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Cómo establecer límites desde la disciplina positiva

María Soto

Cómo establecer límites desde la disciplina positiva

María Soto

· Logopeda y educadora

"¿Qué es educar? Creo que tenemos demasiada información y demasiadas expectativas. Se nos ha olvidado la mirada desde la curiosidad y no hacemos caso a nuestras intuiciones, que realmente están ahí. Desde dónde educamos y para qué educamos es lo que van a recibir nuestros hijos. ¿Qué queremos? ¿Que nuestros hijos sientan que nos preocupamos por ellos o que nos ocupamos de ellos?". María Soto es considerada una de las máximas representantes de la Disciplina Positiva en España, una metodología que apuesta por una crianza basada en la firmeza y la amabilidad, donde los límites se establecen sin usar premios ni castigos.

Después de estudiar Logopedia y Psicología, María Soto se certificó como facilitadora para impartir talleres y cursos sobre Disciplina Positiva, que ha desarrollado en su proyecto y libro, 'Educa Bonito', con consejos y herramientas para una crianza y educación basadas en el respeto mutuo. "La sociedad, la ciencia, la tecnología han cambiado, pero las 'frases de madre' siguen siendo las mismas. Los valores, los principios morales no deben cambiar, pero sí debemos revisar cómo enseñarlos, porque estamos educando a la generación del siglo XXI con herramientas educativas del siglo anterior", concluye la autora.


Creando oportunidades

María Soto

"¿Qué es educar? Creo que tenemos demasiada información y demasiadas expectativas. Se nos ha olvidado la mirada desde la curiosidad y no hacemos caso a nuestras intuiciones, que realmente están ahí. Desde dónde educamos y para qué educamos es lo que van a recibir nuestros hijos. ¿Qué queremos? ¿Que nuestros hijos sientan que nos preocupamos por ellos o que nos ocupamos de ellos?". María Soto es considerada una de las máximas representantes de la Disciplina Positiva en España, una metodología que apuesta por una crianza basada en la firmeza y la amabilidad, donde los límites se establecen sin usar premios ni castigos.

Después de estudiar Logopedia y Psicología, María Soto se certificó como facilitadora para impartir talleres y cursos sobre Disciplina Positiva, que ha desarrollado en su proyecto y libro, 'Educa Bonito', con consejos y herramientas para una crianza y educación basadas en el respeto mutuo. "La sociedad, la ciencia, la tecnología han cambiado, pero las 'frases de madre' siguen siendo las mismas. Los valores, los principios morales no deben cambiar, pero sí debemos revisar cómo enseñarlos, porque estamos educando a la generación del siglo XXI con herramientas educativas del siglo anterior", concluye la autora.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:04
María Soto. Soy María Soto, madre de dos niños y de una niña, y gracias a ellos y para ellos escribí el libro ‘Educa bonito, donde cuento y explico cómo yo aplico las herramientas de la disciplina positiva.

00:17
Elena Couceiro. Hola María, me llamo Elena, soy madre de dos niños, una niña de 13 años y uno de 10, y estoy encantada de hablar hoy contigo sobre educación.

00:26
María Soto. Hola, Elena.

00:27
Elena Couceiro. Me gustaría primero hablar de cuando… Cuando sabemos que vamos a ser padres, siempre tenemos miedo a hacerlo bien. “¿Seré buen padre, seré buena madre?”. Me gustaría que nos hablases un poco de cómo intentar llevar ese miedo o superar ese miedo de la mejor manera y poder disfrutar de educar a nuestros hijos.

00:44
María Soto. Pues mira, Elena, yo como buena gallega te voy a responder con una pregunta: ¿qué es hacerlo bien?

00:50
Elena Couceiro. Claro.

00:50
María Soto. ¿Qué es hacerlo mal?

00:51
Elena Couceiro. Ya.

00:52
María Soto. ¿Qué es educar? Yo creo que ahora mismo tenemos demasiada información, y como tenemos demasiada información, tenemos demasiadas expectativas. Se nos ha olvidado un poquito precisamente la mirada de niña. La mirada desde la curiosidad, desde la expectación, desde el “¿Qué va a pasar?”. Y tenemos una mirada muy de juicio. ¿Qué pasa? Que cuando necesitamos que las cosas sean de alguna manera, tenemos ese juicio en la cabeza y queremos que salgan bien, no hacemos caso a nuestras intuiciones, que realmente están ahí. Entonces, ¿qué pasa? Que nuestras emociones empiezan a funcionar. Nosotros no queremos hacerlo mal. No queremos que a nuestros hijos les pasen cosas malas. No queremos que nuestros hijos se peleen, no queremos… Tenemos muy claro lo que no queremos. Entonces, al final, las emociones sirven a nuestros propósitos. Y ¿cuál es la emoción que mejor funciona cuando tú quieres evitar algo? Pues el miedo.

01:48
Elena Couceiro. El miedo, claro.

Cómo establecer límites desde la disciplina positiva. María Soto
01:49
María Soto. El miedo es la emoción que te ayuda a sobrevivir cuando quieres evitar una situación. Entonces, al final, el poder está en manejar los pensamientos, cómo miramos a las situaciones y enfocarnos en lo que realmente queremos que suceda. ¿Tú qué quieres conseguir con tus hijos? ¿Cómo quieres que sea tu maternidad? Adler decía… Alfred Adler, que, al final, lo que hace falta para ser feliz es tener valor. Muchas veces no tenemos el valor de ser felices porque no tenemos el valor de ir a buscar lo que realmente queremos. Yo aprendí hace poco un ejemplo buenísimo que a mí realmente me cambió la vida. Para… como solución, ¿no? Porque los miedos… el miedo es necesario para sobrevivir. Y es bueno que nos salga el miedo cuando queremos evitar algo. No queremos ir en contra del miedo, lo que queremos es entender la situación y encontrar una solución para poder educar desde otro lugar. Entonces, tú imagínate que te montas en un taxi y le dices al taxista… Estamos aquí en Madrid y le dices: “Mira, yo no… No me lleves a la Plaza Mayor”. Entonces, ¿qué va a hacer el taxista?

02:49
Elena Couceiro. Claro. Claro.

02:51
María Soto. Pues el taxista supongo que se quedará parado esperando que tú le digas a dónde quieres ir. ¿Adónde vas? Si tú al taxista le dices: “Mira, quiero ir al Retiro”, pues el taxista, con más o menos vuelta, te llevará al Retiro. Entonces, un poco esa es la idea: enfocarse en lo que quieres conseguir. Porque, como las emociones, como te decía, sirven a tu propósito, si tu propósito es conseguir algo, vas a generar las emociones. Tu energía se va a enfocar en perseguir algo, conseguir algo mucho más positivo, mucho más activo, porque el miedo lo que te ayuda es a bloquearte y a parar y a buscar protección.

03:22
Elena Couceiro. Claro.

03:23
María Soto. Entonces, al final, esto es muy importante, porque desde dónde educamos y para qué educamos es lo que van a recibir nuestros hijos. ¿Qué queremos? ¿Que nuestros hijos sientan que nos preocupamos por ellos o que nos ocupamos de ellos?

03:38
Elena Couceiro. O que disfrutamos, ¿no?

03:39
María Soto. O que disfrutamos. Al final es eso. Muchas veces es filtrar la información y, para mí, ahora mismo está siendo mi filosofía de vida. Es confianza cien. Expectativa cero. Yo confío plenamente en mí y en mis instintos y mis intuiciones. Tengo mucha información de otra gente, pero este niño es mi niño. No hay otro igual. Yo acabo de nacer también como madre y voy a disfrutarlo. Y si lo hago desde ahí, el niño pues eso notará, que yo me ocupo de él, que disfruto de él. Y otra de las cosas superimportantes para mí es relativizar el error, lo de hacerlo mal. ¿Qué es hacerlo mal? El error es lo más humano que existe. De hecho, el ser humano aprende por ensayo y error. Entonces, si aprendemos a mirar el error como algo necesario y un motor de aprendizaje, podremos educar desde esa ligereza. Es decir, es que sé que me voy a equivocar.

04:32
Elena Couceiro. Claro. Y no importa, porque aprendo, ¿no?

04:33
María Soto. Claro. Claro, lo que tengo que hacer es buscar aprendizaje de todas las situaciones, de las que creo que me han salido bien, entre comillas, o han sido acertadas, por así decirlo, y de las que creo que han sido negativas, porque suceden para que yo aprenda. No para que me culpe, no para que me juzgue mal y no para que me bloquee. Porque, además, esa mirada de juicio va a nuestro miedo, pues, por así decirlo, como más útil. Es la sensación de capacidad. “No soy capaz”.

05:01
Elena Couceiro. “No soy capaz”, claro. “No lo voy a hacer bien”.

05:01
María Soto. “No soy capaz”. Claro. Y al final, en este mundo de hoy en día, que hablamos tanto de la autoestima, de quererse a uno mismo, valorarse, al final la autoestima es: “Yo me siento capaz de”. Entonces, por eso es tan importante dejar de anticiparse y vivir, dentro de tus posibilidades, el momento presente, ocuparte de cada situación cuando vaya llegando, porque nos hacemos como películas en la cabeza, ¿no? Y realmente, piensa, por ejemplo, en una película de terror. Tú estás viendo una película de terror, la estás viendo en tu sofá, con tu mantita, en una situación súper segura, pero estás pasando terror.

05:39
Elena Couceiro. Mucho miedo, sí.

05:40
María Soto. La emoción la estás viviendo.

05:41
Elena Couceiro. Sí, claro. Se contagia muy rápido.

05:42
María Soto. Claro. Entonces, fabrícate tu película. Piensa y visualiza cómo quieres que sea la educación de tus hijos y todo va a llevarte a las situaciones que necesitas para aprender. Algunas van a ser intensas y difíciles, pero sirve para aprender. Entonces, yo siempre le explico a las mamás con las que trabajo, los papás, que el ser humano tiene un cerebro científico. Somos… Nos encanta resolver, nos encanta investigar desde que nacemos. Y al cerebro humano le encantan los problemas.

06:10
Elena Couceiro. Claro, los retos, ¿no?

06:11
María Soto. Y si no los tiene, los va a crear. Entonces, ¿qué pasa? Que muchas veces, cuando estás educando desde ahí, desde el miedo, te estás preocupando por las situaciones, lo que haces es, con tus emociones, con tu energía, estás provocando estas situaciones que tú estás temiendo. Entonces, por eso es tan importante revisar desde dónde y para qué haces las situaciones. Nosotros sabemos que lo hacemos desde el amor y lo hacemos para que nuestros hijos sean felices.

06:36
Elena Couceiro. Claro, eso es a lo que vamos siempre, claro.

06:37
María Soto. Ya lo tenemos, lo tenemos, y podemos aprender mil millones de herramientas educativas, leernos mil libros, pero, si tenemos eso presente, “yo lo hago desde el amor y para que mis hijos sean felices”, lo único que nos falta es ubicar la energía. A dónde quiero ir, a dónde no quiero ir. Es como si tuviéramos aquí una bola de energía. ¿Y dónde la quieres colocar? ¿Dónde quieres poner la luz? En lo que quieres evitar o lo que quieres conseguir. Al final, estás perdiendo tu energía, limitando, entonces…

07:03
Elena Couceiro. Claro. Fíjate que estamos hablando mucho de emociones tú y yo ahora. Y yo creo, vamos, por lo menos yo, cuando era pequeña, a mí no me hablaban de emociones, ni de empatía, ni de asertividad ni del valor del miedo. Lo que estábamos hablando. Entonces, nos educaban más en el deber, el sacrificio, el esfuerzo… ¿Todos esos valores ya no sirven? ¿No nos han educado bien? ¿Qué opinas de esto?

07:29
María Soto. Pues a mí me gusta reflexionar, cuando… Porque claro, nosotras somos hijas.

07:34
Elena Couceiro. Sí.

07:35
María Soto. Y somos madres.

07:36
Elena Couceiro. También, también.

07:36
María Soto. Y siempre comparamos. Lo que… “Quiero hacer todo esto, no quiero hacer para nada ni parecido…”. Reflexionamos sobre eso, ¿no? Y a mí me gusta partir de una idea, y es que, Elena, nos educaron en el siglo pasado. Suena un poco como… como lo pensamos, ¿no? ¿Qué…? ¿Qué quiero decir con esto? Que todo ha cambiado, todo ha cambiado muchísimo. La ciencia, la tecnología, la sociedad ha cambiado. En cualquier “smartphone” que tenemos en el bolsillo hay más tecnología que en el primer cohete que llegó a la Luna. Pero las frases de madre siguen siendo las mismas.

08:08
Elena Couceiro. Sí. Es verdad.

08:09
María Soto. Entonces, ¿qué pasa? Que los valores no deben cambiar. Los principios morales no deberían de cambiar. Lo que deberíamos de revisar es la forma de enseñarlos. Y aquí es muy importante… A mí me ayudó mucho a entender esto el concepto de la pertenencia, que es pues como el concepto básico y principal del que hablaba Adler, que es el padre de la disciplina positiva. Claro, el ser humano es el único mamífero dependiente, totalmente dependiente, en los primeros años de vida. Entonces, claro, si yo te pregunto cuál es la primera necesidad del ser humano, pues todo el mundo suele pensar en algo fisiológico. Pues comer, la protección y tal. Pero ¿qué pasa? Que el ser humano no se puede proporcionar esas necesidades a sí mismo, necesita el grupo, necesita cuidado. Entonces, realmente, lo primero que debemos aprender, y lo que estamos aprendiendo toda la vida, es aprendiendo a pertenecer a un grupo. Somos seres sociales, no vamos a ningún sitio solos. Entonces, ¿qué pasa? Que la pertenencia al grupo depende de cada grupo, depende de cada momento social que vivimos. Entonces, no se pertenecía igual… Los grupos sociales no eran iguales cuando tú y yo éramos pequeñas. Yo tengo cinco hermanos, y en mi clase, mi entorno, había muchas familias con muchos niños. ¿Qué significa? Que… Es una realidad que simplemente ha cambiado. No tenemos por qué juzgar si es mejor o peor familia, numerosa, familia… de cualquier forma o tamaño, ¿no? Pero sí que es verdad que, por ejemplo, yo la pertenencia la sentía con mis hermanos.

09:37
Elena Couceiro. Claro.

09:38
María Soto. A mí mis padres me decían: “Hay que irse a la cama”, y yo no peleaba por quedarme a ver la tele con mis padres. Yo quería irme a mi habitación con mis hermanos porque tenía mucho que discutir con ellos. Y, si te fijas, en ese momento social en el que nos educaron a nosotras, la sociedad era totalmente vertical. Había figuras. La jerarquía estaba muy marcada. Tú en casa sabías que, a lo mejor, a uno de los miembros de tu familia, a tu madre, a lo mejor, pues podías llegarle un poco, pero siempre había alguien como que llevaba los pantalones, alguien por encima de alguien. Y los niños, todos esos niños, porque a lo mejor tú no tienes… tú no vienes de una familia numerosa. Sí que eres consciente de que tu colegio había más niños en general.

10:12
Elena Couceiro. Sí. Claro.

10:15
María Soto. Vale, entonces, nosotros estábamos como aquí, los niños.

10:18
Elena Couceiro. Por abajo, sí.

Cómo establecer límites desde la disciplina positiva. María Soto
10:19
María Soto. Pero teníamos nuestro grupo de pertenencia y sabíamos que podíamos a lo mejor subir un par de peldaños, pero tampoco nos interesaba, porque esas necesidades… ya las suplíamos ahí. Lo que pasa es que, hoy en día, la sociedad es totalmente horizontal, totalmente horizontal. Mamá y papá se hablan en los mismos términos. No hay ninguna… Los niños no perciben tanto esa diferencia vertical entre los adultos. Hay gente que tiene a su jefe en Facebook, ¿no? Y entonces, claro, hay muchos menos niños. Y en una familia con un niño o dos, están viendo que están aquí, sus padres están juntos aquí y quieren… quieren pertenecer, quieren subir ahí. ¿Qué pasa? Que nosotros ahora mismo estamos viviendo en un momento horizontal y aplicando herramientas educativas de verticalidad. Y no funcionan porque los niños están captando que lo importante es quedar por encima. Y realmente, es una necesidad que podemos adaptar. Ya te digo, los principios no deben… no deben cambiar, pero sí la manera de enseñarlos. Aquí está la pregunta. ¿Podemos estar a la altura de los niños? ¿Los niños pueden estar a la altura de los adultos? Yo no sé qué opinas, pero yo creo que es fundamental y es una oportunidad maravillosa para, precisamente, enseñarles responsabilidad, enseñarles conexión…

11:32
Elena Couceiro. Respeto, también.

11:32
María Soto. Respeto…. Si precisamente todos nos ponemos en el mismo lugar, sería mucho más fácil incluso educarles. Además, hay una reflexión que a mí últimamente me viene a la cabeza, que estamos en una sociedad que está defendiendo a capa y espada la igualdad, ¿no? Y la igualdad, ya sabes, entre todo lo que antes era diferente, hombre-mujer, etcétera. Pero sigue habiendo una diferencia muy grande entre adulto y niño. ¿Somos una sociedad de adultos y niños o somos una sociedad de personas de diferentes edades, diferentes circunstancias, de diferentes experiencias? Entonces, lo que puede aportar el niño, los niños, a la sociedad, y sobre todo a su pequeña primera sociedad, que es la familia, nos lo estamos perdiendo los adultos, realmente. Entonces, simplemente, necesitamos herramientas nuevas para saber hacer eso, porque se puede hacer. Por eso, a mí, la psicología adleriana, la disciplina positiva, me pareció como algo fantástico por eso, porque me enseñaba a hacerlo de esta manera.

12:27
Elena Couceiro. Pues estás hablando mucho de disciplina positiva y me gustaría saber cómo… Bueno, que nos expliques un poco que… cómo es, qué es y también cómo se puede aplicar en la vida diaria, porque pues con los niños surgen muchas veces muchos problemas de peleas entre hermanos, de que le tienes que decir mil veces que deje la “tablet” y se vaya a duchar, por ejemplo, ¿no? A mí me pasó ayer. O bueno, pues conflictos y discusiones. ¿Cómo puedes aplicar la disciplina positiva en esos pequeños conflictos del día a día?

12:58
María Soto. A grandes rasgos, la disciplina positiva es una metodología sacada de una teoría que precisamente habla de las necesidades del ser humano. Nosotros hemos crecido en el conductismo, que es una metodología que se basa en el condicionamiento de conductas. O sea, esta conducta es positiva, la voy a reforzar. Esta conducta es negativa, la voy a castigar, la voy a intentar anular o cambiar. Entonces ¿qué pasa? Que, realmente, nos hemos ido dando cuenta de que, al final, no les estamos aportando habilidades para la vida a las personas, les estamos simplemente enseñando a obedecer. Y, sobre todo, que volvemos a lo del miedo. Es una educación basada en el miedo. Yo tengo miedo a que me castiguen o tengo miedo a perder un privilegio. Y es un… pues un paisaje muy pequeñito, es un margen de aprendizaje muy pequeñito. Yo a veces cuento, pues explico como con un ejemplo de un juguete. Imagínate que nos dan un coche pequeñito y nos dicen: “Mira, yo te voy a dar este coche y te voy a explicar cómo funciona”. “Si no haces esto que yo te digo, o no funciona o se va a estropear. Entonces, para que avance y no se desvíe, tienes que ponerlo encima de varios raíles, como si fuera un tren”.

14:10
Elena Couceiro. Sí.

14:10
María Soto. Pues castigos, premios, condicionamiento. Si lo pones aquí encima, no se va a desviar y va a avanzar, a trancas y barrancas, pero va a ir hacia adelante, que es lo que queremos. Claro, tú haces lo que te dicen y ese coche vas viendo que avanza. Pero llega un punto que dices: “Bueno, pero ¿a dónde vamos? ¿A dónde estamos yendo?”. Te dicen: “Mira, lo importante es que no se desvíe. Eso es lo importante”. Ahora imagínate que yo te doy un cochecito de juguete y te digo: “Mira, Elena, te voy a dar este coche, que yo no sé muy bien cómo funciona. ¿Vale? Vamos a ponerlo en un camino muy amplio, muy grande, que tiene dos barreras que no se pueden traspasar, dos límites que son súper importantes, que son el respeto por uno mismo y por los demás y la seguridad física y emocional”. Dentro de esos límites, el coche puede recorrer el camino como… como entienda el camino, como pueda. Se va a equivocar, se va a manchar, va a tropezar, va a tener que esquivar baches, va a conocer cosas nuevas… Pero el coche tiene muy claro dónde va. El coche ya va programado para llegar a un pueblo que está muy muy lejos que se llama “significancia y pertenencia”. El coche quiere llegar ahí. En otras palabras, el coche quiere aprender a convivir y tener un propósito en la vida. Entonces, va encaminado hacia ese pueblo, y ya te digo que por el camino le van a pasar muchas cosas. Pero ¿cómo crees que llega a ese pueblo al final de su camino? ¿Cómo llega ese cochecito de juguete pequeñito? ¿En qué se ha transformado?

15:40
Elena Couceiro. Claro.

15:41
María Soto. Pues probablemente en un Land Rover o en un coche de aventura. Ha crecido.

15:45
Elena Couceiro. Claro, ha crecido, efectivamente, sí.

15:46
María Soto. Esa es la idea. Tendrá muchos rascazos, estará asqueroso, tendrá el maletero lleno de palitos que he ido recogiendo por el camino, aprendizajes. Y la idea es entender el margen de crecimiento que nos estamos perdiendo por condicionar, por controlar, con el simple propósito de que la persona haga lo que nosotros queremos que haga. Entonces, esa es la diferencia un poco entre la educación que conocíamos hasta ahora y lo que propone la disciplina positiva. La disciplina positiva, además, nos da herramientas para hacerlo. No es solo una teoría, porque tú dices: “Bueno, me pasa esto, yo entiendo”.

16:18
Elena Couceiro. Claro. Pero cómo aplicarlo, ¿no?

16:18
María Soto. “Quiero respetar, no quiero condicionar, pero ¿cómo lo hago?”. Entonces, lo bueno que tiene es que tiene unos principios muy sencillos y que es, al mismo tiempo, lo que es la base teórica y lo que queremos trabajar. Entonces, si entendemos esto, que educar significa dar habilidades para la vida, más que condicionar o enseñar a obedecer, se abre, pues eso, un camino amplísimo para todos. Te puedo poner un ejemplo de alguna herramienta.

16:53
Elena Couceiro. Sí, por favor, sí.

16:54
María Soto. Que funciona bastante bien y además nos ayuda a entender a nuestros hijos. Por ejemplo, el tema de la comunicación es súper importante en la disciplina positiva. Nosotros estamos acostumbrados a decirles las cosas a nuestros hijos, más o menos amables, les decimos las cosas. Y generalmente utilizando imperativos. “Recoge esto, cariño”.

17:17
Elena Couceiro. Sí, sí. “Deja ya la tablet”, como decíamos antes. Sí.

17:18
María Soto. “Cierra la puerta, deja la tablet”. Entonces, ¿qué pasa? Que el cerebro humano, cuando recibe una orden, activa el mecanismo de resistencia. Entonces, de primeras, hay un muro entre nosotros. O sea, yo tengo que decidir ahora si te quiero hacer caso o no.

17:34
Elena Couceiro. Claro.

17:35
María Soto. Pero, de principio, esto no… no me encaja.

17:37
Elena Couceiro. Sí. “No me gusta que me manden”, ¿no?, digamos. Ya.

17:38
María Soto. En esta estructura… Sí, es que no estamos preparados para obedecer órdenes. Entonces, hay una solución, que es la que propone la disciplina positiva. ¿Cómo puedo yo hacer que mis hijos vayan aprendiendo las cosas y un poco indicarles? Pues es utilizar la capacidad innata del ser humano y de la curiosidad y el aprendizaje, que ya la traemos. Y es utilizando las preguntas. Cuando un cerebro humano recibe una pregunta, activa el mecanismo de búsqueda de respuesta. No lo puede evitar. O sea, yo no sé si tú has ido a hacer la compra con un niño de tres años, un niño de cuatro años, en plena fase de: “¿Y por qué? ¿Y por qué? ¿Y por qué?”.

18:17
Elena Couceiro. Sí.

18:17
María Soto. Que no para de preguntarte cosas, y tú estás intentando memorizar lo que tenías que comprar e intentando recordarlo. Tu cerebro no puede evitar una pregunta, va a intentar buscar la respuesta. Entonces, en vez de decirle a tus hijos “Coge el paraguas” o “Ponte el abrigo”, que es un imperativo, si tú les dices: “Oye, está lloviendo. ¿Qué necesitas para salir?”.

18:38
Elena Couceiro. Claro.

18:39
María Soto. Claro, su cerebro va a intentar buscar una respuesta. ¿Y qué sucede? Aquí suceden dos cosas muy importantes. Primero, estás tirando el muro de la resistencia. Acuérdate de lo que te dije, la pertenencia. Pertenecer, estar con el otro. El niño nota que le tienes en cuenta.

18:53
Elena Couceiro. Claro. “Soy importante”, ¿no? Sí, sí, sí.

18:53
María Soto. “Mi madre me está haciendo una pregunta. O sea, mi madre…”. Claro. Importa lo que yo digo, mi opinión o la solución que puedo poner a este problema. Y, por otro lado, estás ayudándoles a crear mente. Porque el aprendizaje no viene de… por repetición ni porque te metan ideas en la cabeza. Sino que tú generes el pensamiento.

19:14
Elena Couceiro. Claro.

19:15
María Soto. Entonces, será mucho más fácil que el niño aprenda a ponerse el abrigo o aprenda que necesita el abrigo si él mismo genera la idea. Entonces, no se trata de hacerle preguntas sin más, sino, la conclusión a la que quieres que lleguen, intenta sacarla a base de preguntas. A veces no es solo una pregunta. A veces son varias enlazadas, y a veces no te responde lo que necesitas que te responda.

19:36
Elena Couceiro. Lo que tú querías, ¿no? Claro, claro.

19:38
María Soto. Pero es una herramienta que hay que practicar y a la larga funciona. Es como un idioma nuevo. Hay muchas madres que me dicen: “Es que ¿cómo se hace? ¿Cómo… tal?”. Pues eso, intenta no decir siempre… Intenta proponer.

19:51
Elena Couceiro. No dictar, ¿no?

19:52
María Soto. Claro, no dictar, no un imperativo, porque claro, el niño… Aquí también hay que hablar un poco de la lógica privada de cada persona, porque tú estás interactuando con tu hijo y tú sabes que le estás intentando enseñar algo, y sabes desde dónde se lo dices, sabes para qué se lo dices, pero tu hijo es una persona diferente, con unas experiencias vitales diferentes e interpreta las situaciones desde otro lugar.

20:14
Elena Couceiro. De otra manera, claro, sí, sí, sí.

20:16
María Soto. Entonces, cuando tú le quieres enseñar, el niño puede estar captando que tú le quieres obligar. Entonces, es bastante importante entender el proceso de cómo interpretamos las situaciones. Nosotros percibimos los estímulos que nos llegan del ambiente. Todo lo percibimos, cuando somos niños, más.

20:35
Elena Couceiro. Claro.

20:35
María Soto. Porque, como tenemos que entender el mundo, nuestros mecanismos de percepción están como mucho más despiertos, alerta.

20:39
Elena Couceiro. Alerta, ¿no? Sí.

20:42
María Soto. Entonces, captamos todo. Tenemos que interpretarlo.

20:46
Elena Couceiro. Y tomar decisiones, claro.

Cómo establecer límites desde la disciplina positiva. María Soto
20:46
María Soto. Y tomar… Sí, crear una idea en tu cabeza, una creencia, y tomar una decisión respecto a esa creencia. Entonces, si yo estoy captando que tú me quieres enseñar, que tú me quieres guiar, que tú me estás cuidando, yo decido aprender de ti, yo decido escucharte y agradezco incluso que me enseñes. Si yo estoy captando que tú me quieres obligar, que lo único que importa para ti es estar sobre mí, encima de mi ser, autoridad… Yo no voy a querer aprender de ti. Esto es muy importante entenderlo porque nos facilita muchísimo el camino. Tú estás haciendo lo mismo de otra manera, lo que decíamos antes. Yo tengo una anécdota muy bonita con mi madre, que ella, aunque no lo sabe, es una persona muy adleriana. Sí, yo he sido la segunda de seis hermanos, y bueno, es muy importante el orden de hermanos, en qué orden naces en tu familia, para ver cómo interpretas la vida. Mi madre, cuando me quería enseñar algo que yo estaba haciendo mal, sabía que, si me intentaba corregir, yo me iba a sentir humilladísima. Iba a sacar todo mi orgullo, toda mi rabia y no me iba a dejar enseñar. Yo era muy retadora. Entonces, cuando yo fallaba en algo, en vez de decirme “No, esto no se hace así” o “Haz esto así” o “Está mal”, me decía: “María, ¿te puedo enseñar una cosa?”.

22:04
Elena Couceiro. Claro, y esto lo recibes de otra manera completamente diferente.

22:05
María Soto. Claro. Yo lo recuerdo ahora y yo siento… todavía puedo sentir esa curiosidad, de: “¿Qué? ¿Qué? ¿Qué me quieres enseñar?”. Era como que… Entonces, era como que aprovechaba esa capacidad innata de querer aprenderlo todo y de estar disponible, esa mirada de curiosidad, y me estaba corrigiendo. Estaba yo haciendo algo que no era correcto y ella me estaba corrigiendo así. Entonces, yo no captaba esa autoridad ni esa humillación. Porque hay veces que estamos, con toda la buena intención, enseñando algo a alguien, y esa persona con su lógica privada puede sentirse muy humillada, ¿no? Entonces… sí.

22:41
Elena Couceiro. Fíjate que me parece muy interesante lo que estás diciendo, pero es verdad que, en momentos, sobre todo, por ejemplo, cuando le dices mil veces pues: “Haz esto, haz esto”, y no hacen caso… O con preguntas también. O también hay momentos del día, por ejemplo, a las siete de la mañana, un lunes, que tienes que ir corriendo al colegio, o muy diferente, por ejemplo, de un viernes por la tarde, que ya estás más tranquila, que no tienes la misma paciencia, ¿no? Entonces, ¿qué podemos hacer en esos momentos como para gestionar esa paciencia?

23:08
María Soto. Yo creo que deberíamos de entender una cosa, Elena, que la paciencia no es una herramienta educativa. De hecho, la paciencia es la peor herramienta que podemos utilizar o de lo que podemos tirar para educar, porque la paciencia depende de factores que tú muchas veces no puedes controlar, factores fisiológicos. Lo acabas de decir. No tienes la misma paciencia un lunes a las seis de la mañana que un viernes a las ocho de la tarde. No puede ser esa la herramienta que utilices. Además, es que si entendemos un poco que cómo hemos vivido nosotros en nuestra infancia determina un poco nuestra reactividad, nuestra manera de…

23:47
Elena Couceiro. Claro. El piloto automático que tenemos.

23:48
María Soto. Sí. Sí. Y cómo funciona nuestro cerebro, el cerebro de nuestros hijos, pues podremos utilizar otras herramientas. ¿Qué expectativa tenemos? ¿Qué pretendemos? No intentar educar e intentar que algo funcione a la perfección a las siete de la mañana, el lunes, sin haberlo planificado… Entonces, nosotros, generalmente, en disciplina positiva, explicamos cómo funciona el cerebro y nos basamos en la teoría del cerebro de Daniel Siegel. Explicamos el cerebro en la palma de la mano, que es muy conocida allá. Y yo me detengo mucho, me paro mucho, en la parte más fisiológica. Vamos a dividir el cerebro como en tres partes. Como si estuviera aquí, en la palma de la mano.

24:28
Elena Couceiro. Vale.

24:28
María Soto. Entonces, tendríamos la parte… La parte de la muñeca sería como la parte del tallo cerebral, que es la parte que controla y que gestiona las funciones más vegetativas del cuerpo humano. O sea, lo que nosotros no podemos controlar y a veces ni notamos, lo que es totalmente involuntario. La respiración, los latidos, el metabolismo estaría aquí, el sustento vital. Después estaría la parte de las emociones, la parte como un poquito más animal del cerebro, que se encarga de nuestra supervivencia a ese nivel. Entonces, utilizamos nuestras emociones aquí más primarias, más básicas, y sin mucha gestión, enfocadas en eso, la supervivencia, defensa, tal. Aquí también están las neuronas espejo. Es muy importante entender las neuronas espejo porque es básicamente desde dónde aprenden nuestros hijos. Y después estaría la parte del cerebro racional, la que nos hace humanos, que es la corteza prefrontal, y muchas más estructuras, que lo que hacen es un poco racionalizar, poner pensamiento y sirven para el lenguaje, muchas otras cosas. Entonces, esto está pensado para trabajar integradas unas partes con las otras. Pero hay situaciones en las que todo esto como que se descoloca de alguna manera. Entonces, muchas veces, últimamente… Estábamos hablando de la inteligencia emocional. Qué pasa con las emociones, gestión emocional… Nosotros aprendimos solamente una herramienta, que es: aguanta, aguanta, aguanta…

25:54
Elena Couceiro. Claro. Paciencia, sí.

25:54
María Soto. Explota. La paciencia. Llega un momento… El cerebro, el cuerpo humano, en general, tiene muchos filtros, muchos mecanismos de limpieza. El cerebro tiene el suyo, cuando determinadas emociones se desbordan… Tienen que salir, tienen que salir, porque, si no, nos ponemos enfermos. Entonces, decimos, en disciplina positiva, que el cerebro racional se destapa y sale todo. Las emociones al final nos dominan.

26:18
Elena Couceiro. Explotas.

26:19
María Soto. Nos dominan a nosotros. Pero esto no significa solamente enfadarse mucho, también significa dejarse llevar por la euforia. Los niños, cuando se ponen excesivamente contentos… El pánico… Entonces, ¿qué pasa? ¿Qué tenemos que entender aquí? Varias cosas muy importantes. Primero, esto nos va a pasar, nos vamos a destapar. Es humano y es necesario para sobrevivir. Y más en una sociedad que muchas veces avanza sin tener en cuenta las necesidades humanas. Vivimos en un estrés constante, en una exigencia constante. Entonces, hay veces que no somos capaces de gestionar y sale. Entonces, si somos conscientes de que esto va a suceder, nos sentimos menos culpables si somos conscientes de que esto le pasa a todo el mundo. Nos sentimos menos raros y nos permitimos más veces atender a esto. Decir: “Vale, esto me va a pasar. Tengo que atender y tengo que gestionar esto. Vale”. Segunda idea súper importante. Desde aquí es mejor no hacer nada. Desde aquí es mejor no hacer nada. El conductismo, en la metodología que fuimos educadas nosotras… Nos decían que, en el momento en que sucede algo negativo, el niño hace algo malo, entre comillas, en ese momento hay que actuar de manera contingente, de manera inmediata. Y, precisamente, la psicología adleriana, la disciplina positiva, lo que nos dice es que, desde aquí, nuestra parte racional, si te fijas, no está funcionando.

27:33
Elena Couceiro. No. Claro, estamos destapados.

27:34
María Soto. Puedes estar echando la bronca más elocuente de tu vida a tus hijos, con la estructura mejor plantificada ahí en la bronca, pero no estás siendo racional. Estás dominada por el miedo o por el enfado, por lo que sea. Entonces, ¿qué están haciendo las neuronas espejo de tus hijos? No están escuchando lo que tú les estás diciendo. No están aprendiendo nada. Están desbordadas, también. Y están decidiendo también desde aquí. ¿Vale? Nuestros hijos están un poco en esta posición. Nosotros estamos aquí, parte racional, parte emocional, parte más fisiológica. Pero la parte racional de nuestros hijos todavía no está formada del todo. Porque es una estructura que va creciendo, se va desarrollando con las experiencias, precisamente las emocionales. Entonces, hay que atender mucho a las emociones que nosotros estamos viviendo en cada momento, desde dónde hacemos las cosas, porque es realmente lo que van a captar nuestros hijos. Nuestros hijos no nos escuchan.

28:32
Elena Couceiro. Nos ven todo el rato, ¿no? Sí.

28:32
María Soto. Nos leen. Nos leen, nos ven y nos sienten. Entonces, una de las cosas que yo aprendí, después de tantos años trabajando con familias con disciplina positiva, es que nadie hablaba de esta parte, nadie hablaba de esta parte. Y esta parte a mí me parece fundamental para lo que hablas de la paciencia. El cuerpo nos escucha todo el rato y nos habla todo el rato. Esta parte te dice cuando esta parte se está desbordando y va a apagar esta parte.

28:57
Elena Couceiro. Te avisa, ¿no?

28:58
María Soto. Te avisa. El corazón te empieza a latir más rápido, empiezas a sudar… Se te abre la nariz porque necesitas que entre más aire, o al revés. Como hemos entendido, mal entendido a veces, que esto es enfadarse, creemos que todo va por ahí, pero hay veces que llevamos años educando desde aquí, desde el miedo. “Elena, tengo que ir al fisio, que llevo diez años con una contractura aquí brutal”. Claro, estás así. Eso es que estás viviendo en miedo, entonces tus hijos están captando eso. Entonces, para mí, conocer esto es fundamental para escoger luego las herramientas que vayas a usar. Y precisamente la paciencia no es una de ellas, porque es aguantar. Nosotros tenemos que conocer, conocer lo que nos sucede, aceptarlo y tomar decisiones a partir de ello. ¿Yo qué quiero trabajar? ¿En dónde estoy siempre? ¿Me funciona, no me funciona? ¿Qué están captando mis hijos? ¿Cuánta energía estoy perdiendo por el camino? Y esto me parece bastante revelador. Y a las familias les ayuda mucho, sobre todo también para alejar el sentimiento de culpa.

30:00
Elena Couceiro. Claro, sí, sí, te quitas un montón de culpa, sí.

30:01
María Soto. “Ay, Dios mío, he gritado a mis hijos, he dicho una burrada”.

30:05
Elena Couceiro. “Soy una madre terrible”. Sí, sí, sí.

30:06
María Soto. “Soy una madre horrible”. Mira, eres una persona humana sometida a un estrés por encima de lo admisible. Y vamos a la segunda parte de todo esto. Y es que qué maravilloso que dejes de aguantar lo inaguantable, que te muestres humana… Que tus hijos te vean imperfecta y que, si tú cometes un error, lo admitas, te responsabilices… Yo respondo de mi error, respondo de mi humanidad y te pido perdón. Te pido perdón, quiero repararlo. “Mira, ayer mamá estaba súper cansada, súper nerviosa, y, en vez de descansar, mamá se puso a recoger la casa. Mira cómo salió todo, mamá tenía que haberse puesto a descansar. Lo siento muchísimo, porque al final me enfadé con vosotros y no teníais la culpa”. ¿Vale? Les estás enseñando muchísimas más cosas que aguantando lo inaguantable y pretendiendo ser alguien que no eres. Entonces, no hay que perder nuestra humanidad, aunque tengamos muchos recursos nuevos y muchas herramientas nuevas que nos facilitan también tener en cuenta eso, que ya tenemos dentro todo lo que necesitamos.

31:07
Elena Couceiro. O sea que, en vez, digamos, de paciencia, sustituiríamos la paciencia, que es una herramienta en la que hemos sido educados, pero que no funciona, por autocuidado, ¿no? Sería algo más o menos así.

31:16
María Soto. Autoconsciencia, consciencia y autocuidado fundamental, porque no podemos cuidar si no nos cuidamos. Es una irresponsabilidad pretender atender a alguien si tú no atiendes tus necesidades más básicas y es como una especie de moda. Incluso se ve en gente que tiene influencia. “Pues yo he decidido no dormir, estos años toca no dormir”, ¿no? O normalizar el que bebo siete litros de café para ser persona, y tal. No, no, es un mensaje que yo creo que no es positivo.

31:48
Elena Couceiro. Me gustaría que hablásemos también de por qué en la disciplina positiva no está bien visto, no se recomienda, utilizar premios y castigos, porque es algo que siempre… Vamos, cuando éramos pequeñas, seguro que a ti te han castigado… A mí me han premiado. Entonces ¿por qué? ¿Por qué ahora se ha visto o se cree que esto no es recomendable?

32:07
María Soto. Bueno, porque, afortunadamente, lo que hablábamos antes. Lo que perseguimos ahora ya no es tanto la obediencia, “Haz lo que yo te diga y cuando yo te lo digo”, sino que buscamos aportar a nuestros hijos habilidades para la vida. Entonces ¿qué sucede cuando lo que decide si está bien o está mal y lo que juzga la situación está fuera de ti mismo? Que tú no aprendes realmente responsabilidad, tú no… A ti también te habrán castigado alguna vez, ¿no?, supongo. A todos nos han castigado. ¿Qué genera? ¿Qué sentimientos genera en ti el castigo?

32:43
Elena Couceiro. Pues ganas de venganza, en parte. O sea, de… “Ahora, cuando no me veas, ya verás”, ¿no?

32:48
María Soto. Sí. Supongo que… No sé si alguien, en la historia de la humanidad, cuando era castigado de pequeño, en ese momento, el momento del castigo, no sé si ese alguien habrá sentido: “Sí, me lo merecía”.

32:59
Elena Couceiro. Sí. “Tienen razón, tienen razón”. No, me parece que no.

32:59
María Soto. “Tienen razón, me he pasado”. No. A lo mejor ahora lo piensas de adulto, que en ese castigo te lo estabas mereciendo, pero, en ese momento, en ese momento, no piensas que sea justo. Entonces, realmente, ¿qué hay? Una mala sensación, y desde ahí no vas a aprender. Desde ahí no vas a aprender nada, entonces, realmente, el castigo es pagar por, pagar por algo, pero no hay ningún aprendizaje detrás. Entonces, a mí me parece maravillosa la perspectiva de la disciplina positiva porque, además de no hacernos sentir fatal, “he cometido un error, me siento culpable y tengo que pagar por él”…

33:28
Elena Couceiro. Claro, que te sientas humillado, ¿no? Sí.

33:30
María Soto. Claro. Nos da algo que para mí es fundamental, que la herramienta alternativa es la búsqueda de soluciones, o sea, cualquier cosa que haya que reparar, repárala. O sea, quiero decir, pero desde la alegría y desde la responsabilidad, desde el “voy a aprender algo ahora mismo”. Entonces, cuando una persona falla en lo que sea, en un comportamiento, en algo que se ha roto, en un momento dado, dices: “No, es que… vamos, vamos a solucionarlo, vamos a…”. Entonces, le estás aportando a esa persona la sensación de capacidad: “Tú no te preocupes, que esto lo vamos a solucionar”.

34:04
Elena Couceiro. “Que esto lo solucionamos”. Sí.

34:06
María Soto. “Yo te voy a ayudar a solucionarlo y tú lo vas a solucionar”. Y tenemos por un lado eso, que es autoestima pura. O sea, tú mira la diferencia entre humillación, incapacidad, tal, y autoestima pura. Por otro lado, la responsabilidad. No pasa nada por sentirnos responsables de nuestros errores. Es maravilloso porque ¿qué es responsable para ti? ¿Qué es responsable? ¿Una persona responsable para la sociedad, qué significa? No es una persona que haga las cosas bien. Es una persona que se responsabiliza de lo que hace. Yo respondo de mis actos. Entonces, si tú no tienes miedo a responder de tus actos porque, cuando fallas, una persona te enseña la manera correcta de hacerlo, no te humilla y encima te ayuda a solucionarlo… Pues tú, el día de mañana, cuando cometas un error, dices: “Sí, sí, perdón”.

34:47
Elena Couceiro. “Que he sido yo”.

34:47
María Soto. “Fui yo”. No pasa nada, y no pasa nada. ¿Qué hacía el castigo? Lo que hacía el castigo era: tú pagas por esto, te sientes fatal y encima cumples esto que tienes que cumplir, este castigo. Por ejemplo: hoy no sales a la calle o no vas al cumpleaños de tu amiga. ¿Tú qué responsabilidad tienes ahí? Aguantar el castigo o aprender la manera en que no te pillen la próxima vez. Pero realmente no hay ningún valor ahí, ni un aprendizaje vital, ni social ni ninguna herramienta para tu vida futura. Entonces, afortunadamente, nos hemos dado cuenta de esto y reparamos mucho a nivel social. Es decir, ojalá no tuviéramos tanto miedo y perdiéramos tanta energía en ocultar nuestros errores. Y admitirlo es que… “Admitir un error”, suena como tan negativo, pesa tanto esa expresión. No, es maravilloso, es que es liberador. Y sobre todo, también, una cosa que para mí me parece muy importante. Y es que ¿qué va a pasar cuando tú no estés delante?

35:41
Elena Couceiro. Claro.

35:41
María Soto. O sea, si tus hijos están acostumbrados a que tú estés todo el rato mirando sus conductas, juzgando cuál está bien y cuál está mal, y decidiendo qué hacemos con esto que hiciste y qué hacemos con esto que no hiciste, cuando tú no estés delante, ¿qué decisiones van a tomar? Entonces, necesitamos que los niños tomen decisiones, se equivoquen y aprendan de sus errores, y que sus errores los cometan ahora, cuando son decisiones pequeñitas y errores pequeñitos. Yo quiero… Siempre lo digo, ¿no? Mis hijos, cuando van al parque, pues van al parque y son niños normales, que toman sus decisiones, unas más acertadas, otras menos. La gente se cree como que mis hijos tienen que ser perfectos o algo así, y digo: “No, no, es que yo quiero que se equivoquen ahora”. Ahora, porque ahora van a ver el error, van a ver la consecuencia de su error, van a ver el aprendizaje que hay detrás y lo van a solucionar, de manera que, cuando tengan 40 años, espero y quiero pensar que las decisiones las tomarán desde otro lugar. Desde la responsabilidad y la libertad. Es decir: “Voy a intentar hacerlo lo más adecuado posible y tengo herramientas para solucionarlo si me confundo o si me equivoco”. Y luego, por otro lado, los premios. Para mí… Para mí, personalmente, los premios son casi más perjudiciales que los castigos, porque estamos jugando con los refuerzos. Estamos jugando con el… con el umbral de placer. Y es muy peligroso para mí. Hay que reflexionar sobre eso, sobre los refuerzos positivos. Cuando una persona enfoca sus esfuerzos en conseguir algo a cambio, o sea, hacer algo a cambio de algo que te dan… Estás activando un mecanismo de aprendizaje que para mí es peligroso. Se ve ahora mismo en las redes sociales, se ve ahora mismo en la autoexigencia, es una vía casi adictiva. Estás buscando aprobación externa, que alguien te diga. Es el ejemplo que siempre ponemos en las formaciones, los dibujos. Imagínate que tu hija hace un dibujo, la primera vez que te hace un dibujo.

37:36
Elena Couceiro. Sí.

37:36
María Soto. A ti. Hace el dibujo y te lo enseña, te dice: “Mira, mamá”. Y tú dices: “¡Ay, qué bonito!”. En ese momento, ya hay un condicionante de: “A mí me gusta. Estoy reforzando esto”. El segundo dibujo que te hace es: “Mamá, ¿te gusta?”. Ya no te lo está enseñando, ya está intentando comprobar a ver si a ti te gusta.

37:56
Elena Couceiro. A ver si te agrada. Sí, sí.

37:57
María Soto. Claro. Entonces, cuando tenemos un niño o una niña que ha decidido intentar hacer las cosas de una manera correcta, o le gusta hacer las cosas bien o lo que sea, o quiere y recibe algo a cambio, a mí me resulta importante entender esto, que se va a desvirtuar un poco la energía y el propósito de lo que hace hacia el hacerlo bien, no equivocarme, ser perfecta y conseguir algo a cambio. Una aprobación, un guiño, un “like”, un “me gusta”, un tal. Todas teníamos una compañera en clase que sacaba un nueve con cinco en un examen y se ponía a llorar. No le llegaba al nueve con cinco. Necesitaba el diez. ¿Por qué? Porque quería ser buena, hacerlo bien, quería ser perfecta, mejor que los demás. Entonces, para mí no hay mejor premio que que un niño haga algo y que se sienta bien por hacerlo. Por eso en la disciplina positiva, la alternativa general… Hay una alternativa a los castigos, que es la búsqueda de soluciones, y una alternativa general a educar condicionando y reforzando o eliminando conductas, y es trabajar la motivación. Trabajar la motivación intrínseca. Y esto, cuando se entiende, sale solo, porque nos encantaría que a nosotros nos trataran así como adultos. Yo intento no hacer sentir mal a las madres y a los padres con esto, sino que les intento explicar que cuando una persona recibe la confianza de otra persona… Los niños no tienen todavía esa sensación de: “Pues quiero complacerle”. Nacen con el agradecimiento. O sea: “Te agradezco tanto que confíes en mí que voy a poner todo de mi parte”. Entonces, si nosotros ahí en vez de enfocarnos en que salga bien o salga mal, nos enfocamos en los esfuerzos y en los procesos, en el aprendizaje, en el avance, no en el resultado, el niño o la niña no va a dejar de crecer, no va a dejar de aprender. Es maravilloso, siempre hay aprendizaje. Entonces, es enfocarse ahí, en decir: “Yo no quiero que salga de esta manera o de esta manera, sorpréndeme. Yo confío en ti”. Entonces, la alternativa a la educación conductista, al condicionamiento, es decir: “Mira, pase lo que pase, yo siempre confío en ti. Yo sé que tú vas a intentar poner de tu parte y yo estoy aquí para lo que necesites”. Entonces, esa confianza saca todo su agradecimiento y todas sus ganas. Es decir: “Es que mi madre confía”. Y luego hay un error, comete un error, hace algo mal, entre comillas, y nosotros seguimos ahí. “Es que yo confío en ti. Y tenía que pasar esto para que aprendiéramos esto”. Entonces, no hay un “me siento mal por… Entonces, no quiero avanzar, o sea…”. A mí eso me reconcilió con muchas cosas y me ayuda incluso a automotivarme a mí misma también.

40:41
Elena Couceiro. Claro. Muchas familias te dirán: “Vale, pero, si no le castigo, si no le premio, o sea, ¿cómo ponemos límites? Vamos al supermercado con ellos y nos montan una rabieta… O alguna mala contestación de un adolescente. O sea, ¿cómo podemos hacer en esas situaciones pues establecer un límite?”. Porque hay que hacerlo, ¿no? Si no tenemos esa opción de los castigos y los premios.

41:07
María Soto. La disciplina positiva es una herramienta de prevención, básicamente. O sea, nosotros acuérdate que ya no educamos en el momento negativo. Entendemos que quizás no estamos siendo racionales. Estamos, con todo el derecho del mundo, invadidos por la emoción, porque es así como nos conectamos en ese momento con nuestros hijos. Nuestros hijos están alterados, nosotros también. Entonces, los límites y todo lo que signifique pues herramientas sociales o habilidades sociales que tengan que aprender nuestros hijos se las enseñamos en otro momento. ¿Y cuál es ese momento? Todos los momentos. Es una actitud. Esto, para mí, ya te digo, fue también muy revelador entender qué necesita una persona para aprender de otra. O sea, tú eres la madre de tus hijos, les cuidas, les atiendes, les quieres y les tienes que enseñar a vivir de alguna manera. Entonces, ¿cómo necesitan sentirse tus hijos respecto a ti para querer aprender de ti? O sea, necesitan confiar en ti… y sentir una confianza basada en la seguridad y en la capacidad. O sea, que con todo lo que les enseñemos, les estamos haciendo sentirse seguros y sentirse capaces. Entonces, partiendo de ahí, les tenemos que enseñar límites a nuestros hijos. Vale. Yo tengo que ser una persona de la que quieran aprender. Entonces, ¿cómo actúo desde la seguridad y desde la capacidad? Pues aquí me gusta poner… Pues es mi ejemplo favorito. Imagínate que de repente te apetece escalar una montaña. Bueno, me vuelvo loquísima, me voy al Himalaya y quiero explorar y quiero, pues eso, subir la montaña. Entonces, obviamente, pues tendrás que contratar los servicios de un “sherpa”, de un guía de la montaña.

42:44
Elena Couceiro. Claro. Sí.

42:46
María Soto. Pues tú imagínate que vas con el “sherpa” subiendo la montaña y, a medida que subes, esta persona empieza a temblar y a mostrarse muy nerviosa. Y empieza como a dudar todo el rato, a mirar por el precipicio, a parar, a respirar muy fuerte y a mostrarse realmente inseguro. ¿Tú querrías subir la montaña con ese guía? No. Claro. Pues muchas veces, sin quererlo, como ni nosotras mismas tenemos claro los límites, les estamos transmitiendo esa inseguridad a nuestros hijos. Entonces, muchas veces, los límites no encajan porque no se sienten seguros. Entonces, no es que se sientan inseguros, es que yo no puedo aprender de esa persona porque esa persona no sabe lo que me quiere transmitir. Todavía no lo tiene claro. Entonces, una de las herramientas de la disciplina positiva, que habla de límites y explica los límites, es la amabilidad y la firmeza. Todos sabemos ser amables al mismo… O sea, todos sabemos ser amables con nuestros hijos. Y creemos que sabemos lo que significa ser firmes. Y digo que creemos que sabemos lo que significa porque a veces se asocia con enfadarse o ponerse vehemente o sacar el dedo, como… Realmente, la firmeza significa mantenerse seguro en lo que hemos planificado. O sea, estos son los límites de mi familia. Estos son los límites de la tuya. O sea, cada familia tiene que planificar sus límites.

44:08
Elena Couceiro. Tiene sus cosas. Claro.

44:11
María Soto. Y la firmeza significa que tú te mantienes en los límites cuando nadie más quiere mantenerse. Y te mantienes desde la amabilidad, o sea, desde el respeto. Imagínate pues una situación que hemos pasado todas y todos. Y es que llevas a tus hijos al parque… Les has explicado y saben de sobra la hora a la que hay que marcharse, pero, llegado el momento de irse, no se quieren marchar. Entonces, tú estás muy amable y les recuerdas: “Chicos, que son las siete, que nos tenemos que marchar”. Entonces, bueno, pues como tú estás muy amable, no tienes mucha prisa, flexibilizas y les dejas cinco minutos más, ¿vale? Pero ya llega un momento en el que ya tienes prisa, ya te tienes que marchar, ¿no?

44:47
Elena Couceiro. Que ya no puedes estirar más, claro. Sí, sí.

44:48
María Soto. Entonces, en ese momento, no se quieren marchar. Entonces, tú los coges, los llevas, hay pelea, hay follón, “No quiero”, protestan, te gritan, hasta te pegan o se ponen pues muy enfadados, con mucha ira, que no quieren y pues esa rabieta, ¿no?, que no puede ser. Entonces, claro, en ese momento, nosotros lo que hacemos es como contagiarnos de esa emoción. Contagiarnos de esa intensidad. O permitimos, para que no suceda, “Bueno, bueno, vale”, pues… Acabas cediendo, dejándote llevar por la permisividad, o acabas faltando al respeto a tus hijos. Entonces, yo aquí tengo un truco que cuento, que a mí me funciona siempre, y es que todas y todos hemos pasado por lo que significa un bebé llorando, a las dos de la mañana, a todo lo que da, porque necesita algo, ¿no? Un bebé de un mes, por ejemplo, un lactante. Todos hemos pasado por esa situación en la que estás durmiendo, durmiendo tan plácidamente, y te despierta ese llanto. ¿Y qué te mueve? Pues te mueve ir a atender a tu hijo o tu hija. Porque tiene una necesidad. Hay un momento… Hay un punto en el crecimiento de nuestros hijos que dejamos de ver la necesidad y empezamos a ver un fastidio. Nos lo tomamos… Sí, “el pollo que me has montado”.

46:02
Elena Couceiro. Sí, sí, sí.

46:02
María Soto. “No me hables así”. Todos nos lo tomamos desde nuestro ego y a lo personal. Ya no estamos viendo la necesidad. El niño no va a saber decirte: “Mamá, yo para mi psicomotricidad gruesa necesito diez minutos más… o tirarme veinte veces más por el tobogán”. No te va a saber decir eso. Va a protestar. Entonces, si tú eres capaz de ver o escuchar o sentir ese llanto de lactante, aunque tenga 15 y lo que te está protestando es que no quiere volver del cine a una hora determinada, si tú puedes ver esa necesidad detrás, ya no te enfadas tanto, ya no te dejas llevar tanto por esa agitación o no te contagias, y afrontas la situación pudiendo ser firme y amable. “Vale, cariño, ya sé que no te quieres marchar, yo te voy a coger en brazos y te voy a llevar”. “No quiero, no quiero”. Pero tú te mantienes amable y tú te mantienes firme. Si te tienes que ir, te vas. El límite lo mantienes. Él tiene derecho a enfadarse. Porque eso es lo que no entendíamos. Nosotros pretendemos que salga del parque…

46:56
Elena Couceiro. Y salga feliz.

46:56
María Soto. …a la hora y feliz, con una sonrisa en la cara. “Gracias por educarme tan bien, mamá”. No existe. Entonces, nosotros tenemos que validar esa emoción, permitirla y mantenernos firmes. ¿Para qué? Para que nos sientan seguras. “Mi madre, cuando propone algo, dice algo, lo hace y lo mantiene y está tranquila cuando lo hace”. “Y cuando yo estoy muy nerviosa, mi madre está muy tranquila”. Y ¿qué pasa? ¿Qué sucede con esto? ¿Qué sucede con la amabilidad y la firmeza? ¿Qué sucede con los límites? Que cuando tú te mantienes, haces esto, cuatro tardes de parque, a la vez número cinco ya no tienes que coger al niño. Ya viene detrás, viene protestando, viene enfadado, pero viene detrás. Ya ha entendido… Ha entendido el… “Es por tu bien”. Lo que nos decían a nosotras cuando había que comer judías, pues ya te lo empiezas a creer. Nosotras no nos lo creíamos. “Es que mi madre sabe lo que hace, mi madre me cuida”. No “mi madre me manda”. Y cuando ya van diez, quince veces, ya está más tranquilo. “¿Y a dónde vamos ahora, mamá?”. Porque ha entendido el límite, lo ha entendido, le has respetado. No le has faltado al respeto mientras marcabas el límite y ha entendido el para qué. Porque los niños, si entienden el sentido de las cosas, lo aceptan mucho mejor. Entonces, es muy importante no ver constantemente malos comportamientos en todas las situaciones, porque yo creo que no somos conscientes todavía de lo que significa un mal comportamiento.

48:18
Elena Couceiro. ¿Y qué es un mal comportamiento, entonces, desde el punto de vista de la disciplina positiva?

48:22
María Soto. Pues, realmente, la disciplina positiva defiende que no existen los malos comportamientos. No hay malos comportamientos. Hay malas decisiones. O momentos de necesidad fisiológica que nos desbordan. Porque, realmente, ¿por qué se portan mal los niños, entre comillas? Pues porque les pasa algo a ese nivel. “Estoy cansado, tengo hambre, pues tengo demasiado calor. Y ¿no te has dado cuenta, mamá? Y voy en el coche aquí con el abrigo puesto y me enfado”. O sea, algo fisiológico, de crecimiento. Hay etapas, también, la etapa de rabietas, por ejemplo, etcétera. Y luego también porque los niños están… Lo que decíamos al principio, aprendiendo a pertenecer. Entonces, ¿qué necesitas sentir para notar que los demás te tienen en cuenta, que realmente perteneces a este lugar, a esta familia o a esta clase? Tú necesitas… Todos los seres humanos necesitamos sentir solamente dos cosas. Si es que realmente es mucho más fácil de lo que estábamos pretendiendo con el conductismo. El conductismo juzgaba y atendía y controlaba cada conducta. De locos, de locos. Pero, realmente, gracias a Rudolph Dreikurs, que siempre me cuesta pronunciar su nombre… que fue un discípulo de Adler, sabemos que realmente lo que necesitamos son solo dos cosas para sentir que nos tienen en cuenta, y es atención y libertad o poder. O sea, si tú sientes que las personas que te guían, que te cuidan, te atienden y te dejan un margen de decisión, tienes una pequeña libertad, puedes decidir cosas en tu vida, pues tú sientes que te tienen en cuenta. Entonces, desde ahí, las decisiones que tomas no son para buscar pertenencia, son para estar, directamente. Cuando un niño está demasiado preocupado en encontrar su lugar porque siente que no tiene atención o siente que no tiene libertad, se está perdiendo el resto de cosas, el resto de aprendizajes, se está perdiendo el mundo. Entonces, por eso es tan importante, sabiendo esto, aportar a las madres y a los padres esas herramientas para poder educar desde la pertenencia, para poder decir: “Vale, ¿cómo yo puedo hacer para que mi hijo note que le atiendo y note que le doy cierta capacidad de libertad y poder?”. ¿Qué pasa? Porque aquí entra otra vez la lógica privada. Muchas veces, tú atiendes incluso de más a tus hijos. Lo que hay que hacer cuando tu hijo siente que necesita atención no es darle más atención, sino convencerle de que ya le estás atendiendo y hacerle participar de manera útil. Esto es mucho más profundo. Es un aprendizaje, es una metodología práctica, y tiene unas herramientas que se pueden aprender. Pero si nosotros entendemos dos cosas, que buscamos todos atención y libertad, y el siguiente paso es: si no lo consigo, ¿qué pasa? Si no consigo sentir que pertenezco, me voy a vengar o me voy a rendir. ¿La venganza qué significa? Esto es… muy importante entenderlo. Cuando una persona se siente dolida, si no tiene herramientas ni habilidades sociales para decir: “Elena, me siento dolida”. “Esto que me has hecho me ha entristecido y me ha dolido”, yo lo que voy a hacer es proyectar y salpicar mi dolor a mis figuras de apego. Es por eso la frase que vemos muchas veces en muchas madres, de: “Es que mi hijo con quien peor se porta es conmigo”.

51:33
Elena Couceiro. Claro.

51:34
María Soto. Porque tu hijo te transmite a ti su dolor, pero te lo transmite de una manera muy rudimentaria. Todavía no tiene herramientas. Entonces, cuando tú notas que tu hijo daña a alguien, es que tu hijo siente dolor, pero no lo sabe transmitir. Una persona que es feliz, una persona que está bien, que está estable, no hace daño conscientemente a los demás. Es muy importante entender esto. Y por otro lado, también, cuando una persona ya se rinde. Una persona intenta conseguir atención, intenta conseguir libertad, no lo consigue y se venga porque le duele y transmite su dolor. Y encima, tampoco lo consigue, entonces se va a rendir. “Vale, yo no pertenezco a este lugar. Yo no quiero ni siquiera ya pertenecer aquí”. “No soy capaz de pertenecer. Y lo he hecho, lo he intentado todo y no me sale”. Entonces, estas cuatro necesidades son la base de todos los malos comportamientos y todas las malas decisiones. ¿De cuántas maneras un niño puede llamar la atención? Infinitas. ¿De cuántas maneras un niño te puede retar? Decir: “No, no, no”, llevarte la contraria, tal, porque quiere imponerse él, porque ha malinterpretado que lo más importante era el poder. Estos suelen ser niños que tienen gente muy autoritaria a su alrededor. ¿De cuántas maneras una persona se puede vengar? Infinitas. ¿Y de cuántas maneras una persona se puede bloquear o rendir? Infinitas. Entonces, son solamente cuatro cosas que, si tú las entiendes, si aprendes a leer más allá de la conducta, vas a entender las necesidades de tus hijos y vas a poder actuar no solo en el hecho en sí, en el momento, en el portazo o en el grito, en el bofetón, vas a trabajar de manera preventiva en sus creencias. “¿Por qué crees que la mejor decisión que puedes tomar ahora mismo es pegarle a tu hermana? ¿Qué te hace pensar eso? ¿De dónde viene esa motivación?”. Entonces, la disciplina positiva nos enseña a, de una misma situación, ver qué necesidad hay detrás. Y esto es maravilloso porque nos enseña el lenguaje infantil. El lenguaje infantil es el lenguaje de las emociones. Los niños nos hacen sentir lo que necesitan que nosotros sintamos para entenderles. Por ejemplo. ¿Qué te puede estar pidiendo un niño que te hace sentirte asfixiada, absorbida, que no puedes hablar, que te interrumpe todo el rato, que todo el rato: “Mamá, mamá, mamá”? ¿Qué te está pidiendo?

53:46
Elena Couceiro. Atención. Atención todo el rato.

Cómo establecer límites desde la disciplina positiva. María Soto
53:47
María Soto. Atención. ¿De cuántas maneras puede hacer eso? Infinitas. ¿Qué te está pidiendo un niño que te lleva la contraria sistemáticamente, que, aunque tú le ofrezcas el helado favorito, porque se lo ofreces tú, te dice que no? Que ese no. ¿Qué te puede estar diciendo ese niño que a todo lo que tú le propones le parece mal y quiere imponerse? ¿Qué te está pidiendo? Quiere poder decidir. Quiere poder tener un poco de libertad. ¿Qué te está diciendo una persona que te daña? Que siente dolor. Y ésta es muy importante para mí últimamente. ¿Qué te está pidiendo o qué necesidad está teniendo una persona que te hace sentirte bloqueada como madre, incapaz, inútil? “Tengo que llamar a un especialista”. Tenemos que ir al psicólogo con el niño”. ¿Qué te está haciendo sentir el niño? Que él está bloqueado. Esos son niños que suelen tener un entorno muy exigente. Y son niños que se refugian. “Yo no sé, yo no sé, yo no puedo, yo no puedo, yo no puedo”. Porque ya se han rendido. Todo es demasiado para ellos. Entonces, entendiendo esta estructura, que se llama “las metas equivocadas”, de Dreikurs, todo se hace muchísimo más sencillo y muchísimo más real y conocemos a nuestros hijos. Y entendemos mucho que también en el comportamiento humano, a nivel adulto, seguimos ahí. Todos necesitamos atención y libertad, todos. ¿Qué pasa? Que muchas personas han aprendido habilidades sociales para conseguir atención de manera socialmente aceptable o a buscar su libertad de manera socialmente aceptable. Pero tú también conoces adultos que buscan la atención de una manera muy inadecuada.

55:21
Elena Couceiro. Sí.

55:22
María Soto. Que buscan libertad de una manera muy inadecuada. Que se vengan. Y que se rinden. Y a mí, una de las que me preocupa un poco a nivel social, y creo que el mundo cambiaría, es si entendiéramos la de la venganza, el dolor, si lo entendiéramos. Realmente, hay muchos ejemplos en la literatura y en el cine, sobre todo en el cine este que viene de los cómics, la literatura, los cómics. El villano, la figura del villano, suele ser una persona con muchas buenas intenciones, con mucha capacidad, con mucho poder, a la que se le ha hecho mucho daño. Y la sensación que tienes: “Y ahora vais a ver lo que se siente”. “Y ahora me voy a vengar”. Entonces, yo muchas veces en las formaciones pongo el ejemplo de una persona que se está ahogando. Una persona, cuando se está ahogando, no pide auxilio de una manera tranquila y adecuada. No, no, o sea, su vida corre peligro. Y si tú eres un socorrista y te acercas a salvar a esa persona, y cuando estás a punto de salvarla, le dices: “Mira, no te tenías que haber metido en marea viva y sabías que no hacías pie y sabías que…”. No, no. O sea, el socorrista va y lo salva, y si de un manotazo le rompe la nariz al socorrista, el socorrista lo saca igual. Y ya fuera del agua, ya veremos lo que aprendemos. Pero cuando un niño está haciendo daño, cuando un niño está ofendiéndote, cuando un niño… lo que hay que hacer es sacarle del agua y decirle: “Yo te quiero igual, cariño, hagas lo que hagas, digas lo que digas”. Esto se ve en el “bullying”, en el concepto que tenemos de “bullying”, de “niño malo”, “niño bueno”. Si fuera “niño dolido”, “niño que no sabe poner límites”, sería muy diferente. Y esto es muy profundo, muy profundo, y ya te digo que las herramientas que nos da la disciplina positiva, de una manera muy reveladora y muy sencilla, nos coloca, nos coloca la necesidad humana y nos hace y nos ayuda a educar a nuestros hijos mucho más allá de un momento puntual o de una conducta puntual.

57:08
Elena Couceiro. Y ya por último, para cerrar, María, hemos estado hablando, al principio hemos hablado, si te acuerdas, de esos miedos que tenemos, en cuanto sabemos que vamos a tener hijos, de ser buen padre, ser buena madre. “¿Me equivocaré, lo estaré haciendo bien?”. Y, precisamente, me gustaría cerrar conjurando esos errores que vamos a cometer, porque, como hemos dicho, pues no somos perfectos y todos cometeremos errores educando. Me gustaría que nos contases cuáles crees que son los más frecuentes. Por ejemplo, en tus asesorías o de los que hablas en tu libro. Y también cómo podemos enfocarlos para aprender y para no machacarnos con que: “Ay, nos hemos equivocado”. Y que sean como para los niños también, que me parece súper importante esta imagen de los errores como oportunidades para aprender.

57:55
María Soto. Yo a veces, en las asesorías, les pregunto a los padres: “Dime qué fortalezas o qué habilidades quieres que tengan tus hijos en el futuro”. Y empiezan a decir: “Pues yo quiero que sea honesto, yo quiero que sea cariñoso, yo quiero que…”. Bueno, una serie de cosas, y muchas veces se miran y dicen: “Pero si ya lo es”, o sea… Si ya lo es. ¿Qué pasa? Que esas conductas o esas faltas de habilidades que son la parte como negativa, nos desenfocan de todo eso. Tu hijo ya es la persona que va a ser, y ahora dale las herramientas para crecer en estas habilidades. Entonces, yo creo que los errores más frecuentes que cometemos, que no nos damos cuenta que podemos transformar… Ahora mismo yo creo que el que domina más en la sociedad es la sobreprotección porque incide muchísimo en lo que es el sentimiento de capacidad. Eso es: “Yo solito, yo solito”. Y toda la vida entera gira en torno a que nada les toque, que nada les haga daño, que nada les roce, que los parques de goma… Y, al final, crecer duele un poco a veces. Yo explico el ejemplo de los dientes de leche o de cuando te crecen las piernas, los huesos, te duelen las rodillas. A veces es un dolor de vida necesario. Parir. Y yo me estoy encontrando con muchas familias que, precisamente por querer, desde el amor… Por querer ahorrar posibles dolores o esfuerzos a sus hijos, les están anulando totalmente, y la vida de ahí fuera no te va a enseñar con amor y cariño, no te va a atender, no te va… No, no, la vida ahí fuera a veces es maravillosa, pero es muy intensa y a veces muy difícil. Y cuanto antes entiendan que va a haber cosas complicadas, pues más herramientas les vas a dar para enfrentarse a ellas. Entonces, yo creo que deberíamos revisar un poco lo que es criar, cuidar, cuando son pequeñitos, cuando dependen, cuando sí realmente… Y cuándo hay que soltar. Y otro error que yo creo que cometemos a veces es lo de la mirada de juicio y poner etiquetas a todo. Una etiqueta pesa para toda la vida. ¿Cuántas veces hace falta poner una etiqueta para que pese para toda la vida? Una vez.

1:00:03

Una vez. Y ahí hay personas que, ya te digo, siempre, todo lo que hacemos las madres y los padres lo hacemos desde el amor. Y con toda la mejor de las intenciones. Pero ese apodo que le pones, esa coletilla, ese… ¿es necesario? O esta situación, cómo la titulas. Porque después también es el tema de las creencias. También estamos condicionando. “Esto es así, esto no es así, esto…”. Una de las cocreadoras de la disciplina positiva, Jane Nelsen, es una persona que, si la conoces y la oyes hablar y tal, es una persona que intenta no condicionar en absolutamente nada, y de este tipo de personas que cuando habla no da una opinión personal. Sino que deja espacio para que todo el mundo llegue a esa opinión. Yo creo que también es una cosa que podríamos evitar a la hora de educar, juzgarlo todo, ponerle a todo una etiqueta, incluso a las personas. Y un poco más pues eso, preguntar y ver… Y otra cosa también que estoy pensando ahora es el tema que lo hablamos al principio, el tema de las expectativas. Revisarlas, y sobre nosotros mismos y sobre nuestros hijos. O sea, no esperar absolutamente nada y agradecerlo todo. Eso te coloca en una posición de curiosidad y que todo lo que venga lo vas a utilizar para algo, y eso se lo enseñas a los niños. Tú no tienes control en prácticamente nada en tu vida, y hasta hace poco pensábamos que teníamos el control de nuestras vidas.

1:01:35
Elena Couceiro. Sí. Es verdad.

1:01:36
María Soto. Entonces, tenemos que aprender un poco a, pues eso, confianza cien y expectativas cero. Y luego hay muchas cosas que a lo mejor no estábamos haciendo, no tanto los errores que cometíamos, sino cosas que no estábamos aprovechando, que podemos aprovechar y que nos pueden facilitar la convivencia familiar en las rutinas, en los aprendizajes. Yo insisto muchísimo en la belleza. Insisto muchísimo en la belleza. Para mí, la pertenencia es una necesidad en nuestro plano humano. Y la belleza es como alimento para el alma. La belleza no se puede definir. No puedes, no puedes… No puedes decir… Es tan subjetiva… Pero todos sabemos, todos podemos reconocer la sensación que nos causa algo bello, la belleza, algo bonito. Que a lo mejor para ti eso es bonito, para mí no, pero todos tenemos la misma sensación. Para mí esto se enlaza mucho con el tema del sentido común. Nosotros todos tenemos… queremos que nuestros hijos sean personas con sentido común. Pero realmente poca gente sabe definir lo que es el sentido común. Y es muy fácil cuando nos paramos a entender cómo hablamos, las palabras que utilizamos. El lenguaje es muy importante, y revisar. Al final, el sentido común no es más que el sentido de comunidad. Y si tú enseñas a tus hijos a pertenecer de manera adecuada, respetando a los demás, respetándose a sí mismo y respetando las situaciones, tus hijos van a tomar las decisiones con sentido de comunidad. Yo esto que decido no quiero que me dañe a mí, no quiero que dañe a los otros y quiero que aporte a esta situación. Pertenece significancia. Es todo sentido común. Y si encima no pretendes hacerlo bien, sino que quieres que sea bonito, ya no tienes esa presión de: “Tiene que ser de una manera determinada, según este patrón o esta norma o esta regla”.

1:03:30
Elena Couceiro. Claro.

1:03:31
María Soto. Bonito para mí es esto, y cuando yo quiero hacerlo bonito, pongo todo de mi parte. Entonces, por eso mi proyecto, por eso mi manera de entender la educación y por eso es: educa bonito. Para mí, es una redundancia. Todo… Educar es lo más bonito que nos va a pasar. Y si tú no pretendes que te salga bien, si pretendes disfrutar… Esa es la clave. Pues saldrá bonito porque será único. Si tú decides que vas a disfrutar de la educación de tus hijos y tú decides que hoy va a ser un buen día, es mucho más fácil. Tus energías, lo que decíamos, van a estar enfocadas pues a construir ese buen día, a construir ese disfrute, a que tu mente esté orientada.

1:04:15
Elena Couceiro. Pues ha sido un placer hablar contigo, María.

1:04:18
María Soto. Igualmente, Elena.

1:04:18
Elena Couceiro. Y pasar este rato aquí contigo.

1:04:20
María Soto. Gracias, Elena.

1:04:20
Elena Couceiro. Gracias a ti.