Cómo enseñar a tus hijos a comer sano

Carlos Casabona

· Pediatra

El pediatra y divulgador Carlos Casabona se ha convertido en un referente en nutrición y prevención de la obesidad infantil. En su libro ‘Tú eliges lo que comes’ y en sus conferencias sobre pedagogía nutricional, Casabona aporta claves para una alimentación saludable. El pediatra explica que solo se puede luchar contra las elevadas tasas de obesidad infantil a través de la educación. El experto señala el papel fundamental que tienen las familias para revertir esta situación ofreciéndoles pautas para ayudarles a escoger alimentos saludables y anima a las escuelas a poner en marcha programas de educación nutricional que ya han funcionado en otros países. “En Japón existen leyes que incluyen a los dietistas-nutricionistas en los colegios, para diseñar los menús escolares y enseñar nutrición a los niños… pero sobre todo a los padres, que son la clave. Solo se puede enseñar a comer de forma saludable desde el ejemplo”, concluye Casabona.


Creando oportunidades

Carlos Casabona

El pediatra y divulgador Carlos Casabona se ha convertido en un referente en nutrición y prevención de la obesidad infantil. En su libro ‘Tú eliges lo que comes’ y en sus conferencias sobre pedagogía nutricional, Casabona aporta claves para una alimentación saludable. El pediatra explica que solo se puede luchar contra las elevadas tasas de obesidad infantil a través de la educación. El experto señala el papel fundamental que tienen las familias para revertir esta situación ofreciéndoles pautas para ayudarles a escoger alimentos saludables y anima a las escuelas a poner en marcha programas de educación nutricional que ya han funcionado en otros países. “En Japón existen leyes que incluyen a los dietistas-nutricionistas en los colegios, para diseñar los menús escolares y enseñar nutrición a los niños… pero sobre todo a los padres, que son la clave. Solo se puede enseñar a comer de forma saludable desde el ejemplo”, concluye Casabona.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:08
Carlos Casabona. Soy Carlos Casabona, pediatra y padre de dos hijos y escritor del libro ‘Tú eliges lo que comes’. Apasionado por la educación nutricional en la infancia y en las familias.

00:26
Gema. Hola, Carlos. Soy Gema y tengo dos niños de dos y cuatro años. Y, bueno, me gustaría preguntarte como madre, cuáles son los errores más comunes que cometemos en la alimentación de los niños.

Carlos Casabona. Bueno, errores en la alimentación hay varios pero muchas veces no son inducidos por la misma familia, sino que es por falta de información o una información errónea. Es lo que nosotros llamamos, a veces, «errores inducidos». ¿Por qué? Porque los envases, muchas veces, cuando compramos productos que están en el supermercado, llevan etiquetas. Y, a veces, el etiquetado y, sobre todo, las frases que ponen llamativas: «Tiene vitaminas, esto te ayudará a crecer», a veces no están en productos que son realmente sanos. Por lo tanto, yo siempre exonero a las madres, es decir, porque vosotras, con cariño y con mucho amor, lo que queréis es que vuestros hijos se alimenten de una manera perfecta. Yo diría, incluso, que durante los dos primeros años de vida es casi un poquito obsesiva, y esto no es malo que sea así, pero los pediatras lo detectamos. Lo que hay que mirar es, sobre todo, a partir de los cuatro o cinco años, en los que va a empezar una alimentación más social. El niño empieza a ir al colegio, ve lo que llevan los otros niños para almorzar o para merendar, y ahí se van produciendo, un poco… se baja la guardia, podemos decir, y empiezan con los bollos, con los zumos, etcétera, etcétera. Pero ya te digo que los errores más frecuentes, muchas veces, vienen inducidos por un publicidad agresiva y, a veces, en el límite de la legalidad. Otros errores que sí que cometemos, que ya no tenemos a la publicidad detrás, es por un exceso de indulgencia. Es decir, que pensamos que nuestros hijos no van a ser felices si no les doy esta tarde este croissant con las puntitas de chocolate que me está pidiendo cuando voy a comprar al súper. Digo: «Entonces, ¿qué hago?», digo: «Bueno, a veces, igual los tienes que dejar jugando en un patio o en casa con un familiar, o jugando con los columpios e ir a comprar tú sola», esto, a veces, va a ser lo más fácil para evitar que tengamos esa demanda que puede provocar luego la compra de un producto, no venenoso, porque ahora se están cargando mucho las tintas en esto, pero que no sea para el día a día.

03:03
Gema. Y, bueno, ¿cuáles serían, entonces, las consecuencias de una mala alimentación?

Cómo enseñar a tus hijos a comer sano Carlos Casabona
Carlos Casabona. Pues, fíjate que llevamos veinte años, aproximadamente, año arriba, año abajo, con bastantes errores, tanto inducidos, como, podemos decir, producto de un entorno obesogénico, de un entorno de hiperfagia, que sería de comer más de lo que necesitamos y, sobre todo, de comer mal. Entonces, ya se han producido estos errores, estas consecuencias las tenemos los pediatras, y los médicos generalistas y los médicos de familia ya están viendo adolescentes de dieciséis, dieciocho años, jóvenes de veinticinco, porque como hemos dicho que llevamos unos veinte años algo descontrolados con la alimentación, ya hay obesidad y sobrepeso en jóvenes que tienen problemas de tensión arterial, problemas de azúcares, diabetes tipo dos, problemas, a veces, osteoarticulares, y se están dando, incluso, más problemas cardiovasculares en personas de treinta a cuarenta años que en otras épocas. Es decir, ya estamos teniendo consecuencias. Pero, es que lo verdaderamente importante y triste es que, tanto la Organización Mundial de la Salud, como muchos expertos, ya nos están diciendo que podemos estar enfrente de la primera generación de niños que vivan menos que nosotros. Gema, esto es, verdaderamente, muy grave. Y esto, en Estados Unidos, lo han empezado a comprobar porque ellos empezaron hace treinta o cuarenta años con este problema. Es decir, que están comprobando que la esperanza de vida ha bajado. Entonces, tener hijos… Que, siempre, en la historia de la humanidad, hemos comprobado que siempre vamos viviendo más y más. La esperanza de vida ahora estaría sobre ochenta y algo en mujeres en España, y unos tres o cuatro años menos en hombres. Es decir, siempre hemos ido avanzando. A principios de siglo era muy inferior. Entonces, debido a problemas, no solo de la alimentación, pero bastante cargados en ella estamos asistiendo a una generación de niños que, quizá, sino lo arreglamos, pero para eso estamos muchos, no solo los pediatras, sino los dietistas-nutricionistas, los profesores… porque todos remamos en la misma dirección, educar en el autoaprendizaje para saber tener elementos de criterio y poder escoger los alimentos saludables. Es bueno que los niños vayan con los padres y con las madres a comprar, mejor sería al mercado que no al supermercado, pero tampoco podemos vivir en un mundo idílico, sino que es muy útil… La industria alimentaria no es tan mala, ella lo que quiere es vender, pero quiere que sus clientes no se mueran. Por lo tanto, también hay que saber que nos va a facilitar la vida mediante, por ejemplo, ahora mismo, lechugas de estas que vienen varias en los envases, y nos puede ayudar, y se pueden elegir elementos saludables en un supermercado, también. Por esto que hay gente: «No, sólo hay que comprar en mercado», bueno, es bueno, pero como muchas veces, habrá que afrontar las dos cosas. Fíjate, Gema, que por ejemplo, hay un estudio de hace un año o dos nada más de tres mujeres, dos son de la Universidad de Houston, hay una de Australia, que han llegado a determinar que, simplemente, comiendo en familia tres veces por semana de una manera organizada, es decir, no lo que pasa en muchos hogares actualmente, que viene uno a una hora, abre la nevera, coge esto cógelo lo otro, no. Han determinado, mediante estudios con series bastante amplias, que con tres comidas en familia que generan una comunicación, que generan hablar con cariño sin tener que decir: «¿Qué has comido?» o «¿Ayer dónde estuviste?», un ambiente tranquilo y de cariño y sin música ni pantallas. Los móviles ojo, que muchas veces decimos: «Los niños están siempre con las pantallas», y resulta que son los padres los que tienen el móvil al lado. Yo incluso aconsejaría que el móvil no tendría ni que está en modo avión, tiene que estar lejos de la mesa de comer. Pues esas investigadora han determinado que la autorregulación, también, de los niños a cualquier edad, provoca que haya menos problemas de peso y coman más saludablemente, ¿qué te parece?

07:42
Gema. Muy bien, muy interesante… Bueno, quería preguntarte… Cuando yo era niña, el azúcar estaba presente en la alimentación como algo normal, y ahora mismo es como el enemigo número uno. ¿Crees que estamos exagerando o es así realmente?

Carlos Casabona. Bueno, esto tiene matrices. Tú quieres decir que lo que teníamos era el azucarero muchas veces, pero lo que comprábamos no llevaba tanto azúcar. Te diré un ejemplo, los yogures, yo me acuerdo, tengo cincuenta y siete años, lo normal eran los yogures naturales, blancos. Ahora, cuando vamos al supermercado cuesta encontrarlos. ¿Sabes por qué? Porque hay cientos, decenas de variedades, con sabores, con aromas, con fruta, poca fruta, vale más cortar la fruta tú misma y añadirla al yogur natural, Cuesta encontrar los yogures sin azúcar, naturales. Están como un poquito más escondidos. Productos que antes no existían, por ejemplo, los cereales del desayuno, que yo les digo «chucheales», porque llevan excesivo azúcar, una cantidad que puede oscilar desde un quince a un cuarenta y tres por ciento. Hay algunos que casi la mitad es azúcar. ¿Lo decimos los expertos? No, Lo dice también la expresidenta de la OMS, Margaret Chan, dice: «Un cereal de desayuno al que se le ha añadido azúcar no es la comida ideal para un niño». Entonces, el azúcar, que es la sacarosa industrial, lo blanco, el polvo blanco, desde luego no necesitamos, porque eso sí que hay personas que dicen: «No, es que necesitamos azúcar para el cerebro, el cerebro necesita azúcar», no, no, el cerebro necesita glucosa, y esta glucosa la podemos sacar de las frutas, de las verduras, de las patatas, que es almidón, que luego lo trocearemos. Es decir, no es necesario el azúcar industrial, ¿de acuerdo? Sin embargo, hay veces que ves estudios o ves opiniones de personas que te dicen: «No, no, es que te puede venir un bajón», bueno, ¿y qué hemos hecho toda la historia de la humanidad?, en los árboles no hay terrones de azúcar, que diga yo, ¿no? Sin embargo, el azúcar, Gema, ahora está presente sin que lo sepamos en el fuet, el jamón, en las salsas, en los cereales que dicho desayuno, que serían «chucheales», en los yogures, los yogures líquidos no existían y los yogures líquidos todos van con azúcar, es el azúcar escondido. Y hablando de azúcar, hay que explicar algo que, últimamente, la culpa la tenemos también los médicos que hemos dicho muchos años que el zumo natural era bueno, y el artificial no. Pues ahora resulta que todas las investigaciones apuntan a que son azúcares libres, como lo dice la OMS, y el azúcar natural recién exprimido en tu casa tampoco es saludable al cien por cien, ¿qué te parece? Entonces, dices: «¿Qué hago? Pero si siempre han dicho que el zumo natural sí, y el envasado como que no», resulta que el azúcar libre, como lo dice la OMS, se comporta, metabólicamente, de una manera no adecuada, no sana, como si te comes una naranja. ¿La explicación dónde está? En la fibra; si tú te comes una naranja, vas masticando, e incluso al masticar, ya vas liberando neuropéptidos intestinales que prepararán la digestión, y cuando ya te comas la naranja o la manzana o el plátano, que lleva fibra, vas a sentir saciedad. Y es lo que no sucede al tomar el zumo. Te vas a tomar el azúcar separado de las células vegetales, por eso decimos que son azúcares libres. Por lo tanto, el azúcar… Ahora, las bebidas azucaradas se han relacionado con el aumento y con el sobrepeso y con la obesidad, y es una relación clarísima. Por lo tanto, debemos de saberlo para, un día aislado no pasa nada, pero es que actualmente, tú vas por ahí, y se ve con muchísima frecuencia, que parece normal el zumo de naranja, el café con leche con azúcar, el croissant… Perdona, estás empezando el día con unas dosis excesivas de azúcar. La OMS determina que lo aconsejable sería el cinco por ciento de las calorías totales, y que máximo serían unos veinticinco gramos, una lata de un refresco puede tener treinta, y un zumo de naranja de tres naranjas pues también puede tener que un refresco. Por lo tanto, esto es un mensaje que va a chocar, porque los foros nos lo dicen: «¿Pero cómo va a ser eso? Con lo sano que el zumo de tres naranjas». ¿Tú te has comido alguna vez tres naranjas seguidas?

Gema. No, no.

Carlos Casabona. ¿A qué no? No te caben. Entonces, los mecanismos de la saciedad es lo que falla muchas veces cuando hay calorías líquidas que el cuerpo no las asimila bien. Y el azúcar, actualmente, lo debemos de disminuir siempre que se pueda, al máximo. No es necesario para el cerebro ni para nuestro cuerpo, y nunca lo ha sido. Pero, muchas veces, la industria alimentaria y mensajes de Internet dicen: «No, no, un poco de azúcar…». El azúcar lo sacamos, insisto, de los productos como frutas, verduras, legumbres, tubérculos, y el cuerpo, luego, troceará las cadenas de carbohidratos y las convertiremos en azúcar ya dentro del cuerpo, en glucosa.

13:10
Gema. Muy interesante, Carlos. Pero, entonces, ¿qué productos podemos utilizar para endulzar los alimentos?

Carlos Casabona. Los edulcorantes, ahora, la industria está poniéndolos en bastantes productos porque quiere seguir vendiéndolos. Lo que sucede es que hay un problema, y es un problema educacional, es un problema de hábito. Es decir, cuando tú endulzas con los edulcorantes típicos que hay ahora, el aspartamo, la sucralosa, la stevia… lo que sucede es que no educamos al paladar, vamos a seguir deseando productos dulces, y esto se ha visto, incluso, que podría haber alteraciones en la microbiota intestinal, que son los gérmenes que viven en nuestro intestino, y se han hecho estudios también que personas que querían bajar de peso han cambiado la alimentación de productos con azúcar, con edulcorantes y no han bajado, ¿por qué? Porque les sigue apeteciendo los sabores dulces o comen más pensando que como estas galletitas no llevan azúcar, llevan edulcorantes, pues de esto puedo comer más cantidad, y resulta que las calorías siguen estando ahí que, a lo mejor, no son siempre saludables, e induce como un falso talismán: «Esto, como no lleva azúcar, puedo comer lo que quiera», no es aconsejable tampoco. Entonces, dirías: «¿Qué hago?», comer las cosas… por ejemplo, yo puedo tomar un café y sabe a café, no necesito el azúcar, te acostumbras rápido. Yo hace quince años o diez tomaba con azúcar el café y ahora no lo tomo. Mi hijo, ¿qué hago? ¿Le echo un cacao azucarado, el típico que suele llevar entre un setenta a un ochenta por ciento de azúcar las marcas más normales, más comerciales y conocidas?, y esto muchas familias no lo saben. «¿Cómo? ¿Qué me quieres decir? Que este cacao azucarado que yo compro es azúcar pintado». Es de un setenta a un ochenta por ciento… Bueno, pues ya ha salido la industria y te vende un cacao que no lleva azúcar. ¿Es saludable? No es aconsejable para el día a día por todo esto, el niño va a seguir con apetencia por un sabor superdulce que va a condicionar que cuando no tenga este producto, te pida otro, que, a lo mejor, tú se lo acabarás ofreciendo o comprando.

Cómo enseñar a tus hijos a comer sano Carlos Casabona
15:29
Gema. Y, entonces, ¿qué consejos nos podrías dar a los padres para hacer meriendas y desayunos saludables?

Carlos Casabona. Bueno, empezaríamos por el desayuno. El desayuno es un elemento de batalla que genera discusiones en redes, en colegios… Yo, ayer por la mañana yo estaba en un centro de salud, y había varios sanitarios que decían: «¿Pero cómo va a ir un niño sin desayunar al colegio?», y muchos dietistas-nutricionistas y pediatras estamos diciendo que preferimos que no vaya desayunado un niño al colegio a que vaya con unas dosis excesivas de azúcar. Pues lo típico, como el desayuno oficial es: lácteo, cereales y fruta. Resulta que por fruta dan un zumo. Hemos quedado que el zumo no era supersaludable. Cereales: resulta que los cereales, cuando vas a los colegios, ya están pensando en la caja con dibujos y que también llevan azúcar. Y, luego, el lácteo resulta que es un lácteo con cacao azucarado. Pues tenemos los tres ingredientes que oficialmente se ha vendido como sano, que no es sano. Entonces, ¿qué le doy si no le puedo dar a mi hijo el cacao azucarado de toda la vida? Pues muy sencillo, le puedes dar pan. ¿Con qué untamos el pan? Pues lo podemos dar con aceite de oliva, que lo tenemos nuestro y que es saludable. Podemos untar tomate, podemos poner aguacate, podemos poner hummus. Claro; dirán: «Es que tú eres muy friki», no, no, no. Esto es una tendencia que va a ir a más, el decir: «Consumir más productos de origen vegetal y menos de origen animal», entonces, el embutido tampoco es para cada día, y lo tenemos, sin embargo, demasiado dentro. Pues que desayune… si no toma el cacao azucarado, pues por lo menos proteínas. No, comemos demasiadas proteínas. Y esto, hay estudios hechos, que hasta un trescientos por ciento de más ya desde niños. Por lo tanto, un desayuno saludable pues podrían ser unos garbanzos, se montó una muy gorda en las redes sociales hace poco, porque un niño había elegido garbanzos del día anterior para desayunar: que si le estas quitando la infancia, etc. El vaso de leche, si le gusta que se la tome, eso sí, no hace falta poner nada, porque los niños, los bebés, ¿qué toman? La leche sin azucarar y sin cacao. Si al niño le gusta, por ejemplo, un lácteo que sepa a algo, tenemos la opción de poner un cacao puro, y entonces ya no tenemos… «Es que es amargo», bueno, te puedes acostumbrar, pero siempre será mejor que no lo que hemos quedado que era azúcar pintado.
¿Qué más opciones tenemos de desayuno, Gema? Pues mira, tenemos, además del pan integral, ¿por qué mejor pan integral? Pues porque tiene el germen que contiene más vitaminas y porque la semilla se conserva la piel, podríamos decir, la cáscara del grano la conservas, por eso se llama integral, porque conserva la cáscara del grano que también lleva fibra y el germen y lleva grasitas saludables y tal. ¿Qué hace la industria? El pan blanco. Claro, la harina se conserva más tiempo, sabe más dulce, y los niños prefieren el blanco al integral. Pero deberíamos hacer ese esfuerzo, y yo pienso que si damos el ejemplo y la familia come el pan integral, pues a los niños se lo podemos ofrecer y, al final, lo podrán comer. Más opciones: fruta. «Ah, pues le doy el zumo porque así se lo bebe rápido». Hemos quedado que no para el día a día, porque claro, un pequeño error, que lo cometas un domingo, de acuerdo. Pero el problema, como decíamos al principio, es que un pequeño error lo hagas cada día, se va a convertir en trescientos sesenta y cinco errores. Pues la fruta hay que intentar comerla cortada, ¿no? Yo sé que un niño de cuatro años no va a pelar una naranja y se la va a comer, pero para eso estamos nosotros si nos levantamos con tiempo, que ese es otro factor que ha influido en el sobrepeso y la obesidad. Los niños duermen menos de lo que tendrían que dormir, y entonces se ha visto que hay alteraciones tanto hormonales, como al estar menos tiempo durmiendo, sobre todo se acuestan tarde, hay más tiempo para que puedan tener una oportunidad para hacer una recena, que muchas veces no va a ser una recena saludable. Seguimos con el desayuno: tenemos fruta, sobre todo intentar que sea de temporada. Ahora estamos en verano; puede tomar cerezas, puede tomar melón, puede tomar papaya, puede tomar sandía, le puedes cortar una pera… Eso sí, nunca forzarlo, si no que él escoja y hacerlo fácil. Pues tenemos fruta cortada y con él, si tú comes fruta, tu hijo comerá fruta; tenemos pan, porque es nuestra cultura. Ojo, en China, en Oriente, no toman pan, se toman un bol de arroz, en el continente americano, es el continente del maíz, toman unas tortitas, que les llaman arepas, hechas con maíz. Por lo tanto, no hay nada imprescindible, porque, en el estudio ANIBES, que se hizo hace dos años, hemos visto que la primera fuente de energía en los niños y en los adultos es el pan. Pues no tendría que ser así, es decir, no es un elemento indispensable.
Entonces, tenemos la fruta, tenemos, si le apetece, algo también de cereales, cereales de verdad, no esas cajas que dice que son cereales. Han sido cereales, pero han sido tan transformados que se han convertido en «chucheales», en un producto no saludable del todo. Cereales, tenemos la avena, le puedes hacer tú un muesli casero, con avena, trocitos de plátano; puedes hacerle un yogur natural, cortar trocitos de fruta y meterlas en el yogur, y, sobre todo, no forzar a desayunar. Esa es una de las cosas que nos dicen muchas madres, muchos padres: «Entonces, no puede ir sin desayunar al colegio, que luego, yo he leído un estudio en Internet, que no rinden académicamente», pues lamentándolo, resulta que hay muchos estudios que dicen que esto no es verdad. Es decir, yo lo que hablo muchas veces es que el desayuno puede ser un desayuno diferido. No le va a pasar nada a este niño que no desayuna en casa porque no tiene ganas. E insistimos, preferimos que no desayune si no tiene ganas, a que le des un lácteo azucarado o un bollo u ocho galletas. Eso está pasando. ¿Qué hacemos? Que le ponemos en la mochila el bocadillo con hummus o con aguacate o con almendras y pimiento o queso. No embutido cada día, que seguimos siendo muy amigos de los embutidos. Y va a desayunar a las diez y media, a las once, a mitad de mañana del colegio. No le va a pasar nada ni le va a dar ninguna hipoglucemia, porque llevamos miles de años con el cuerpo a prueba de horas y horas de ayuno sin que tengamos ningún problema metabólico. Yo digo una frase que es la siguiente: «El niño occidental no conoce la sensación de hambre porque tiene un adulto que, cada dos horas, le anima, le empuja o le fuerza un poco a que coma. Tenemos, las madres y los padres, como una especie de miedo a que pasen tres o cuatro horas… «Ay, el niño, a ver si le va a pasar algo», no le va a pasar nada, incluso es mucho más fácil que cuando llegue a la una a casa a comer, o a las tres, le pongas un plato de garbanzos o de lentejas, y el niño te diga: «Qué ricas están hoy las lentejas», ¿por qué? Pues porque a mitad de mañana no le has dado el bollo o el zumo o el lácteo azucarado, o porque a desayunado relativamente poco. Meriendas. Hemos hablado del desayuno, pues lo mismo. Quizá la merienda es una toma que no es tan fácil de… No estás en casa, el niño sale del colegio con un hambre atroz, y entonces tienes que llevarle algo. No puedes… Puedes llevarle la fruta, el plátano es fácil de pelar, unas mandarinas, yo insisto en esto. La fruta se puede comer… Esta es otra, hay muchos que dicen: «No, es que si la fruta lleva fructosa…», «Si tomamos demasiada fruta, también es malo», «La fruta engorda». No, esto es un timo… Un timo no, un mito que hay que aclarar: la fruta no engorda, y eso, hay incluso especialistas y sanitarios que siguen teniendo este miedo. Hay que comerla, como hemos dicho, con toda su fibra. Insisto, en la merienda, el bocadillo de pan integral, un yogur, intentad que no sea azucarado, o fruta.

24:29
Gema. ¿Y las proteínas no las metemos en el desayuno y en la merienda?

Carlos Casabona. No hace falta.

Gema. ¿No hace falta?

Carlos Casabona. No hace falta. De todas maneras, las proteínas están por todos los sitios. Es decir, el pan lleva un poco de proteínas. Hemos quedado que el queso las lleva. Sí que podemos poner queso en el bocadillo. A la hora de comer, ¿qué va a comer este niño? Pues va a comer o pollo o va a tomar pescado, ahí tienes las proteínas. ¿Qué va a cenar? Pues, a lo mejor, va a cenar un platito con unos pocos de garbanzos, pues ahí tienes proteínas. Es decir, las proteínas las hemos mitificado. Entonces, en el desayuno no hace falta poner proteínas. ¿Por qué? Porque las vas a tener a la hora de comer o las vas a tener a la hora de cenar. Y, en la merienda, pues tampoco. Y todos los estudios van en esta dirección: estamos con exceso de proteínas. No te has de preocupar, Gema, por las proteínas en el desayuno y en la merienda, que también van unas pocas, insisto.

25:29
Gema. Muy bien… Ahora que estamos viendo tantos niños con alergias… Es algo que preocupa mucho a los padres, el por qué ahora hay más niños con alergia.

Carlos Casabona. Es una buena pregunta y, además, coincide con nuestra impresión como pediatras, que se ve hace 20 años. No es fácil de responder porque hay muchos factores implicados, pero una de las razones es porque las diagnosticamos mejor, y los padres están más atentos a cualquier mancha, a cualquier habón, a cualquier grano que sale en el niño. Estamos muy atentos, y se están produciendo… también hay más variedad de alimentos. Hace treinta o cuarenta años no había tantos hiperprocesados. Podríamos decir que la gama de elementos era menor, y ahora se tiende a diversificar mucho, y esto hace que pueda haber más alergias. Lo que a mí me gustaría dejar claro es que, muchas veces, que no te las diagnostique el peluquero, la peluquera, el fisioterapeuta o el vecino, porque está pasando. O en farmacias que se hacen unos test que no tienen validez científica. La alergia alimentaria es un tema serio. A veces, incluso, hay que llevar adrenalina autoinyectada, pero tiene que estar diagnosticada por un médico especialista. Sí que también sabemos que ahora es más fácil de diagnosticar, por ejemplo, la enfermedad celíaca. ¿Por qué? Pues porque con un test sencillo de sangre… es más fácil que antes- Antes casi estábamos obligados a hacer una biopsia intestinal, pero ahora han cambiado las normas y por eso si con un sencillo test de sangre puedes saber si tu hijo es o no celíaco, pues claro que vamos a diagnosticar más. Es decir, se diagnostica más porque sabemos diagnosticarlas mejor, ¿de acuerdo? Y las más frecuentes son, además, a productos que son saludables, por ejemplo, el huevo, el pescado y la leche y los frutos secos, son los cuatro grupos de alimentos cuyas alergias vemos más potentes en niños, y, sobre todo, en los primeros años de vida. Por eso, un consejo que hay que dar a las familias es que cada vez que tú des algo a un bebé ha de ser en pequeña cantidad y observar cómo va a reaccionar las próximas horas. No dar cinco alimentos nuevos juntos porque luego no sabrías qué alimento es el productor de la alergia.

27:55
Gema. Y ahora, con la llegada del verano, acaba el curso, perdemos un poco las rutinas y eso afecta por supuesto a los hábitos alimenticios, ¿no?

Carlos Casabona. Bueno, sí. En el verano, Gema, muchas veces, observamos que, en vez de, los niños, conservar un peso saludable, nos cogen peso cuando resulta que tendrían que estar más jugando, nadando, en la playa, en las piscinas, con bicicletas… ¿Y sabes por qué no sucede? Porque el sobrepeso y la obesidad se están cebando en las capas más desfavorecidas. En el estudio ALADINO que salió en el año 2015 dijeron: «Han bajado un poquito las cifras de sobrepeso y obesidad. Estaban en el año en 2011 y 2013 en un cuarenta y cuatro por ciento, y ahora tenemos un cuarenta y uno por ciento». Entonces, todos los políticos se ponían medallas: «Estamos controlando la epidemia de obesidad y de sobrepeso infantil».
Pero, cuando analizabas los datos, ellos mismos lo reconocen en una hoja en el mismo estudio ALADINO del 2015, cuando analizas los datos, resulta que ha bajado a nivel global, pero ha subido en las familias más desfavorecidas, con menos ingresos, ¿por qué? Pues ahora, enlazando con el verano, resulta que muchos padres tienen que hacer trabajos muchas más horas de camarero, sector servicios; y las madres limpiando habitaciones, o limpiando hoteles o sirviendo o, también, en el servicio. Es decir, que estos padres jóvenes, que tienen que trabajar en verano, dejan a sus hijos con los abuelos. A veces, los abuelos no están en condiciones de llevarlos en bicicleta o acompañarlos. Y esto lo estamos viendo. El verano, que sería la oportunidad ideal para estar dos o tres meses el niño jugando, yendo en bicicleta, nadando, estando al exterior. Porque, además, el Sol es la principal fuente de vitamina D. El ochenta por ciento de nuestra vitamina D la adquirimos a través de la irradiación solar. Ojo, hay que también saber cuándo y cómo. Es decir, no todo es la alimentación. Entonces, es sano estar también al aire libre. Pero si la abuela, el abuelo tiene al niño el sábado y el domingo, mientras los padres trabajan, o entre semana en la tele o en el sofá, o lo que hacen es dar un paseo, pues no vamos a tener todos los beneficios del ejercicio físico, los beneficios de estar al aire libre y los beneficios de una alimentación saludable. Porque también, a veces, los abuelos bajan la guardia, dicen: «Pobrecitos», y hacen una alimentación un poco más laxa, y los helados, reconozcámoslo, van que vuelan. Un día sí y el otro también.
Y otro factor que también está sucediendo con las clases desfavorecidas, por eso tenemos una responsabilidad moral nosotros de luchar contra esta epidemia, no solo por profesionales, sino que es una exigencia social, y los políticos nos tendrían que ayudar más. Y uno de los problemas es que no van a tener dinero estas familias para apuntarlos a cursos, colonias, porque no son gratis. Y, entonces, este niño, que tendría que estar quince días con otros niños jugando y saltando y corriendo, no va a tener esas colonias, debido a que su familia no tiene el suficiente aporte económico. ¿Con qué enlazamos las clases desfavorecidas y el exceso de peso? Con el precio de los alimentos, Gema. Es una de las causas que también se están barajando para el sobrepeso, este aumento del sobrepeso y la obesidad. Las frutas, las verduras, los frutos secos, hace diez o quince años, no tenían el precio elevado que tienen ahora. Desde la llegada del euro, lo que es el intermediario, etcétera, etcétera, hace que la alimentación saludable sea más cara que la alimentación insana. La bollería, puedes ir al supermercado y por una bolsa, con un euro, tienes montones de cruasantitos pequeñitos. Una familia con problemas puede alimentar mal con calorías baratas a esos tres niños que tiene, porque si compra frutas y verduras, hay veces que las judías verdes, me encantan, yo las veo a cuatro y cinco euros. Tomates a tres y cuatro euros. Entonces, estamos con un problema serio, cuando las frutas y verduras ya hay estudios que dicen que se tendrían que subsidiar. Y esto creo que ya hay en algunos sitios que se ha hecho. Familias con poco aporte, yo doy unos vales para que cuando vaya al mercado puedan comprar frutas y verduras y frutos secos. Por tanto, es una exigencia que tenemos. Hay otros autores que también dicen: «Bueno, comer saludable no tiene por qué ser caro», tenemos las legumbres que son uno de los tesoros de nuestra nutrición mediterránea. Yo me acuerdo, de niño, de tomar lentejas y garbanzos día sí, día no. Y ahora parece que las legumbres son como de pobres, ¿no? Pues no, las legumbres son, a ti que hablabas antes de las proteínas, ricas en proteínas. «No, pero es que las vegetales no son de la misma calidad que las de animales», pues ese mito también se ha tumbado abajo. Combinándolas dentro de una alimentación saludable, podemos encontrar, y más ahora con la soja, con quinoa, sobre todo, también, no hace falta comer carne, no hace falta. Sino que con huevos, con pescado también las cubrimos. Pues las legumbres es un gran alimento que, a veces, no estamos pensando en él. A mí, madres o familias que te lo dicen, Dicen: «¿Cuántas veces por semana?», ¿me vas a contar las legumbres? No, no hay que contarlas, porque no están contando las galletas que, desgraciadamente, sí están consumiendo.

Cómo enseñar a tus hijos a comer sano Carlos Casabona

"Los hábitos saludables solo se aprenden a través de la educación y el ejemplo"

Carlos Casabona

33:52
Gema. Entonces, Carlos, ¿cuáles serían los consejos que nos podrías dar para el verano?

Carlos Casabona. Mira, para el verano, yo pienso que la alimentación, sobre todo, ha de ser… Si ya insistimos en las frutas y verduras, aún debemos insistir más, porque tenemos mucha fruta de temporada, tenemos melón, tenemos sandía, tenemos melocotones, tenemos montones de frutas, las cerezas, de temporada, que, si nosotros damos ejemplo, lo vamos a decir muchas veces esto, nuestros hijos van a tener la oportunidad de comer más. Ensaladas: las ensaladas ahora ocupan un puesto fundamental en la alimentación del día a día. Las podemos aderezar, además, con huevo duro. Las podemos aderezar con granitos de maíz. Podemos poner frutos secos, las podemos adornar de mil y una maneras. El gazpacho también es muy saludable y muy refrescante. Lo que es también otra comida de verano, pues además de las ensaladas y el gazpacho, puede ser la pasta fría. A los críos les gusta la pasta, ¿no? Si es integral mejor.
Entonces, la podemos combinar tipo ensalada. O si les apetece fría. O si les apetece como siempre, pues también. Entonces, esta alimentación con más frutas y verduras y hortalizas, sí es posible en invierno. Esta aumenta, por ejemplo, lo que es la cantidad de agua, que eso, tampoco hay que exagerar. «Hay que beber dos litros de agua», esto es un mito. Yo creo que hay estudios que los han promovido los que venden agua. No es necesario, es más que hacer caso a un mecanismo que lo tenemos a prueba durante miles y miles de años, que se llama sed. Tenemos que beber cuando tienes sed. Yo veo muchas personas, incluso a veces en el trabajo, que van con una botella de litro y medio para arriba, para abajo: «No, es que me han dicho que tengo que beber», hombre, si tienes sed sí, pero si no, no. Entonces, son mitos que, en relación con el verano, evidentemente… Dicen: «No, hay que beber antes de que tengas sed». Esto desde el punto de vista científico no se sostiene, pero, evidentemente en verano tendremos que beber más, y ¿por qué digo esto? Porque hay que beber agua. Es la bebida que lo niños y nosotros, dando ejemplo, deberíamos de ofrecer. «¿Y refrescos de vez en cuando?», el problema va a venir con el «de vez en cuando», que luego volveremos a sacar el tema, que no es en realidad de vez en cuando. Verano: frutas, verduras, gazpachos, ensaladas, pasta fría y movimiento. La Organización Mundial de la Salud aconseja que, mínimo, hagan los niños una hora de actividad física moderada o intensa. Eso no significa caminar, significa jugar y sudar. Entre el ejercicio físico, estar al aire libre y comer más saludablemente, y es un momento también, para que en campamento y en colonias los niños hagan socialización y aprendan buenas costumbres con buenos monitores, con buenos sitios en los que también se cuide la alimentación y se cuide el deporte y la convivencia.

36:55
Gema. Entonces, siguiendo un poco con el tema del verano, nos decían que había que esperar dos horas después de las comidas para hacer la digestión.

Carlos Casabona. Sí.

Gema. ¿Eso es cierto?

Carlos Casabona. El famoso corte de digestión. Yo también lo sufrí, Gema. Ahí me tenían, aunque comieras un bocadillito a las dos, dos horas ahí quieto. No es verdad, no es necesario. Es decir, en un niño que coma normal, no hay que hacerle esperar ni dos horas ni una. Ojo, lo que sí que hay que tener en cuenta es que si hace mucho calor, y el agua está fría porque, por ejemplo, nos estemos bañando en el Cantábrico o en Galicia, el choque térmico sí que puede producir un síncope vasovagal, es decir, que te baje la tensión y te puedas desmayar. Entonces, el peligro real del mal llamado «corte de digestión» es de un señor mayor que se haya tomado una paella, o un señor de mediana edad o una señora, una paella, dos cervezas, haga treinta y ocho grados, y, corriendo, entre al agua y esté fría, y se ponga, encima, a nadar. Puede sufrir un síncope, una pérdida de mareo, y si no hace pie, tener un resultado bastante desgraciado. Pero, en general, los niños no se van a tomar una gran cantidad a la hora del baño, y no es necesario esperar a que hagan la digestión para poder jugar y saltar, siempre con un sentido común. Si hace mucho calor, pues tampoco hace falta ni que tan siquiera haya comido, también te puedes marear como les pasa muchas veces a los soldados cuando están firmes en los desfiles, que van cayendo muchas veces por el calor, o en los conciertos cuando hay mucha gente. Es decir, que sería un síncope vasovagal, un desmayo lo es lo que, a veces, le llaman el corte de digestión, y que no tendría que ver tanto con la comida como con la diferencia de temperatura cuando te metes al agua, y hay demasiada diferencia entre el agua fría y nuestro cuerpo.

39:03
Gema. ¿Qué otros mitos relacionados con la alimentación hay?

Carlos Casabona. Mitos tenemos para dar y vender. Hay un mito que sí que me gustaría que todos los que nos están viendo lo tuvieran muy claro, y es el comer de todo. Este mito… Hay que comer de todo, y este mito lo ves incluso escrito en libros serios o en webs que parecen serias. Y este mito tiene su origen, que lo dijo Francisco Grande Covián, que era un doctor muy famoso que sabía un montón de nutrición, y que cuando lo dijo tenía sentido, en los años sesenta y setenta, ¿por qué? Porque entonces, lo que quería decir es que si tomas pescados, tomas carnes, tomas cereales, tomas frutas, tomas verduras, hay menos posibilidades de que te falte algún nutriente esencial porque comes de todos los grupos de alimentos. Pero, actualmente, cuando se dice «comer de todo», y la pirámide alimentaria que trabajan muchos colegios no es la más adecuada, eso también hay que hablarlo, cuando dices de comer de todo, pues, al final, entran los hiperprocesador, entran los croissants, entran los zumos y entran las galletas y los cereales azucarados. Entonces, si me vas a decir que hay que comer de todo porque tienes que comer lo que está en la pirámide, esto actualmente es un error. Hay que comer de todo lo que es sano, ¿de acuerdo? No de todo. Y en la pirámide, hay que aprovechar para transmitir esto a todos los que nos están viendo, en la punta está lleno de caramelos, croissants, embutidos, y te pone: «Consumo esporádico». ¿Qué es eso de consumo esporádico? Cada uno lo puede interpretar como sea, pero en la pirámide te dice arriba: «Pirámide de la alimentación saludable». ¿Perdona? ¿Entonces por qué pones lo que no es saludable? Si ya la gente lo vamos a tomar de vez en cuando, pues no me animes. Entonces, es muy criticada esta pirámide actualmente. ¿Y qué preferimos ahora los sanitarios que estamos hablando de nutrición? El plato de Harvard. ¿Has oído hablar del plato de Harvard?

Gema. La verdad es que no.

Carlos Casabona. Pues el plato de Harvard está sustituyendo a la pirámide. Ojo, se pueden hacer pirámides saludables, y se pueden hacer también triángulos invertidos, como ha hecho el gobierno flamenco, que también ha hecho un triángulo invertido donde no están los productos que no queremos que estén en el día a día, y los saca con un círculo y los pone en rojo. Pues el plato de Harvard está sustituyendo a la pirámide, porque comemos en platos, no comemos en pirámides. Y entonces te pone: fruta y verdura, la mitad del plato; cereales integrales, un cuarto del plato; y proteína saludable, el otro cuarto. Proteína saludable no es el embutido, aunque lleve. Proteína saludable son las legumbres, puede ser el tofu, pueden ser los frutos secos, pueden ser, insisto, las legumbres, puede ser el huevo, puede ser el pescado y la carne blanca, mejor que la roja. Y lo que te dice el plato de Harvard es que hay que evitar las carnes procesadas. Y esto nos cuesta mucho aquí en nuestro país, porque tenemos una gran cultura del cerdo y de todos los productos derivados. Y muchas mamás siguen pensando que el jamón de york prácticamente casi es una medicina: «Qué suavecito. Está malo el niño, pues le doy jamón de york», no. No es venenoso, insisto, pero es carne procesada, ¿de acuerdo? Por lo tanto, el plato de Harvard, insisto, tenemos las proteínas saludables: huevos, pescado, carne blanca, legumbres; los cereales integrales: pan integral, lo hemos dicho antes, el arroz integral, y las pastas, si son integrales mejor también; y las frutas y verduras que no paramos de hablar de ellas. Este es el plato saludable de Harvard.

43:00
Gema. Carlos, me gustaría preguntarte sobre la relación que hay entre las emociones y el apetito. Porque parece que cuando estamos disgustados no nos entra nada en el estómago, y, sin embargo, cuando tenemos ansiedad tenemos muchas ganas de comer.

Carlos Casabona. Está pasando actualmente. Es una gran pregunta, y la estamos viendo en nuestras consultas. Madres y padres, familias que vienen y dicen: «Yo noto que mi hijo come sin hambre, come de una manera rápida, come tragando, y yo creo que esto no es bueno», y efectivamente, les tenemos que explicar que una de las causas de este sobrepeso y obesidad que estamos viendo es esa hambre emocional, se le llama. El hambre emocional significa que te apetece comer sin tener esa necesidad fisiológica de comer. Simplemente porque estás nervioso, porque estás estresado o porque estás triste. Y entonces, el estrés, las prisas hacen que el niño coma sin ser consciente. Ahora está muy de moda el mindful eating, la atención consciente, es decir, que estés por lo que estás, que estás comiendo sin estar jugando a la videoconsola o estando mirando el fútbol o mirando un programa. Y lo mismo sucede en la mesa. Pues las emociones, efectivamente, influyen muchísimo en la manera de comer. Fíjate, Gema, si influyen que, actualmente, se están montando gabinetes de psiconutrición. Es decir, que la figura del psicólogo es fundamental en niños y en adultos que tengan problemas con la alimentación. Porque si muchas veces el bombardeo publicitario de productos sabrosos, productos hiperpalatables que no son del todo sanos nos es imposible de resistir esa tentación, y solo la podemos resistir teniendo, sabiendo tener armas psicológicas para poder vencerla y que no venga por el estrés, que no venga por esta ansiedad que, a veces, parece que te calma comiendo algo dulce, algo rico, y, sin embargo, al final, vamos a ver que es un círculo vicioso, y que luego, al cabo del rato, te va a volver a apetecer comer si no se ha solucionado o no estás tranquilo.
Yo se lo digo a muchas madres, que el psicólogo, y padres y familias, que necesitamos la ayuda de un psicólogo para que podamos, sobre todo, cuando hay trastornos de la alimentación, tanto por defecto como por exceso. Porque hay hasta ciento ocho factores. Hay un estudio hecho en el Reino Unido que han tenido y están teniendo influencia en el sobrepeso y en la obesidad infantil. Uno de estos factores, que es muy frecuente y más en el entorno mediterráneo en el que vivimos, es comer fuera de casa. Es decir, nunca hemos comido tantas veces fuera de casa. Y, claro, cuando la familia va con sus hijos a comer fuera de casa, no te vas a pedir unas judías verdes con patata y una pera de postre, ¿sabes? Entonces, tendemos a comer cosas que son, en principio, más calóricas o más cantidad o no tan saludables. Por lo tanto, eso es una de las cosas que podíamos transmitir, que comer fuera de casa… Ojo, no significa que nos tengamos que encerrar siempre, pero que va a ser un factor que nos pueda ayudar a que la familia o el niño tenga más sobrepeso y obesidad. Y otro factor es el tamaño, el tamaño de las raciones. ¿Cuántas veces vamos ahora a los restaurantes y, en vez de un plato normal, te ponen una fuente? Yo lo veo a veces. Yo vivo cerca de Playa de Aro y ves un plato así todo lleno de patatas fritas, un filetaco grandísimo y al lado un trocito de tomate y dos trocitos de lechuga. Pues el tamaño de las raciones también ha crecido de una manera exponencial respecto a hace veinte años. Por lo tanto, al comer fuera de casa, el tamaño de las raciones hay que vigilarlo, y no costaría nada, por ejemplo, decirle al camarero cuando vas a celebrar algo, que tampoco hay que ser tan tristón, decirle: «Mire, en vez de patatas fritas, me pone el filete con una guarnición de guisantes o de judías verdes o unos trocitos de lechuga». Son factores que intervienen, y el tamaño también, no solo de los platos en los restaurantes, el tamaño de las cajas de producto, por ejemplo, lácteos azucarados antes los podías comprar de uno en uno. Si yo estoy por la tarde en Barcelona, aquí en Madrid, y me apetece tomarme un yogur no puedo, porque en el supermercado me van a vender ocho o catorce. Es decir, esto no se ha visto nunca. Son estrategias comerciales para consumir más, y, claro, no te venden packs de catorce manzanas ni de naranjas, las compras en bolsas, desde luego. Pero el que los packs de cereales, de lácteos azucarados, de croissants, de bollería sean muy grandes, también es otro factor que nos empuja a consumir más. Tendemos a consumir más si los envases son grandes. Tendemos a comer más si los platos son grandes. Te voy a contar un experimento que hizo un experto que se llama Wansink.
Pusieron a un señor un plato de sopa y le dijeron: «Ahora queremos que usted nos diga qué tal está esta sopa y cómo le sienta». Pues el experimento consistía en que el plato, por debajo de la mesa, tenía un mecanismo muy bien hecho, tipo NASA, por el cual, mientras el sujeto iba comiendo la cuchara, se le iba rellenando el plato, hablándole, sin que él se enterara. Él iba comiendo, y un mecanismo hacía que el plato se fuera rellenando poquito a poco para que no se notara. Y, al final, le preguntaron: «¿Qué le ha parecido nuestra sopa?», y dijo: «Estaba buenísima, y además llena, llena». Este señor se había tomado dos platos de sopa en vez de uno, sin enterarse. Es decir, que está más que demostrado que el tamaño de las raciones hace que comamos más. Yo veo muchas veces niños por la calle con una bolsa de patatas fritas, que también han aumentado los tamaños, y veo un niño de tres años con la bolsa, y digo: «Pero ¿por qué le dejas el envase?», «No, si el niño coge lo que quiere y luego él se cansa», digo: «Hombre, solo faltaría eso, que se tomara una bolsa de doscientos gramos de patatas fritas. Cuando en mis tiempos, las bolsas de patatas fritas eran más pequeñitas». Pues esto también es un factor que lo debemos de gestionar con cariño y con prudencia, el no ofrecerles a nuestros hijos, de los productos insanos, que coman lo que quieran, no. Que tomen lo que quieran, esto lo dice Julio Basulto, que es uno de los dietistas-nutricionistas más reputados de España, lo dice: «No hay que negar ni ofrecer en casa, y tampoco forzar, pero la oferta ha de ser de productos saludables, que coma lo que quiera de cosas saludables, pero no de productos insanos, y, sobre todo, no tenerlos en casa». Si lo tienes te lo comes, por lo tanto, lo mejor es: «No lo compres». A mí hay, por ejemplo, familias que me han dicho: «Yo le escondo las galletas…», pero bueno, un crío de siete u ocho años seguro que las va a acabar encontrando. «Es que, como me gustan a mí…», pues tenemos que esforzarnos si no queremos que nuestros hijos coman productos insanos, pues lo que tenemos que hacer es no comprarlos, porque, si lo compras, te lo comes. Y, sobre todo, también lo que es muy importante es eso, no negar. Si te viene porque el compañero del colegio le ha regalado una rosquilla de chocolate, pues en vez de decir: «Tú, ¿qué haces con esas rosquillas? No, no te la comas, que eso lleva un montón de azúcar…», eso tampoco va a ser positivo. Esto es muy importante, no negar. No ofrecer y no tener en casa lo que no quieras que coman, y dar ejemplo.

51:34
Gema. Se ve que cada vez hay más niños y niñas que no quieren tomar lácteos, rechazan los yogures, los quesos y los huevos. ¿Tendríamos que, como padres y madres, ayudarles a…?

Cómo enseñar a tus hijos a comer sano Carlos Casabona
Carlos Casabona. Yo creo, Gema, que más que los niños, son las modas y mitos que se han visto por redes últimamente, y que son, precisamente, los padres los que han leído que los lácteos, el veneno blanco, tenemos tres venenos blancos: la harina, la leche y el azúcar, que hemos hablado antes de él. No son venenos, pero ahora la leche la están demonizando. Entonces, muchas veces, lo que dices, puede ser que el niño ya haya oído y, entonces, lo rechace. Si no le gusta, tampoco pasa nada. Los lácteos, vamos a dejarlo bien claro, no son imprescindibles. Es un buen alimento y cumplió una misión fundamental cuando, en la posguerra, en años en los que no había tanta oferta y no existían los supermercados, era un alimento que contiene sus proteínas, sus hidratos de carbono y sus grasas naturales, aunque sean saturadas. Es decir, que no es un mal alimento y siempre ha sido, podemos decir, una manera de que los niños se pudieran nutrir con poco esfuerzo, de algo que les solía gustar y tal. Ahora ha cambiado y, fíjate, muchos pediatras estábamos recomendando, porque nos lo decían así en las guías oficiales, que tenía que tomar un litro de leche al día cada niño. Ahora, afortunadamente, hemos visto que no es necesario y que eso es una exageración, y que incluso puede ser contraproducente. ¿Cuánto estamos recomendando? Si al niño le gusta, que vuelvo a insistir, no son imprescindibles en la alimentación, son buenos alimentos, pero no son ultranecesarios. Pues, si al niño le gusta, con dos vasos al día sería suficiente, y si no le gusta la leche, pero le gusta el queso, pues que coma queso. Intentad que no sean los supercurados, que llevan mucha sal. Que la sal también es uno de los componentes… Todos nos fijamos en el azúcar, pero ahora resulta que, yo lucho mucho por esto, porque lo niños coman sin sal los pequeños y con la menor sal posible, y nosotros también lo deberíamos hacer, lo adultos. Porque el fuet, los embutidos, muchos encurtidos, muchos quesos… llevan muchísima sal. Más de uno coma veinticinco gramos, debemos de mirar las etiquetas de sal, ya se considera que no es saludable.

54:06
Gema. Y, para cerrar, ¿cómo estamos en España con respecto a otros países en cuanto a alimentación?

Carlos Casabona. Pues, Gema, está la cosa un poco mal. Vamos a ver, mira, te voy a contar que en los estudios que se han hecho sobre los alimentos de los cuales sacan la energía nuestra infancia, la clasificación no es muy bonita. Tenemos al pan, el primero; la bollería y galletas y pastelería, el segundo; el tercero, la carne, y, ¿sabes dónde están las frutas, las verduras y las hortalizas? En el trece y catorce puesto. Las legumbres, en el veinte. El embutido, en el quinto. Es decir, que las fuentes de energía de dónde sacan nuestra infancia, y los adultos también, es muy similar, no son las más aconsejables. Pero, de todas las maneras, a ver, yo quiero lanzar también un mensaje positivo, que algo está cambiando cuando ves en redes que ya no es, la clase en la que hay veinte niños, ya no es friki el niño que lleva el bocadillo con el hummus o el que lleva una pera y no llevas los bollos que, generalmente, o la bollería o el zumo que se estaba viendo. Y, fíjate también, que yo pienso que tenemos que, ahora, invertir lo que pasaba hace unos años, que hablábamos de la dieta mediterránea. Qué buena es la dieta mediterránea, los países como España, Grecia, Malta, Italia, todo lo que es la cuenca mediterránea, qué bien comemos, y qué mal comen en el norte de Europa, con tanta grasa, con tanta carne y tanto lácteo. Pues, resulta que ahora, en el último congreso que hubo en Viena sobre obesidad, hubo un estudio, y así lo certificaba también uno de los investigadores de la OMS, que decía que las cifras en Dinamarca, en Noruega, en los países nórdicos, de obesidad infantil son mucho más bajas que en la cuenca mediterránea. Pues, ¿qué hemos hecho mal?, ¿qué hemos hecho mal? Pues se ha perdido la dieta mediterránea, en favor de productos más hiperprocesados, las frutas y verduras nos cuesta comerlas. Yo oigo, muchas veces: «Es que el niño no come fruta, no come verdura», y le pregunto a la familia: «¿Y vosotros coméis?», «No, es que a mí no me gusta», eso es básico, básico. Debemos de dar ejemplo. El ejemplo es la única manera que tenemos de educar.
No sirve hablar, sirve actuar. Y tampoco con mucho teatro: «Cómete estas zanahorias, cómete este brócoli que lleva vitaminas por aquí, antioxidantes…», el niño va a decir: «Uy, qué rollo me está metiendo mi padre o mi madre». Tienes que comértelo con naturalidad y de manera diaria. Volviendo al estudio, tenemos que la dieta mediterránea se ha trasladado al norte de Europa, y nosotros estamos, como así atestigua el estudio este, ANIBES, comiendo mal. Pero el mensaje es esperanzador. Yo pienso que todos, desde profesores en los colegios, los educadores físicos, los sanitarios, los dietistas-nutricionistas, los psicólogos, todos vamos remando en favor de una infancia que, esperemos, viva más que nosotros. Y, fíjate, el último apunte que querría decirte es cómo hay países como Japón, que es uno de los países con menos incidencia de obesidad y sobrepeso infantil y también adulto, ya en el año 1954, tenían leyes en las que hacía que los dietistas-nutricionistas estaban apoyando en los colegios los menús, estamos hablando del año 54, y daban clases de nutrición a los niños. Esta ley se ha trasformado más recientemente, y es una ley muy ambiciosa, en la que los mismos dietistas-nutricionistas son profesores de agregados diariamente en el colegio, y no solo elaboran los menús, sino que ofrecen a los padres, porque esto es importante. Los niños son esponjas y saben ya lo que es saludable y lo que no, pues son los padres, los que toman las últimas decisiones, a los que se les ofrece cursos de pedagogía, de educación nutricional. Entonces, con estas dos cosas… Además, la nutrición aparece como una asignatura curricular en la que el niño no solo va a tener una charla esporádica, sino que se le van a preguntar y en la que va a asumir los conceptos y las materias que van a redundar en que, al final, pueda autorregularse y escoger por sí mismo las opciones saludables, a pesar de la presión publicitaria, a pesar de los problemas que pueda haber en casa, a pesar de las prisas, a pesar de las emociones, que habrá días que pueda tener o no en mayor o menor grado. Lo que me gustaría ahora, Gema, es que pudieras hacer tú de espejo. Es decir, poder transmitir todos los temas que hemos tratado hoy a todas las familias, amigos y amigas tuyas, vecinos, familiares… porque se trata de que la información se difunda, y que tú puedas explicar, y que llegue a la mayor cantidad de personas posibles todo lo que aquí hemos tratado.

Gema. Estupendo, pues me quedo con el reto con mucho placer, así lo haré. Gracias.

Carlos Casabona. A ti.