Educar a los niños en el “Yo puedo”

Kiran Bir Sethi

. Fundadora de Design for Change

Kiran Bir Sethi lo tiene claro: en la escuela hay que aprender a cambiar el mundo. ¿Cómo? La propuesta de esta educadora india es Design for Change, un movimiento que fomenta la creatividad y la iniciativa de los niños para resolver problemas de su entorno, y que en la actualidad, está presente en más de 60 países. Sethi es también la fundadora de la escuela Riverside, allí hace crecer a sus pequeños exclamando ¡Yo puedo! Por supuesto, al ritmo de Bollywood.


Creando oportunidades

Kiran Bir Sethi

Kiran Bir Sethi lo tiene claro: en la escuela hay que aprender a cambiar el mundo. ¿Cómo? La propuesta de esta educadora india es Design for Change, un movimiento que fomenta la creatividad y la iniciativa de los niños para resolver problemas de su entorno, y que en la actualidad, está presente en más de 60 países. Sethi es también la fundadora de la escuela Riverside, allí hace crecer a sus pequeños exclamando ¡Yo puedo! Por supuesto, al ritmo de Bollywood.


Creando Oportunidades

Transcripción

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Kiran Bir Sethi. Cuando la gente me pregunta: “¿A qué te dedicas?”, a mí me gusta decir que cada día toco el futuro porque trabajo con niños. Pero lo único que he aprendido de todos mis años como profesora, es que les hemos estado mintiendo a todos los niños. Les hemos dicho que ellos son el futuro, que un día serán mayores y harán del mundo un lugar mejor. Y lo que he aprendido es que no son el futuro. Son el presente, el ahora.

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Hola. Bueno, gracias por venir para escuchar esta historia. Me llamo Kiran Bir Sethi. Soy de India. Yo estudié para ser diseñadora. Me lo pasaba pipa diseñando restaurantes, identidades corporativas y parques temáticos. Entonces, hace veintiséis años, me convertí en madre. La primera vez que tuve a mi hijo en mis brazos, me enamoré. Miré a mi hijo a los ojos, y recuerdo que le dije: “Te voy a prometer una cosa. Te prometo que serás amado, que todos conocerán tu nombre, y que todos sabrán lo maravilloso que eres”. Y, después, entró en el colegio.

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Solo tenía cinco añitos cuando entró al colegio. Y yo pensaba: “Qué bien, todos lo adorarán tanto como yo. Los profesores lo adorarán, sus amigos lo adorarán, todo irá bien”. Y un día fui al colegio y le dije a su profesora: “Hábleme de mi hijo. ¿Qué le gusta hacer en clase? ¿Quiénes son sus amiguitos?”. Y ella me miró con cara de aburrimiento y me preguntó: “¿Cuál es su número de lista?”. Y yo pensé: “¡Madre mía, mi hijo ni siquiera tiene un nombre! Se ha convertido en un número. Una estadística más de la cantidad de niños indios escolarizados”. Y entonces me di cuenta: “No hay forma de que nadie entienda quién es mi hijo”. ¿Y qué iba a hacer yo?

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Muchas madres dirían: “Lo sacaré de este colegio, me quejaré y lo meteré en otro colegio”. Pero yo no dejaba de darle vueltas. Y, viéndolo como diseñadora, me dije: “He aprendido que cuando no tienes elección, la elección eres tú”. Y ese mismo día lo saqué del colegio. Y mi marido decía: “¡Madre mía! ¿Y ahora qué? ¿Dónde estudiará?”. Y le dije: “¡Yo abriré un colegio!”. Así que abrí un colegio en mi casa, y me propuse lo siguiente: “Cada niño será capaz de decir ‘yo puedo’, cada niño tendrá una historia, cada niño tendrá un nombre”. Y, hace dieciséis años, en una hermosa mañana de verano, abrí mi casa para convertirla en un colegio. Con veinticinco niños.

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Eso hice. Y cuando me pongo a pensar en aquello, hace dieciséis años, aún recuerdo los nombres e historias de cada niño. Poco a poco, con el tiempo, el colegio Riverside creció y se convirtió en un colegio capaz de otorgar el superpoder del “yo puedo” en todos los niños. Y eso es lo que he aprendido. Casi todos los niños, desde pequeños, aprenden a decir “no puedo”. Cuando van al colegio, el colegio les dice que no pueden. Yo siempre les digo a los profesores y a las madres que en los dos primeros años de vida de un niño, ¿qué es lo que hacen? Gatean, se sientan, se levantan y corren. En los dos primeros años. En los dos primeros nos dicen: “¡Mira, mamá! ¡Soy un superhéroe!”. En dos años. En los dos primeros años, cuando les dices: “Di ‘mamá'”, y el niño dice “mamá”. O les señalas a un cuervo y ellos dicen: “¡Un pájaro!”. Y justo cuando responden, corren, juegan y piensan, los mandamos al colegio.

Kiran Bir Sethi

¿Por qué nuestros hijos no son creativos, empáticos ni responsables? Porque se han pasado quince años aprendiendo a decir “no puedo”

Kiran Bir Sethi

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Y el colegio les dice: “¿Que podéis correr y jugar? Pues no. Tú sentadito. ¿Que puedes pensar? Lo siento, eso no está permitido. Tienes que escucharnos a nosotros. ¿Que tienes ideas? Pues muy mal, no tienes elección”. Y no les hacemos esto un día, ni un mes, ni un año. Nos pasamos quince años diciéndoles a los niños: “No te queda otra que escuchar lo que nosotros digamos”. Y luego nos sorprendemos. “Anda, ¿por qué nuestros hijos no son creativos, empáticos ni responsables?”. Porque se han pasado quince años aprendiendo a decir “no puedo”. El objetivo del colegio Riverside, que yo fundé, y luego Design For Change, era prometer a cada niño: “Sí que puedes. Y puedes hacerlo hoy. No cuando tengas dieciocho años, ni cuando seas mayor, ni cuando seas fuerte, ni cuando seas rico. Hoy puedes hacer del mundo un lugar mejor”.

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Y eso es todo. En la actualidad, Design For Change y el superpoder está presente en sesenta y seis países. También aquí, en España. Estos jóvenes superhéroes han hecho un campo de golf en su colegio. ¿A que habéis hecho un campo de golf? ¿A que sí? ¡Sí! ¿Y qué edad tenéis? ¡Seis! ¡Ocho! ¡Siete! ¡Hala! Ahí los tenéis. Mirad qué diferencia entre esta energía y esta otra.

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Estos están en plan… Y estos: “¡Seis! ¡Siete! ¡Ocho! ¡Nueve!”. Pero, madre mía, ¿vuestra energía dónde está? Por cierto, al final os voy a hacer bailar un número bollywoodiense. ¿Os parece? ¿Sí? ¡Muy bien! ¡Claro que podéis!

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Si esto pasara en otro colegio, los profesores dirían: “Tienen que estar en silencio, tienen que portarse bien”. No, yo no creo que portarse bien sea estar en silencio. No creo que seamos buenos cuando estamos en silencio. Yo creo que la voz es un don que todos tenemos. Somos la única especie del planeta capaz de pensar, y que puede ser creativa. Somos la única especie del planeta con capacidad de empatía. Y esto es lo que hace única a nuestra especie. Pero es algo que hay que entrenar. ¿Alguien va al gimnasio a hacer ejercicio? ¿Nadie hace ejercicio? ¿No? Tú parece que sí. ¿No? ¿Eres así por naturaleza? Vale. Bueno…

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Igual que entrenamos los músculos del cuerpo, hay que entrenar el músculo de la empatía. Hay que entrenar el músculo del superpoder del “yo puedo”. Y eso es lo que Design For Change lleva a todos vuestros corazones. Yo siempre digo que nacimos humanos sin más. Como una lombriz o un gato. Pero adquirimos nuestra humanidad por nuestras elecciones. Y nuestro mundo necesita más ciudadanos con humanidad en vez de humanos sin más. Si no, lo único que hacemos es ocupar espacio. Así que nuestra humanidad viene de las elecciones que realizamos. ¿Puedo ser empática? ¿Puedo amar más? ¿Puedo compartir más? ¿Puedo aprender más? ¿Puedo ser más creativa? Ese es el don que debemos otorgar a cada niño. Hay que hacerle esa promesa a cada niño. Ningún niño llega a eso por casualidad. Es algo intencionado. ¿Pueden convertirse los colegios en un caldo de cultivo para esto? ¿Podemos implementar una cultura del “yo puedo” en cada colegio? Para que cada niño reciba esta promesa, para que cada niño se gradúe como un ciudadano del mundo.

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Para que podamos dejar de arreglar el mundo. Fijaos en cómo está el mundo, hay que arreglarlo todo. Hay basura, abuso infantil, pobreza, calentamiento global… ¡Por Dios! ¿Qué clase de mundo tenemos? ¿Y si nosotros, como educadores, o vosotros, como ciudadanos del mundo, creyéramos que el mundo no hace falta arreglarlo? Este superpoder del “yo puedo”, como semillas en sus mentes, se convierte en esa promesa. Por eso todos estos niños creen que pueden hacer un mundo mejor, hoy.

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Nos cuesta tanto sonreír y decirle a alguien: “Eres maravilloso”. Creemos que si le decimos eso a alguien, nosotros no somos tan buenos, y es mejor criticarle. Esas son las pequeñas lecciones que he aprendido. Cuando veo los ojos de los niños, me acuerdo de cuando tenía diecisiete años y llegué por primera vez a mi escuela de diseño. Sentí por primera vez lo que era estar viva. Mi profesor me miraba a los ojos y me escuchaba. Nunca lo había experimentado. No sabía cómo era que te escucharan. No en plan “eres una niña, te escucho”, sino: “Me parece maravilloso, es una idea estupenda”. Y entonces pensé: “¿Acaso soy alguien? ¿Soy importante? ¿Qué ha pasado aquí?”. Y pensé: “Esto es lo que se siente”. Era contagiosa, la idea de que eres humano, de que te escuchan, de que te valoran, de que tienes una cara, unos ojos, una historia. Y pensé: “¡Madre mía, he tardado diecisiete años en experimentarlo!”. Y cuando abrí el colegio, me propuse que a los siete años cada niño tiene que experimentar lo mágico que es ser escuchado.

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A los profes les encanta hablar: “Yo sé lo que te conviene, tienes que hacer esto”. Es lo que Design For Change da a los niños: “Te escucho. ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Cómo puedo ayudarte? ¿Cómo puedes cambiar el mundo? Quiero creer en ti”. Y la idea del “yo puedo” se contagia y se convierte en “tú puedes”. La idea de compartir. Insisto, en los colegios no se enseña a compartir. Al menos en mi país, la gente pone la mano así al escribir. ¿Os habéis fijado en que los niños no comparten? ¿Dónde han aprendido eso? ¿En qué momento un niño de seis años dice: “No debo compartir”? Lo aprenden de nosotros, los adultos. Y la idea de abrirse, de compartir en cuerpo y alma… “¿Y ponerlo fácil?”.

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¿Y esa postura? ¡Hay que compartir! El cuerpo tiene que contar una historia. Al llegar a un sitio, la gente debería alegrarse y sonreír simplemente por existir. Conforme nos hacemos mayores, nuestros cuerpos hacen así. Y nos vamos encogiendo. “No me hables”. Nuestros cuerpos se van encogiendo y encogiendo… ¿Verdad que sí? Y miramos hacia abajo. Nos cerramos. Tienes que abrir tu corazón, abrir tu mente, abrirte por completo… y enfrentarte al mundo cada día con un gran: “¡sí, puedo!”. ¡Eso es! ¿No? ¡Sí!

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Bueno, creo que ya he hablado demasiado. Ahora me encantaría responder a vuestras preguntas. Y después haremos un ejercicio, y terminaremos con un buen baile bollywoodiense. ¿Os parece? ¡Claro! No puedo venir de India y no haceros bailar. Sí, sí, sí. ¿De acuerdo? ¿Tenéis alguna pregunta?

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Alejandra. Hola, Kiran, estoy encantada de conocerte. Es un verdadero placer. Me gustaría hacerte la primera pregunta. ¿Qué es exactamente Design For Change? ¿Cómo funciona? Y, sobre todo, ¿de qué manera crees que ayuda a cambiar, o incluso a transformar la educación en cualquier país y sistema?

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Kiran Bir Sethi. Design For Change es como una receta. Es como una fórmula o un marco. Design For Change consiste en cuatro sencillos pasos: siente, imagina, actúa y comparte. Lo llamamos FIDS for KIDS. Esas son las siglas en inglés. Cada paso equivale a algo, es como una fórmula. Lo de “A” más “B” igual a lo que sea. Aquí es “F” más “I” más “D” más “S” es igual a “yo puedo”. Cuando plantas en los niños las semillas de “siente, imagina, actúa y comparte”, en todo el mundo, porque estamos en más de sesenta países, vemos que los niños se yerguen y son más capaces de creer, porque ellos han elegido lo que les preocupa. Ese es el primer paso: siente. Les preguntamos: “¿Qué te preocupa? ¿Qué es lo que te inquieta?”. Y les escuchamos, que es el primer paso para mostrar tu respeto a un niño.

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Con “imagina”, pedimos a los niños que nos cuenten cuál sería el éxito, cuál es el mejor de los casos. Con “actúa”, lo llevan a la práctica. Y el cuarto paso, para mí, es el mejor: “comparte”. Cuenta tu historia, compártela. Para que otro pueda decir: “¡Yo también puedo hacer eso!”. Y en eso consiste Design For Change.

14:12

Y la razón por la que os cuento todo esto es que ya tenemos veinte mil historias de cambio de todo el mundo. Y vemos tendencias, un patrón. ¿Sabéis lo que más preocupa a los niños en todo el mundo? El acoso escolar. Los niños tienen miedo. Tienen miedo de ir al baño de los colegios. Los cuatro lugares son: los baños, los pasillos, el tráfico durante el transporte, y los patios de recreo. Ellos nos dicen que cada uno de estos lugares les asusta. Y nosotros les decimos: “Aprende a hacer ecuaciones”.

14:53

No escuchamos al niño. Imaginad el miedo que debe pasar sin saber cuándo se meterán con él, sin saber qué pasará en los pasillos cuando salga de clase, o cuando vaya al servicio, que a veces está en un lugar recóndito, donde la iluminación es escasa y no hay nadie. Un niño no quiere ir allí. Nadie los acompaña en la comida. Los niños tienen miedo. Y no estamos haciendo nada. Creo que Design For Change tiene ya tantos datos que sabemos que hay que cambiar hasta el diseño de los edificios.

Kiran Bir Sethi Fundadora de Design for Change DFC

En Riverside no hay sala de profesores ni despacho del director. Hemos quitado las paredes entre niños y adultos. No somos “nosotros” y “ellos”, todos compartimos el mismo espacio

Kiran Bir Sethi

15:30

En Riverside no hay sala de profesores, no hay un despacho del director. No hay paredes. Hemos quitado las paredes entre niños y adultos. No somos “nosotros” y “ellos”, todos compartimos el mismo espacio. Cuando le preguntamos a un niño: “¿Qué te preocupa?”. No nos dicen que el calentamiento global. Nos dicen: “Nadie se sienta conmigo, mi mochila pesa demasiado, no hay patio de recreo, hace mucho calor cuando me siento ahí”. Nos cuentan historias muy personales. Y, como adulta, sería ridículo que yo le dijera: “No, eso no importa, importa el calentamiento global”. Nosotros les decimos: “Si a ti te preocupa, para nosotros es importante”. Así que yo creo que la mayor aportación de Design For Change a la educación, respondiendo a tu pregunta, es el hecho de escuchar al niño. Y cuando escuchas a un niño, surge la magia. De pronto se yerguen y dicen: “¡Vaya! ¿Me estás escuchando? ¿No me vas a decir que es una tontería sin importancia?”. Y se sienten importantes. Eso es lo que queremos, para eso está la educación, y a eso aspira. Eso es lo que ha conseguido Design For Change. Y cuando conozco a los niños, no importa el idioma que hablen, no importa el colegio del que procedan, no importa dónde vivan, no importa si van a un colegio privado o a un colegio rural. Algunas de las mejores historias nos llegan de las aldeas de India, y de las montañas de Bután, y de las playas de Brasil. ¡Historias increíbles!

17:12

Y cuando celebramos con los niños… Acabamos de tener una celebración en España hace dos días, en la conferencia Be the change. ¡Madre mía! Había niños de la Amazonia, de Bolivia, había niños de Singapur. Y en el escenario todos decían: “He hecho del mundo un lugar mejor”. Cada uno hablaba en su idioma, pero daba igual. Daba igual que pudieran entenderse o no. Esa es la clave, si un adulto le dice a un niño: “tú puedes”, entonces pueden. Design For Change les devuelve… esa promesa. Cumple la promesa que se le hace al niño. Mano de santo. Rodrigo.

18:02
Rodrigo. Yo quería preguntarte qué significan para ti estas dos palabras: “I can”

18:10
Kiran Bir Sethi. Te diré por qué “I can” es tan importante, porque yo sé lo que hace el “yo no puedo”. Ya os he contado que cuando mi hijo tenía seis años y empezó a ir al colegio, aprendió a decir “yo no puedo”. Sin haberle enseñado siquiera a decir las palabras “yo no puedo”. Era un niño en una clase de sesenta. La profesora no le hacía ni caso. Así que conseguir la atención de la profesora era un problema. La profesora había decidido que algunos niños daban igual. Los niños aprenden muy fácilmente el comportamiento de una profesora. “Si me quedo callado, la profe no me regañará”. Es impresionante. Nadie se lo enseña, pero los niños lo aprenden. Es un hábito, como lavarte los dientes, o como ver cómo tu padre se pone el abrigo y tú quieres ponértelo igual, nadie te lo enseña. Pero los niños lo aprenden muy pronto.

19:13

Recuerdo que una vez llegó a casa y había escrito una redacción titulada “La vaca”. ¡Ni siquiera la había escrito él! La había escrito la profesora en la pizarra. “La vaca es un animal. La vaca tiene cuatro patas. La vaca da leche”. Cuando mi hijo llegó a casa vi que en el papel tenía un enorme tachón rojo. Le pregunté: “¿Qué ha pasado? ¿Por qué te lo ha tachado?”. Y me dijo: “No lo sé, mamá”. Y solo era porque había puesto que el punto dos era el tres. Ni siquiera estaba siendo creativo, se limitaba a copiar. Y en ese momento pensé: “¡Cómo me frustra esta profesora!”. Y él me vio la cara, así. Yo no podía ponerle esa cara a la profesora, se la ponía mi hijo. Y él se quedó así. Madre mía… Nuestros hijos siempre están aprendiendo a decir “yo no puedo”. Y, como padres, les imbuimos aún más “yo no puedo”. “¿Por qué no has sacado un diez?”. Y si el niño dice: “Mamá, pero he sacado un cinco con ocho”. “¡Quién ha sacado más! ¿Por qué tú no?”. Y así continuamente. ¿Y qué van a hacer ellos?

20:25

Me estoy acordando de otro incidente. Este fue la gota que colmó el vaso. Fuimos a por el boletín de notas. Imaginaos el boletín de un niño de cinco años. Nos pusimos a la cola. Yo era la tercera, llevaba a mi hijo de la mano. Había dos madres delante, y la profesora: “¿Cómo te llamas?”, y te daba el boletín de notas. Y la segunda madre se puso así para ver qué notas había sacado el primer niño. ¡Imaginaos! ¡Niños de cinco años! Entonces le tocó a ella y cogió su boletín. No sé qué pondría, pero se giró a su hijo y le dio un bofetón allí mismo. Y mi hijo, que iba de mi mano, dio un respingo. Noté que su mano se estremecía y yo me quedé… Cuánto miedo metemos a nuestros hijos. Cuántas veces les decimos que les querremos solo si sacan buenas notas, que les querremos solo si se portan bien, que les querremos si dicen “gracias”, “por favor”, “hola”, “buenos días”. No les queremos solo por existir.

21:33

Ese es el “no puedo” que yo vi en mi hijo. Y por eso creer en el “yo puedo” me parece tan importante. Porque de ahí viene la empatía, la ética, la excelencia y la nobleza. Es un superpoder. Por eso es tan importante. ¿Vale? Sí. Gracias, Rodrigo.

21:58

Vale, en esta parte de la experiencia vamos a ver en acción el espíritu del “yo puedo”. Hemos preparado un pequeño ejercicio. Voy a enseñaros la misma actividad. Será la misma tanto para los mayores como los niños. Las reglas e instrucciones son las mismas. Veréis cómo surge la magia. ¡A ver! Niños superhéroes, ¿estáis listos? Por favor, venid aquí. Un aplauso muy grande. Muchas gracias. Vale. Fijaos en que todos son de diferentes edades. ¿Cuántos años tienes, Ismael?

 

Ismael: Seis.

 

Kiran: ¡Hala, seis! Muy bien. ¿Y quién es el más mayor? ¿Eres tú, Mohammed? ¿Cuántos años tienes?

 

Mohammed: Doce.

 

Kiran: ¡Doce! ¿Hay alguien más mayor? No, ¿verdad? Damas y caballeros, seis años tiene el más pequeño, y él tiene doce. Ahora, ¿quién se atreve a competir con mis superhéroes? ¡Adultos, por favor, salid al escenario! ¿Les pregunto a ellos la edad? (ríe) No os la voy a preguntar. Bueno, tenemos uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis. ¿No necesitáis a nadie más en vuestro equipo? ¿Seguros? ¿Ya estáis? Vale, las reglas son las mismas. Tenéis globos. ¿Vale? Cada equipo tiene cuerda y cada equipo tiene celo. Solo hay tres cosas. Si queréis, también podéis utilizar tijeras. Lo que tenéis que hacer cuando empiece la música, que sonará dos veces, es construir la torre de globos más grande, más alta, y que se sostenga sola. ¿Lo veis fácil? ¿Cuándo fue la última vez que jugaste con globos? Feliz cumpleaños para ti también. ¿Estáis listos? ¿Mohammed?

 

Mohammed: Sí.

 

Kiran: Capitán, ¿empezamos? Damas y caballeros, que empiece la música. Vosotros podéis bailar y bajar aquí para ver cómo surge la magia. El tiempo empieza… ¡ya! Adelante. Los vuestros son estos.

25:26
Kiran Bir Sethi. ¡Quedan tres minutos!

25:43
Kiran Bir Sethi. ¡Alto! ¡Se acabó el tiempo! Ya está, parad, parad. Ahora mismo tenéis delante dos torres. ¿Verdad? ¿Qué estrategia…? Mohammed, ¿puedes contarnos la estrategia que habéis seguido?

 

Mohammed: Pues alguno soplaba y otros ataban.

 

Kiran: ¿Quién decidió el papel de cada uno para implementar la estrategia dentro de vuestro equipo? ¿Todos juntos? Estupendo. ¿Se ha peleado alguien?

 

Niño: No.

 

Kiran: ¿Ha habido alguien que no escuchara?

 

Niños: No.

 

Kiran: ¿Alguien ha dicho “yo no quiero hacerlo, me voy a casa, quiero a mi mamá”?

 

Niño: No.

 

Kiran: ¿No? ¿Qué me dices? ¿Ni siquiera Ismael? Ismael, ¿qué has hecho tú?

 

Ismael: He inflado globos.

 

Kiran: Has inflado los globos. El trabajo más importante lo hacía Ismael. Inflar los globos. Muy bien. ¿Cuál era tu papel en este ejercicio?

 

Niña: Pues he inflado y he ayudado a construirlo.

 

Kiran: ¿Alguien ha tenido que decirte que fueras a ayudar?

 

Niña: No, lo he decidido yo.

 

Kiran: ¿Has ido tú sola? No puede ser. Eso es absurdo. ¿Haces cosas por ti misma para ayudar a alguien? ¿Tú de qué vas? ¿Y cuál ha sido vuestra estrategia?

 

Chica: Probar cosas. Pensar ideas y probar a hacerlas.

 

Kiran: No estamos hablando necesariamente de la calidad del resultado final. Estamos hablando de habilidad. Quería demostraros, en algo sencillo, que ya sea Ismael o Mohammed, o todos vosotros, la habilidad reside en cada uno de vosotros. Recógelo. Perfecto. Y también tiene sentido del humor. Perfecto. La habilidad. Como adultos, como profesores, juzgamos a los niños por su tamaño. No juzgamos a los niños ni a las personas por su habilidad. Juzgamos a los niños por su tamaño, su género y su raza. Nunca nos fijamos en la habilidad de los niños.

 

Kiran: Lo que quería mostraros es que, con el mismo tiempo, con las mismas herramientas, y sin que un adulto diera ni una sola instrucción y, aun así, los niños han sido capaces de hacerlo. Lo único que hay que hacer es creerles, apoyarles, y darles el marco adecuado. En esto consiste el espíritu del “yo puedo”. Mohammed, ahora que habéis terminado, ¿qué te parece lo que habéis hecho? ¿Qué harías de otra forma? Si tuvieras que volver a hacerlo, ¿qué harías de otra forma?

 

Mohammed: Nada, porque cada uno ha querido hacer lo que ha querido. Entonces, yo no le he negado a nadie lo que quería hacer.

 

Kiran: Ya me puedo morir e ir al cielo. Exactamente. Si en vez de escuchar a los niños les decimos: “¡No, así no! ¡No, tienes que pegar por aquí! ¡No se hace así! ¡Hazlo así!”, estamos obstaculizando su crecimiento natural. Mohammed, has sido un líder estupendo. Muchas gracias. Has tenido un equipo estupendo. ¿Volveréis a nombrar líder a Mohammed o a la próxima elegiréis a Ismael? Ismael, ¿tú qué dices? ¿A la próxima serás tú el líder?

 

Ismael: No.

 

Kiran: “Demasiado trabajo. Yo quiero poner los globos y ya”. Muchas gracias, ha sido estupendo. Ahora hay que limpiar todo esto. Vamos, venga.

30:04
María José. ¿Qué capacidades se potencian en los niños que hacen Design For Change? ¿Y en qué crees tú que mejoran?

 

Kiran Bir Sethi. En cada paso, “siente, imagina, actúa, comparte”, hay habilidades muy claras. En el primer paso, “siente”, se trata de fomentar la empatía. La idea de la observación, de ver, no con los ojos, sino con el corazón. Ese es el primer paso. “Imagina” es el pensamiento creativo y la resolución de problemas. De eso trata “imagina”. “Actúa” es la acción, la voluntad creativa. La gestión del tiempo, roles y responsabilidades, determinación y resistencia. Y el último paso, “comparte”, es el contar historias. Ahora usar un ordenador es algo corriente. Los niños hacen vídeos de YouTube, PowerPoints y nos cuentan historias. Pero en cada paso están integradas las habilidades del siglo veintiuno: la comunicación y la creatividad. Por eso estamos convencidos de que estos cuatro pasos engloban todo lo que los profesores, la educación, se proponen enseñar. Es una auténtica fórmula mágica.

31:16
Lucía. Hola, soy Lucía y soy estudiante de bachillerato. Y mi pregunta es si te acuerdas de alguna historia de tu proyecto que sea especial para ti.

 

Kiran Bir Sethi. Cuando fundé Design For Change en dos mil nueve, solo estaba en India. Enviamos el material a treinta mil colegios de India. Y dos meses después, en el noreste de India, hay un pequeño estado muy poco conocido: Nagaland. Nuestra primera historia vino de allí. Me hizo llorar. No era una gran historia, solo era una historia sobre niños que le dicen al mundo que ellos pueden hacer del mundo un lugar mejor. La historia era sencilla. En Nagaland hay mucha violencia, así que muchos niños son huérfanos. Había un colegio para huérfanos y había un colegio privado. Los niños del colegio privado, al pasar por la calle, veían a los niños del colegio para huérfanos. Y un día se dieron cuenta… Era verano, y estos niños tenían ventiladores y aire acondicionado. Al pasar, vieron que los huérfanos tenían que sentarse fuera. Estaban a la intemperie porque hacía tanto calor que no podían estar dentro porque no había ventiladores. Y decidieron que ese sería su proyecto, así que recaudaron dinero. No se lo pidieron a sus padres, lo recaudaron organizando una actividad. Recaudaron el dinero y compraron un ventilador para el colegio. Y cuando conocieron a los niños, vieron que muchos estaban enfermos. El padre de uno de los niños era un médico de la escuela privada. Le dijo a su padre: “Papá, por favor, ofrece tus servicios gratuitamente”. Y eso puso en marcha algo que continúa a día de hoy. Yo siempre recordaré la primera historia. Aunque luego llegarían otras muchas estupendas.

33:25
Javi. Hola, Kiran, soy Javi, estudiante de bachillerato. Sobre el proyecto que está llevando a cabo de que los niños y las niñas sean protagonistas de las ciudades. ¿En qué consistía? ¿Se está llevando ya a cabo en España?

 

Kiran Bir Sethi. En España no. Pero ese ha sido un proyecto maravilloso. Cuando mis alumnos empezaron en el colegio… Abrí el colegio en dos mil uno. En dos mil siete, esa primera tanda de alumnos estaba en séptimo curso. Debían tener doce años. Y un día, hablando con ellos, les pregunté: “¿Qué hacéis cuando os vais a casa?”. Ellos me dijeron: “Vemos la tele”. “¿Cómo que veis la tele? ¿No salís a jugar?”. Y me dijeron: “No, nuestros padres no nos dejan porque no es seguro”. “¿Cómo que no es seguro?”. “No, no podemos jugar en la calle”. Y recuerdo que yo, con doce o trece años, estaba siempre jugando en la calle, en India. Así que pensé: “Madre mía, qué horror. ¿Cómo puede una ciudad no decirle a sus niños que la ciudad cuida de ellos?”. Las ciudades tienen que cuidar de sus niños, para que cuando el niño crezca, cuide de la ciudad. Y los niños dijeron: “Vale, cambiemos esto”. ¿Y qué hicimos? Los niños fueron al ayuntamiento, fueron a las comisarías, hablaron con los policías, con el comisario, y les dijeron: “¿Cómo que la ciudad no nos cuida? Queremos cortar el tráfico de la calle más bulliciosa y convertirla en un lugar para que los niños jueguen”.

 

El comisario dijo: “No puede ser, id a un parque”. Y ellos: “No, queremos esa calle”. Los niños se convirtieron en los héroes de sus vidas. Eso es algo que se hizo gracias a nosotros. Se llama “aProCh”, siglas de: “un protagonista en cada niño”. ¿Cómo se hace una ciudad para los niños? Los niños iban todos los días a hablar con el comisario de policía, a hablar con el ayuntamiento, con las instituciones, para decirles que una ciudad debe cuidar de sus niños. Una ciudad debe cuidar de la infancia. Y después de volver una y otra vez, incluso el comisario se dio cuenta de que estos niños no decían: “Vale, nos rendimos”. A veces nos rendimos muy pronto cuando queremos algo. Decimos: “He ido dos veces, el comisario ha dicho que no, ya no quiero hacerlo”. Eso decimos. Pero los niños decidieron que no iban a rendirse. Se sentaron allí, se reunieron con el comisario, le dijeron por qué era tan importante, involucraron al ayuntamiento, los respaldaban las mejores instituciones de diseño. Y el quince de agosto de dos mil siete, cerramos al tráfico la calle más bulliciosa y se convirtió en un patio de juegos. Fue fantástico. Toda la calle era un patio de juegos para todos los niños. Para los niños que eran limpiabotas, para los que eran cartoneros, para los de los colegios… El patio de juegos hizo que la comunidad se conociera. Es una historia fantástica. Hemos celebrado el décimo aniversario este año, en dos mil diecisiete. Y aProCh se ha extendido a otras ocho ciudades, y ha tocado las vidas de dos millones de niños. Solo porque unos niños decidieron que no iban a rendirse. Eso es lo que hace falta, que los niños lo deseen muy fuerte. Es el espíritu del “yo puedo”.

37:05
Alba. Hola, Kiran, soy Alba. Soy estudiante de segundo de bachillerato. Me gustaría saber, bajo tu opinión, cuáles son las mayores diferencias que encuentras en la educación de los niños y niñas en los distintos países donde se ha llevado a cabo este proyecto.

 

Kiran Bir Sethi. La crisis es la misma. Yo creo que hay una crisis global. Yo siempre digo que el intelecto… Mi amigo el doctor Howard Gardner lo dijo muy bien. Dijo que los ministerios de Educación están tan obsesionados con matemáticas, ciencias y tecnología, que olvidamos que si, al final, no hay gente con buen carácter, el intelecto no salvará el mundo, sino que lo destruirá. Y creo que ese es el fondo de nuestros problemas. Fijaos en el mundo en la actualidad, en cualquier país en crisis. Hay crisis enormes: hay guerras, hay pobreza, hay hambrunas, hay inundaciones, hay abuso infantil… Por todo el mundo. ¿Por qué seguimos arreglando el mundo? ¿Por qué? Después de tantos años educando a los niños, ¿por qué seguimos arreglando el mundo? ¿Por qué no nos enfada? Hay ataques terroristas en todas partes, crisis por todos los lados. Pues haremos mejores políticas de inmigración, y esto y lo otro… ¿Por qué no hay crisis en la educación? Fracasan muchísimos niños. ¿Por qué no nos enfadamos más? ¿Por qué tenemos que arreglar el mundo? ¡No nos lo preguntamos!

 

Pero si no preparamos a los niños para que comprendan y sean capaces de sanar y arreglar el mundo, estaremos siempre arreglándolo. Eso no basta, no se puede ir por ahí. Ya no estamos enfadados. Nos enfadamos cuando hay un ataque terrorista, cuando hay inundaciones y hambrunas. Pero no nos enfadamos porque la educación no prepare a los niños para que hagan del mundo un lugar mejor. Tenemos que enfadarnos más. Esta es mi cara de enfadada.

39:14
Nora. Hola. Kiran, me llamo Nora, y te quiero hacer una pregunta. ¿Cuál era tu sueño de pequeña? ¿Lo has cumplido ya?

 

Kiran Bir Sethi. ¡No! A los diez años quería ser la reina del mundo. ¡Y sigo queriendo serlo! Del país que sea, ¡pero yo quiero ser reina! No… ¿A los diez años? A esa edad no era tan lista como tú, no sabía lo que quería ser. Porque yo crecí en un sistema que siempre me decía que no podía. Pero conseguí liberarme. Me di cuenta lo que era la libertad cuando fui a la escuela de Diseño. Pero tenía ya diecisiete años. Yo tuve suerte. Muchos niños no tienen la suerte de averiguar quiénes son y lo que les motiva y lo que les preocupa cada día. A los diez años… Solo quería ser reina. ¿Eso es un trabajo? Gracias por la pregunta.

40:33
Marta. Hola, mi nombre es Marta. Soy estudiante de Educación Primaria, y me gustaría preguntarte cuál es tu último proyecto.

 

Kiran Bir Sethi. ¿Por qué dices “último”? ¡Quiero hacer muchos más! Pero el proyecto en el que trabajo actualmente es muy emocionante. Consiste en ayudar a cualquier colegio a convertirse al “yo puedo”. No es el I can challenge ni el Design For Change. Este emocionante proyecto consiste en ayudar a inspirar a jóvenes líderes para que hagan un colegio “yo puedo”. Donde todos los niños se gradúen con pasión y compasión. Son dos cursos: pasión y compasión. Ese es mi proyecto en la actualidad. Espero no tener nunca un último proyecto.

41:32
Natalia. Hola, Kiran. Estoy muy feliz de estar aquí, de poder escucharte, y algo que siempre he querido saber de estas personas que nos motivan tanto es, cuando sientes que no puedes, que todo se pone un poco difícil, que dice “sí se puede”. Tú también, ¿qué te motiva a decir “yo puedo”?

 

Kiran Bir Sethi. Quiero que mires a las personas que tienes a tu lado. Mira a Ismael, a Mohammed, a todos estos niños. Yo soy de un país con trescientos millones de niños que van al colegio. Solo diecinueve millones llegan a la universidad. Y de esos diecinueve millones, el último estudio dice que el setenta por ciento no tiene habilidades para el mercado laboral. La crisis nacional del no hacer lo que uno hace es mucho peor… que el hacer solo un poquito. Creo que, seguramente, yo nací en el país adecuado para sentir tanto enfado y tanta inspiración. También vivo en el estado donde nació Mahatma Gandhi.

 

¿Cómo no sentirlos? Cuando me siento cansada, le miro a los ojos. Hay dibujos de Mahatma Gandhi por todo mi colegio. Y cuando estoy cansada, lo miro. Lo miro a los ojos. Si bajara la mirada por el cansancio, no haría lo correcto. Creo que de Gandhi aprendí a aguantar. Cuando inició el movimiento por la libertad tenía cuarenta y seis años. Tenía edad casi de jubilarse. Y persiguió su idea durante treinta años. Sufrió cinco intentos de asesinato y no se dio por vencido. ¿De qué me voy a quejar yo? Creo que todos necesitamos faros que nos guíen, porque el mar está revuelto. Te va a llevar a un sitio y a otro. Pero si no apartas la vista del faro, acabarás llegando. Y tengo la gran fortuna de estar rodeada de gente fabulosa. Mis compañeros, mi familia, mis amigos… Sí. Nunca estás sola.

44:04
Katheryn. Has hablado de cómo los alumnos de Design For Change aprenden habilidades y demás, y de lo buenos estudiantes y personas se vuelven. Mi pregunta es: ¿Crees que cuando acaben el colegio serán mejores ciudadanos? ¿Y qué diferencias hay en el desarrollo de la comunidad comparados con estudiantes que no están en un colegio Design For Change?

 

Kiran Bir Sethi. Te voy a dar un pequeño ejemplo de lo que yo he visto con los niños que ya han salido al mundo. Y te contaré un par de historias. Una muy llamativa es de una niña que se graduó. Recuerdo un correo que envió: “¿Sabes? Me lo estoy pasando muy bien. Pero parece que en la universidad todos fuman y beben para ser “guais”. Y si no estás en el grupo guay, no eres importante”. Y me dijo: “¿Sabes lo mejor de mi paso por Riverside? Que sé decir ‘no'”. Hay que enseñar a un ser humano a saber decir “no”, así como a saber decir que sí. Ese poder hay que enseñarles. Porque casi todas las chicas sentirían que tienen que “encajar”. Porque no sienten que sean lo bastante buenas. Ser capaz de decir “no” es algo muy poderoso. Te contaré otra historia.

 

Uno de mis niños fue a la típica universidad de ingeniería. Era una universidad muy importante. Y me escribió: “¿Sabes qué? Mis amigos se burlan de mí cuando le doy las gracias al chico de la cafetería por ponerme la comida”. Y, para mí, esa es la clave. Él fue el primer alumno en publicar un trabajo de investigación. Académicamente, les va estupendamente. Pero también muestran esas trazas de humanidad. ¿Por qué iba a reírse alguien si doy las gracias al de la cafetería? ¿Es menos que yo? Cuando equipas a la gente para que vea a los demás como gente, y que no se fijen en su edad, su estatus, su coche o lo que sea. Esa es la base de la educación. Espero ver muchas más historias cuando nuestros niños se gradúen de Design For Change. Ya lo veremos, será interesante ver qué pasa.

46:35
Katheryn. En lo referente a las habilidades y destrezas, es decir, al conocimiento, ¿crees que están mejor preparados?

 

Kiran Bir Sethi. Por supuesto. Creo que el hecho de que… Te pondré un pequeño ejemplo de lo que has visto con los globos. No había un profesor para decirles cuáles eran las reglas del juego. Ellos fueron los que decidieron las reglas que iban a seguir. Decidieron quién iba a hacer qué. Decidieron que hubiera un líder para que cuando el tiempo se acababa les dijera: “Venga, al trabajo”. Esto está en el código genético del aprendizaje de todo ser humano. Cuando todo cuerpo se involucra en el aprendizaje en vez de solo una parte, retienes mucho mejor la información. ¿Qué hace Design For Change? Hace que el cuerpo se involucre. Cuando un niño viene y dice: “Yo he hecho esto” en vez de: “la profe me ha dicho que haga esto”, surge la magia.

Kiran Bir Sethi, I Can Challenge, Lab I Can
47:30
Alejandra. Has llegado a muchos colegios con Design For Change y el I can challenge. Pero dices que tu proyecto actual es intentar crear colegios “yo puedo”. Eso implica muchos cambios. Unos cambios enormes. Y, normalmente, soy tan soñadora como tú. Así que cada vez que me dan la típica respuesta de: “Bueno, estos cambios son demasiado y están las reglas, las leyes, el Gobierno…”. ¿Qué respuesta le darías a esa gente? ¿Cómo podrían sobreponerse a esas limitaciones para que podamos realizar ese gran cambio?

 

Kiran Bir Sethi. Yo creo que hay que diferenciar entre mejorar algo y transformarlo. Entre mejorar y transformar hay una gran distancia. El comienzo está aquí. Yo creo que en cada lugar hay algo que sabemos que podemos cambiar. Y he visto lo hermosamente contagiosa que es la eficacia. Sientes que has podido cambiar algo, aunque sea pequeño, y luego quieres hacer más. Los colegios “yo puedo” no consisten en tirarlo todo abajo y rehacerlo. En absoluto. Nosotros lo que ofrecemos son seis maneras de ingresar. Los colegios “yo puedo” no se refieren al edificio, son lo que se hace dentro. Se puede elegir. ¿Solo quieres que tu colegio trabaje con los padres? Empieza por ahí. ¿Prefieres centrarte en el desarrollo profesional? Empieza por ahí. ¿Quieres limitarte a introducirlo un poquito en el temario? Empieza por ahí. No hay que implementarlo todo. Hay que empezar por donde más te convenga para conseguir inspiración. Lo hemos probado en India, y si algo funciona en India, puede funcionar en cualquier parte. Hemos estado probándolo en India. Y tanto en colegios que existen desde hace veinticinco años como en colegios nuevos que están empezando, están cogiendo lo que más les conviene. Y luego van añadiendo más cosas. Estoy emocionada. Vamos a sacarlo oficialmente en marzo del año próximo. Quizás cuando vuelva pueda contarte más.

49:52
Kiran Bir Sethi. Vale. ¿Quién de vosotros es bailarín? Sí, yo también. ¡Levantad las manos! ¿A quién le gusta bailar? Si lo pregunto así mejor. Vale, baja aquí. Vamos. Venga, venga, venga. ¡Mohammed! ¿Y quién no tiene ni idea de bailar? ¿Quién cree que no sabe bailar? ¿Hay alguien? ¿No? ¿Vosotros sois los bailarines? Los pasos son muy fáciles. La letra es fantástica, dice así: “Tú llegaste. Y cuando llegaste a mi corazón, mi corazón me hacía: ding, ding, ding”. ¡Es muy fácil! Y solo hay dos pasos. (Canta en hindi) Ese es el primer paso, el segundo es… Eso es todo. ¿Está claro? Es muy fácil. Vamos a hacerlo todos. (Canta en hindi) Ese es el primero, y el segundo es…

51:26
Kiran Bir Sethi. ¿Ya? Y entre medias, haced lo que queráis. ¿Vale? ¡Que empiece la música! Esto no es nada. ¡Venga, venga! ¡Mohammed! Ahora moveos como queráis. Preparaos. Esperad. Ahora viene. (Canta en hindi) Otra vez. Y ahora…

 

Ahora otra vez.

 

¿Lo veis? ¡Podéis hacerlo! A la de tres, decid todos: ¡Yo puedo! Una, dos y tres.
¡Yo puedo! ¡Gracias!