Cómo actuar frente al acoso escolar

José Antonio Luengo

· Psicólogo y profesor

“Los observadores mudos son la clave contra el acoso escolar”. Así lo asegura José Antonio Luengo, psicólogo especialista en violencia escolar y ciberacoso. Para él, la solución a este tipo de situaciones pasa por la implicación de todos los estudiantes en el conflicto: “La intervención del resto de los chavales es determinante”, afirma. Como experto, explica que se ha producido un aumento cualitativo en el fenómeno del ‘Bullying’: “Cada día me enfrento a nuevas formas de hacer daño a través de las tecnologías de la información”.
Crítico con los modelos de comportamiento que promueve la sociedad, Luengo hace un llamamiento a los centros educativos y a los padres: “Desde los años 80, sabemos que la violencia escolar no se resuelve enfrentando a la víctima con los agresores. Se resuelve a través del rechazo unánime a la violencia”. A pesar de todo, insiste en una visión esperanzadora del problema. Asegura que acabar con el acoso es una realidad posible que depende de todos: “La mala noticia es que siempre habrá violentos. Pero la buena noticia es que, si se levantan voces que defiendan a los vulnerables, los violentos quedarán arrinconados”, concluye.
José Antonio Luengo es Licenciado en Psicología, profesor y experto en Intervención en centros educativos. Durante doce años, desarrolló su actividad profesional en el 'Defensor del Menor'. En la actualidad, forma parte del Equipo para la Prevención del Acoso escolar de la Comunidad de Madrid.

Teléfono contra el acoso escolar del Ministerio de Educación (España):
900 018 018


Creando oportunidades

José Antonio Luengo

“Los observadores mudos son la clave contra el acoso escolar”. Así lo asegura José Antonio Luengo, psicólogo especialista en violencia escolar y ciberacoso. Para él, la solución a este tipo de situaciones pasa por la implicación de todos los estudiantes en el conflicto: “La intervención del resto de los chavales es determinante”, afirma. Como experto, explica que se ha producido un aumento cualitativo en el fenómeno del ‘Bullying’: “Cada día me enfrento a nuevas formas de hacer daño a través de las tecnologías de la información”.
Crítico con los modelos de comportamiento que promueve la sociedad, Luengo hace un llamamiento a los centros educativos y a los padres: “Desde los años 80, sabemos que la violencia escolar no se resuelve enfrentando a la víctima con los agresores. Se resuelve a través del rechazo unánime a la violencia”. A pesar de todo, insiste en una visión esperanzadora del problema. Asegura que acabar con el acoso es una realidad posible que depende de todos: “La mala noticia es que siempre habrá violentos. Pero la buena noticia es que, si se levantan voces que defiendan a los vulnerables, los violentos quedarán arrinconados”, concluye.
José Antonio Luengo es Licenciado en Psicología, profesor y experto en Intervención en centros educativos. Durante doce años, desarrolló su actividad profesional en el 'Defensor del Menor'. En la actualidad, forma parte del Equipo para la Prevención del Acoso escolar de la Comunidad de Madrid.

Teléfono contra el acoso escolar del Ministerio de Educación (España):
900 018 018


Creando Oportunidades

Transcripción

00:00
José Antonio Luengo. Mi nombre es José Antonio Luengo. Soy psicólogo de profesión, soy profesor y estoy especialmente embarcado en proyectos que tienen que ver con la promoción de la convivencia pacífica y democrática en los entornos y comunidades educativas.

00:19
Laura Fernández. Hola, José Antonio. Soy Laura y soy docente. Estoy encantada de estar aquí sentada contigo charlando sobre educación. Conociendo la trayectoria que has tenido y los diferentes puestos por los que has pasado, me gustaría preguntarte, aunque suene un poco obvio, ¿qué es para ti la educación?

José Antonio Luengo. Bueno, Laura, primero, encantado de estar aquí, también, contigo hablando de algo tan bonito como es este proceso mágico en el que ayudamos a los niños, a las niñas a crecer, a mirar el mundo, a encontrarse con el mundo, a interpretarlo, a pelearse con él, a enfadarse con él, a criticarlo, a llorar con él, a reírse con él. Eso es la educación. La educación es, básicamente, un proceso en el que el mundo adulto favorece, prepara, planifica una serie de condiciones para que los más pequeños, niños y niñas, vayan, poco a poco, interpretando el mundo que hay a su alrededor. Pero hablamos de una interpretación crítica, que genere autonomía, que genere pelea, que genere ganas de mejorar, ganas de progresar, que provoque, también, dudas permanentes. Porque la duda es la que fomenta la inquietud, el interés, la curiosidad, el deseo por aprender y, también, por ser mejor. Y tenemos que plantear escenarios, actividades, modos de trabajar que provoquen que la gente hable, debata, dialogue, contraste sus ideas, se vaya un día trastocado uno y otro porque ha habido un conflicto cognitivo, ha habido algo que no ha entendido muy bien y que no para de darle vueltas. Eso es la educación.

02:07
José Antonio Luengo. Los escenarios de la educación no son solo los que se viven en la escuela. En la educación influye lo que ves en los medios de comunicación, lo que ves en la televisión, lo que ves en las redes sociales. En la educación influye lo que escuchas, el modelo de comportamiento que tienen tus padres, cómo se vive en casa, cómo se responde a las dificultades, cómo se responde al conflicto, cómo se gestiona la preocupación, cómo se gestiona el dolor, cómo se vive la alegría, también. Esto pueden parecer palabras, pero esta es la realidad. La educación es todo eso. Hablando en términos muy académicos, esto es una asignatura pendiente que tenemos como organización social, entender que la educación no es solo lo que se cuece en las aulas, no es solo lo que se cuece en el sistema educativo reglado, y que tenemos una responsabilidad todos como organización de dar y dotar de coherencia a lo que hacemos. Pero, sobre todo, en este momento, en el que hay tantas influencias tan relevantes, que entran por los ojos, por la mente, entran en el corazón y en el alma de nuestros niños, niñas y adolescentes, sin que los adultos sepamos que están entrando… Lo diré de manera más explícita, nuestros chicos y chicas están viendo cosas y, por lo tanto, interpretando cosas de la vida, que los adultos no sabemos que están viendo y, por lo tanto, no sabemos qué esquemas de interpretación se producen. Cuando todo esto está pasando, todo el tiempo en que nosotros estamos con ellos en las clases, en las aulas, en el colegio, en los patios, en los momentos en los que trabajamos con ellos, deben estar organizados en torno a la idea de verles como personas.

Cómo actuar frente al acoso escolar. José Antonio Luengo
04:00
Laura Fernández. Un poco en relación con esa cercanía que tenemos que establecer con ellos, y lo que mencionabas anteriormente de las dudas que se generan y que debe generar la educación, llega un momento, en la vida de nuestros alumnos o en la vida de nuestros hijos, en la que ellos tienen que tomar decisiones. ¿Cómo podemos ayudarles a que esas decisiones sean adecuadas en un momento en el que, muchas veces, no son maduros, no tienen esa madurez vocacional que te he escuchado en alguna ocasión?

José Antonio Luengo. Nosotros tenemos que intentar acompañar a los chicos y a las chicas en un proceso de reflexión, de introspección, de mirada interior, dándoles autonomía, dándoles independencia, en fin, no teledirigiendo su observación. Hay un momento en el que tenemos que preguntarles, así, con tranquilidad: «¿Qué te gusta? De todo lo que has hecho, ¿qué te resulta atractivo, qué te hace vibrar?». Porque, en la actividad escolar, hay muchas cosas, y algunas, a lo mejor, se te dan mal, pero otras se te dan bien. «¿Qué te gusta? Vamos a ponerlo, vamos a escribirlo, vamos a hacer un pequeño esquema de aquellas cosas que, verdaderamente, parece como que te iluminan la vida». Tenemos que preguntarles también: «¿Por qué se te da bien? ». Que no es, exactamente, lo mismo. Hay chicos que han acabado haciendo carreras técnicas y se les daban muy mal, por ejemplo, las disciplinas ligadas a las matemáticas, hasta que encontraron alguien que les explicó, como ellos necesitaban, esa disciplina. No siempre lo que te gusta es igual que lo que se te da bien, pero tienes que pensar, indudablemente, en que hay veces que tendrás que elegir: «Esto me gusta mucho, pero la verdad es que soy un desastre». Siempre tendremos que ver en qué medida eres un desastre, entre comillas, porque no hemos acertado en introducirte esas ideas. Porque si te gusta, es que es algo que seguramente esté ahí. Una parte muy importante también tiene que ver con ese proceso de reflexión al que tenemos que ayudar, en el que tenemos que acompañar, diciéndole, también, nuestra opinión. Es bueno que los adultos, los que estamos alrededor, digamos: «Oye, mira, respetamos todo lo que has dicho en relación a tus gustos, tus apetencias, lo que parece que se te da bien y demás. Yo te veo, no obstante, de esta manera». Es una perspectiva diferente que está bien para todos, para los adultos incluso. Eso siempre ayuda, pero parece como que nos molesta que nos corrijan. Y luego, hay una cosa que tiene que ver con algo que tú y yo sabemos bien porque trabajamos con chicos.

06:54
José Antonio Luengo. Hay cuatro ámbitos de relación entre lo que es el trabajo que ejecutamos y nuestras sensaciones. Por un lado, está el de aquellas personas que odian lo que hacen pero no les queda más remedio que hacerlo porque tienen que vivir. Hay un segundo nivel, vamos de peor a mejor, hay un segundo nivel en el que uno hace lo que le toca y, tampoco es que de palmas con las orejas, pero lo soporta, sobrevive.

Laura Fernández. Sobrevive.

José Antonio Luengo. Unos días mejor, otros días peor. En esta franja hay muchas personas. Hay un tercer nivel aquí que es muy interesante y es poder llegar a amar lo que estás haciendo. Es decir, tú empiezas a desarrollar una actividad que, incluso al principio, no conoces mucho, no sabes muy bien de qué va o te cuesta trabajo entrar, pero acabas amándola, y eso es fantástico. Y solemos pensar que ahí se acaba la historia. Pero hay un cuarto nivel que es hacer lo que amas, y que está muy ligado a cómo me quiero ver yo en el futuro, cómo me veo, con quién me veo. Me veo trabajando con niños, me veo trabajando en temas que tienen que ver con las tecnologías de la información, me veo haciendo música, me veo trabajando cosas que tienen que ver con la actividad física y el deporte, me veo en la universidad estudiando una ingeniería. El cómo te ves tú en el futuro, el hacer esa visualización de cuatro o cinco años, cómo te verías tú para pensar que te vas por la noche a casa y dices: «Jo, qué bien». Y ese proceso de reflexión, es un proceso de acompañamiento, porque, al final, padres y madres, los orientadores también, pero padres y madres tenemos que decirle a nuestros hijos: «Oye, yo te acompaño y mi abrazo lo tienes garantizado, pero decide tú. Yo no lo voy a hacer porque no está bien que lo haga yo. Si me pides que te oriente lo haré, pero decide tú». Los chicos necesitan ese apoyo incondicional pero con un margen de libertad, de autonomía sin miedo a equivocarse.

09:18
Laura Fernández. ¿Y crees que son maduros suficientemente como para tomar esa decisión a pesar de que nosotros estemos detrás acompañándoles? ¿No están, muchas veces, demasiado influenciados por sus referentes, bien sea deportivos, musicales, que los tienen como ídolos y es su referente más que el padre o la madre o el profesor incluso?

José Antonio Luengo. Más bien no, son suficientemente maduros en general. Por eso es tan importante el proceso de acompañamiento, y no siempre lo hacemos. La educación es, fundamentalmente, un espacio donde las influencias se mueven a una velocidad de vértigo, chocan con las paredes de nuestra alma, de nuestro corazón, de nuestra mente, y van configurando rutas que, al final, crean una forma de interpretar la vida y de salir adelante. Y todas esas influencias, sería deseable que pudiesen gestionarse bien. Hay muchas influencias hoy en día sobre las que los adultos no tenemos capacidad para gestionarlas, para acompañarlas, para supervisarlas, que también hay que hacerlo, para guiarlas, y crean, a veces, unos estados inadecuados de toma de decisiones.

10:37
Laura Fernández. Volviendo un poco al tema de la tecnología y la relación que tiene con los jóvenes hoy en día, ¿qué influencia tiene este uso de la tecnología en los jóvenes y en la educación?

José Antonio Luengo. Probablemente sea la pregunta que llevamos haciéndonos desde hace diez años, aproximadamente. Hay muchas respuestas, hay personas que están haciendo trabajos de investigación, ensayos, interpretaciones de la realidad. Por ejemplo, citaría un libro reciente de un catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, Víctor Sampedro, que habla de la dieta, lo que él llama «la dieta digital». Es un libro de los más lúcidos que yo he podido encontrar hoy en día de en qué medida, no solo chicos y chicas, y niños y niñas, sino adultos, nos vemos influidos por el mundo de la imagen. Estamos hablando de un mundo de influencias sobre el que los adultos apenas tenemos conocimiento, y que puede ser, como decía, tremendamente nocivo. Puede ser tremendamente interesante para el crecimiento, para el desarrollo desde muchos puntos de vista, pero siempre que los adultos tengamos una cierta capacidad de control, de planificación, de gestión, de ordenamiento, de aquellas cosas que deben influirles, que deben impresionarles, y que deben generarles interpretaciones de las cosas.

12:10
José Antonio Luengo. Pero voy a poner algunos ejemplos. Hoy en día, el noventa por ciento, si no más, de los chicos y chicas, a partir de los once o doce años, han visto una serie que es fantástica, pero no para los niños y los adolescentes, que es Por trece razones, y la han visto a través de una plataforma digital de televisión, y la han visto sin que los padres y profesores supiéramos ni siquiera que esa serie existía. Es una serie que habla del suicidio y es una serie que habla de los abusos sexuales. Es una serie que habla de las relaciones interpersonales ominosas, degradantes, y es una serie que habla de la venganza. Es una serie fantástica para trabajar en los centros educativos con chicos y chicas de secundaria, pero no para que la vean solos. Las tecnologías, como marco de relaciones, como marco que establecen o pueden establecer procesos de comunicación, de aprendizaje, ¿cómo vamos a negar su potencialidad? Son absolutamente fantásticas. Las posibilidades de aprendizaje que se despliegan en torno a las mil y una oportunidades que surgen en torno a las tecnologías, las posibilidades de que los chavales elaboren sus propios espacios en la nube, sus blogs… Son muchas las cosas que se están haciendo en los centros educativos, y muchos los chicos que están disfrutando y haciendo cosas fantásticas. Pero hay una franja de población entre nuestros niños y niñas, un siete, un ocho, un diez por ciento, que son niños muy vulnerables, que apenas pueden hablar con sus padres o que no tienen un espacio seguro donde estar. Chicos y chicas con muy poco predicamento en el grupo, y que son tremendamente influenciables por cuestiones… Estamos obligados, por todos los medios, a volver a coger el timón, el mando de qué contenidos. Lo mismo que deberíamos establecer un cierto criterio para ver cómo se alimentan nuestros hijos, qué comen.

14:31
José Antonio Luengo. Voy a poner un ejemplo que muestra una realidad: Hace veinte años, especialistas en nutrición en nuestro país, veinte a veinticinco, casi treinta, ya alertaron de que ojo con lo que estábamos haciendo con el advenimiento, con la llegada de todas estas franquicias que venían con comida rápida y demás. Y ya avisaron, ya alertaron de que eso iba a tener consecuencias. Rápidamente, salieron, en foros determinados, otras personas que decían que se estaba exagerando, que ya tendríamos, ya habría mecanismos homeostáticos de reequilibro que los adultos sabíamos… Bueno, hoy tenemos en torno a un treinta, sí no un cuarenta por ciento, de niños con sobrepeso.

Laura Fernández. Obesidad.

José Antonio Luengo. Y un diez por ciento con obesidad.

Laura Fernández. Sí.

José Antonio Luengo. Esto puede parecer que es una tontería, pero no es una tontería, nos jugamos la vida de las personas, estamos jugándonos la calidad de las personas, y esto tiene una influencia decisiva y está marcado por lo que se ve, por lo que entra por los ojos. Estamos viendo que el mundo va a una velocidad y que, como todo nos parece normal… Nos parece normal ir en el coche y gritar al que está al lado, nos parece normal contestar al móvil mientras conducimos, nos parece normal entrar en un instituto y que haya unos chicos que sean los líderes, estos que llaman los… En fin, los que están en lo alto de la jerarquía, de la pirámide, nos parece normal que haya frikis, nos parece normal que haya niños vulnerables… Pero bueno, ¿pero de qué estamos hablando? Pero si es que deberíamos estar potenciando, básicamente, la equidad, deberíamos estar potenciando la relación interpersonal, la bondad en el comportamiento de las personas.

Cómo actuar frente al acoso escolar. José Antonio Luengo
16:24
José Antonio Luengo. Nosotros hemos podido observar cómo se ha incrementado de manera significativa el sentimiento de la envidia. Es muy lógico, porque estamos, permanentemente, viendo a otros y a otras haciendo cosas que, en ese momento, no estamos haciendo, que, además, han sido muy seleccionadas, a veces están trucadas, a veces son mentiras, y, sin embargo, eso genera un permanente estado, en muchas ocasiones, de frustración. Hay determinados fenómenos que tienen mucho que ver, y no quiero extenderme más, con cómo hemos ido acuñando una suerte de falta de respeto en las relaciones que está relacionado al uso del móvil. Quedamos para tomar algo, para estar, y yo coloco estratégicamente el móvil aquí para estar permanentemente viendo… ¿Pero yo con quién estoy? ¿Estoy contigo o estoy con el móvil? Todo este tipo de cuestiones están provocando una manera de estar en la vida a la que nos estamos acostumbrando muy rápido y entonces nos parece normal, pero que genera efectos secundarios muy indeseables, y que tienen que ver, por ejemplo, con elementos sobrevenidos que nos preocupan mucho. Y es, por ejemplo, la negación de la soledad.

17:45
José Antonio Luengo. Tener miedo a la soledad, tener miedo a quedarte solo, tener miedo a no saber qué hacer, tener miedo al aburrimiento. La negación de la soledad es, probablemente, uno de los problemas mayores que vamos a tener. Porque, en nuestra vida, la soledad es fundamental. El ser capaz de estar con nosotros sin necesitar a nadie ni a nada, el ser capaz de estar a gusto, el ser capaz de mirar una puesta de sol, el ser capaz de andar por la calle mirando a los tejados de la ciudad. Eso son elementos que están ahí y que nos deben hacer pensar. Hay una serie que se da en una plataforma digital de televisión que yo la veo, me genera mucho interés, porque luego me permite hablar con los chicos en estos debates que tenemos, que se llama Black Mirror, que además es fácil de ver porque cada capítulo es diferente, no hila una historia. Y nos muestra un escenario de adónde nos puede llevar un uso inadecuado de las tecnologías de la información desde el punto de vista de lo que el ser humano precisa muy inquietante. Es cierto que este es un proceso que está muy ligado a algo que es responsabilidad de los adultos, sin duda: generar buena ciudadanía digital en nuestros chicos desde la base, desde el momento en que empiezan a acceder a los contenidos.

19:20
Laura Fernández. Comentabas, anteriormente, el tema de la frustración. Creo que es importante dedicarle un espacio porque, hoy en día, nuestros alumnos, nuestros hijos no saben lo que es la frustración. Están acostumbrados a pedir, dar y recibir. ¿Cómo podemos ayudarles desde la escuela a gestionar esta frustración cuando ya tienen una edad?

José Antonio Luengo. Sí. Últimamente, han surgido unos términos que aparecen en titulares, en determinados documentos, en revistas, artículos de divulgación, que están relacionados con…que son una manera de conceptualizar esto de lo que estamos hablando, que acaba en la frustración. Términos como, por ejemplo, el de «hiperparentalidad» o el de «padres helicópteros» o el de «niños blanditos». Son titulares que intentan explicar que algo no estamos haciendo bien, porque los resultados son, efectivamente, observaciones que nos muestran una realidad, a veces, un tanto inquietante. Y es que los chicos se agobian con una facilidad pasmosa casi por cualquier cosa, su autonomía, independencia personal es muy cuestionable también. Faltas de respeto… Todo esto es una suerte de enfermedad social de la que los niños al final… Los niños son damnificados pero los responsables somos nosotros.

21:04
José Antonio Luengo. Estamos organizando un mundo en el que, el Boletín Oficial del Estado dice unas cosas, y lo que luego los chicos ven son otras. Hay programas en televisión qué muestran a chicos de once, doce, trece años una realidad, por ejemplo, de cómo deben relacionarse hombres y mujeres, chicos y chicas, de cómo deben respetarse. En fin, de cómo respetar todo lo que tiene que ver con la referencia al género, que a mí, particularmente, no solo me asustan, sino que son especialmente ofensivas con lo que es el mensaje oficial. Y estamos mostrando a nuestros adolescentes modelos de comportamiento entre jóvenes, chicos, chicas y demás, donde la grosería, la falta de respeto, el descaro, la hipersexualización son la referencia. En uno de estos programas, un chico joven muy guapo había tenido una cita con una chica joven muy guapa. Estaba rodeado por otros chicos y otras chicas que a su vez habían tendido citas. Y, entonces, la chica, hablando de la cita que había tenido con el chico, dijo: «A mí me ha gustado, me ha gustado porque yo no le creía así. Yo le creía mucho más lanzado y hoy le he visto como una especie de osito de peluche, una especie de osito de Winnie the Pooh, cariñoso, afectivo». El cachondeo que se montó alrededor, dirigiendo la mirada al chico, fue tremebundo. El cachondeo porque se reían de él. Es decir, en un programa en el que, afortunadamente, aparece la posibilidad de que alguien interprete que un chico en una relación con una chica, en una cita, puede ser tierno. Eso se afea en el grupo con comentarios, hasta el punto de que el propio chico, y termino, hay un momento que dice: «A mí esto me está mosqueando, esto me está enfadando. Yo no soy ningún osito de peluche, que yo tengo mi caché. Mi caché es el otro. Mi caché es el de aquí te pillo, aquí te mato».

23:29
José Antonio Luengo. Ese tipo de cosas… ¿Qué pensamos? ¿Que eso no entra por los ojos? La violencia de género que observamos entre adolescentes, ¿de dónde surge? ¿Porque los niños ya nacen con un gen que les va a hacer violentos en estas…? No, ni mucho menos. Esto surge de los modelos que les estamos dando.

Laura Fernández. Que estamos permitiendo nosotros que observen y que los asuman como buenos.

José Antonio Luengo. Sin lugar a dudas.

23:58
Laura Fernández. Volviendo un poco al tema de la tecnología y el uso que se hace de ella. A mí me preocupa especialmente el acoso. El tema del acoso a través de las redes. ¿Cuál es la relación que se está estableciendo entre la tecnología, el acoso, el ciberbullying…?

José Antonio Luengo. A mí me preguntaban hace poco en una entrevista en radio me decían: «José Antonio, ¿hay más acoso ahora que antes?». Y yo les decía: «No lo sé, porque para yo daros ese dato tendría que tener un registro, una mínima serie histórica que me permitiese, al menos, comparar 3, 4, 5 años». Claro que hay estudios e investigaciones, hay muchas, pero cada unos utilizan unos instrumentos. Entonces, aquí por ejemplo, en Madrid, estamos trabajando con un mismo instrumento. Ya llevamos 3 años midiendo y dentro de nada vamos a poder hablar de una posible secuencia. Porque tienes que utilizar… Esto es como lo de pesarte. Tienes que pesarte en la misma báscula. A pesar de todo, hago la interpretación de que no ha habido un incremento cuantitativo de fenómenos violentos, de maltrato o acoso entre iguales, pero si lo habido cualitativo.

Laura Fernández. Cualitativo.

José Antonio Luengo. Es más dañino, es voraz, y puede ser devastador y en ello, en este proceso, las tecnologías han sido un acelerante.

25:28
José Antonio Luengo. Andrés es un chico de 15 años que ha dejado de salir con Paula hace un mes y no lo lleva bien. Andrés, un día que sabe que Paula ha empezado a salir con otro chico, le sigue y, en un parque, Paula y este chico están abrazándose y se dan unos besos. Andrés graba esto. Graba, captura imágenes, atentado, delito contra la intimidad ya, pero no solo se contenta con eso, sino que lo difunde en su grupo de amigos. Al día siguiente, Paula no puede entrar en el instituto porque todo el mundo ha visto las imágenes y porque todo el mundo ha opinado al respecto de eso. Y los comentarios son de lo más terribles. No le pasa lo mismo al chico que está besándose con Paula que aparece como una especie de héroe iluminado. Este es el machismo asqueroso que todavía seguimos teniendo en este en este país y que estamos fomentando.

26:46
José Antonio Luengo. Sobre la violencia sabemos mucho desde hace tiempo. El filósofo, Hobbes, inglés que escribió en su día muchos libros y que conocemos mucho por esta frase suya de «Homo hominis lupus», el hombre es un lobo para el hombre. Hobbes escribió, en el año 1650 y tantos, un libro fantástico que se llama Leviatán. En él habla de la violencia y habla de cómo el ser humano se ha organizado en sociedades, en estados para proteger a los ciudadanos y permitir el crecimiento de las sociedades y demás. Y él ya nos habla de tres causas de la violencia: está la violencia por superioridad, tú tienes algo que yo no tengo y entonces yo te invado, me comporto violentamente contigo para conseguirlo. Esto explicaría las guerras, las invasiones, nunca mejor dicho. Hay una segunda causa que es muy interesante también, que es la de la violencia por autodefensa: Tú me has dado un golpe y antes de que me des el segundo, yo te enseño mis dientes, para amedrentarte, para asustarte, para explicarte que ojo con seguir metiéndote conmigo. Esto explicaría, en términos no actuales, pero sé de hace unos años, la Guerra Fría, la disuasión. Pero luego él nos habla de una tercera causa de la violencia que es, probablemente, la que estemos viendo ahora, la que estamos viendo nuestros chicos, y es la violencia por la diversión, por sentirte más que los demás, por la falta de respeto, por el desprecio.

28:33
José Antonio Luengo. De Hobbes habla en un libro fantástico Stephen Pinker, del año 2012, Steven Pinker es un psicólogo canadiense muy lúcido. Tiene un libro del año 2012 con un título muy sugerente: Los ángeles que llevamos dentro, y aquí es donde yo quería ir. Stephen Pinker traza toda una trayectoria histórica de la violencia del comportamiento del ser humano desde que se conoce prácticamente al ser humano pero cuando se empieza a documentar el comportamiento violento él va recogiendo ya registro histórico de cuántos muertos hay, cuántas personas murieron en la Segunda Guerra Mundial, cuántas en la primera, cuántos asesinatos… Y él va haciendo un recorrido fantástico que documenta muy bien. Y él llega a una conclusión, no llega al final, él la va trazando ya a lo largo del libro, que es especialmente interesante, y él dice: «No ha habido sociedad tan intolerante con la violencia como esta», y es verdad. No habido una sociedad que salga la calle con tanta facilidad para decir que no nos ha gustado la condena de La Manada, para condenar la violencia de género, para ayudar a personas que son desfavorecidas, para ayudar a los pensionistas, para ayudar a los desahuciados. No habido una sociedad que haya protegido tanto a la infancia como se está protegiendo en estos últimos 20 a 30 años. Que no haya intentado proteger a la mujer, que no haya intentado visibilizar el valor de la mujer que no ha intentado proteger a los ancianos, a las personas vulnerables, a los discapacitados. ¿Que nos falta mucho que hacer? Por supuesto que sí, pero nunca hemos estado, en materia de derechos, no solo jurídicamente hablando, sino en derechos hechos, probablemente, tan bien como ahora. Pero, claro, la paradoja, dice él, es que una sociedad que es intolerante con la violencia, con la injusticia es una sociedad que muestra la intolerancia y la justicia, levantan las alfombras. Y, entonces, la paradoja se produce cuando tú ves mucha inmundicia, y la sensación que tienes es: «qué horror». Pero es que antes esa inmundicia estaba, lo que pasa que nadie mostraba. Y es necesario mostrarla para que aparezca la indignación, para que aparezca dignidad y que aparezca el ser humano otra vez. Y, en el ámbito del ciberacoso, lo que nosotros observamos es esto.

31:13
José Antonio Luengo. Para que haya acoso, tiene que haber intencionalidad de hacer daño, tiene que haber reiteración en ese daño. No estamos hablando de un día que ha pasado una historia, nos hemos peleado y demás. No, quiero hacer daño, hago daño reiteradamente, me doy cuenta de que estoy haciendo sufrir y sigo haciéndolo. Y una tercera cosa es que tiene que haber un desequilibrio de poder para que haya acoso entre iguales. Es decir, o bien un grupo de chicos va contra uno, o bien alguien jerárquicamente superior machaca al de abajo. Porque cuando estamos hablando de dos iguales sin jerarquía de poder, estamos hablando de un conflicto.

31:55
Laura Fernández. ¿Cuál es la diferencia entre el acoso y el ciberacoso?

José Antonio Luengo. Se pensó, en un principio, cuando se empezaba a teorizar al respecto de este término, concepto y experiencia, que estábamos hablando de dos fenómenos diferentes. Hoy, todos sabemos ya que no es así. Estamos hablando de que la raíz del problema sigue siendo la misma: desprecio, superioridad, ganas de hacer daño, ganas de hacer sufrir utilizando este mecanismo acelerante que son las tecnologías de la información. Y que está llegando a unos niveles de desarrollo y de divergencia en su extensión que yo, cuando lo cuento, la gente se asusta mucho pero es que, cada día, yo me enfrento hechos que ayer no podía ni pensar. A formas de hacer daño a través de las tecnologías de la información, aunque las más habituales son trucar fotografías, la humillación en las redes sociales, la exclusión de las redes sociales de alguien, comentarios hirientes, humillantes, levantar rumores y extenderlos por la red, capturar imágenes de manera ilegal, de manera delictiva, difundirlas… Todo este tipo de cuestiones que tienen que ver con aquellas cosas más habituales, es decir, lo que yo antes hacía utilizando la palabra, utilizando el rumor en la clase o algo que escribía en un papel… Hoy en día, la capacidad de difusión y de expansividad es tremenda.

Laura Fernández. Y la capacidad de esconderse un poco, ¿no? Es…

José Antonio Luengo. Sí, la capacidad…

Laura Fernández. El anonimato de las redes entre comillas.

33:40
José Antonio Luengo. Sí, realmente no hay tanto anonimato porque, al final, cómo reza el dicho, la policía no es tonta, y casi siempre acabamos encontrando el sendero. Pero hoy en día tenemos en el sistema los… En fin, la maldad tiene sistemas para ocultarse. Hay programas que nublan de manera muy significativa el origen de una determinada agresión y es muy difícil llegar a encontrar quién la está ejecutando. Pero lo que es cierto es que estamos hablando de un fenómeno cruel hasta decir basta, que horada la integridad moral de las personas, que utiliza el trato degradante. Y, muchas veces, yo les explico a los profes, a los padres y pienso para mí mismo: «¿Pero qué podemos hacer? ¿Pero qué estamos haciendo? ¿Pero cómo podemos prevenir esta circunstancia, cómo podemos interactuar?». Y la buena noticia es que hemos encontrado claves que deshacen estos comportamientos, y las claves están en los propios chicos y chicas. En todos esos que antes eran observadores, testigos mudos, y que hoy, gracias a cómo son ellos de buena gente, gracias también a la colaboración de muchos padres y madres, gracias al trabajo fantástico de muchos profesores y profesoras, de muchos centros educativos, hoy estamos consiguiendo que esos chicos que antes miraban hacia otro lado, se levanten y le digan al violento: «Se ha acabado». Y, cuando se acaban los palmeros, la violencia desaparece o, por lo menos, disminuye de una manera muy significativa.

35:31
Laura Fernández. Cuéntanos un poco, ¿cuáles son esos elementos que entran en juego en una situación de acoso, de ciberacoso? ¿Cuáles son los roles que se establecen?

José Antonio Luengo. Dan Olweus es un noruego brillante, un investigador brillante, fantástico en todo lo que tiene que ver con el comportamiento violento de los iguales. Ya, a finales de los años 70, el siglo pasado, ya escribía cosas que todavía siguen siendo absolutamente actuales. Por eso suelo decir yo, con cierta pena, que llevamos, en muchas ocasiones, 40 años de retraso en esta historia. Porque sabemos ya, desde los años 80, que el tratamiento de la violencia entre iguales que adquiere formas de acoso no se resuelve si nosotros tratamos esa situación entre la víctima y el victimario o el agresor. Sino que tenemos que incluir en el análisis, en el abordaje del tema, en el tratamiento del tema a todo el grupo. No digo que no vaya a haber violentos, el violento lo intentará. Pero en el momento en el que le paren los pies, en el momento en el que se levanten voces de defensa de los débiles, de defensa de los vulnerables, el violento queda arrinconado absolutamente. Entonces, el papel de los otros chicos es absolutamente determinante. ¿Violentos va a haber siempre? Sí. La mala noticia es que va a haber malvados, y la buena noticia es que hay muchos buenos que todavía no saben la capacidad de cambiar las cosas que tienen. Chicos y chicas con una capacidad para generar compasión, para generar ayuda, para saltarse todo lo que haga falta para ayudar a alguien. Chicos y chicas valientes. Yo le llamo más independientes, porque les preocupa muy poco lo que puedan decir. Esta es una muy buena noticia. Lo que nos dicen las investigaciones que tenemos es que no van a más y que, por lo tanto, tenemos la situación controlada. Pero la percepción que yo tengo es que estamos cerca de encontrar las claves para, si no erradicarlo, que es muy difícil, pero si controlarlo de una manera segura y estable.

37:55
Laura Fernández. Quizá sea esta la línea en la que tenemos que trabajar, el fomentar estas actitudes de información, digamos, de esos alumnos que son conscientes de lo que está pasando o esos hijos que son conscientes de lo que pasa, que no se consideren a sí mismos como chivatos, que es una palabra muy recurrente, y que tengan esa valentía. ¿Cómo podemos hacer, bien en casa o bien en la escuela, para fomentar ayudarles a que no se sientan chivatos, sino que, al contrario, colaboren?

José Antonio Luengo. Yo creo que es muy importante la labor que padres y madres debemos hacer. Yo he tenido la oportunidad y el honor de publicar un cuento hace, relativamente, poco, este curso pasado. Un cuento para niños, muy sencillo, muy humilde, que básicamente tiene la idea de promover el buen trato y prevenir estas situaciones de desprecio de los compañeros y demás. Y es un cuento que intenta explicar a padres, porque es para que los padres se lo cuenten a sus hijos, lo compartan, y a niños, que ser bueno es una de las cosas más maravillosas que te puede pasar. Porque te aporta un lustre y te aporta una dosis de frescura en la vida que ninguna otra posición, probablemente, por muy jerárquicamente alta que sea, te provoca. El ser bueno es ser una persona implicada. La protagonista es una niña, una observadora, que ve a un a un niño que está llorando porque hay otros que le están molestando, niños de seis años, siete. Y la niña toma una primera decisión. Podía quedarse jugando dónde estaba o ir allá, donde está el niño. Esto puede parecer una tontería, pero toma una decisión y acude a preguntarle, en este caso a Víctor, qué le pasa, ¿y Víctor qué hace? Lo que hacemos todos cuando estamos mal y alguien nos pregunta, decimos: «No pasa nada, no quiero ayuda». La protagonista toma una segunda decisión: «¿Qué hago, le digo: ‘si no quieres que te ayude me voy a jugar con mis amigas’ o me quedo?», y se queda. Y se queda y se sienta y le habla. Y, en cuanto tiene oportunidad, ve a la profesora que pasa y le dice lo que está pasando. Y la profesora se lo agradece y se forman toda una serie de cadenas, de eslabones, que acaban organizando una cadena de apoyo solidaria que resuelve la situación. Estamos cerca y los padres, decía yo, que tiene una parte muy importante porque los chicos nos ven, nos miran, nos escuchan, aunque estén aquí y aparentemente no quieran saber nada de nosotros, aunque a partir de los once o doce años no quieran besarnos ni quieran que le cojamos de la mano para salir. La idea de que los padres expliquemos, que tenemos que implicarnos, y esto los padres deberíamos decirlo al principio del curso. En lugar de decir: «Paula, si te pegan pega» o «Paula si hay algún lío, no te metas, no vaya a ser que se metan contigo», esto es muy habitual.

Laura Fernández. Completamente.

José Antonio Luengo. ¿Qué tendríamos que decir?

Laura Fernández. Es el escenario más frecuente.

José Antonio Luengo. Absolutamente. «Paula yo creo en ti y si hay alguien que lo está pasando mal, ayúdale, y si te lo hacen pasar mal a ti, me lo dices, que no voy a ir al colegio a pegar a nadie. Simplemente, voy a ir a defender a aquellos lo están pasando mal».

Cómo actuar frente al acoso escolar. José Antonio Luengo
41:48
José Antonio Luengo. Una cosa, Laura, que sí me gustaría advertir en relación con esto que estábamos hablando y la pregunta que hacías muy acertada: ¿quiénes son los protagonistas? He hablado de los observadores que tienen que adquirir un papel, los agresores, que hemos hablado antes, que, probablemente, el denominador común es sencillamente… No es verdad que no tengan empatía. La empatía significa saber qué pasa en la mente o en el corazón de la otra persona, pero la empatía sin acción solidaria se queda en frío. Ellos saben lo que pasa. Ellos saben que está sufriendo y se ríen y siguen haciéndolo. Ese es el denominador común, esa suerte de maldad que es muy aplaudida, apoyada y reforzada por el grupo y, a veces, por otros comportamientos. Comportamientos que tienen que ver con lo que se dice o cómo se hace fuerza esto en las casas, los barrios y demás. Pero sobre las víctimas sí quisiera decir una cosa. Normalmente nos preguntan: «¿Y quién es la víctima? ¿Qué común denominador hay?». Y normalmente tendemos a decir: «Son personas vulnerables, diferentes». ¿Y quiénes son estas? Y enseguida salen las personas con discapacidad, las personas que puedan tener, incluso, algún tipo de necesidad educativa especial o de apoyo, como los sobredotados, por ejemplo, también. Chicos especialmente dotados intelectualmente o chicos que vienen de otros países. O estos que son diferentes culturalmente, que llamamos frikis. A mí me hace mucha gracia esto, abro el paréntesis y lo cierro en seguida, porque yo me llevo muy bien con ellos. Estos que dicen: «A mí me llaman friki, que les den. Yo estoy a gusto con mi vida, tengo mis amigos, tengo mis gustos, mis intereses, visto como quiero». Son gente, normalmente, fuerte, potente.

43:52
José Antonio Luengo. Y, luego, hay otro grupo que quiero significar de diferentes que no deberían serlo, que es la población LGTB, que sufre hasta decir basta y que además sufre en silencio. Uno de los graves problemas que tenemos todavía, y por el que yo creo que tenemos que pelear todos, es por evitar este silencio epidémico que sigue haciendo que muchas de esas situaciones no salgan a la luz, y, por lo tanto, no se puedan tratar. Pero si quería decir, Laura, que el diferente no tiene porqué ser vulnerable por ser diferente. Hay chicos y chicas con discapacidad que afrontan, que son duros como una roca, que saben decir, con sus muletas, con sus problemas, con su silla de ruedas, con sus dificultades en la articulación, con sus dificultades visuales, pero son capaces de enfrentarse y decir: «Por ahí no paso». Hay chicos LGTB que son capaces de enfrentarse a esa situación y parar esa agresión. La vulnerabilidad no está en la diferencia. Hay personas sin ningún tipo de vulnerabilidad que acaban siendo vulnerables porque les han machacado, porque han horadado su capacidad para confiar en la vida, a base de un contumaz proceso de agresión.

45:19
Laura Fernández. ¿Qué hacemos ante esa situación como padres o como docentes, ante el que maltrata?

José Antonio Luengo. Nosotros, con ‘Save the Children’, digo nosotros, un grupo de personas, hemos trabajado, hemos elaborado un material específicamente para padres sobre cómo enfocar todas estas situaciones relacionadas con el acoso o el ciberacoso. Tanto desde la perspectiva de si eres padre o madre de una víctima, de un acosador o acosadora, o de un observador. Damos muchas ideas, muchos consejos basados, fundamentalmente, en lo que han dicho muchos chicos y chicas. Nos hemos reunido con ellos para hablar y demás. Y con los profesores hemos hecho algo parecido, hemos elaborado muchos materiales que están a su servicio. Tengo la suerte de formar parte de un equipo que se creó hace 3 años específicamente para atender situaciones de acoso especialmente graves. Acudimos al centro en el momento en que nos lo piden, nos lo solicitan. Siempre con el apoyo de la inspección educativa. Actuamos en muchos centros, muchos, a lo largo de cada año. Les ayudamos a generar buenas prácticas, a elaborar bien los protocolos de intervención, pero le estamos dando mucha importancia, Laura, a lo que tiene que ver con la prevención. Es decir, qué hacemos, cómo generamos un entorno de convivencia que haga difícil que el violento salga. Y, sobre todo, de detección.

46:50
José Antonio Luengo. Y en la detección es muy importante la que, lo digo con el máximo respeto, pero el profesorado tiene que cambiar un poco la mirada en este sentido. Lo decía al principio de la conversación. Tenemos, yo el primero, que cambiar la mirada. Tenemos que mirar nuestros chicos y chicas sabiendo que viven momentos muy convulsos. Se sienten muy presionados, por ejemplo, por el tema de las relaciones de pareja, con 14 y con 15 años. Hay un proceso de hipersexualizacion y tiene unos modelos que les hacen ser muy rigurosos y estar permanentemente pendientes de si cumplen las expectativas. Todo esto genera agobios que no se conocían antes. ¿Y qué tenemos que hacer los profesores y las profesoras y la gente que trabajaba? Pues intentar leer un poco esa realidad. Intentar dedicar tiempo. Sí, yo sé que tenemos un currículum complicado, que tenemos unos horarios también difíciles, pero hay centros que con los mismos mimbres, que son la legislación que hay, los recursos que hay y los alumnos y padres que tenemos, sacan adelante proyectos de quitarse el sombrero. Porque yo diré una cosa, lo que estamos haciendo en España desde hace tiempo, en materia de promoción de la convivencia, y lo que se está haciendo desde hace dos o tres años en muchos centros de España en materia de prevención del acoso y el tratamiento del acoso, es espectacular. Cuando nosotros hemos tenido oportunidad de trabajar con adolescentes, todas estas cosas en grupos de discusión, hablar. Hay veces que lo hacemos en los institutos y hay veces que lo hacemos fuera de los institutos. Cuando lo hacemos fuera de los institutos hablan más y, en uno de estos grupos de discusión, yo expresé esta pregunta: «Chicos os decimos muchas veces que seáis valientes, ¿qué opináis esto?». Hablaron, comentaron, y hay uno que me mira, Daniel, me mira y me dice: «Profe, a nosotros nos pedís que seamos valientes, ya veremos, pero ¿y vosotros qué?». Yo en ese momento, probablemente, me moví así, como me estoy moviendo ahora, con cierto nerviosismo y le dije: «Explícamelo un poco, ¿qué me quieres decir?». «Que vosotros qué, ¿vosotros sois valientes o no?».

49:12
José Antonio Luengo. Entonces, aquello me sugirió el que podía preguntar yo a todos los chicos con los que me viese en estos grupos de discusión, sencillamente, esto: «¿Qué es para ti un profesor valiente?». La consideración más general fue, más o menos, esta: un profesor valiente es un profesor que entra todos los días por la puerta y entra sonriendo. ¿Qué nos está diciendo un profesor que entra sonriendo todos los días? ¿Qué nos está diciendo? Que quiere estar aquí con nosotros, que esto no son palabras, que esto son hechos. Un profesor valiente es un profesor que habla con nosotros fuera del aula, que se pasa por el recreo, que, de vez en cuando, pasa por los grupos y nos pregunta. Un profesor valiente es el que defiende al débil y que, por lo tanto, le va a proteger como si su vida dependiera de ello. Claro, cuando tú escuchas esto a chavales de 15, 16 años, ¿cómo te vas a la cama? Te vas a la cama diciendo: «Es que tenemos chavales maravillosos». Algunos se equivocan sí, pero ¿qué responsabilidad tenemos los adultos en esas equivocaciones? Muchas. Sí.

Laura Fernández. Pues toda.

50:15
José Antonio Luengo. He traído, sacado de la impresora, un conjunto de reflexiones, que tengo en una de las entradas de mi blog, que tiene que ver con esto de lo que estábamos hablando de la ternura, de la bondad, de cómo tenemos que recuperar estos valores tan sustanciales en el ser humano, y de la importancia que tiene el papel de los líderes en los grupos.

Laura Fernández. Adelante.

50:46
José Antonio Luengo. Hablamos mucho de la de la excelencia, de conseguir la excelencia en educación. Y yo digo: la excelencia como objetivo, sí. Pero siempre desde el afecto, desde la ternura. La excelencia sí, pero al servicio de las personas, en el camino compartido. También en los oscuros espacios que acompañan nuestro paso, a ambos lados del camino. La excelencia para comprender el mundo desde la mano que se ofrece para cuidar, para ayudar, para aupar y para enseña. Para enseñar a saltar y a expandirse, a crear un entorno más justo, más igualitario. Nunca para crear más diferencias entre las personas, entre los mundos. Nunca para habilitar élites. Élites que acaban gobernando el mundo para consolidar, si no ampliar las desigualdades, las brechas abismales, abisales. Nunca para perpetuar la injusticia, la cruel realidad del mundo a diferentes velocidades. Excelencia sí, para coincidir con la magia de quien da y se da, y se entrega y entrega en ocasiones parte de su propia vida, como los profesores. Delicadeza, dulzura, cariño, afecto. Élite sí, desde que se abren a las necesidades de los demás, que muestran con el ejemplo que merece la pena confiar y seguir luchando. Élites que no quieren ser élites, sino uno más entre aquellos con quiénes viven y conviven y con los que se comprometen. Sin ternura no hay mirada cómplice y, sin mirada cómplice, la educación está perdida. Porque la confianza y la ilusión son motores incombustibles, imprescindibles. Ni tarimas ni ticks trasnochados de falso respeto. Hábitos como el afecto en la acción, ternura en el trato, comprensión, apoyo, guía y mano tendida para ayudar a levantarse cuando uno se cae. Y nos caemos muchas veces. Para ayudar a percibir el mundo como un lugar que merece la pena, y construir un presente digno. Sin falsedades, poltronas, arrogancia y élites estancadas. Porque no estaremos siempre a su lado, de nuestros niños y adolescentes. Porque no hay muchas oportunidades, porque la vida será, en nada, solo suya, exclusivamente, sin ambages ni ataduras ni tonterías. Porque ellos necesitan creer. Porque necesitamos que crean y no simplemente se dejen llevar. Nuestros niños y adolescentes, nuestros hijos, por ellos, con la ternura siempre porque merecen eso, nuestra ternura.

Laura Fernández. Muchas gracias, José Antonio. No se me ocurre mejor manera de hacerlo que con ternura. Gracias.

José Antonio Luengo. Muchísimas gracias a ti por tu trato.

Laura Fernández. Ha sido un placer.