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Así es la escuela que impulsa la creatividad de los niños

Cristóbal Cobo

Así es la escuela que impulsa la creatividad de los niños

Cristóbal Cobo

Investigador de la Universidad de Oxford


Creando oportunidades

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Cristóbal Cobo

Dice que no tiene una bola de cristal pero afirma que "los profesores y las escuelas del futuro ya existen aunque no en número suficiente". Cristóbal Cobo es investigador asociado del Instituto de Internet de la Universidad de Oxford y director del Centro de Estudios Fundación Ceibal (Uruguay) además de colaborador de la Red Global de Recursos Educativos Abiertos de la UNESCO. Cobo es una referencia internacional en innovación, tecnología y aprendizaje. Ha sido distinguido por el Consejo Británico de Investigación Económica y Social. Es coautor de los libros 'Planeta Web 2.0' y 'Aprendizaje Invisible'. En su último libro 'La innovación pendiente' (2016) analiza los desafíos de la educación y el aprendizaje en esta sociedad en permanente transformación. Para Cobo, la escuela y el hogar son los escenarios más importantes para el desarrollo de la creatividad de los niños.


Transcripción

00:09
Sergio Calvo. Me gustaría empezar por una pregunta muy directa sobre ese aprendizaje invisible del que hablas en tus libros. Tú dices en tus libros que para pensar en los cambios que se avecinan en la educación, es fundamental pensar en ese aprendizaje invisible. Pero ¿a qué tipos de cambios te refieres? ¿Qué es esto del aprendizaje invisible?

00:28
Cristóbal Cobo. Nosotros sabemos más de lo que podemos decir. Y decimos más de lo que podemos escribir. En los procesos de transferencia del conocimiento a distintos lenguajes se va perdiendo mucho conocimiento. Con la diversificación de canales digitales se valoran ciertas formas de conocimiento y a veces ciertos conocimientos tácitos se ignoran. Ciertos tipos de habilidades quedan un poco subyugadas. Los sistemas educativos, tradicionalmente, han valorado algunas formas de conocimiento que son las que fácilmente puedes verbalizar en un código, en una base de datos, en un diccionario. Pero hay otras formas de saber que muchas veces tienen que ver con la práctica, con la experiencia. Que muchas veces se adquieren en espacios informales. No son siempre reconocidos por los sistemas formales de educación. Sin embargo, y aquí está la ironía, son enormemente valorados después, en la vida profesional. Hay una tensión entre lo que nos enseñan y lo que utilizamos en la vida que es necesario reducir esa brecha. ¿Qué cambios hay que hacer? Una serie de cambios. Lo más importante es, cuando se piensa en cambios, pensar en cambios en 360 grados. Cambios integrales, no solamente una innovación en algo puntual. Hay que pensar en una forma distinta de entender la educación. Una educación que dialoga más con aprendizajes informales, una educación que valora tanto el conocimiento explícito como el tácito. Una educación que valora también el saber hacer. Entonces, me parece que tiene que ver con una forma de educación que reconoce formas muy antiguas de cómo aprendíamos. Yo creo que puede ser, por supuesto, con tecnología. Pero las tecnologías no son una condición sine qua non para innovar en estas cosas

02:05
Sergio Calvo. Sí, cierto. Yo siempre digo que tecnología sin pedagogía es igual a un conjunto vacío que sirve para poco. Si te estoy entendiendo bien, tenemos, entonces, que hacer más autoaprendizaje, tenemos que desaprender lo aprendido para volver a recuperar la manera en que aprendíamos antes de que el sistema educativo estuviese tan formalizado

02:26
Cristóbal Cobo. Sí, sin duda. Yo creo que el hecho de que hoy día contamos con enormes posibilidades de acceso a contenidos, a informaciones, nos lleva a repensar qué cosas son importantes de retener y qué cosas son importantes, quizás, de reemplazar. Es decir, ¿hoy día es tan importante recordar algunos datos que podemos tener en el bolsillo? Quizás podemos centrar esa atención, ese entrenamiento, esa formación, en desarrollar ciertas capacidades más adaptables para aprender a aprender. ¿Qué es aprender a aprender, que se dice tanto? Es desarrollar ciertas capacidades personales, pero se pueden desarrollar de manera colectiva. Que te permita a ti diseñar tu propia ruta de aprendizaje independientemente de si estás en la escuela o en la universidad, de una manera en que puedas seguir aprendiendo toda la vida. Esto implica tener unas herramientas que no son tanto tecnológicas, sin que son más de orden cognitivo, que cuando adquieras un conocimiento puedas llevarlo a distintos contextos. Eso tiene que ver con el autoaprendizaje, con la metacognición

03:28
Sergio Calvo. Has dicho «autoaprendizaje», un concepto muy interesante. Pero para los que, como yo, somos profesores y estamos en el aula, cuando intentamos que nuestros estudiantes, a los que me gusta llamar estudiantes y no alumnos por eso, para que se responsabilicen de su autoaprendizaje, muchas veces nos encontramos frenos porque esto supone un cambio cultural importante, tanto en profesores, maestros, como en los propios estudiantes. Y me da la sensación que, a veces, nuestros estudiantes no están preparados para enfrentarse a ese autoaprendizaje que es tan necesario. ¿Qué piensas al respecto?

04:03
Cristóbal Cobo. Absolutamente. Es mayor responsabilidad del sistema educativo generar los canales para eso. Si bien no existen fórmulas mágicas, sabemos que en la medida en que ese proceso de formación tenga la mayor cantidad de contrastes de la teoría con la práctica, de espacios donde ocurre la vida real, esa aplicación de conocimiento, el sujeto que está en proceso de aprendizaje, tiene experiencias de autorregulación mucho más interesantes. Recuerda tu primer día de trabajo. Uno era una esponja que absorbía conocimiento, información por todos los lugares. Algo pasa que cuando entramos en dinámicas de rutina empezamos a bloquear esas capacidades de absorción. Lo que yo creo es que para estimular el autoaprendizaje una de las cosas más importantes es asegurarnos que los estudiantes puedan dialogar los planes curriculares, los contenidos «enciclopédicos», con otros saberes y experiencias que van más allá del aula. Y eso es fundamental y no solamente es importante, sino que además trae otro desafío. Donde no solo se valoran los conocimientos, sino las habilidades, a veces difíciles de medir, pero sabemos que son muy importantes

05:08
Sergio Calvo. Me estás diciendo, por un lado, que frente a conocimientos, las habilidades y competencias son tanto o más importantes, que históricamente la educación se ha centrado mucho en una educación memorística y en centrarse en conocimientos. Y que ahora, en entornos diferentes, y ahora hablaremos más de eso, a los que estamos acostumbrados, un estudiante puede tener su propio autoaprendizaje y desarrollarse en habilidades de una manera más natural y menos reglada de lo que se viene haciendo en el mundo educativo. ¿Correcto?

Cristóbal Cobo Sergio Calvo Creatividad Aprendizaje Invisible
05:42
Cristóbal Cobo. Absolutamente. La educación tiene un proceso pendular. A veces se entusiasma con los conocimientos… En otros momentos de la historia, a principios de siglo, por ejemplo, había mucho más interés en saber hacer que en saber conocer. Hoy día vemos que hace falta un buen equilibrio. No es suficiente tener en la oficina o en la vida a un ciudadano superdotado en cierto saber si es una persona incapaz de trabajar con otros. Si es incompatible con trabajo en equipo. Hay que buscar un mejor equilibrio, y hoy día la discusión en educación va en esa línea de cómo buscar un mejor balance entre las habilidades cognitivas y las habilidades socioemocionales.

06:17
Sergio Calvo. Este autoaprendizaje del que hablabas me lleva a otra reflexión. Claro, pienso si en un futuro, quizá muy cercano, si vamos hacia un aprendizaje mucho más ubicuo donde uno puede aprender casi donde quiera, cuando quiera y como quiera, y ahí las tecnologías van a tener mucho que decir, pues probablemente el aula o el centro educativo, la escuela, el instituto, la universidad tal como los conocemos hoy en día a lo mejor ya no tiene sentido

06:47
Cristóbal Cobo. El aprendizaje siempre ha sido ubicuo. Siempre aprendemos en la suma de momentos. Algo que viste en clase, algo que viste en una película, que te comentó alguien en que confías… El proceso de aprendizaje es conectar la experiencia con lo nuevo. Y en un proceso de simbiosis, vamos adquiriendo nuevo saber y nuevas habilidades. Bajo esa lógica, ¿cuándo aprendemos? ¿Cuando el profesor nos está dictando una clase o cuando vamos en el autobús viendo un video o leyendo una nota sobre el tema? Probablemente en la suma de todos esos. Ahora, hoy día la discusión que planteas es interesante. ¿Tiene sentido ir a un lugar a aprender? Fíjate que la Comisión Europea, en la década pasada, en 2008, el Instituto de Prospectiva Tecnológica anunció que para el 2015 la mitad de los estudiantes de secundaria iban a dejar de ir a la escuela porque no iba a ser importante. Y para el 2020, casi no iban a quedar escuelas secundarias. Y estamos viendo que las fechas nos dicen que no es tan así. ¿Por qué? ¿Porque no hay acceso a la información? No. Ya tenemos mucha más información que nuestros padres y abuelos. La escuela o la secundaria juega un montón de otras funciones que solamente la transferencia de información. Es un espacio de socialización, de construcción de ciudadanía, de definición de identidad, de expresión de amistades, de un montón de otras cosas. Lo que podemos, quizás, y ahí sí coincido absolutamente, es repensar para qué dedicar ese tiempo. Déjame mostrarte un ejemplo cercano pero no idéntico: las bibliotecas. Muchas bibliotecas en EE. UU. se han dado cuenta que los estudiantes o los lectores van a las bibliotecas y ya no consultan los libros. O casi no consultan una parte importantísima del stock de libros que tienen. ¿Qué han hecho? Han hecho un análisis y han dicho: «Del 100% de los libros que tenemos, el 80% los piden una vez al año o dos veces al año. Vamos a quitarlos y los llevamos fuera de la ciudad. Y cuando alguien lo pida, al día siguiente se lo traemos. Y vamos a ocupar todo ese espacio que liberamos para un lugar de socialización». Un lugar que se parece a una cafetería, donde los estudiantes están trabajando, leyendo en digital. Es decir, repensar el espacio para valorar mejor las posibilidades. Yo creo que la escuela y la universidad están ese proceso. No sé si a la velocidad que queremos, pero para hacer eso hay que entender que el valor de los cognitivo tiene que buscar un buen balance con los socioemocional, con lo social

09:16
Sergio Calvo. Me gusta mucho esto que dices, porque me da también nuevas ideas. Por un lado, el no ser tan agoreros como somos siempre y decir: «Dios mío, algo va a cambiar y va a sustituir todo». Yo recuerdo que se decía aquello de que si el cine… Que la televisión iba a matar al cine, Internet iba a matar a la televisión… Y de repente parece que estamos en un entorno donde los centros educativos van a desaparecer. Yo coincido contigo en que no es así, pero que es fundamental repensar qué vamos a hacer en esas cuatro paredes. E incluso si esas cuatro paredes tienen que ser de hormigón o quizá, por buscar una metáfora, paredes de cristal, donde nos podamos ver más unos a otros. Pero estamos muy acostumbrados a enseñar de uno a otros en lugar de aprender con otros. Que es hacia donde deberíamos ir. Creo que ahí las nuevas tecnologías nos pueden ayudar mucho. ¿Cómo ves tú este aprendizaje colaborativo?

10:13
Cristóbal Cobo. En primer lugar, coincido absolutamente. Las escuelas deben tener ventanas más grandes y puertas más anchas. No solamente para traer la sociedad a la escuela, sino para llevar la escuela a la sociedad. Reducir estas brechas. Tanto es así en la universidad que lo llamamos «claustro». Un espacio de encierro. Eso tiene que cambiar de manera radical. Ahora, tú hablas de estructuras colaborativas. Lo que antes se llama la arquitectura de la participación en la década pasada. Y hoy día contamos con una enorme cantidad de herramientas para eso. Algunos libros dicen: «La persona más inteligente en la sala de clases, es la sala de clases». Donde todos puedan transferir conocimiento. Cuando se investiga sobre el impacto de la tecnología en los procesos de aprendizaje, los resultados son bastante desiguales. En algunos lugares se muestra que hay mejoras, en otros que no, y en la gran mayoría de los casos hay zonas grises. Pero investigaciones de John Hattie, por ejemplo, muestran que cuando la tecnología se utiliza bajo estructuras colaborativas donde hay varias personas trabajando en equipo, apoyados o potenciados por una tecnología, la tecnología juega un valor fundamental. Entonces, es interesante. Porque lo menos valioso es la tecnología. Es el espacio de construcción de saberes con otros. Nosotros somos animales eminentemente sociales. Entonces, en la medida en que tenemos posibilidades de transferir, de escuchar, de vernos, hay posibilidades a aprender. Hace pocos días, la OECD presentó los resultados de su última resolución de pruebas de manera colaborativa. Y los resultados son superinteresantes, dice que las habilidades cognitivas no son transferibles inmediatamente a habilidades sociales. Es decir, son tipos de habilidades que se desarrollan en entornos y bajo circunstancias distintas. De nuevo, no nos basta con tener solamente cerebritos, necesitamos personas con capacidad de empatía y ponerse en la posición del otro. En segundo lugar, dice que las mujeres, las niñas, tienen mucha más capacidad de trabajo colaborativo. Interesante. Tercero, dice que en espacios donde los sistemas educativos ponen mucho énfasis en las actividades físicas, educación física y deporte, hay alta correlación con las capacidades de colaboración. Y por último, el más interesante en esta época actual, es: Niños que no son inmigrantes que estudian en escuelas con inmigrantes tienen una mayor correlación con mayor desempeño en colaboración. Es decir, en espacios de diversidad, los sujetos que aprenden y están en espacios de adaptación están en mejores condiciones para trabajar en un mundo global. Todos estos elementos nos muestran que hay que recalibrar las prioridades de los sistemas educativos para dar espacio a la colaboración, fundamental en el mundo que viene.

12:58
Sergio Calvo. En nuestra universidad estamos bastante obsesionados con crear espacios que faciliten este aprendizaje colaborativo del que me estabas hablando. ¿Cómo imaginas tú que va a ser este aula del futuro?

13:11
Cristóbal Cobo. Si tuviera una bola de cristal, yo no estaría aquí, pero te puedo decir cosas que he estudiado interesantes. Te voy a mencionar tres experiencias que a mí me dan luces de cómo nos podemos imaginar la escuela. Una es en Suecia, la otra en India y la tercera en EE. UU. La primera, en Suecia, se llama Kunskapsskolan. Es un nombre difícil. Lo que hacen es que el estudiante negocia con el docente una serie de tareas. El estudiante va aprendiendo por su cuenta. Si se pierde, tiene a los docentes cerca. Entonces, van revisando cada cierta cantidad de días. Todo el énfasis está en el aprendizaje autodirigido. Y después hay una puesta en común, trabajo en equipo con los estudiantes. Esto ahora se ha multiplicado y se ha replicado en India e Inglaterra. Otro ejemplo interesante en la India, en el sur, cerca de Bangalore, se llama Agastya. A un empresario, un banquero, se le ocurrió desarrollar una especie de centro de innovación científica para niños de bajos ingresos. ¿Qué hacen? Van a buscar a los niños en autobuses a los distintos pueblos de las zonas, y los traen a este lugar, donde trabajan con científicos en laboratorios. Despiertan la curiosidad de los niños. Despiertan la capacidad de hacerse preguntas que no se habían hecho. Juegan con magnetos. Al revés de los museos que dicen: «No se puede tocar», aquí es: «Por favor, toca lo más posible». Van experimentando y despertando un montón de intereses en niños cuyos padres no saben leer ni escribir y ahora ganan premios en la Academia de la Ciencia. Ha sido tal el éxito que al fin de esta década van a haber prestado servicio a 50 millones de niños. En India todas las cosas son grandes. El tercer ejemplo se llama High Tech High. Está en San Diego, en EE. UU. Es una escuela de secundaria muy popular. Pueden entrar niños de cualquier estrato económico, no hay que pagar, pero hay que ser elegido. ¿Por qué es tan atractivo? Porque el estudiante y el docente son pensados como diseñadores. Se presentan problemas relevantes para la comunidad y los niños y docentes tienen que trabajar en equipo para explorar posibles soluciones aplicando todos los saberes disciplinares. ¿Y por qué es interesante y está conectado con esto? Porque no hay divisiones de aulas. Todos los paneles son modulares, se pueden mover de manera muy flexible. Entonces, ahí tienen también, parecido a la experiencia de la India, el lema de: «No puedes jugar con ningún videojuego que no hayas creado acá»

15:30
Sergio Calvo. Lo de los paneles modulares me parece muy interesante. Es como una metáfora de lo que tenemos que tener en nuestras cabezas. Esos paneles modulares para modularnos y adaptarnos a lo que está por llegar. Es realmente interesante. Déjame que ahora nos centremos un poquito más en la tecnología. ¿Cómo se pueden utilizar los avances tecnológicos de los que disponemos en este momento dentro del aula con nuestros estudiantes?

15:53
Cristóbal Cobo. Déjame responderte a la pregunta, primero a nivel conceptual y después un ejemplo. Hay, por lo menos, tres formas de entender el uso de la tecnología en el aula. Uno es: Nuevas tecnologías con viejas pedagogías. Es decir, nuevos aparatos para hacer cosas viejas. Lo vemos muchísimo en muchas escuelas del mundo. Hay un segundo nivel que es utilizar nuevas tecnologías para hacer mejoras incrementales. Si en vez de mostrar el cuerpo humano en una imagen en dos dimensiones, ahora lo mostramos en una volumetría, hay una mejora en la experiencia. Las investigaciones nos muestran que no hay una mejora sustantiva en los procesos de aprendizaje con ese tipo de estadios. Y hay un tercer nivel, que es muy interesante en lo pedagógico y, quizás, un poco aburrido en lo tecnológico. Cuando se generan transformaciones en la relación docente y estudiante. Por ejemplo, cuando hay estudiantes de distintos países, en distintas lenguas, negociando por videoconferencia un concepto y construyendo algo de manera remota y conjunta. De nuevo, desde lo tecnológico no es tan fascinante. Desde lo pedagógico, es enormemente valioso. La capacidad de comunicación, colaboración, liderazgo, negociación, segundas lenguas, etcétera. Ahora vamos a un ejemplo concreto. En Uruguay, donde yo trabajo, todos los años se convoca a grupos de jóvenes de primaria y secundaria a pensar con herramientas de robótica, sensores, sistemas de programación, sensores físicoquímicos, problemas relevantes para la comunidad. Este año hicieron una convocatoria y se definieron dos problemas serios: El agua y energías renovables. Entonces, se logra todo un sistema educativo pensando en posibles innovaciones. Niños pequeños de primaria hacen diagramas muy básicos de flujos de agua y niños más grandes hacen sistemas de extracción de agua real en pozos. ¿Qué logras con eso? Logras conectar la escuela con otras experiencias, logras conectar distintas disciplinas, haces que el docente no sea solo el que enseña sino el que aprende, trabajo en equipo, desarrollas habilidades blandas. Estamos hablando que la tecnología es importante pero juega un papel secundario, lo importante es todo el proceso creativo. Es un buen ejemplo para pensar

Cristóbal Cobo Sergio Calvo Creatividad Aprendizaje Invisible
18:10
Sergio Calvo. Es un ejemplo fantástico de tecnología aplicada. Cómo se debe aplicar. Yo siempre digo que en la tecnología hay que ser muy prudentes para no dejarse arrastrar por los fuegos de artificio. ¿Cómo ves tú que la inteligencia artificial de la que tanto se habla ahora, y estos lenguajes naturales pueden implementarse en el mundo de la educación?

18:30
Cristóbal Cobo. Las cosas que ocurren con inteligencia artificial son realmente impresionantes. La capacidad del software de aprender, de reconocer texto, imágenes, audio… Son realmente… Sugieren un futuro muy distinto al que estamos viviendo. Sin embargo, yo he tenido la posibilidad de trabajar bastante cerca de la gente de Watson, de IBM. Me reúno con ellos, más o menos, cada seis u ocho meses. Y si bien me gusta mucho lo que están haciendo, falta una enorme distancia para que se convierta en dispositivos que nos ayuden a aprender mejor. Pueden ayudarnos en otras cosas, a ahorrarnos tiempo y esfuerzo. Pero las personas aprendemos no solamente con datos y reforzamiento, sino con estímulos emocionales. Yo no estoy seguro de que todavía haya alcances en esa línea. Sin embargo, esto es un buen momento para pensarnos como personas. En un momento en que las máquinas se hacen más inteligentes, es un buen momento para decir: «¿Qué cosas tenemos que aprender? ¿Qué enseñarles a los que no son máquinas?». Entonces, a mí lo que me gusta de esta discusión es que nos vuelve a la esencia de humanos. La capacidad de compartir, de colaborar, de empatía, de sentir con otros, juegan un papel fundamental porque no son capacidades que las máquinas puedan construir, y en ese sentido, una vez más, la tecnología punta nos devuelve a las viejas preguntas de cómo hacer una educación más humana

19:54
Sergio Calvo. Me gustaría ahora bajar un poco a otro concepto que, de alguna manera, está ligado con la tecnología pero no lo es. El concepto de la creatividad. Permíteme que te cuente una anécdota. Tengo un hijo de cinco años, Marcos, y cuando tenía tres añitos y empezaba a colorear sus dibujos, coloreaba, por ejemplo, un tren y siempre se salía de la línea, coloreaba de aquella manera, pero él estaba muy orgulloso de sus dibujos. Ahora que tiene cinco, colorea fantásticamente y nunca sobrepasa el contorno, utiliza bien los colores. Esto lo ha aprendido en la escuela. Y cuando iba a hablar con los maestros y les decía: «¡Hombre!». Y me decían: «Los límites son importantes. La disciplina». Y yo decía: «Pero igual no son conceptos contradictorios». Porque en ese viaje me da la sensación, aquí es donde quería llegar, que Marcos ha perdido espontaneidad y creatividad de sobrepasar las líneas. Yo creo que en este entorno tecnológico la creatividad es muy importante. Me gustaría saber qué entiendes tú por creatividad, cómo visualizas la creatividad. Y otra segunda pregunta. ¿Hemos hablado del aprendizaje invisible? ¿Esa creatividad se puede y se debe enseñar en la escuela? ¿O debería ser una creatividad aprendida por aprendizaje invisible?

21:13
Cristóbal Cobo. Muy bien. Bueno, para mí creatividad es ver problemas que otros no han visto. Combinar ideas para resolver un problema y, básicamente, ser capaz de combinar disciplinas y contextos que no necesariamente dialogan, para encontrar una solución. A alguien se le ocurrió que los vehículos estaban casi vacíos y la gente iba a su oficina con el vehículo vacío. Y otras personas esperaban mucho tiempo el autobús. Y alguien vio en ese vehículo con asientos vacíos una oportunidad, un problema que otros no habían visto. Y lo mismo ocurre con un montón de habitaciones que están vacíos en las casas de gente, y otro dijo: «Hay a quien le gustaría alojarse ahí». Ver un problema que otros no han visto como un espacio de creatividad. Ahora, ¿dónde está el desafío? Hoy día, en entornos de abundancia de información pareciera que adolecemos de un nuevo problema, una suerte de lo que yo llamo una ignorancia digital. Es decir, en entornos hiperconectados, sumamente ricos en diversidad de información y oportunidades, nos limitamos a hablar con los que piensan parecido a nosotros, que nos limitamos a consumir siempre los mismos canales, que interactuamos solamente con los dispositivos que están de acuerdo con lo que pensamos, y reducimos el enorme océano de oportunidades a cosas muy limitadas. Entonces, ahí es fundamental lo que tú mencionas, que tiene que ver con cómo hacer para romper los límites. La creatividad siempre se genera en los bordes. En la escasez, en la dificultad, en las problemáticas, en nuevos desafíos. Y yo creo que la escuela puede ayudar a acercar esos bordes cuando hay posibilidades de convertirla en un laboratorio, en una incubadora, en un espacio de emprendimiento. Puede ser un emprendimiento social. Para ir y empujar un poco al límite y ver cómo sacar cosas donde no necesariamente se esperaba que hubiera. Y ahí es donde podemos volver a rayar el dibujo de la línea del tren más allá de los bordes. Pero no necesariamente ocurrirá en el aula. Los usos más interesantes, con más habilidades digitales, según investigaciones internacionales, es en el hogar. Lo que tenemos que hacer no es pensar que el uso de la tecnología en la educación va a ser solo en espacios formales, sino que construir puentes con otras instancias es fundamental

23:24
Sergio Calvo. Ya sé que antes me has dicho que no tienes una bolita de cristal para adivinar el futuro. Pero imagínate que la tenemos aquí enfrente por un momento. Si la pudieras mirar y ver ese futuro, ¿cómo imaginas el perfil del maestro, el profesor del siglo XXII?

23:42
Cristóbal Cobo. Yo creo que el futuro ya está aquí pero está mal distribuido. Yo creo que ya tenemos profesores del futuro. Y probablemente nosotros también los tuvimos. La pregunta está en si hay una cantidad suficiente. La literatura suele sugerir que el docente no ha de ser el centro de la transferencia de conocimientos, sino un facilitador. Y me parece bien, pero podemos ir un poco más allá. A mí me gusta la idea de pensar en el docente como cuando uno va a tomar un barco y hacer un viaje largo. O como cuando uno va a subir una montaña y caminar por muchos senderos. Como el concepto del serpa. Cuando subes una montaña muy grande, el serpa no te toma en brazos. El serpa no te dice exactamente cómo sortear cada piedra. Pero te orienta, si te caes te ayuda a levantarte, y te da un empujón. ¿Qué significa esto en el aula? Probablemente que el docente no necesariamente va a ser el que te va a dar en la mano cada contenido, pero tiene que ayudarte a enfrentarte a resolver los conflictos cognitivos que hoy día ocurren en un entorno de abundancia enorme de información. Internet está repleto de conflictos cognitivos. Internet es la pregunta, no la respuesta. El docente te ayuda a conectar esto. No solamente a curar el contenido, sino a reflexionar sobre las contradicciones de la vida real. Así me lo imagino, un docente que aprende. Un docente que enseña pero también aprende y que genera una estructura mucho más horizontal y mucho menos autoritaria. El docente no tiene por qué tener todas las respuestas

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Internet es la pregunta, no la respuesta... El docente no tiene por qué tener todas las respuestas

Cristóbal Cobo

25:11
Sergio Calvo. El docente no tiene por qué tenerlas, efectivamente. ¿Y el estudiante? ¿Cómo lo imaginas también, en ese siglo XXII? ¿Cómo es el perfil del prototipo de estudiante del siglo XXII?

25:24
Cristóbal Cobo. Pensando en el viaje, me lo imagino como una persona que está lista para hacer un viaje por la selva o un viaje en alta mar. Que cuenta con algunas herramientas, algunas brújulas, metodologías. Pero que, sobre todo, tiene sed de conocimiento. Y sed de conocimiento significa buscar preguntas, no solamente las respuestas para el examen. Tiene que ver con ir más allá de lo que te enseñan. Y como dice Siemens, tratar de conectar el currículum con otros saberes. En la posibilidad de esa simbiosis, de conectar dos puntos, está el aprendizaje, puede trascender la educación formal. Y eso es lo que yo quisiera ver en las nuevas generaciones. Exploradores, arquitectos de conocimiento, más allá de cualquier saber disciplinar que tengan.