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Cómo aplicar el sentido del humor a la crianza

Anna Manso

Cómo aplicar el sentido del humor a la crianza

Anna Manso

· Escritora y guionista

Afronta la maternidad y la escritura desde una perspectiva gamberra. Sin filtros. Anna Manso es madre de tres hijos y, a título propio, ‘la peor madre del mundo’. Así se presenta en la columna semanal que escribe desde hace una década en el periódico Ara. Una credencial que también da nombre a su último libro: ‘La peor madre del mundo, manual para convertirse en una madre o un padre imperfectos’, donde reivindica los defectos y los errores en la crianza desde el sentido del humor. Su lema: “La perfección mata y el humor salva vidas”.

Anna Manso estudió en la Escola de Mitjans Audiovisuals de Barcelona y se especializó en escritura de guión de cine y televisión en la Universidad Autónoma de Barcelona. Inició su carrera profesional como guionista de series y programas infantiles de entretenimiento, como Barrio Sésamo o Club Super3. Es, además, autora de casi medio centenar de obras de literatura infantil y juvenil - entre las que destacan ‘Lo del abuelo’,’ Canelones fríos’ o ‘Leandro el niño horrible’ - y ha ganado en dos ocasiones el prestigioso Premio Gran Angular.

Es habitual ver a esta escritora y guionista visitando los colegios, volcada en la animación a la lectura. “La educación es uno de los pilares de nuestra sociedad y los profesores no tienen el reconocimiento que se merecen”, concluye.


Creando oportunidades

Anna Manso

Afronta la maternidad y la escritura desde una perspectiva gamberra. Sin filtros. Anna Manso es madre de tres hijos y, a título propio, ‘la peor madre del mundo’. Así se presenta en la columna semanal que escribe desde hace una década en el periódico Ara. Una credencial que también da nombre a su último libro: ‘La peor madre del mundo, manual para convertirse en una madre o un padre imperfectos’, donde reivindica los defectos y los errores en la crianza desde el sentido del humor. Su lema: “La perfección mata y el humor salva vidas”.

Anna Manso estudió en la Escola de Mitjans Audiovisuals de Barcelona y se especializó en escritura de guión de cine y televisión en la Universidad Autónoma de Barcelona. Inició su carrera profesional como guionista de series y programas infantiles de entretenimiento, como Barrio Sésamo o Club Super3. Es, además, autora de casi medio centenar de obras de literatura infantil y juvenil - entre las que destacan ‘Lo del abuelo’,’ Canelones fríos’ o ‘Leandro el niño horrible’ - y ha ganado en dos ocasiones el prestigioso Premio Gran Angular.

Es habitual ver a esta escritora y guionista visitando los colegios, volcada en la animación a la lectura. “La educación es uno de los pilares de nuestra sociedad y los profesores no tienen el reconocimiento que se merecen”, concluye.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:02
Anna Manso. Soy Anna Manso, soy escritora de literatura infantil y juvenil y guionista de programas infantiles y series de ficción. Y como digo en mi libro: la peor madre del mundo.

00:14
Ángels. Hola, Anna, soy Ángels, tengo dos hijos y primero darte la bienvenida y segundo, me gustaría hacerte unas preguntas. La primera de ellas sería: tú has escrito más de cuarenta novelas infantiles y juveniles, ¿por qué decidiste meterte en este mundo de la literatura infantil y juvenil?

00:33
Anna Manso. Es cierto, he escrito en mi mayoría son creo que cuarenta y siete, tengo una lista donde voy actualizando, si no me pierdo, cuarenta y siete libros de literatura infantil y juvenil. Pero para explicar por qué decidí empezar por la literatura infantil y juvenil, tengo que echar un poco la vista atrás. ¿Por qué decidí escribir? Yo decidí escribir porque soy lectora. Creo que este es un camino que hacemos todos los escritores. Somos escritores porque somos grandes lectores. En mi caso el origen es la familia. Yo soy la sexta de siete hermanos, son muchos, y todos lectores, aunque de diferentes estilos. Y en mi casa siempre había muchos libros. En mi casa la lectura era algo normal que se daba por supuesto. Luego descubrí que eso no era ni normal ni se daba por supuesto. La lectura fue en mi infancia un consuelo, una fuente de alegría inmensa, que esos libros que yo me leí en ese momento me marcaron, me acompañaron y que de una forma natural, sin reflexionarlo, cuando yo empecé a querer escribir literatura, porque yo escribo guiones, cuando di el paso: «Ahora quiero escribir mis historias personales», no lo dudé ni un segundo. Quería escribir historias como las que yo leí en ese momento. Después, pensándolo un poquito más, creo que he llegado a la conclusión que es porque yo quería lograr ese mismo efecto en algún lector o lectora, imaginarme que a lo mejor alguno de estos libros pudiese consolar, reír, distraer, aunque la palabra tampoco me gusta mucho, pero vamos a ser sinceros, leemos porque nos gusta, para distraernos, para… una fuente de placer. Así que creo que fue para conseguir ese efecto que yo le llamo un poco Michael Ende. Yo me leí un libro, era ‘Jim Botón y Lucas el maquinista’. Aún me acuerdo la sensación física que yo sentía cuando yo leí ese libro por primera vez. Una especie de cosquillas en el estómago, de placer. Decir: «Esto es la felicidad». Esto es lo que yo quiero.

02:31
Ángels. Sí, de meterte dentro del libro, de seguir la historia.

02:34
Anna Manso. De ser abducida, ¿no? Ahora, de mayores, de mayor, mis hijos me dicen: «Cuando lees no estás aquí». Digo: «No, claro, estoy ahí, ya me llamaréis». «Ya me mandaréis un WhatsApp para que vuelva», ¿no? Pues esa sensación de… incluso el lenguaje, ¿no? Yo a veces pienso que hay algunas palabras que me las comería a bocados, como bombones. Y esa versión que yo me leí de ‘Jim Botón’ tenía un castellano maravilloso y era una fuente de alegría inmensa. Imagínate que uno de mis libros consigue algo así. Tengo que contarte por eso que yo empecé a escribir literatura infantil y juvenil de una forma natural, vocacional. A veces pienso que quizá la pregunta es: ¿y por qué no? ¿Por qué escribes para adultos y no escribes para niños y para jóvenes? Siendo un público tan agradecido y siendo una pieza tan importante de la cultura. Y luego descubrí que eso no estaba nada valorado a nivel social. Yo me acuerdo cuando se celebraron los Juegos Olímpicos de Londres, me emocioné hasta la llorera cuando… ahora no me acuerdo si era la ceremonia de inauguración o la de clausura, en la que la sociedad inglesa celebró su literatura infantil y juvenil: Mary Poppins, Peter Pan, Harry Potter… Claro, seguro que mucha gente dice: «Claro, porque son famosos», y a lo mejor deberíamos hacernos la pregunta contraria: ¿por qué son famosos estos personajes de la literatura infantil y juvenil?

03:59

Pues porque ellos los valoran, los exportan, creen que son algo maravilloso para compartir en el mundo. Pues aquí también tenemos muchos autores y mucha gente que tiene grandes creaciones que podrían celebrarse exactamente igual. Tan solo hace falta que nos lo creamos los editores, los lectores, la sociedad en general, de verdad, que tenemos una literatura infantil y juvenil de olé, de bandera. Y también he reflexionado mucho sobre el tema y pensar: ¿por qué? ¿Por qué no tiene esta importancia que tiene en otros países? Una cosa que tengo muy en cuenta es el respeto por el público al que voy dirigida, al que van dirigidos mis libros. Porque tengan menos de dieciocho años no significa que sean tontos, que no puedan entender determinadas cosas, que no deba cuidar el lenguaje. El lenguaje es la gran herramienta de la literatura y yo le doy muchísima importancia, no solo a las historias, y de qué van, sino también al lenguaje. Pienso que tenemos el deber de regalar palabras a los lectores y que parece que no las entenderán, pero sí, pueden llegar. Una vez Lolo Rico, la creadora de ‘La bola de cristal’, me dijo algo maravilloso: «Los niños son niños, pero no son nada tontos», y eso me lo quedé. Justamente me lo dijo antes de empezar a escribir y no lo olvidaré nunca. Fue un gran, gran, gran aprendizaje. Creo que hay que tener una conexión especial con aquel niño o niña que tú eras, con esas ganas de jugar pero siendo adulto, sin perder la perspectiva. Y otro tema del que me gustaría también hablar es el respeto por la cultura en general, no solo en la literatura infantil y juvenil. Es una pena, pero no siempre se reconoce el valor de los trabajadores de la cultura. En eso pienso que hacemos un gran trabajo. Se ha visto en el confinamiento, el trabajo de la cultura acompañando y también la polémica sobre si debería ser gratis o no. Yo pienso que en eso estamos equivocados. Todas las personas que trabajamos en la cultura trabajamos, tenemos familias y podemos mantenernos, debemos mantenernos. Y que ahí yo reivindico, pues eso, un paso adelante y que sea… que haya una valoración económica de nuestro trabajo.

Cómo aplicar el sentido del humor a la crianza - Anna Manso, escritora y guionista
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El lenguaje es la gran herramienta de la literatura y tenemos el deber de regalar palabras a los lectores

Anna Manso

06:08
Ángels. Dime, ¿de qué tratan tus libros?

06:10
Anna Manso. Mis libros tratan de historias realistas, siempre, siempre, siempre con el toque de humor. El humor es la marca de la casa. Yo me di cuenta de que ese era mi estilo y pude empezar a escribir cuando encontré mi lenguaje y mi estilo. Y es el del humor. Y también con un toque de fantasía, porque claro, meto por ahí personajes, por ejemplo, como un perro zombi y eso no es muy realista, pero siempre contando historias que puedan concernir al lector. Y tampoco es algo que yo piense: ¿qué es algo que puede interesar directamente? No, son historias que yo quiero contar, que me surgen de dentro, pero me doy cuenta de que sí, que están ligadas a temas reales. Yo creo que es porque cuando yo leía tenía esa experiencia de pensar: «Esto me ha pasado a mí», esa sensación también me gustaría tenerla o a lo mejor me gustaría vivirla y creo que de una forma inconsciente lo hago en mis libros. Mira, te voy a poner unos ejemplos a partir de dos o tres libros míos, así de una forma bastante escueta. ‘Leandro, el niño horrible’, ¿de dónde sale? Pues mira, hay un juego cuando voy a los colegios a hablar con los chavales que se han leído el libro, porque siempre les hago el juego: «Venga va, ¿en quién pensáis que me he inspirado para este personaje tan espantosísimo a nivel físico?». Y empiezan a decir barbaridades y siempre les respondo lo mismo: «En mí misma». Entonces me miran y me siento muy guapa porque van pensando: «Esta tía no es muy fea tampoco. Esta es guapa», ¿no? Y les hago la reflexión que está inspirado en mí, en cómo yo me veía cuando tenía su edad. Y que el cerebro te engaña. Y que a mí me quedó la espinita clavada de haber perdido el tiempo, cuando yo era pequeña, sufriendo por el físico y que por suerte eso es algo que yo me pude quitar de encima. Y que como no puedo volver a la Anna de nueve, diez, once años y decirle: «Oye, vive y sé feliz seas como seas», me inventé a Leandro. Me inventé a Leandro como una forma de demostrar que uno puede ser feo no, horrible y ser muy, muy feliz.

08:20

Las historias también las cuento sobre todo para divertirme yo. Es de una forma egoísta. Pienso que si no me divierto yo, si no me entretengo yo, si no me interesan a mí como lectora, ¿a quién van a interesar? Creo que eso se nota. Yo tengo que disfrutar muchísimo escribiendo. No soy una escritora del sufrimiento. No, no, las cosas tienen que estar un poquito bien. Los libros pienso que tienen que conectar con la vida del lector. Y ahora aún más. En que la lectura tiene tanta competencia y que tiene sentido en el sentido de que nos dice algo sobre nosotros mismos y nos habla y nos hablamos. ‘Corazón de cactus’ sería otro ejemplo. Me interesaba mucho también hablar al público juvenil sobre las relaciones sentimentales, sobre el romanticismo. Hay tantos libros que se venden tanto, tantísimo, que nos venden el estereotipo en el que resulta que las mujeres solo estamos interesadas en enamorarnos, no en nuestra vida profesional, no en la amistad, no en viajar, en hacer cuarenta mil cosas… no, se ve que ese es nuestro objetivo en la vida: enamorarnos. Y a mí me divirtió escribir una novela que aparentemente pareciese una novela romántica, incluso con la editorial jugamos al rollo de la portada de color rosa, pero que dentro hubiese una bomba de destrucción o de cuestionamiento, más bien que de destrucción, de cuestionamiento, de cómo nos enamoramos, cómo queremos. ¿Hay una sola forma? Pensar exactamente qué lugar ocupa en nuestra vida. Que enamorarse es maravilloso, no soy de la brigada antiamor ni muchísimo menos.

10:00
Àngels. Pero no es lo único.

10:01
Anna Manso. Sí, y cada vez más, a medida que va avanzando mi carrera de escritora, también me doy cuenta que los libros los utilizo para interpelar, para hacer pensar, para que nos den respuestas o me las dé a mí misma. Pero siempre parten del placer, de la diversión y de las ganas de compartir ese placer y esa diversión como en el libro ‘La lista de cumpleaños’ que es de una niña a la que sus padres le dan el reto de: este año todos los regalos que pidas para tu lista de cumpleaños no se van a poder ni tocar ni guardar. Y yo misma, como una gamberra, me divertí pensando las diez cosas que pediría la niña para desmontar los esquemas a sus padres. Y al final, claro, los libros tienen valores. Yo siempre pienso que si los has escrito un poco bien, si has hecho tu trabajo, de toda buena historia, de toda buena historia literaria, se derivan unos valores, pero no empieza por el valor, porque no creo en la literatura hecha de esta forma, con receta. La literatura que le llamo yo de farmacia. Eso lo cuentan muchos libreros y libreras, que la gente entra y les pide: «Un libro para superar los miedos». Y dices: «Hombre, un libro para que el que lo lea se lo pase bien». Empecemos por ahí.

11:18

Pues ese es mi planteamiento a la hora de escribir también. Es que realmente como adultos prescriptores somos muy injustos cuando le estamos pidiendo a la literatura infantil y juvenil eso, porque no se lo pedimos a la literatura de adultos. A la literatura de adultos le pedimos que sea literatura que tenga calidad y ya damos lo otro por supuesto. Pero con los niños sí, yo creo que nos dan miedo los niños. Miedo en el sentido de: «Van a pensar por sí mismos, a ver qué van a pensar». Van a pensar cosas maravillosas, tan solo hay que suministrarles material de calidad. Pero lo que decía Lolo Rico ¿no? «Los niños no son tontos, los niños piensan por sí mismos». Yo creo que a veces nos olvidamos como adultos de contar la verdadera razón por la que queremos que sean lectores. Al menos yo pienso que quiero que sean lectores para que aprendan a pensar por sí mismos, además de divertirse, porque tú hablas cuando estás con un libro, hablas contigo mismo. No hay un altavoz Bluetooth que cuente lo que tú estás pensando, con lo que puedes pensar lo que te dé la gana. Eso es un gran valor, y en silencio. No piensas lo que te dicen, piensas lo que tú quieres. Puedes pensar: «Este libro de Anna Manso es maravilloso». «Este libro de Anna Manso está fatal» o «Esta tía está loca», pero vas pensando y te vas posicionando, lo quieras o no, y eso creo que es el gran, gran, gran valor de la literatura.

12:41
Àngels. Tú como escritora has tenido mucho contacto con niños, has hecho charlas en escuelas, en bibliotecas, en diferentes asociaciones y has estado en contacto con niños que les gustaba leer. ¿Pero qué se hace o qué podríamos hacer para contagiar esa pasión a niños que no tienen las ganas de leer?

12:59
Anna Manso. Cuando me preguntan qué es lo que podemos hacer para animar a la lectura, yo siempre empiezo por lo contrario, con una provocación, diciendo: «Mira, lo que estamos haciendo muy bien, pero lo estamos haciendo excelente, es desincentivar». Estamos diciéndoles a los niños y a los chavales: «Los libros son algo muy caro, no es necesario gastarse dinero en libros, vamos a socializar los libros, vamos a… es un gasto». Mientras yo pienso: «Hombre, no, los libros no son un gasto, son una inversión». Estamos haciendo muy bien desincentivar la lectura, a veces en muchos colegios, institutos, planteándoles actividades tan excitantes como un examen sobre un libro o una ficha sobre un libro y la persona que lo está prescribiendo ni se lo ha leído o no le gusta, pero es el que le toca y no se lo cree. Bueno, vamos a ponernos positivos sobre cómo animar a la lectura. Yo creo que ahora mismo la lectura tiene mucha competencia y tenemos que reconocerlo y no es nada malo porque pueden ser las tecnologías, por ejemplo, una gran cómplice para animar a la lectura, pero están ahí y son una competencia, con lo cual yo soy un poco radical en el sentido que las personas que están a cargo de animar a la lectura, ya sean profesores, maestros, bibliotecarios, no puede ser cualquiera, se lo tiene que creer, tiene que tener capacidad de liderazgo, le tiene que entusiasmar la lectura y el libro que tú estés prescribiendo te tiene que gustar. Si no te gusta, cámbialo, por favor, cámbialo.

14:34

Hay muchísimas actividades que se pueden hacer a partir de un libro. Yo tengo un blog en el que he recopilado todas las actividades que yo he ido encontrando en escuelas e institutos, actividades maravillosas a partir de mis libros. Y está ahí escrita desde hace muchos años y la voy actualizando para dar ideas, porque muchas veces es verdad, los maestros en las escuelas y los profesores tienen una gran carga de trabajo y hay muchas veces en las que una ayuda así es muy valiosa. Yo me he encontrado experiencias maravillosísimas. Vamos a empezar, por ejemplo, por una que me encanta que es el Congreso de Jóvenes Lectores que se realiza en todas las islas de Canarias, en el que los niños y niñas se encuentran con los autores y hacen un pequeño trabajo, una pequeña dinamización, que no trabajo, ¿eh?, no hacen trabajos escritos, una pequeña dinamización a partir de alguno de estos libros. Es un congreso que como autor es una maravilla, tú te sientas y ellos dan. No es como cuando vas a hacer una convención, no, no, ellos te devuelven a través de dramatizaciones, canciones, rap… A mí me han hecho un Pasapalabra sobre libros, sobre libros míos. Y este es un ejemplo que me gustaría que se difundiesen, que se celebrasen congresos de jóvenes lectores en todos sitios. Después hay otras actividades que son muy sencillas y muy, muy potentes. Yo en casa conservo un regalo que lo tengo como un tesoro que lo guardaría en una caja fuerte, como de Fort Knox para que nadie me lo robe, que es un álbum que me regalaron en una escuela de Palafrugell de Mont-Ras, cerca de Palafrugell, en el que es el abecedario de Anna Manso, en el que cada letra es una palabra que empieza por la inicial de la letra del abecedario, con un concepto de uno de mis libros: un nombre de un personaje, un título, una emoción que se trabaja… ilustrado y un poco contado. Y es una maravilla. Yo lloré a lágrima viva cuando me lo regalaron, me emocioné.

16:35

Y después, por ejemplo, hay un libro que se llama ‘El último violín’, que habla sobre el trabajo de un lutier. Me han recibido en muchos colegios con conciertos de violín. Te das cuenta que entonces el libro ha traspasado las páginas impresas y ha impregnado la vivencia de esos niños y niñas, ¿no? Y con ‘Leandro, el niño horrible’, también tengo una experiencia que me gustaría compartir. Fui a una escuela cerca de Berga y habían hecho una exposición de fotografías. Cada niño había decidido retratarse una parte de su cuerpo que le gustaba especialmente y una parte que rechazaba especialmente. Y entonces colgaron las fotografías de tal forma que por una parte estaba la parte que a los niños les gustaba y por la otra, la que ellos rechazaban de su cuerpo. Y me preguntaron: «¿Tú cuál crees que son las fotografías de las partes más bonitas del cuerpo? ¿O cuáles son aquellas en las que son partes muy feas?». Evidentemente todas las encontré maravillosas porque es una visión subjetiva de nosotros mismos. Y fue una demostración muy potente para los propios niños eso, que el cerebro nos gasta malas pasadas, que la visión del físico es algo muy subjetivo y que depende también de la visión externa. Y más ahora desde que existe Instagram donde los niños y niñas tienen aún más presión sobre la imagen. Y nada, eran dos fotografías. Punto. Ya está. No podría parar de citar experiencias porque la verdad es que hay un montón. Cuando te encuentras con equipos, con equipos docentes que se lo creen, es un gustazo. Y tengo que decir que eso me lo he encontrado por todos sitios, en Cataluña, viajando por España, hice una formación en Lima con maestros que también me contaron cosas que hacían allí y la verdad es que yo me doy cuenta de que la pasión por la lectura es una pasión universal.

18:30
Àngels. Estamos en un mundo tecnológico, un mundo muy visual. Tú, además, también eres guionista de televisión y sabes que los niños consumen muchísimas películas, muchísimas series con su tablet, con su móvil, ¿cómo tendríamos que hacer nosotros una educación audiovisual?

18:49
Anna Manso. Para hablar sobre la educación visual y audiovisual de los niños y niñas y de los jóvenes… la verdad es que podría contestar… voy a contestar de dos formas una como guionista a partir de mi experiencia profesional y la otra como madre, como la peor madre del mundo, no cualquiera. A mí me gusta desmontar los mitos sobre la televisión cuando voy a escuelas e institutos, y por eso tengo una colección de libros que se llaman ‘Qué asco de fama’, en el que hay unos niños, unos chavales, que se hacen famosos y descubren que quizá la fama no es lo que ellos esperaban, porque hay todo el fenómeno youtuber y hay que conocerlo dignamente. Es decir, hay mucha dignidad profesional en los youtubers, hay de más, hay de menos, pero hay mucho trabajo detrás y está muy bien contarles cómo funciona. Con lo cual, como guionista, creo que una de mis funciones es explicar cuál es mi trabajo y contar que es como la alimentación. Tienes que saber escoger. Tienes que tener una educación visual. Tienes que saber que hay un guion detrás, que no todo es improvisado, que hay unas cámaras, que hay un equipo de sonido y de producción. A mí me gustaría que hubiese una asignatura de Educación Audiovisual en los colegios. No sé porque no existe, en el sentido de que somos ahora más que nunca una cultura audiovisual. También escrita, no nos olvidemos, pero también muy audiovisual. Y esa formación no la tienen. Yo siempre también hago el reto con los chavales y les digo: «Venga, contadme programas que lleven guion», y dicen los más evidentes. Y cuando les cuento que todos los programas tienen guion, incluso los «realities» se sorprenden y me doy cuenta de esa falta de información. Con lo cual creo que ahí las escuelas e institutos podrían hacer un trabajo, que muchos ya lo hacen.

20:38

Como la peor madre del mundo. Bueno, claro. A ver, vamos a ponernos así un poco más en modo terrenal. Todos sabemos, vamos a confesar, todos sabemos que las pantallas nos solucionan esos grandes momentos en los que tenemos que hacer las cenas, ¿no? Y no sabemos qué hacer con los niños que ya están un poco pasados de vueltas y les decimos: «Te voy a poner este vídeo de YouTube». También otra cosa sería cuestionarnos la cantidad de horas, ¿no? A veces digo: «Les he dejado, les he llegado a dejar tantas horas que la cabeza se les ha quedado en formato 16:9», haciendo una broma. Pero es decir, es un recurso y también es un valor cultural, es un valor cultural. Hay que educarles. Yo intento educarles, me pongo a ver la televisión con ellos y se ponen nerviosos, empiezan: «A ver qué va a decir, ¿no?». «Ya sabemos que esto que estamos viendo es muy malo, pero nos lo pasamos muy bien». Digo: «Vale, vale, pero lo sabéis y están diciendo una cosa que es horrorosa de machista y esto tal y cual ¿no?», dicen: «Mamá, te puedes ir, ¿por favor?». Pero está bien. Ellos al final, aunque sea de esta forma, creo que es interesante hacerles cuestionar lo que están viendo, no de una forma castradora e incluso saltándote la barrera de lo políticamente correcto, porque es que siempre estamos ahí como el guardia urbano con el pito: «Esto sí, esto no». Pero sí que hacerles pensar y reflexionar, que sepan escoger, que sepan escoger, y decirles: «A ver, ¿por qué he escogido esto?». Cuando me dicen eso: «Es muy malo, pero ya lo sé», digo: «Bien, trabajo hecho».

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Falta educación audiovisual en las escuelas

Anna Manso

22:13
Àngels. Te quedas tranquila.

22:14
Anna Manso. Al final todos vemos cosas muy variadas, cosas un día que estás muy cansado y necesitas algo un poco fácil y todos después vemos cosas muy profundas.

22:24
Àngels. Anna, tú presumes de que eres la peor madre del mundo y, además, lo dices con mucha honra. ¿Por qué lo dices? ¿Por qué eres la peor madre del mundo?

22:32
Anna Manso. Yo siempre cuento que soy la peor madre del mundo y con orgullo, porque es un camino muy largo el que yo he hecho. Para empezar, yo empecé sintiéndome la peor madre del mundo, pero sin orgullo, aunque en realidad debería contar que yo empecé queriendo ser la mejor madre del mundo. Estaba loca. Yo quería ser perfecta, ser maravillosa. Y luego la realidad me puso en su sitio porque la maternidad y la paternidad, porque yo me dirijo tanto a madres como a padres, es lo que es. Es una experiencia real en la que la perfección no tiene ningún tipo de cabida. Entonces, cuando iba pasando el tiempo y yo la iba pifiando, y me iba equivocando, y me iba sintiendo cada vez más lamentable como progenitora, iba pensando: «Bueno, no soy la mejor madre del mundo, pero a lo mejor soy notable. Bueno, no, a lo mejor soy normal. Bueno, a lo mejor soy normal una vez a la semana. Bueno no, soy mala. No, soy la peor». Pero a partir del sufrimiento. Hasta que por suerte recibí una llamada que me cambió bastante la vida, en la que se me propuso escribir un blog, un blog a partir de mi experiencia como madre de tres hijos. Y me acuerdo que cuando me lo propusieron, de una forma espontánea, me salió de dentro decir: «Pero estáis locos. ¡Pero si yo soy la peor madre del mundo!». Y la propuesta interesante fue que me dijeron: «Pues cuéntalo».

23:53

Y a partir de ahí empecé a pensar muchas cosas. Por ejemplo, que cuando escribo y me invento personajes de ficción que son padres y madres, nunca los hago perfectos. Uno porque no me los creo y dos porque si no me caerían muy mal, ¿de acuerdo? Y pensé: «¿Por qué a ellos los creas así? ¿Por qué les perdonas todos los errores, es más, te encantan sus errores y a ti misma no? ¿Por qué eres tan dura contigo misma?». Y en fin, me lancé a escribir lo que primero fue un blog, luego unos artículos y después el libro ‘La peor madre del mundo: el manual’, como terapia para mí misma fue una forma de terapia, de salir del armario y decir: «Pues sí, yo intento hacerlo muy bien, os lo juro, os lo prometo, pero al final todo sale como sale. Pero la intención es muy buena. Os lo prometo. Os lo prometo». Yo pensaba: «No sé, me van a caer chuzos de punta». Pues no, la reacción fue muy buena. Fue empezar a recibir mensajes de: «Esto también me sucede a mí». «Menos mal que no soy la única cutre». Y que sufro tanto por cosas que en verdad nos hacen sufrir mucho pero a lo mejor no son tan importantes, o sí. O a lo mejor son muy importantes. Y a mí la verdad es que me ha curado. Me ha salvado este humor. Pienso que es también un gran aprendizaje desdramatizar sobre nuestros problemas, que no minimizar, sino desdramatizar. Y ha sido un auténtico gustazo crear este personaje que soy yo. De verdad, todo lo que cuento es cierto. Yo no cuento miserias de nadie, solo mías, esa soy yo, y ha sido una gran alegría.

25:32
Àngels. Anna, dices que eres la peor madre del mundo, ¿pero por qué eres tú y no soy yo? Porque yo también me siento la peor madre del mundo.

25:38
Anna Manso. En primer lugar, porque me lo he inventado y porque eso es un bien social que yo hago a la humanidad, porque si yo soy la peor madre del mundo, nadie más lo es. Todo el mundo siempre será un poco mejor que yo, así que todo el mundo se puede relajar. En realidad, estoy ayudando, Ángels.

25:52
Àngels. Es un alivio para mí, entonces.

25:52
Anna Manso. Es un alivio.

25:54
Àngels. Pero dime, dime el porqué. Porque a mí todavía no me has quitado esa sensación que tengo.

26:00
Anna Manso. Evidentemente, porque es una provocación, porque eso es algo que nos pasa a todas las personas que criamos hijos, que en algún momento nos sentimos los peores padres o madres del mundo. No sé por qué. Yo también creo que es porque somos muy exigentes con nosotros mismos. Hay mucha presión social para hacerlo todo perfecto. Nuestra sociedad es una sociedad que pena el error. El error es un tabú. Con lo cual imagínate equivocarte con los hijos, aunque después, digo yo, el método científico también funciona con la crianza. Es lo único que funciona con la crianza. Ensayo y error. Pero si nos equivocamos, nos sentimos fatal. Pues yo sí. Yo lo reivindico, yo lo reivindico con humor. Si tuviésemos aquí ahora un ordenador te diría: «Teclea en Google la peor madre del mundo» y te saldré yo allí bien posicionada, que nadie me quite el sitio, que me ha costado muchísimo conseguirlo.

26:50
Àngels. Te ha costado años llegar hasta aquí.

26:51
Anna Manso. Me ha costado muchísimo. Pero esta sensación que todos tenemos de equivocarnos, a mí me divierte muchísimo testarla. Cuando voy a escuelas, institutos, centros, a hacer conferencias con padres y madres, les propongo un juego, venga y te lo voy a proponer a ti también, Ángels, escribe en un papelito una situación en la que te hayas sentido el peor padre o madre del mundo. Hay mucha gente que me dice: «Es que con un papelito no voy a tener suficiente». Y, además, hay gente que piensa: «Es que no sé si puedo contarlo aquí, que todo el mundo se entere», ¿no? Digo: «Es anónimo, es anónimo». Entonces ya se relajan. Y después cuando los recojo yo ya los clasifico. A ver, ¿tú qué contarías si yo te pidiese un momento en el que te hubieses sentido una madre… vamos a poner no la peor, pero sí lamentable u olvidable? ¿Contarías algo en especial qué dirías?

27:47
Ángels. Pues los bizcochos que he quemado, las veces que me han dicho: «Eres una pesada», y todas esas cosas.

27:52
Anna Manso. ¿Ves? Al final no es… perdona, pero no eres nada original, ¿eh? Porque esos papelitos que yo después ordeno, los ordeno por orden de preferencia, el «top ten», el hashtag principal, el «trending topic» se lo llevan los gritos. Yo siempre digo: «Claro, es que no somos suecos, no somos nórdicos. Y los decibelios aquí suben, suben, suben». Somos así, de sangre caliente. Y gritamos mucho. Después está el de: «No les dedico suficiente tiempo». Y después está el: «Se enfadan». No eres muy original. «Se enfadan, nos enfadamos. Hay conflictos y no sé llevarlos». Y después el: «Varios». «Me he dejado al niño en casa». Cosas así. Que nos han pasado a todos. «Ha puesto la cabeza dentro de los barrotes y no lo puedo sacar». Cosas que nos suceden en todos los hogares.

28:41
Àngels. Aquí contigo salen, y yo me río bastante con las cosas que dices, en el libro también de ‘La peor madre del mundo’ lo has escrito con mucho tono de humor. Y en muchos de los trabajos que haces denotas que tienes ese sentido del humor, ¿cómo es de importante tener ese sentido a la hora de escribir, a la hora de vivir…? ¿Para ti qué supone eso?

29:00
Anna Manso. A la hora de escribir ‘La peor madre del mundo’ tenía clarísimo que iban a ser unos artículos, luego un libro de humor, porque es lo que yo digo, es mi forma de vivir la vida. En la portada del libro, en la cubierta, salgo con unas gafas 3D que las he traído y me las voy a poner ahora tras un ratito, porque si no me mareo, que son un símbolo de ver la vida a través del sentido del humor. Venga, va, vamos a hacer la prueba. Yo no sé si te ha sucedido, no sé qué edad tienen tus hijos, pero la mayoría de los menores de edad a cargo, llega un momento en el que pronuncian una palabra insistentemente que es «móvil», ¿no? Y yo siempre digo a ver, llegas a casa supercansada. Son las diez de la noche. Llueve. Te han bajado el sueldo, lo que sea. Día olvidable. Y te encuentras allí un «MEC», un menor de edad a cargo diciéndote: «Quiero un móvil, quiero un móvil nuevo. Quiero…». Lo que sea, cualquier declinación con la palabra «móvil» funciona. Y tú estás a punto de mandarlo a la porra. Mi propuesta es: ponte estas gafas 3D y a partir de entonces lo verás todo un poco diferente. Porque vamos a ver, el menor de edad a cargo no desaparece, ¿de acuerdo?, pero lo ves un poco diferente. Te puedes reír un poco, ¿no? Entonces el menor de edad a cargo te va diciendo: «Eres patética. Y con estas gafas estás muy fea». Pero a ti ya se te ha pasado el mal humor y el problema no ha desaparecido, pero es bastante, bastante más pasable. Es un símbolo, una propuesta de ver la vida a través del sentido del humor. Y, también, a partir de ahí, de recuperar el sentido común. De repente, tu visión sobre la vida puede cambiar por una cosa tan, tan, tan pequeña como unas gafas 3D. Que el humor es algo universal. Es una cura inocua y maravillosa. Una apuesta también por el empoderamiento. Por ser quien queremos ser. Por no estar tan pendientes de las opiniones de los demás. Por pensar que a lo mejor no lo hacemos lo mejor que queremos. Pero sí lo estamos intentando. Y perdonarnos un poquito más.

31:03

Tengo un lema que es «La perfección mata y el humor salva vidas». Y me lo creo. El tema del humor, además, es muy importante, porque cuando empecé a escribir los artículos, piensa que era hace diez años, no había tantos blogs, no había tanta gente que contaba cómo lo pasaba y muchísimo menos desde la experiencia personal y desde el humor. Y yo estaba muy preocupada porque quería que la gente entendiese que mi propuesta iba de reírse de uno mismo y de ahí ponerse las gafas. Y pensé: «Si me ven haciendo el patético con las gafas, lo van a pillar». Y también mi temor era que la gente se lo tomase mal, porque yo pienso que en la maternidad y en la paternidad nos falta humor. Eso también me lo aplico a mí. Es una cura que me aplico a mí misma. Somos muy «drama queen» y «drama kings», cualquier cosa pequeña, a veces nos hundimos, nos ahogamos en un vaso de agua. Ya lo digo, porque a lo mejor no hemos dormido y eso hay que entenderlo. Solidaridad. Solidaridad con los padres y madres que duermen poquito, porque eso trastorna. Eso trastorna. Pero sí que es cierto que al aplicarte en la cura del sentido del humor, todo se rebaja. Y yo me lo aplico a mí misma. Incluso te voy a decir una cosa, cuando sucede algo gordo en casa ya no estoy hablando de algo pequeño, algo mínimo, algo doméstico aunque irritante y legítimo que te irrite, cuando está pasando algo importante y gordo, yo me pongo deberes y me digo: «Mira, esto, esto me lo voy a contar como si hiciese diez años que hubiese pasado». Eso es un truquillo que me contó un psicólogo y esto gordo que ahora no sé cómo hacer que pase me lo digo a mi misma intentando reírme o sonreír un poquito. «¿Te acuerdas cuando hace diez años…?». Y también son tareas que me pongo para minimizarlo, digo: «Esto a lo mejor ahora no voy a poder reírme de ello, pero dentro de un tiempo sí». Dentro de un tiempo tengo que hacerlo. Sea un mes, sea una semana, sea un año, porque sé que cuando pueda reírme de ello lo habré cerrado y lo habré sanado.

33:11
Àngels. Y con diez años con este título, ¿qué es lo que te llevas como aprendizaje?

33:16
Anna Manso. Aprender a relativizar que nada es definitivo, que las cosas pueden verse de diferente perspectiva con el paso del tiempo, y que en la maternidad y en la paternidad creo que nuestra función principal es la de acompañar, la de acompañar en la crianza de nuestros hijos. Saber que ese es nuestro espacio, claro, muchas veces nos preguntamos, ahí está el «quid» de la cuestión, ese acompañamiento, que en algunos momentos tiene que ser un poco intervencionista. ¿Hasta qué punto tenemos que intervenir o no? Ahí está el punto filipino de aprender a… Yo me acuerdo un maestro de uno de mis hijos, un profesor que decía: «Tenemos que dejar que los niños suspendan». Y yo me acuerdo que en ese momento en la clase se armó un gran escándalo porque todos los padres se vieron a sus hijos con trabajos poco cualificados por culpa de haber suspendido ese primero de ESO. Pero tenía santa razón, ¿no? Tenía una razón muy fuerte, porque tienen que aprender a ser autónomos. Tienen que aprender a cometer sus propios errores. Estos errores que nosotros mismos no nos permitimos debemos permitírselos también a ellos, ¿no?, pero yo me acuerdo que cuando terminó la reunión me acerqué al profesor y le pregunté: «Tenemos que dejar que suspendan, de acuerdo, ¿pero hasta cuándo? ¿La primera evaluación? ¿La segunda? ¿La tercera? ¿Qué hacemos?». Ese punto de intervención es el que a lo mejor cuesta más. Pero es verdad que nuestra función principal es estar ahí, acompañando de una forma activa, a veces más, a veces menos, pero acompañando y aprender a reírnos de nosotros mismos. Y otro gran aprendizaje que he hecho como peor madre del mundo es el trabajo sobre la culpa. ¡Ah, esa gran palabra! La culpa. He investigado mucho y he decidido que no sirve para nada, para nada, así que es tóxica. Quitémonosla de encima. Es la mejor dieta de adelgazamiento. Librarnos de la culpa. Ese también ha sido el segundo gran aprendizaje, de verdad. Así que fuera, porque nos está mermando la capacidad de acción y de reflexión. La culpa en la crianza no es útil, impide avanzar. Nos está minando la moral. Así que culpa fuera.

Cómo aplicar el sentido del humor a la crianza - Anna Manso, escritora y guionista
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"La perfección mata y el humor salva vidas"

Anna Manso

35:34
Àngels. Anna, dime algo que puedo hacer yo para conseguir ser la peor madre del mundo.

35:38
Anna Manso. Hay muchísimos ejercicios para que puedas convertirte en un padre o una madre imperfecta, especialmente al final, en la última parte, propongo un cuaderno de verano, o de otoño, o de invierno, de lo que queráis es absolutamente intemporal. Por ejemplo, una de las propuestas, trabajar la lejanía, porque resulta que los niños crecen y empiezan a tener ya doce años y les sale el bigotillo o pelos en el sobaco y tú aún estás allí dándole la mano porque son tan monos. Y hay un momento que eso tiene que parar. Él te va diciendo: «Mamá, suéltame» y tú no puedes. Pues yo propongo cosas como, por ejemplo, que te imagines que esa mano te pasa una gripe espantosa que te va a dejar tumbada, te va a impedir ir a tomarte gin-tonics con tus amigas. Pues nada, imagínatelo. Va a ser más fácil. Incluso, yo que sé, escayólate una mano para no poder darle la mano. Evidentemente, siempre son propuestas a partir del humor. O ese momento en el que tememos tanto que vayan solos por la calle de casa al cole, de cole a casa, si se puede ir andando, evidentemente digo: «Oye, pues traza el trayecto en Google Maps, descubre que no hay nada que pueda sucederle, que no hay ningún tipo de peligro, ningún volcán, no hay ningún géiser, no le sucede nada. Tan solo hay calles y semáforos y déjalos ir», evidentemente. ¿Y en la playa? Estás allí en la playa. Oblígate hacer lo que le llamo yo gimnasia pasiva. Oblígate a quedarte debajo de la sombrilla, o no, fuera, si quieres tomar más el sol, leyendo. Oblígate a acordarte de que ya no son niños pequeños, que ya no tienes que hacer de guardaespaldas. Insiste en la lectura, que la lectura es tan buena y oblígate hacer ese ejercicio de lejanía. Si te parece Ángels, te voy a leer el decálogo de la peor madre del mundo.

37:24
Àngels. Vale, venga.

37:26
Anna Manso. Me tengo que poner las gafas porque una tiene una edad muy digna, pero necesito las gafas. El decálogo. Saldrás del armario vestido o vestida con las gafas 3D, recitarás el mantra: «Escuela, oh, dulce escuela». Aceptarás que Mary Poppins no existe. Detectarás las trampas mortales de fiestas, tiempo de ocio y otras situaciones extremas. Aplicarás las normas disciplinarias que te convengan. Sobrevivirías a los tres meses de verano con alegría, borrarás la palabra «culpa» de tu cerebro. Estudiarás a los menores de edad que tienes a cargo con espíritu científico. Aprenderás de los demás aquello que te convenga, lo que no te convenga, pues no. Te reirás una vez al día, como mínimo, a poder ser de ti mismo o ti misma.

38:19
Àngels. Y ahora te voy a preguntar una cosa, pero no quiero que me contestes como la peor madre del mundo, sino solo como madre. ¿Qué papel crees tú que tienen que desempeñar en la educación tanto los profesores como la escuela?

38:31
Anna Manso. Puedo responderte como madre solamente, pero es imposible que no pueda responderte como la peor madre del mundo, porque como la peor madre del mundo les hago un gran homenaje en el libro, porque sin ellos estaríamos absolutamente perdidos. Y no solo por lo que mucha gente cree: «¡Ay! Los quieren para tener aparcados a los niños». No, es porque yo me siento absolutamente incapaz de llevar a cabo el trabajo que ellos hacen. Yo no podría estar allí cada día. Mira que voy por colegios e institutos, pero voy un ratito y soy la estrella invitada. Luego me largo. Ellos se quedan ahí ante nuestros mayores y menores de edad a cargo. Así que un respeto enorme. Creo que más que nunca, en este momento, nos hemos dado cuenta de que la educación es uno de los pilares, o debería ser, o debería ser, uno de los pilares de nuestra sociedad y que no tienen el reconocimiento que se merecen. Son ellos los que deben liderar ese cambio que finalmente ojalá realicen nuestros hijos para conseguir una sociedad mejor. Y que además, a mí me gustaría contar que en estos momentos a mí me preocupa un cambio que a ellos les puede perjudicar, a la comunidad educativa. Y es que muchos padres y madres tienen una visión sobre lo que es la escuela, sobre lo que son los centros educativos como de consumo, son clientes, se sienten clientes y ahí yo me niego. No, no somos clientes, no es un bien de consumo, la educación es un derecho y la educación es una experiencia y es una experiencia compartida. Si no hay un equipo, un equipo que se forma por las familias y los docentes, eso no va a funcionar. Y si nos posicionamos solamente como consumidores no vamos bien. A partir de ahí nos situamos en la exigencia. «Esto no es lo que yo merezco». No, vamos a hablar, vamos a dialogar, vamos a generar algo que nos interesa a todos y que es un bien que solo vamos a poder apreciar desde fuera, porque la escuela irradia no solamente a los padres y madres, a los niños y niñas. La escuela, todo lo que hace irradia. Así que cuidémosla.

40:42
Àngels. Y ya para acabar, te tengo que preguntar, a ver, tú como escritora cuál es un libro o una película que te haya impactado o que haya significado bastante en tu vida, que te haya marcado.

40:54
Anna Manso. Cuando me preguntan sobre libros y películas que me han marcado, es un problemón. Es una lista larguísima. He citado ‘Jim Botón y Lucas el maquinista’ lo tengo en un pedestal. De hecho, toda la colección Noguer que se publicaba entonces es una colección que le tengo un gran respeto, que me marcó profundamente. También autores catalanes que también me acompañaron y que me marcaron Lola Anglada, Folsch i Torres. Hay un libro emblemático en catalán: ‘El zoo d’en Pitus’, que creo que para toda una generación fue un antes y un después y que nos ha acompañado. En películas, comedia. La comedia. ¿Cómo no voy a reivindicar la comedia? ¿Cómo no voy a reivindicar a Billy Wilder y a Berlanga? Están ahí, son grandes maestros y son una fuente también de inspiración que no cesa. Sobre las referencias, también me gustaría contar que a la hora de escribir ‘La peor madre del mundo’ no era consciente de un referente literario que siempre he tenido ahí por debajo, y hace poco, viendo la serie ‘Los Durrell’, me di cuenta. Los libros de Gerald Durrell, ‘Mi familia y otros animales’ y los otros dos libros de la trilogía me marcaron profundamente. Esa familia tan loca en la que me sentía tan identificada y esa forma de contar a partir del humor fue una gran alegría aunque no era realmente muy, muy consciente. Y también tengo que decir que cuando de pequeña yo leía, agradecía que los autores que yo estaba leyendo algunos eran traducciones del extranjero, pero yo agradecía que fuesen autores cercanos porque me sentía muy reflejada y soy una gran abanderada de reivindicar lo que yo llamo «la literatura kilómetro cero», especialmente la literatura infantil y juvenil «kilómetro cero» para que los niños y niñas puedan leer experiencias próximas en las que se sientan cercanas.

42:46
Àngels. Anna, muchas gracias por haber venido y un gusto hablar contigo.

42:49
Anna Manso. Pues muchas gracias también. Ha sido también un gusto y espero que todo lo que hemos dicho aquí y todo lo que nos hemos reído sirva para muchísima gente.