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Ante la homofobia, callarse nunca es la opción

Nando López

Ante la homofobia, callarse nunca es la opción

Nando López

· Escritor y profesor

Nando López es uno de los dramaturgos y novelistas españoles jóvenes más sobresalientes de su generación. La literatura de este escritor finalista del Premio Nadal, está muy relacionada con el universo joven y adolescente que conoce bien gracias a sus más de diez años como profesor en un instituto público y a sus numerosos encuentros literarios con estudiantes de secundaria y bachillerato. Entre sus temas destacan la educación, la intolerancia, la homofobia así como los conflictos más cotidianos de la realidad adolescente y juvenil. Para Nando López, educar en la igualdad y la convivencia es el arma principal de construcción de un futuro próspero para la sociedad: “Educar en la igualdad es ir al corazón de la verdadera educación”.
Autor de novelas como “La edad de la ira” o “Malditos #16” la literatura de Nando López es un canto a la igualdad, a la libertad y a la diversidad; una invitación para que se escuche la voz de los jóvenes. Una de sus últimas obras es “Nadie nos oye”, novela en la que sumerge al lector en algunos de los problemas más acuciantes de nuestra sociedad.
El autor, se declara un firme creyente del poder de la literatura para, si no cambiar la realidad, sí obligar al lector a reflexionar sobre ella: “Estoy firmemente convencido de que la literatura es una forma de romper nuestra soledad, de romper nuestros miedos y de construirnos, de ser más libres”, concluye.


Creando oportunidades

Nando López

Nando López es uno de los dramaturgos y novelistas españoles jóvenes más sobresalientes de su generación. La literatura de este escritor finalista del Premio Nadal, está muy relacionada con el universo joven y adolescente que conoce bien gracias a sus más de diez años como profesor en un instituto público y a sus numerosos encuentros literarios con estudiantes de secundaria y bachillerato. Entre sus temas destacan la educación, la intolerancia, la homofobia así como los conflictos más cotidianos de la realidad adolescente y juvenil. Para Nando López, educar en la igualdad y la convivencia es el arma principal de construcción de un futuro próspero para la sociedad: “Educar en la igualdad es ir al corazón de la verdadera educación”.
Autor de novelas como “La edad de la ira” o “Malditos #16” la literatura de Nando López es un canto a la igualdad, a la libertad y a la diversidad; una invitación para que se escuche la voz de los jóvenes. Una de sus últimas obras es “Nadie nos oye”, novela en la que sumerge al lector en algunos de los problemas más acuciantes de nuestra sociedad.
El autor, se declara un firme creyente del poder de la literatura para, si no cambiar la realidad, sí obligar al lector a reflexionar sobre ella: “Estoy firmemente convencido de que la literatura es una forma de romper nuestra soledad, de romper nuestros miedos y de construirnos, de ser más libres”, concluye.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:06
Nando López . Bueno, pues nada, encantado de estar con vosotras y con vosotros. Ya sabéis que soy Nando López, y si lo sabéis es porque habéis leído alguno de mis libros, habéis visto alguna de mis obras de teatro… Compagino, como creo que también sabéis, la escritura novelística con la escritura teatral. Y, además, también, durante diez años he sido profesor de Secundaria y Bachillerato. O sea, que conozco bien nuestra realidad en las aulas, aunque llevo cuatro años de excedencia en los que me dedico solo y exclusivamente a escribir. Estoy muy dentro de esas aulas como escritor porque sigo haciendo encuentros con jóvenes alrededor de esos libros. Visito una media de unos 120-150 institutos y colegios de toda España. A mí sí me gustaría comenzar contándoos un poco por qué he terminado siendo escritor, y a raíz de ahí daros la palabra porque lo que más me interesa en estos encuentros es que sean un diálogo, un coloquio, y escucharos. De alguna manera, el título de mi último libro, que es Nadie nos oye, no es una casualidad, es una exclamación y es un grito a favor de que se nos oiga y, sobre todo, de que se os oiga.

1:09
Nando López. Creo que ahora mismo tenemos una adolescencia muy crítica y muy comprometida a la que no siempre se os da la palabra. Y yo, personalmente, en estos encuentros estoy aprendiendo mucho de todas las personas que habláis en ellos, de todo lo que contáis y de todo lo que me decís. En mi caso, ¿por qué he terminado escribiendo y por qué me dedico al oficio de la literatura? Pues me dedico a ello porque estoy firmemente convencido de que la literatura es una forma de romper nuestra soledad, de romper nuestros miedos y de construirnos, de ser más libres.

01:44
Nando López. Yo recuerdo que la primera vez que me sentí escritor, entre comillas, tenía siete años, era muy pequeño. Y ese curso tuve un maestro muy perspicaz para este tipo de cuestiones, que se dio cuenta de que había un chico muy tímido que no terminaba de relacionarse con sus demás compañeros, y él tenía una costumbre que era comenzar todas sus clases con un dictado.

02:07
Nando López. Nos dictaba 3-4 líneas, éramos muy pequeños, y siempre venían sacadas de un poema o de un cuento. Un día nos dictó unas líneas sobre un ruiseñor. Yo entonces no sabía de dónde habían salido esas líneas, luego descubrí que era de uno de mis autores favoritos cuando ya fui adolescente, que es Oscar Wilde, un fragmento de El ruiseñor y la rosa, y a mí la idea del ruiseñor se me quedó grabada. No sé por qué, pero yo me fui a casa con la necesidad de escribir un poema.

03:32
Nando López. Luego, tuve una maestra que me regaló mi primer cuaderno de poemas. Hoy en día lo tengo guardado como uno de mis mayores tesoros, es de las pocas cosas que no he perdido de mudanza en mudanza, siempre va conmigo. Y luego, en el instituto, fue donde descubrí que realmente me quería dedicar a esto profesionalmente porque vi que la literatura, tanto como profesor como desde el lado de la escritura, era por un lado lo que más feliz me hacía, y por otro lado lo que me permitía, realmente, tener de alguna forma un activismo cotidiano alrededor de las cuestiones que me preocupan.

Por eso mi literatura, que conocéis bien, es muy social, aborda, normalmente, temas tabúes, temas muy controvertidos, pero es que creo que la literatura debe mancharse. Creo que la literatura debe ofrecer interrogantes. Creo que la literatura que va destinada al mundo joven tiene que ser una literatura valiente, una literatura honesta, y una literatura que tenga en cuenta que sois gente muy crítica. Dicho esto, yo ya estoy deseando escucharos, que hablemos y comentemos. Así que nada, os cedo la palabra y quien quiera comenzar, pues yo encantado de responderos.

Nando López Ante la homofobia callarse nunca es la opción
04:36
Álvaro. Yo soy Álvaro, soy un alumno de primero de Bachillerato y ya el año pasado tuve la oportunidad de ver una de tus obras, La edad de la ira, en teatro y te quería preguntar, ¿por qué de todos los géneros literarios que hay, escogiste la literatura juvenil?

04:48
Nando López. Realmente, yo llegué a la literatura juvenil de casualidad, aunque una vez que llegué a ella ya no he querido salir. No he querido salir porque para mí escribir para jóvenes es fundamental, porque creo que la adolescencia es una etapa esencial de construcción de uno mismo. Creo que necesitamos textos donde la adolescencia se vea reflejada y donde exista un diálogo de tú a tú entre la cultura y el mundo adolescente. Y, sobre todo, porque los temas adolescentes entroncan con el gran tema universal que es: «¿Quién soy?». En el fondo, la gran pregunta que se hace uno con vuestra edad y que nos hemos hecho todos es: «¿Quién soy?», «¿Qué quiero ser?», «¿Hacia dónde voy?», «¿Qué me define?», «¿Qué no me define?». El romper todas las etiquetas que pesan sobre uno mismo.

Y digo que llegué de casualidad a esta decisión que luego ha marcado mi vida y mi trayectoria literaria gracias a La edad de la ira, porque realmente fue así. Lo que pasó con esa novela que, como recordarás por la obra de teatro, tiene un centro, un personaje que es Marcos, que está viviendo una situación terrible de homofobia en su familia. También es una denuncia de una realidad. El tema LGTB está en toda mi literatura porque creo que queda mucho por hacer hacia la verdadera igualdad y ese caso está inspirado en casos reales de gente muy joven que ha vivido, y sigue viviendo, situaciones de opresión y de represión social o familiar.

06:03
Nando López. Pues, de alguna manera, ese libro cuando se publicó provocó un efecto que yo no esperaba y que todavía a fecha de hoy me sigue pasando. Es más, hace nada acabo de recibir, al principio eran correos electrónicos, ahora son mensajes directos de Instagram. Al final es un poco lo mismo, cambian los soportes, pero el contenido es el mismo. No os podéis imaginar la cantidad de mensajes que tengo que empiezan con la frase: «Yo soy Marcos».

Marcos se ha convertido casi en un símbolo de todas aquellas personas que han sentido que en algún momento no les dejaban ser con libertad. A partir de ahí es cuando yo, como escritor, me doy cuenta del poder de la literatura porque, de repente, lo que pasa con un libro es que como me veo reflejado en él tengo algo donde abrazarme, tengo un lugar donde existo, ya no estoy solo, mi problema no es único. El convertir un problema que creemos excepcional en un problema compartido, al menos nos ayuda a entender que hay más gente que puede entendernos y también a buscar gente que pueda ayudarnos.

06:56
Nando López. Eso nos pasó con La edad de la ira, el día del estreno no lo olvidaré nunca. Un teatro, creo que eran en ese momento cerca de 400 jóvenes de 16-18 años y cuando terminó la función, en la última fila un chico levantó la mano con la voz muy temblorosa, se puso en pie y dijo: «Quiero aprovechar hoy para decir algo que todavía no me he atrevido a decir: Soy homosexual».

En ese momento lo que ocurrió, para mí, fue absolutamente mágico, y fue que todo el auditorio de jóvenes que había alrededor rompió en aplausos. Este chico se emocionó, el compañero que estaba al lado le dio un abrazo, yo estaba en el escenario y me puse a llorar como un loco. Los actores también. Todos terminamos llorando, pero fue una sensación maravillosa decir: «Estamos llorando de emoción, estamos llorando porque alguien que tenía miedo a ser quien es, se ha dado cuenta de que no sólo no tiene que tener miedo, sino que la gente que lo rodea aplaude que hable. Aplaude que sea él mismo».

07:54
Chica 1. Nando, yo te quería preguntar algo sobre tu última obra: Nadie nos oye. De hecho, la hemos leído en el insti y mi curiosidad es cómo se te ocurrió la idea para escribir esa novela.

8:04
Nando López. Pues la última novela, Nadie nos oye, que es un libro para mí muy especial, es un libro que nace de un encuentro exactamente como el que estamos teniendo ahora aquí. Yo había ido a un instituto, hace ya unos tres años, a hablar de La edad de la ira, que comentábamos antes, y en ese instituto cuando terminó el encuentro hubo un grupo de jóvenes, tres chicas y dos chicos, que vinieron a hablar conmigo a decirme que ellos querían contarme sus impresiones sobre sus propias vidas, porque les parecía que eso podía dar pie a una novela.

Son jóvenes que compaginan el deporte con los estudios, que compiten, están en un centro de alto rendimiento deportivo y sus vidas me parecieron fascinantes porque por un lado me ayudaban a seguir rompiendo prejuicios y etiquetas sobre la adolescencia. Es una de mis guerras como autor y también como profesor, el contar que existe una adolescencia como la que estáis aquí, una adolescencia crítica, una adolescencia que lee, que va al teatro, que le gusta el deporte, que escucha todo tipo de música, que está muy comprometida con la realidad. Esos jóvenes eran así.

09:05
Nando López. Y, por otro lado, entraron en dos temas que a mí me preocupan mucho y que viven en su propia piel, en primera persona desde muy pequeños, que es el machismo que viven ellas en sus disciplinas deportivas. Y, por otro lado, el tema de la homofobia que todavía existe en el mundo deportivo: cómo aún en un vestuario masculino sigue siendo un tema tabú. Y la prueba es que, si os dais cuenta, aún sigue siendo noticia que un deportista salga del armario. A mí eso me preocupa mucho. Llegaremos a la verdadera igualdad cuando nuestra orientación sexual no sea noticiable.

Y de ahí llegamos a algo y ahí sí me gustaría compartir un fragmento también, por si queréis comentar algo de él y que lo hablemos, sobre el silencio, de ahí el título: Nadie nos oye, también. Cómo la violencia no solo es el acoso directo de alguien que te margina, alguien que te insulta, alguien que te desprecia, sino también el de quien está mirando y no dice nada.

09:59
Nando López. Yo quiero pensar siempre que es una minoría. Creo que cada vez estamos más concienciados sobre estos temas, pero a veces optamos por la vía más fácil que es no implicarnos. Y, al respecto de eso, hay un momento en el que Quique, que es uno de los dos narradores de la novela, dice lo siguiente: «En el equipo, por ejemplo, no hay nadie que sea gay y si lo hubiera no sé si lo dirían. Por eso me doy algo de asco cuando les sigo el juego y me río de cosas como las que hacen, pero eso es de lo poco que he aprendido en estos años: que es mejor callarse que destacar, y que cuando defiendes a los otros corres el riesgo de convertirte en el próximo objetivo. Me gustaría decir que he aprendido lecciones mucho más éticas y que hasta hay algo medio heroico en mí, pero estaría mintiendo. Aquí vamos todos de valientes y honestos. Pero no lo somos».

El hecho de que incluyera este párrafo, donde el personaje es bastante duro y autocrítico, no es una casualidad, vino tanto de la entrevista con estos jóvenes como de los testimonios que he recogido en los encuentros cada vez que ha salido el tema del bullying y del acoso escolar. Me impactó mucho una vez que pregunté por este tema hablando precisamente de Malditos 16, donde hay una chica que llega a intentar quitarse la vida por un caso de acoso continuado.

11:11
Nando López. Y alguien levantó la mano y, además para mí, al menos desde mi punto de vista, con mucha valentía y mucha verdad, para decir: «Es que el silencio ante el acoso es por el miedo a convertirnos en la siguiente víctima». Y creo que hay que ser muy valiente para decir algo así, porque es mucho más cómodo quedarse en el discurso fácil y políticamente correcto. Por eso también escribo para adolescentes, porque creo que tenéis un nivel de verdad que es necesario escuchar y es necesario oír. Hasta que no empoderemos esa verdad y hasta que no nos demos cuenta de que tenemos que aislar la violencia, seguiremos dejando que la violencia crezca.

Y a mí, al respecto de esto, ahora que hemos hablado un poco de estos temas como el acoso, homofobia, machismo, que son temas que están omnipresentes en lo que escribo. A mí sí me gustaría devolveros la pregunta y que me contarais un poco cómo lo veis en vuestro día a día.

12:02
Nando López. Si veis estas realidades de una manera muy cotidiana, muy presentes, y sobre todo, ¿qué se puede hacer?, o ¿qué estáis haciendo?, o ¿qué os gustaría que se hiciera? ¿Qué se puede, de alguna forma, plantear contra estas realidades que yo creo que son hechos muy graves que siguen estando ahí?

Es más cómodo decir que no estamos en una sociedad ni machista, ni racista, ni homófoba, que son los tres ejes de Nadie nos oye, pero por desgracia estamos en una sociedad que tiene esos tres conflictos y vemos muchas situaciones que van en esa línea. Entonces preguntaros qué opináis de eso y qué os gustaría que se hiciera. Sí, tú nombre es…

Nando López Ante la homofobia callarse nunca es la opción
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"No somos normales, somos diferentes. Lo que nos convierte en una sociedad con futuro, es mezclar, sumar diferencias y aprender"

Nando López

12:35
Yasser. Yasser.

12:35
Nando López. Yasser.

12:36
Yasser. Respecto a lo que has dicho de autorreprimirse porque así encajar es más fácil…

12:40
Nando López. Sí.

12:40
Yasser. Yo pasé por eso hace dos o tres años y tuve la suerte de que mis amigas cercanas se dieron cuenta de lo que pasaba porque me conocen mucho. Entonces, a raíz de ellas, sin yo decir nada, soltaron comentarios como: «Te aceptamos tal y como eres, siéntete libre aquí porque te queremos, somos amigas».

Entonces, me gustaría decir a toda la gente que si tiene amigos cercanos y creen que esos amigos están pasando por esta parte o esta zona, que ese tipo de comentarios realmente ayudan mucho, aunque se pueda pensar que son como inmiscuirse en cosas privadas. Realmente a mí me sirvió de mucho y creo que no soy el único porque eso es muy útil.

13:16
Nando López. Primero muchas gracias por contarlo y compartirlo. Gracias, también, a tus amigas porque es maravilloso tener amigas así, y no puedo estar más de acuerdo contigo. Yo creo que… y eso también lo abordo en varios de mis últimos textos, estamos trivializando la amistad, la estamos convirtiendo en un intercambio de likes. De repente nos conformamos con eso.

La amistad es escucharnos, mirarnos y creo efectivamente, y eso sí que lo he vivido y lo he visto en muchas circunstancias, que lo que tienes que hacer en esos casos, cuando tienes un amigo o una amiga que crees que está pasando por un mal momento, es ofrecerle tu escucha. A lo mejor no tienes que tratar que te diga justo lo que le está pasando. No se trata de pinchar hasta el punto de llegar al dolor. No se trata de ser morboso porque a lo mejor esa persona no quiere contar el qué de una manera exacta, pero el mero hecho de saber: «Puedo hablar, puedo contar», genera un nivel de tranquilidad que va a provocar ese diálogo que tú dices.

14:09
Nando López. Y creo que ofrecer nuestra escucha es muy necesario y tenemos que ofrecerla de una manera directa y clara. Hay que hablar. Igual que cuando estamos mal, que es otra de las cosas que yo también hablo mucho en mis novelas… Creo que vivimos en una sociedad que no nos educa para pedir ayuda. Estamos obsesionados por nuestra apariencia, por el qué dirán, por lo que somos. Somos un bodegón de Instagram o somos una cuenta de Twitter. Nos hemos convertido en seres virtuales y parece que asumir que somos débiles, que tenemos heridas, que somos frágiles, que estamos mal, es algo que no deberíamos hacer.

Y es lo contrario, creo que cuando estamos mal hay que compartirlo, hay que pedir ayuda, hay que ser sincero, porque eso va a ayudar, primero, a que recibamos ayuda y segundo, a que alguien te diga: «Estoy pasando por lo mismo, me está ocurriendo exactamente igual». Y a partir de ahí generar esa unión y esa solidaridad.

14:54
Nando López. Es maravilloso que tengas esas amigas, que lo compartieras, que hayas roto ese momento de reprimir cómo quieres ser. Porque además yo siempre lo digo y lo creo firmemente. Tenéis una edad maravillosa, con muchos momentos complicados, con muchas circunstancias difíciles, pero también es una edad espectacularmente bonita porque es la edad de las primeras veces, del descubrimiento vital. Es la edad en la que está todo por hacer y creo que prohibirse a uno mismo o a una misma algo, es reprimir una felicidad que os merecéis.

Porque además siempre va a haber un entorno afable, siempre hay alguien a nuestro alrededor, incluso cuando creemos que no, siempre hay alguien que sí es capaz de escucharnos. Es cuestión de saber mirar. A veces nos hemos olvidado de mirar y localizar a esa persona que nos va a oír. Entonces, tender la mano por un lado, pero no esperéis solo a que tiendan la mano, levantad la vuestra para pedir ayuda.

De verdad, que lo hacemos demasiado poco y lo hacemos… Insisto, yo cuando hablo de «lo hacemos» es porque incluyo a todas las edades, creo que culpamos demasiado a la adolescencia de conductas que son absolutamente universales. A todos nos da miedo asumir que tenemos heridas, da igual la edad. Y creo que en cualquier momento de la vida, y especialmente en la adolescencia, hay que expresarlas. Así que muchas gracias por compartir ese recuerdo. Habías levantado la mano también, sí, ¿tu nombre, por favor?

16:13
Yaiza. Yaiza. Yo quería hablar del silencio y de las amistades ahora que ha surgido el tema. Iba a preguntarte que si no es un poco… no te produce un poco de desgaste hablar de temas como el acoso o, en este último libro, y un poco también en La edad de la ira, de situaciones peliagudas en casa con otros parientes, que desgraciadamente a muchos nos toca de cerca. Y eso, quería preguntarte, primero, si te produce un poco de desgaste emocional tratar esos temas.

16:48
Nando López. A veces es duro, lo que pasa es que creo que, más que desgaste, lo que me provoca, por un lado, es mucha responsabilidad porque siento que estoy… tú lo has dicho muy bien, Yaiza, estoy hablando de temas que tocan a mucha gente de manera muy directa. Entonces, lo primero que hago es documentarme muchísimo para tratarlo con el máximo respeto. En el caso de Nadie nos oye y La edad de la ira se abordan situaciones muy graves, como sabéis porque las habéis leído, y en ambas entrevisté a mucha gente que ha vivido esas situaciones, pero también a psicólogas que han colaborado con gente que las ha atravesado y ha conseguido que las superen, con asistentes sociales, educadores…

Hago una labor previa de investigación muy meticulosa. Porque yo creo que la literatura, por supuesto, es ficción, pero cuando entra en la realidad de una manera tan directa tiene que tener una base muy firme, porque estás hablando de emociones que llegan a mucha gente y que, además, las han vivido desde dentro.

17:41
Nando López. Yo recuerdo un caso que me impactó y es una persona con la que todavía mantengo una bonita relación por redes sociales, una chica muy joven que vino un día a la Feria del Libro a que le firmara un ejemplar de uno de mis textos y me regaló un cuaderno. Yo pensaba que era un cuaderno normal. Me hizo muchísima ilusión el regalo, pero lo iba a guardar como uno de mis cuadernos para escribir otro libro.

Cuando lo abrí, ese cuaderno tenía cinco páginas escritas que eran su historia. Y ella contaba cómo había superado una historia muy complicada gracias a leer una novela, a conocer a una de mis protagonistas, en este caso Xalaquia, la protagonista de Los nombres del fuego. Y que leer a una mujer tan fuerte de su edad había hecho que ella tomara una decisión muy fuerte que hacía tiempo que debería haber tomado, y eso había hecho que saliera de una situación muy complicada. Por un lado, sentí una alegría inmensa de ver que la ficción ayudaba a alguien a romper ese miedo. Por otro lado, sentí una tristeza brutal y ahí sí, desgaste, por pensar cómo es posible que exista tanto dolor.

18:41
Nando López. Yo trabajo como voluntario desde hace tiempo en un taller literario en un hospital, donde conozco muchas y muchos adolescentes que pasan por situaciones así, y escribir obras como ésta también es duro porque supone escuchar testimonios muy dolorosos y que a mí me gustaría que no ocurrieran. Pero frente al desgaste, me quedo con el hecho de que sé que esos libros se convierten en un aliado para esas personas y eso es lo que más fuerza me da para seguir.

Y es verdad que también eso supone que yo mismo tengo que sacar mis propias heridas de cuando estaba ahí sentado en ese lugar. De cuando estaba en vuestro lado adolescente y cuando era yo, que en mi caso no tuve el valor que sí ha tenido Yasser y que espero que tengáis siempre, de hablar con la gente que me quería de mi entorno. Yo callé, yo silencié muchas cosas. Y, quizá, por eso hoy escribo tanto de gente que rompe el silencio porque a mí, si me dieran marcha atrás en el tiempo, si existiera uno de esos viajes temporales, yo sólo tengo claro que cambiaría una cosa y es que hablaría.

Con 15 años hablaría, porque además tenía el entorno para hablar, pero me pudo el miedo. Entonces, si un libro ayuda a vencer miedos, asumo todo ese desgaste emocional y todo ese desgaste físico que llevan los kilómetros, y kilómetros, y kilómetros que hago cada año porque normalmente cada día de la semana estoy en una ciudad diferente de España hablando con jóvenes de uno de esos libros. Hay días que me levanto y no sé muy bien dónde estoy, pero yo sé que estoy en algún lugar y que tengo que hablar de una de esas historias. Había más manos, ¿verdad? Sí.

20:05
Noelia. Yo salí del armario con mi hermano, pero a mí mi hermano me silenció. Me dijo: «Bueno, espérate un tiempo, un año o dos. A lo mejor tú estás equivocada, estás experimentando, estás descubriéndote». Yo lo tenía claro, yo quería hablar con mis padres, pero no me dejó. Y como él salió del armario con mis padres y no tuvo ningún problema, yo quería salir. Un año después me pidió perdón porque me dijo que se equivocó, que tenía que haber salido. Y yo salí del armario llorando, pero a mí lo que me impactó fue la reacción de mis padres, que me vieron llorar y se pusieron a reírse. A decirme que por qué lloraba, que ellos ya lo sabían, que son mis padres, que me conocen.

20:50
Nando López. Qué maravilla. Pues, bravo por tus padres, sinceramente, y por ti. Entiendo que la reacción de tu hermano, evidentemente, está equivocada, pero también es verdad que si era muy joven, no sé cuántos años os llevareis de diferencia…

21:33
Noelia. Cuatro.

21:03
Nando López. Claro, a lo mejor en ese momento tomó una decisión equivocada también por inexperiencia. Yo creo que, desde luego, silenciar nunca es la opción, nunca nos protege y, por otro lado, cuando alguien me dice… me pasa a veces en mis textos: «Es que con 14-15 años alguien no puede saber si es gay, si es lesbiana, si es bisexual». Y yo siempre pienso: «Nunca dirías esta frase: Con 14 – 15 años nadie puede saber aún si es hetero». Nunca oiríais eso. Sin embargo, sí que se nos cuestiona del otro lado.

Y yo creo que en eso sí que hay que romper todavía ese prejuicio. Sí que hay que avanzar hacia esa visibilidad y, sobre todo, me parece maravilloso lo que has contado porque creo que es muy importante contar experiencias positivas.

A fecha de hoy, por suerte, en el siglo XXI, en 2019, vivimos en un país donde esas experiencias positivas empiezan a ser mayoritarias. Digo «empiezan a ser» porque queda mucho por hacer. Tenemos una ley, por supuesto, pero hay muchas situaciones de desigualdad y de LGTBfobia. Hay más de 70 países en el mundo donde todavía ser LGTB es delito con penas de cárcel o hasta pena de muerte.

22:05
Nando López. Pero también es verdad que hay experiencias así, tan cotidianas, ¿no?, tan positivas. Esos padres que se ríen, que te abrazan, que lo único que quieren es que seas feliz. Creo que ahora mismo estamos en ese camino, estamos yendo hacia allá. Quizá, por eso, también, en los momentos en los que hay un avance social importante, y creo que estamos viviendo un avance social en muchos frentes, es cierto que hay un repunte retrógrado, agresivo, complicado, hostil y tenemos que estar prevenidas y prevenidos para ello, tenemos que tener las armas.

Yo creo que la cultura es un arma maravillosa para defenderse de eso y para no perder ni un solo centímetro en el avance social, ni un solo centímetro en igualdad. Y el contar lo bueno, contar lo amable, el contar: «Mis amigas me entienden, mis padres se ríen, me siento bien, me he quitado un peso de encima». ¿Por qué? ¿Por qué tengo que callar algo absolutamente cotidiano, natural, real? Es algo que nos ayuda mucho a ser felices y a ser quienes queremos ser.

En mi caso, por ejemplo, yo otra de las cosas que cuido en mis textos es, es verdad que denuncio situaciones de homofobia, o de bifobia, o de transfobia, pero también me importa mucho hablar de situaciones de éxito social. Quiero que haya… por ejemplo, el final de Malditos 16 donde hay un chico trans que vive una situación muy difícil porque su madre lo apoya, pero su padre no. Está basado en experiencias reales de gente trans que ha vivido esa experiencia y comparte nuestro relato.

23:26
Nando López. Para mí era fundamental que ese personaje llamado Dylan tuviera un final hiperfeliz donde él es él, donde grita su nombre a los cuatro vientos y donde se siente querido, respetado y haciendo su vida. Y creo que lo que tú has compartido es muy importante visibilizarlo. A mí me pasa igual cuando hablo de educación. Hay que visibilizar lo positivo, lo que se hace, lo que funciona, hay que visibilizar que hay gente como quienes estáis aquí, encuentros como éste, aulas que funcionan de esta manera, gente, docentes que están haciendo que esto funcione así, porque todo eso que se está consiguiendo a nivel social y todo ese discurso tan crítico que tenéis es un trabajo colectivo, es un trabajo vuestro, pero también es un trabajo de la gente que os da clase cada día, de vuestras familias.

Porque no visibilizamos que estamos en otra sociedad y nos quedamos solo con la gente que hace ruido. Yo creo que deberíamos hacer más ruido quienes estamos cambiando las cosas. A mí el ruido que más me gusta de todos los que he oído hasta ahora es esa risa que tú has dicho, esa risa de tus padres cómplices contigo. Así que nada, gracias por compartirlo. Y de mi parte les das un abrazo a tus padres también. Más cosas que queráis comentar.

Nando López Ante la homofobia callarse nunca es la opción
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"La literatura es una forma de romper nuestra soledad, de romper nuestros miedos y de construirnos, de ser más libres"

Nando López

24:28
José. Mi nombre es José y yo tengo una pregunta relacionada con tu época de profesor. Y es: ¿si tú, por ejemplo, hubieses sido profesor y tuvieses novelas como Nadie nos oye o La edad de la ira, hubieses recomendado esos libros en vez de recomendar clásicos de la literatura para concienciar más a la sociedad de hoy en día?

24:48
Nando López. Bueno, yo es que soy partidario de combinar la literatura contemporánea con los clásicos porque creo que no podemos olvidar que quienes escribimos ahora no podríamos hacerlo sin los clásicos. Por ejemplo, La edad de la ira que acabas de mencionar se abre con unos versos de un clásico de la poesía española que es Luis Cernuda. A mí, de repente, descubrir a Cernuda me supuso una revolución. Igual que descubrir a Lorca. Creo que hay pocos textos tan revolucionarios como esa Bernarda Alba que conocéis bien, y esa Adela que se rebela contra todo.

Ese texto es un texto absolutamente revolucionario, brillante, necesario. O La Celestina. La Celestina tiene uno de los primeros gritos feministas de la historia de la literatura cuando Melibea dice que ojalá las mujeres pudieran descubrir su amor como los hombres, porque entonces ni Calisto viviría quejoso ni ella apenada. Es decir, todo se podría haber resuelto si yo, Melibea, pudiera decir que me gusta un chico.

Y María de Zayas, de quien he escrito recientemente una versión, Desengaños amorosos, reivindica en sus novelas cosas tan contemporáneas como el amor entre iguales. Hay una conversación en una de sus novelas entre dos mujeres donde una le dice a otra: «¡Qué pena no ser hombre para estar contigo!», más o menos, parafraseado, y la otra le responde: «Y qué más da, el amor nace del alma, las almas no son hombres ni mujeres, con lo cual todo amor es bueno y es positivo». Eso lo escribió una autora del siglo XVII.

26:10
Nando López. También creo que es muy triste que se desprestigie lo que se escribe ahora sólo por una cuestión temporal. A mí, es curioso, me ha pasado un fenómeno particular con La edad de la ira, desde que se publicó hasta ahora ya han pasado nueve años, y ahora en algunos centros lo recomiendan porque lo consideran un clásico juvenil. Y a mí la palabra clásico por un lado me hace ilusión. Por otro lado pienso: «No soy tan mayor». Pero más allá de eso opino que un texto no necesita pasar por el canon de ser clásico para ser compartido. Toda mi literatura está llena y salpicada de personajes literarios clásicos y sin ellos no podría escribir.

Yo no me habría dedicado a la literatura si no me hubiera enamorado de textos como los que os he mencionado antes. O de pasajes como el monólogo de Marcela en El Quijote, que no sé si habéis leído o conocéis, si no, por favor, en cuanto nos despidamos corréis a buscarlo en la biblioteca, porque posiblemente sea uno de los primeros manifiestos feministas de nuestra literatura.

Escrito también por Cervantes en un pasaje donde una pastora grita a los demás pastores que la dejen en paz y que ella no está obligada a querer a nadie por el hecho de que la quieran. En el fondo, Cervantes, está escribiendo muchos siglos antes de que lo verbalizáramos así, en hashtag, como lo estamos haciendo ahora, ese «solo sí es sí», o «no es no», que todavía hace falta gritar y lo tenemos escrito en un autor que está en nuestro Siglo de Oro.

27:32
Nando López. Entonces, yo lo que sí pediría es que cambiáramos la mirada hacia los clásicos, no como algo antiguo, apartado, lejano, que no tiene nada que ver conmigo, sino que cuando cojáis un clásico, penséis que está hablando de vosotros y de vosotras. Cuando cogemos a Hamlet estamos hablando de un príncipe en Dinamarca. Sí, bueno, pero también estamos hablando de un chico que ha perdido a su padre y que ve cómo su madre se casa con otro, y que no está encajando nada bien que lo hayan suplantado en las relaciones afectivas familiares.

Cuando hablamos de La vida es sueño, hablamos de un príncipe encerrado en una torre, sí, pero también hablamos de un joven rechazado por su padre porque no es lo que su padre espera de él. Al final, no hay un solo clásico que no podamos convertir en nuestra vida. Por eso son clásicos, por eso trascienden el tiempo. Y es el sueño de todo autor. Todos los autores, todas las autoras, soñamos algún día con convertir, al menos, algún título en un clásico. Es muy difícil porque para eso tienes que ser universal.

Entonces, yo como profesor, combinaría ambos géneros y ambos estilos. Como lectores sí que os recomendaría que, por favor, no dejéis de acercaros a los clásicos por el miedo a que no tengan que ver con vuestra vida, porque es que estáis ahí y os vais a reconocer enseguida si tenéis un poquito, solo un poquito, de paciencia. En cuanto se supera la frontera lingüística, uno entra en la historia y ya no sale de ella. Más cosas que queráis plantear.

28:55
Álvaro. No es una pregunta como tal. Simplemente quiero comentar lo que ha dicho Noelia, precisamente. Simplemente comentar que me ha gustado mucho y que efectivamente me he sentido muy identificado, porque eso me pasó a mí, esa sensación de no poder contar o de morderte la lengua. En mi caso no había un hermano mayor que me dijese: «No». Simplemente era yo mismo, que hubo una temporada en la que no me aceptaba como era a pesar de que mis padres no son tontos, son más listos que el hambre.

Y, además, me acuerdo que desde muy pequeño mi madre se ponía muy flamenca ella, me hacía mucha gracia, siempre me preguntaba… yo de pequeño iba con ella de la mano y me decía: «Álvaro, ¿a ti te gusta alguna chica del colegio?». Y yo decía: «Pues no, mamá», y se ponía así: «¿Y algún chico?». Y yo decía: «No», me quedaba como diciendo: «¿Esta que dice?». Yo tenía ocho años, no lo entendía. Y me decía: «Si te gusta algún chico dímelo, que yo soy tu madre y lo tengo que saber». Se ponía así muy flamenca ella, me hacía mucha gracia.

29:46
Álvaro. Pero ni por esas, cuando ya me di cuenta, efectivamente, que yo era gay, hace ya un par de años, ni por esas me atrevía a contárselo. Esa sensación que he contado ya de morderse la lengua. Y fue cuando ya reuní el suficiente valor para contárselo, se lo conté nada más que a mi padre y a mi madre, y ya está.

De hecho a mí me gusta pensar, me voy a poner un poco fantasioso, me gusta pensar que he nacido tres veces: la primera fue mi nacimiento biológico, aquel maravilloso 10 de mayo de 2002 en el que yo vine el mundo. La segunda, cuando admití mi propia homosexualidad, tanto conmigo, como con mis padres y mi hermana pequeña. Y la tercera y última, es cuando ya me abrí de forma más completa, digamos, a mis amigos, que fue en un viaje de fin de curso el año pasado en Suiza.

Reuní… no a todos, obviamente, a los principales, por así decirlo, sin tratar de discriminar a nadie, reuní a los principales, y se lo dije. Y la verdad es que me sentí muy bien conmigo mismo. No solamente por haber dicho: «Ya lo he dicho», sino porque era ser yo, sin máscaras, sin disfraces, era poder ser yo. Y, pues nada, simplemente, añadirlo a lo que había dicho Noelia, que me ha inspirado mucho, y que necesitaba contar esto.

31:00
Nando López. Te agradezco muchísimo que lo hayas compartido, que lo hayas contado porque es muy inspirador. Oír algo favorable, algo positivo, oír un proceso. Y, además, fíjate el proceso. Hemos pasado de: «Lo tengo que asumir. Lo digo a mis padres. Lo digo a mis amigos. Lo cuento con total naturalidad». ¡Qué maravilla! ¡Qué bien! Es un proceso que has hecho en un tiempo… es un tiempo bastante corto, en realidad.

Cada cual tiene sus tiempos, tiene su ritmo. Y siempre insisto también en que es muy importante que nadie se sienta forzado o forzada a decir nada. Pero creo que es fundamental la libertad, también, para expresar. Pero creo que la visibilidad ayuda mucho, porque de repente te has convertido en un referente positivo, favorable, cercano, cotidiano y eso que has dicho, al final no es más que un dato de tu personalidad. Somos muy complejos, tenemos muchas cosas que nos conforman.

Y algo que también me parece maravilloso, es la cantidad de gente que se expresa de esa manera tan pública, tan natural, tan convencida, tan feliz, en ese entorno escolar porque también quiere decir que estamos construyendo, entre todos y entre todas, entornos escolares sanos. No es nada fácil y hay entornos muy difíciles y hay lugares más complejos y hay situaciones muy duras. En ese sentido, gracias por contarlo, gracias por compartirlo.

32:10
Nando López. Me hace profundamente feliz ver gente que está tan contenta con su vida y con su manera de sentir, y de amar, y de desear, pero también me gusta mucho que os convirtáis en una generación, una de las primeras generaciones, que yo creo que está rompiendo muchos tabúes y fantasmas que hemos tenido las demás, las que hemos venido antes.

Porque de alguna forma eso da mucha fe en lo que pueda venir después. Siempre digo que tengo mucha confianza en el futuro porque conozco cómo está siendo el presente. Y el presente, sois quienes estáis aquí. Tengo muchas ganas de que tengáis las riendas porque creo que hay muchas cosas que vais a cambiar, espero y confío.

32:47
Álex. Soy Álex, el personaje de Brenda en La edad de la ira,
la obra de teatro, ¿qué intentas expresar con ese personaje? Y si te resultó difícil meterlo en la obra.

32:58
Nando. Brenda se lo va a jugar todo por decir la verdad. Y Brenda va a denunciar una situación de acoso continuado que todo el mundo está tratando de contemporizar o llevarlo desde otros cauces que, supuestamente, pueden ser más adecuados, pero que están siendo tan lentos que están destrozando a la chica acosada, que en este caso es su amiga Sandra.

Brenda es una persona que, por un lado, tiene una faceta positiva en la red, que es: la uso con un fin social. Y por otro lado, presenta la otra cara, porque creo que la literatura no puede ser maniquea, y yo necesitaba que se viera también el otro lado. ¿Cuál es el otro lado? Cuando confundes la red con la realidad y crees que tu realidad es la red. Y no te puedes conformar con esconderte tras un avatar. Tienes que ser, también, fuera de esa pantalla. Ya Brenda le cuesta mucho ese viaje. Y en la función, me gustaba la idea de que ella y Sandra se ayuden entre sí.

33:47
Nando López. Para mí era también un canto a la sororidad, a la ayuda entre mujeres, mujeres que se alían, que trabajan juntas, que pelean juntas y que vencen una diferencia de formas de ser a favor de un conflicto que les afecta y que les preocupa. La edad de la ira es diálogo frente violencia. De lo que está hablando es de que las palabras pueden romper el miedo y que si tuviéramos una sociedad que hablara, a lo mejor tendríamos una sociedad menos violenta y menos crispada.

Y Malditos 16 es, de nuevo, romper el silencio, en este caso, sobre el dolor, sobre el suicidio adolescente, que es un tema terrible que afecta a muchísimas y a muchísimos adolescentes. Es una de las primeras causas de muerte en la adolescencia. Es un tema que da y provoca muchísimo dolor, no solo a quienes intentan quitarse la vida, sino también a las familias de esas personas. Y es un silencio que les causa un dolor doble, porque no solo tienen que superar ese trauma quienes, por suerte, no consiguen llegar al final, sino que además tienen que romper luego el miedo de una sociedad que no les permite hablar, que no les permite decir lo que han vivido, que no les permite transmitir su dolor y, sobre todo, aconsejar que, por favor, hablemos cuando estemos mal. Eso es lo que yo aprendí, sobre todo, escribiendo Malditos 16.

Hablamos con supervivientes de suicidio, con familias que habían perdido a sus hijas y a sus hijos. Hablamos con psiquiatras, con psicólogos y el mensaje que me dieron todas las personas con las que hablé, sobre todo las expertas en el tema, era: «Este tema es necesario hablarlo». Hay que romper el silencio. Estamos perdiendo gente, estamos dejando a una generación herida, sola, frente a una realidad que necesitan que hablemos y que puedan expresar.

35:26
Isaac. Últimamente habrás recibido críticas sobre tus libros y, bueno, pues habrán intentado en algunos institutos no dejar leer tus obras e intentar provocar una censura literaria sobre esos temas. ¿Tienes algún mensaje para los profesores o padres que no dejan leer este tipo de novela?

35:45
Nando López. ¿Algún mensaje? Desde luego, el primer mensaje que tengo para quien censura un libro es que el censurar un libro supone coartar nuestra libertad. Y supone tener miedo a algo maravilloso que es la ficción. Y es maravillosa porque nos hace mucho más libres y porque nos abre la mente, porque nos permite comunicarnos. Cuando hablamos de que la literatura es una de las humanidades, de las ciencias humanísticas, lo hablamos por eso, porque es una de las disciplinas que nos permite desarrollar la empatía.

Yo siempre recomiendo la literatura como una forma de conocer a quien tenemos enfrente. Puede que yo no haya vivido un problema de discriminación por mi género. Por ejemplo, yo no he sufrido la discriminación por ser hombre que sufre una mujer por ser mujer. Pero gracias a una lectura, gracias a una novela, gracias a una película, gracias a una serie, puedo intentar empatizar, puedo intentar entender. Nunca voy a sentir ese dolor. Yo nunca he tenido miedo cuando volvía solo a casa una noche, pero sí conozco muchas chicas que te cuentan como cuando vuelven solas a casa lo primero que hacen es avisar a sus amigas de: «Estoy bien». Como hombre nunca he tenido que mandar un mensaje a mis amigos diciendo: «Estoy bien».

La primera vez que yo tuve esa sensación real, fue a partir de un relato donde se contaba esa historia y, donde en primera persona, desde la ficción, una voz femenina hablaba de eso. Y recuerdo ese «estoy bien» como un momento en el que a mí se me abrió una puerta que entonces no tenía tan abierta como tengo ahora. Entonces, creo que el hecho de prohibir un libro, supone prohibir que abramos puertas, supone ahondar en el odio, ahondar en los prejuicios y supone causar mucho dolor.

37:21
Nando López. Supone que cuando alguien dice, por ejemplo: «Soy gay» o «Soy lesbiana», en su entorno familiar si esos libros se prohíben, libros donde se habla de estos temas con naturalidad y con sinceridad, a lo mejor se puede encontrar con un muro y con un entorno que no le apoye. En vez de con un entorno que le anime a ser quien quiera ser. Lo mismo en el aula, si en el aula prohibimos un libro porque tiene un tema LGTB, lo que estamos es, indirectamente, fomentando la LGTBfobia porque estamos diciendo que eso es malo, que eso es negativo, que eso es raro, que eso no hay que leerlo.

Recuerdo el año pasado en un instituto, fue una experiencia maravillosa en Extremadura, donde me llamaron precisamente porque había un clima de homofobia bastante marcado, un clima muy machista, y las profesoras decidieron que leer La edad de la ira era una manera de plantear temas incómodos y necesaria para hablarlos. Y me llamaron y me dijeron: «Puede ser un encuentro tenso», y dije: «Mejor, porque así tendremos, seguro, mucho de lo que hablar».

Fui y no sólo no fue un encuentro tenso, fue uno de los más bonitos que recuerdo, porque todos aquellos que estaban un poco reacios a ese encuentro, que les parecía que el tema era incómodo, en cuanto empezamos a hablar se fueron relajando, en cuanto se vieron escuchados, se fueron calmando en cuanto el diálogo comenzó a fluir. Acabó de una manera preciosa, sinceramente. Yo lo último que recuerdo es un grupo de gente enorme haciéndonos fotos por todas partes, luego aparecí etiquetado en no sé cuántas cuentas diferentes.

38:48
Nando López. Pero me pareció muy bonito, era un encuentro que parecía difícil y se convirtió en lo contrario. Entonces, también con respecto a mis colegas, a docentes y a las familias recomendarles que, por favor, no censuren la ficción, sino que acompañen en la ficción a sus hijos y al alumnado. Creo, además, que vivimos tiempos complicados, tiempos muy oscuros donde parece que la censura vuelve a renacer, donde vuelve a haber miedo. Y creo que desde la educación no podemos tener miedo. La educación es el arma principal de construcción de futuro, de igualdad, y si nos empezamos a reprimir en los libros que recomendamos, en las cosas que comentamos, en los artículos que debatimos en clase, si no hablamos y las aulas no son un espacio de diálogo, entonces pierden completamente su sentido, se vuelven un lugar de adiestramiento y el aula tiene que ser un lugar de educación.

Y educar es crecer, crecer en valores y crecer como personas. Y creo que educar en la igualdad contra el machismo, en la igualdad contra la xenofobia, en la igualdad contra la LGTBfobia, no es ni mucho menos adoctrinar como se dice en ciertos foros, es todo lo contrario. Es ir al corazón de lo que es la verdadera educación. Y de alguna forma yo cuando escribo siempre lo hago con esa esperanza, que los problemas que denuncio en ellos, ojalá alguna vez dejen de ser y dejen de estar. Y si alguien tiene miedo a que se hable de esos problemas, creo que en el fondo, a lo mejor, lo que tiene es que hacer un autoanálisis muy profundo de si no estará siendo cómplice de que esos problemas sigan existiendo. Más cosas que queráis decir, sí.

40:29
Álvaro. Yo me llamo Álvaro, también. Antes has comentado que, bueno, lo reflejas en tus novelas, que vivimos en una sociedad machista, con fobia hacia el colectivo LGTB y, también, racista. Te quería comentar que para mí es importante recordar que también vivimos en una sociedad clasista.

40:47
Nando López. Total.

40:48
Álvaro. Quería saber qué piensas sobre eso y si lo ha reflejado en alguna de tus novelas o piensas hacerlo.

Nando López Ante la homofobia callarse nunca es la opción
40:54
Nando López. ¿Lo reflejo en algún libro? Pues, concretamente, en el caso de Nadie nos oye sí me interesaba mucho hablar de algo que me preocupa enormemente y, además, me preocupa también desde mi lado educador y lo he vivido dentro de las aulas, que es la segregación del alumnado. El convertir determinados centros escolares en guetos, en lugares donde de alguna forma se reúne al alumnado con más problemas, con más conflictos, y a cambio se crean otros centros más elitistas.

Creo que esa segregación que a veces se hace de una manera evidente, a veces se hace de una manera implícita, tiene que ver con ese clasismo social. Tiene que ver con que en el fondo se quiere romper ese ascensor social que es la educación. La educación es lo que nos permite ser quienes queremos ser, o por lo menos pelear por ello. Hoy soy escritor gracias a la escuela pública, en concreto, a mi paso por un colegio, instituto y universidad públicas, que me permitieron acceder a una formación gracias a la cual hoy soy lo que soy.

Si no hubiera tenido acceso a esa formación no habría podido construirme, no existiría Nando López. Y a mí sí me preocupa mucho ese clasismo que encontramos en muchos frentes, pero que yo en concreto, en el caso de esta novela, quería plantear desde el lado educativo. Si en un centro donde necesito más recursos que en otro no los facilito, es imposible que ese alumnado triunfe, es imposible que esos docentes puedan, con ilusión o con entusiasmo.

42:18
Nando López. Y voy a esos centros como autor y vivo ese entusiasmo, y lo vivo de primera mano, pero por mucho entusiasmo que yo ponga si yo no tengo medios y recursos con un alumnado que a veces tiene problemas para comprar un libro… O que, a lo mejor, tiene problemas en su casa porque viven más personas de las que deberían en un espacio digno y porque no tienen ni siquiera un espacio minúsculo para estudiar, o para aprender, o para sentirse bien. Estoy provocando una desigualdad social, un abismo social y una fractura terrible que va a tener unas enormes consecuencias en el futuro.

Recuerdo el caso de un chico de 12 años que me llegó al alma. En un instituto, hace ya bastantes años, habían leído El reino de las tres lunas, que es una novela que tengo para gente más joven, de 12-13 años. Llegó corriendo al encuentro, se sentó en la primera fila, venía ilusionadísimo. Tenía una mirada brillante, una sonrisa… Yo lo vi y dije: «Es mi mayor fan. Qué bien, lo quiero ya, este niño me lo llevo a casa».

Y estuvo toda, toda, toda la sesión preguntando, comentando, compartiendo… Cuando terminó la sesión sus profesoras me contaron que en el centro le ayudaban a adquirir los libros porque tenía un entorno familiar muy difícil y este niño, en pleno invierno estudiaba en la terraza porque era el único lugar de la casa donde podía estar solo.

A mí, de repente, se me rompió el alma. Por un lado, porque te das cuenta de que ese clasismo que tú dices es real, de que tenemos situaciones muy duras. Hay colegios e institutos donde hay niños y niñas que desayunan gracias a que el centro escolar, el AMPA, el consejo escolar, ponen un fondo para que puedan desayunar en el colegio y comen gracias a los comedores.

43:56
Nando López. Tenemos un nivel de pobreza infantil grave y no miramos hacia ello. Y tenemos centros donde tenemos un alumnado al que parece que estamos condenando a no tener futuro y debe ser lo contrario. Y el peso no puede caer sólo y exclusivamente en sus docentes, porque necesitan herramientas, recursos reales, armas reales, inversión real. Necesitamos medios para llegar, precisamente, a quienes tienen menos, a los más desfavorecidos, porque todos nos merecemos tener opciones de futuro. Todos nos merecemos construir nuestro futuro y creo que ahora mismo esa desigualdad se está haciendo muy evidente y la estamos percibiendo mucho.

Estamos en un momento de polarización, y por eso también creo que recibimos tantos ataques en educación. ¿Por qué? Porque al final somos el antídoto contra esa polarización. Cuanto más fuerte es la educación, cuanto más sólida es la educación, más posibilidades de frenar esa distancia y de salir de ese lugar en el que parece que vives hacinado, y de ese círculo en el que parece que te quieren condenar. ¿Más cosas que queráis compartir? Sí.

45:03
Noelia. Yo, desde aquí, quería dar las gracias a la profe de Lengua, a Bea. Por todo. porque has dicho antes lo de arriesgarse en la educación y todo eso. Y yo creo que aquí todos pensamos que ella es una de esas profesoras de las que se arriesgan: te llevo al teatro, te podría llevar a un teatro clásico, aburrido, pero te llevo a un teatro en el que sé que te vas a sentir tú, te vas a sentir libre.

Te mando textos, un texto argumentativo de lo que sea y te sientes tú, te sientes libre escribiendo, expresas todo. En el aula nos enseña a sentirnos nosotros, a sentirnos bien con nosotros, que podemos contar con ella para lo que sea. Yo, desde aquí, le quiero dar las gracias a ella. Y, en segundo lugar, yo juego al fútbol. Pero, sobre todo, me da pena el deporte femenino en general. O sea, ya independientemente del fútbol, rugby, baloncesto, lo que sea.

46:03
Noelia. Yo he tenido que aguantar muchísimos comentarios, muchísimas miradas, muchísimas reacciones, todo siempre por parte de hombres, siempre. He aguantado como altos cargos del fútbol español han dicho que el deporte femenino incrementaría si las chicas nos pusiéramos los pantalones más cortos. O sea, he aguantado también en los diferentes equipos que he estado como los chicos siempre han tenido preferencia, los chicos les llegaba… son tonterías, pero siempre les llegaba la ropa antes porque era más importante que los chicos la tuvieran, los chicos en los mejores campos, a las mejores horas.

Yo he tenido que, a lo mejor, suspender exámenes porque no podía estudiar porque tenía un partido a una hora que me pillaba fatal, he tenido que ir al partido, luego he vuelto y he tenido que ir a casa a seguir estudiando. Me he comido marrones que, por esa desigualdad en el deporte, si no estuviera, a lo mejor no me los habría comido.

47:11
Nando López. Claro, es que esa desigualdad, en este caso estamos hablando de un ámbito, que es el deportivo, lo podemos hacer, absolutamente, digamos generalizar, lo podemos llevar a otros ámbitos muy diversos. Y sigue existiendo, tenemos todavía una brecha salarial importantísima, absolutamente indecente. ¿Cómo es posible que siga ocurriendo? ¿Cómo es posible que exista lo que tú me estás comentando? ¿Cómo es posible que, de repente, se inaugure X Salón del Libro o determinada conferencia, o determinado simposio, y solo haya hombres en la mesa? Eso sigue pasando a fecha de hoy.

Y cada vez más gente, por cierto, y eso sí me inspira esperanza, creo que cada vez más gente nos negamos a participar en este tipo de entornos porque hay un sentimiento, o una conciencia crítica. Yo siempre hablo de que necesitamos una reeducación. Necesitamos, por un lado, una educación que tiene que ver con las generaciones que os estáis formando ahora, y una reeducación para quienes estamos en el otro lado, para quienes ya hemos pasado por esa edad y tenemos, de alguna forma, ese machismo en vena, porque es un machismo sistémico del que tenemos que salir. Y tenemos que escapar y no es tan fácil porque nuestro modelo cultural, y por eso yo escribo porque creo que parte de ese machismo nace de las ficciones que hemos leído, que nos han contado, que hemos visto, de la música que oímos, todo nos construye.

La ficción la percibimos con la misma intensidad con la que percibimos la realidad y es necesario romper eso. Por eso en mis libros tengo heroínas y personajes femeninos fuertes, intrépidos e independientes, sobre todo cuando escribo para lectores muy jóvenes. ¿Por qué? Porque necesito que desde muy pronto se encuentren con ese modelo. Y en el ámbito deportivo, por eso lo elegí en esta novela, tú misma me acabas de dar un montón de ejemplos cotidianos que siguen sucediendo.

48:54
Nando López. Y que tienen mucho que ver con todo lo que ellas me contaban. Es más, uno de los comentarios de una de las protagonistas de la novela, de Marta, hay un momento en el que dice: «Realmente, lo que haga nuestro equipo…», ella está en el equipo femenino del club de waterpolo, frente a los chicos que, evidentemente, están en el masculino. Hay un momento en el que ella dice: «Si es que lo que hagamos nosotras da igual, no le importa nadie». En los partidos, por ejemplo, les dan el peor horario y eso tampoco es una casualidad. Tiene que ver con lo que tú decías porque ellas coincidían en eso, cuando había que distribuir los horarios el peor era el de las chicas, porque era el que menos importaba.

Y la exigencia era distinta en el de ellas que en el de ellos. Al final, tenemos ahí una cuota de desigualdad evidente, clarísima. Cuando, por otro lado, a mí me choca mucho, estamos viendo una generación joven de deportistas, de mujeres deportistas, absolutamente brillantes y sobresalientes y, aun así, hay que aguantar que tengamos comentarios minimizadores de si tienen mal genio o no tienen mal genio.

No hace mucho veíamos como a una deportista, a la ganadora del Balón de Oro, le preguntaban si podía «perrear». No sé a qué ganador del Balón de Oro le habrán preguntado alguna vez si puede «perrear». Y como eso, cualquier titular que encontramos relativo a actrices, que muchas veces no es la «intérprete de» o «la ganadora del Óscar», no. Es «la mujer de», o «la ex novia de». Todavía presentamos a investigadoras, científicas, médicas, abogadas, deportistas, por su lazo emocional o por una cuestión anecdótica. Y creo que eso es algo que es muy perverso, que es muy terrible, que sigue pasando y que hasta que eso no deje de ocurrir seguiremos en una sociedad desigual.

50:39
Nando López. De nuevo, yo lo que espero es que cada vez se os oiga más. Por eso, ese «nadie nos oye». En realidad, es una invitación a que todos griten o que todas griten. Yo creo que es muy importante que os oigan a mujeres como vosotras que estáis en estos deportes: rugby, fútbol, el que sea. Estéis en la disciplina que estéis y que empecéis a protestar de una manera constructiva sobre lo que hay que cambiar. Es decir, qué cosas no se pueden mantener en el tiempo. Qué cosas no pueden seguir siendo así.

Por ejemplo, ¿cómo es posible que todavía en los libros de texto, en los currículos escolares, en las pruebas como la EBAU y similares, apenas haya mujeres en esas pruebas? Yo recuerdo un año, cuando todavía daba clase de Literatura Universal, nos pasaron el listado de textos que entraban en el examen ese año, en selectividad, no había ni una sola escritora. De diez textos. ¿No hay ni una sola escritora de la literatura universal que merezca estar allí?

Es decir, hay todavía tantas fronteras que cruzar hacia la igualdad que creo que no debemos dejar de abordarlas. Dejar de hablarlas, dejar de tratarlas. Y, sobre todo, ahora creo que estamos en un momento en el que es muy importante visibilizar a todas las mujeres que han sido escondidas por una historiografía misógina. Todas las científicas, descubridoras, investigadoras, escritoras, pintoras, a las que se les ha negado su reconocimiento. O a las que teníamos en un rincón de la página de nuestro libro de cuarto de la ESO.

52:02
Nando López. En mi ámbito, que es el de la literatura, siempre me ha llamado la atención por qué en un libro de texto le dedicamos menos espacio a Rosalía de Castro que a Bécquer. O menos espacio a Emilia Pardo Bazán que a Galdós. Creo que, cuando menos, merecen el mismo. Y has dicho una frase que me ha encantado, que creo que es el ideal de cualquier docente.

Que el aula sea un espacio de libertad. Qué maravilla que vayas a clase y te sientas libre, y sientas que puedes decir, que puedes hablar, y que puedes contar. Y creo honestamente, de verdad, y eso lo vivo y tengo un porcentaje muy alto de visitas como para atestiguarlo, aunque sea una estadística personal, y toda estadística es tramposa, pero al menos es la mía. Conozco muchísima gente que está remando en esa dirección, muchísimos docentes que tratan que el aula sea un espacio de diálogo. A veces es complicado porque cuando tienes a 35, 36, 37 personas en un Bachillerato, el espacio de diálogo te vuelve muy pequeñito.

Que a lo mejor habría que hablar de por qué no tenemos unas ratios razonables, pero por otro lado desde la labor, desde el otro lado, desde la pizarra, lo que se intenta es dar voz. Y ahí como escritor, y como profesor, me siento doblemente afortunado porque, como profesor, me anima mucho a creer en la educación, a ver que realmente sirve, y que realmente hay gente que está haciendo cosas que a mí me inspiran. Por otro lado, como escritor, me da muchos argumentos para seguir peleando por este tipo de libros porque sé que estoy, de alguna manera, aliado con gente que ve en estos libros una forma de diálogo y de interacción.

Pues aprovechando que has mencionado a Bea y que yo creo que, además, es maravilloso que se reconozca la labor de quienes están a pie de aula todos los días. A mí me parecería muy bonito invitarla a entrar porque la tenemos por aquí, poder darle las gracias por su labor y por el trabajo que hace todos los días, ¿os parece? Bea, ¿nos acompañas?

54:01
Beatriz Sierra. Muchas gracias. Muchas gracias. Qué momentazo, Nando. Muchas gracias.

54:08
Nando López. Pues te hemos invitado, primero, porque queríamos que estuvieras con nosotros, también. Y, además, porque Noelia acaba de hablar de cómo siente que las aulas, gracias a tu trabajo, son un espacio de libertad. Y yo como compañero docente, como escritor por otro lado, y me conoces en ambos frentes, en ambas vertientes, también te quiero dar las gracias personalmente porque gracias a personas como tú, y a compañeras como tú, estamos construyendo un futuro mejor. Así que muchísimas gracias.

54:33
Beatriz Sierra. Muchas gracias, Noelia, un abrazo. De verdad, muchísimas gracias, chicos. Porque, a ver, sois una representación de todos los alumnos que han pasado por mi vida, que son muchísimos. Y tengo la suerte de que muchos de ellos siguen estando en ella. Y para mí, mucho más que poder explicaros sintaxis, morfología, hacer un comentario de texto… Para mí lo más importante es llegar a clase y, sobre todo, sentir que soy querida. Para mí es lo mejor de mi trabajo y por eso es muy fácil, luego, quereros a vosotros. Porque yo creo que la educación al final es un espejo.

Ellos te tratan como tú les tratas a ellos y viceversa. O sea, que tengo el mejor trabajo del mundo, pero sobre todo es por vosotros, porque para mí es súper gratificante compartir todos los momentos, buenos y malos, que queréis compartir conmigo y de verdad que estoy súper agradecida. O sea que nada, pues una experiencia más que hemos compartido y todavía nos quedan muchísimas por compartir. ¿Vale? Os quiero un montón. Mucho, mucho, mucho.

55:49
Nando López. Muchas gracias. Muchas gracias, Bea.

55:52
Beatriz Sierra. Bueno, Nando, gracias.

55:53
Nando López. Muchas gracias. Qué difícil continuar hablando después de un momento tan intenso. Por otro lado, estaba pensando mientras hablaba Bea, que hemos visibilizado de alguna forma algo que yo creo que es muy difícil de ver cuando no estás en las aulas, que es lo más bonito de este trabajo y de lo que nos pasa, que es la emoción. Y veo emoción ahí, y veo emoción aquí y me parece maravilloso porque a veces nos da miedo exteriorizar la emoción, nos da como pavor o pudor llorar o reír de una manera libre, espontánea. Y qué bonito que las lágrimas sean por algo hermoso y sean por compartir tanto cariño. Y ver que la educación tiene este nexo emocional, tiene este nexo real y humano. Para ir cerrando, ¿quién se anima a decir, comentar? Yo encantado de seguir hablando un poquito más. Sí.

56:42
Carmela. Bueno, pues yo quería hablar también desde mi experiencia personal. Todo lo que decís que hay que trabajar desde el aula, yo creo que también es igual de importante tratarlo desde todo el tema de la familia, porque hay muchas familias que tienen diferencias entre ellas, o lo que sea, y luego eso, esas dudas, esos prejuicios, los transmiten a sus hijos. Y eso, al fin y al cabo, es un espejo de lo que termina siendo la sociedad unos años después. Y, de hecho, todos los prejuicios que tenemos ahora, todos los estigmas, muchas veces vienen de la familia. Y yo personalmente, siempre he tenido como esa distinción entre mi familia porque una parte de ella, por parte de mi madre, pues nunca se han tomado bien el tema de mi sexualidad y tal.

Cuando yo salí del armario y le dije a mi madre que me gustaban las chicas no se lo tomó nada bien, porque además es muy religiosa. Pero, por otra parte, por ejemplo, mi padre siempre lo ha aceptado y todo su entorno. Creo que es muy importante eso, que por lo menos una parte de la familia, aunque haya otra que no lo acepte, sí que apoye emocionalmente a los hijos. Ya sea porque tienen una pasión en algo que no es lo normal o aunque sí lo sea. Yo creo que la mayor motivación que podemos tener es que al llegar a nuestra casa, igual que lo que decía Bea en el aula de ser queridos, pues que nos sintamos queridos y sobre todo comprendidos.

57:59
Nando López. Lo primero, muchas gracias, tu nombre es…

58:01
Carmela. Carmela.

58:02
Nando López. Carmela, muchas gracias por tus palabras las firmo todas y cada una de ellas. Creo que, efectivamente, es muy importante también el entorno familiar, sin duda alguna. Y yo siempre he defendido que la educación es una suma de agentes involucrados en ella. Cuando hablamos de educar, deberíamos hablar de toda la sociedad. Para mí la comunidad educativa es el mundo docente, es el alumnado, son las familias, son también los medios de comunicación, es la cultura, son las instituciones. La educación es una cuestión global, es una cuestión colectiva.

No se puede dejar únicamente el peso en las familias porque algunas no tienen ni los medios, ni los recursos, ni la formación para dar esa educación que se necesita en cuestiones como éstas. Ni se puede dejar todo el peso en las aulas porque a veces esas aulas chocan con realidades como las que tú estás muy bien contando. Necesitamos colaborar, necesitamos sumar. Al final estamos en un mismo barco, que es el de la educación, y creo que ese barco solo puede ir bien conducido si todo el mundo colabora en ello. Con lo cual me subo plenamente a lo que acabas de decir. Y solamente hay un adjetivo, y lo he escrito más de una vez en más de un libro, que yo tacharía de nuestro léxico, y tú misma lo has mencionado. Y de una manera muy autocrítica, que me ha encantado, también lo has desterrado enseguida, que es el adjetivo «normal».

Nos graban a fuego la palabra «normal» desde muy pequeños, desde muy pequeñas. Enseguida crecemos con lo que es normal y lo que no es normal. Si hay algo que he aprendido en estos años y quizás sea una de las pocas cosas que tengo claras en la vida, es que nadie es normal. No somos normales, somos diferentes. Y eso es lo mejor que tenemos, la diferencia a todos los niveles diferencia de expectativas, de inquietudes, de orientaciones, de identidades, físicas, psíquicas, mentales.

59:45
Nando López. Tenemos un montón de diferencias. Y creo que lo que nos convierte en una sociedad rica, en una sociedad donde es posible el futuro, es mezclar y sumar esas diferencias y aprender. A mí hay una palabra que me enamora, que es «mestizaje». Que es la suma. Es la interculturalidad, es el mirarnos en aquellos que tenemos cerca y buscar qué nos diferencia, precisamente, para incorporarlo como nuestro.

Y creo que es una labor cotidiana, es una labor continua, es algo que no se acaba a lo largo de toda la vida y es, precisamente, lo más fascinante de la educación. Porque la educación creo que no cesa cuando sales de las aulas. Al revés, las aulas te preparan para seguir educándote y reeducándote el resto de tu vida. Y de alguna manera, en ese proceso de reeducación constante y de absorción constante de ideas, de conceptos, de sentimientos, sí que espero que el único adjetivo que se caiga de vuestro vocabulario sea el adjetivo «normal».

Lo cambiamos por cualquier otro. Pero en el momento que nos asumimos desde la diferencia y la diferencia la entendemos como suma, nos volvemos una sociedad abierta y una sociedad donde todos y todas cabemos, que es, un poco, lo que yo sueño y lo que creo que soñamos tantas y tantas personas. Y, desde luego, quienes estáis aquí lo manifestáis en vuestra forma de preguntar, de ser, de posicionaros y confío en que siempre lo hagáis y que no dejemos de abrazar esa diferencia y esa diversidad como una forma de riqueza. Y una última pregunta para cerrar.

01:01:18
Yaiza. Yo quería hablar de mi experiencia personal como han hecho mis compañeros. Y hablar, también, de un tema que tratas en La edad de la ira, en Malditos 16 y en Nadie nos oye, qué es el bullying y el acoso. Perdón.

01:01:37
Nando López. Tú tómate tu tiempo y lo dicho, expresaste con toda la sinceridad que te apetezca y lo que tú quieras.

01:01:43
Yaiza. Es que estoy un poco emocionada entre Bea y todos los temas…

01:01:46
Nando López. Es normal, todos estamos emocionados, Yaiza. Lo más bonito de encuentros así es que la emoción fluya a pesar de que a veces sea complicada, así que tú déjala ir.
Y de verdad, cuenta lo que quieras, como quieras y…

01:01:57
Yaiza. Y no, quería darte las gracias por hablar de… perdón, de personas como yo y como muchos otros que hemos sufrido acoso en nuestras propias carnes. Y hablar también de la importancia que tiene que los profesores nos recomienden libros u obras de teatro como esta para poder sentirnos identificados. Y los amigos, la familia y de cómo todo ese apoyo también es muy importante.

01:02:30
Nando López. Pues lo que voy a pedir es que te demos un aplauso primero. Porque con el corazón en la mano, de verdad, el aplauso me gustaría que lo sintieras por valentía, por verdad y por lo que hablamos de inspiración. Porque creo, precisamente por eso escribo estos libros, por eso Nadie nos oye habla de ese título tan duro. Hay que hablar de esto, hay que denunciarlo, hay que ponerlo en conocimiento de quienes nos pueden ayudar, hay que contar que se sale de ahí, que encuentras gente tan bonita como la que tienes alrededor, con ese abrazo que te ha dado Yasser corriendo, que le ha faltado tiempo.

Eso es maravilloso y hay que generar corrientes de solidaridad, de empatía. Yo creo mucho en los programas de alumnos y alumnas ayudantes que se están poniendo en marcha en muchísimos institutos. De ayuda entre iguales, de profesorado concienciado. Creo mucho en esa labor. Creo que también ayudaría a eso tener aulas con una ratio más razonable, donde ese alumnado recibiera una atención más personalizada y donde cada vez que entra un docente no sintiera que tiene a más de 30 personas a las que por mucho que intente mirar una a una, siente que hay vidas que se le escapan.

A mí me preocupa mucho la idea del alumno invisible. Esa persona que no ves, que no te das cuenta, que no puedes ver. Igual que también me duele mucho y no me siento nada orgulloso, al revés, de esa minoría que también existe, en todos los oficios hay todo tipo de gente. Y creo que, igual que una mayoría sí está muy concienciada con el bullying, hay una minoría de gente que mira hacia otro lado, que no interviene cuando debe intervenir. Creo que eso es una forma de complicidad absoluta.

Igual que es una forma de complicidad que alguien haga declaraciones terribles contra determinados colectivos, porque de alguna forma está validando ese acoso escolar cotidiano. Y también me parece terrible cuando determinadas familias niegan que exista el acoso por parte de sus hijas o de sus hijos y no quieren asumir que hay un problema en el que hay que hacer una intervención, porque normalmente la persona que acosa también tiene detrás un bagaje emocional, personal y familiar que también necesita ser trabajado.

01:04:35
Nando López. No podemos responder a la violencia con más violencia, necesitamos responder a la violencia con recursos y con un trabajo real. Y, por otro lado, también me parece muy valioso, muy valioso, oírlo en tu experiencia porque creo, de verdad, que la única manera de vencer estas lacras es denunciándolas, es haciéndolas visibles, es teniendo el valor de decir: «Yo estuve ahí, yo lo sufrí, yo sé lo que es esto». Y por eso mismo necesitamos acabar con ello y necesitamos poner recursos para acabar con ello.

Y es verdad que en todos mis libros está ese tema porque lo he visto como docente, porque en mis años de estudiante también lo he visto a mi alrededor y porque creo que a quienes estamos en la cultura y en la educación nos corresponde hablarlo, pero no desde una perspectiva tópica, sino desde el dolor real y diario, profundo, que llega a convertirse en ataques de ansiedad cuando tienes que ir a clase, que llega a estados depresivos y que llega a situaciones como las que yo cuento en Malditos 16, límite, extremas, de querer odiarnos, de llegar a odiarnos a nosotros y a nosotras mismas.

Y cuando llegas a eso, es porque hay un montón de agentes que no han funcionado, hay un montón de factores que no han funcionado. Y luego otra cosa que yo trato de denunciar en mi literatura, es que ese acoso escolar, ese bullying, me parece también terrible cuando tratamos de minimizarlo justificando que ha sucedido siempre. Que haya sucedido siempre no es excusa para que deje de suceder de una vez. También responde a un modelo social. Vivimos en una sociedad donde el bullying se ha convertido en una forma de ocio y de relación. Tenemos programas de televisión, canales incluso, que se dedican al bullying sobre determinadas figuras mediáticas. Donde el reírnos de alguien y convertir a ese alguien en un personaje esperpéntico o caricaturesco es algo habitual.

01:06:34
Nando López. Incluso en las redes encontramos muchas veces comentarios muy tóxicos donde se habla de la gente como si no hubiera nadie detrás de la red, como si todos fuéramos avatares y no fuéramos personas quienes estamos tecleando. La anonimia también ha facilitado muchas formas de acoso. Y eso ya no es un acoso escolar es un acoso social, global, y creo que vivimos en una sociedad donde esa violencia es inevitable que cale en las aulas. Las aulas son un espejo de la sociedad en la que vivimos.

Es más, ahora mismo, yo creo que serían el espejo favorable de la sociedad en la que vivimos porque gracias a las aulas, gracias a gente como vosotras y como vosotros, está presente una sociedad comprometida, beligerante y con ganas de avanzar. Pero evidentemente en una sociedad convulsa no puede ser todo tal y como estamos viendo aquí, también tenemos ese otro lado, ese otro lado complicado, conflictivo o violento, porque lo tenemos fuera de las aulas. El instituto, yo lo describía en La edad de la ira, es un microcosmos que refleja el mundo en el que se desarrolla. Y no podemos pretender aulas perfectas en sociedades imperfectas. Podemos pretender aulas que trabajen, aulas que avancen hacia un futuro mejor. Pero también tenemos que exigir que se escuchen las demandas que tenemos en estas aulas para que ese futuro mejor sea real.

Antes hablábamos de clasismo y elitismo. En un centro, si cada vez tenemos menos departamentos de orientación con menos personal, más reducidos… Por ejemplo, si apenas tenemos asistentes sociales, si apenas tenemos ayudas para abordar estos problemas tan graves y tan serios que llegan a provocarte un dolor tan profundo como el que te han provocado a ti, que apenas podías hablar contándolo porque es una herida muy real, ¿cómo pretenden que eso se resuelva?

01:08:16
Nando López. Esos problemas importan, la adolescencia importa y es una de las cosas que más repito. Es esencial que tengáis un espacio de libertad y de construcción personal donde no os sintáis heridos, porque si no esa llaga, esa cicatriz, va a quedar el resto de la vida y uno aprende a trabajarla, a disimularla. Pero, ¿por qué no construimos un lugar, un espacio, un mundo y unas aulas donde esas heridas no ocurran? ¿Por qué no crecer sin cicatrices o, por lo menos, con cicatrices que no nazcan de la desidia o de la falta de recursos, o de situaciones que podríamos haber resuelto?

Y, también, otra cosa que creo que puede facilitar la literatura es, precisamente, empatizar con estas situaciones y darnos cuenta de cómo en algún momento hemos podido acosar a alguien incluso involuntariamente. Creo que también en el acoso hay algo muy perverso, que es esa noción del acoso involuntario. Ese momento donde crees que no has hecho nada malo, pero lo has hecho. Y la autocrítica, por eso mis libros no son complacientes con ningún personaje, no hay buenos y malos en mi literatura, también habla de eso.

En algún momento de nuestra vida seguro que no estuvimos a la altura en una situación de acoso en un aula. Por miedo, porque no nos dimos cuenta, porque no queríamos llamar la atención, porque incluso hicimos algo mal. Y creo que también es necesario hacer ese análisis para poder frenarlo y poder evitarlo. Igual que en el caso del machismo, creo que también tenemos que estar muy pendientes de lo que hacemos y lo que decimos.

Nando López Ante la homofobia callarse nunca es la opción
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"Educar en la igualdad es ir al corazón de la verdadera educación"

Nando López

01:09:46
Nando López. Y en este caso, el mundo masculino, creo que también nos corresponde a nosotros llamarnos la atención, detenernos, reprobarnos, criticarnos duramente cuando hagamos algo que no se deba hacer. Yo siempre defiendo que el feminismo es algo que debe abrazar el conjunto de la sociedad porque la igualdad es algo que nos debe importar al conjunto de la sociedad. Y en esta línea, un poco para cerrar este encuentro y agradeceros, por un lado, vuestras preguntas, vuestra presencia, vuestra emoción, vuestra verdad. Primero, deciros que es un lujo contar con gente tan capaz de abrir su corazón y sus ideas, y compartirlas y ponerlas en público y darles voz porque creo que eso es, de verdad, lo que nos hace poder esperar que tengamos un futuro mejor.

A mí, desde luego, como educador y como escritor me da muchísimas esperanzas y también me permite conocer muchas cosas que, de otro modo, a lo mejor no conocería. Por eso creo que es fundamental hablar, porque hay problemas que a lo mejor os parece que son muy evidentes y de repente a quienes estamos al otro lado se nos escapan. Entonces, por un lado, pediros que sigáis hablando, que sigáis contando, que sigáis transmitiendo, que es verdad que es muy cómodo refugiarse en ese «nadie nos oye», en ese «nadie me escucha», en ese «nadie me comprende».

Igual que es muy cómodo en nuestro lado refugiarnos en: «No hay quien les entienda, no hay quien les escuche». Las dos están equivocadas. Ni es verdad que nadie os oiga, ni es verdad que no se os pueda entender, pero ambas requieren un esfuerzo. Requiere un esfuerzo hablar, y aquí os agradezco que lo hayáis hecho con esta naturalidad, y con esta generosidad, pero también requiere un esfuerzo escuchar. Cuanto más fácil nos lo pongamos, más cerca estaremos y más sencillo será romper fronteras generacionales que aún tenemos y que yo confío en que se vayan rompiendo, y que se pueden romper desde el diálogo siempre, desde la escucha, y por eso mismo me gustaría terminar con un fragmento que confieso que escribí desde un lugar muy profundo. Hay textos que salen casi del tirón. Hay páginas que piensas y meditas muchísimo y hay páginas que escribes sin pensar.

01:11:55
Nando López. Esta fue una página que escribí casi sin pensar desde Quique, el protagonista adolescente de la novela, la escribí un día que salía del hospital en el que colaboro como voluntario como ya os decía, donde hago un taller con gente de vuestra edad que atraviesa momentos difíciles. Y en ese taller surgió la frase de: «Parece que nuestro dolor no importa», porque de alguna manera sentían que por el mero hecho de ser más jóvenes se cuestionaba la veracidad, la intensidad, la necesidad de lo que les estaba pasando. Yo escribí algo que, en realidad y como curiosidad metaliteraria, fue el origen de este libro.

Fue la primera página que escribí de este libro. Entonces no sabía ni que iba a ser una novela, simplemente fue una página que escribí en mi casa cuando llegué de esa sesión y donde volqué lo que había sentido y lo que había experimentado. Así que si os parece vamos a cerrar, ya que hemos empezado con literatura, pues cerramos con literatura.

«Ahora no están ni siquiera ellos, no hay nadie más que nosotros en este rincón cualquiera de un barrio que cada vez se me hace más pequeño. Un barrio donde andamos cabreados porque la vida se parece muy poco a la que nos gustaría tener y perdemos los nervios con demasiada facilidad. A lo mejor en otros barrios es diferente, aunque imagino que cada lugar de esta ciudad tiene sus propios demonios, su propio rencor por la distancia que se agranda entre lo que esperas y lo que tienes, entre lo que necesitas ser y lo que te dejan que seas, entre las ganas de decir y el desinterés por escuchar.

Porque a veces eso es lo único que tengo claro de esta maldita edad, que molestamos, somos ruidosos, gritones, incómodos para toda esa masa gris que se ha olvidado de que una vez también tuvo nuestra edad. Toda esa gente que te mira por encima del hombro y te dice con aire de suficiencia que esto pasará, que ya vendrán tiempos mejores, que ese dolor que ahora sientes es pasajero, como si la adolescencia fuera un espejismo, un maldito ensayo de la vida que va a venir después. Pero esa gente se olvida de que la vida siempre es hoy, la vida es ahora, aunque nadie más nos haya visto, aunque nadie nos oiga».

01:14:09
Nando López. Como la vida es siempre ahora, yo sólo os puedo pedir que leáis mucho, que escribáis, que reflexionéis, que habléis y, sobre todo, que disfrutéis muchísimo de la vuestra. Muchísimas gracias. Muchas gracias.