¿Por qué es tan importante saber escuchar?

Victor Küppers

· Profesor y escritor

Victor Küppers es Doctor en Humanidades y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas. Profesor universitario y formador, Küppers es autor de libros de éxito como "El efecto Actitud" y "Vivir una vida con sentido". Es un defensor absoluto del poder que tiene la ‘actitud’ para desarrollar el máximo potencial de las personas: "Tú vales tus conocimientos, tus habilidades y tu actitud, pero la actitud multiplica”, explica. Víctor Küppers reivindica la importancia de aprender a escuchar para cuidar las relaciones en el mundo actual. Apasionado por la psicología positiva, su pensamiento se podría resumir en esta frase de Teresa de Calcuta: “Que nadie se acerque a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz”. Para Küppers esta es la definición de una ‘persona espectacular’.


Creando oportunidades

Victor Küppers

Victor Küppers es Doctor en Humanidades y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas. Profesor universitario y formador, Küppers es autor de libros de éxito como "El efecto Actitud" y "Vivir una vida con sentido". Es un defensor absoluto del poder que tiene la ‘actitud’ para desarrollar el máximo potencial de las personas: "Tú vales tus conocimientos, tus habilidades y tu actitud, pero la actitud multiplica”, explica. Víctor Küppers reivindica la importancia de aprender a escuchar para cuidar las relaciones en el mundo actual. Apasionado por la psicología positiva, su pensamiento se podría resumir en esta frase de Teresa de Calcuta: “Que nadie se acerque a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz”. Para Küppers esta es la definición de una ‘persona espectacular’.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:06
Victor Küppers. Hola, buenos días. Bienvenidos, muchas gracias por venir. Espero que vengáis con ganas, yo vengo muy contento. Hoy, como sabéis, vamos a hablar de la importancia de la actitud, de los valores humanos, de los principios, de vivir con alegría, y como estoy a vuestra disposición, no sé quién empezará con la primera pregunta.

Felipe. Hola, Víctor. Soy Felipe, soy profe de primaria y soy padre de dos niños. Tú que también eres padre, que tienes hijos, ¿qué consejo les podríamos dar para que sean felices?

Victor Küppers. Hola, Felipe. Muchas gracias por la pregunta. ¿Qué consejos? Tú eres profe de primaria, seguramente tienes una respuesta mucho mejor que la mía. Yo no soy nadie para dar consejos, pero, mi respuesta sería: yo a mis hijos, lo tengo clarísimo, siempre les he machacado tres conceptos, ya tienen veinte años, con lo cual ya están hasta el coco de escuchar mis rollos, pero yo lo he resumido todo en tres ideas para mis hijos. La primera es el desarrollar la bondad, el ser buenas personas, al final, en la vida el talento es importante, el dinero es importante, el trabajo que tienes, tu cargo es importante, pero en la vida es mucho más importante ser buena persona. Es incompatible ser buen profesor y mala persona, es incompatible ser buena pareja y mala persona. Al final, en la vida lo que cuenta es ser buena persona. Entonces a mí cuando me dicen: «¿Cuál es la virtud que más te gusta?», la bondad, y así se lo explico siempre a mis hijos, personas buenas. Cuando me cojo el último tren que vuelve a Barcelona, cuando llego a la estación de Sants, veo gente durmiendo en la calle. Entonces, ¿tú ves a alguien durmiendo en la calle, ves a alguien buscando en un contenedor y no te conmueves, no hay algo dentro que te duela? Es que te has vuelto insensible, te has vuelto una persona inhumana, no mala persona, pero sí insensible e inhumano, porque a fuerza de verlo, nos hemos acostumbrado. Entonces, uno no puede dejar de ser sensible al sufrimiento ajeno, porque es lo que nos hace buenos, nos hace despertar esa inquietud por ayudar a los demás, la compasión. Ese es el consejo que yo les doy a mis hijos, la primera de las ideas, ser buenos. A mí me encantan las frases, y hay una frase de Martin Luther King que siempre me viene a la cabeza cuando explico esto a mis hijos, que dice algo así como que en esta generación, porque es verdad que a la gente joven les dejamos un mundo que es una mierda, lo hemos hecho muy mal, y en esta generación tendríamos que arrepentirnos, no de las maldades que hace la gente mala, sino del abrumador silencio de las personas buenas. Entonces, uno no puede tirar la toalla y uno tiene que luchar para ser la mejor persona que pueda llegar a ser y para ser buena persona, y eso no es cursi, al final, es el sentido que tiene la vida.  El segundo consejo que les doy es no perder nunca la alegría. La alegría ayuda mucho, pero la alegría no es ser payaso, chistoso o gracioso, es ese concepto de la alegría de vivir. Uno tiene que intentar vivir alegre, porque no es un tema genético, se aprende, se desarrolla, y se aprende viendo lo positivo antes que lo negativo, y cuando uno es alegre, las relaciones con los demás funcionan mejor, cuando uno es alegre, uno se enfada menos, uno asume que la vida tiene cosas que nos gustan y cosas que no nos gustan, y en las relaciones personales uno genera menos conflictos. Ayuda mucho ser alegre, pero estamos en un entorno donde cuesta encontrar personas alegres. Yo recuerdo una anécdota que me pasó hace dos meses, en Barcelona me muevo en moto, porque me resulta más cómodo, más rápido. Yo iba en la moto a las ocho de la mañana y estaba parado en un semáforo, al lado había un taxista, le miro y yo me fijé que en el panel estaba marcada la temperatura y ponía treinta y un grados. Miro al taxista y le digo: «¿Treinta y un grados? ¿Qué calor, no?», el hombre se gira y me dice: «¿Usted qué es meteorólogo?», que te coge esa rabia de decir «qué burro, qué idiota», si he hecho una pregunta espontánea, y hay gente que ya va de mal humor a primera hora de la mañana. Sigo con la moto pasando semáforos y cuando ya estaba mucho más adelante, me encuentro en otro semáforo, miro a la derecha y también tenía un taxi, y digo: «¿Me la juego o no me la juego?», yo buscaba la temperatura en el panel, pero no la encontraba, y entonces le pregunté al taxista: «Perdone, ¿qué temperatura marca el coche?», y me dice: «Treinta y un grados», digo: «Moriremos como pollos, ¿no?», y el hombre se gira y me dice: «Yo no, porque ya me he acostumbrado a pasar tres veces al día por un túnel de lavado de coches, bajo las ventanillas, que entre el agua y a trabajar fresquito», y claro yo salí de allí y pensé… Yo lo que estudio se llama psicología positiva, este es el ámbito que yo estudio, y se reduce a esta anécdota: ¿Por qué hay personas que el mismo día de la semana, con el mismo trabajo, a la misma hora, con la misma temperatura, hay personas que son alegres, hay personas que tienen un sentido del humor, hay personas que disfrutan trabajando, hay personas que sonríen, y hay otras que con las mismas circunstancias son rancias, mustias, bordes, antipáticas? ¿Dónde está la diferencia? Hay personas que luchan por vivir con alegría, por quejarse menos, por valorar lo positivo, y ese es un consejo que le doy siempre a mis hijos, vivir con alegría, es fantástico. Todos los que estamos aquí sabemos por experiencia que cuando uno va alegre, la vida es increíble y cuando uno va hasta las narices, la vida es una mierda. Entonces, hay que luchar para ser buena persona y hay que luchar para vivir con alegría. La vida ya nos dará dramas, por supuesto, hay motivos para perder la alegría, pero no todo es para perder la alegría. Estamos en un entorno de personas que se han vuelto mustias. Y la tercera y última cosa que les digo es, primero la bondad, la segunda es la alegría, y la tercera es, sobre todo, pensando en su trayectoria profesional. Siguiendo con las frases, yo tenía un profesor que siempre nos decía: «Küppers, la vida es simple, pero nos la complicamos. Cuando tengas un trabajo, cuando estás trabajando, no se trata de hacer cosas extraordinarias, se trata de hacer de manera extraordinaria las pequeñas cosas ordinarias», ahí es donde está la diferencia entre las personas grandes y las mediocres, en no hacer cosas extraordinarias, sino hacer las pequeñas cosas ordinarias de manera absolutamente extraordinaria. Yo firmaría si mis hijos fueran buenas personas, fueran bondadosos y tuvieran esa sensibilidad por ayudar a los demás y esa sensibilidad por percibir el sufrimiento ajeno, si fueran personas alegres que transmitieran alegría y que fueran personas que en su día a día, con el trabajo que hagan, más importante o menos importante, se dedicaran a hacer cosas extraordinarias en esas pequeñas cosas ordinarias de cada día.

Víctor Küppers Aprender a escuchar
06:15
Sergio. Hola, Víctor.

Victor Küppers. Tienes una cara de divertido.

Sergio. ¿Sí no? Muchas gracias. Yo me llamo Sergio, soy profesor del Grado de Narrativas Transmedia, y mi pregunta yo creo que es simple pero complicada a la vez, no sé si te voy a poner en un aprieto, que es si se puede aprender a ser optimista.

Victor. Tú sabes que me pones en un aprieto, por supuesto que sí. Además, lo sabes al hacer la pregunta. Aquí lo importante es qué dicen los expertos, qué dicen aquellos psicólogos que están en el ámbito de la psicología positiva. Porque la psicología positiva es una ciencia muy simple, es muy básica, son cosas del sentido común, pero detrás es la misma metodología que tienen el resto de ciencias. Aquí hay estudios empíricos, hay tesis doctorales, hay gente que está estudiando si efectivamente uno nace o se hace, y, sin ninguna duda, se aprende, claro que se aprende. Es decir, uno no nace cenizo. Cuando nacimos los que estamos en esta sala, a nuestros padres les dijeron: “Pues mira, ha sido niño, pesa dos kilos ochocientos y lástima, pinta cenizo”. No, uno se ha ido haciendo, la vida, los problemas, las circunstancias nos han ido haciendo cenizos. Aquí hay muchas personas que somos de una generación que hemos escuchado aquello de que tu actitud, tu manera de ser, tu carácter se formaba de los cero a los cinco años, de los cero a los siete años, y luego habías pringado, pues no. Hoy se sabes que no, porque hace veinte años no existía la neurociencia. Hace cinco años, tú buscabas documentos sobre la neuroplasticidad del cerebro y costaba encontrar alguno, hoy hay mucha gente investigando, estudiando, y se sabe que tu actitud, que tu manera de ser la puedes trabajar, la puedes mejorar, la puedes desarrollar tengas cinco, veinticinco o ciento veinticinco años, lo que pasa que no es fácil, por supuesto que no es fácil, pero no es fácil porque todos estamos en entorno que por cada alegría que tenemos son 27 disgustos. Todos tenemos cinco momentos al día, todos, absolutamente todos, que lo mandaríamos todo a tomar por saco, todos. Porque es la sociedad en la que nos ha tocado vivir, hay muchos problemas, es complicada, todo es estresante, hay mucha gente que está hasta las narices, hay mucha gente está harta, hay mucha gente que tiene tantos problemas que ya no tiene que luchar, pobrecita, pero cuando uno deja de luchar tiene que tener en cuenta que en su vida solamente quedan dos palabras: amargura y malhumor. Hay muchas personas que viven amargadas y de malhumor y no se lo merecen, y vivir así es asqueroso, sobre todo, sabiendo que hay otra alternativa, porque existe otra alternativa. La otra alternativa es la de luchar contracorriente para vivir con ilusión, con alegría, que, por supuesto, es mucho más difícil. Es mucho más difícil es ser optimista que pesimista, mucho más, pero es un esfuerzo, es una lucha que vale mucho la pena, es una lucha titánica, minuto a minuto. ¿Cómo se consigue ser más alegre? ¿Cómo se consigue ser más optimista?, que es la pregunta hacía Sergio. Primero, siendo consciente de que es una elección. Ser alegre no es una consecuencia, ser alegre es una elección, y hay personas que están comprometidas, que tiene ganas de vivir con alegría, y fallan una vez y siguen, fallan una vez y se vuelven a levantar, fallan una tercera vez… pero hay gente que lucha para vivir con alegría, y después esfuerzo, esfuerzo y mucho esfuerzo. Pero cuando uno desarrolla el esfuerzo de vivir con alegría, al principio cuesta, al segundo intento cuesta, pero al tercero es más fácil, al cuarto es más fácil y al final cambia tu carácter, cambia tu manera de ser. La psicología positiva lo que aporta son muchas maneras simples y sencillas para vivir con alegría. Hago este paréntesis: parece que todo sea muy simple, que todo sea sencillo, que todo sea fácil, y no es verdad, no lo es, una cosa es simple y otra cosa es fácil. El tenis es simple, pase la pelota por encima de la red y tiene que entrar en una línea, eso es simple de entender, ahora, fácil no es, ahora ponte, porque fácil no… No es fácil pero vale la pena y se puede hacer, y todos conocemos ejemplos de personas que viven así. Ahora no sé si tengo tiempo de explicarte un ejemplo, pero voy a explicarte un ejemplo. Yo volaba de Barcelona a Asturias o a Cantabria, al norte. A mí me gusta dormir en mi casa siempre que puedo, entonces yo soy muy habitual de a las seis de la mañana, avión o tren, y aquel día el cliente me mandó un billete de avión a las seis y veinticinco de la mañana con el asiento 2C. Es un asiento que te permite entrar antes al avión, salir antes, y ahora que los aviones son muy modernos te permite tener un enchufe, que es muy práctico, en las primeras filas sueles encontrar un enchufe. Ahora, el asiento 2C tiene otra ventaja. Sabéis que hay un momento en que las azafatas o los azafatos explican las puertas de emergencia: “Hay ocho puertas de emergencia, cuatro a la derecha…”, sabéis aquel momento mítico, que todos hemos vivido. Empieza explicar las puertas de emergencia, y lo bueno del asiento 2C, aparte de las ventajas que ya os he dicho, es que aunque seas miope, a la azafata o al azafato lo puedes ver aquí en vivo y en directo, casi lo puedes tocar, empieza a explicar y le pregunto: “Perdona, ¿te mira alguien?”, porque es muy triste, están ahí explicando las puertas de emergencia, y si tú miras al resto del avión, la mitad del avión está durmiendo y la otra mitad está leyendo el periódico, y digo: “¿Te mira alguien?”, y me dice: “Pues con usted he contado hoy cinco caras”, digo: “Pues me extraña, porque lo que explicas es importantísimo, además, es un espectáculo explicando, estoy aquí por sacar la libreta, empezar a tomar notas, y hacer esquemas”. Se gira y me dice: “Menos bromas, caballero, menos bromas, que le veo a usted muy suelto. Usted atento y escuche, porque un día pasará lo que tiene que pasar por estadística, simple estadística, que el avión entrará en una tormenta que no tocaba y habrá un aterrizaje complejo”. Claro, yo la miraba así y pensaba: “¿Como de complejo?”, y me dice: “Hoy no, no se preocupe, que no hay ni una nube. ¿Usted viaja mucho? Pues le tocará, es una cuestión de tiempo, solo de tiempo. ¿Qué ocurrirá ese día?, pues lo que ocurre en este país, que somos un país de última hora, y todos estos que van aquí tranquilamente, durmiendo a pierna suelta, cuando noten que la cosa se complica, empezarán a espabilar, y veremos a alguien preocupado: “oiga, perdone, que el chaleco me va estrecho, ¿no hay una XL?”, “¿a mí qué puerta me tocaba?, que no me he enterado”, pues oiga, ahora estamos para el sálvese quien pueda, no estamos para explicar el rollo, no me da tiempo”, todo esto a las seis de la mañana, una chica de Canarias que no me olvidaré, divertidísima. Sigue con su rollo y cuando está con las mascarillas me dice: “Perdone, perdone, he perdido a tres. Me queda usted y otro, usted aguante, ya que ha llegado hasta aquí es tontería perderse final, aguante”. Se fue a sentar a su asiento y yo la miraba y pensaba: “¿Pero a ti qué te han dado para desayunar? Yo quiero lo mismo que tú, lo mismo que tú”, porque si tienes un poco de empatía, las azafatas son como nosotros, Sergio, tienen los mismos problemas que tenemos los demás, también les gusta dormir a las seis de la mañana, son humanos, tienen sueño, también tienen un problema con su banco, tienen una madre que está enferma, otra tiene un jefe que es un melón, la mayoría no son ni mileuristas, es un trabajo que es físicamente cansado, pasan muchas noches fuera de casa. Es un trabajo que tiene un componente rutinario importante, no nos engañemos, explicar las puertas de emergencia ocho horas al día, ochenta y ocho años de tu vida, pues muy emocionante y creativo tampoco es. Pues hay personas que, pese a todas esas circunstancias, siguen siendo un espectáculo. Hay personas que, pese a todos los problemas personales y profesionales, siguen sonriendo, siguen trabajando con alegría, siguen trasmitiendo ilusión, y a las seis de la mañana. ¿Qué hacen esas personas?, porque si lo hacen algunas, lo podemos hacer todos. Pero es un problema, uno, de decidir, de compromiso y, la segunda, de esfuerzo, mucho esfuerzo, porque es una lucha titánica contracorriente, porque el entorno no ayuda a ir con alegría.

13:21
Paloma. Hola, Víctor. Soy Paloma, estudiante de Magisterio de Educación Primaria y me gustaría saber qué le dirías a los jóvenes de hoy que se sienten desmotivados y que piensan que no tienen futuro.

Victor Küppers. Muchas gracias, Paloma, por la pregunta. Yo espero que seas consciente de que estás estudiando una cosa que es muy importante, y espero que la respuesta la tengas tú mejor que yo, porque al final la que estará delante de los alumnos e intentará que no se desanimen eres tú. Yo creo que es verdad que tenemos un problema de ánimo. Yo le diría básicamente dos cosas: la primera, nunca hay que perder la esperanza, nunca. Cuando uno pierde la esperanza, cuando uno pierde el ánimo se ha acabado. Es verdad que la sociedad que hemos creado las generaciones anteriores es una sociedad complicada, difícil, que no ayuda nada a las personas jóvenes, pero uno no puede perder nunca el ánimo. Piensa que cuando pierdes el ánimo, pierdes lo mejor que tienes. Mira, aquí me han dejado una fórmula que me han encantado, es un detallazo. Esta fórmula lo que viene a decir es que tú vales tus conocimientos, tú vales tu habilidad o experiencia y tú vales tu actitud o manera de ser. Pero la actitud multiplica, es decir, la diferencia entre el grande y el mediocre está en la actitud, en la manera de ser. Cuando tú te desanimas, tú no pierdes conocimientos, tú no pierdes experiencia, alguien puede estar muy desanimado pero sigues aprendiendo. Tú, cuando te desanimas, pierdes lo mejor que tienes que es tu actitud, es tu manera de ser. Cuando tú te desanimas pasar de ser una persona absolutamente estratosférica, que es lo que eres, porque no lo dudes eres una persona estratosférica, pero cuando pierdes el ánimo pasas a ser una persona del montón, de ser un profesional brillante a ser una profesional mediocre, de ser una pareja espectacular a ser una pareja seria, correcta, profesional. Pero cuando uno pierde el ánimo, es lo que veíamos antes, uno le pone un poquito menos de cariño, un poquito menos de ilusión, un poquito menos de interés, un poquito menos ganas, un poquito menos de profesionalidad y uno entra en la mediocridad. Hay mucha gente que va por la vida a nivel mediocre, no porque lo sean, no hay nadie que sea mediocre, absolutamente nadie, es un problema de ánimo. La vida es estado de ánimo. ¿Cuál es el trabajo de las personas que somos profesores o las personas que tenemos un poco más de suerte y en este momento no tenemos ningún drama, ningún problema grande? Ayudar a los demás a no perder el ánimo. Este es uno de los trabajos importantes que tiene un profesor, que nuestros alumnos no pierdan el ánimo porque el entorno tiende a que pierda el ánimo. La vida es estado de ánimo. Ya sé que si yo digo que la vida es estado de ánimo, conceptual, intelectualmente lo entendemos todos, pero voy a poner un ejemplo, porque así, en vez de pasar dos segundos por tu cerebro, que es visto y no visto, pasará un minuto, e igual te haces consciente de lo importante que es para ti hacerte responsable de tu estado de ánimo. ¿Hay alguien del Madrid en la sala? ¿Cómo te llamas? Álvaro. Yo pongo ejemplos futbolísticos porque la vida es fútbol, hay gente que todavía no lo ha entendido pero estás a tiempo. Si alguien no le gusta el fútbol, por lo menos la Champions, imagino que sabes lo que es la Champions. Pues la Champions, si alguien no sabe lo que es, pensad que en la vida hay cosas importantes, hay cosas muy importantes y luego está la Champions. Pues la Champions, el campeón actual es el Real Madrid y, además, la ganó jugando bien, sorprendentemente no hubo goles en fuera de juego ni penaltis injustos, no hubo últimos minutos… No, la ganó bien, dando espectáculo, cuatro a uno a la Juve. Pues vamos a imaginar… ¿Cómo te llaman en casa? También, Álvaro, no es cariñín ni cielo, Álvaro. Pues vamos a imaginar a Álvaro, esa noche. Acaba el partido, campeón de Champions, que no se me ocurre una mayor alegría, una euforia mayor que ganar la Champions, allí en el sofá alegre, feliz, contento, y que venga su madre y le diga: «Álvaro, que te toca lavar los platos», «hombre, los platos y lo que sea necesario, vamos para allá a lavar los platos, porque así se lavan los platos cuando uno ha ganado la Champions, con alegría, Fairi va, Fairi viene, voy a lavar los platos», que toca bajar la basura, y ¿cómo baja Álvaro la basura?, pues baja la basura bajando los escalones de dos en dos, y se cruza con un vecino que le da las buenas noches y dice: «¿Buenas noches de qué?, no seas rancio, dame un abrazo que te quiero un montón». Porque tienes ganas de abrazar vecinos cuando eres campeón de Champions, ¿y cómo tira basura en el contenedor?, pues haciendo un gancho, y ves que va así.  Porque es que no hace falta que nos lo explique ningún experto, lo hemos vivido todos, cuando tú vas alegre, cuando eres feliz, cuando estás motivada, cuando vas eufórica, cuando tienes ilusión, llámalo como quieras, pero en estos momentos es cuando sacas lo mejor que llevas dentro, porque existe ese tú, y es el tú en su mejor versión, con tus mejores actitudes, con tus mejores sentimientos, es un tú fantástico que tienes, por supuesto que tienes. Ahora, ¿cuál es el problema? El problema es que estamos en una sociedad difícil que nos empuja casi siempre a estar en el otro extremo. Entonces, vamos a imaginar a lo grande, se puede imaginar lo que uno quiera, pues vamos a imaginar que no ganó el Madrid, imaginemos, seamos felices cinco segundos y vamos a imaginar que ganó la Juve, cinco a cero, imaginemos. Veamos a Álvaro esa noche, después de perder cinco a cero una final de Champions, ¿cómo está el sofá? Arrugado, enfadado, y que venga su madre, la misma madre, y le diga: «Álvaro, te toca lavar los platos», y le dice: «¿Los platos? ¿No has visto lo que acaba de pasar? No me toques las narices, los platos los lavaremos luego o los lavamos mañana o los lavas tú», «pues baja la basura, que eso sí que te toca». ¿Cómo baja Álvaro la basura por las mismas escaleras? Arrastrando los pies, porque así se bajan las escaleras cuando uno es subcampeón de Champions, arrastra los pies y se cruza con un vecino que le da las buenas noches y dice: «¿Buenas noches de qué? Que te den». ¿Cómo tira la basura en el contenedor? De mal humor: «Coño con el contenedor». Porque, también lo hemos vivido todos y más veces, cuando tú estás enfadada, cuando no disfrutas, cuando no estás motivada, cuando vas hasta el coco, hasta las narices de todo, sacas lo peor que llevas dentro, porque también existe ese tú, es el tú en su peor versión, con tus peores actitudes, con tus peores sentimientos. ¿Qué dice la psicología positiva? Que los profesores tenéis esa gran responsabilidad, que es hacer entender a las personas con las que trabajáis que la diferencia entre el tú en su mejor versión y el tú en su peor versión es el estado de ánimo. Tú tienes un alumno sin ánimo y hay que ayudarle, porque la diferencia entre esa persona grandísima qué es o la persona mediocre que puede ser está en el ánimo, y estamos en un entorno que no ayuda a mantener el ánimo. La respuesta sería, primero, no perder nunca la esperanza, no perder nunca el ánimo, porque cuando lo has perdido se ha acabado, y lo segundo, también plantearse cuál es tu objetivo en la vida, qué es lo que te motiva, porque hay muchas personas jóvenes que están confundidas, y educar también quiere decir dar luz sobre cuál es el sentido que puede tener tu vida. Yo siempre he pensado que la felicidad en la vida es encontrar el sentido, y cada uno tiene el suyo, lo que se llama la vocación. Esto también es un trabajo de los profesores, ayudar a sus alumnos a encontrar cuál es su vocación. ¿Dónde está tu vocación? Tu vocación está en el eje en el que convergen cuatro ideas. La primera, ¿qué es aquello que haces muy bien? Piensa aquello que haces muy bien, todo el mundo tiene un don, todo el mundo tiene talentos, ¿qué haces muy bien?, porque hay algo que haces muy bien. ¿Qué es lo que te apasiona?, sería el segundo eje, ¿qué te apasiona? Hay alguien que le emociona dibujar cabezas de caballos, pero lo hace mal. No, ¿qué te apasiona y qué haces bien? La tercera es ¿qué te apasiona, qué haces bien y dónde puede haber mercado, cómo te puedes ganar la vida? Siempre hay algo que haces muy bien, siempre hay algo que te apasiona y con eso te puedes ganar la vida. El cuarto eje es: ese algo que te apasiona y que haces muy bien tiene que ayudar a la sociedad, tiene que ayudar de alguna manera a los demás. Cuando tú encuentras actividad, tú misma, Paloma, profesora de primaria, ¿dónde está el sentido de ser una grandísima profesora o un grandísimo profesor? En ayudar a tus alumnos entre otras cosas, para no alargarme más, a mantener el ánimo y a que descubran su pasión, como lo has descubierto tú. Porque tú serás feliz porque tu trabajo lo haces bien, te apasiona y, además se te ve en la cara, que te apasiona, con lo cual lo harás bien, porque si algo te apasiona, lucharas para hacerlo cada vez mejor, además es un trabajo con el que te vas a ganar la vida, porque hay un trabajo que es ser profesora de primaria y encima tiene un componente de ayuda social como no tienen otros trabajos, muy pocos trabajos tienen ese componente social que tiene tuyo, de ahí viene la felicidad, de ahí viene la alegría, pero lo conseguirás si no pierdes el ánimo.

22:06
Margot. Hola, Víctor. Mi nombre es Margot, trabajo con jóvenes y también soy madre de jóvenes. Me gustaría saber qué actitudes consideras que son importantes de enseñar para educar bien a nuestros hijos y también qué podemos hacer o que podríamos hacer si vemos, en un momento dado, que nuestros hijos dejan de brillar.

Victor Küppers. Vale, muchas gracias, Margot. ¿Yo qué diría? Al final, después del legado de los expertos y de la experiencia que ves en otros padres, al final, las cosas son de sentido común. Lo importante es que entiendan que la vida va de actitud. Yo siempre lo reduzco a una. Una actitud que me gustaría que tuvieran mis hijos: la amabilidad. Yo creo que la amabilidad, primero porque nos falta, estamos en una sociedad en la que tratamos a las personas como bultos peludos con patas, y es una experiencia que tenemos todos. Tú coges el autobús, coges el metro, coges el tren en una ciudad grande y cuando te sientas te separan dos centímetros de otra persona, no es un bulto peludo con patas, es un ser humano, pues lo más normal es sentarse y no decir nada. Lo peor de todo es que hemos asumido que es normal, no nos sorprende, no nos extraña, al contrario. Tú prueba un día a sentarte en el metro, en el tren, en el autobús y a la persona de al lado le dices: «Buenas tardes, ¿qué tal?», como digas «buenas tardes», verás como coge el bolso con más fuerza, «Me atracan». ¿Por qué? Porque en un país de tarados la gente no se saluda, la gente va a la suya, la gente camina rápido esperando que sea viernes y no sonríe. Esa es la sociedad en la que vivimos, por eso a mí me encanta el concepto de alegría, porque los expertos han demostrado que la forma más rápida, más eficaz y más fácil, o sea rápida, eficaz y fácil, o sea rápida, que funciona y fácil de vivir con alegría es ser amable. Ser amable con los demás, y tenemos mil quinientas oportunidades para ser amables cada día, con el conductor del autobús, que tampoco le saluda nadie, cuando sales de una cafetería con la persona con la que te cruzas en la puerta o con la que vas en el ascensor, o sea ser amable. Hay un mecanismo que tenemos todos los seres humanos que es indiscutible, tú haces algo bueno por los demás y tú te sientes bien, eso es innegable. Todo el mundo que se haya dedicado a alguna labor de voluntario sabe que es muy gratificante porque haces algo por los demás, ese mecanismo lo tenemos. Es decir, cuando tú haces algo bueno por los demás te sientes bien y cuando haces algo malo te sientes mal. Igual que hay muchas personas que hay que ayudarlas porque son pobres materialmente, económicamente, estamos en una sociedad en la que hay muchísimas más personas que viven bajo el umbral de la pobreza en términos de afecto, de cariño, de amabilidad. Entonces, cuando tú eres amable con los demás… Tienes un mecanismo dentro, y si no pruébalo, la próxima vez que salgas de una cafetería, en vez de salir sin decir nada, prueba a salir de una cafetería y le dices al camarero: «Perdone, espectacular el café». No sabes por qué motivo tienes esa sensación, pero es por el mecanismo que tenemos. Al camarero, tienes que llamar al 112 y que vengan con desfibrilador, porque le ha dado un ataque, no está acostumbrado. Las personas que saben, los psicólogos que están en el ámbito de la psicología positiva, que estudian, te dicen esto, que juegues a ser amable con los demás. Cuando eres amable te cambia el carácter, eres mucho más alegre, pero, es que aparte de que tú estás mejor, aparte de los demás están mejor y que es gratis, ser amable tiene una cuarta ventaja enorme. La cuarta verdad es que te obliga a intentar ser la mejor persona que puedes llegar a ser. Porque cuando quieres ser amable, a veces tienes que escuchar a unas personas, a veces tienes que aguantar una puerta, a veces tienes que acompañar, a veces tienes simplemente que estar. Hay que desarrollar la paciencia, hay que ser generoso, esa es la gran ventaja también de ser amable. Tú cuando intentas ser amable al mismo tiempo estás luchando para ser buena persona, para ser lo mejor que puedes llegar a ser. Yo creo que una sociedad no es rica porque tenga petróleo bajo las piedras o gas. Una sociedad es rica por la calidad humana de las personas que la forman. De ahí viene la riqueza de la sociedad, es la calidad humana, y la calidad humana tiene que ver con personas educadas, con personas amables. Necesitamos personas, necesitamos futuras generaciones que cambien la sociedad, y se cambia con educación. La educación es cuando alguien utiliza «por favor» y «gracias», que son dos palabras que las quitaran del diccionario por falta de uso. Un día vendrán nuestros nietos y dirán: «¿Abuelito, qué quiere decir por favor?», y habrá que explicarle: «Son dos palabras que se utilizaron a principios de siglo o al final del anterior, que se acompañaban para pedir algo». Pero ahora es que también se pierde, por lo tanto necesitamos personas con una gran calidad humana, eso es lo que nos hace ricos como sociedad, no el PIB. Luego, me has preguntado, perdona, qué hacemos cuando no brillan. Cuando no brillan, que tiene una respuesta larguísima, porque no es fácil, porque es verdad que a veces no brillan, pero, lo que comentaba antes también Paloma, hay veces las personas se desaniman, lógicamente. Estamos en un entorno que tiende al desánimo, entonces cuando alguien se desanima, cuando son nuestros hijos, yo solamente conozco dos palabras: cariño y tiempo, porque ésa es la base de las relaciones humanas. No solamente con nuestros hijos, con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros amigos… Las relaciones se cuidan con esas dos palabras: cariño y tiempo. En la vida hay una regla que se cumple siempre en las relaciones humanas, que es de sentido común pero que olvidamos, planta que no riegas, planta que palma, así de simple, planta que no riegas, planta que palma. Pues en las relaciones ocurre lo mismo, con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros amigos… Lo que no cuidas, palma. Hay gente que dice: «No, hombre, la media naranja». La media naranja existe, eso es un cuento chino. La media naranja la has exprimido en tres meses y luego iríamos todos de naranja en naranja. Luego lo que queda es cariño y tiempo. ¿El cariño qué es? Pues cariño es cariño, lo que viene a ser cariño, besos, abrazos y tocamientos varios, lo que viene a ser cariño. Lo que pasa es que estamos en una sociedad que, como nos hemos desanimado, como vamos arrastrando los pies, hemos perdido el cariño. Necesitamos reivindicar el afecto, la ternura en las relaciones con las personas que más queremos, y luego es tiempo. Tiempo, y si alguien dice que no tiene tiempo para dedicar hijos, es que no es verdad. Básicamente, hay una estadística que es oficial que dice que en este país la media de televisión por persona y día es de cuatro horas, por persona y día cuatro horas. Pues hay quien dice que no tiene tiempo. «Yo no la veo», dices, «pues tú ocho, para sacar la media». No es una cuestión de no tener tiempo, es una cuestión de no tener ánimos. Porque pasa que, a veces, llegas a tu casa, aquel día que llegas cansado, machacado, que has viajado, a lo mejor que no has comido, cruzas la puerta de casa y sale tu hija: «Mami, ¿me cuentas un cuento?», y dices: «Que te lo cuente tu padre, que estoy agotada, mañana te cuento dos», y eso es lo que hacemos muchas veces. Luego hay padres y madres que el día que llegan cansados, que llegan agotados, que a lo mejor no han comido, ese día cuentan el cuento y lo representan, esos son héroes. Todos los que somos padres sabemos que es heroico, de todos los padres que estamos aquí, ¿quién no se ha saltado un párrafo explicando un cuento a sus hijos?, eso que me ahorro. Pero si el libro más vendido de cuentos en este país es un libro de cuentos cortos, que además te pone en el índice: «Mire, cincuenta segundos, cuarenta y nueve segundos, un minuto con cero dos el más largo», «¿un minuto con cero dos?, deme ese». Recortamos tiempo hasta para explicar cuentos a nuestros hijos que son lo que más queremos, no les dedicamos tiempo. A este paso, con nuestros nietos los cuentos serán de cinco segundos: «Venía Caperucita con la abuela, se cruzaron con el lobo y se comió a la abuela. Buenas noches, a dormir». Es nuestro trabajo, como padres y profesores, educar, y educar se hace con cariño, mucho cariño, y tiempo, mucho tiempo. Porque aquello de: «yo poco tiempo, pero de calidad», es otro cuento chino, que alguien se inventó para tener la conciencia tranquila, y si no coge una planta y le pones dos gotas al mes, de máxima calidad, palma igual.

Víctor Küppers Aprender a escuchar

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Victor Küppers

29:40
Javi. Yo soy Javi y estudio segundo de bachillerato. Quería preguntarte sobre qué estudiar, porque la verdad es que, como la mayoría de alumnos de segundo de bachillerato, no tengo nada claro qué estudiar. Aunque seas del Barça, te cedo el consejo.

Victor Küppers. Soy del Barça pero intento ser buena persona. Yo te diría la respuesta que te he dado antes: algo que hagas bien, algo que te apasione, algo que implique ayudar a los demás y que te puedas ganar la vida. Yo el error que no cometería es: «Voy a estudiar algo que tenga futuro, a mí me gustaría hacer Geografía, pero como Geografía me han dicho que no tiene mucho futuro, pero ADE tiene mucho futuro, voy a hacer ADE, seamos prácticos». A mí el ser prácticos me parece una tontería, básicamente porque lo importante en la vida es ser feliz, aunque suene cursi. Por lo que tenemos que luchar todos es para ser felices, y si aquí te apasiona la geografía, yo me tiraría de cabeza con la geografía, porque cuando algo te apasiona lo harás tan bien que seguro que encontrarás una oportunidad laboral, seguro, y si no encuentras la oportunidad laboral, por lo menos habrás estudiado algo que te gusta y lo podrás desarrollar, a lo mejor, como hobby, pero no te preguntarás siempre: «¿Qué hubiera pasado si hubiera estudiado aquello?». Habla con personas que se dediquen a esto, qué te informen, que te expliquen, que te ayuden, porque cuanta más información tienes, más criterio.

31:08
Juanmi. Hola, Víctor. Soy Juanmi, director de un colegio. Quería saber cómo podemos conseguir que los líderes del futuro sean los profesores, es decir, cómo podemos trabajar para que se hagan los grandes líderes y poder transformar la sociedad.

Victor Küppers. Mira, lo que tienes tú, porque además lo trasmites, perdona que te lo diga así de claro. A mí siempre me ha gustado explicar lo de las bombillas. Las personas transmitimos, todos trasmitimos, que a veces conoces a alguien y al cabo de los tres segundos notas lo que trasmite. Al final, ¿cuál es el papel de un líder? El papel de un líder no es decir a la gente lo que tiene que hacer y verificar que está hecho en tiempo y forma adecuado. El papel de un líder es el de influir, es el de inspirar, es el de transmitir, es el de contagiar, es el de ilusionar, es el de motivar, es el de ayudar, y eso tiene que ver con lo que transmites como persona. Cuando influyes en los demás,  todos tenemos dos tipos de comportamiento, todos tenemos un comportamiento que se llama comportamiento normativo. Normativo es lo que hay que hacer para no tener problemas, normativo es que a clase no se viene con chanclas, normativo es que el que conduce autobuses tiene que parar en las paradas establecidas, eso es normativo, y si no paras en las paradas que te tocan, tendrás un problema como conductor de autobús, y normativo, para mis hijos, es llevar el plato desde la mesa hasta la cocina, eso es normativo, si no lo haces, tendrás un problema, normativo. Y luego, todos tenemos un comportamiento que se llama espontáneo. Espontáneo es lo que haces porque te da la gana. Cuando un conductor de autobús, entre dos paradas, ve que hay una persona que se ha perdido la parada anterior y está corriendo, y decide frenar para esperarla, eso no es normativo, eso es espontáneo, lo hace porque al conductor le da la gana. Hay gente que mira y dice: «Que le den», y hay gente que decide parar y esperar. Lo que hay que conseguir cuando uno es líder es que las personas den el normativo y den también el espontáneo. Al final, el trabajo de un líder es sacar lo mejor que llevan las personas, sacar lo mejor que llevan. ¿Cuál es tu trabajo como profesor?, tu trabajo como profesor es intentar sacar lo mejor que llevan los alumnos dentro, ayudarles a que saquen lo mejor, y eso requiere no tratarlos como una clase de veinte, cuarenta o sesenta, como un número, sino una a uno, por eso es un trabajo tan difícil el de profesor, es uno a uno. Y tu trabajo, a lo mejor, como director de un colegio, que lo sabes mejor que yo y además lo debes hacer porque se te ve, es que los profesores den lo mejor que llevan dentro y ayuden a sus alumnos a ser mejores personas y mejores futuros profesionales. Ese es el trabajo de un líder. La esencia es, para ser buen líder, tener pasión por ayudar. Cuando tú tienes pasión por ayudar a los demás, aquí tienes el primer requisito para ser un buen líder. Educamos padres y profesores, es responsabilidad de ambos. Al final, es poner en la cabecita de las personas, conforme van creciendo, aquellos valores y principios humanos que todos queremos para nuestra sociedad, porque ya lo tendrán cuando tengan veinticinco, treinta o treinta y cinco años y un día sean líderes, y sean gobernantes, pues serán buenas personas, serán personas honestas, serán personas íntegras, serán personas que quieren ayudar a los demás, pero eso no se nace, eso se educa. Por eso la educación es tan importante.

34:17
Alicia. Hola, soy Alicia y te quiero proponer un juego. Ahora, como he visto que eres muy culé y te gusta mucho el fútbol, quiero que imagines que eres el entrenador del Barça.

Victor Küppers. ¿Yo, entrenador del Barça?

Alicia. Sí, pero estamos en una final muy importante, la más importante, y hemos llegado al descanso y el Barça pierde cero a tres. Quiero saber qué les dirías…

Victor Küppers. ¿No se puede cambiar el guion de la pregunta? Estaba emocionado.

Alicia. No, no. Me gustaría saber qué le dirías a ese equipo dónde estáis en el descanso y cómo los motivarías para que salieran otra vez al campo.

Victor Küppers. ¿Qué les diría? Claro, me he emocionado, me has dicho entrenador del Barça, final importante, perdemos cero a tres, me he venido abajo. ¿Qué les diría? Balones a Messi, eso lo primero, balones a Messi, todos los balones a Messi. ¿Qué les diría? Sinceramente, yo, si fuera entrenador del Barça, dudo que llegáramos a una final muy importante. No, yo sería un churro de entrenador. Llamaría a Rijkaard, Frank Rijkaard, llamaría a este señor. A mí, este es el entrenador de fútbol que más me ha gustado de todos los que he conocido en el Barça, porque era buena persona, tú veías a Rijkaard… Bueno, a lo que vamos, ¿qué haría?, llamaría a Rijkaard, diría: «Frank, ¿qué hago?». Pero, te voy a decir una cosa, a mí el mundo del fútbol me gusta mucho, pero, igual soy una persona rara, pero no siempre hay que ganar. Ya sé que en el fútbol es la cuestión, pero no siempre hay que ganar. Uno no puede estar contento solamente si gana, porque, además, en la vida tampoco es así. Yo no creo que la vida siempre sea ser el uno, ganar, ser mejor. A mí me gusta una persona fantástica, a mí me gusta un equipo fantástico, una persona fantástica, no me gusta una persona mejor que o un equipo mejor que, no siempre hay que ser mejor. Esa dicotomía de yo gano, tú pierdes… Covey explicaba una cosa que era la mentalidad de la abundancia, ¿por qué no me puedo alegrar por el bien de los demás?, ¿por qué no puedo alegrarme? Estamos hablando de educación, habría que educar a las personas en esa mentalidad de abundancia que decía Covey, no en ganar, ser el primero, ser el mejor. También diría una última cosa, es decir, que no haya siempre que ganar es compatible con no tirar nunca la toalla. Al final, el resultado no es exigible, lo que es exigible es el esfuerzo, en el plano deportivo, si hablamos de fútbol, como en el plano también personal o profesional, exigir un resultado es muy injusto, hay muchas variables que no controlamos, lo que es exigible es el esfuerzo. Si yo fuera ese entrenador en ese vestuario con cero a tres, intentaría inculcar aquello de, que es una idea que es muy de Rafa Nadal, el punto a punto, punto a punto. Olvídate, como empieces a pensar: «Ya no remontaremos, vamos cero a tres, esto es muy difícil…», empiezas a perder el ánimo, empiezas a dejar de correr, empiezas dejar de luchar y, efectivamente, es imposible remontarlo. Ahora, si hay una manera de remontarlo es luchando y luchando, a los que nos gusta el fútbol, ¿cuántos partidos se han levantado con cero a tres? Vamos a hace dos Champions, que faltaba un minuto y el Madrid había perdido la Champions. Este ejemplo y lo expongo muchas veces a mis alumnos, es decir, a veces dicen que el Madrid tiene suerte, no es verdad. Cuando uno va muchas veces y va y va, tiene muchas más posibilidades. Entonces, no es una cuestión de suerte, es una cuestión de ir e ir, y hay muchas que no sale, pero hay alguna que sale, si no vas, no sale ninguna, y eso se aplica a todo. Si alguien dice: «No me entiendo bien con mi hijo», nunca hay que tirar la toalla, hay que luchar y luchar, porque nunca se sabe en qué momento las cosas pueden empezar a mejorar. «No encuentro el trabajo que me gustaría», pues luchar, luchar y luchar y luchar, porque si luchas y has quedado cero a tres o dos a tres o uno a tres y has perdido, has hecho lo que has podido y más. Cuando pierdes cero a tres pero sabes que no has hecho todo lo que has podido, entonces eres parte del problema.

38:18
César. Hola, soy César. Soy profesor de Secundaria y Bachillerato de ciencias. Antes has comentado que es fundamental distinguir entre lo importante y lo verdaderamente importante. Quería saber si nos podía dar alguna pauta o algún truco para conseguirlo.

Victor Küppers. Hay una frase, y de ahí seguramente viene tu pregunta, que es de Steven Covey, que la gente piensa que es una frase que me he inventado yo, pero nada que ver, y la frase es: «Lo más importante en la vida es que lo más importante sea lo más importante». Parece un juego de palabras, pero no lo es, lo más importante en la vida es que lo más importante sea lo más importante. ¿Qué es lo más importante que tenemos en la vida? Lo más importante que tenemos en la vida es lo mismo, es decir, si preguntáramos a cada una de las personas estamos aquí qué es para nosotros lo más importante, todos llegaríamos a la misma conclusión, lo más importante son cinco cosas: nuestros padres, nuestros hermanos, nuestra pareja, nuestros hijos y nuestros amigos o amigas, eso es lo más importante que tenemos en la vida. Ahora, ¿cuál es el problema? El problema es que nos ha tocado vivir una época donde todo va rápido, conducimos rápido, hablamos rápido, caminamos rápido, todo es urgente, todo es estresante, todo es para ya, y cuando uno va rápido, la vida se ve invadida por lo superficial, por lo urgente, por lo intrascendente, y no hay tiempo a veces para lo importante o nos damos cuenta cuando es tarde. Beckett tiene una frase que dice: «La gran incoherencia del ser humano es que nos damos cuenta de lo que es importante, muchas veces, cuando es tarde», y es una frase que hemos oído ciento cincuenta veces, pero la hemos olvidado ciento cincuenta y uno, ese es el problema. Entonces, ¿cómo recordar en el día a día, que vamos tan locos, qué es lo importante? Hay una pregunta de Barbara Fredrickson que te ayudará, y la pregunta es: «¿Yo por qué no voy alegre?», pregúntate cada día, porque al final la psicología positiva es de coger hábitos, igual que se pueden coger hábitos para conducir y se pueden coger hábitos para hacer determinadas tareas rutinarias, se pueden coger hábitos para ser positivo, para ser alegre. Al principio oblígate a preguntarte: «¿Yo por qué no voy alegre?», con el tiempo es una pregunta que te sale sola, espontánea, y preguntarte por qué no vas alegre te permite dos ventajas. La primera, paras, paras y piensas, que es una cosa que no hacemos, parar y pensar, y cuando piensas por qué no vas alegre, todos tenemos problemas, pero uno tiene que ser consciente que en la vida hay problemas muy graves y hay problemas que son tonterías. Yo siempre explico que hay dramas y hay circunstancias a resolver, es decir, todos sabemos lo que es un drama. Un drama es el fallecimiento de un ser querido, un drama es una enfermedad muy gorda de alguien, un drama es cuando alguien no tiene trabajo, tiene tres niños, no llega final de mes y tiene que ir a Cáritas a buscar alimentos, esos son dramas, y todos hemos pasado o pasaremos dramas. Cuando uno tiene dramas es difícil ir alegre, se perdona. Hay personas que con dramas van alegres, pero eso es de monumento nacional, en cualquier caso se comprende que alguien con un drama no tenga ganas de sonreír, solo faltaría. Pero no todos tenemos dramas, pero vamos como si tuviéramos dramas. Es decir, ¿yo por qué no voy alegre?, porque el día que te pase una cosa grave, el día que sí que tienes uno de estos dramas, entonces te das cuenta de que aquello no era un drama, era una chorrada, era una tontería. Obligarse de vez en cuando a parar, a pensar si aquellos un drama o es una circunstancia resolver, te ayuda mucho. ¿Es un drama? Tienes todo el derecho, faltaría más. Ahora, ¿es una circunstancia a resolver?, gestiónalo y acaba, ¿cómo se gestiona? Es decir, existe una cosa que los psicólogos llaman el desahogo razonable. El desahogo razonable es, aunque sea una chorrada, todos necesitamos desahogarnos, todos. A mí me cuesta mucho enfadarme, pero cuando me enfado yo soy un energúmeno. Recuerdo hace dos semanas, tres semanas, yo estaba en un aeropuerto, no diré de qué ciudad, y mi vuelo era a las 22:50h, que es tarde. Entonces, estaba en el aeropuerto y veía ahí en el panel: compañía que fuera, no voy a decir el nombre, retraso. «Bueno, esto no es un drama, no hay derecho a perder la alegría, hay que sonreír, es una circunstancia a resolver solamente», y una mierda. Tú ves ahí: «Hora prevista de salida: 00:30h», y es que te sale espontáneo: «Me cago en la leche, coño, hijos de no sé qué», pues claro que te sale y eso es inevitable, no podemos evitar emociones negativas, pensamientos negativos… no lo podemos evitar aunque sea una chorrada. Ahora, si tú sabes que es una chorrada, desahógate y acaba, y ¿qué quiere decir desahogarte?, pues desahogarte es: pegas cuatro gritos, te desahogas, sacas el mechero, quemas la pantalla, quemas el aeropuerto y te quedas a gusto. Y esa sensación se llama serenidad, y la serenidad no es resignación, serenidad no es conformismo, serenidad es una virtud enorme que nos falta, que cuesta conseguir. Serenidad es aceptar que las cosas son como son, no como nos gustarían, las cosas son como son. Uno tiene que llegar al punto de aceptarlo, porque a partir de aquí la energía ya no la gastas quejándote, la energía la gastas construyendo, mejorando, avanzando. Pero hay mucha gente que no ha entendido lo de razonable, que lleva cinco años desahogándose, y habrá qué decirles: «Tienes toda la razón, pero acaba ya, acaba», porque hay muchas personas a las que nos encanta quejarnos de todo, ir enfadadas todo el día, y vamos en bucle. Entonces, una manera es, mira que es sencillo, es simple, cuando alguien dice: «No, esto es muy bonito, pero no se puede aplicar», pues empieza a preguntarte por qué no vas alegre, empieza separar dramas y circunstancias a resolver. No aceptar lo que no nos gusta es lo que nos hace sufrir, no aceptar lo que no nos gusta, y esto le ha pasado a mucha gente, aquí que veo a estudiantes: «Nota de corte, no he podido entrar en la carrera que quería», pues claro que vas a estar enfadado, desahógate y acaba.

“Que nadie se acerque a ti sin que al irse se sienta un poquito mejor y más feliz”. Para mí esta es la definición de una persona espectacular

Victor Küppers

Gonzalo. Buenas, soy Gonzalo, estudiante del Grado Transmedia. De tu etapa de estudiante, ¿qué recuerdas como lo más positivo y lo más negativo con respecto al sistema educativo?, y si nos podrías contar alguna anécdota.

Victor Küppers. Alguna anécdota, qué recuerdo. Lo negativo lo tengo muy claro, de mi época de estudiante lo que recuerdo peor es aquel sistema de memorizar, vomitar. Yo seré muy corto, pero me costaba un montón, a mí memorizar… yo era de chuletas, lo reconozco, yo era de chuletas. Era incapaz de memorizar fechas, aquellos libros de historia que te explicaban… incapaz, y ahora que tengo más edad es que no le veo sentido. ¿Qué sentido tiene acordarse de una fecha en concreto más allá de la cultura general?, pues hay gente que tiene más capacidad y gente que tiene menos para retener. Ahora buscamos una fecha, pones Google y tienes la fecha. Entonces, a mí el sistema de memorizar, vomitar es lo que peor recuerdo. ¿Qué recuerdo positivo? Aquí me alargaría mucho, recuerdo profesores espectaculares, recuerdo clases divertidísimas, pero me voy a quedar… Claro, mi cerebro va trabajando buscando la anécdota, ya tengo la anécdota. Yo recuerdo la solidaridad y el compañerismo que teníamos, hasta tal punto que hubo un chaval, un compañero de clase, que además lo queríamos mucho, que tuvo problemas médicos y se presentó a algún examen, porque si no, no podría pasar de curso, porque en aquella época, no sé si todavía depende de la facultad o cómo va ahora, si no aprobabas un número de asignaturas no podías pasar al siguiente curso. Claro, sufríamos, se despertó una empatía por él, decíamos: «Pobrecito, a ver si se nos va a quedar, va a repetir, no lo vamos a tener el año que viene, ha estado enfermo», y el empollón de la clase, que era una grandísima persona, propuso hacer el examen poniendo el nombre del otro chaval que había estado enfermo y no podía haber estudiado, y que el que estaba enfermo pusiera el nombre del empollón. El empollón llevaba un parcial buenísimo, con lo cual no se la jugaba, se jugaba, en vez de tener un sobresaliente, sacar un aprobado justillo. Sí, y lo recuerdo perfectamente. Él sacó un arrobado justillo, el empollón, pero el otro pasó. Claro, el profesor no se enteró, no se sabe la letra de ciento cincuenta personas, no se sabe las letras. Pero eso, que es ilegal, ahora estoy contando una cosa que es ilegal, no sé si va a quedar muy bonito, pero es la anécdota que yo recuerdo. Sí, es ilegal, para qué nos vamos a engañar, no hay que copiar. Yo recuerdo mucho este gesto, y, de hecho, en las cenas que hemos ido haciendo, hablamos muchas veces de aquel gesto, fue un gesto espectacular.

46:24
Shukwara. Hola, Víctor. Me llamo Shukwara, soy estudiante de Magisterio de Educación Primaria y he visto que en tus libros hablas de lo importante que es saber comunicarse bien con los demás, y quería saber si nos podrías dar algún consejo práctico para comunicarnos mejor.

Victor Küppers. Algún consejo práctico para comunicarnos mejor, muchos, pero de sentido común, son los mismos que sabes tú, los mismos. Estoy seguro de que si tú hicieras tu lista y yo hiciera la mía, coincidiríamos. Hay una regla, que se llama la regla de oro que la hemos oído mil veces, pero que es la esencia. Al final, ¿la esencia cuál es? Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti, es así de simple. Lo hemos oído muchas veces, pero es que es la verdad, es la verdad. Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti. ¿Eso qué implica? Si hiciéramos la lista de cuáles son las habilidades para comunicarse mejor con los demás: sonríe, es muy importante, tú ves una cara rancia… Sonríe, pon cara fácil, hay gente que nace con cara fácil, hay gente que no, habrá que hacer un esfuerzo. Hay gente que no, que ha nacido con cara mustia. Uno tiene que hacer un esfuerzo. Sonríe, nos gusta ver personas agradables, personas que sonrían, nos gusta mucho. Sé honesto, porque, al final, transmites la persona que eres, y en la comunicación con los demás ayuda. Sé una persona que escucha, y me detendré en esta, pero acabemos la lista. Sé una persona agradecida, sé una persona que valora a las demás, sé una persona que no tenga prejuicios, sé tolerante, también, con la opinión de los demás, no todos tenemos que estar de acuerdo, hay gente que no es nada tolerante. Pero me paro en escuchar, yo creo que es la más importante, porque, además, es la que más cuesta, escuchar. A las personas nos encanta que nos escuchen, pero ¿por qué nos encanta que nos escuchen? Si yo aquí dijera: «Lo más importante que se ha dicho aquí, en esta sala, lo has dicho tú», ahora mismo, por dentro, él está haciendo: «Sí, he dicho varias cosas, ¿cuál de todas exactamente?», porque, cuando uno te escucha, tú te sientes importante, te sube la autoestima, te sientes comprendido, te sientes valorado, que es lo que queremos todos, y nos cuesta mucho escuchar. Nos cuesta escuchar, primero, porque vamos siempre con prisas, y también porque hay gente que se enrolla mucho, no nos engañemos. Hay un estilo de hablar que es el estilo Oliver y Benji, ¿alguien se acuerda de la serie Oliver y Benji? Oliver y Benji era inhumano. Los que somos impacientes, aquella serie… Hay películas que tú te levantas, vas a buscar un vaso de agua, vuelves al sillón y te has perdido la trama. Oliver y Benji, vamos, era aquella serie, si alguien no la ha visto, que chutaba el tío el lunes y hasta el viernes no se sabía si había entrado o no, y era capítulo diario. Oliver y Benji, tú te podías levantar, podías coger el coche, irte al supermercado, cargar, volver y el tío estaba en la misma posición, era desesperante. Pues hay gente que habla así, y es el estilo que utilizan las personas que más queremos. Todos tenemos una madre que pega rollos, todos, no es casual. Todas las madres pegan rollos, que parece que está acabando y se vuelve a arrancar con otra cosa, porque las personas se van haciendo mayores y se decoran, se vuelven barrocas, les da por hablar. Hay gente que no, algunos se vuelven silenciosos, pero hay muchos que se decoran, y es el estilo propio de las personas pequeñitas. Todos los que tengáis hijos o hermanos de cinco, seis, siete años, hablan así, y vas a buscarlos al colegio y dicen: «¿Sabes qué, y sabes qué, y sabes qué?», llevas tres kilómetros caminando: «¿Y sabes qué, mami, sabes qué?», que dices: «Hijo mío, basta ya, basta». Entonces, nos cuesta mucho escuchar, mucho, y en la comunicación con los demás no es lo que yo digo, es mucho más importante que la otra persona se sienta escuchada, que se sienta comprendida. ¿Cuántas veces te ha pasado que tienes un problemón, vas a ver a un amigo o una amiga, le sueltas el problemón y te sientes escuchado?, a lo mejor no te ha dicho nada, pero le das las gracias por escucharte, porque lo necesitamos. No nos gusta que nos corten, no nos gusta que nos interrumpan, no nos gusta que nos peguen el rollo, nos gusta que nos escuchen. ¿Tú quieres llevarte bien con alguien? Escucha, escucha. Pero es un esfuerzo enorme, porque implica ser generoso, implica no pensar en mí, sino pensar en ti. Yo es lo que te diría si quieres comunicarte mejor con los demás. No se trata de un tema de que vocalices mejor o peor, es un tema de que transmitas honestidad, de que transmitas integridad, que seas amable, que seas agradable, que sonrías, que no tengas prejuicios, que seas tolerante y que escuches.

50:54
Vania. Hola, soy Vania. Mi pregunta es: ¿Cómo has llegado a pensar así?

Victor Küppers. Hola, Vania. Qué pregunta más extraña. ¿Cómo he llegado a pensar así? Mira, no es que yo piense así. Si estos conceptos me los hubiese inventado yo, yo sería un crack. Pero estos conceptos, tú hablas con tu madre, hablas con tu abuela, es decir, son los mismos conceptos, son cosas que todos sabemos. Yo te explico cosas que leo en los expertos psicología positiva que son cosas de sentido común. El vivir con alegría, el ser buena persona, el ayudar a los demás, no son conceptos míos, son conceptos que todos conocemos y de hace siglos. Tú coges a Aristóteles y te habla de lo mismo, de desarrollar las virtudes. Entonces, no es que yo haya llegado pensar así, es que principios y valores humanos son eternos. Es que en el fondo, todos pensamos así, a todos nos gustaría ser así, a todos nos gustaría vivir así, de esta manera, con alegría, a todos nos gustaría ser felices, nos gustaría ser buenas personas y tratar bien a los demás. Esa es la lucha que tenemos que desarrollar en un entorno que, por desgracia, no ayuda. Ahí es donde está el problema, que el entorno no nos ayuda.

52:02
Jonathan. Hola, Víctor. Soy profesor de historia y a mí me gusta terminar las lecciones, y que mis estudiantes se queden con un mensaje claro de esos de ole, ole y ole. Entonces, ¿con qué mensaje te gustaría terminar para poner la guinda a este encuentro?

Victor Küppers. Hay una frase… a mí me encantan las frases, me encantan los aforismos, me encantan los refranes, porque te dicen de una manera breve y graciosa verdades profundas. Mi frase favorita, que además a todas mis amigas se le ha regalado enmarcada, la tienen mis hijos, esta apuntada en mi casa por muchos sitios, y mira, ya que me das la oportunidad me gustaría acabar con esta frase, y la frase es… Antes de decir la frase, tiene que ver con cómo aplicar estas cosas, cómo aplicar esta idea de vivir con alegría, y la frase es de la Madre Teresa de Calcuta, y dice: «Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poquito mejor y más feliz». A mí esta frase me parece brutal, me parece espectacular. Pero me parece espectacular por muchos motivos, primero porque es práctica, no es etéreo o abstracto, es práctica. ¿Qué hago yo para vivir alegre, para ser feliz, para ser amable?, que es lo que hemos estado hablando aquí. «Que nadie se acerque a ti sin que al irse se vaya un poquito mejor y más feliz». Me parece brutal porque es práctica, me parece brutal también porque, si salieras de este mundo… si se te pudiera aplicar esta frase, no sé si saldrías con muchos yates, con muchas fortunas, con muchas mansiones, pero saldrías de esta vida por la puerta grande, serías una persona estratosférica. Para mí esta es la definición de persona espectacular, «que nadie se acerque a ti sin que al irse se sienta un poquito mejor y más feliz». Pero es que lo mejor de todo es que esta frase, se te pueda aplicar o no, no depende de nadie, depende solamente de ti, que quieras, de tu compromiso, no hay nadie más que influya, porque estoy plenamente convencido, no tengo ninguna duda que es toda una filosofía de vida. Si alguien vive siendo coherente con esta frase, es imposible que no vivas feliz y hagas felices a las personas que te rodean.