellos presionan. Entonces, hay momentos que algún jugador, algún compañero, juega con miedo. Juega más con miedo a fallar de cara a este jugador, que no de cara al entrenador. Ahora podemos debatir durante horas si el miedo es una manera correcta o no de presionar a la gente a llegar a su nivel máximo de actuación. Yo no creo esto. Esto puede pasar, en mi opinión personal, durante un pequeño tiempo, no para una temporada entera, porque la gente le explota la cabeza. Se queman. La gente no tiene más energía. Pero hay muchos jugadores que hacen esto.

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Tim Duncan, al revés, es todo lo contrario. Tim Duncan es un jugador que hablaba muy poco y con una mirada ponía todos en su sitio, pero siempre con una actitud positiva. Como decir: «Ea, ea» a una persona. Yo puedo contar una anécdota personal de eso, si tenemos un poco de tiempo. Bueno, mi primer año con los Spurs, el entrenador jefe, Gregg Popovich, en el comienzo de la temporada, tuvo que hacerse una pequeña operación. Entonces, se quedó afuera durante diez días. En estos diez días tuvimos dos partidos. Dos partidos que entreno yo; al ser el primer ayudante me toca a mí. Y mi primer partido, en la media parte, estamos arriba en el marcador, pero me doy cuenta que entrenar para un partido con 48 minutos de juego es muy distinto que con 40 minutos, sobre todo en el tema de las rotaciones de los jugadores. Y me di cuenta de que había tenido a alguien demasiados minutos en la pista y alguien muy pocos minutos en la pista, comparado con lo que era habitual. En la media parte de los partidos de la NBA, les enseñas unos cortes de lo que pasó en el primer tiempo, los analizas, todo muy profesional. Hacemos esto, estamos a punto de volver a la cancha y siento que debo decir algo. Digo: «Mirad, chicos…». Ninguno había dicho nada o tenido una mala cara, porque los Spurs son como los Boy Scouts de América. Sí, son todos muy buenos, muy serios, muy buenas personas. Con Pop no se atreven. Ninguno.

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Entonces, pensaba que era mi deber decirles lo que sentía y lo que sentía era: «He dejado a algunos demasiados minutos de la pista, alguien esperaba jugar más. Ahora lo voy a arreglar, me estoy adaptando a los 48 minutos y a las rotaciones. No os preocupéis por nada, vamos a jugar». Salgo del vestuario, estoy a punto de entrar a la pista, y siento algo como un pulpo, que me coge aquí. Me doy la vuelta y es Tim Duncan. Tim Duncan y me dice: «No te preocupes, sigue haciendo lo que estás haciendo bien y si alguien tiene un problema lo arreglamos yo y Manu». Hay muchas maneras de interpretar una experiencia personal como esta. Yo, con lo que me quedé, es que él, a pesar de preocuparse de sí mismo, que era un jugador importante y tiene que pensar cómo hacerlo bien; a pesar de preocuparse por los compañeros, que son su primer objetivo, en el tema de tener el grupo junto, tuvo un momento para preocuparse de este novato entrenador que venía desde a saber dónde, un sitio que él no sabía dónde estaba, y ayudarle a sentirse un poco más a gusto en lo que estaba haciendo.

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Es una pequeña cosa, porque él podía volver a la pista y olvidarse del entrenador. Ya tenía muchas cosas en las que pensar, pero él tuvo la actitud, pensando en el equipo, que era una cosa muy buena hacer esto por el bien del equipo, no tanto por el bien de Ettore o de otro. Pero para que aquí todo funcione bien, tengo que hacer esto. Esto es una manera de liderar distinta. Es una manera de liderar más incluyendo a la gente, más que dividiendo. Tienen valores los dos y puede ser que con un determinado grupo de personas sea mejor presionar, y con otro grupo de personas sea mejor bajar la tensión y las expectativas. Cambia con todo el mundo. Tercero: hay un ejemplo que puede ser Manu Ginóbili, que lidera no solo con el ejemplo, sino con el entusiasmo, en el sentido de que él tiene una actitud positiva, a pesar de todo lo que pasa. Incluso cuando él se enfada consigo mismo por un error o con un compañero porque no es perfecto. Él también alguna vez se enfadaba con un compañero pero siempre con una increíble actitud positiva, pues siempre acababa su enfado con: «No pasa nada. Vamos, ahora vamos a hacerlo bien». «Ahora lo vamos a hacer bien» parece muy sencillo, pero ya te pasa el mensaje de que «Será mejor que ahora» No «vamos a ver qué pasa». «Será mejor, lo haremos bien ahora». Entonces, esta actitud muy positiva, sincera y no de fachada es muy, muy importante, sobre todo en equipos jóvenes.

32:53

Esto yo creo que son tres ejemplos bastante buenos. Y, claro, tenemos que tener suerte, como entrenadores o como jefes de grupos o como profesores de tener en nuestra clase uno o dos así porque, al final, como antes hablamos de las reglas y ahora hablamos de liderar por parte de uno de los miembros de la clase que tenemos, al final son siempre las personas las que marcan la diferencia. No es el entrenador, no es el profesor, son las personas que tenemos. Nosotros podemos ayudar, pero no podemos cambiar a la gente, yo creo. Porque podemos tener la mayor confianza en nosotros y el ego más grande de pensar que somos geniales, la verdad es que la gente no cambia porque sobre el carácter de la gente influyen muchísimas cosas, desde que son pequeños. Entonces, nosotros podemos ayudar y tenemos la responsabilidad de ayudar, pero es distinto. Necesitamos suerte para encontrar a alguien que nos ayude.

Alumna
34:01. Hola, Ettore. Tengo entendido que, además de un gran entrenador, eres un gran lector. ¿Cómo utilizas la lectura? ¿Es una herramienta de trabajo que utilizas con tus equipos, con tus jugadores?

34:10
Ettore. Mira. Me gusta leer un poco de todo, pero me gusta leer mucho sobre gente que consiguió éxitos en sus actividades, sobre todo entrenadores, jugadores de distintos deportes, baloncesto… Y siempre encuentro una frase, una anécdota, que puedo utilizar con mis jugadores. Esto es, por supuesto, importante, pero el problema es que esto era más importante hace 10 años, 15 años. Ahora hay unos problemas que son, primero: el tiempo y la atención que ellos pueden dar a cualquier cosa es muy limitado y todo tiene que pasar casi siempre por vídeos o Twitter o WhatsApp porque no aguantan mucho tiempo. Por ejemplo, cuando entré en la selección la última vez, hace dos años, empecé a enviarles algunas cosas con WhatsApp. Si encontraba un video que me interesaba, desde un punto de vista motivacional, o como una historia, les enviaba el enlace para que se lo mirasen. Antes, se hacía una reunión, se miraba, se hablaba. Ahora no tenemos este tiempo. Lo otro, y esto lo veo con mi hijo también: el problema ahora no es tanto leer por parte de los jugadores o ver, es hablar.

¿Cómo son los grandes líderes? De Manu Ginóbili a Tim Duncan. Ettore Messina
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Estos crecen sin hablar. Todo es mensaje, es emoticono. Incluso en el colegio. Mi hijo va al colegio americano. No sé cómo es aquí en España, en el colegio americano todo es a través de quiz y test. Yo crecí y en el colegio y en la universidad todo era hablando: los exámenes, los test… todo hablado y algunos por escrito. Pero incluso por escrito, no un examen tipo test. Tenías que desarrollar un concepto con frases y todo eso. Ahora no. Entonces, hablar yo creo que es algo que tenemos que apoyar, más que leer, forzar el concepto de la comunicación. Popovich con los Spurs, por ejemplo, en una liga donde no hay comidas de equipo, como aquí en Europa. Aquí en Europa, el equipo viaja y hay desayuno, almuerzo y cena todos juntos. En la NBA, te dan un dinero, que es el mismo desde el utillero hasta Michael Jordan, y tú te vas a comprar la comida y si quieres comer solo McDonald’s te ahorras el dinero; si quieres comer normal tienes que pedir más dinero porque no hay. Pero esto no es el tema, no era más que para hacer una broma. Pero el concepto es individual o, algunas veces, grupos pequeñitos de jugadores.

37:10

¿Popovich qué hace? Cada vez que podemos, nos quedamos a dormir en la ciudad donde jugamos porque no tenemos partido al día siguiente, los lleva a todos a comer. Los lleva a comer y está muy pendientes cómo se sientan, ¿no? Que no sean jóvenes y veteranos, sino que se mezclen, que no sean solteros y casados. E incluso con los otros entrenadores. Yo estoy acostumbrado a que en Europa el tema era en una comida de equipo: entrenadores aquí, ayudantes allí, jugadores aquí. No. Él, desde mi primer día, vi que empiezan a comer, a cenar, lo que sea, y luego dice: «Bueno, vamos». Y los entrenadores se levantan y se dividen en las tres o cuatro mesas y se sientan y hablan con los jugadores. Y ¿cuál es el concepto? El concepto es que hablas de algo que no es baloncesto. Porque empiezas a hablar de lo que estás comiendo, de cómo están tus hijos y dónde vas de vacaciones y alguna vez algún jugador empieza a hablar de baloncesto incluso, pero tú no estás ahí para decirle qué tiene que hacer en la cancha, solo para volver a un concepto de que la cancha es algo, pero la relación humana es otra cosa, es más importante. Y, sobre todo, que no tenemos un nivel de relación que cambia según si hemos ganado o perdido. Ese es el primer paso para conseguir, si queréis lo hablamos luego, una capacidad de tratar victoria y derrota en una manera que sea sana, que no sea que el mundo acaba si se pierde y el mundo es el mejor si se ha ganado. Porque es más importante el proceso, es más importante en casos cómo hemos jugado, que si jugamos así, habiendo jugado bien, a pesar de que hemos perdido, vamos a ganar partidos. Y, al contrario, a pesar de que hemos ganado, jugando así, si seguimos actuando así, vamos a perder más partidos.

39:11

Entonces, vamos a tener un problema. Esta manera de compartir mesa, no es que nos sentemos para comer como en Europa: nos sentamos para vivir un poquito más juntos, porque la manera de vivir aquí, en Estados Unidos, nos fuerza a vivir más individualmente. Entonces, queremos cambiar esta dinámica. Esto es para mí lo interesante, no solo que estamos sentados en la mesa. Hemos empezado con los libros y hemos terminado por comer.

39:44
Marta. Hola, Ettore, soy Marta y soy profesora y te quería hacer una pregunta: en nuestras clases trabajamos con los alumnos la toma de decisiones y la manera de reflexionar. ¿Cómo lo haces tú con tus jugadores? Porque en la vida hay que tomar reflexiones muy rápidas. Entonces, ¿cómo les ayudas a tomar reflexiones rápidas y que sean las correctas?

40:04
Ettore Messina. Tengo que empezar desde un punto de vista técnico, porque eso me ayuda. En el baloncesto, y en general en el deporte, yo creo que el equipo puede jugar por conceptos o puede jugar por sistemas; por una secuencia de jugadas, o por conceptos. Jugar por conceptos significa enseñar a los jugadores a ver la situación, leer la situación que está pasando y reaccionar. Pongo un ejemplo: si voy botando, la acción prevé que yo voy botando desde aquí a allí para meter una canasta. Después de meterla una vez, habrá un defensor que querrá pararme. Entonces, no puedo seguir botando hasta la canasta. Tengo que pararme, porque el defensor está enfrente de mí. Ahora, voy a tener muchas opciones que pueden ser: pasar a la derecha, pasar a la izquierda, pasar y seguir, pasar y cortar al lado contrario… Muchas.

41:11

Claro. Para dominar estas situaciones, a pesar de que lo estoy leyendo bien, tengo que dominar los fundamentos del juego, porque si no sé pasar y cortar, he leído bien pero no puedo ejecutar bien. Por el contrario, hay un sistema de juego que dice: «Está la jugada uno, dos o tres. Tú vas de aquí allí y luego haces esto y luego otro hará esto», y todo es muy estricto. Primer comentario: es mucho más complicado jugar por conceptos que jugar por sistemas, porque en el sistema está muy claro qué tienes que hacer, cuándo lo tienes que hacer y cómo lo haces y si lo haces bien, bien; si no lo haces, está muy claro dónde está el fallo. Jugando por conceptos, yo tengo que saber que los cinco estamos leyendo la situación de la misma manera. ¿Correcto? Porque si yo estoy leyendo la situación de una manera y él la lee de la manera contraria, quizá nos choquemos porque yo voy en una dirección y él viene en dirección equivocada. Se equivoca, pum, chocamos, perdemos la pelota. Entonces, tenemos que empezar a hacer algo más como equipo. Muy bien. El siguiente paso es este: si yo quiero que ellos aprendan a leer las situaciones y a tomar decisiones, se empieza con pocas opciones. Porque sí yo, volviendo al ejemplo anterior, paro el bote, con el defensa aquí, y le doy seis opciones, al principio, un jugador que está aprendiendo, en un segundo no decide bien. La clave es: cuando son jóvenes, menos opciones; cuando tienen poca experiencia, menos opciones.

43:09

Por ejemplo, le das dos y tiene que leer y elegir entre esta y esta. Un poquito más fácil. Aprende, añadimos una o dos. Aprende, añadimos más. Al contrario, en un equipo veterano de gente experta, como en cualquier trabajo que vosotros hacéis, sois expertos. Lo conocéis bien. Llega un nuevo jefe, y os limita las oportunidades de elegir. ¿Qué pensáis? «Este no me valora», en primer lugar. Segundo: «Este quiere tenerme así por la cabeza», y ya tenemos un problema de comunicación, de confianza mutua, de todo. Me parece claro que, para ayudar a los jóvenes, la clave es tener una progresión clara por opciones, hasta que ellos lo controlen bien. De esta manera, ¿qué hacen? Que aprenden no solo a leer sino a leer y reaccionar rápido. Claro. Al principio, necesitan muy poco tiempo con dos opciones. Luego, posiblemente, este mismo tiempo lo pueden utilizar para tres opciones. Al final, el mismo poco tiempo, para cinco o seis opciones. ¿Cuál es nuestro gran desafío? Y es un poco horroroso lo que voy a decir: es transformar pensamientos en instinto. Parece horroroso, pero es la realidad. Todo esto es que, al principio, es: «Necesito tiempo para ver, tengo que pensarlo un momento y luego voy a tomar mi decisión». Con la experiencia, esto va a ser automático, incluso dos, tres segundos antes, cuando el balón sigue todavía moviéndose, al ver la defensa, ya entiendo qué va a pasar en la jugada siguiente, y entonces puedo tomar mi decisión más correctamente.

45:04

Y esto parece, desde fuera, algo que viene hecho por instinto. No: hay una capacidad de pensar rápido. Y es como en el fútbol: no es lo mismo recibir la pelota desde aquí, pararla un momento, mirar y luego pasar. ¿Los buenos qué hacen? Entre que el balón les llega, saben ya dónde meterlo, y el balón lo tocan y va. Esa es la clave en un juego de equipo, en cualquier juego: la palabra «mientras», que en inglés es while, porque mientras que algo acaba, otra cosa está empezando. Y si tú le permites que se pare, termine, ¿y ahora tengo todavía que pensarlo y verlo? No seguimos manteniendo la ventaja. Y esto, cuando llega el momento en que ninguno para la pelota y todos la mueven así, alguien va a buscar una canasta, seguro. Y esto parece todo decisión rápida, pero hay un proceso anterior. Y yo puedo influir en el proceso como entrenador. Yo tengo que influir en el proceso. No puedo estar contento con un nivel de juego donde la gente o no piensa o piensa demasiado. Tengo que ayudarles a desarrollar una capacidad por la que el pensamiento es natural. Esto es muy ambicioso, yo creo. Pero es la clave y la ilusión más grande de un trabajo como el nuestro: profesor, entrenador, personas que ayudan gente a hacer algo juntos. Esta es la cosa más bonita de nuestro trabajo.

46:52
Jugador . Hola, Ettore, como jugador de baloncesto aficionado, quería hacerte esta pregunta: solemos decir que en la vida unas veces ganamos, otras perdemos; tú tienes multitud de títulos, ¿qué es para ti el éxito? ¿Cómo lo definirías?

47:07
Ettore Messina. Yo he tenido la suerte de entrenar muchos equipos buenos y muchos equipos que han ganado títulos. Y no hay nada como el momento en el que tú te das cuenta de que el equipo está jugando unido, que están haciendo las cosas juntos. Yo creo que hay una… No sé si la palabra en español es «mixtificación». Pero todo el mundo suele comparar un equipo con una orquesta. Yo estoy totalmente en contra de esto. Creo que es fake news, por una razón muy sencilla: en la orquesta, el plan lo ha escrito alguien hace 300 años. Segundo: cada uno sabe perfectamente cuándo tiene que tocar su instrumento y cuándo tiene que parar. Tercero: el que da el ritmo de cómo debe sonar es el entrenador. En el deporte es todo lo contrario: el entrenador no tiene este papel. Los jugadores tienen que parecerse más a lo que en el jazz es la jam session, cuando cuatro personas se juntan de repente y empiezan a tocar y se autodisciplinan a un nivel que: «Ahora yo paro para que tú puedas sonar, y cuando tú estás parando, pum, yo entro» y con una base que no está escrita por ninguno. Tampoco está escrita, la vamos casi a inventar en el momento.

48:34

Esto es más parecido al juego en equipo; en el fútbol, en el baloncesto, en juegos de equipo donde hay un rival físico. Porque en otros, por ejemplo, el voleibol, si, teóricamente, yo recibo la pelota siempre con los mismos factores de velocidad, de ángulo, de todo, yo puedo, teóricamente, hacer el mismo pase mil veces seguidas. En un deporte como el nuestro o como el fútbol, yo, una vez puedo hacer una cosa; la siguiente, por la defensa, tengo que reaccionar; la tercera, me empujan y me voy al suelo. Entonces, cambia todas las veces, ¿no? Y mis compañeros tienen que reaccionar cada vez a una situación distinta. Por eso es más parecido. El éxito es llegar a un punto en el que tú percibes que tus jugadores están siguiendo este paso. Un entrenador muy importante, yo creo que el mejor de la historia en Europa, que es Žel Obradović, suele decir que, para él, el éxito es cuando consigue que sus jugadores le crean. Me parece muy bueno. Yo estoy a un nivel un poco más bajo, porque yo estoy feliz y creo haber conseguido un éxito si me escuchan. Y conseguir que la gente te escuche, te preste atención, te respete, yo creo que es un gran éxito. Y luego, al final, una parte del éxito es que las personas con quien tú has jugado se acuerden de ti como persona.

50:17

Y a mí, una de las cosas que me ha hecho más ilusión es que hace unos años me dio un premio la Virtus de Bolonia y los que entrené en los juveniles del 1985 y 1986 organizaron una cena para juntarnos. Y estuve allí con mi hijo, con esos chicos que ahora son profesionales y fue una de las noches más bonitas de mi vida, no solo deportiva. Entonces, que la gente se acuerde y que tú puedas sentir el orgullo de que le has ayudado un poco, yo creo que es una parte de éxito muy importante, muy muy importante.

51:00
Niña . Hola, Ettore. Mi pregunta va dirigida a cuál fue tu momento como entrenador más complicado al que te enfrentaste.

51:08
Ettore Messina. Por supuesto, yo creo que, en la vida de todos, hay momentos en los que nuestra vida profesional se encuentra con momentos muy duros en lo personal. Todos aquí en esta sala hemos tenidos esos momentos. Personalmente, lo peor es que he tenido unos momentos muy duros fuera de la pista y al mismo tiempo conseguía éxitos en la pista. Y esto me parecía injusto, muy duro. No es el tema de no que no pudiera disfrutar completamente de lo que pasaba en la cancha y de un éxito deportivo, sino el concepto de decir: «Mira, no me lo merezco. Alguien está sufriendo y yo estoy aquí festejando».

51:59

Que es parte de la vida. Y nosotros tenemos que acostumbrarnos porque todos lo pasamos, pero es la parte más dura de la vida de cada uno de nosotros. Para contestarte con algo más complicado: en la vida diaria, toda mi vida he llevado la derrota muy mal. Muy mal. Casi siempre la he vivido como un no haber sido capaz de hacer que mi equipo ganase, que mi equipo fuese el más preparado, el más fuerte, que es una locura, lo sé, no tienes que decírmelo y te agradezco que no me lo digas. Pero es la verdad. Tengo que ser sincero y tengo que aprovechar este momento para decir, que como dice Rudyard Kipling en su famosa poesía: «Tú serás un gran hombre, o incluso mujer, si aprendes cómo tratar la derrota de la victoria de la misma manera». Yo he sido muy malo en tratar la derrota, en el sentido de que la he llevado mal, y por eso he hecho que las personas alrededor de mí la llevasen mal también, y esto no es bueno. La derrota es parte del proceso y nadie gana siempre y nadie pierde siempre. Esta es la parte racional. Emotivamente, es complicado, por esto te lo digo sinceramente. No seas como yo. Cambia.

53:41
Jaime . Hola, Ettore, me llamo Jaime y quería hacerte una pregunta que es: tú, cuando estabas al lado de alguien tan importante como puede ser Gregg Popovich, ¿qué te enseña al estar al lado de él?

53:54
Ettore Messina. ¿De Greg? Bueno. Dos, tres cosas de este grandísimo entrenador. Primero: lo que te llama la atención es su capacidad de síntesis. En el sentido de que él es capaz de entender siempre bien cuáles son las cosas que tiene que tratar. Nosotros, en la NBA, entrenamos muy poco porque viajamos mucho y jugamos 82 partidos en 163 días. Es muy duro, muy duro sobre todo para los jugadores. Tenemos muy pocas oportunidades de entrenar y los entrenamientos pueden durar 45 minutos, una hora. Él siempre, en su plan de entrenamiento, lleva tres cosas y casi siempre muy básicas, no complicadas, que son exactamente lo que nosotros necesitamos en este momento. Y nosotros nos damos cuenta de esto al día siguiente en el partido, porque él, de verdad ha tocado tres temas que nos ayudan en el partido siguiente. No va a perder tiempo con cosas inútiles, y eso lo sabe bien. En el mismo sentido, cuando nosotros, los ayudantes, preparamos el partido, y le damos un informe sobre el partido, él siempre nos dice: «Dígame las tres cosas que necesitamos hacer bien para ganar mañana. A mí me da igual, no empiecen con diez cosas. Tres. Tres. Dígame tres cosas».

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Quizá una de defensa, una de ataque; tres cosas, no más. Porque él, además, piensa que la atención de los jugadores es un recurso limitado y no puede gastarlo en demasiadas cosas inútiles. Y él se esfuerza mucho en eso, en alcanzar un nivel de atención importante sobre los detalles. Primera cosa. Segunda cosa y volvemos al tema del error que hemos tratado antes: todos nosotros, entrenadores, profesores, personas que tienen un cargo de coordinador o líder un grupo, hay momentos que estamos enfadados y, forzando la palabra, odiamos a nuestros jugadores o nuestros discípulos porque: «¿Por qué están así de vagos hoy? ¿Por qué no lo hacen bien? ¿Por qué…?». Él tiene una memoria cortísima del enfado, cortísima. Él puede enfadarse con un jugador, incluso Tim Duncan, y decirle las cosas más bestias que le pueden salir por la boca y diez segundos después, quince segundos, es capaz, sinceramente, de decirle algo constructivo, de sacarlo otra vez a la pista, de, incluso en momentos de gran tensión, hacer una pequeña broma. Y al jugador se le va el enfado, a él se le va el enfado, el jugador entiende que el enfado fue momentáneo y que la verdad es que este entrenador le quiere, le respeta, le cuida. Y además no se arruina la vida. Entonces, la memoria del enfado que tiene es cortísima.

57:26

Tercero: tiene una capacidad empática o una inteligencia emocional, como se suele decir, de grandísimo nivel. Él siempre tiene muy claro cómo se encuentra el jugador, cómo él se puede relacionar con el jugador y cómo puede ayudarle el jugador a poner todo en la correcta perspectiva. Que esto es solo un juego. Puedo decir dos cosas que él siempre decía a los jugadores. Una es: «Esto que hacemos es solo baloncesto, que nos permite pagar nuestras cuentas. Esto no marca cómo somos como personas». Y eso es muy fuerte, porque todos nosotros, al conseguir éxitos, pensamos que somos distintos por los éxitos, que somos lo que aparentamos en el momento del éxito, que somos los que han ganado un partido o un título. Y él les dice: «No, no. Esto es baloncesto. Lo que vale es vuestra familia, vuestra mujer, vuestros hijos… No son los títulos». Siempre lo dice, siempre, siempre, siempre. Y la otra cosa que dice es: «Victoria y derrota son irrelevantes». Utiliza esta palabra en inglés, irrelevant. «Lo que marca la diferencia es cómo nosotros vivimos cada día, en la cancha, seguro, en el vestuario, en los viajes, cómo nos portamos, cómo nos relacionamos».

59:01

Esto es muy fuerte, es muy difícil, porque marca ya un nivel donde tú, como ayudante o como jugador o como directivo, tienes que acostumbrarte porque es más fácil vivir bien cuando ganas y mal cuando pierdes. Es mejor, porque hay un dato fijo matemático que te dice: «Esto ha pasado y esto puede influir sobre tu actitud». Luego podemos cambiar la actitud, mejorarla, pero lo que ha pasado nos da el derecho de estar enfadados, de estar contentos, de celebrar, de disfrutar… Él dice: «No, no. Derrota y victoria son irrelevantes para influir en cómo eres tú como persona. Cómo eres tú como persona, al final de tu vida, lo que es importante es saber qué padre has sido, qué marido o esposa, has sido y qué amigo has sido en tu vida». Muy fuerte. Y te sientes muy pequeño. Al estar al lado de un tío así todos los días te sientes así. No, de verdad. Te sientes, que dices: «Bueno, tengo que mejorar».

¿Cómo son los grandes líderes? De Manu Ginóbili a Tim Duncan. Ettore Messina
01:00:23
Hombre 1. Hola, Ettore, ¿qué tal?

01:00:24
Ettore Messina. Hola, muy bien.

01:00:25
Hombre 1. Quiero hacerte una pregunta. A lo largo de tu vida, de tu carrera, imagino que has aprendido o has admirado a muchas personas. ¿A quiénes considerarías tus grandes maestros y por qué?

01:00:38
Ettore Messina . Bueno, Gregg Popovich, por todo lo que acabo de decir, y una persona que aprecio mucho es el profesor Aca Nikolić, que muchos consideran el padre del baloncesto moderno europeo y yugoslavo, en el salón de la fama americana, por tener una gran cabeza pero por ser sobre todo una persona muy humilde, muy, muy humilde. Estamos hablando de enseñanza, aprendizaje, todo. Este terminó su trayectoria en un momento que podía seguir entrenando. Se retiró y pasó a ser un mentor de entrenadores como por ejemplo Bogdan Tanevich, Želimir Obradović… Cuando Želimir gana su primera Euroliga con el Partizan en 1992, el Profesor Nikolić era su ayudante excelente. Y me acuerdo que jugamos el playoff la Virtus de Bolonia contra el Partizan para meternos en la Final Four, donde al final el Partizan ganó la Final Four al ganar con la Joventut de Badalona en Estambul. Y era un playoff dos de tres, un poco raro, en el sentido en el que nosotros tuvimos mejor clasificación en la temporada y, al tener factor cancha, se jugó un partido en Belgrado y luego dos en Bolonia. Y nosotros perdimos el primer partido en Belgrado, ellos vienen para tres, cuatro días a Bolonia para jugar uno o dos partidos y ganamos el primer partido; entonces, estábamos empatados.

01:02:15

Yo tenía una muy buena relación con el profesor. Me voy a verlo al hotel y le llevo, me acuerdo, una cosa de chocolate para su hija, que le gustaba mucho, y tomamos un café y hablamos una o dos horas y él me dio consejos de cómo manejar a mi equipo y mejorar. Le daba igual que al día siguiente jugáramos un partido clave para meternos en la Final Four. Y esto durante muchos años, hasta que murió, pasó muchas veces. Él siempre contó que, para él, el tema era el baloncesto y ayudar a la gente a mejorar. Luego, Sandro Gamba, que fue mi entrenador jefe en Bolonia y en la selección, por su rigor profesional. Como rigor, entiendo la autoexigencia de estar siempre preparado en su relación con el jugador. Dan Peterson, porque fue el primero en Italia que nos enseñó que el consejo técnico o la instrucción técnica tiene siempre un valor psicológico, que decir a un jugador: «Mira, tienes que pasar más el balón a José», esto es más un tema de relación que era un tema técnico. Yo siempre lo vi como una orden técnica, ¿no? No, tú puedes arreglar y ayudar mucho las relaciones con instrucciones técnicas, yo creo. Y él nos enseñó. Y por último Alberto Bucci, que fue el entrenador jefe de la Virtus, porque era un entrenador que generaba un entusiasmo y una actitud positiva increíble en el equipo. Yo soy, como persona y como entrenador, desafortunadamente, más negativo. Y él un poco me abrió la cabeza, poco, pero me marcó mucho con su con su actitud.

01:04:09
Hombre 2. Bueno, mi pregunta era un poco a nivel motivacional. Cuando entrenas a jugadores que han ganado tanto, que al final son millonarios, ¿cómo consigues mantenerlos enchufados y que sigan teniendo ganas de ganar, de salir todos los días y, sobre todo, entrenar todos los días con la misma intensidad?

01:04:25
Ettore Messina. Este es un tema, por supuesto, clave porque, primero, todo el mundo querría estar en esta situación. Es decir, hemos ganado unas veces. Pero el tema es un poco más largo porque, por supuesto, yo creo que cada profesor, cada entrenador, parte de su trabajo es presionar a estas personas, como correctamente tú has dicho. Y tú vives con la inquietud de que un día te transformes en Pepito Grillo. Pepito Grillo, si no me equivoco, es el tío de Pinocchio que muere y tú no quieres que te mate un zapato, ¿no? Pero todos estamos siempre al límite. Entonces, yo creo que desarrollar el sentido de la responsabilidad de cara a los otros, es la clave. No ponerles uno contra el otro. No, no nos equivoquemos. Hay veces que en organizaciones empujan a la gente poniéndola una contra la otra. «Mira lo que ha hecho. Tienes que hacerlo tú también». No me parece correcto. Pero tú, jugador, tienes una responsabilidad de cara a los demás porque si tú les das el nivel que puedes, nosotros podemos ganar otro título, que es ser más famosos, estar más contentos, más premios, todo lo que quieras.

01:05:51

Y porque, sobre todo, vivir en un ambiente contento porque ganas es totalmente distinto a vivir en un ambiente en el que pierdes. Es horroroso seguir perdiendo. Horroroso, un ambiente negativo. Ninguno quiere estar ahí. Entonces, ¿cómo podemos alcanzar eso? Desarrollando más responsabilidad uno de cara al otro. Y, claro, la experiencia y desafortunadamente las malas experiencias nos dicen cuándo estamos muy cerca de ser Pepito Grillo y tenemos que dar un paso atrás y dejarles. Porque hay momentos que nosotros estamos tan locos, yo creo, como entrenadores… Los profesores no, los profesores lo tienen más claro. No, sinceramente, nosotros en… ¿Cómo se llama? En la guerra diaria para ganar y no perder, nosotros pensamos que podemos seguir presionando y no nos damos cuenta de que hay momentos en los que tienes que parar y callarte. Porque ahora hay momentos en que lo hacen ellos. Lo hacen ellos y tú tienes que respetar que lo hacen ellos, porque al final es su casa. Eso para mí es importantísimo, que ellos lleguen a entender en un determinado momento que tienen que cuidar al equipo y las relaciones dentro del equipo como cuidan su casa. Yo a veces les digo: «¿Quieres volver a tu casa y tener la cama sin hacer y tener los platos en la cocina que no están limpios? ¿Quieres volver a una casa así, o quieres limpiar? Hacer este pequeño sacrificio que es levantarte media hora antes, hacerte la cama, limpiar el baño, limpiar los platos… así, cuando vuelves a casa dices: “Bueno, me gusta mi casa”. Tú me dices».

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Pero, claro, hay momentos en los que ellos tienen el zapato listo para hacer esto y nosotros vivimos todos con esta inquietud. Y hay momentos que es el lado opuesto de la moneda: estoy contento de que me escuchen. El lado contrario es: hay que parar. Muy complicado. Pero quiero añadir una cosa: todas esas cosas que estamos hablando ahora, quiero dejarlo muy claro: yo no creo tenerlo todo claro, hablando aquí y hablando con los jugadores y con los compañeros. Yo creo que en muchas situaciones es ya un paso adelante ponerse en frente del problema. Decir: «Aquí tengo un problema, no sé cómo voy a solucionarlo». Pero ya tener claro que hay un problema es una parte muy importante de la solución. Hay muchas veces en el equipo que hay problemas de relaciones o de táctica o de técnica y se mira al lado contrario y se espera que las cosas se solucionen por su cuenta. Yo soy un poco más intervencionista, es decir, quiero ponerme de cara al problema. Aprendí en mi vida que algunas veces es ya suficiente que nos demos cuenta que es un problema y luego dejar que quizá lo solucionen ellos porque ellos tienen la capacidad de solucionarlo. No queremos prepararles todo. Esto es otro aspecto del trabajo de profesor y entrenador, que es dejar que fallen. Nuestro sueño es que no fallen nunca, así nosotros parecemos mejores. Hay veces que tenemos que dejarles fallar y ayudarles. No levantarles, sino ayudarles a levantarse. Muy complicado.

01:09:33
David . Hola, Ettore, soy David y mi pregunta es sobre todo qué es para ti lo más valioso que te ha aportado el deporte.

01:09:44
Ettore Messina. Relaciones humanas. Relaciones humanas con personas han venido de todo el mundo, gente de etnia distinta, gente de familias distintas, gente con experiencias distintas. Seguir teniendo relaciones con toda esta gente es la parte más bonita. Y la segunda cosa es disfrutar de todo eso con mi hijo ahora. Yo, cuando nació mi segundo hijo, tenía 40 años y pensaba: «Bueno, voy a ser muy mayor cuando tenga 14, 15 años». Y la verdad es que tenerlo ahora y ver los partidos con él o llevarlo a un partido o un entrenamiento o hablar de este maravilloso deporte con mi hijo es la cosa más bonita que me ha pasado en el baloncesto en muchos, muchos años. En primer lugar, quiero agradeceros que hayáis venido aquí, las preguntas, la atención, quizás, si no es una palabra demasiado grande, el cariño; un poquito de cariño que he percibido, muchas gracias. Y quería terminar diciendo una cosa. A mí siempre me ha ilusionado una frase que leí hace muchos años que era de Erasmo de Rótterdam, que era el enseñante más claro de todo el mundo. Y este, si no me equivoco, decía más o menos que la base de una correcta relación entre profesor y discípulo es el amor que el profesor tiene que tener por el discípulo. Esto es durísimo.

01:11:23

Siempre sufrí porque nunca me sentí a la altura de este gran concepto. Pero la verdad es que tenemos, como ha dicho Popovich también, tenemos que cuidarles y tener cariño para ellos. Porque ellos son nuestro futuro, son los que nos necesitan. Posiblemente en el corto plazo no se den cuenta de que hemos intentado ayudarles y que le hemos trasmitido conceptos o ideas, o quizá un ejemplo, si somos bastante buenos. Pero, al final, quizá cuando se hagan mayores, se van a acordar de nosotros y eso es el éxito más grande que podemos conseguir. Y mi deseo es que todos vosotros que estáis en este tipo de actividad podáis disfrutar de eso. Yo he tenido bastante suerte, incluso demasiada, y estar invitado aquí a hablar con vosotros es de esas cosas que marcan nuestra vida, ha sido un gran honor y os agradezco mucho todo lo que habéis hecho. Gracias, muchísimas gracias y mucha suerte. Gracias. Bien, gracias.